Hola.
Sé que lo más probable es que nadie me siga leyendo a estas alturas. No tengo perdón. Me he ausentado de Fanfiction y de todo lo que implica la friolera de 5 meses, o más. ¿Excusas? Ninguna. Lo siento, pero es que no sé si estaréis al tanto, pero he conseguido aprobar el examen teorico de moto y estoy practicando para terminar de sacar el carnet con el examen práctico; acabé el 1º y 2º trimestre de mi curso (5º de secundaria) y ha sido difícil porque planeo tener buena media. MUY DIFÍCIL. Casi suicida.
Bestias en la Noche sigue estando en mi corazón y en mi mente, no tenéis ni idea de cuánto. Hoy, simplemente, me vino la inspiración para escribir otra vez y, entre los problemas de secuestro de portátil por mi madre, logré escribir las páginas que me faltaban.
Sé que es corto, pero no quería alargar más la espera. Intentaré subir lo antes posible, como siempre; pero recordad: este no es mi único fic. Hay más lectoras esperándome. Así que no puedo dedicarme enteramente a este fic.
Shugo Chara! es de Peach-Pit. No consigo dinero con esto.
Disfrutad! ^^
Capítulo 4
Amu despertó de nuevo por culpa del estúpido rayo de sol. Era de lo peor, porque ese rayo de sol no calentaba y a cambio era tan molesto como picaduras de insecto en tu mejilla. ¡En la mejilla! Su piel era sensible al ser tan joven y además de tener que soportar el estúpido sol de invierno que no calienta, había otra vez una corriente de aire helado que penetraba en su habitación y la helaba hasta los huesos.
Abrió los ojos con rabia y los sintió pegajosos. ¿Qué había hecho la noche anterior? Se sentía pesada y algo agotada... Hmm... ¿Así se sentía la resaca? No tenía ni idea...
— ¿Ya estas despierta? Noo...- escuchó aquella ya tan conocida voz a pesar de haber pasado sólo algunos días- Yo quería dormir un poquito más- no tenía que girar para ver el puchero infantil en el rostro de Ikuto.
Hizo como que los brazos alrededor de su (¿desnuda?) cintura no estaban y abrió los ojos por completo, girándose para encarar a un Ikuto demasiado acomodado en su cama para su gusto.
— ¿Quién te ha dicho que puedes dormir en mi cama? ¿Y conmigo?- alzó una ceja. Él la observó fijamente sin contestar, usando el poder de la mirada burlona en sus zafiros como respuesta.- De acuerdo, mejor no digas nada- suspiró. Él simplemente soltó una risilla.
— Bueno, ¿Qué planes hay para hoy?- pregunto sin soltarla ni un poco. Ella no es que hiciera esfuerzos para moverse, se sentía muy cansada y algo… ¿libre? No, esa no era la palabra… Se sentía… desahogada.
—Hoy es el baile- gruñó audiblemente removiéndose entre las sábanas. Sí, tenía ropa puesta. Su bata de dormir de siempre- Tadase lo dijo ayer, ¿no te acuerdas?
— Sí, es verdad- contestó y miró por la ventana apenas visibles tras las gruesas cortinas echadas.- Supongo que será al anochecer y queda poco tiempo.
— Sí, será en la Asociación esta noche- asintió ella mirando también. Se quedaron unos cómodos momentos en silencio tranquilo. Ella casi queda arrullada por el vaivén de sus respiraciones acompasadas, pero abrió los ojos a tiempo de que se cerrasen de nuevo.
Sin decir palabra se levantó de la cama y se dispuso a desayudar (¿o almorzar?) algo decente cuando se escuchó por todo el piso el ruido del timbre. Amu e Ikuto se miraron, él todavía acostado en la cama y ella en la puerta del dormitorio. Ella abrió la puerta y se encontró con un mensajero que traía una caja en las manos. Ella le dio las gracias, firmó y cerró la puerta con el pie antes de encaminarse de nuevo a su habitación donde Ikuto ya se había sentado en su cama. Qué raro, ya le daba un poquito igual que él se pasease por su casa como su le perteneciera. Aún así, y que conste, le jodía que durmiese en su cama con ella con total impunidad. No, eso tenía que cambiar; Ikuto se iba a al sofá esa misma noche como que se llamaba Amu Hinamori.
— ¿Qué es?
— Un…- abrió la caja con cautela, casi cayéndose al suelo de la sorpresa al encontrase algo inesperado- ¿Un vestido?- dijo alzando las cejas y tomando el hermoso vestido vaporoso de color fucsia más cercano al rosa.
Ikuto también se lo quedó mirando un momento antes de tomar la tarjeta que había en el fondo de la caja donde venía el vestido. Leyó con interés hasta que se topó con la última palabra y frunció el ceño con abierto desagrado.
