Hola. C:
Muchos dicen que he muerto. Otros dicen que he abandonado Fanfiction. Otros que me aburrí de Shugo Chara.
Pero se equivocan. ¡SE EQUIVOCAN! ¬¬ Mucho.
Veréis. Sé que he tardado, bastante he de añadir, pero es que quiero que sepáis (para los que no me conocen de antes, pobres incautos animalitos del señor) que el tiempo que he tardado para subir este cap es en realidad el tiempo usual que tardo en mis fics normales. ¿Que los caps de Bestias en la Noche son cortos y blah? Lo sé. ¡En el alma creedme que lo sé! (voz poética y epicúrea de juglares de la Edad Media) Pero es que si alguien fuera capaz de ver mi pendrive y comprobar la ENORME CANTIDAD DE COSAS QUE ESTOY ESCRIBIENDO A LA VEZ entendería (quizás) lo que padezco. Que sí, que yo solita me lo he buscado. Eso también lo sé, gracias por recordármelo, de verdad :3 Pero it's my life! y la vivo como quiero.
Otra cosa que me ha retrasado: clases. Ya sabéis, exámenes parciales, obtener un 10 en matemáticas esas cosas que consigo hacer de vez en cuando en Bachillerato. Además de los maravillosos trabajos que estoy haciendo.
Corformaros con pensar que voy a subir muchas cositas bonitas y felices del mundo feliz del arcoiris (?) antes de fin de año. Muchas cositas de Shugo Chara eh? No os creáis.
Después de esta sarta de gilipolleces:
Disclaimer: No, Shugo Chara! es de Peach-pit y continuará siéndolo. FIN. ònó
Bestias en la noche
Capítulo 3
Cuando Amu regresó a su casa unas horas después, las heridas ya no le dolían. Entrando por la puerta del complejo de apartamentos, inmediatamente sintió la vida de las personas en su interior al ser todavía antes de las doce. Tan diferente a la madrugada, siempre se le pasaba por la mente cuando iba por la ciudad de día en esos casos tan extraños.
— Hinamori- escuchó la voz del portero saludarla, así que asintió en su dirección para indicar que lo había escuchado. Pero no tenía ganas de contestar. Los chequeos la dejaban exhausta.
Sólo quiero llegar a casa y dormir… Pero sé que no puedo porque tengo que hacer la ronda como un buen Cazador, pensó contrariada. Odiaba los días de chequeos, definitivamente.
Al salir del ascensor casi se choca de frente con una persona. Un chico. Era más alto que ella pero tenía más o menos la misma edad. Siempre sonriente a pesar de su situación familiar que lo obligaba a vivir totalmente solo en otro apartamento en el mismo piso que ella; amable con cada oración hacia ella y los demás vecinos, y un amigo en potencia. Aquel joven era una de las únicas personas con las que sentía que no debía estar alerta, pero siempre debía ser algo cautelosa sin importar la situación, sobretodo siendo él humano y pudiendo ponerlo en peligro.
— Ah, Amu-chan- dijo con una sonrisa amplia y amable. Ella no le respondió la sonrisa.
— Hola Nagi- dijo todo lo amable que podía estando tan cansada que se desmayaría en cualquier momento- Lo siento si no puedo quedarme a charlar- dijo apenada y mirándolo a los ojos. Por un momento le pareció verlos brillar diferente a lo acostumbrado-, pero estoy muy cansada. Si me permites…- dijo moviéndose para apartarse de la puerta del ascensor a la vez que impidiendo que se cerrasen.
— Por supuesto- dijo sin abandonar la sonrisa-. Acuéstate un rato y ya ves cómo se te pasa.
— Eso haré, adiós- contestó casi corriendo a su apartamento y sorprendiéndose momentáneamente de encontrarse las luces encendidas.
Cuando escuchó la voz de alguien murmurar suavemente la letra de alguna canción que estaba de moda recordó que ya no vivía sola, como antes. Ahora tenía a Ikuto, por muy malo que le sonase, tratándose de un vampiro. El vampiro con el que tenía un trato, se recordó; el vampiro con el que no debía simpatizar y debía marcar los límites.
