El Código Negro.

Capítulo 2: Aquel viejo e insípido libro.

Todo el mundo miraba lo que estaba en las manos del Dulce Príncipe claramente esperando a que este abriera el sobre, tenía ganas de saber que había dentro del sobre, no iba a negarlo, pero al mismo tiempo le daba miedo que lo que leyeran sus ojos fuera la amenaza de un psicópata asesino. Miraba el objeto que estaba en sus manos sin mucha seguridad, pensando dos veces muy bien en su siguiente movimiento, mirando al cadáver de la paleta helada en el suelo y a la carta entre sus dedos. No, definitivamente no la abriría, prefería mil veces encontrar por su cuenta al culpable del crimen que recibir una amenaza directa del mismo. Y cuando ya estaba por dejar el sobre en el suelo de repente algo le arrebato el sobre de la mano, lo que lo hizo voltear al frente encontrando que había sido Marshall Lee, quien efectivamente tenia la carta en su mano buscando algo por delante y atrás del sobre, como si lo dicho por el monarca de que la carta no era para nadie y que la mandaba un anónimo no fuera lo suficientemente creíble como para que él se lo creyera. Y al ver que en efecto el sobre estaba en blanco, el vampiro, como si fuera cualquier cosa, con sus colmillos rompió la parte de arriba de este y se preparo para sacar lo que sea que contuviera adentro, pero antes de eso, el príncipe se lo impidió.

-¡Marshall, no!- Grito llamando la atención del vampiro y la de los demás espectadores- ¿Estás loco? No puedes leer una carta anónima sin saber primero a quien está dirigida. Puedes involucrarte en algo muy peligroso.

-Pues no lo averiguaremos sin leerla ¡Y ya deja de lloriquear que no me dejas leer!

-No lo sé, Marshall. Deberías considerar la opinión de Gumball- Comento Fionna, quien también pensaba que una carta dentro del cuerpo de un cadáver no podía significar nada bueno.

-¿Tu también, Fi? ¡No puedo creerlo!- Se altero el chico y volteo a ver al monarca para un segundo después sacudiéndolo del cuello del traje gritando:- ¿¡Le lavaste el cerebro a mi novia, degenerado!?

-¡La violencia no es necesaria, Marshall Lee!- Dijo el joven logrando zafarse del agarre del vampiro.

-¡Contigo seré todo lo violento que quiera, hombre de chicle!- Le recalco, golpeándolo con el dedo índice en el pecho.

-Eh… chicos ¿No tenemos un crimen que resolver aquí?- Dijo la humana sintiéndose incomoda al saber que esos dos estaban a punto de tener una de sus clásicas peleas en frente de la mitad de los ciudadanos del Dulce Reino.

-Por supuesto que sí, Fionna- Dijo Gumball mirando fijamente a Lee para después arrebatarle la carta de las manos sin apartar su vista, pero un momento después la retiro, dispuesto a leer el contenido del mensaje- ¿Qué esta…? ¡No entiendo este tipo de lenguaje!

-A ver, idiota, deja que alguien más haga esto- Dijo Marshall arrebatándole la carta y mirando su contenido- ¿Qué diantres es esto? ¿Comadrejas, tal vez? Parece que estoy leyendo las recetas de mi doctor, ¡no se le entiende nada!

-No seas ignorante, Marshall. Esto está escrito en latín, una lengua antigua de muchos años ¡Algo que tu, como vampiro, deberías de saber traducir!

-Mira, no me cambies el tema y dinos que dice ahí- Contradijo él.

-¿Es que no entiendes? ¡Yo no sé leer este lenguaje! Quien lo mando no quiere que cualquier persona lo lea pero… Un momento- Gumball hizo una pausa y puso la carta más cerca de su rostro despertando curiosidad en los demás.

-¿Ocurre algo, Príncipe Gumball?- Pregunto Fionna al ver que la mirada del monarca había cambiado repentinamente.

El joven, por otro lado, no respondió, sin embargo se giro a ver a la multitud que los rodeaba y empezó a decirles a todos que regresaran a sus casas y que pronto tendrían el caso resuelto. La Dulce Gente obedeció al mandato de su soberano y la multitud se extendió en diferentes dimensiones aun hablando y murmurando cosas acerca del caso dejando a Gumball, Marshall y Fionna solos en la escena del crimen. El primero de estos, al ver que ya todos se habían retirado, volvió a mirar el mensaje y se llevo una mano atreves de su cabello de goma sin creerse lo que veía en esta. Interesados, Fionna y Marshall se miraron entre sí para volver a ver al Dulce Príncipe, quien también los miro con una cara que reflejaba angustia y preocupación. Esto también altero un poco a los otros dos y, sin poder esperar más lo que tenía de esa forma al soberano, Fionna se aventuro a preguntar rompiendo el incomodo silencio.

