Weben

Los primeros rayos de sol se apoderan del santuario de Athena, pero aun la gran parte del mismo continuaba durmiendo, a excepción de algunos guardias nocturnos y Kano, el joven se encontraba emocionado de finalmente llegar al lugar donde su padre le había relatado tantas historias, ahora le tocaba a él y a la nueva generación de santos, aunque ahora el sistema fuera diferente debía responder tan bien como lo hicieron su padre y tío en el pasado. Kano se dirigía ahora a la habitación de Ciera, ya no podía esperar más para llegar a Palestra.

Saltó sobre la cama se Ciera asustándola - ¿Qué te pasa?! Me quieres matar o que te mate a ti! – tomo el reloj y únicamente exhalo con enojo – las 5am? Enserio Weben!
Kano observo a su prima con enojo – Es KANO no…Weben, es mi nombre ahora y lo sabes a la perfección – Ciera exhaló nuevamente para tratar de mantener la calma – Kano Weben, es tu nombre, acéptalo de una buena ves por favor! Y a estas horas en Palestra todos están dormidos, así que si gustas puedes ir a ver la tranquilidad de las instalaciones o despertar a la gente – Se sentó en la cama – Yo apenas me prepararé, solo ten cuidado en las Casas que no conozcas a su guardián…a todo esto no deberías estar en Leo? – Kano sonrió y se retiró, prefería continuar su día esperando que los guerreros de Palestra despertaran a los cuestionamientos de Ciera.

Bajó por las 12 casas, únicamente deteniéndose en la de Leo para saludar a su padre y avisarle que iría rumbo a Palestra para convertirse en gran caballero y proteger a Athena y a su prima, después de todo era casi su hermana. Kano quería conocer todo sobre cómo ser el más poderoso de los caballeros, después de todo él había entrenado con el mejor, tal vez no se llevó la fama como lo hizo Seiya pero Ikki el Fenix siempre fue el mejor, o al menos esa impresión estaba en la cabeza del joven. El camino a Palestra era largo, cosa que le sorprendió, ya que si mal no recordaba, Ciera lo caminaba todos los días, no era cansado pero aun así era tedioso ir solo durante tanto tiempo o el estar con su padre lo hacía algo dependiente de no estar solo, en ese momento no lo recordaba del todo bien, pero después de todo, no era la primera vez que estuvo completamente solo.

– Años atrás –

Weben un pequeño de únicamente 4 años se encontraba en un hospital en Grecia esperando poder ver a su madre, cada centímetro del corredor donde esperaba era blanco, todo parecía tan pulcro que le daba la impresión de que nada malo podía pasar en ese lugar a pesar de la mucha gente corría de un lado a otro, algunos heridos, otros felices dejando el lugar porque estaban sanos, ese era uno de los deseos del pequeño Weben a quien su madre le prometió que buscarían finalmente a su padre, quien era un gran guerrero, el mejor del mundo y lo protegería de todo mal. Weben vio al doctor de su madre, traía la cabeza gacha y se veía preocupado pero eso no importo cuando él le dio paso a que entrara a ver a su madre, salió corriendo para ponerse a su lado.

– Madre! Ya es momento de irnos! Vamos levántate! – desea emocionado el pequeño – ya has de estar bien, por eso el doctor me dejo pasar ¿no?

Su madre sonrió con dificultad y con el mismo esfuerzo acaricio los cabellos negro azulados de su pequeño – te pareces tanto a tu padre… – Tosió un poco y continuo – Weben, tu padre…se llama Ikki de Fenix – Le entrego una carta cerrada – entrégale esto solo a él, cuídalo mucho y tú, mi pequeño, sé que te convertirás en un gran guerrero como él

Weben comenzó a asustarse – Mami…pero si ya vas a salir e iremos juntos…¿por qué me dices esto? – Salto sobre la cama y abrazo a su madre – no te vayas! No me dejes!
Ella lo abrazó con la poca fuerza que aún le quedaba – no te rindas, te espera un gran futuro, solo debes ir al santuario de Athena, ahí está tu…– el pitido de la maquina se escuchó por toda la habitación, los doctores correrieron a ella y quitaron a Weben de su lado, algo dentro de él le hacía querer huir del lugar, sabía que un niño como él tal vez no sobreviviría en las calles de Grecia y mucho menos solo pero si se quedaba en el hospital ahora que ya no tenía a su madre, al no tener más familia iría directo a un orfanato y no podría buscar a su padre, así que tomo su pequeña mochila y corrió por las calles en busca de refugio, hasta un callejón donde encontró una caja de cartón donde podía entrar y esconderse por un momento, no soporto más, abrazó sus piernas y lloró a su madre durante horas hasta que se quedó dormido en ese lugar. A la mañana siguiente cuando los rayos del sol pegaron en su rostro se levantó y comenzó su camino hacia el templo de Athena, lo más seguro es que cerca de aquel lugar se encontraría el Santuario, durante esta travesía que duró 6 meses en los cuales el alimento y bebida era escaso, de vez en cuando encontraba alguna u otra cosa decente que comer, pero su meta no lo dejaba detenerse hasta estar frente a él gran templo. Al entrar vio una mujer de cabello violeta que cargaba un pequeño de posiblemente 3 años de edad, algo lo llevo a acercarse a ella, pero en el momento que iba a hablarle el callo en el piso debido al cansancio y desnutrición de los anteriores meses.

Cuando por fin despertó vio a su alrededor, nuevamente una habitación blanca, llena de ese pulcror que ahora odiaba y temía a la vez. A su lado estaba un hombre alto de pantalones rojos y camiseta azul, en la silla junto a su cama una chaqueta negra, pero aun su visión no era buena, se rasco los ojos y observó de nuevo, aquel hombre estaba leyendo la carta de su padre, lo cual hizo que se levantará de nuevo para tratar de dar un puñetazo a dicho hombre, el cual giro inmediatamente y detuvo su pequeño puño – definitivamente tu cosmos y tu persona son similares a mí – tomo al pequeño y lo recostó de nuevo en la cama a pesar que este pataleaba y daba golpes a donde podía – Yo soy Ikki, tu padre – al escucharlo se detuvo en seco y lo abrazo con todas sus fuerzas, todo había servido, ahora ya no estaría solo. Y así sucedió, Ikki al inicio no sabía que hacer pero dejar al pequeño solo no era una opción, por lo cual prefirió buscar un poco de ayuda en su hermano, después de todo el llevaba 3 años al cuidado de Ciera.

Cuando Weben se encontrarse bien tomaron camino a el pueblo donde Shun y su hija se encontraban, el fénix miro a su hijo – y ¿cuál es tu nombre? Es algo que nunca te pregunte – Weben observo a su padre – Weben Kano – Ikki sonrió de lado – muy bien Kano, comencemos con nuestro viaje y roguemos que Athena nos ayude – rio y tomo a Kano en brazos y subió al tren.

– Fin del recuerdo –

Kano fue sacado de sus recuerdos al ver que ya había llegado a Palestra, era una escuela impresionante, entró inmediatamente, el cual al no mirar su camino se cruzó con Kouga de Pegaso.