— Ah, Amu- dijo él cuando pasaba delante del recibidor con un libro en la mano y el rostro sorprendido. Todavía estaba con la misma ropa de esa mañana: las vendas. Bueno, las vendas y unos pantalones rotos y deshilachados.- Hola.
— Hm- respondió sin quitar la vista de los pantalones y repasando si tenía algo que darle al vampiro para que se cambiase. Su ropa no le quedaría ni a palos, así que debía buscar en otro sitio…
— ¿Te gusta lo que ves?- ella alzó la vista y se encontró con los mismos dos ojos azules de esa mañana. Frunció el ceño, contrariada, y volvió la vista a las vendas dándose cuenta de que tenía que quitárselas.- ¿Tanto te gusto que quieres comerme con los ojos? Gracias, pero no me van los bebés.
— No soy un bebé, ¿te queda claro?- dijo ella fríamente y pasando por su lado no sin antes tomarle del brazo y tirar de él.
— Por supuesto- soltó una risilla- Por cierto, ¿a dónde vamos?
— Al sofá-respondió con el mismo tono.
— Hm… ¿Y para qué?- dijo con una sonrisa pervertida- No será que quieres hacerme algo de "eso"… y más de "aquello"…
— No seas idiota- respondió lanzándolo al sofá bruscamente y sentándolo correctamente. Se puso delante y alargó una mano hacia las tijeras que habían en la mesita de al lado de la noche anterior.
Buscó una silla cercana y se puso delante del peli azul, quien la observaba con una ceja alzada debido a que había elegido sentarse entre sus piernas abiertas. La posición lograría ponerle nervioso si la situación fuese otra y supiese que Amu no se acercaba a él con otras intenciones que no fuesen abrir los vendajes y ver sus heridas del día anterior, totalmente curadas ya.
Amu no se sorprendió de encontrarlas inexistentes, apenas una semi invisible cicatriz donde estuvo la más profunda, pero de resto la piel marfil permanecía perfectamente bien. Ella suspiró y se echó hacia atrás estirando sus brazos hacia atrás y disfrutando de la dulce sensación de sus huesos cansados y adoloridos de la espalda crujir. Fue cuando sintió un dedo golpear sus costillas con suavidad.
— Oye- dijo el joven ante ella. Abrió los ojos que había cerrado y se encontró con su rostro cerca, muy cerca.
— ¿Qué quieres ahora?
— Yo también disfruto haciéndote un striptease pero comienzo a tener frío- señaló su cuerpo casi desnudo con el pulgar. Amu hizo caso omiso a su comentario, como hacía con todos los demás. - ¿Así tratas a todos tus invitados? Menuda anfitriona eres.
— ¿Acaso quieres ponerte mi ropa?- alzó una ceja.- Porque es todo lo que puedo darte.
— Bueno, me gustan mucho los conejitos, los gatitos y las mini faldas, pero no creo que tengas de mi talla.- contestó con sorna.
— Eso creía yo- dijo ella pensando. ¿De dónde podía sacar ropa de chico? Podría ir a comprarla, pero no sabía su talla o sus gustos o nada de eso. Además, nunca había comprado ropa de hombre. Torció el gesto.
— Ah…- suspiró-. Supongo que tendré que hacerte un favor- alzó las cejas sugestivamente con una sonrisa- e ir desnudo por la ca-
— Ni se te ocurra- le cortó lanzándole una mirada fulminante-. Ya sé qué hacer. Ahora mismo vuelvo.
Ella se encaminó hacia la puerta y él la siguió sin entender qué era lo que se disponía a hacer. ¿Saldría a comprarle ropa? ¿Robaría? No sabía exactamente si los Cazadores tenían un sueldo.
Cuando llegaron a la puerta ella lo detuvo y le indicó que no saliera mientras se iba a la casa del vecino de al lado. Escuchó los toques y las voces hablando.
