Mascaras

Son poco antes de las 3am, debido a una rara sensación en el pecho, Ciera despierta de golpe jadeando como si el aire le faltara pero pocos segundos después recupera el aliento. No sabia que sucedía pero, no era la primera ves que despertaba con esa sensación desde que llego al Santuario, por lo mismo rogaba a su padre por una misión fuera del mismo, pero este seguía negándoselas alegando que no era tiempo. Ya no podría conciliar el sueño por esa noche así que comenzó a prepararse para partir a Palestra como era costumbre, pero al observar su mascara se detuvo y la tomo, aun no tenia ningún tipo de marca como el de sus compañeras ya que se dice que la mascara de una amazona rebela su personalidad, esto siempre sonó cursi y ridículo para la amazona de Andrómeda, por lo mismo la suya era totalmente blanca, pero esa madrugada sintió la necesidad de hacer ese cambio. Tomo algo de pintura negra que tenia en uno de los gabinetes y comenzó a pintar la mascara, parecía que algo la guiaba a hacer cada trazo con precisión exacta, 3 horas bastaron para terminar de transformar ese lienzo en algo que ella no esperaba, dos alas enmarcando los ojos, pero cada una de las alas con detalles impresionantes en sobre relieve.

Ya daban cerca de las 7am, la peliverde tomo su mascara ya seca y va al comedor para encontrarse con su padre para el desayuno.
¿No crees que deberías comenzar a comer con tus compañeros en Palestra? – Dijo el Patriarca colocando su mascara en la mesa.

Si te molesta que este aquí solo dilo papá – Río un poco – De igual manera seguiré viniendo a fastidiarte sabes que no quiero amigos en ese lugar – Sonrió

Shun miró a su hija con tristeza – Claro pero si es aspirante a Caballero de Géminis ¿si es aceptable?- rio al ver a su hija casi moría ahogada con la leche que tomaba.

Ciera al recobrar el aliento, tomo su mascara y cual niña pequeña, mostró el trabajo realizado en la mascara – Mira papá! Ya decore mi mascarita como tanto me pediste ¿que tal? – Sonrió

Shun tomo la mascara y la observo detenidamente, no era la primera vez que su pequeña le mostraba alguna obra de arte, pero aun así eran algo escasos sus momentos de inspiración. Las alas de la mascara parecían familiares, pero no recordaba donde las había visto, intentaba recordar y obtenía el mismo resultado causando que un poco después el Patriarca se diese por vencido para después entregarle la mascara a la chica, se despidieron y ella salió hacia Palestra. Shun sonrió pero de la nada llego a el la imagen que borro la sonrisa de su rostro, la imagen de la armadura del Dios que años atrás habitó su cuerpo, pero eso no podía ser posible, después de todo, Ciera nació el día en que la batalla con Hades termino, ademas ella no pudo haber visto esa armadura, el Patriarca prefirió pensar que era únicamente una coincidencia para regresar a concentrarse en los asuntos del Santuario.

La peliverde bajaba las escaleras flotantes jugando un poco, ahora llevaba consigo una de las rosas de Piscis en su cabello, sabia que tal ves en Palestra comenzarían a tacharla de coqueta o algo similar, pero esa rosa la mantenía serena y hasta cierto punto feliz. Al llegar a la casa de Géminis pudo ver a Pollux entrenando, en definitiva era un hombre fuerte y digno de la armadura dorada. Para Ciera cada ataque era como una bella danza, danza que te ayudaría a vivir o a morir dependiendo de tu habilidad y destreza. Pollox se detuvo un segundo y miro a Ciera para después lanzar un ataque a un costado de su cabeza sin siquiera rozar ninguno de los verdes cabellos de la chica – ¿Qué significo esto? – Dijo tranquila

El geminiano acaricio el cabello de la guerrera – Creí haber visto alguien detrás de ti, pero no quería lastimarte o mejor dicho, jamás me atrevería a lastimarte – observo la mascara – Veo que decoraste la mascara

Sonrió – Si, desperté con inspiración y esto fue lo que resulto

Acarició la mejilla de la chica por encima de la mascara – ¿Qué pasaría si te quito la mascara? Acaso, ¿me matarías?

Antes de siquiera poder articular cualquier palabra, Erebo apareció y se llevo a su hermano, la pareja no entendió que sucedió, pero para Ciera, el estar cerca de Erebo era la peor sensación del mundo, prefirió tomar sus cosas e ir finalmente a Palestra.