Los ensayos
Miró nuevamente dentro de la gran bolsa obscura y con temor comprobó que, pese a que no resaltaba ninguna tela rosada, sí había algo azul celeste con tantos brillos que parecía bola disco. Tragó amargo. Aquello iba a ser miles de veces más difícil de lo que imaginó.
Las manos le temblaron como gelatina al ir sacando poco a poco aquel vestuario, conteniendo una inigualable lucha interna por no destruirlo brutalmente. Finalmente cuando el pomposo vestido estuvo en su totalidad frente a sus irises carbón, sintió que el alma se le escapaba del cuerpo.
¡Ni muerto se iba a poner esa porquería!
Cuando el inmundo Hakate le había otorgado el papel de la princesa su primera reacción fue la incredulidad, segundos después la ira y finalmente la cólera absoluta. Como varios de sus compañeros -especialmente el mapache rojo- el pequeño Uchiha siguió al espantapájaros hasta el aula de profesores, exigiéndole ininterrumpidamente un cambio de rol, y demostrando nuevamente lo maquiavélico que podía ser el de cabello platinado, les dijo que la única manera en la que haría eso, era mediante la petición directa del padre o tutor legal del respectivo mocoso quejica.
Sasuke supo que extraoficialmente estaba jodido.
Kakashi de alguna manera sabía, que ninguno de los adultos se tomaría la molestia de hacer tal trámite; la hermana loca del Sabaku pidiendo por ello ¡Por favor! Si ella se moría de ganas de ver al pequeño en vestido. La madre de Kiba seguramente le agradecería al sensei por darle un escarmiento a su hijo. Los padres de Hinata, probablemente fascinados con la idea de ver a su niña con el protagónico. Naruto… él ya se había resignado a ser una orgullosa planta. Y finalmente su caso…
¡Jamás les pediría a sus padres interceder por su agónica situación! Si su padre se llegase a enterar, claro que haría que lo cambiaran ¡Pero de colegio! Comenzando con que Fugaku nunca estuvo de acuerdo con que alguno de sus hijos asistiera a una institución de tan bajo renombre; de no ser por sus ruegos, emitidos mayormente para permanecer al lado de su zorrito dorado, era probable que ahora estuviese en un internado en Amsterdam, Londres, o un mugre país europeo desprovisto de un rubio bobalicón que le robaba los suspiros. No, eso jamás. Era obvio que si le insinuaba lo más mínimo al patriarca Uchiha, acerca de que le habían asignado el rol de la mojigata princesita de medio cerebro, el hombre llegaría a su escuela insultando y exigiendo el expediente de su hijo, tres horas después le avisaría que su vuelo partiría al día siguiente y que sería un gusto recibirlo en fin de año.
Sasuke tragó largo ante tal visión.
Claro que… siempre quedaba la opción de pedirle auxilio a su madre. Tan pronto como le vino el pensamiento se fue. La mujer se iba a sentir bendita con la noticia; esencialmente conociendo el afán de Mikoto por tener una adorable nenita.
En definitivo, sólo quedaba resignarse.
Por lo menos antes de su humillación pública, se podía probar aquellos monstruosos trapos en la intimidad de su alcoba. Una vez que el vestido cubrió la totalidad de su pálido cuerpo y tomó el valor suficiente para mirarse al espejo, Sasuke simplemente se quedó petrificado ante lo que se reflejó.
Sólo bastaban unas extensiones y quitar la cara de repulsión total -lo primero seguramente sería donado por la señora Akimichi- para que los Uchiha pudiesen decir que tenían una niña en la familia. Si lo que le quedaba de orgullo -lo cual aún estaba en un nivel insano- no lo obligase a mantenerse con el porte en alto ante todo, seguramente ya se habría desmayado de la impresión.
¡Jamás iba a permitir que nadie lo viese de tal forma!
— Sasuke me preguntaba si querías acompañarme a… —buena hora para que a Itachi se le ocurriese entrar a su cuarto sin tocar antes.
Ver a su otouto, con un cursi vestido de corte princesa, no era precisamente lo que se esperaba encontrar. Estaba bien que en ocasiones Sasuke intentara llamar la atención que él, por ser el primogénito de la familia e hijo prodigio, obtenía sin mayor problema, pero aquello era algo extremista.
— Aniki yo… —a ver ¿Qué le podía decir? Mira, como que me tocó el papel de la bella durmiente en la cutre obra de la escuela ¡Claro que no! Lástima que por más que ansiara crear cualquier excusa, aunque fuese medianamente irracional, las palabras se negaban a salir coherentes de su boca.
— Sólo dime que esto no es por el niño Uzumaki.