— ¿Amu-chan?- decía una voz suave y amable.
— Hola Nagi, espero no haberte molestado.
— Tranquila, acabo de llegar-escuchó el sonido de una bolsa de plástico- ¿Qué necesitas?
— Me preguntaba si tendrías alguna ropa que ya no uses… es para un amigo que me acaba de llamar y dice que perdió la maleta en el aeropuerto y no puede usar la mía.
— Ah, claro- rió un poco, pero a Ikuto le inquietó-, espera un momento.- Hubo unos momentos de revuelo dentro del apartamento y el sonido de cajones abriéndose y cerrándose.- Aquí tienes.- le tendió algo a Amu.
— Muchas gracias.
Pronto vio a la pelirosa de nuevo en la puerta de la casa y la miró de arriba abajo, olfateándola sospechoso. Ella se dejó oler mientras se dirigía a la cocina y se preparaba algo para comer y dejaba la bolsa de ropa encima de la mesa de la cocina tipo americana de su piso. No dijo nada en todo el rato que se hacía el sándwich ni se quejó de la mirada fija de los ojos zafiros, pero después de un rato se hartó.
— ¿Qué diablos pasa?
— No me gusta ese chico, Nagi… ¿Desde hace cuánto le conoces? ¿Trabaja? ¿Por qué vive solo?- soltó con el ceño fruncido y la mente trabajando.
— Es sólo un chico que ha perdido a su familia, Ikuto- le miró de reojo mientras colocaba su comida en la misma mesita de cocina.- Déjalo estar.
— Hmp.
— Bueno, acércate- le indicó y él fue aunque no se conformaba con el fin de esa discusión.- Me toca cumplir el trato.- ante la expresión confundida del vampiro suspiró exasperada y añadió-: La sangre, ¿recuerdas?
— Ah, sí. Pero, ¿no estabas cansada y ahora tienes que patrullar?
— Calla y come.- se sentó ella frente a su comida.
— Sí, mi señora- dijo con ironía el peliazul antes de situarse detrás de Amu y morder su cuello justo donde la había mordido el día anterior, reabriendo las heridas. Ella dejó escapar un siseo de dolor cuando hubo la punción, pero luego se dejó llevar de nuevo por la sensación de frío y calor que recorría su cuerpo, aunque a diferencia del día anterior se sentía más consciente y estaba preparada para decir basta en el momento adecuado. Dejó pasar unos segundos.
— Ya está, Ikuto- lo apartó cuando sintió su conciencia comenzar a difuminarse por los bordes. Esta vez, al contrario que el día anterior, Ikuto se dejó empujar con suavidad.
— Gracias- le dijo mientras limpiaba los restos del líquido carmesí en sus labios y mentón.
— No tienes que hacerlo, lo sabes.- contestó desviando la mirada y comenzando a comerse su comida simple.- Ahora te toca cumplir a ti tu parte del acuerdo. Vamos a salir a patrullar por la ciudad, yo te indicaré la ruta y tú matas a los vampiros. ¿Alguna pregunta?
Él negó con la cabeza mientras se ponía la camiseta del tal Nagi.
Dos horas después, Amu luchaba por mantener los párpados separados y caminar recto, y eso que ella apenas había hecho nada. Simplemente había dejado que Ikuto hiciera todo el trabajo y lo observaba fijamente, evaluando sus capacidades. Debía admitir que el vampiro sabía luchar, pero había visto Cazadores en acción, Cazadores bastante experimentados, que serían capaces de darle una paliza en segundos. Pero por ahora estaba perfecto, porque sólo se encontraron con un nosferatu y una Carmila, una vampiresa con consciencia cuyo objetivo son los hombres jóvenes (aunque no suele durar mucho en esa etapa y cae al nosferatu en una semana aproximadamente).
La pelirosa estaba a punto de decirle al otro que se fueran ya a casa cuando ella sintió una presencia igual de desagradable que un nosferatu, pero que no tenía nada que ver.
