Hola. Sí. Traigo el capítulo dos en tiempo RÉCORD, para mí :D Ya sabéis. Soy la maldita autora que tarda DOS MESESen sacar un cap de un fic, pero voy y traigo en apenas una semanita la continuación. Me odio :D

Sabi-chan, aquí la tienes. Un poco sosa, pero aquí está, joder! ò_ó (Aprovéchate de mi obsesión por este fic temporal, repito: TEMPORAL ¬¬)

Shugo Chara es de Peach-Pit.

PD: Ahora que lo pienso... quiero hacer un fic de Zombie Loan... ¿ZaramexMichiru? es mi obsesión oculta xDDD Desde que se transformó gracias a Michiru en los recuerdos de Chika no puedo evitarlo. Es demasiado mono cuando Chiru-chiru se baña con él y se olvida de que ES UN SHINIGAMI ADULTO! Juas juas juas... Todo sonrojadito y chibi... *modo fangirl/stalker: ON!*

Bueno, pero me gusta esa pareja y el ChikaxMichuru ¿Y QUÉ? ¬¬ [Shito me sigue pareciendo GENIAL~!]


Bestias en la Noche

Capítulo 2

Los rayos de sol habían conseguido una ruta en la rendija entre dos de las gruesas cortinas. Y, además, de todos los lugares donde podía ir a parar aquel resplandor infernal, había sido a su rostro, cruzándolo de forma transversal y quemándole una mejilla y el párpado derecho por la insistencia y el calor.

Amu gruñó contrariada por la interrupción de su agradable sueño, uno donde ella vivía en una casita de campo estilo Heidi feliz con sus padres (seres sin rostro), quienes la querían y cuidaban.

Primero, sufrió en carnes la ira del aire frío que se colaba por alguna ventana, produciendo una corriente de aire realmente desagradable y molesta, como un martillo golpeando la piel expuesta. Lo segundo que notó fue que tenía demasiada piel expuesta, lo que era en sí realmente extraño porque ella usualmente utilizaba una bata de dormir o, simplemente, una camiseta vieja y unos pantalones de chándal. Y por último se dio cuenta de que su almohada hoy estaba extraña. Extrañamente calentita y le daban ganas de acercarse más aun para combatir el estúpido frío que la mortificaba; además, esa almohada estaba muy dura, y allí donde podía palpar con los dedos no reconocía la tela de la funda que le había puesto a su…

Amu abrió los ojos de sopetón y se sentó a toda velocidad en su cama, pero inmediatamente tuvo que volver a echarse hacia atrás porque se mareó como nunca lo había hecho en su corta vida. Se mantuvo quietecita y acostada en su cama mientras esperaba a que el mundo dejase de dar vueltas, con los ojos fuertemente cerrados y aguzando el resto de sus sentidos. Había alguien a su lado, alguien cuya presencia no reconocía.

— Yo que tú no volvía a hacer eso- escuchó una voz a su izquierda. Un momento. Esa voz la conocía. Abrió los ojos y giró el rostro para ver a quién tenía al lado, encontrándose con un joven de cabellos azulados que recordaba vagamente de la noche anterior. ¿Qué había pasado exactamente? Forzando su memoria, Amu poco a poco recordó el haberlo rescatado en la calle pensando que era un humano más y llevarlo a su casa, para después descubrir que era un vampiro y ofrecerle su sangre en un trato; luego recordó con algo de vergüenza cómo ella se había acercado y él la había mordido en el cuello. Pero después no recordaba nada más.- Oye, ¿estás bien?

— Ah...- dijo algo desorientada todavía.

— Realmente me sorprende que hayas aguantado tanto. Una persona normal ya hubiese muerto mucho antes de que tú te desmayases ayer. Mis respetos.

— ¿Ah?- dijo ella sin comprender antes de tocar el cuello y palpar las marcas, prueba de que lo que recordaba había sido real. No es que creyese que el joven delante de ella fuese una alucinación, más bien era que perfectamente podría ser un violador que se habría colado en su casa. Quizás por ello estuviese en ropa interior. Espera... -¡¿Ah?! -chilló al internalizar lo último, enderezándose en la cama de nuevo y mirando hacia abajo, encontrándose con su pecho plano de doce años cubierto por la parte de arriba de un conjunto de ropa interior infantil que usaba. Era de sus favoritas porque tenía marcas de patitas de gatos que la cruzaban de una esquina a otra. A juego, las bragas con una patita grande en medio de la parte frontal.

