La comida

El eco de sus pisadas se perdía colina arriba, entre el tumulto generado por el resto de sus compañeros, que como ella ya iban apurados rumbo al colegio.

La escuela quedaba apenas a diez minutos de su casa, llegar temprano cada día no debería de representar mayor obstáculo; pero esa era una tarea casi imposible para la pequeña Sakura. La niña ante todo era madrugadora, una hora antes de entrar a clases ya estaba despierta y alistándose, lamentablemente su jornada de acicalamiento se podía prolongar hasta niveles insanos; el escoger el listón adecuado para cada día, que sus brillantes zapatos de charol estuviesen perfectamente boleados, su uniforme impecable y sus útiles listos. Todo debía quedarle perfecto, para que así concordara con el contexto de su querido Sasuke-kun.

Sakura no pudo evitar reír ante la imagen evocada del moreno.

Cuando entró a la primaria Konoha, no creyó que sus irises esmeralda se pudiesen maravillar de tal forma al contemplar a un niño; como casi cualquier otra cría había imaginado muchas veces lo que sería encontrar a su príncipe azul, pero nunca pensó que éste entraría a su vida tan prematuramente; vamos que apenas tenía diez años y ya había planeado hasta como serían sus nietos.

Soñar era tan bonito.

Especialmente ese día estaba realmente ilusionada; por fin había logrado crear un almuerzo lo suficientemente bueno -que le había costado el tener casi todos sus dedos vendados-, como para atreverse a ofrecerle un poco a su gentil y maravilloso principito encantador -el amor estropea la percepción gravemente-; no podía esperar a que llegara el momento en que Sasuke-kun tomara un bocado y se quedara tan sorprendido con el sabor que le propusiera matrimonio.

Un suspiro enamorado emanó de sus labios.

Con todo el ánimo del mundo corrió rumbo al salón, esperando como siempre encontrarse con el gatito negro, en aquella indiferente actitud que tanto emocionaba a todas las chicas a su alrededor -cada que se ponía serio se podía escuchar un chillido de malsana excitación-, un niño maduro que sabía controlar perfectamente sus impulsos definitivamente era irresistible.

— ¡Que no te voy a cortar a la mitad, maldición! —bueno casi siempre estaba serio; Sakura aún se sorprendía de como Naruto podía descontrolar tanto a su amadísimo Sasuke-kun. Como en aquel momento, apenas corrió la puerta y la estampa del niño de cabello dorado, subiéndose en la espalda del de hebras negras ya la recibía.

Había momentos en los que se le olvidaban, las demás curiosidades humanas con las que compartía el aula.

— ¡Pero teme! ¡Sino me ayudas jamás podre ser un mago-ttebayo!

— Eso es una estupidez; en primera no tienes habilidad para la magia —contestó furioso el Uchiha; sabía que no debía de permitir que alguien tan ridículamente enajenable como Naruto, viese ese estúpido programa de magia el domingo pasado—. Y en segundo lugar ¡Ese estúpido truco es peligroso! —Naruto y una cierra no podían ser mejor combinación -nótese el sarcasmo-, que un desquiciado con dinamita.

— ¡Eres un grosero! —chilló el zorrito sentándose teatralmente indignado, y dándole la espalda a su desconsiderado amigo—. Nunca me apoyas en nada dattebayo —reclamó de inmediato, dispuesto a ignorarlo hasta que éste accediera a ayudarlo con su futura profesión.

— Eso no es…

— ¡Yo si te apoyo Naruto-chan! —comentó Sai, haciendo gala de su magistral habilidad de pasar inadvertido hasta que ya estuviese lo suficientemente cerca de su presa; apareciéndose tras el niño sol para poder sujetarlo mimoso—. Puedes practicar conmigo todo lo que quieras

— ¡Sai! De verdad que tú sí eres un amigo.

— ¡Aléjate de él maldito subnormal! —ohh Sasuke ¿A dónde se iba tu flemático temperamento mientras estabas con el Uzumaki? Probablemente a unas vacaciones muy lujosas ya que no se le veían intenciones de querer regresar pronto, de otra forma no estarías estrangulando al Amane por osar tocar a tu angelito idiota.