— Escóndete- le dijo a Ikuto y él le hizo caso ya que también lo había detectado. Se fundió con las sombras de la noche tan silenciosamente que no lograría dar su posición aunque lo quisiera.
Amu se giró a tiempo de ver a Tadase girar la esquina y entrar en esa calle oscura. No lograba entender tampoco, como con Takumo, qué le veían las féminas de la Asociación a este chico. De acuerdo que sus cabellos rubios fuesen perfectos o que sus peculiares ojos rubíes llamasen la atención, pero para ella sólo era un pesado de primera. Siempre que se encontraban buscaba la manera de acercarse a ella o pedirle una cita, aunque debía admitir que al menos el chico era caballeroso y no intentaba forzarla a nada, lo que apreciaba de corazón.
Tranquila, se mantuvo quieta en el sitio luchando para aparentar que no estaba durmiéndose y que estaba alerta, como debía ser. Tadase ni lo notó.
— Ah, Amu-chan- dijo con una sonrisa en los labios. Estaba encantador, hermoso, brillante y destilaba ese aura a príncipe azul que si ella fuese otra persona sabía que le encantaría, pero le enseñaron a no amar.- Me alegro de verte saludable.
Muérete, pensaba ella. El rubio sabía a la perfección lo que le hacían en el laboratorio de la Asociación, y siempre estaba allí para "reconfortarla". No lo lograba, si ese era su objetivo.
— Me alegro de verte a secas- dijo ella sin alegría en la voz y sin una sonrisa.
— Gracias- contestó él con una sonrisa de medio lado algo infantil que le daba un aspecto más animado en general. Aquel chico era especial de algún modo, pero no como ella. Recordaba cómo todos hablaban de que era un genio de los Cazadores, el mejor de su promoción; cómo salió victorioso y sin ningún rasguño en su primera caza, algo muy extraño y escaso; y de cómo era una promesa a próximo jefe de los Cazadores. - ¿Qué tal la caza? ¿Alguna… inconveniencia? ¿Espero no haber interrumpido nada?
— Tranquilo, todo va como debería ser- dijo con un tono de voz que dirigía la conversación a un próximo final. Ella sólo quería irse de allí y dormir.
— Me alegro- contestó acercándose algo más a ella, pero sin llegar a ser agobiante. Tadase tomó entre sus largos y blancos dedos algunos mechones rosados de la chica antes de acercarse a olerlos.- ¿Te he dicho ya antes lo mucho que me gusta tu pelo?- dijo con amabilidad.
— Unas cuantas- contestó ella sin que el hecho de mirar hacia arriba le quitase fuerza a su mirada. A pesar de que el chico no era mucho más mayor que ella (unos pocos años), ella era más experimentada en el oficio y tenía más fuerza sobre él que al contrario, si no se tenían en cuenta los centímetros de altura que los separaban, claro está.
— Deberías sonreír más a menudo- le dijo Tadase-, resaltaría mejor ese hermoso color de ojos.- hizo un ademán de acercarse más a ella, pero la chica lo esquivó, harta.
— Lamento interrumpir esta agradable conversación- dijo Amu cautelosamente-, pero creo que debo irme ya. Espero volver a verte, Tadase.
— Nos veremos más pronto de lo que crees, Amu-chan- dijo el rubio alejándose-. ¿Olvidaste el baile de mañana?- ella lo procesó unos momentos, cayendo en la cuenta. Sí, lo había olvidado.
— Es cierto- le concedió-. Nos veremos allí. Adiós.
Él sólo le sonrió y se fue, siguiendo su camino sin prisas. Amu suspiró en voz baja, agotada y algo tensa todavía.
— Se te ve tensa. ¿Quieres irte ya?
— La verdad es que sí- contestó Amu a la proposición del vampiro. Ella sintió inmediatamente cómo sus músculos se relajaban poco a poco, más rápido que lo usual después de sus encuentros con Tadase, lo que era extraño ya que estaba en presencia de un vampiro, su enemigo mortal. Quizá tiene que ver con que es inofensivo y no me puede hacer daño, pensó restándole importancia.