-¿Qué sucede?- Fue lo único que logro decir. Gumball, sin embargo, no podía ser tan directo con ellos, por lo que primero dijo.

-Marshall, Fionna, antes de que me digan cualquier cosa, primero tienen que saber que este idioma es el que le dio origen al que nosotros hablamos y a muchos más. El nombre de cualquiera de nosotros escrito en latín se escribe tal y como nosotros lo escribimos, y son una de las pocas cosas que se pueden traducir de forma fácil con solo leer cualquier escrito de estos.

-Al grano, por favor- Interrumpió Marshall.

-Ya sabemos que la carta no tiene destinatario ni nombre de quien lo envía, pero en su escrito aparece tu nombre, Marshall- Esto dejo sin habla a los otros dos, en especial a Marshall, quien solo se quedo mirando al monarca. Este, entonces, siguió hablando:- Creo que la carta… está dirigida a ti. Tu nombre aparece dos veces.

-¿S-seguro? Puede tratarse de otro Marshall Lee… ¿verdad?- Dijo él, nervioso.

-Es improbable. No conozco a otro Marshall Lee que viva por aquí y ninguno de mis ciudadanos se llama como tú.

-Sí, pero todavía hay que traducir el mensaje. Puede que mi nombre este allí nada más de casualidad.

-Príncipe, si la carta está dirigida a Marshall ¿Cuántas probabilidades hay que sea una amenaza?

-Considerando que tuvieron que matar a alguien para entregarla y la "buena fama" que Lee tiene en toda Aaa… Yo diría que muchas.

-¡Grandioso!- Exclamo el vampiro- Solo eso me faltaba; una amenaza que al fin no viene por parte de mi madre ¿Qué sigue, otra enfermedad radioactiva, u otro loco que quiera tomar mi puesto como rey en la Nocheosfera?

-Cálmate, Marshall. Gumball ya dijo que lo haría saber en cuanto encontrara una forma de saber que dice.

-Y que sea rápido. Quiero que cada insignificante letra de esa hoja de papel sea lo suficientemente clara para entenderla.

-¿¡Entonces porque no la descifras tu!? ¡Todos los vampiros y demonios de la Nocheosfera saben leer este idioma!

-¡Pero yo no! ¡Nunca me enseñaron eso, o es que tengo que recordarte que viví doce años en el mundo de los humanos! ¡Ahora empieza a trabajar en esa cosa y evítame meterme en más problemas de los que ya estoy!

Todos se quedaron en silencio. Ni Fionna ni Gumball habían visto tan enojado al Rey de los Vampiros desde que ocurrió todo lo de Alabaster y el peligro que corrió cuando regreso a su vida humana con el arma radioactiva que invento el Dulce Príncipe, la cual aun seguía guardada en la caja fuerte dentro del laboratorio. Pero de ahí en adelante se había mostrado como el vampiro bromista que fue desde que Fionna lo conoció por primera vez en la Casa del Árbol aquel día en el que las hecho a ella y a Cake de su casa. Si, se enojaba con su hermana cuando ella lo insultaba o empezaban a pelear, pero nunca se enfurecía a como lo estaba haciendo ahora. Tal vez era por el hecho de que su nombre en una carta anónima que a los ojos de todos parecía una amenaza lo tenía desesperado, o también existía la probabilidad de que le preocupara que el cadáver de la paleta helada muerta fuera una advertencia para todos, para él, para Fionna, para Gumball, para toda Aaa. Y es que también estaba eso de no saber el latín, un idioma esencial en el lenguaje de los vampiros puesto que la mayoría de las escrituras estaban escritas así, pero él no sabía hablarlo porque su madre jamás le enseño, y mucho menos las personas con las que vivió durante la Gran Guerra de los Champiñones.

