Era una tarde lluviosa en el santuario ateniense, pero eso no opacaría la llegada de uno de los legendarios caballeros de Athena, el hermano del patriarca, Ikki el ave Fénix. La pequeña Ciera se encontraba impaciente con la llegada de su tan querido tío y maestro, ya que Shun no podía entrenarla debido a la herida de obscuridad que llevaba en el brazo, la cual ya se encontraba sanada, pero aun así, de haber salido ileso de la batalla con Marte no habría entrenado a Ciera, él siempre estuvo en contra de que su pequeña pelease a pesar que ella siempre lo deseó y realizo hasta el momento en que la armadura de Andrómeda quedo en su poder. Ciera se encontraba lista mucho tiempo antes de lo habitual para poder recibir al Fénix como es debido
Shun vio a su pequeña y rio – Ponte tu mascara, Ciera – ella observo confundida ya que Ikki siempre había visto su rostro, pero segundos antes que ella pudiese preguntar algo Shun aclaró – Tu tío viene acompañado – Ciera exhaló con molestia, sabía que eso quería decir una cosa, por primera vez en muchos años los "cinco grandes" como ella les llamaba, estarían juntos de nuevo. Hasta el momento ella solo conocía a Shiryu, en ella existía una gran curiosidad acerca del verdadero heredero de Acuario, Hyoga, pero a quien definitivamente no quería ni acercarse era al héroe de todos, el casi dios entre los guerreros de Athena a quien, se rumoraba, incluso se había ganado el corazón de dicha diosa, Seiya de Sagitario, desde el momento en que llegó al Santuario, el pasar por la casa de Sagitario parecía más una clase de manda que otra cosa, el caminar a través de esa casa le erizaba la piel aunque no le temía a Seiya, no quería conocerlo
– Va a venir Seiya y los demás verdad? –
Shun observo a su hija – Si ¿por qué? –
Ciera tomo sus cosas – Me voy a la escuela, en la tarde saludo a mi tío – exhalo tratando de tranquilizarse – Diviértanse! – Salió casi corriendo para no darle razones a su padre, aunque él ya las conocía.
Shun se colocó en la silla de su estudio para terminar de revisar algunos papeles antes que sus compañeros de batalla llegaban, hacia demasiado que no los veía por lo cual no pudo evitar el recordar tantas aventuras y peligros que enfrentaron para salvar a Saori; ahora había una nueva generación de Santos que la protegerían aunque ellos, ahora que sus heridas de obscuridad habían desaparecido, podían tomar sus respectivos lugares como santos dorados de Libra, Acuario, Leo y Sagitario. A pesar de ello aún existía una gran preocupación que formaba parte de los temas a tratar ese día, un secreto que guardaban los 5 antiguos bronces y la diosa Athena.
– Estas muy distraído, Shun – dijo el santo de Sagitario – Sé que no te gusta que Ciera se vaya a clases pero así son las cosas aquí – Shun sonrió – aparte si se llegase a despertar hay muchos santos atenienses que pueden detenerla en lo que llegamos –
La sonrisa del peliverde se borró por completo – No digas tonterías, Seiya. Además! Tu adorado hijo también tiene un cosmos obscuro que ocultar, que tal si él es la verdadera amenaza a la cual hay que temerle – miró desafiante – aunque lo dudo, mi hija es más poderosa igual y tu hijo es solo uno de sus sirvientes, señor marido secreto de Athena –
Seiya observó a Shun con enojo, a pesar que Kouga no era su hijo biológico lo quería y trataba como uno desde su regreso – ¿Qué insinúas? ¿Qué mi hijo se rebajaría a servir a Hades? Solo si fuera uno de los tres Kyotos aunque fuese malvado, seguiría siendo tan genial como su padre – dice orgulloso el caballero de Sagitario – al menos eso tendría solución, no deja de ser una persona normal con un cosmos obscuro, en cambio cargar Hades, eso sí es algo que no se puede cambiar –