— ¿Un café?- propuso él con una leve sonrisa burlona, como imaginándose a la Cazadora haciendo cosas de gente normal.
— Creo que es lo mejor- Amu no sonrió, pero lo miró a los ojos unos segundos antes de desviar la mirada. El vampiro la intimidaba en cierto modo con esos ojos azules, llenos de cosas que no sabía descifrar, como si él quisiera decirle algo que no pudiese. Y le molestaba. Maldita sea su naturaleza curiosa.
Bueno, esto no era lo que Amu se esperaba de tomar un café. Un café con amigos.
Primero que nada, era de noche y estaban tomándose un café sacado de un veinticuatro horas de una gasolinera, sentados en una banca en un parque cercano. Segundo, no estaba precisamente con un "amigo", pero era la persona que la había invitado (aunque ella hubiese pagado). Tercero, había un pesado silencio entre ellos.
Suspirando, recordó todas las ocasiones en las que había visto grupos de amigas reír juntas, charlando alegremente en una tarde donde el tiempo no parecía tener significado para ellas. Hablaban de cotilleos, amoríos, chicos del instituto, sus familias, las cosas que habían visto, películas que querían ver… Sus mejillas sonrosadas y los labios curvados en sonrisas que parecían tatuadas en sus rostros. Y ella, de algún modo, quería todo eso. Desde pequeña pensaba en qué hubiera sido de ella si no fuese una Cazadora, si no fuese la "prodigio". Pensaba al mirar por su ventana el cielo azul que tenía una vida totalmente distinta, feliz, con un grupo de amigas que pasaran las tardes riendo con ella. Pensaba que ella podría reír con libertad sin que la señalaran con el dedo y la llamasen "débil".
Pero apartaba esos pensamientos. Porque ella era una Cazadora y era la "prodigio", ella no tenía padres que la esperasen en un hogar al regresar al atardecer, no tenía un grupo de amigas del instituto. A cambio, tenía unos cuasi-amigos de la Asociación que ni siquiera habían terminado sus estudios y un vampiro atado a ella por un contrato de sangre. Bueno, es mejor que nada.
— ¿En qué piensas?- la sacó de sus pensamientos la voz profunda de Ikuto. Ella lo miró allí sentado a su lado. Parecía tranquilo y relajado, una leve sonrisa en sus labios totalmente falsa y que pretendía alegrarla o tranquilizarla de algún modo.
— En nada- dijo ella regresando la vista al suelo.
— Sabes que puedes contarme lo que quieras, Amu.
— ¿Por qué tendría que hacerlo? No sé nada de ti, no puedo confiar en ti- frunció el ceño.
— Me llamo Ikuto y soy un vampiro algo peculiar. Tengo dieciocho años y casi muero el otro día si no fuese por una amable chica vestida en un traje de cuero negro- alzó las cejas con burla en sus orbes azules- que me salvó la vida con su sangre. ¿Algo más?
— Sí, hay muchas cosas de ti que ocultas. Lo puedo percibir.- lo miró de reojo acusadoramente.
— Bueno, ya las irás conociendo- rió levemente-. Tenemos toda la vida por delante. Estaré atado a ti hasta que anules el contrato.
— Hablando de eso, ¿por qué aceptaste tú?- le devolvió ella la pregunta de esa mañana.- Los vampiros normalmente preferirían morir antes que verse débiles o aceptar la ayuda de un Cazador.
— Instinto de supervivencia, quizás- se encogió de hombros quitándole importancia. Ella bufó frustrada de no poder sacarle nada al vampiro. Pero tenía razón, ya tendría tiempo de sonsacarle algo ya que estarían juntos mucho tiempo. Más o menos hasta que no quede otro vampiro sobre la faz de la Tierra, que es cuando su trabajo como Cazadora cesase. O cuando ella muera.- Pero dejemos de hablar de mí, mejor pasemos a ti. ¿Algo que desees contarme?