Cuando su madre recién lo encontró, ya después de que Alabaster lo hubiera mordido, ella simplemente le dijo que era el siguiente en la lista para ser el Rey de los Vampiros, y le enseño la forma de gobernar y los reglamentos que debía de seguir, incluso eso de que debía saber hablar el latín, pero jamás le enseño como. De ahí en adelante Marshall pensó que pasaría la eternidad siendo el gobernante de un mundo envuelto en llamas, y como dictaba la tradición, a veces subía al mundo de los vivos y bebía la sangre de algunas criaturas o de los pocos humanos que quedaron con vida. Esto lo hizo durante poco más de doscientos años, pero se harto de dictar leyes aburridas y de beber la sangre de los demás –aunque todavía la sigue bebiendo, pero en secreto-.

Se volvió entonces un "rebelde" con un descontrolado gusto por el rock llegando a convertir el hacha de su familia, el objeto más antiguo de la Nocheosfera y el símbolo que convertía a su portador en el Rey o Reina de los Vampiros. Siglos más tarde Marshall se fue de sus tierras a recorrer toda la Tierra de Aaa, como dijo el día en que se encontró con Fionna y Cake. Su madre a cada momento lo acosaba diciéndole que era su deber como el dueño del Inframundo, presentarse en sus tierras para aclarar asuntos políticamente aburridos y quien sabe que más. Pero el caso fue que de que Lee no regreso otra vez a sentarse en el trono, no lo hizo, pero de que era el Rey de los Vampiros, era el Rey de los Vampiros por la simple y sencilla razón de que él era el único descendiente de Algul Abadder y portaba la Guitarra-Hacha. Nada más.

-Avísanos cuando tengas lista la traducción- Dijo el muchacho, dándose la media vuelta y caminando en dirección a la salida del Dulce Reino.

Fionna y Gumball se le quedaron mirando, extrañados de lo que había pasado.

-¿Qué le pasa?- Pregunto el Dulce Príncipe mirando a la humana.

-No lo sé, estaba bien hace rato. Mejor hablo con él porque parece que esto le está afectando mucho.

-Suerte. Y dile que no se estrese, averiguare lo que dice esta carta antes de lo que canta un gallo- Afirmo el monarca y después camino a su castillo metiendo el mensaje dentro del sobre de la carta. Fionna, por su parte, se encamino a la puerta del reino siguiendo a Marshall Lee.

….

Un portal se abrió de nuevo frente a la puerta de la enorme mansión del cual salió Leo, quien rápidamente toco la puerta y la ventanilla de esta se abrió revelando dos pares de ojos carmesí, los de Magnus, sin duda alguna.

-Contraseña- Pidió Magnus.

-Real Mors- Respondió Leo y Magnus al momento abrió la puerta de la mansión dejando que el vampiro entrara.

-No sé porque, pero creo que tú estás empezando a involucrarte en uno de esos movimientos secretos de este lugar- Comento Magnus, quien después recibió la bufanda gris de Leo, quien no se molesto en responderle al vampiro guardián.

-Yo también, Magnus. Yo también.

Comento y entonces siguió su camino en la misma dirección de la primera vez cruzando toda la planta principal, atravesando el portón al lado derecho de las escaleras, llegando al comedor rodeado de fotografías y diplomas hasta llegar a la puerta que daba a la oficina del Maestro. Llamo a esta y el pase le fue concedido por este mismo. El joven vampiro entonces entro y, a diferencia de la vez anterior, ahora si encontró a quien buscaba, pues en cuanto giro el picaporte y empujo la puerta para que esta se abriera encontró al tipo de la máscara veneciana sentado detrás de su escritorio escribiendo algo con su clásica pluma de cuervo manchada de la punta con tinta. Estaba tan concentrado en su escritura que ni siquiera parecía que acababa de dejar a alguien entrar a su oficina, y Leo, por su parte, solo dio un par de pasos al frente y cerró ligeramente la puerta para después esperar a que el Maestro se diera cuenta de que estaba presente, pues no quería interrumpir su concentración en el papel y la tinta.

-Leo, no tienes que esperar, hermano. Recuerda que estás frente a un viejo amigo- Dijo el Maestro dejando la pluma dentro del frasco de tinta para luego voltear a donde estaba su joven espía, recargando su mentón en su mano derecha- ¿Qué se te ofrece?

-Mi Señor, eh de informarle que lo que me pidió ya está hecho; hice todo lo que me pidió: la víctima fue colgada, nuestro símbolo fue marcado y él mensaje al Rey de los Vampiros ya debió haber sido entregado.