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— ¡Ya te dije que yo voy al centro!
— ¡En tus sueños, frente de marquesina! ¡Todos saben que el hada violeta es la líder!
— ¡Ya quisieras cerda! ¡Es la rosa!
— ¡Violeta!
— ¡Rosa!
Si aquello fuese el más grande de sus males estaría agradecido. Kakashi suspiró pesadamente antes de ir perezoso a separar a las niñas, que amenazaban con tirarse del cabello. Primer día de ensayos, y miles de problemas arribaban al pequeño teatro de la escuela junto con sus estudiantes. Ya era remota la visión que tuvo, en donde los niños a su cargo estaban tan acongojados por sus roles, que se comportaban como los angelitos callados que obviamente no eran. Ahora veía con todo claror, el problema en el que se había metido al no aceptar la oferta de Iruka y cambiar la obra escolar por algo más sencillo. Únicamente restaba aguantar como hombre, todo lo que a las criaturitas del averno se les podía ocurrir para estropear la presentación, y entregarle al colegio una puesta en escena de mediana calidad.
— Niñas, como veo que no se pueden poner de acuerdo —era más fácil detener una guerra, a que alguna de ella cediera en algo—. Kiba-kun será el hada principal —el niño perro, que hasta ese segundo se había mantenido apartado de las locas con necesidad de atención, brincó de inmediato de su puesto, para rogarle al descarriado adulto que no lo pusiese al frente y al centro, en donde todos podrían ver lo "viril" que se mostraba con un largo vestido verde turquesa. Pero como imaginó el Hatake hizo oídos sordos.
Uno menos, ahora el próximo inconveniente.
— Sensei… yo no creo que… pueda hacer esto —aquel matiz apenas audible sólo podía ser de la pequeña Hinata. Kakashi bajó la mirada encontrándose con los ojos vidriosos de la niña, la cual sostenía fuertemente su libreto, arrugando todas las hojas en un fútil intento por contener su nerviosismo.
— Hinata-kun, sé que lo harás magnifico, sólo tienes que creer en ti —gracias al cielo que se había comprado aquel librillo de frases prefabricadas, porque las palabras de aliento eran una cualidad con la que no había nacido.
— Pero sensei…
— ¡Ya basta, Hinata! —la voz de Ino interrumpió la frase de la morenita, la cual asustada dirigió sus perlas a la rubia—. Tienes la suerte de tener el papel del príncipe ¿Sabes lo que yo hubiese dado por ser algo más que un hada mediocre?
— Pero ellas son las que mantiene la trama de la historia —agregó Kiba; al menos quería sentir que su papel no era tan horrible. Y si consideraba que en realidad eran las hadas las que salvaban y protegían a la princesa, al reino, y que el príncipe sin ellas no sería más que una cara bonita en un calabozo, eso le ayudaba a mantener una mejor perspectiva de las cosas.
— ¿Y a quién le importa eso, pulgoso? —agregó de nuevo Ino—. Al final siempre serán opacadas por la realeza.
— Eso es verdad Hinata, deberías de sentirte muy afortunada —al fin, Sakura apoyaba en algo a su rubia amiga—. Además… —dijo con un tono de intriga, logrando que la Hyuuga se acercara a ella expectante—. ¡Tienes una escena de beso con Sasuke-kun!
Tan pronto como mencionó aquello todas las niñas presentes chillaron a coro ¿Qué no veía Hinata la suerte que tenía? ¡Era Sasuke-kun, el joven ídolo de la escuela!
La Hyuuga bajó la cara, azorada. Aquello era precisamente lo que más la aterraba. Podían llamarla loca, pero a comparación de la mayoría de las chicas de su aula, las otras clases o en general las mujeres del resto del colegio, ella no sentía la mínima atracción por el joven Uchiha. En realidad, Sasuke-kun no era siquiera el tipo de chico con el que se juntaría. Aunado al hecho de que le estremecía aquella fría mirada de desprecio que seguramente le dirigiría si se atrevía a pensar en algo como el contacto bucal, cosa con la que ella tampoco estaba de acuerdo. No, no, no; era mejor pasar de todo.
— Pero… no puedo ni decir bien los diálogos —susurró contrariada; no es como si aún no se aprendiese sus líneas, pero una cosa era decirlas en solitario y otra en frente de un auditorio atestado de personas. Al pensar en eso sintió que la sangre se le iba nuevamente a los pies.