— ¿Pretendes conseguir información de los Cazadores para venderla a tus amigos vampiros?- alzó ella una ceja.
— ¿Acaso crees que tengo "amigos" vampiros? Por favor, si los demás no pueden pensar con claridad ni cinco segundos. Y creo que lo que viste la otra noche es una prueba de ello.- volvió a encogerse de hombros y le dio un sorbo a su café- ¿Por qué eres Cazadora a tan corta edad?- dijo sin mirarla realmente a los ojos, concentrado en algo que habría en el envase de su café.
— De acuerdo, te contaré. Pero si descubro que se lo cuentas a alguien, pagarás las consecuencias- lo fulminó con la mirada.- Nací para ser Cazadora. Desde que era muy pequeña me instruyeron en el oficio, pero muy agresivamente. ¿Sabes? Cuando era una niña creí que ser la "prodigio" sería bueno, que todos me querrían y conseguiría algo de cariño- dio un sorbo a su café sintiendo apenas los efectos de la cafeína. Se moría de sueño.
— ¿Cariño?- dijo él extrañado.
— Sí. No sé si te habrás dado cuenta ya, pero en mi casa no hay nadie más que yo. Bueno, ahora estás tú ahí- torció el gesto en una mueca de disgusto, haciendo reír a su nuevo compañero de equipo-. No tengo padres. Ni siquiera sé si están vivos o muertos, nunca me hablaron de ellos o los he visto. Me criaron en la Asociación a parte de los demás niños, de los demás seres humanos. No criaban a una niña para ser Cazadora, ni a la "prodigio" para ser la mejor. Simplemente crearon un arma anti vampiros. A mí.- dijo con la voz controlada. No sabía qué le había dado para confesar esos pensamientos a un casi desconocido, quizás era el sueño que la movía a ello.
— Lo siento- murmuró él, apenado.
— No lo sientas- dijo con amargura-. En parte tiene sus cosas buenas, ¿sabes? Me enseñaron a no tener emociones, a no demostrarlas para que no encontrasen mi punto débil. No puedo reír, sonreír o amar a nadie. No puedo sentirme triste o llorar, porque eso es de débiles. No tenía permitido ser débil, ser una niña y lloriquear cuando me hacía daño. Por eso ya no me duele al pensar en… en todo lo que me he perdido.
— ¿Piensas en ello? ¿Alguna vez te has planteado tener otra vida?- dijo Ikuto. En su opinión Amu parecía que fuese a llorar, pero sus hombros no temblaban y su rostro menudo no daba muestras de emociones. Estaba guardándoselo todo y eso era realmente malo.
— Muchas veces- confesó algo avergonzada-. Pero no puedo hacerlo, porque ese futuro nunca va a existir.
Cayeron en un silencio incómodo, triste y algo melancólico. Amu observaba el horizonte con el café frío en una mano y los ojos tristes pero controlados. Ikuto la observaba a ella en silencio, apenado de la vida que ella había pasado. Sabía sobre ello, lo había leído en un papel incluso, pero escucharlo de sus propios labios lo hacía más… real, más físico. Le recordaba que no había salida para la Asociación, ni para ella ni para nadie más. Ni siquiera para él.
Había algo más que me molestaba de todo esto. Ella no podía reír, decía que no tenía sentimientos, pero claramente en sus ojos podía verlo todo. Podría saber controlar sus sentimientos bien, pero sus ojos eran demasiado grandes y expresivos, y él podía leer en ellos. Ella estaba triste, se sentía atrapada y quería escapar de todo ese dolor. Sonrió, decidiendo que iba a cambiar esa eterna expresión adolorida y forzada en algo más natural y feliz.
— Oye, Amu- dijo con una sonrisa que ella ni se giró para ver.
— ¿Qué quieres ahora?- dijo arrastrando las palabras. Estaba cansada y esa conversación no llegaba a ninguna parte. Nada de esto era como se lo había imaginado. Se sentía decepcionada y quería irse a casa.