-¡Magnifico, Leonardo! ¡Magnifico!- Exclamo el enmascarado con alegría levantándose y extendiendo sus brazos a ambos lados- Ahora solo nos queda esperar y mañana en la noche Marshall Lee se verá sumergido en la otra cara de Nocheosfera. El pasado de sus antepasados será algo que no podrá olvidar ni en sueños.

-Perdóneme si soy inoportuno, ¿pero que decía ese mensaje?

El Maestro pareció sonreír para sus adentros, aunque la máscara no dejaba ver otros rasgos de su cara más que sus ojos y sus parpadeos.

-A ver si con esto adivinas; tercer reglamento de nuestra hermandad. Dímelo.

-"Todo hermano que caiga será vengado en su nombre y en el del clan"

-Ahora respóndeme;… de todo lo que te enseñamos para entrar a nuestra hermandad, de todos los grandes escritos que se te presentaron, ¿Cuál de todos ellos es, para nosotros, el más importante?

-El Manual, según yo- Respondió Leo, pero el otro negó con la cabeza.

-No, Leo, ese es el segundo más importante, hijo. Pero no te preocupes, la mayoría de nuestros hermanos hubiera dado la misma respuesta, una que muy pocos, y que por desgracia ya están muertos, sabían. Digo muy pocos porque solo a los mejores se les revelaba esto, entre ellos a Alabaster Skull.

-Ah, entonces… creo que pierdo mi tiempo aquí. No merezco saber tan importante información.

-¡Tonterías, Leonardo! Tú, hasta ahora, eres el mejor de mis espías y el chico más confiable al que conozco. Es por eso, que ya ha llegado la hora de que sepas lo que hay más delante de lo que tus tutores y yo te enseñamos.

-Estoy listo, Maestro- Afirmo el joven con la felicidad reflejada en el rostro.

El enmascarado entonces abrió un cajón de su escritorio de madera y, de este saco un libro de no muchas páginas a comparación de lo que era el Manual. Era un libro muy viejo, de portada azul polvorienta, hojas que ya habían tomado ese claroscuro tono amarillo en el que se convertían con el pasar del tiempo, partes de las esquinas descosidas y pedazos de tela que sobresalían de aquí y allá. La portada estaba adornada de unos elegantes espirales negros que se hacían notar más en las cuatro esquinas del libro que, en el medio de la portada, estaba escrito el titulo de la antigüedad con letras que apenas se alcanzaban a ver debido a todo el polvo que tenía encima. Era muchísimo más viejo que el Manual, y para que el Maestro lo tuviera reservado para "los mejores" de la clase de políticos, filósofos, asesinos, tutores y espías que él se encargaba de que recibieran una educación acorde al ritmo que tenía cada sección ese libro debía ser muy importante. Leo no sabía porque, él era un muchacho y uno de los muchos espías que trabajaban bajo las órdenes de quien se escondía detrás de la máscara veneciana.

Hasta hace cinco minutos él había sido un peón más en el tablero de ajedrez en el que todos jugaban por parte de él, uno de los primeros que se sacrificaban para mantener a salvo la vida del rey, pero ahora, de un momento a otro, resultaba que el rey lo convertía en alfil. No se le podía presentar más grato honor que el que estaba presenciando, ganas de llorar incluso tenía, servirle al Maestro era como si le permitieran conocer absolutamente todo y ser feliz sin importar lo que dijeran los demás de él, o como ser el elegido de un dios, pues llegar a ser uno de los "grandes" fue un sueño que Leonardo se obsesiono en alcanzar. Todavía podía oír a sus tutores dándole palabras de aliento cuando se caía, los gritos que lo inspiraban a desafiar al más fuerte, las enseñanzas que lo hacían querer saber más, los golpes que le enseñaron que la vida debía ganarse y, como olvidar, las últimas lagrimas que derramo antes de conocer al Maestro.

-Hoy, Leo, a tus manos llega un conocimiento que muchos de nuestros hermanos no es revelado. Te aseguro, por el Fénix que renace de sus cenizas, que de hoy en adelante serás mi mano derecha, serás mis oídos, serás mis ojos, serás mi voz al igual que otros.

-Es honor ser de su confianza, Maestro- Dijo Leo, honrado a más no poder.

