La persuasión
La indecible verdad de cierto pequeño que cabello dorado, es que admiraba a Sasuke.
Naruto no era ni el más rápido, ni el más fuerte, ni el más listo, ni el más popular. Tenía miles de fantabulosos atributos; como su increíble capacidad de doblar la lengua o su gran flexibilidad, el hecho de poder encandilar a casi cualquier adulto o su útil resistencia a las caídas y los golpes -auto-infligidos-, pero lastimosamente aquellas características deseadas por lo general con mayor vehemencia, no le fueron concebidas. Era por eso que le maravillaba tanto tener el afecto de alguien que parecía haber nacido con dichos adjetivos tan marcados.
El Uchiha era como el astro de la escuela; el niño que sobresalía con una facilidad pasmosa en cualquier actividad, al tiempo en que se colaba al corazón de todas las chicas, con quien la vida había sido generosa al colmarlo de talentos, de brindarle tantas oportunidades.
A quien el destino le había presentado para afianzar un lazo inquebrantable.
Era consciente que pese a que en ciertas ocasiones se le salía la presunción al de mechones ébano -ese bichito que lo instaba a ser un jodido jactancioso- , habitualmente estaba gustoso de que sus capacidades pudiesen ser de utilidad, por lo que no entendía las razones del arisco gatito negro para negarse a ingresar a una competencia de su noble institución. Algo que no sólo le traería prestigio a él, sino que saciaría el orgullo de Konoha.
— Entonces… ¿No vas a participar con el resto de cerebritos? —pronunció jocoso, aprovechando que aquel día ambos regresaban solos, el blondo unos pasos delante de su mejor amigo, brincado entre las alargadas sombras que el cielo de la tarde les llegaba a ofrecer.
— No —respondió tajante el moreno. Aquella misión iba a tornarse un tanto complicada, como el teme siguiera tan elocuente.
— A mí me encantaría estar en un concurso asi —insistió el güerillo para sorpresa del Uchiha. Generalmente cuando comenzaba a responder con monosílabos, Naruto entendía que el tema no era de su interés—. Pero no soy tan listo dattebayo —expresó sacándole la lengua y comenzando a caminar para atrás.
— Tampoco es la gran cosa —evadió nuevamente. No le veía ningún progreso a la charla y la paciencia no era precisamente algo que le fluía de forma natural.
— ¡Estoy seguro que te divertirías! —exclamó agitando sus delgados brazos, dispuesto a que aquellos ojos noche volviesen a enfocarlo y que la idea se filtrara a ese cerebro testarudo. Si a él lo veía regando entusiasmo, quizás el moreno se podría contagiar de su vibrante espíritu—. Y podrías poner el trofeo en la repisa donde está Manda, asi otro lustroso premio le haría compañía.
— Taka ya le hace la suficiente compañía —¿Qué le aseguraba que iba a ganar la competencia en el hipotético caso de inmiscuirse en ella? Aunque siendo realistas, en ese aspecto el áureo tenía toda la razón. Naruto entonces paró y sus mejillas comenzaron a inflarse ¡¿Por qué era tan rejego?!
— ¡Eres un teme total! —chilló finamente el rubito, harto de que Sasuke pasara de sus enunciados.
— ¿Por qué estás tan insistente con ese asunto? —preguntó el de melena carbón, con el ceño fruncido y su penetrante mirada dispuesta a sacarle la verdad.
— Es sólo… —obviamente jamás confesaría que era una petición por parte de Kakashi -futuro esposo- sensei—. ¡Creo que es una gran oportunidad-ttebayo!
— No tengo tiempo —dictó para terminar con aquella infructuosa plática y antes de que el rubito pudiese añadir cualquier argumento, aclaró—. El próximo mes hay un torneo de kendo y mi padre insiste en que le dé una paliza a Izuna, el hijo de tío Madara —¡Qué lindo era poder culpar a Fugaku! Asi tenía una excusa perfecta para dos motivos; no inmiscuirse en la patética competencia de su colegio y golpear a su insolente primo por atreverse a decir que su amiguito rubio estaba tan mono, que daban ganas de secuestrarlo.
Y como era predecible el áureo se quedó con las palabras atoradas en su garganta, tan pronto el nombre del progenitor de Sasuke atravesó sus oídos. Ahora sólo era cuestión de contentar a Naruto con un puñado de dulces y unas horas de videojuegos, y no volvería a hacer alusión al circo de ñoños del espantapájaros, del cual jamás tomaría lugar.
