Hola! :D
Sé que he tardado en actualizar este fic. No tengo excusas, pero creedme que estuve a punto de abandonarlo para siempre. Me quedé bloqueada y tuve un Autor Block de la ostia. Ha sido... muy fuerte :C Me siento muy mal por haber tardado tanto. El otro cap salió el 29 de Abril ._. y estamos a 19 de Agosto ._. Matadme pls c:
Gracias por tenerme paciencia, aquellos que queden por ahí siguiéndome. Y estad tranquilos, ya tengo el guión escrito hasta el final. El fic tendrá entre 14 y 15 capítulos. Sólo espero no volver a bloquearme así.
Un beso a todos.
Shugo Chara es de Peach-Pit, no me pertenece.
Capítulo 5
Amu suspiró cuando consiguió desincrustar el cuchillo que había lanzado previamente de la pared. Saltó de nuevo hacia el balcón/terraza y posó con delicadeza sus zapatos con algo de tacón sin hacer casi ruido. Aunque tampoco es que se escuchase nada con los gritos de dentro de la sala de bailes.
— Quédate aquí- le ordenó al vampiro de cabello azulado que acaba de alimentarse de ella. Este iba a protestar, pero ella añadió- Si alguno sale, destrúyelo.
Ikuto sonrió.
— Por supuesto, ama- le susurró con ironía al oído antes de echarse hacia atrás y camuflarse entre las sombras.
Amu suspiró de nuevo sintiendo sus mejillas calentarse un poco. Es un sonrojo, dijo una vocecilla en su conciencia que siempre luchaba por acallar. Sacudió la cabeza mientras se concentraba en lo que iba a hacer.
Entró en la sala de baile con las cuchillas por delante, cortando cabezas de vampiros a diestro y siniestro, protegiendo a las personas desarmadas. Aún así, los cazadores sin armas daban su guerra, mujeres y hombres; no por nada allí se encontraba la élite de cazadores. Eso hizo a Amu preguntarse qué diantres hacían esos vampiros allí; es decir, era una misión totalmente suicida siquiera entrar por la puerta porque estaba guardada, y de paso en una misma habitación se encontraban los cazadores capaces de destruir un ejército entero de vampiros ellos solos. No tenía absolutamente nada de sentido.
Ella sacudió la cabeza y se concentró en la misión importante. Intentó no moverse de su sitio junto a la ventana ya que alguien podría descubrir a Ikuto por accidente sin pasar por ahí. Extrañamente, la presencia del vampiro peliazul no le incomodaba, no le producía esa repulsión automática hacia los vampiros que la ayudaban a detectarlos; más bien se sentía… ¿segura? Era reconfortante saber que alguien le cubría las espaldas, que alguien le ayudaría a levantarse si se cae. Por supuesto, no debería confiar en él (es un vampiro, se recordaba constantemente), pero de momento no había hecho nada malo. De momento.
Suspiró aliviada cuando vio convertirse en cenizas al último vampiro de la sala y se quitó el pelo de la cara. Estaba todo enmarañado y se había soltado del moño que usaba antes, su maquillaje se había movido y se sentía sudorosa y asfixiada en ese vestido. Su aspecto se había ido por el caño totalmente.
Suspiró.
Se iba a dirigir a la puerta de la salida, obviamente dando por acabada la fiesta, cuando la música comenzó a sonar de nuevo y la gente se sacudía la ropa para seguir de fiesta. ¡¿Qué demonios…?! Pensó, pero todos hacían como si la matanza de antes no fuese nada.
Amu bufó y salió al exterior con Ikuto. Confiaba en que él estaba bien y que no había sido descubierto. Por favor, si lo hubiesen pillado (ya sea un cazador o un vampiro) y lo hubiesen matado, entonces no era un vampiro con quien valiese la pena hacer un contrato.
— ¿Buscas a alguien?- escuchó su voz a su espalda. No se sorprendió ya que estaba acostumbrada a él, a su presencia, a su voz.
— A ti- dijo con simpleza. ¿De qué serviría mentir?
— Me siento halagado.
Ella guardó silencio mientras lo observaba con ojo crítico. Tenía una herida en el brazo visible a través de un desgarro en la tela de su camiseta, una línea roja en su mejilla y el pelo desordenado; pero por lo demás seguía siendo ese vampiro irritante dos cabezas más alto que ella, con tacones puestos.
Suspiró de nuevo y se acercó un poco más a él de manera que no fuesen visibles a la gente de dentro de la sala.