Amu sintió su rostro arder unos segundos antes de inspirar hondo y controlarse como sabía hacer.

— Tu ropa parecía demasiado incómoda para dormir, así que te la quité. Por cierto, bonita ropa interior. Me gusta.- le dijo el chico mientras se daba la vuelta en la cama y se reacomodaba para seguir durmiendo.

Estúpido pedófilo, pensó ácidamente la pelirosa mirándolo fulminantemente. Apartó la vista, contrariada.

Amu permaneció unos momentos más en la cama King Size de sábanas blancas que traía su piso antes de girar hacia su nuevo "huésped" y admirar aquella amplia espalda parcialmente cubierta por unas vendas que ella recordaba haberle puesto. Se dio un golpe en la mejilla para despertarse y se estiró en la cama sin ganas de seguir armando un escándalo tan temprano, para ella, ya que faltaban algunas horas para que anocheciese.

Estiró el cuello e hizo una mueca cuando sintió el dolor de la mordida. Nunca había hecho eso. ¿Qué rayos le había dado para hacer semejante trato? ¿Acaso estaba demente? Toda su vida le habían enseñando en la Asociación que los vampiros eran malos y eran sus enemigos, pero ayer mismo, o esa madrugada, había acordado con un vampiro (un tanto extraño, debía admitir) que lo alimentaría (y que lo dejaría tocarla, por ende). Bueno, había ganado fuerza extra para sus cazas, pero ella sabía que era capaz de hacerlo sola. En realidad, ¿por qué había cometido tal locura?

— Ah, por cierto.- dijo el vampiro.

— ¿Qué?

— Tienes un mensaje de un tal Tadase. Te han convocado en la central de la Asociación de Cazadores esta noche.

— Vale… Espera, ¿Qué haces usando mi teléfono?- le chilló enfadada, pero se recompuso inmediatamente, poniendo el rostro en su máscara de tranquilidad y la voz fría- No puedes usarlo. ¿Qué pasa si te descubren? Nos matarán.

— Tranquilidad, gatita.- le dijo dándose la vuelta con una sonrisilla en el rostro, claramente burlándose de ella.- Ha caído en el contestador cuando no lo cogiste. Fue un infierno- bufó contrariado-. Sonó y sonó bastante hasta que tu novio se cansó de llamar. Tiene la voz muy rara, ¿es realmente un chico?

— ¡Tadase es un chico!- calló en la cuenta de algo- ¡Y no es mi novio!- se sonrojó profusamente.

— Lo que tú digas, Amu-chan.

— ¿Cómo sabes mi nombre? No, espera, ya sé por qué.

— Me alegro que puedas sacar tus propias conclusiones solita.-sonrió. Ella lo ignoró.

— ¿Y tú cómo te llamas?- dijo saliendo de la cama por su lado- Y no te gires.

— Ikuto es mi nombre. Y tranquila, no tengo interés en tus ausentes atributos.

— Cállate ya.

Con un bufido, Amu se puso de nuevo el traje de Cazadora del día anterior. Este consistía en unos pantalones ajustados que metía dentro de unas botas altas sin tacones, claro está, debido a su corta edad. A la cadera tenía unas cadenas donde podía enganchar cosas útiles para el trabajo además de servir de adorno, por ello que Amu portase colgando de algunos eslabones pequeños saquitos y bolsas de reducido tamaño donde guardaba medicamentos para aliviar la comezón de mordidas de vampiro, veneno, las cuerdas o hilos finos que usó el día anterior, dinero y dardos pequeños.

Después tenía una camiseta manga larga de tela resistente ajustada a su cuerpo, y encima se ponía una especie de chaquetilla donde guardaba las pistolas; una chaqueta de cuero y los guantes que dejabas sus dedos libres para la lucha y ya terminaba el atuendo completo.

— Oye, Amu...

— ¿Qué?- dijo cansada- Por cierto, ya te puedes girar.

— ¿Por qué estás tan tranquila? Quiero decir, eres una cazadora y todo eso. ¿Por qué me has aceptado en tu casa y me has dado tu sangre? ¿No te molesta la mordida?- preguntó cauteloso. Podía ser una trampa.

— Pensé que me serías útil... además de que me dabas pena tan solito y abandonado y lleno de heridas.- añadió burlándose de él a todas leguas.

— Eres mala- dijo haciendo un puchero.