— Dejando eso de lado. Me dijeron que hoy habría barbacoa de cerdo para la cena. También me informó mi aniki, que había comprado el nuevo Blu-ray de ese programa de ninjas que tanto adoras —avisó luego de que el rubio dejara su inútil cháchara, mientras ambos continuaban avanzando a la casa del Uchiha, en donde Naruto estaba dispuesto a pasar la tarde. Y pese a que lo deseó con fervor apenas unos minutos atrás, a Sasuke le impresionó no recibir respuesta del áureo. Viró la cabeza percatándose de que ahora él era el adelantado y su solecito yacía con la mirada baja a varios metros de su persona—. Naru…
— ¡No! —exclamó el zorrito, con tal determinación bullendo en sus cuencas azules que casi le provocan dar un traspié el azabache, asustándolo—. Lo siento Sasuke, yo soy el culpable —dijo de inmediato, dando varias zancadas para alcanzar las marfiladas manos de su amigo, dramatizando la ocasión—. Te estoy quitando demasiado tiempo y ahora tienes que decidir entre las actividades de Konoha y las que te exige tu familia —¡¿Qué demonios?!
— Dobe, creo que estás confundiendo la…
— ¡Oh por kami ¿Qué es eso?! —gritó nuevamente el cándido chiquillo interrumpiendo al Uchiha, apuntando imperioso a un lejano punto en el firmamento. Nuestro pálido chico de inmediato volteó y… nada ¿Ahora a qué diablos se estaba refiriendo el Uzumaki? Y cuando Sasuke trató de conseguir una explicación se encontró únicamente con la lejana silueta del zorrito, el que ahora corría sin descanso colina arriba en dirección a su hogar—. ¡Nos vemos mañana, teme! ¡Entrena duro! —gritó, despidiéndose enérgicamente y sin dejar su marcha en ningún instante.
Ese rubio idiota lo había plantado.
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Ese día Itachi había arribado a su hogar especialmente cansado. Su vida no era sencilla; muchos pensaban que tratándose del ilustre genio que con tanto ahínco pregonaba su estirpe, todo le sería inusitadamente fácil, pero la verdad era completamente contraria.
Apenas tenía diecinueve años y ya se encargaba de dirigir una buena porción del emporio familiar. Siempre adelantando grados, superando barreras, alzándose sobre cualquier persona, pero en ocasiones lo único que deseaba era ser como cualquier otro joven de su edad; estudiando con empeño pero permitiéndose de igual manera divertirse con amigos o disfrutar de vacaciones, tener una relación que lo hiciese sentir cada día renovado.
Un melancólico suspiro escapó de sus delgados labios. Al menos podía disfrutar de ver el gozo que atiborraba la existencia de su hermanito, de sus ilusiones y de su inocente infancia, bañándose en cándidos sueños y festejando pueriles proezas. Aquel pequeño inmaculado seguramente ya lo esperaba entre la suavidad de los gigantescos sillones de su estancia, acompañado de su simpático amigo blondo, para disfrutar de esa exagerada caricatura de valientes guerreros y batallas épicas.
Apresuró discretamente la marcha, ansioso de ver a su querubín de melenita obscura, el que siempre le regalaba una discreta sonrisa y afectuosas palabras de aliento regadas de admiración.
— ¡Odio a ese maldito rubio tarado! —aunque en ocasiones recordaba, que su otouto no era ninguna encarnación terrestre de la pureza—. ¡¿Cómo alguien puede ser tan imbécil?! ¡Aunque yo soy más idiota por no aclararle las cosas desde el principio! ¡¿Pero cómo le expresó mi repulsión hacía ese espantapájaros del infierno, cuando él sólo se la pasa alagándolo?! ¡Como los detesto a todos!
— Sasuke… —la templada voz ocasionó que todos sus actos y dichos, se paralizaran. Nota mental, no comenzar con un berrinche atestado de malsonantes palabras, en el vestíbulo. Los níveos puños que estaban colisionado contra los almohadones de tonalidades purpura, dejaron su quehacer mientras sus blanquecinos pómulos comenzaban a hervir de vergüenza. Genial, ahora podía agregar otra pizca de tirria a su montaña de homicidas intenciones, por quedar como un niñato majadero y temperamental frente a su distinguido hermano. Algo que obviamente no era su culpa.