Y el otro, entonces, soplo ligeramente sobre la portada del libro revelando el titulo de este, el cual estaba escrito en una elegante letra cursiva de oro, lo único que no parecía tener mil años de todo el libro. Ahí, a simple vista, se podía leer una pequeña oración que decía "El Código Negro" y debajo del título, donde se suponía que debía estar el nombre del autor, no había nada. Una obra sin director, en pocas palabras.

-A este libro nosotros le conocemos como El Código Negro, Leo. Aquí está los secretos mejor guardados de toda la Nocheosfera, pero a mí parecer, creo que lo más importante de todo esto son las respuestas que pueden librarte de la muerte.

-¿Pero qué tiene que ver con el tercer reglamento de nuestra orden?

-Tiene mucho que ver porque en las hojas de este libro se encuentra el futuro tormento de Marshall Lee. Con esto en nuestras manos nos aseguraremos que el asesino de Alabaster Skull pague por lo que hizo- Explicaba el Maestro deslizando el libro hasta Leo- Puedes leerlo. Aprende un par de cosas nuevas y… que el destino este de tu lado.

El muchacho considero las palabras del enmascarado y, luego de una respetuosa reverencia, tomo en sus manos el libro teniendo el sumo cuidado de no cometer una tontería y que se le cayera al piso. Salió de la oficina llegando a la sala del comedor y se sentó en la primera silla que vio, apoyando el objeto en la superficie plana de la mesa. A simple vista el llamado Código Negro era solo un libro viejo guardado en el cajón de alguien, pero de estar en el lugar de Leo, de sentir lo que él sentía de solo estar presente ante esa pasta vieja; lo hacía sentir como si al momento en que la abriera, todo el Universo seria controlado por él.

Debía controlarse, el Maestro fue quien le dio el honor de ver lo que ocultaba ese libro así que no podía hacerse ilusiones de llegar a un rango más alto que él. Era su amigo, su hermano, su padre, no podía darle la espalda de un día para otro porque lo condenarían a muerte o lo exiliarían de la Orden por desobedecer la ley de la casa, que era convertirse en una familia, un clan de vampiros guiados por el Maestro, quien desde tiempos pasados había sido "el padre" de todos y todas.

-Bueno… si el Maestro insiste- Y entonces lo abrió…

….

Marshall Lee flotaba sobre su sofá componiendo uno que otros acordes con su Guitarra-Hacha no muy animadamente, solo estaba ahí, flotando con su guitarra en las manos para arreglar las cuerdas que estaban fuera de su lugar. La pequeña discusión que había tenido con el Dulce Príncipe lo había dejado emocionalmente cansado a pesar de que tenía pleitos parecidos a cada rato con su madre, quien desde hace cinco meses se había encargado de la Nocheosfera y lo dejaba en paz con la condición de ir uno o dos días por mes. Sin embargo y cambiado de tema, Lee estaba consciente de que no debió haberse ido así como así del Dulce Reino y menos estando Fionna presente, pues el Rey de los Vampiros bien sabía que se preocupaba mucho por él, cosa que dio a notar el día en que supuestamente él "murió" en la enfermería del castillo por culpa de Alabaster y la enfermedad radioactiva que se había apoderado de todo su cuerpo.

Y justo cuando estaba en uno de esos momentos de pensamientos profundos, alguien toco a la puerta haciendo que el muchacho se disgustara un poco por ser interrumpido, y si llegaba a ser uno de esos vendedores baratos que iban de puerta en puerta para convencer a los idiotas de que compraran lo que vendían, definitivamente no lo iba a pensar dos veces antes de comérselos. Marshall, dejando su guitarra en el sofá, floto hasta la puerta y la abrió activando sus ojos de demonio teniendo en la mente asustar al pobre desgraciado que estaba detrás de la puerta. Pero apenas se dio cuenta de que era Fionna quien lo llamaba y que se había quedado mirándolo de manera rara, este se sintió completamente avergonzado de sí mismo por casi comerse a su propia novia.

-Lo siento, Fi- Se disculpo regresando el color de sus ojos a su forma normal- ¿A qué venias, lindura?

-Marshall, tenemos que hablar de la forma en la que te comportaste en el Dulce Reino- Dijo ella.

-Pasa si quieres- Ofreció Lee haciéndose a un lado para dejar que la aventurera pasara, y eso hizo- Y bien, ¿de qué se quejo Gayball ahora? ¿Herí sus afeminados sentimientos?

-No. Pero si nos preocupaste mucho por la forma en que te fuiste ¿Te pasa algo, por curiosidad?