— Y eso que no has visto mi peor cara -le dijo saliendo por la puerta de su habitación. Inmediatamente escuchó los pasos detrás.

— Todavía no me has dicho por qué no te molestó que te mordiera...

— Eso es principalmente porque me han mordido antes. Bueno, en el cuello no, y por supuesto que no por propia voluntad- dijo esta vez mirándolo de reojo.

— Pero deberías ser un vampiro a estas alturas, entonces.- parecía confundido

— ¿No te diste cuenta ayer? No soy normal.- se detuvo-. Mírame. Tengo doce años, Ikuto; desde pequeña no he sido normal. Me sacaron de la escuela de Cazadores a los cinco años y maté a mi primer vampiro a los ocho. Aprendí a toda velocidad. Tres años, Ikuto, tres años encerrada hasta que supe cada especie de vampiro, cada tipo de mordida, cada estilo de lucha y cada manera de asesinar a un vampiro a sangre fría.

— Tranquila, ya me quedó claro- dijo Ikuto mirándola con nuevos ojos. ¿Qué clase de infancia era esa? Pero entonces reparó en algo que le sonaba de toda esa historia. Había escuchado antes sobre ella, en otra parte… Tembló mentalmente ante el recuerdo.- Por cierto, ¿cuál me decías era tu nombre?

— Amu… ¿Acaso también eres retrasado? No recuerdo que los vampiros tuviesen enfermedades mentales…

— Que no, imbécil- la fulminó con la mirada y le dio un codazo en las costillas. Ella estaba frente a la nevera de su amplia cocina y se disponía a sacar lo que necesitaba para alimentarse. Seguro que está agotada por haber bebido su sangre, pensó Ikuto sintiéndose algo culpable, pero ella parecía saludable esa mañana (aparte del pequeño mareo, claro está).- Me refería a tu apellido.

— Ah, es Hinamori. Me llamo Hinamori Amu.

Ikuto se la quedó mirando unos segundos en silencio, no podía articular palabra. Era ella. Hinamori Amu.


Amu no sonrió al situarse ante las puertas de la sede de la Asociación. No le parecía un edificio grande y majestuoso, no le transmitía solemnidad, sobriedad, compromiso o la sensación de grupo y unidad que deseaban expresar con su diseño y construcción. No le era un lugar apto para discutir asuntos oficiales o vivir cómodamente tus años de Cazador profesional.

No, para ella era una auténtica cárcel.

De entre sus recuerdos sólo podía traer aquella sensación de claustrofobia de su "habitación" mientras estudiaba; la forma en la que observaba por la ventana todos los días cómo el sol salía y se ocultaba, cómo los otros niños jugaban en los recreos entre las horas de clase. Recordaba la forma en la que día a día, alguien diferente le traía su comida en silencio y recogía sus platos en silencio; cómo cuando tenía una duda aparecía un tutor personal y la ayudaba con palabras vacías de calidez; la forma en la que su cuerpo dolía cuando se iba a dormir debido a todos los moretones resultado del arduo entrenamiento.

Pero también recordaba las ansias de superación, el conocimiento dentro de las grandes bibliotecas, las salas gigantes donde la gente sabía más que ella, no como en aquel colegio lleno de niños que no sabían ni sumar o dividir. Recordaba cómo sus palabras tuvieron poder y fuerza desde que aprendió a pronunciarlas y el respeto en las miradas de las personas con las que se cruzaba por los pasillos en sus extraños paseos.

Aún así, ella odiaba ese lugar, con todas sus fuerzas, pero se aparecía allí (por la puerta grande, a la vista de todos) siempre por un mismo motivo: sus amigos. Ellos entraban dentro de la categoría de "amigos" y ellos la llamaban como tal. Eran personas más o menos de su edad, personas que no veían en ella a la "prodigio" o a un "monstruo", niños que deseaban jugar a la pelota o a cualquier otra cosa más que blandir una espada o disparar un arma de fuego contra un vampiro. Ellos le enseñaron lo que era ser un niño de verdad y no una máquina.

— ¿Amu?- escuchó una voz cuando estuvo ya dentro, Kukai.- ¡Eres tú! ¡Cuánto me alegro de verte!- le dijo con una sonrisa de oreja a oreja mientras la asfixiaba en un abrazo de oso.

— Hola, Kukai. -respondió ella con una sonrisa apenas visible, pero el chico no se ofendió. Todos sabían que ella no podía sonreír.