— ¡Aniki! —saludó con palpable nerviosismo, tan apenado que su aguda mente no lograba embonar una pretexto para justificar el que estuviese golpeando al indefenso tapiz de la sala—. ¡Llegaste antes de lo planeado! —fue lo único que logró aflorar de su boquita. Al parecer eso que le había dicho el Hyuuga, de que la luna estaba retrograda y las cosas no le iban a salir para nada como quería, era una desconsolada verdad.
— ¿Te peleaste con Naruto-kun? —y al ver como un marcado tic se apoderaba del parpado inferior del pequeño, apenas aludió al güerillo, supo que la mitad de las alteraciones que sufría su hermano era responsabilidad directa del Uzuamki.
— No —dijo claro y sin titubeos—. Es peor que eso.
En la siguiente media hora Sasuke le explicó -haciendo uso de un léxico menos ofensivo- como su improvisado plan para joderle la vida al Hatake, tomó un inadvertido curso, que le ocasionó que el rubio de su corazón se apartara de su persona. Y no es que él fuera dependiente, pero su cuerpo presentaba cierta blonda deficiencia, que exigía la presencia del niño sol lo más que fuese posible.
— Es por ello que la venganza no debe tomarse como un sendero por el cual transitar —declaró Itachi, para de inmediato golpear suavemente la frente del impetuoso menor, al que aún le faltaba mucho por aprender. Como por ejemplo, que existen mejores maneras para atormentar a las personas sin sufrir daños colaterales—. Supongo que luego te pedirá que dejes de ir los domingos a su casa o ya no querrá pasar la noche aquí —su aniki tenía toda la razón ¿Cómo no lo había pensado antes? Naruto es del tipo de personas al que metiéndosele una idea a la cabeza, está infecta cada decisión. Un súbito escalofrío recorrió su delgada espalda.
— Tengo que esclarecerle todo antes de que…
— Aunque en parte tiene razón —interrumpió el de coleta, para conmoción de crío—. Tu listado de actividades extracurriculares ha decaído desde que entraste a cuarto año.
— ¡No es su culpa!
— Cual sea el caso, padre no está feliz con tus progresos —iba a esperar hasta después de la velada para informarle la perspectiva que su progenitor poseía de él, pero aprovechando que el zorrito no estaba presente—. Inclusive el otro día insinuó nuevamente, el asunto de transferirte a una mejor escuela —la misma amenaza. El miedo que lo acosaba desde que rogó por quedarse al lado de su angelito de mirada cielo.
El mayor se permitió que otra sonora exhalación abandonara su boca. No le gustaba ver la estampa atormentada de su hermanito, pero deseaba que en ocasiones sus problemas se pudiesen resolverse de forma tan sencilla como los de él.
— ¿Sabías que Oto fue quien destronó a Konoha de su valorada posición, como el mejor colegio de la zona?
Y con aquella inofensiva pregunta, las contrariedades que requerían mayor priorización quedaban resueltas, pese a que el asunto de la revancha tendría que esperar.
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Por nada del universo podía defraudar a su fantástico profesor de cabello platinado. Intentar que Sasuke cambiara de parecer mediante sutiles comentaros había sido infructuoso, rogarle le expondría en demasía y sabía que contarle la verdad únicamente acarrearía un tremendo lío, por lo que necesitaba el consejo de alguien retorcido, acostumbrado a jugar con las ideas y opiniones de quien le conviniera.
— ¡Por favor, por favor, por favor Sai! —y una macabra sonrisa se ensanchó en aquella pálida tez— ¡No sé qué hacer para que acepte dattebayo! —chilló llevándose sus manitas de canela a sus dorados mechones, jalándolos desesperadamente.
A la vista de la mayoría el Amane era un chico excéntrico pero inofensivo, al cual siempre se le salían palabras hirientes por su franqueza excesiva y su absoluta falta de sutileza. Un chiquillo cuyo hobbie era tanto acosar a quienes consideraba adorables y llamativos, como bosquejar irrealistas mundos haciendo uso de cualquier pintura, lápiz o bolígrafo que tuviese disponible; en general alguien tranquilo, quizás hasta solitario.
Pero Naruto sabía que no era así.
Lo había visto haciendo llorar a su abuela cuando le pidió, luego de una rebuscada historia de cómo su tiempo se le agotaba y quería aquel pequeño consuelo para superar mejor sus padecimientos médicos, que lo transfiriera a la misma aula en la que los había colocado a él y a Gaara. Tsunade accedió instantáneamente.