— Nos vamos a casa- susurró-. Se ha acabado la fiesta.- iba a comenzar a arrastrarlo a fuera de allí, pero él puso su mano encima de la suya y la detuvo en el sitio. Amu subió la vista encontrándose con esos ojos azules atrayentes.
— ¿Quién ha dicho que se ha acabado?- preguntó retóricamente. Tiró de donde la tenía agarrada y la sujetó al pensar que ella iba a resistirse. No se movió.
Viendo que no había resistencia, él cogió la mano derecha de Amu y la puso en su hombro para después poner él su mano en la cintura de la chica mientras entrelazaba sus dedos de la mano izquierda con los menudos de la chica. Amu alzó una ceja mientras lo miraba hacia arriba, haciendo más obvia la diferencia de altura. "¿qué pretendes?" le decía esa mirada, pero todavía sin pronunciar palabra, Ikuto dio el primer paso. Y Amu le siguió entendiendo a dónde iba el vampiro.
— No estoy muy bien vestida para este baile- comentó ella con sorna mirando hacia abajo a su vestido estropeado y echando hacia atrás el pelo desordenado. Él sonrió de medio lado.
— Estás más que perfecta- contestó soltando los dedos de su mano izquierda unos momentos sin perder ni un momento el ritmo en los pies al son de la música de orquesta del otro lado de la puerta.- Sólo siendo tú misma.
Se inclinó hacia delante y rozó su cuello con la nariz, aspirando fuerte. Allí estaban las marcas de la mordida de antes, una herida que estaba siendo reabierta una y otra vez desde aquella primera vez cuando hicieron ese "pacto".
Todavía tenía hambre, sobre todo después de haberse tenido que mover para matar a esos vampiros; así que se acercó más a la piel de Amu dando claras muestras de lo que se disponía a hacer. Pero ella seguía sin resistirse.
Bueno, no es que ella de verdad quisiera esto, se dio cuenta Ikuto cuando sintió cómo ella seguía siendo algo reticente a tal cercanía, pero no era… agresiva. No estaba a la defensiva, no lo veía como un "enemigo" como en un principio era entre los dos. Amu lo aceptaba de algún modo a su lado, pero no se moría por su compañía. Y eso le divertía.
Con una sonrisa acercó del todo sus labios a la mordida y, con mucho cuidado, volvió a abrir la herida con los afilados colmillos sin perder el ritmo en los pies. Bailando con lentitud y suavidad, succionó la sangre líquida y cálida que salía de Amu y la saboreó antes de tragar. Le encantaba ese sabor, nunca se cansaría de ella. De verdad. Era como si se refrescara en un día caluroso o como si fuera capaz de olvidar, aunque fuese un momento, todas las cosas malas que le atormentaban. Quizá ella no supiera eso, o quizá sí.
Amu, por otro lado, sentía ese extraño cosquilleo de cada vez que él la mordía. No podía protestar o nada por el estilo porque se sentía paralizada en ese estupor raro, las corrientes eléctricas que la cruzaban de la cabeza a los pies sintiéndolas cada vez más y más fuertes. Las mordidas ya no le dolían casi, más bien le gustaban incluso. Sólo que nunca, jamás permitiría que Ikuto lo supiese. Por encima de su cadáver.
— Hey, Idiota. ¿Has acabado ya?- susurró rompiendo el momento que estaban teniendo (¿estaban teniendo incluso un momento?). Ikuto sólo pudo soltar una risilla mientras se relamía los labios.
— Nunca tengo suficiente.
Y ahora no sabía exactamente por qué estaba aquí. A ver, sólo quería salir de esa casa de una vez por todas. Se aburría, demasiado, y Amu se había negado a darle sangre en los últimos días, después del fatídico baile, y se estaba muriendo.
Bueno, no literalmente (era más fuerte que eso y podría sobrevivir), pero era una sensación incómoda de sed constante cuando no tenía sangre todos los días. Amu había acordado con él, semi forzosamente, que ya que estaba tan bien físicamente no tenía por qué alimentarle cada día, que con una vez a la semana bastaba. ¿Bastar? ¡¿Quién rayos le había dicho que eso bastaba?!
Ikuto observó cómo la gente se recogía en sus casas para irse ya a dormir, cómo los niños eran arrastrados por sus madres después de un día lleno de juegos y diversión, cómo la actividad diurna llegaba a su fin. Para que comenzara la nocturna, evidentemente. Y la noche es suya, pensó con una sonrisa de oreja a oreja.