— Ese chico no se rinde- dijo entre riéndose y admirando la valentía.
— ¿Qué dice?- Amu le preguntó aunque sabía lo que probablemente iba a poner en la tarjeta y de quién venía el vestido.
— "Querida Amu-chan, espero que este vestido sea de tu agrado. Úsalo hoy en la fiesta, seguro que te hará aún más bella de lo que ya eres. Atentamente, Tadase"- terminó Ikuto con una mueca de desagrado.- Qué cursi. Hasta un mono podría haber escrito algo mejor y no tan… vomitivo.
Amu bufó y alzó el vestido para verlo mejor. No estaba mal; aunque no fuese de su estilo pensaba que le quedaría… bien. En realidad nunca se había preocupado mucho por la ropa que llevaba, más bien era siempre el uniforme de cazadora porque no solía hacer otra cosa en su día a día, así que se le hacía extraño ver algo que se iba a poner que no fuese negro, brillante y lleno de armas por todas partes.
Examinó más el vestido y decidió que le haría unos apaños para poder llevar un par de dagas por si las moscas. En ese baile anual de la Asociación para dar la bienvenida a nuevos graduados no solían haber imprevistos, pero nunca se sabe. Entonces fue que se fijó en un ínfimo detalle.
— No lo puedo usar- espetó con el ceño fruncido. Al ver la mirada de duda del chico añadió-: Se ve todo el cuello.
— Ah- fue todo lo que dijo el vampiro desviando la mirada hacia las marcas recientes que había dejado en el cuello de la chica. Sí, sería algo malo si la gente lo viese. No era raro que mordiesen a un cazador (sólo que estos morían o se convertían en vampiro), pero en el cuello eso sí que era raro.- ¿Qué vas a hacer?
— Hm…- ella lo sopesó unos momentos antes de dirigirse a una cómoda cercana y rebuscar en una cajita- Aquí está.
Alzó una gargantilla de color rosa con una flor. No era exactamente el mismo color que el vestido, pero podría llevarlo para tapar las marcas. Amu lo examinó unos momentos antes de torcer el gesto de desagrado; la gargantilla había sido otro regalo de Tadase.
La chica miró de reojo a Ikuto antes de mirar por la ventana el cielo anaranjado del sol poniente. Tenía que prepararse para la tan esperada fiesta a la que "deseaba" ir, seguramente para que Tadase la estuviera atosigando todo el rato o para que la gente la mirase con miedo, horror, odio, desprecio, asco y demás cosas de su día a día en ese antro que llamaban Sede de la Asociación.
Bueno, pensó con un suspiro, queda una cosa que arreglar antes de irme. Miró a Ikuto ya sabiendo cómo iba a reaccionar a lo que le iba a decir.
No había sido fácil obligarle a que se quedase en su casa toda la noche. No es que se preocupase por ella o porque quisiera ir, sino que Ikuto tenía la fijación de querer ir para ponerla nerviosa. Sí, parecía que últimamente su único objetivo en la vida ya no era la supervivencia o su propia sangre. Sólo quería joderla.
Al igual que anoche, pensó Amu cuando recordó la manera en que comenzó tal despliegue de… descontrol. Se odiaba a sí misma por haber dejado ocurrir aquello; por haber permitido ser más humana de lo que "la prodigio" tenía permitido. Había llorado, había reído a carcajadas, todo en la misma noche y por culpa del estúpido vampiro, odioso y que no respeta el espacio personal, que ignoraba lo que ella le decía y que vivía en su casa, durmiendo en su cama y con ella.
No. Esto iba a acabar ya.
Con un suspiro se encontró de nuevo frente a las tétricas puertas de la Asociación, recordándole lo mucho que odiaba ese sitio. Era más odioso que Ikuto, y eso era decir mucho. Odiaba a las personas, odiaba la estructura, odiaba a sus jefes y los malditos científicos que hacían pruebas con ella. ¿Quiénes diablos se creían? ¿Dioses? Ni que esperasen encontrar alguna forma de hacer clones de ella, o "prodigios" como si se tratase de una fábrica. Pero claro, viniendo de la Asociación, todo era posible. Malditos.
Se identificó en la puerta, dando por sentado que no la iba a acompañar ninguna pareja. Era un baile para parejas, las cuales había que llevar elegidas previamente, pero ello nunca iba con nadie, ya sea porque no quería ir o porque nadie quería ir con ella. Excepto una persona.
— ¡Amu-chan!- escuchó su voz desde el otro lado del pasillo cuando ya hubo entrado en el recinto. Esa persona que quería bailar con ella. En realidad no estaba segura de que quisiera de verdad bailar con ella, pero le dejaba estar. Unas palabras que carecieran de emociones y se lo quitaba de en medio en la mayoría de los casos.- Por fin te he encontrado. ¿Nos vamos?