También como Ayame, la chica de la cafetería, siempre le servía una porción extra generosa de postre, con tan sólo comentarle lo linda que se había puesto y como cuando creciera se buscaría una novia igual de encantadora que ella. Ni a él, con sus encandiladores ojitos de mar le despachaban tan bien.
Inclusive Iruka-sensei le dejó ser de los primeros en escoger el puesto del bus durante las excursiones o lo distraía cuando le asignaba la limpieza del aula, con preguntas tontas como "¿Cuándo va a tener una argolla en su dedo anular, sensei?" Luego de eso al castaño se le olvidaba hasta su nombre.
— Claro que te ayudaré, Naruto-chan —afirmó el pequeño paliducho para encanto del rubiales. No se podía resistir a ninguna petición de alguien tan mono como el Uzumaki, y pese a que adoraba con extrema devoción a Gaara, pasar tiempo a solas con el niñito de los ojitos celestes era un placer que no se iba a negar—. Primero debes entender que es lo que funciona en tu objetivo.
— No entiendo —expresó el despistado kitsune.
— Bueno… no a todos les debes decir lo mismo. Un comentario halagador o retarlos, hacerlos sentir lástima o vergüenza, es distinto en cada persona —aclaró encandilado del hecho de que Naruto sacara una pequeña libreta con forma de rana, apuntando con pésima caligrafía cada uno de sus consejos—. También es necesario que entiendas que no es un recurso ilimitado y hay que saber cuándo y en quienes utilizarlo —para muestra, él nunca se atrevería a confundir a su malhumorado taheño o al rayito de sol; en general reservaba sus artimañas para beneficios que podían proporcionarle algunos adultos—. Si lo usas demasiado, gradualmente perderá su efecto y quedaras como un convenenciero —pronunció son absoluta seriedad, borrando por un instante su gastada mueca de pseudo alegría—. Hay que recordar que en la mayoría de las ocasiones la sinceridad es la mejor política.
— ¿Entonces, debería ser franco con el teme?
— No. En el caso de Sasuke-kun debes manipularlo sin ningún tipo de culpa o duda —él sí se lo merecía.
— ¿Y crees que resulte? —y ante las inquietudes del más joven, Sai se limitó a componer otra sonrisa confianzuda, de esas que tan bien se le daban.
— Por supuesto —aquello era tan certero, como que si besaba a su cerecita terminaría con un ojo morado y sangre en su boca—. De hecho te aseguro que será muy sencillo, casi ni tendrás que hablar.
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Se asomó discretamente al aula, verificando como sus compañeros se adentraban a su primera jornada extraescolar de estudio.
— Hoy repasaremos matemáticas y luego ciencias naturales —ahí estaba, ese esperpento del cubre bocas, el cual lo había colocado en un delicada situación con su primoroso querubín.
No podía creer que todo su plan se destrozaba ante la mínima alteración en su relación con Naruto, ese rubio tenía un macabro e inexplicable poder sobre su persona. Por lo que luego de aparentar que reconsideró la oferta de Kakashi, averiguaría la forma de tener tranquilo y a su lado al dorado pequeñín.
— Sensei… entonces ¿Sasuke-kun no va a participar con nosotros? —preguntó cierta chica de cabello rosado, atrayendo la atención tanto de su profesor como del espía que estaba colocado entre las sombras del apenas percibido corredor.
La expresión del Hatake se ensombreció durante algunos segundos ¡Gracias a Kami que tenía tapada la mitad de la cara! Al menos asi los infantes presentes no percibirían su enojo ¡Pensar que incluso le había rogado al Uzumaki, había tirado toda su decencia con aquella petición, y ni siquiera ese endiablado niño consiguió que el Uchiha accediera a formar parte del equipo! Toda su credibilidad como docente se quemaba frente a sus cansados ojos carbón.
— Al parecer su agenda no se ajusta a las jornadas de estudio o al día del evento —respondió monocorde, sin delatar toda la vorágine pendencia que asolaba su ánimo.