Se estiró en la rama donde estaba sentado mientras veía a las personas pasar y olfateó al aire pensando qué iba a hacer ahora. Fue allí cuando detectó el aroma inconfundible de la sangre que lo llamaba con si se tratase de un imán gigante a un trozo de metal, potente, de modo que no pudo evitar bajar del árbol y encaminarse a aquella zona de dudosa estatus social, también conocido como "el barrio rojo" de la ciudad. Muchas señoritas le ofrecían su compañía a cambio de unos billetes (que él no poseía), pero él las ignoraba.
Siendo sincero, nunca había estado en estos lugares. Bueno, en realidad nunca había estado en ninguna parte; todo en este mundo le resultaba nuevo y diferente, algo de lo que aprender. Y Amu, estaba seguro de ello, estaría allí para hacer el camino más divertido, a su propia manera.
Rió levemente ante la imagen mental de su rostro la noche del baile, pero entonces volvió a oler aquel aroma que lo había conducido allí. Sentía su cuerpo dirigirse involuntariamente a ese callejón y supo que debía mantenerse bajo control si no quería hacer algo de lo que después se arrepentiría. Pero siguió andando hacia la prostituta que se agarraba a una pared para mantenerse de pie, una mano en su nariz intentando detener la hemorragia que le salía de allí y refunfuñando cosas ininteligibles.
La miró con atención detectando las señales del forcejeo en ella, la nariz roja y los huesos rotos en su mano, los cuales probablemente no sintiera de momento por la adrenalina que corría por sus venas y nublaba sus sentidos.
Fue entonces cuando ella reparó en Ikuto, al principio asustada, pero luego retadora.
— ¿Qué demonios quieres?- gruñó con la voz ligeramente nasal, haciendo una mueca de dolor. Él no respondió. Observó en silencio cómo la sangre manchaba sus níveos dedos algo magullados, el hambre haciéndose presente y más fuerte a cada segundo que pasaba- ¿Estás bien?- dijo cuando no habló.
Ikuto dio un par de pasos hacia ella y tocó con cuidado la mano que ocultaba parcialmente su rostro, dejando al descubierto a la chica anónima y lo que actualmente atraía su atención: su cuello. Ese fino cuello, limpio, blanco e impoluto que lo llamaba con fuerza; su pulso rápido debido a un esfuerzo anterior y su sangre sorprendentemente limpia, teniendo en cuenta el ambiente en que se encontraba.
Se inclinó hacia ella con la mente preparada para lo que iba a hacer, ignorando las palabras de la chica que tenía delante y de la que iba a alimentarse, probablemente hasta matarla…
¿Matarla? Se sobresaltó antes sus propios pensamientos. ¿Desde cuándo él mataba gente? Nunca había tenido pensamientos de este tipo desde… bueno, desde aquel día en que...
Entonces pensó en lo que diría Amu. Ella estaba presente en sus pensamientos, siempre, hiciera lo que hiciera. No iba a decir que le molestara, pero a veces se comportaba como la voz de su conciencia y resultaba un poco molesto. En veces como esta, ella estaba allí para decirle lo que estaba bien.
Ni se te ocurra, sabía que ella le diría en ese momento si lo viese a punto de beber la sangre de esa chica aleatoria. Sonrió ligeramente antes de separarse del todo de esa chica de la calle y salir huyendo de allí.
Ya no tenía hambre.
Amu…. Fue lo que pensaba mientras saltaba de tejado en tejado en mitad de la noche oscura que no lo era tanto para él. La echaba de menos, no iba a mentir. La casa estaba muy silenciosa desde que se fue sin él a cazar porque llegó alguien de la Asociación a por ella para que saliesen de ronda juntos. Se aburría después de unos minutos en el silencio más absoluto, por ello el que haya salido de casa.
Pero ahora el mundo exterior no tenía gracia tampoco. Siempre había querido salir, desde que tenía uso de razón; pero él solo con su voz interna y sus pensamientos como única compañía le quitaba la emoción. Frunció el ceño un poco ante este pensamiento.
Captó entonces el olor de la cazadora y se desvió para verla. Era consciente de que estaba con alguien más y que este no debía percatarse de su presencia, pero Ikuto sabía moverse y sabía esconderse de un cazador.
Y allí estaba ella, con la cara seria y el ceño ligeramente fruncido, viéndose muy pequeña en comparación con el cazador que la acompañaba, viéndose fuera de lugar. Ni su traje negro ni sus armas o su mirada de asesina podría quitar el hecho de que era una niña apenas y que era extraño verla en esa situación.