— Espera a que todos te vean… ¡Has cambiado mucho! ¿Qué has hecho? ¿Has matado a muchos vampiros? ¿Alguna historia interesante? ¿Conociste al famoso "Drácula"? ¿Es igual que en las leyendas?

Nunca cambiará… pensó ella escuchando el torrente de preguntas sin espacio entre ellas. Kukai era así desde que su memoria podía alcanzar, alegre y servicial, interesado en ella y curioso de sus aventuras. Estaba obsesionado con los deportes y la leyenda del primer vampiro. Era una promesa entre los cazadores.

— ¿Amu-chi?- chilló una voz desde el otro lado del pasillo. Menos mal que no había nadie más por allí o ya les hubiesen regañado, como mínimo. Pero aquello no era extraño para la niña saltarina y alegre que iba botando hacia Amu con una gran sonrisa tatuada en la cara. Quería a la pelirosa y la apreciaba aunque ella no sonriera. Era la menor de todos, y eso lo amaba. Le gustaba ser mimada por los demás. Yaya, o Yaya-chi, era como le gustaba que la llamaran.

— ¡Es Amu!- dijo esta vez una rubia apareciendo doblando una esquina. Llevaba su larga cabellera recogida en dos coletas y, aunque su mirada pareciese en un principio amenazante, ella era en realidad una chica de gran corazón. Era la mayor de todos y a veces actuaba como buena hermana mayor, pero solía irse por las ramas y era una niña más del grupo. Utau era su nombre.

— Oh, vaya- escucharon la vocecita aguda de otra chica rubia, más bajita y el cabello suelo hasta casi sus rodillas. Era una chica un tanto inexpresiva y trataba mal a la gente, pero cuando lograbas llegar a ella se convertía en un amigo de verdad y eterno. Rima.

— Hola, chicos- les dijo Amu aceptando sus abrazos un tanto desorientada y ahogada por el contacto. No estaba acostumbrada.- He venido porque Tadase- torció el gesto- me ha llamado.

Ellos callaron. Sabían lo que aquella mueca significaba porque se conocían la vida de su amiga desde siempre, ya que estuvieron en el mismo jardín de infancia e iban a empezar juntos hasta que se llevaron a la chica a los cinco años. Pero aún así habían mantenido contacto cada vez que podían, incluso cuando la Asociación se empeñaba en separarlos. Bueno, ellos y sus padres, quienes no deseaban que sus hijos se juntasen con Amu, "la prodigio", pero esa ya es otra historia.

— Bueno, entonces me voy yendo ya- dijo con un suspiro.

— De acuerdo, adiós.- se despidió Kukai con Utau.

¡Bye bye~!- dijo la niña más joven.

— Adiós.

Amu se adentró en los pasillos más profundos de la sede sin sorprenderse o asustarse ya de lo sombrío del ambiente o de las luces que apenas alumbran o de las ratas que correteaban por el techo. Nadie parecía inmutarse, así que con el tiempo ella también aprendió a ignorarlo.

Llegó al final, donde la esperaba la puerta más grande de todas, lo suficientemente pesada como para que hicieran falta dos hombres fornidos para poder abrirla en su totalidad; pero afortunadamente se había dispuesto una puertecita más pequeña para que las personas pudiesen entrar sin problemas. Aún así, en eventos oficiales las puertas grandes debían de abrirse obligatoriamente.

Amu empujó la puerta pequeña y se encontró una vez más en la sala del "Consejo", de "Ancianos" o la "Sala de Reuniones". Aquel lugar era claustrofóbico aunque tuviese más de quince metros de altura y treinta metros de diámetro formando una sala circular, como una cúpula gigante. Muchos asientos de madera, bancos interminables donde se sentaban los más "sabios" y "ancianos" de la Asociación realizaban el giro completo de la circunferencia formando varios pisos de asientos sin ser demasiado alto. Más hacia el centro, habían unas cinco sillas para los líderes de todos ellos, los mejores y más fuertes Cazadores, y los que, supuestamente, dirigían con bien todos.

A Amu no les caía bien. Para nada.

— Ah, Amu…- escuchó la voz venir desde su derecha y se giró para ver a una única persona entrar por una puerta auxiliar que daba directamente con la sala del Consejo- Me alegro que hayas conseguido llegar tan rápido. Ven, te estamos esperando.