— ¡No te preocupes Hinata-chan! Como tu fiel corcel tengo la responsabilidad de aprenderme igual tu parte, por lo que si se te olvida algo yo te lo puedo decir —afirmó Lee. Era una suerte tener de compañero a un ser tan entusiasta. Era una desdicha que ante los reclamos de Ino, y especialmente Sakura, el moreno no pudiese objetar lo más mínimo, únicamente se limitaba a afirmar cada palabra de su rosado amor.
Kakashi mientras se apartaba discreto de aquel grupo; no le gustaba ignorar la pequeña de mirada clara, casi podía decir que era su alumna favorita -de las menos problemáticas-, pero aún le faltaba supervisar muchas cuestiones técnicas de la obra. Otra de las desventajas de su "perfecto" plan. Tener que quedarse más tiempo que el resto de los profesores.
— ¡Shino-kun, ten cuidado con las luces! —le gritó al sombrío pequeño. Ahora que lo consideraba mejor, quizás el fuese su pupilo predilecto, es decir, casi ni se notaba su presencia. Ahora sólo le faltaba supervisar a los demás críos que estaban pintando la escenografía y luego…
Algo colgaba de su pierna.
Frunció el ceño y bajó la mirada. Naruto haciendo pasar por una boa constrictora, había apresado su extremidad derecha, impidiéndole cualquier movimiento.
— ¿Qué haces? —¿Era ilegal patear niños, no?
— Practico —respondió simplemente el pequeño áureo, al momento de levantar la cabeza en dirección a su futuro consorte y sonreírle como si hubiese descubierto la azúcar. Lo que se llegaba a ver de la cara del Hatake debió expresar mucho desconcierto, porque el infante tuvo la impresión de que necesitaba aclararse—. Voy a ser una enredadera de rosas ¿Nee? Por lo que tengo que estar "enredándome" para hacer mejor mi papel-ttebayo.
Tétrico. Ese niño era único en sorprender a la gente con la de ideas funestas que podían emerger de su cerebro cubierto de amarillo.
— Naruto, necesito ir con Chouji-kun y supervisar el equipo de sonido ¿Me puedes soltar? —mejor pedir las cosas amablemente.
— Las plantas no escuchan, sólo actúan.
Kakashi experimentó un escalofrió. Como algo tan pequeño podía estar ya tan dañado.
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Quizás en su vida pasada había sido una persona sumamente despreciable; un psicótico con un demonio interno o algo parecido. Ya que nada más que el karma justificaba que ahora pasara momento tan tormentosos.
Temari era un verdadero verdugo.
¿Por qué su hermana tenía tanto tiempo libre? ¿No podía simplemente conformarse con verlo con vestido y ya? ¡¿Qué además tenía que confeccionarle uno? ! Si pensaba que el atuendo de la escuela era ridículo, era porque no había visto el libro de patrones de la rubia. El traje estaba hecho de una tonalidad que combinaba perfectamente con sus mechas cobrizas, por lo que la atención irremediablemente caería en su persona. Los bordes y accesorios eran dorados, y la corona lo hacía parecer una verdadera… era humillante pensar en ello.
— Vaya, y yo pensé que ya eras lindo —Gaara sintió pánico al darse cuenta de que no había puesto el seguro en la puerta del vestidor.
Ahora estaba con Sai, en un espacio reducido y el moreno tenía la ventaja de tener pantalones. Sí, definitivamente hizo algo muy malo en su vida pasada.
Sasuke caminaba tranquilamente imaginado como se vería el espantapájaros desollado, al igual que en las películas de terror que Naruto se negaba a ver, cuando escuchó un "¡Lárgate degenerado!" seguido de un golpe sordo, proveniente de los vestidores. Maldito Sai, tenía suerte de ver al mugriento mapache que tanto le gustaba en vestido ¿Por qué no le ocurrió lo mismo a él, con Naruto? Sencillamente pasó de ese par de subnormales, para adentrarse al teatro de la escuela. Iba retrasado, pero la verdad es que eso no le afectaba en lo más mínimo; para empezar ya se sabía perfectamente sus líneas, segundo, si era bueno en todo obviamente la actuación no sería algo en lo que no se supiese desenvolver, y tercero, preferiría que le hiciesen una endodoncia a tener que actuar de la disque bella. Asi que se podía dar el lujo de demorar su deshonra lo más posible.
Cuando llegó a un plano desde donde se podía ver a todos sus compañeros trabajando, no pudo evitar notar que brillaba por su ausencia cierto rayito de sol.
— Oye Hyuuga ¿Has visto al dobe? —preguntó a Neji el cual se mantenía distante de todos, en la última grada, estudiando su dialogo.
— Pegado a Kakashi-sensei —dijo el castaño sin dirigirle la mirada al Uchiha—. Los vi en dirección a la cabina de audio.
