Nuevamente los nuevos guerreros de Athena, así como los aspirantes a formar parte de las filas del ejército de la diosa se encontraban en el instituto que ella había fundado para ellos, Palestra. El joven Kano de Fénix tuvo un pequeño encuentro con Kouga de Pegaso al venir perdido en sus pensamientos de juventud, ambos cayeron al suelo, el poseedor del fénix pudo observar que Pegaso ya contaba con una caja de pandora en su espalda – Veo que han reparado tu armadura – se puso de pie y extendió su mano para ayudar a su compañero – Una disculpa creo que mis pensamientos nublaron mi juicio, soy Kano de Fénix, tú debes ser el hijo de… - Kouga no lo permitió terminar – Si soy el Pegaso, mucho gusto – sonrió levemente – eres distinto a tu prima, tu eres amigable y no tienes guardaespaldas detrás de ti todo el tiempo – río dejando confundido al Fénix, más no le dio importancia, después de todo Ciera siempre había sido así.
Todos tomaron rumbo a clase, Ban se encontraba conversando tranquilamente con Soma mientras los demás alumnos se situaban en sus respectivos lugares, la gran sala donde los alumnos que ya eran parte de los santos de Athena se reunían para reafirmar sus conocimientos y técnicas. Kano aprovecho el incidente anterior para colocarse a un costado de la Amazona de Águila, Yuna, la cual le había parecido extremadamente bella; mientras tanto Kouga se sentó del lado contrario de la chica por cierta costumbre, o al menos eso creía sentir. Cuando el León menor tomo asiento a lado de su buen amigo el Pegaso la clase comenzó pero cuando pasaron algunos minutos, la puerta se abrió dando paso a Ciera quien cómodamente entro sin dar aviso de su llegada al profesor, el cual únicamente observo como la joven pasaba por encima de su autoridad para tomar su asiento y jugar con su armadura, la cual aún se encontraba dentro de la gema de Andrómeda – ¿A que debemos su presencia, señorita Andrómeda? – Ciera sonrió burlona mientras continuaba jugando con la gema y respondiendo en tono sarcástico – Gran profesor Ban, continúe hablando, después de todo cualquier cosa que pueda decir o hacer yo ya lo habré realizado igual o mejor que usted, después de todo usted no paso de observar como mi padre y los otro 4 caballeros legendarios peleaban por Athena – la clase entera observo a Ciera con asombro, independientemente de si era verdad o mentira, Athena había designado a Ban para instruir a los nuevos santos – Sinceramente no entiendo la razón por la cual tengo que escuchar lo que usted diga, yo fui entrenada por el gran Ikki de Fénix – Kouga molesto por la actitud de su compañera se levantó de su asiento para hacerle frente – Creo que no te mostro lo que es el respeto ¿no es así? – Ciera giró para ver al Pegaso, después a su primo quien se encontraba en completo asombro ante las palabras de la joven – Realmente piensas que puedes contra mí? Kouga, tú no eres el asesino de dioses como hoy te llaman, ese es tu padre, Seiya. Ante mí no puedes compararte, eres solo el antiguo recipiente de Apsu, un recipiente que aún guarda una parte obscura en él- sonrió triunfadora mientras el joven Orión entró al aula para terminar dicha discusión -Aquel recipiente ha defendido a Athena, ¿Tu que has hecho? ¿Amazona de Andrómeda? – La peliverde observo a Edén con cierto odio pero a la ves respeto, cosa que nadie podría ver por la máscara, y razón por la cual al momento en que ella regreso a su asiento fue tomado como una derrota para la amazona ante el "príncipe de marte". Edén pidió disculpas por su retraso y entro al salón para tomar su asiento, el cual casualmente se encontraba a lado de la peliverde.
La clase continuo normal a pesar del incidente, algunas batallas pequeñas entre algunos de los experimentados Yuna, Kouga, Soma, Ryuho y Edén, con el fin de mostrar las armaduras evolucionadas a los demás a manera de inspiración o desafío para que todos lograsen lo mismo. Al terminar el nuevo director de Palestra hizo su aparición, Genbu de Libra el cual venía acompañado de una mujer de cabello azulado largo hasta la cintura algo alborotado pero bien peinado, utilizaba un traje similar al uniforme de Palestra pero modificado de manera más sofisticada, lo cual sumado a sus posibles 20 años de edad, daba la impresión que se trataba de una nueva maestra. Su máscara mostraba una especie de cicatriz en el ojo derecho similar a las que tenía June en la suya pero en color azul igual a su cabello, cosa que molesto un poco a Ciera pero prefirió pensar que solo era una coincidencia.