Todos en su grupo eran tan extraños, pensó Sakura. Seguramente si Sasuke-kun estuviese en otro colegio, todo el tiempo se comportaría como el perfecto caballerito que en realidad era, y esos pequeños brotes de manía vengativa no tendrían que salir a la luz.

— Sasuke-kun buenos dia… —Sakura estaba dispuesta a interrumpir los intentos homicidas del que sería su consorte -claro- de no ser por el brusco empujón que recibió, el cual la sacó del campo visual del Uchiha -si es que llegó a estar en éste-para abrirle paso a una rubia coqueta.

— ¡Sasuke-kun! —gritó Ino al momento de saltar y colgarse del cuello del moreno nene ¡Ja! Ahora el estrangulado era otro—. ¡Te extrañe mucho el fin de semana!

— Ino… no me… dejas… res… pirar —pronunció entrecortado Sasuke ¡¿Por qué las chicas tenían la manía de usarlo de perchero? ! ¡Carajo! Que eso era algo que ni él se atrevía a hacerle a Naruto. Y lo peor es que por el ángulo que tenía Ino, no podía sacársela de encima.

— ¿Qué dijiste? ¿Que tú también me extrañaste?… Oh Sasuke-kun —la niña de los ojos aqua estaba tan ensimismada en su romántico delirio que ni cuenta se daba de los intentos del morocho por liberarse, al parecer en búsqueda de oxígeno o quizás de Naruto, el cual ya estaba nuevamente apresado en las garras de ese asqueroso animalejo llamado Sai.

— ¡Que te quites cerda!—clamó finalmente Sakura—. ¿No ves que le molesta a Sasuke-kun? —aunque aquello era totalmente una realidad, lo que verdaderamente la fastidiaba, era que la atrevida de Ino Yamanaka siempre se aprovechara para estrechar antes de nadie a Sasuke-kun; ya vería su mejor amiga, que en el amor y en la guerra todo contaba, especialmente si el premio conlleva el apellido Uchiha.

— Sakura —siseó la de cabello claro; todavía con el rencor de que el viernes el galán de la escuela, la hubiese buscado pidiéndole ayuda durante la clase de educación física, nunca le perdonaría eso a la de ojos verdes—. Si tanto le molesta a Sasuke-kun, que me lo diga él —retó la niña rubia.

— ¡No puede, tarada! —le gritó finalmente la de rosas hebras; Ino desvió su mirada contemplando, como la blanquecina piel de porcelana del Uchiha, ahora lucía una simpática coloración morada. Quizás colgársele del cuello no fue la mejor manera de saludarlo—. ¡Dios! ¡De verdad que lo siento Sasuke-kun! —se disculpó apresuradamente y alejándose, aterrorizada de que el principito de hielo no le quisiese volver a dirigir la palabra.

— Ustedes dos —habló despacio Sasuke, recuperando el aliento y cargado de tan mala vibra, que si las miradas mataran, ellas ya hubiesen pasado a mejor vida—. No se me acerquen —declaró para volver a su asunto primordial, golpear a Sai; que el muy maldito se había aprovechado de su imposibilidad de actuar con prontitud y había desaparecido con el dobe por el pasillo.

— Métanse al salón, que es hora de comenzar con la clase —el escuchar la irritable voz de su sensei de pacotilla, lo tranquilizó por un segundo al darse cuenta de que éste obligaba a su niño y al paliducho tarado, a regresar al aula. Lamentablemente su alegría le duró tan poco, como un pestañeo. Maldito Naruto que venía colgado del brazo del espantapájaros.

— ¿Sensei, qué hizo el fin de semana? —preguntó Naruto, irradiando la insana felicidad que le nacía al ver a Kakashi.

— Dormir —le respondió aburrido el adulto, dejando de sentir su mano ya que el niño blondo impedía la correcta irrigación de sangre. Como que Naruto repentinamente tenía parecido con una sanguijuela.