Sasuke levantó una de sus finas cejas, desconcertado por la frase del amante de los horóscopos. Pero no le tomó mucha importancia y siguió en búsqueda de su kitsune.
¿Pegado a Kakashi? ¿Ósea que ese remedo de mejor amigo estaba volviendo a acosar al vejete que tenían por profesor? Sin embargo al localizar en la distancia, el porte desgarbado del Hatake moviéndose con notoria dificultad por el escenario, Sasuke supo que las palabras de Neji, eran más literales de lo que debería ser correcto.
Bien, no era tan terrible como pensaba; quizás su sueño de que Naruto se aferrara a su cuerpo como si no existiese otra cosa en el universo era atrozmente usurpado por el Hatake; pero ahora tenía la excusa perfecta para tomar uno de los trozos de madera, con los que TenTen se encargaba de construir una cama falsa, y arremeter contra la cabeza dura de Kakashi hasta que éste dejara de moverse, luego secuestraria al tarado rubio y nadie tendría que culparlo por sus actos.
Bueno, quizás no era tan racional el plan.
Llevaba quince minutos con ese mocoso colgando de su pierna. La irrigación ya era inexistente, su irritación crecía exponencialmente a cada parpadeo ¡Por todos los infiernos! ¡¿Cómo se lo quitaba de encima? !
— ¡Usuratonkachi! —¡Finalmente! El de cabello gris, estaba seguro que nunca estuvo tan contento de ver la expresión de mala leche de Sasuke.
— ¡Hola teme! —saludó Naruto, restándole toda la importancia al hecho de que seguía aferrando a la pierna de su amor platinado. Si Sasuke no estuviese tan perdida y estúpidamente enamorado del zorrito, no dudaría en darle un buen golpe.
— ¿Qué se supone que haces? —cuestionó asqueado de ver como ante nada el solecito suavizaba su agarre.
Por favor, no la explicación de la enredadera otra vez.
— Tú no eres nada de eso —dijo finalmente el Uchiha, cuando el nene Uzumaki finalizó su bizarro esclarecimiento. Tenía que infórmale lo antes posible a Minato-san que llevara a su hijo a hacerse algunos exámenes. Naruto parpadeó desconcertado por las palabras de su amigo—. Ni siquiera tienes puesto tu disfraz ¿Cómo podrías ser una rosal, entonces?
La mente de los infantes se regía por algún tipo extraño de algoritmo que estaba seguro, no quería descifrar. Porque ante tan absurdo argumento, el áureo no tardó más de diez segundos en soltar su extremidad -totalmente acalambrada por cierto- y correr rumbo a los vestidores. Cada día que Kakashi compartía con esos niños, recordaba el por qué jamás tendría descendencia.
— Ese dobe —la alusión del Uchiha lo hizo volver a la realidad, asi como su manifestación ocular de absoluto desprecio, dirigida especialmente para él.
— Yo no tuve nada que ver —no era su estilo disculparse por malos entendidos; pero Sasuke estaba muy cerca de algunas herramientas contundentes.
— ¡Qué lindo! —la voz de TenTen, hizo que los amargados -Kakashi y Sasuke-, enfocaran nuevamente la dirección por donde se había perdido el zorrito.
Repentinamente las blancas mejillas del neko se tiñeron de un adorable bermellón, y sintió que su corazón se agitaba estrepitosamente. Naruto era su definición de belleza.
El pequeño solecito iba disfrazado como un rosal, pero ese en absoluto era el traje ofrecido por el colegio. Naruto tenía un amplio traje de alguna tela brillante y tan delicada como su propia piel - quizás satín-, las rosas falsas destellaban ante los reflectores y enmarcaban su rostro de angelito, mientras que éstas se iban difuminando del rojo escarlata que coronaba sus mechas doradas, al rosa pálido que cubría sus piececitos, al igual que la capa verde esmeralda, que daba el efecto de que el rosal se extendía más allá de la altura del infante.
— ¿Así estoy bien, sensei? —preguntó entusiasta el pequeño, mientras sus ojitos fulguraban ante la aprobación de su queridísimo profesor.
— ¡Te ves encantador Naruto! —Dijo rápidamente Ino, mientras se acercaba a su compañero. Si asi lucía una planta ¿Cómo se vería el traje de un hada? —. ¿De dónde lo sacaste?
— Gaa-chan me dijo que su hermana le había hecho un traje diferente al de la escuela, asi que pensé que igual me podrían hacer uno más bonito a mí —contestó dichoso el rubito. En realidad las palabras del Sabaku fueron más bien "¡Temari está loca! Quiere confeccionar algo aún más ridículo" pero el punto es que le había dado una grandiosa idea al kitsune.