El peliverde más molesto – No sabes lo que dices Seiya – Se acercó a el – sea cual sea el destino de Ciera, no me resigno a pensar que ella es una de los tantos recipientes que han, no mejor dicho, que hemos tenido la desfortuna de mantener a Hades dentro de nosotros. Dentro de ella únicamente hay un alma, y es la de mi hija, no la de ese bastardo…–
– Y aunque nos duela a mí y a mi hermano, ella no puede llamarse "el alma más pura de nuestros tiempos" tiene bondad y maldad, como cualquier otro ser humano, no veo porque habría de escogerla Hades – Ikki haciendo su entrada sigilosa como siempre, tras de él también llegaban Shiryu y Hyoga
– De eso precisamente queríamos hablar con todos – agregó Hyoga – Shiryu y yo encontramos algunos documentos que el maestro Dohko guardaba, creemos que Ciera no es un recipiente… – Shun miró a Seiya con una sonrisa victoriosa, pero Hyoga continuó – Creemos que ella es el nuevo cuerpo de Hades, en otras palabras ella es Hades… – Shun e Ikki quedaron en shock – Según algunos escritos, el recipiente de Hades era portador de muerte, por lo cual si algún bebe era creado por el recipiente nacería muerto o sin alma y, no es por ser cruel al recordarlo, pero June ya había perdido a su primer hijo, ahora Ciera fue concebida antes de que nosotros fuésemos a el Inframundo y me parece demasiada casualidad que ella hubiese nacido exactamente en el momento en que nosotros destruimos el cuerpo de Hades, además no recuerdo que Athena sellara el alma de Hades al final de la batalla –
Shiryu continuo – Si estamos en lo correcto, Ciera es Hades, eso explicaría por qué se esconde de Seiya, lo más seguro es que en su mente estén guardados los recuerdos de la anterior batalla y si lo pensamos un poco, fue demasiado sencillo vencer a Hades en los Campos Elíseos, el ser hija de un guerrero de Athena es un boleto directo a vivir en el Santuario y mejor aún estar cerca de Athena –
– Patrañas…todo esto es eso, patrañas. Ustedes no han pasado tiempo con ella, su cosmos verdadero incluso aunque es obscuro es bondadoso, ella en si lo es, pelea por la justicia como lo hacemos nosotros, creo que todo esto es una casualidad… – decía incrédulo el Fénix – no lo creeré hasta que no lo vea con mis propios ojos no lo creeré, yo la entrené, la cuide junto con mi hermano, la vi sana, enferma, peleando, riendo! No puedo aceptar tal barbaridad! – parecía que el continuaría pero no lo hizo, ya que todos lograron sentir como el cosmos de Ciera se acercaba apresurada por las 12 casas – dejemos esto por el momento… – todos guardaron silencio y después continuaron platicando sobre temas más triviales para no asustar a la pequeña si escuchaba tal conversación, después de todo, ello también rogaban porque las señales fueran únicamente casualidades o jugarretas del destino.
Después de unos minutos, entro a la sala del Patriarca esperando encontrar a su tío y rogando que los demás se hubiesen ido ya, pero para su mala suerte y debido a su falta de concentración chocó con el guardián de Sagitario, este al ir de salida tampoco vio a la chica por lo cual ahora la tenía entre sus brazos, Seiya tuvo una sensación extraña además de un pequeño dolor en la herida que aun conservaba realizada por la espada de Hades, después la observo extrañado. Ciera por su parte también tuvo una extraña sensación que no comprendía, no le gustaba estar cerca de aquel "héroe", no quería sentir esos ojos cafés sobre ella mucho menos el hecho de sentir que la estaba protegiendo, sintió como el miedo la inundaba hasta el momento en que vio sobre el hombro del castaño y vio al Fénix parado justo detrás. Ikki y Shun vieron el rostro de terror absoluto en Ciera por primera vez, ¿Por qué le tenía tanto miedo a Seiya? ¿A caso lo que Hyoga y Shun dijeron sería verdad?