Su mañana sí que estaba jodida; el dobe se enojaba con él, Sai se beneficiaba de la situación, las locas esas lo atacaban de buenas a primeras y el idiota de su maestro llegaba a arrebatarle la atención de su niño adorado. Tan temprano y ya quería que la sangre corriera.

Por otro lado luego de que el profesor logró finalmente llegar a su escritorio -Naruto pesaba más de lo que aparentaba-, pudo observar como Ino y Sakura ya estaba peleándose mientras discutían algo sobre el amor de "Sasuke-kun" -vaya que era popular el niñito malcriado-, el Uchiha le dedicaba una de sus tan encantadoras miradas de absoluto desprecio, y Sai se la pasaba diciéndole algo sobre si sabía el paradero de su querido pelirrojo. Cosa que en realidad no parecía afectarle mucho, puesto que seguía sujetando al molesto Uzumaki de la cintura.

Cuando todo lo anterior dejó de sorprenderle e interesarle, supo que por fin se estaba acostumbrando a ese ambiente de desquiciados.

*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*

Las horas habían transcurrido tortuosamente lentas, pero por fin había llegado el almuerzo; la prueba de fuego estaba a la vuelta de la esquina y el primer reto a superar era el poder coordinar correctamente su cerebro con sus temblorosas piernas ¡Maldición! Se había preparado mentalmente todo el fin de semana para ello, y ahora no podía avanzar en dirección al Uchiha a ofrecerle la comida que manifestaba todas sus infantiles esperanzas. Si no conseguía acercarse a Sasuke-kun, pasaría todo el día golpeándose la frente contra la pared de su habitación, autocastigándose por su endeble carácter.

— Nee, nee ¿Qué trajiste de comer Sasuke? —preguntó Naruto a su mejor amigo, ya con el asunto de la magia olvidado y ansioso de engullir algún alimento con el divino sazón de Itachi. Admitía abiertamente ser tan fan de la comida del hermano de Sasuke, como de la de su propio padre.

— Hoy aniki se fue rápido por la mañana, así que sólo me preparó salchi-pulpos y ensalada de huevo —contestó el Uchiha depositando la comida en la banca. Estúpido Naruto, con su poder de hacerlo olvidar cualquier enojo sólo con mostrarle una de sus ridículas sonrisitas de criatura celestial, como detestaba a su amando zorrito.

El Uchiha miró aburrido como Naruto, ya estaba más que dispuesto a atragantarse con todo lo que tuviese la fortuna de tocar sus bellísimos labios; luego desvió la mirada al patio principal de la escuela. El día estaba especialmente caluroso y no se le antojaba comer ni en los jardines y menos en la azotea, soportar en el aula a unos cuantos de sus compañeros durante el almuerzo quizás no fuese tan malo por el día de hoy.

— ¡Sakura-chan! ¿Quieres comer con nosotros? —claro que igual podía equivocarse. Su cuello giró tan rápidamente que estaba seguro de haber escuchado -y sentido- un crujido ¿Naruto le había ofrecido a alguien la posibilidad de estar a su lado durante el almuerzo? ¡¿Qué mierda le pasaba por la cabeza a su rubio? ! ¿No sabía que ese momento no se debía de compartir con otro ente ajeno a ellos dos?

El pequeño güerillo al ver la anhelante mirada de su compañera de ojos esmeralda -que curiosamente le recordaba a la propia cuando veía a Kakashi-sensei-, sobre ellos, se atrevió a ofrecerle un lugar a la niña a su lado. Después de todo, no es como si Sasuke-baka se fuera a molestar.

Mientras tanto la Haruno aún no controlaba la taquicardia que estaba amenazando con darle, ante el súbito ataque de felicidad que recibió, cortesía de Naruto ¡No podía creer que al final no tuviese que rogar por estar al lado del Uchiha de sus fantasías! Definitivamente si Sasuke-kun no estuviese presente y tuviera la certeza de que Naruto estaba desparasito, inclusive le podría dar un beso de agradecimiento al blondo.