No, lo que era extraño era que no sonreía o que su rostro cargaba emociones impropias de su edad. No era una niña normal y ahora lo veía más claro que antes; no tenía una infancia normal y no había sido educada con normalidad. Ahora veía hasta dónde alcanzaba el concepto de ser ella, de ser la "prodigio", y veía el porqué de su comportamiento.
Observó a quien la acompañaba, un hombre que parecía tener muy malas pulgas y que miraba de cuando en cuando a la cazadora con algo de… ¿asco? Sí, no le gustaba estar con ella. Y Amu lo sabía, siempre lo supo y por ello el que no fuese normal. Nadie la había tratado como se merece, por ello el que se comportase como un adulto… como alguien sin sentimientos, más bien. Nunca se le fue permitido.
Bueno, ella se lo había dicho antes, cierto eso; pero verla ahora tan… así… Era hasta doloroso. ¿Qué sentido tenía todo esto? ¿Por qué ella? ¿Por qué le habían hecho eso? No era justo. Ella merecía algo mejor, merecía ser capaz de dejar salir sus sentimientos, merecía ser feliz. Quiso entonces hacerla feliz, como nadie había hecho antes. Quiso ofrecerle todo lo que ella quisiera e incluso más. Sólo con ver su rostro serio quiso plantar una sonrisa en su lugar; en vez de lágrimas, quiso hacerla sacar risas; en vez de dolor por el rechazo quiso hacerla sentir como en casa, aceptada. Feliz.
Ikuto abrió mucho los ojos dándose cuenta de sus propios pensamientos. Amu por todas partes, en su consciencia y en sus deseos. Ella era lo que quería, al parecer.
Pero estaba mal, y eso lo sabía. Sabía que su pesadilla todavía no se había acabado, que lo estarían buscando todavía. Había escapado por los pelos, es era cierto, pero estaba seguro de que la próxima vez que se encuentre con sus captores no tendría tanta suerte y menos ahora de que tenía algo por lo que preocuparse, Amu. No quería que la atrapasen a ella también, además de que porque la usarían para llegar hasta él, porque ella no merecía volver a estar en ese maldito lugar.
Sabía que la estaba poniendo en peligro a cada momento que pasaba con ella. Era un peligro para los dos y era consciente de que tenía que irse de su lado, para siempre. Y lo peor de todo es que no quería. Era una molestia lo de no poder salir de la casa, sí; y también tenía que soportar los enfados de la chica, claro; pero… aún así quería quedarse con ella. Y, de algún modo, evitar que ella vuelva allí. Evitaría a toda costa que los atrapasen aunque tuviese que mentirle a Amu.
Entonces se dio cuenta de que la había perdido de vista. Olfateó el aire descubriendo que se había ido en dirección a casa (su casa, la de los dos) y que si descubría que él no estaba allí lo iba a matar. Salió corriendo lo más rápido que pudo, tan rápido como le dieron las piernas, para evitar que ella lo descubriese.
Lastimosamente, cuando llegó al balcón de casa allí estaba ella con los brazos cruzados mirándolo fijamente y el ceño fruncido. Al menos, y eso le alegraba, había una pequeña chispa en esos ojos dorados que antes no estaba; algo entre alivio y enfado. El corazón del vampiro se detuvo por un momento al pesar que quizás ella estaba preocupado por él, pero sabía que ella no lo quería.
Al menos no de momento, sonrió de medio lado.
— Quítate esa estúpida sonrisa de la cara y explícame qué diablos hacías afuera- sep, estaba enfadada.
Ikuto no dijo nada y se bajó de la baranda donde estaba apoyado. Caminó lentamente hacia ella y tomó unos mechones de su cabello entre sus dedos, disfrutando de la textura suave que tenía y el olor agradable que desprendía. Sonrió un poco más, complacido.
— ¿Qué haces?- dijo ella controlando por poco el tartamudeo y el sonrojo que luchaban por salir. – Suéltame.
Amu retrocedió un par de pasos titubeante hacia el interior del piso, más específicamente en su habitación. Lo miró fijamente mientras él la miraba en silencio, como analizándola. No estaba muy lejos de la realidad, porque Ikuto la observaba de nuevo con nuevos ojos, detallándola y dándose cuenta de lo mona que se veía aún con el traje de cazadora y las armas alrededor de su cintura. A pesar de todo eso, se veía frágil. Sentía la fuerte necesidad de protegerla y cuidarla, de asegurar su bienestar. Se sentía su protector
— ¿Dónde has estado?- dijo ella sintiéndose nerviosa por estar en medio de lo que parecía un monólogo, porque él no le contestaba.- No te habrá visto nade, ¿verdad? Sabes que no pueden verte-
— Tranquila- contestó al fin, pero cortándola- No ha pasado nada de lo que debas preocuparte.- a pesar de todo su sonrisa no era muy tranquilizadora.