Ella le siguió sin una palabra y sin maravillarse de la belleza extrema de aquel ser a pesar de ser un hombre no tan joven. Aparentaba unos treinta años y parecía amar su cabello largo y plateado como si le fuese la vida en ello. Era arrogante, egocéntrico y algo narcisista, pero solía ocultarlo la mayoría del tiempo para ejercer como uno de los "sabios" del Consejo de Ancianos. Y lo hacía bastante bien, en su opinión. Él fue su tutor personal durante un tiempo, pero cuando ella comenzó a responderle cortante y a no sonreírle como él quería, lo dejó y se fue a otro departamento, la enfermería de los Cazadores.

La enfermería. Amu se estremeció casi imperceptiblemente ante el pensamiento. Ese lugar infernal donde tuvo que pasar muchas horas de su corta vida haciéndose exámenes de todo tipo: sangre, orina, células de todas partes de su cuerpo… No solía traer a su mente la horrenda sensación de aquellas agujas grandes y dolorosas, la forma en que se las clavaban sin piedad dentro de su delicada piel infantil y hurgaban en su interior como les placía… Aquello formaba parte de ser "la prodigio" siempre le habían dicho, hasta que ella misma se lo creyó. "Sí, tenía que ser eso", se decía cada vez que caminaba por ese mismo pasillo desde aquella mañana donde se despertó como era ahora mismo, fría e impersonal con todo el mundo, sin sentimientos. "Es mi destino, la forma en la que voy a vivir el resto de mi vida." Lo aceptaba y lo aguantaba una y otra vez. Podía soportarlo porque era fuerte, porque era un genio, porque era especial.

Amu regresó a la realidad cuando Takumo, que era el nombre del narcisista, le abrió la puerta blanca de hospital con una gran sonrisa en el rostro, la cual se torció cuando la pelirosa apenas de dirigió una mirada de soslayo y una mueca de desagrado. Se había vuelto a echar rímel.

— Hinamori- la saludó con apenas un movimiento de cabeza el doctor sin quitar los ojos de los papeles que leía.

— Kazuomi- respondió. Imbécil, decía en su mente.

— Puntual, como siempre- le dijo con aquella voz horrenda y ronca que lo caracterizaba. El Cazador médico se dirigió hasta un carrito con bandejas que portaba multitud de utensilios que Amu se conocía y sabía sus nombres de memoria o para qué servían.- Entonces, vamos a comenzar, ¿no?- le preguntó con su sonrisa torcida y el brillo sádico en los ojos. Adoraba causarle dolor, era un deporte personal. Una vez se lo dijo cuando le realizó una punción lumbar realmente tortuosa cuando se había equivocado "sin querer" cuatro veces.

— Hm- dijo ella desnudándose sin ningún pudor frente al hombre bastante más mayor que ella y se tumbó en la camilla de sábanas blancas e impolutas.

No cerró los ojos ni apartó la vista de la enorme aguja que Kazuomi aproximaba a su pecho. Solamente esperaba a que todo acabase para regresar con sus amigos o volver a su casa para seguir durmiendo, ya que se sentía más cansada que de costumbre por la pérdida de sangre…

— ¿Te han vuelto a morder?- la sorprendió la voz del Cazador. Usualmente nunca hablaban en sus chequeos. Ella lo miró para encontrárselo observando las marcas recientes de los colmillos de Ikuto en su cuello. Se encogió de hombros.

— Unos nosferatu. Intentaban matar a un humano anoche y uno me atacó por detrás mientras me encargaba de los otros.- verdades a medias, su especialidad.

El otro torció el gesto y enterró varias agujas en varios puntos de su cuerpo, removiéndolas a su antojo y probablemente buscando zonas más profundas dentro de sus entrañas. Le dolía, pero podía aguantarlo porque era la prodigio, ¿no? Eso ya no le importaba. Como si tuviese que importarle la constante psicosis de tener que regresar reiteradamente a este horrible lugar para sufrir más dolor de la mano de un sádico yandere, pensó con desagrado y sarcasmo; siempre podía escapar como aprendió a hacerlo de una de las personas que le trajo la comida. Había sido la más importante lección de su vida hasta la fecha.

Y eso fue lo que hizo. Soñó despierta con otras cosas, con mundos mejores, vidas mejores. Con sus amigos y con sus amados padres sin rostro, con un mundo sin vampiros o cazadores.

Extrañamente, soñó también con Ikuto. Él y su extraña forma de sacarla de quicio.


D: ¿Se acabó? Juas juas juas... No, esperad, tengo una risa mejor (a ver quién la pilla xD): Kufufufufu...