— ¡Claro que me quiero sentar con ustedes! —gesticuló apenas entendible, tomando posición justo frente a los ojos noche del niño que tantas mariposas en el estómago le hacía sentir.

Ya no le quedaba nada más por hacer a Sasuke, que tomar sus palillos y dedicarse a comer con todo el silencio que Naruto se podía permitir, ósea nada. En menos de tres segundos la incesante cháchara entre la de cabello rosa y el de hebras doradas comenzó.

— Sasuke-kun —dijo tímidamente la chiquilla, luego de un rato de haber entrado ya en confianza, atrayendo la atención del de ojos ónices—. Gustas probar —le mostró la caja de su almuerzo el cual contenía una asombrosa cantidad de comida para una persona de las proporciones de Sakura ¿Por qué le sonaba a que aquellos alimentos no eran únicamente para ella? Como que ahí la cosa estaba levemente planeada.

— ¡Se ve buenísimo Sakura-chan! —comentó Naruto, aspirando el delicioso aroma de lo que al parecer era pulpo.

— Tu también puedes probarlo Naruto —después de todo si no fuese por él, quizás nunca habría tenido el valor para finalmente estar al lado de su Sasuke-kun. El Uzumaki tomó rápidamente con sus palillos un bocado de cerdo con salsa dulce, deleitándose al instante con el sabor del alimento.

— Tu mamá cocina delicioso —premió el zorrito con una amplia sonrisa en su cara.

La frase que tanto había estado esperando.

— En realidad, yo fui la que preparó todo —pronunció orgullosa, recuperando la confianza en sí misma y dichosa de ver a mirada sorprendida de ambos chicos.

— ¡Que genial-ttebayo! —de verdad que aquello era una proeza, considerando que él no podía ni preparar un huevo cocido—. Teme, tienes que probar esto esta riquísimo.

Si antes la cara de Sasuke reflejaba indecisión, ahora definitivamente estaba pasmado ¿Desde cuándo Sakura era tan talentosa en algo? Todavía con un tanto de cautela, acercó sus palillos lentamente al bento de la chica.

La de cabello rosado sentía el corazón en la garganta y cada segundo a partir de que Sasuke-kun tomó un trozo de carne transcurrió en cámara lenta; sus piernas se movían incesantemente bajo el escritorio, sentía que el aire no le llegaba a los pulmones, tragó duro esperando el veredicto del Uchiha y…

— ¡Naruto-chan! Tienes salsa en la mejilla —sin que nadie pudiese evitarlo, Sai en otra de sus idiotas acciones, aprovechó la distracción de Sasuke para aproximarse a Naruto, y de manera completamente "altruista" limpiar el rostro del zorrito de un lametazo. Ese niño era levemente precoz ¿No?

El bocado que sostenía los palillos del moreno, nunca pudo llegar a su destino, y las cuencas esmeralda de la cría vieron caer la comida al tiempo en que Sasuke tomaba del borde de la camisa a ese infantil degenerado; si el Uchiha supiese controlar mejor sus impulsos se habría percatado que en el instante en que se levantó tan agresivamente de la banca, provocó que ésta se ladeara lo suficiente como para que la caja con el total del almuerzo de Sakura, terminara adornando el suelo del aula.

Sakura únicamente pudo apreciar que los alimentos que tanto sudor y sangre -más literal de que lo que debería- le habían costado, ahora estaban completamente desperdiciados. Sus ojos ardían, inclusive con más fuerza que cuando Ino había pisado su muñeca favorita. Naruto incrédulo pasaba la mirada de Sasuke a Sakura-chan.