Ella rodó los ojos.
— Lo que tú digas- dijo Amu sabiendo que esta discusión no llevaría a ninguna parte. Se dio la vuelta y se encaminó hacia la cocina.- Voy a prepararme algo de comer.
En parte se había ido hacia la cocina porque de verdad estaba hambrienta y en parte era para huir de la mirada penetrante del vampiro; pero todavía la sentía fuertemente en su nuca, dándole escalofríos. Se dio la vuelta cuando ya hubo llegado a la nevera y lo vio allí apoyado en la mesa de la cocina, cruzado de brazos y con los ojos zafiros brillantes como siempre. Ojos fijos en ella.
— ¿Qué miras tanto?- dijo sintiéndose incómoda y algo asustada ya.
— A ti- dijo él y Amu sintió un déjà vu del día del baile, sólo que esta vez era Ikuto el que estaba siendo sincero. Suprimió un escalofrío.
— ¿Y…?- dijo ya que parecía que él iba a añadir algo más.
— Nada.
— Me estás asustando- dijo frunciendo levemente el ceño. Ikuto sonrió ante los sentimientos que ahora expresaba su rostro menudo. Parecía tan… auténtica en ese momento. Le gustaba esa Amu. — ¿A qué viene esa sonrisa? Pareces un depravado mental.
Él sonrió algo más amplio y se acercó a ella con pasos lentos. Sabía que Amu le estaba diciendo algo, pero no la escuchaba; ella intentó escapar de él y de su avance, pero no tenía escapatoria al tener la nevera a su espalda. Llegó hacia ella y la encerró entre sus brazos, enterrando el rostro en su pelo y oliéndolo cuando creyó que ella no se daba cuenta. Sintió su rostro calentarse pegado contra su pecho y sintió cómo ella intentaba zafarse, pero sabía que era inútil huir. Cerró los ojos, complacido.
Ay, Amu. Me he vuelto adicto a este calor. Pensó él, sabiendo que esto podría traer malas consecuencias.
Los había visto allí en ese balcón, juntos. Había visto a Ikuto… al vampiro. Con una cazadora. Con Amu. Sus sospechas habían sido confirmadas y sus mayores temores estaban un paso de hacerse realidad. Sabía lo que les harían los de la Asociación y los crueles que podían llegar a ser. Sabía quién era ese vampiro tan especial y qué le había pasado. Sabía quién era Amu y todo lo que concernía. La veía todos los días (o casi todos) y siempre estaba inexpresiva… vacía. Sabía todo lo que le habían hecho a una pobre niña y por qué.
Por eso pensaba que quizás el que se hubiesen encontrado esos dos no haya sido una mera casualidad. Les hacía bien a ambos, parecían felices y en paz, una paz que merecían.
Por ello era incapaz de traicionarlos. Desde hacía tiempo que era consciente de que algo era diferente en casa de la cazadora. Lo que había visto ahora no era necesario para que cogiera el teléfono y llamara a sus superiores. No. Había estado retrasándolo, haciéndose pensar que debía recoger más pruebas antes de avisar a la Asociación. Había estado huyendo de sus deberes.
Pero ahora lo tenía claro. No iba a traicionarla, esa era su decisión final.
Suspiró cuando su teléfono empezó a sonar antes de ir a recogerlo de la mesita de noche. No tenía ni que mirar quién lo llamaba, lo sabía de antemano porque eran los únicos que sabían su número.
— Informe.- dijo la voz desde el otro lado. No hubo saludos, ambos sabían que no eran requeridos.
—… - dudó él unos momentos sabiendo que era ahora o nunca, que era e este momento en que decidía si arriesgaba su propia vida en pos de Amu y su felicidad- Ningún cambio.- dijo al final con la voz firme.
— Muy bien. Esperaremos tu informe la semana que viene- y colgaron.
Ya estaba hecho. No había vuelta atrás.
Soltó el teléfono donde estaba y echó la cabeza hacia atrás, suspirando.
Amu…
Bueno, he intentado dar a entender que no se han enamorado (todavía). Espero haberlo conseguido :S Ikuto siente que debe protegerla y se siente dependiente de ella y Amu siente que tiene a alguien en quien confiar de verdad, casi como un amigo. Vamos, chicas, apenas estamos por el capítulo 5; mágicamente no van a estar enamorados a muerte xD
¿Merece reviews?