Ella asintió sin ninguna otra palabra, aceptando que le quitasen el abrigo en la puerta de la sala de baile.
No se detuvo a admirar la pompa que había presente en esa parte de la Asociación, como todas las demás. Una sala amplia y alta, casi como la sala del Consejo, lleva de luces por todas partes y lámparas de araña que antes podrían portar velas pero que ahora usaban bombillas. El suelo finamente encerado y brillante reflejaba los vestidos que giraban de modo que creaba la ilusión de otra dimensión a sus pies en los reflejos. Una orquesta tocaba con rostros serios en una esquina del lugar, cazadores también, ya que no estaba permitida la entrada en la Asociación a nadie que no fuese cazador por seguridad.
— Tadase-kun- escucharon una voz a su lado y se giraron para encontrarse con uno de los cazadores de las altas esferas, Tsukasa Amakawa, quien siempre sonreía pasara lo que pasara. Tenía una extraña manera de parecerse a Tadase, pero era bien sabido que no estaban emparentados.
— ¿Qué necesitas, Tsukasa?- preguntó el rubio con tranquilidad y con su sonrisa principesca.
— Solamente quería asegurarme de todo estaba controlado- sonrió mientras miraba a uno y después a otro, la sonrisa como de plástico en su rostro.- ¿Cómo lleváis la velada? Espero que sin ningún percance.
— Acabamos de llegar- contestó Amu manteniendo la poca compostura que tenía. Realmente odiaba venir a estos lugares.
Suspiró. Iba a ser una noche muy larga.
Amu salió al balcón cuando ya llevaba unas tres horas sonriendo muy falsa, saludando a gente que sabía que la odiaba y teniendo que enfrentarse a mujeres, cazadoras también (aunque algunas se había retirado para encargarse del hogar), mucho más mayores que ella que la trataban como… basura. Sí. Todos eran así.
Era la prodigio, sí, pero no todo era bonito. Recordó con un suspiro cómo la gente susurraba a sus espaldas creyendo que ella no oía, murmuraba cosas como que "no era de fiar" o que "era un monstruo". Muchas veces se lo habían dicho. Ella era antinatural en muchos sentidos, desafiaba muchas leyes y normas. ¡Por el amor de Dios, después de ella el más joven tenía veintisiete años! No era normal.
Y claro, la envidia. Por supuesto, los envidiosos que siempre tenían que molestarla. No sólo había entre los niños de su edad, no sólo había acoso y bromas pesadas cuando estuvo brevemente en la escuela de cadetes; cuando salió de su encierro en la torre ya lista para el examen de grado, por todas partes la miraban de reojo y se reían. "¿Qué hace una niña aquí? ¡Que regrese con su madre a que le dé el pecho!" dijeron; pero se callaron la boca cuando aprobó con nota, cuando gente que llevaba entrenando años para ese examen no lograba aprobar siquiera. Dijeron que había hecho trampas, que había pagado, incluso que había seducido a los examinadores (ese último no tenía sentido, lo sabía)… Y todavía había gente que confiaba en ello.
— ¡Amu-chan!- ah, ellos no creían en esas palabras. Eran sus amigos.
— Hola, Kukai- dijo relajando su expresión y ofrecer lo más cercano a una sonrisa que pudo.
— ¿Estás bien?- preguntó preocupado. Pronto se les unió Utau.
Ellos dos, los mayores del grupo y que estaban en último curso, tenían permitido asistir al baile a pesar de que era sólo para cazadores titulados debido a su buena trayectoria. Y porque eran queridos por todos. Ellos dos, y todos los demás del grupo. Tenían un encanto que atraía miradas y sonrisas, cada uno a su manera y cada uno con su habilidad. Prácticamente conseguían lo que querían.
Excepto que les dejasen estar con Amu.
— Estoy bien, gracias por preguntar- dijo ella con sinceridad.
— Ya veo por qué odias estos bailes- arrugó Utau la nariz en desagrado-. Apestan. Son desagradables, mezquinos e hipócritas.
— Y la comida está malísima- añadió Kukai con rostro serio. Los tres rieron, unos más que otros.
— Sí, tienes razón- concedió Amu mirándolo un momento antes de que percibiera una sombra negra que se movía a lo lejos.
Rápidamente, lanzó una cuchilla que guardaba escondida hacia el lugar, pero falló. Amu chasqueó la lengua y buscó la sombra sin éxito.
— ¿Qué demonios…?- preguntó el chico dándose la vuelta sin encontrar nada allí.- ¿Había algo, verdad? ¿Qué has visto?
Amu sacudió la cabeza con rostro serio y regresó la vista al interior de la amplia sala de baile llena de gente y con el aire viciado. Suspiró.