De no haber accedido a aquella ridícula apuesta, casi estaba seguro que en ese exacto momento su jornada impartida a mayores de edad ya habría finalizado, y él estaría relajándose frente a una deliciosa comida cuyo complemento exigiese alcohol. En lugar de lidiar con los mohines que de vez en vez componía Sakura, a la cual se le escapaban con una garrafal frecuencia, comentarios acerca de que no importaban sus esfuerzos sin el Uchiha presente los derrotarían en un dos por tres. O los constantes bostezos de Shikamaru, el que parecía estar más concentrado en su siesta del medio día que en memorizar formulas, o la acides de Neji, preguntando si el cuarto integrante, ya que el insufrible de Sasuke había declinado la oferta, podía ser su prima. Había que admitir que al menos él señalaba algo sensato; Hinata era una niña muy aplicada, una pena que seguramente no podría contestar a una sola pregunta ya que se desmayaría ante la mínima presión, la cual iba a estar rebosante en un evento de tal envergadura.
Y aunque la desesperación del mayor, al parecer pasaba desapercibida para sus compañeros, era completamente apreciable para cierto chiquillo de cabello e intenciones obscuras. Estaba ahí para acceder a representar a la Hoja y humillar al resto de las escuelas pero… igual podría disfrutar por un rato extra la cara de agonizante bufón del Hatake ¿No?
— Ya te encontré —dijo un timbre que le sonaba a canto celestial. Sasuke giró levemente desde su posición en cuclillas, para encontrarse con la sonriente expresión del zorrito.
— ¿Dónde te habías metido? —preguntó imperioso, rememorando como ese bobalicón de cuencas cerúleas lo dejó botado durante el almuerzo, así como también había salido hecho un bólido tan pronto la campana de la última clase timbró.
— Tenía que resolver un asunto de vida o muerte —expresó enigmático, adquiriendo la misma posición que su amigo de piel blanquecina.
— Luego hablaremos —dijo el Uchiha, dispuesto a ponerse de pie de una vez y decidido a zanjar ese asunto con la prontitud posible, dilucidando en el proceso las cosas son su rubio—. Voy de decirle a Kakashi que…
— De verdad que la escuela te necesita y yo estaría muy orgulloso de que mi mejor y más preciado amigo estuviese en un suceso tan importante —le cortó el más joven, volviendo a exagerar la ocasión. Le gustaba que el Uzumaki le sostuviera las manos, pero era un tanto chocante eso de que le impidiese terminar sus oraciones.
— Naruto, voy a …
— Por favor —y luego su cerebro se desconectó por completo. Aquello era un sueño, hermoso, cálido e inusitado. Los tiernos labios de su angelito descansaban en un tímido toque sobre su blanda mejilla izquierda, luego se alejó rompiendo el contacto, con su carita coloreada de un discreto carmín y volviéndole a insistir que accediera a entrar al concurso.
Lo demás se volvió lejano; se ve a sí mismo traspasando la corrediza puerta del salón y aclarándole a un sorprendido Kakashi que ya era oficial que participaría en lo que él quisiera, pero que no le exigiese quedarse a esa sesión de estudio. Entre el júbilo de la pequeña de ojos jade y el niño de mira cielo -¿Qué hacía Naruto en el pasillo?- el profesor accedió. Luego saliendo levemente de su estado de zombi, tomó la mano del de melena de oro y salió corriendo de la escuela, ese día sin duda todo se veía más hermoso.
Por otro lado, nuestro niño de ojitos azules se quedó con la idea de que las tácticas de Sai eran extremadamente eficaces; luego le tendría que dar su pago al otro morocho, el cual consistía en otro inocente beso en la mejilla.
Notas
Y para ponerme al día ¡Actualización semi-rápida de "Elementary School"! Espero que el capi fuera de su agrado, pese a que la participación de Kakashi en esta ocasión fue mínima ¡Pero no todo puede estar centrado en él! Que sin los niños la historia no tendría ni nombre XD.
Esta semana también colgué la continuación de "Stupid Love", que creó que pasó medio desapercibida, y ya que he tenido tiempo extra voy a ver si logró tener lo nuevo de "Así nace el Amor" que ya está en sus últimos capítulos jojojo.
Como de costumbre muchísimas gracias a todos los que apoyan este escrito y me animan con sus fantásticos comentarios:
Zanzamaru; Ang97; Violet Stwy; Hagane Yuuki; Soy YO-SARIEL; TheRusso; Susana Mode; 00Katari-Hikari-chan00; Miru; Kaeru Rei y Guest.
¡Espero leernos pronto y cualquier error me avisan!