— Tu madre es muy buen sastre —soltó finalmente el profesor, incrédulo de que ese niñato pudiese destacar tanto.
— En realidad, fue Oto-chan quien lo hizo —claro, como si su mami pudiese tomar una aguja sin sangrarse al menos tres dedos.
— ¿Minato? —asi que su rubia obsesión era buena con las manos ¿No? Seguramente aquellas aptitudes podrían tener un desempeño más placentero para… ¡No! ¡Mierda, que ya no debía pensar en el Namikaze de aquella forma!
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Estaba cansado, con la garganta irritada, cubierto de aserrín y pintura; pero al menos ya casi estaban listos todos los escenarios, y las pruebas de luces y sonido se lograron efectuar sin mayor inconveniente. Lástima que no podía decir lo mismo de sus "actores".
— ¡Sasuke teme! ¡Tú también te tienes que poner tu traje!
— ¡Ni muerto dobe; sólo voy a usar esos harapos una vez!
— ¡Sensei! Kiba no puede ser "la" líder ¡No tiene nada de gracia!
— Al menos me veo mejor en vestido que ustedes "señoritas".
— ¿En dónde está mi reina? ¡Gaa-chan necesitamos ensayar juntos!
— ¡Te me acercas y te destripo pervertido!
— Por favor sensei… de verdad que yo no puedo…
Las voces de los niños eran tan irritantes, y por una semana las tendría que escuchar al menos dos horas más que en su horario regular. Jamás en toda su carrera, pensó que algún grupo lo llevaría a tal extremo de la fatiga.
— Vaya ¡Qué bien está quedando todo! —aquella voz; estaba a punto de enloquecer por causa de los ensordecedores tonos de los mocosos, cuando sus ánimos retornaron. De verdad que era como un oasis la presencia del moreno.
— Buenas tardes, Iruka —saludo cortés, fingiendo perfectamente no tener ninguna jaqueca que le taladrara las sienes.
— De verdad que estoy impresionado Kakashi-san, la primera vez que me tocó esto a mí, sentí que el mundo se me venía encima, pero usted, parece tan relajado.
— Sera que soy bueno con los niños —claro… e igualmente quería a Naruto como un hijo. Pero si aquello servía para impresionar al delfín, vaya que mentir sí que era uno de sus atributos.
— Realmente estoy emocionado por la obra —dijo el Umino, con un fascinante fulgor en los ojos chocolate. Podía ser tan encantador cuando se lo proponía.
Quizás era tiempo de progresar con Iruka; después de todo, casi llevaba un mes en ese antro de mala muerte disfrazado de primaria, como para darse cuenta que el porte del morocho no era precisamente el de un heterosexual; demasiado adorable como para que alguna mujer lo encontrara atractivo -los cachorros son adorables, los novios no-.
— Iruka —llamó la atención del de coleta, aprovechando que los "angelitos" se enfrascaban en otra discusión absurda sobre cómo hacer sus entradas y viendo la buena disposición que ahora tenía su compañero—. Me preguntaba si tiene algo que hacer…
— ¡Iruka-sensei! —antes de darse cuenta el áureo teñido de verde y carmesí, había brincado sobre su prospecto, ganándose la absoluta atención de éste—. Venga sensei, todos quieren mostrarle sus disfraces ¡Excepto Sasuke baka, porque es un amargado!
— ¡Naruto! ¿Qué te había dicho de insultar?
Repentinamente la magia se cortó. Naruto, Naruto… ¿A Minato le molestaría mucho el que desapareciese su único hijo?
A Kakashi no le quedó más que suspirar resignado una vez que el Umino se alejó. Y aún faltaba una larga y tormentosa semana para finalmente salirse de ese embrollo.
Notas
Al releer los capítulos pasados, me di cuenta de que aún no había incluido a Chouji, Shino, Lee y TenTen, creo que a partir de ahora los tengo que hacer más participativos.
Espero que les haya agradado el capítulo, sé que me volví a retrasar, pero la Universidad me está dejando muerta últimamente. De cualquier manera, por el momento pienso enfocarme en los fics con más seguidores, afortunadamente éste es uno de ellos XD.
Muchísimas gracias a todos los que me apoyan con sus comentarios ¡De verdad que los adoro!;
CamiSXN; TheRusso; Hitch 74 no Danna; hikikomori-chan; saku-aya; atashi-hime; Susana Mode; rishuu. 71; Cookie. Killer; Yuki-2310; luna y Joshihita H. K.
¡Cualquier error me avisan!