— Sí, creo que he visto algo- los miró a los dos-. Entrad, ya avisaré a Tsukasa de lo que he visto y tomaremos medidas. Es imposible que haya entrado algo, pero es mejor prevenir que curar.
— Si tú lo dices…- Kukai puso las manos detrás de su cabeza en un gesto desinteresado sin preocuparse de arrugar el traje que usaba. Se detuvo y ofreció el brazo caballerosamente a Utau, quien se sonrojó y le golpeó el brazo enfadada antes de suspirar y cogerlo mirando hacia otra parte.
— Ten cuidado, Amu- miró hacia el interior e interceptó las miradas de algunas mujeres con el rostro oculto tras un abanico y el odio y el recelo obvio en sus miradas.
Amu regresó la vista al cielo mientras ignoraba las voces que provenían del interior, voces que hablaban otra vez de ella. ¿Es que no se cansaban nunca? Al parecer no, pensó con ironía. Caminó por el balcón, aunque más bien era como una terraza, y se fue a un lugar más apartado, donde sabía que nadie la moles-
— Yo- dijo una voz conocida a su espalda. Irritada, se dio la vuelta y en la oscuridad de la esquina que se había escogido se encontró a Ikuto todavía con la ropa de Nagi puesta y una sonrisa de satisfacción que quiso borrarle de un puñetazo. Se sonrojó de rabia y dio pasos fuertes en su dirección.
— ¡Qué haces aquí!- susurró para que no la oyeran en el baile, o los guardias de afuera… Ay Dios, podrían meterse en graves problemas.
— Me sentía solito- hizo un puchero-, y no volvías. Me estaba preocupando.
En el fondo, muy en el fondo, Amu vio preocupación. Claro, enterrada bajo capas y capas y capas de ironía, burla y risitas controladas.
— Podemos meternos en problemas serios, Ikuto. No te tomes esto a chiste. Hablo en serio- añadió cuando él sonrió y se acercó a ella lentamente.- ¿Qué haces? Aléjate de mí.
— Nope- contestó y se acercó a ella un poco más. Con cuidado, pasó los brazos alrededor de su cuello y acarició suavemente los cabellos rosados de la chica mientras desataba la gargantilla rosa para el vestido.
— Eres un desgraciado- dijo ella enfadada. Pero no se movió. Ikuto sonrió aún más ante ese hecho, sabiendo que su cercanía ya no le molestaba a Amu (a pesar de que parecía que odiaba cada momento juntos, él sabía que lo disfrutaba)- Sólo viniste por la sangre- refunfuño ligeramente roja todavía, cruzándose de brazos y apartándose un poco, como si supiera que era inútil resistirse.
— Esta mañana no me diste mi ración- rió divertido y apretando el agarre en ella aprovechando la diferencia de altura a su favor.
— Idiota- susurró Amu antes de sentir la suave tela deslizarse sobre su piel todavía algo sensible de la mordida del día anterior y reprimiendo el estremecimiento al sentir el aliento cálido en su herida.
Cerró los ojos al sentir el pinchazo frío de la mordida, otra vez con ese cosquilleo que le bajaba por la columna y que, ante todo pronóstico, era hasta placentero. Cada vez disfrutaba más de esos momentos en que alimentaba a Ikuto y se sentía frustrada por ello. Aunque claro, no es como si quisiera que él se enterara de ello; eso sólo aumentaría su ego.
Más rápido de lo que ella quería, él se separó de ella relamiéndose los labios con los ojos brillantes y llenos de energía. Amu no se sentía mareada y agradeció a que había comido bien esa mañana porque ahora debía seguir aparentando en el baile que todo iba a estar bien…
Espera. Amu recordó algo y miró de nuevo a Ikuto, quien buscaba algún rastro de sangre y reacomodaba el lazo que sostenía la gargantilla.
— ¿Me devuelves mi cuchillo?
— ¿Qué?- se quedó genuinamente sorprendido.
— Antes lancé un cuchillo a una sombra escurridiza. ¿Eras tú, verdad? Devuélveme el cuchillo que lo necesito.- él estuvo callado unos segundos, pensativo.
— El caso es que… yo no tengo nada- dijo con la cara todavía seria- Acabo de llegar y no te había visto hasta ahora.
— Entonces eso significa que…- el color de su rostro se drenó totalmente al tiempo en que gritos en el interior de la sala a su espalda le daban la razón.
— ¡VAMPIROS!- gritaban histéricos. Oyeron unos chasquidos y crujidos, acompañados de pasos apresurados y cristales rotos.
Se miraron a los ojos sorprendidos, pensando lo mismo: ¿Qué rayos hacían esos vampiros aquí, en la sede de la Asociación?
¿Merece review?
(Mi instinto me dice que no. Probablemente sea la cosa más mierdosa que haya escrito nunca, más OOC y etcétera. Fuck :D)