— ¡¿Cómo te atreviste a lamerlo? ! —preguntó furioso Sasuke, encrespándose más a cada segundo; bonito día para que el mapache ñoño tuviese cita con el dentista. Lo único provechoso es que ahora sí que le borraría la sonrisa de tarado a Sai. Estaba a punto de estrellar su puño contra el adefesio ese cuando…

— ¡Sasuke-kun baka! —gritó la niña tan fuerte que media escuela seguramente la había escuchado. Los compañeros que habían permanecido en el aula se quedaron tiesos, especialmente la chicas ¿Acaso un ente femenino, había insultado a Sasuke-kun? Ino que continuaba en la cafetería, no pudo evitar sentir un escalofrió recorrerle la espalda.

— ¿Qué ocurre? —llegó alarmado Kakashi desde el comedor de profesores. Qué alguien le dijese que no se había matado algunos de esos niños ¿Cómo quedaría su expediente? ¿Podrían despedirlo por ello? ¿A Iruka le importaría? Miles de angustiosas cuestiones surcaron su mente, al tiempo en que corría la puerta de madera, sólo para ver a una mata rosada emitiendo desgarradores chillidos, salir corriendo ¿Esa era Sakura-kun, no? Su confundido semblante volvió la vista al salón y al fondo de éste, Naruto, Sasuke y Sai estaban inertes observando lo que al parecer había sido un almuerzo, todo regado en el lustroso piso; la desgracia inevitablemente venia de la mano de ese grupito—. Muy bien, es hora de explicarse.

Como de costumbre Naruto fue el encargado de contarle todo lo ocurrido a una velocidad vertiginosa -seguramente sus padres no estuvieron tan dichosos cuando aprendió a hablar el nene-, mientras señalaba a Sasuke como un teme desconsiderado y majadero -¿Y por qué tenía que subirse a sus piernas para relatarle aquello? Crío aprovechado-.

— Por lo visto, es necesario que te disculpes Sasuke—le dijo serio el profesor; cruzándose de brazos para darse más autoridad a sí mismo. De alguna insana manera estaba disfrutando de la situación de ver al orgulloso niñato Uchiha, mostrando una expresión de profundo arrepentimiento, apenas contenida por su estratosférico ego.

— Fue también culpa de Sai —intentó excusarse, dirigiendo su enrabietada mirada a ese sonriente paracito. Lo peor del caso es que al Amane realmente no le molestaba que le llamaran la atención, era una bonita manera de saber que los demás lo tenían en cuenta.

— Quizás, pero con quien se molestó Sakura fue contigo —adoptó un gesto paternal, como hasta el momento no había hecho con ningún otro de sus estudiantes—. Seguramente está muy dolida; al parecer era importante el que tú, antes que nadie, probara del almuerzo que preparó —pronuncio dramático, logrando que algo de su perorata calara en el duro cerebro jactancioso de Sasuke—. ¿Cómo te sentirías si te pasara a ti? —siempre le habían dicho que esa frase era especialmente contundente con los niños.

Entonces Sasuke se tomó algunos segundos, para reflexionar la situación; Sakura realmente no le molestaba, tampoco podía decir que le cayera bien, ya que podía contar con una mano al total de personas con las que disfrutaba pasar tiempo y le sobraban dedos; pero el hecho de figurarse tal escenario, sustituyendo todo el acto, por su zorrito y él como protagonistas, de verdad que le hizo sentirse arrepentido como en pocas ocasiones.

— Ire a disculparme —pronunció en su susurró tan leve, que Kakashi apenas y le había entendido. El Uchiha regresó la vista al aula percatándose que al igual que la Haruno, su idiota querubín ya no estaba—. ¿En donde se metió el dobe?

— Fue tras Sakura-kun tan pronto como comencé a charlar contigo —contestó sonriente el sensei ¡Naruto idiota! Seguramente ese bobalicón iba a terminar liando más las cosas. Sasuke, sin importarle que estuvieran a punto de iniciar las clases, corrió tras el blondo, dispuesto a encontrarlo -y de paso, si se podía, hallar a Sakura-.

Kakashi finalmente se sentía orgulloso del buen desempeño que había mostrado delante del Uchiha de diablo—. Sai-kun —llamó la atención del otro endemoniado crío—. Luego hablaremos de tu castigo; tienes que entender de una vez que acosar a los demás no es correcto —le dijo aprovechando que se había revindicado con el gran profesor que era.

