Ojos

Palestra había amanecido con un aura extraña, era la primera vez que Ciera se quedaba en el lugar. El día anterior a mitad del entrenamiento mientras combatía con Pegaso y tras lanzar su cadena en contra, esta cayo al suelo al igual que ella como si su energía se hubiese ido. Razón suficiente para que el Patriarca diera órdenes de que su hija se quedara, sin embargo él ya se presentía que sucedía pero pensando positivamente prefirió dejarla descansando.

Los rayos del sol entraban por la ventana directo a los ojos de la peliverde lo cual la hizo despertar, logró observar que estaba en la enfermería de Palestra y a sus pies un chico pelirrojo con la cabeza recostada en sus pies.

Kouga…. – tomó la mascara para evitar que el pelirrojo le viese el rostro – Koga…despierta que demonios haces aquí?

– El pelirrojo sonrió a Ciera – Vine a cuidar a mi compañera, después de todo te desmayaste cuando peleabas conmigo – tomo la mano de la amazona y ambos sintieron una descarga, esto hizo que la peliverde se alejara – tu cosmos es impuro - dijo ella - tu cosmos no es de luz como siempre lo muestras, dentro de ti hay obscuridad Pegaso... - Kouga se quedo en silencio ya que sabía que eso era verdad ella no era la primera que se lo decía, anteriormente su hermana le había dicho las mismas palabras – no te pongas triste...yo se lo difícil que es ocultarte tras un cosmos que no es el tuyo...– koga la miro sorprendido – la forma natural de mi cosmos es la obscuridad no el viento como todos creen, por eso me alejó de la gente, todos creen que un cosmos obscuro es malvado y cosas así, yo no lo veo de esa manera, antes que mi padre y yo viniéramos aquí, estuvimos en Italia y ahí vi pinturas de un joven bueno y puro al igual que sus pinturas las cuales eran bellísimas! Pero él tenía un cosmos obscuro y de repente se dio cuenta que todo lo que pintaba moría, por lo cual, según me contó mi padre, el comenzó a pintar personas malas para que el mundo fuera un lugar mejor. Te imaginas! Él era bueno aunque su cosmos era obscuro, pero eso la gente nunca lo entenderá...

Kouga estaba más sorprendido aún por las palabras de la amazona de Andrómeda alguien en su situación lo comprendía además lo consolaba, sonaba imposible pero a pesar de que no podía ver el rostro de la joven en su interior él sabía que debía ser el más bello y puro del mundo. Sin siquiera pensarlo se acercó a ella y tomo la máscara para ver el rostro de la única persona, después de su hermana, que parecía entender lo que vivía, cuando este le quitó la máscara, un joven mayor de cabello platinado y ojos mas obscuros que la noche tapo el rostro de la peliverde

Deseas que te indique la salida? – con un tono de desprecio y a manera de orden se dirigió al joven a Kouga –

Erebo! Pero que haces aquí! – dijo sorprendida la peliverde –

– A lo que el respondió – Su padre me ha dado órdenes estrictas de cuidar de usted – sin mas que decir, saco a empujones al pelirrojo – lo siento por ser tan agresivo pero únicamente sigo las órdenes del Patriarca – al girase, pudo ver el rostro de la amazona, si bien en su cabeza había imaginado un rostro similar al que veía en ese momento lo que le sorprendió fueron los ojos, tan azules como el cielo con una profundidad y fuerza comparables únicamente con el infinito universo. Para su mala suerte ella se percató de lo que sucedía y coloco su máscara en posición.

No deberías de haberme visto...sabes lo que debo hacer ahora no es así? - dentro de ella algo sucedía, no quería tomar la vida del geminiano pero ella amaba a Pollux -

– Erebo tomo la mano de Ciera y se colocó a un lado de su cama de rodillas cual sí reverenciara a una diosa – El día de hoy mi hermano ha recibido la armadura dorada de Géminis y le ha jurado lealtad a la diosa Athena, yo me inclino ante usted en este mismo día para jurarle lealtad a usted como precio a pagar por mi atrevimiento de haberle visto sin máscara porque sé que ama a mi hermano y no pienso hacerle elegir -

Ciera estaba en shock total, eso era algo que no se imaginaba escuchar nunca de nadie, mucho menos de alguien a quien le tenía incluso temor, pero desde el momento que Erebo tomo su mano se sintió protegida, tranquila y serena hasta cierto punto quería que él se quedase ahí junto a ella por siempre. Después de unos segundos ella aceptó la propuesta del geminano y este simplemente sonrió y beso la frente de la joven y salió para dejarla descansar. Afuera, aquel que había sido asignado a la protección de Ciera

Radamanthys de Wyvern el favorito de Hades – decía Erebo

Erebo dios de la obscuridad uno de los aliados de hades que menos ayuda – sonrió el uniceja

Ella esta bien no te preocupes, yo cuidare de ella, después de todo siempre lo he hecho, cuando su memoria regrese yo seré quien la lleve de nuevo a su hogar entendido, así que puedes retirarte – dijo seguro el albino – además no quiero que Athena nos descubra, suficiente con que tenga sospechas

Sabes que no te elegirá a ti no es así? La maldición de Zeus aún esta en ella – continuaba Radamanthys mientras se retiraba – aun deberemos soportar la bipolaridad de aquella persona

De igual manera seguiré a su lado como lo prometí - Erebo sin perder la seriedad

Radamanthys río un poco para finalmente desaparecer del lugar y dejar todo en manos de Erebo, después de todo habían cosas que preparar antes que la joven peliverde despertase del olvido.