Genbu se colocó frente a la clase – Santos de Athena, les presento a una nueva instructora que estará con ustedes, debido a que es necesario preparar más guerreros que vistan las armaduras que nuestros compañeros tuvieron que dejar atrás, Ban continuará con los nuevos reclutas, para dar paso a Givré quien de hoy en adelante estará con los guerreros avanzados – observó a la instructora – al finalizar la espero en mi oficina – Se retiró seguido por Ban quien parecía un tanto extraño, por un momento pareciera que contenía sus ganas de reír, cosa que también le pasaba a Ryuho. Givré se colocó detrás del escritorio en el cual dejó algunos libros que traía en brazos para después escribir en la pizarra la palabra reglas de entrenamiento y después girar y observar a todos – Los entrenamientos conmigo son similares a los que se hacían hace algunos años, a pesar de estar dentro de las instalaciones de Palestra ustedes entrenaran distinto, ¿por qué? Todos ustedes están conmigo porque han superado en diferentes maneras a quienes están afuera del recinto, conmigo conocerán lo que es verdaderamente entrenar – observó a Ciera – algunos de ustedes alegan conocer lo que es "entrenar de verdad" ya veremos de que están hechos. Muy bien, ahora escuchen atentos, número uno, no soy ni seré su amiga, enfermera ni nada similar. Número dos, no me interesa quien los entreno antes de mí, ni de cuál de todas las dinastías que hay en el santuario vienen, si sus padres son o no legendarios o son dioses no me interesa, todos son iguales. Número cuatro, todos dormirán y vivirán como yo lo diga, ¿enfermos? Consigan su medicina como puedan y recupérense rápido, si no pueden, no deben estar aquí, ¿llegar tarde a un entrenamiento?, penalización, ¿desobedecer un mandato? penalización, ¿mal tiempo? no se cancelan los entrenamientos a menos que estemos bajo ataque. Por último y más importante, nadie se acercará a mi persona a más de 3 mts de distancia, quien lo haga morirá, quedan advertidos. Ahora pueden retirarse por el día de hoy, mañana conocerán lo que es un verdadero entrenamiento – Terminado su discurso todos salieron calmados y en silencio, ella parecía diferente a todos los maestros en Palestra, para algunos se convirtió en un reto, para otros era la mujer más aterradora que habían conocido, para unos pocos quienes guardaban su secreto ella era sencillamente entrenada a la antigua por uno de los caballeros más educados y estrictos que el santuario conocía, además de ser una digna representante de esa misma dinastía francesa.
Givré al salir todos los santos, se dirigió a la oficina de Genbu a la cual al entrar era conformada por un gran espacio lleno de libros que llevaban hasta el escritorio del director, el cual se encontraba observando Palestra, sustituyendo su armadura de Libra por su clásica chaqueta roja con franjas blancas en los brazos, pantalón de cuero negro y camiseta que hace juego. Al sentir que Givré se encontraba parada frente al escritorio el viró para después rodear el escritorio para estar frente a aquella mujer; tomó la máscara dejándola de lado para dar paso a que su mano recorrerá el rostro de la dama quien se encontraba con los ojos cerrados, las luces del lugar estaban apagadas y la noche se encontraba llegando anunciada por el atardecer. Genbu pasó sus dedos entre los cabellos de la dama para después dar un pequeño tirón para dar caída a aquella peluca azulada y mostrar el verdadero color del cabello de aquella mujer, un rojo vino que el encontraba fascinante, acariciar aquella rizada cabellera suave como la seda era uno de los placeres más grandes que podría pedir incluyendo aquellos ojos que lo volvían completamente loco, aquellos ojos que ya se encontraban abiertos observándolo suavemente, sus violetas cual amatistas. Givré se acercó a su caballero acariciando su rostro bajando hasta su pecho – te extrañe demasiado – sonrió nostálgica pero feliz, esperando la respuesta del caballero de la balanza, la cual fue un beso en los labios que comenzó suave y calido para convertirse en un torbellino de emociones que los dejo sin aliento – yo también te extrañe, Rosegivré, ¿cómo no extrañar a mi amada esposa?