— ¿Puedo hacer algo?- dijo con algo de burla, esperando a que ello lo mirase.
— ¿El qué?- no lo hizo.
— Esto- dijo aproximándose a ella y, con un movimiento rápido que ella no puedo esquivar, le plantó un beso en la mejilla.
— ¡¿Qué rayos…?!- chilló ella sobresaltada. Torciendo el gesto, Ikuto vio que ella ni se sonrojaba ni cambiaba la expresión como él quería. Cambió de estrategia.
Aprovechando que ella se frotaba la zona "infectada" y dejaba desprotegido el flanco izquierdo, la atacó velozmente en una sucesión de… cosquillas. Una y otra vez movía sus dedos por el costado de Amu intentando sacar una reacción deseada.
En un principio no pasó nada, apenas unos segundos en los que dudó que fuese tan fácil sacarle sentimientos a ese trozo de hielo artificial; pero entonces la sintió temblar bajo sus manos y, observando atentamente su rostro, cayó en la cuenta de que estaba aguantándose la risa estoicamente, probablemente echando mano a sus técnicas de contención de emociones. No duró mucho, porque entonces comenzó a soltar una risilla baja, una risilla que pasó a ser una risa normal y, finalmente, una risa a carcajadas en toda regla. Comenzó a retorcerse para detener ese mortífero ataque de cosquillas por parte del chico, inútilmente ya que él se reacomodó en un mejor ángulo aprovechando que ella se había caído encima de su espalda, el café olvidado en el suelo, y las piernas colgando por el borde de la banca.
Ambos rieron en sintonía unos momentos, ella a causa de las cosquillas; él por la encantadora expresión en el rostro enrojecido de la chica, llenándose lentamente de lágrimas por la risa. Él se detuvo y regresó a su posición inicial, sentado en la banca del parque; pero Amu se quedó allí esperando a que la risa disminuyese, aunque esto nunca ocurrió. Ikuto se giró para ver qué iba mal, pero se encontró con la cosa más extraña y triste que había visto nunca: Amu reía incontrolablemente, con una mano en la boca para acallar las carcajadas inestables; pero a la vez de sus ojos salían lágrimas, lágrimas que ya no eran causadas por la risa, no. Sus enormes ojos dorados estaban tristes, conmocionados, felices y confundidos a la vez.
Pronto, las carcajadas pasaron a ser sollozos lastimeros y la chica rompió en llanto allí mismo, apenas logrando erguirse para colocarse bien en su asiento. Él la miró apenado, alargando una mano hacia ella para reconfortarla, sorprendiéndose cuando ella lo tomó de la mano y la usó para impulsarse hasta quedar su rostro pegado al pecho del vampiro. Pronto sintió la camiseta empaparse de sus lágrimas.
— No me mires- ella le logró decir entre llantos.
Y él no lo hizo mientras esperaba a que ella se calmase, acariciando sus cabellos con lentitud.
Una mierda, lo sé. Habrá más Amuto, lo prometo. Soy la primera interesada en todo esto.
Si esto se me está yendo de las manos y la trama es demasiado confusa (que se hiere a sí misma xD Chiste de pokemon) no dudéis en mandarme un review diciéndome cositas bonitas del mundo del arcoiris HERMOZO para ayudarme a mejorar.
Dato curioso: "Carmila" es una novela de vampiros muy conocida (Basada en hechos reales). En ella, una mujer obsesionada con su belleza asesinaba jóvenes y se bebía su sangre para ser hermosa y joven eternamente. Siniestro, ¿verdad? Pues bueno, ella es una vampiresa muy chachi piruli cuyo nombre he utilizado para una clasificación de vampiros. Por si nadie se ha dado cuenta todavía, los nombres de tipos de vampiros los estoy sacando de vampiros famosos a lo largo de la historia. Todo esto es un poco de culturilla general :3
Tengo sueño. Sip, en efecto.
¿Reviews? (Sabii, esperaré el tuyo con ansias :3)