Y siguiendo las cosas en la dirección de Sakura.

La niña había terminado en la azotea del colegio, llorando en soledad y arrepintiendo de haber sido tan ingenua; Sasuke-kun nunca tuvo verdadero interés en ella o sus enormes esfuerzos por complacerlo. Las copiosas lágrimas emanaban de sus ya irritados ojos, y cada segundo se sentía más tonta por haberse fijado en alguien tan frío como el Uchiha.

— ¿Naruto? —y hablando del rey de roma. Sasuke-kun había aparecido justamente en aquel instante, observando su desgarbado y patético aspecto de cría llorica—. ¿Sakura? —bueno, se supone que a quien de verdad debería estar buscando era a la de las gemas verdes ¿No?

La niña de inmediato se levantó de su posición dispuesta a huir nuevamente, pese a todo no se sentía capaz de enfrentar al de cabello negro, por más grosero que se haya comportado, al verlo sentía que la mitad de su enojo había desaparecido, lo cual era sencillamente patético.

— ¡Espera! —pronunció Sasuke, tomándola de la muñeca. Sus ojos chocaron y el viendo meció suavemente los cabellos de ambos, y si esto no se tratara de una historia de otro género, seguramente las cosas tomarían un rumbo muy horrible.

— ¡Teme! —gritó Naruto al tiempo de impactarse directamente contra su idiota amigo, ocasionando que ambos terminaran raspándose contra el suelo de la azotea—. ¡Ya deja de molestar a Sakura-chan dattebayo! —le encaró queriendo golpear al tarado de negro cabello.

— ¡Serás dobe! ¡¿No ves que lo que intento es disculparme con ella? ! —cuando aquella frase se dispersó por el espacio, tanto el zorrito como la chica detuvieron cualquier acción—. Sakura… —aquello costaba horrores—. Lo siento, pero ten en cuenta que en realidad fue culpa de Sai —si aquello podría ser una de las peores disculpas de la historia, pero viniendo de…

— ¡Sasuke-kun, claro que te perdono! —chilló la niña, sin creer en lo absoluto que el principito de hielo de la escuela, hubiese accedido a aquello, y menos que el gesto estuviese destina a ella. Sentía que ya podía morirse y las cosas estarían bien.

— Ohh Sasuke-baka, pero que lindo eres —se burló Naruto, al ver como la pálida cara de su amigo, se teñía tan cursimente de granate.

— No te preocupes Sasuke-kun, yo siempre supe que la culpa no fue tuya —claro, nadie nunca dudo de él—. Y no te preocupes, mañana traeré una porción sólo para ti —le dijo contenta la chiquilla antes de dirigirse cantarina al salón en compañía del blondo. Sasuke se quedó inmóvil ¿Qué esa chica, hace no más de tres minutos estaba llorando como magdalena? De verdad que se cargaba un problema grave de bipolaridad.

Cada vez que estaba cerca de las niñas, reafirmaba que de no estar tan idiotamente enamorado del zorrito, seguramente sería asexual. Porque eso de meterse con las mujeres, parecía ser un negocio suicida.


Notas

Dios… esto me quedó pero que muy cucho XD.

Bueno, seguramente a muchos no les gustará tanta participación de Sakura, pero a mí en lo general no me molesta la pelirrosa, y su enajenación por Sasuke puede tomar rumbos divertidos, así que le pienso sacar provecho. Además piense que la historia no es exclusiva de Kakashi, sino de las aventuras y desventuras de estos críos de primaria ¡Yeah!

Ya saben que los comentarios me hacen sentir bien, por lo que si me regalan un review prometo no enfermarme XD;

Maryshion; SmileSkuashSKII; ZANGO-1; sasukita15; saskenaru; TheRusso; hikikomori-chan; Yuki-2310; Pikacha; DGHA; HiiMeKo AnGeL NaMiiKaZe; jennita y NelIra.

¡Gracias por los comentarios, y espero leernos pronto!