-Claro que no, Fi- Ella levanto una ceja no muy convencida de la respuesta de Marshall. El vampiro, por su parte, no aguantaba esa mirada de Fionna y maldecía cada vez que se la mostraba, pues después escupía todo lo que se suponía era un secreto- ¡Ay, está bien! El asunto de la carta me tiene preocupado.

-¿Preocupado? ¿E-escuche bien, tu, Marshall Lee, el Rey de los Vampiros, el holgazán rockero que conozco desde hace cinco años… está preocupado? ¡Esa si es nueva, Marshall! Si el Príncipe Grumoso estuviera aquí te aseguro que no pasarían ni cinco segundos cuando todo Aaa ya estuviera enterado.

-¡Fionna!- Exclamo él al no hacerle gracia.

-Bueno, ya. Pero preocupado de que, el Dulce Príncipe ya dijo que la traduciría antes de que cantara un gallo. Además, no es como si no estuvieras acostumbrado a las amenazas, Marshy.

-No sé que porque, pero eso lo último no me ayudo mucho- Comento Marshall descendiendo del aire hasta quedar sentado en la alfombra.

-Entonces intentemos otra cosa.

Antes de que Marshall pudiera decir algo, Fionna ya se había abalanzado a él besándolo en los labios. El vampiro correspondió el gesto abrazando a la humana de la cintura para acercarla un poco más, pero sin dejar de besarla y, cuando la cosa ya estaba llegando demasiado lejos, Fionna se separo lentamente del joven, a quien luego abrazo hundiéndose en su pecho mientras sonreía. Pero Marshall sabía que ya era muy tarde como para que ella todavía estuviera con él casi a mitad de la noche con su gata loca seguramente preguntándose en donde podría estar, y si llegaba así de tarde con ella no esperaría otra cosa más que una buena paliza por parte de Cake. Y ya estaba por decirle a su novia que debía regresar a la Casa del Árbol, pero no se espero que, al momento de voltear la encontrara dormida sobre su él aun abrazándolo, con su tibio aliento entrando, sus hermosos ojos azules cerrados y unos mechones de su cabello rubio cayéndole encima del rostro dándole una apariencia angelical a la heroína de Aaa.

No tuvo otra opción más que dejarla dormir con él por esa noche. Si, estaba consciente de que Cake lo dejaría peor que Alabaster cuando llevara a Fionna en la mañana diciendo por primera vez lo que en verdad ocurrió y ser premiado con el filo de las garras de su cuñada, que desde que se entero de que su hermana y él tenían una relación empezó a afilarse las uñas como si no hubiera mañana, e incluso había veces en las que no se las cortaba. Fue entonces que Marshall cargo a su novia teniendo cuidado de despertarla y la llevo flotando hasta su habitación, donde la coloco suavemente en la cama y después la arropo con las sabanas besando su frente. Bostezó unos segundos después dándose a entender que su cuerpo también le pedía descansar después de todo lo que paso en él día, y claro, Marshall definitivamente no iba a dormir en el horripilante sofá "de piedra" que tenía en la sala de su casa.

Lee entonces se sentó en el colchón de la cama, se quito los tenis y se acomodo al lado de su novia, quien entre sueños se dio la vuelta y paso uno de sus brazos por encima de Marshall, quien se río despacio y luego abrazo a su amada por la espalda acercándola más a su cuerpo y acomodándola sobre su pecho tal y como ella estaba antes de que la llevara a dormir con él.

-Descansa, Fi- Murmuro en su oído- Buenas noches.

La besó de nuevo en la frente, acomodo su barbilla encima de la cabeza de Fionna y poco a poco fue cerrando los ojos hasta caer en sueño. Amaba tanto a Fionna que le era casi imposible estar separado de ella, no poder oírla, no poder verla. Perderla sería lo peor que podía pasar aun después de ser un vampiro y sobre todo, el rey de ellos. Aunque al mismo tiempo agradecía serlo, pues con los mil años de vida que llevaba había conocido a la persona que sin duda alguna era la más importante en toda su vida: Fionna, la humana.

(Llega bailando la conga)

¡Conga, conga, Conga! ¡Conga, conga, Conga! ¡Conga, conga….!- Mira que los fans están presentes y sale de la conga- ¡Con ganas de volver a verlos, chicos! Ay, los extrañe tanto que ni recuerdo la última vez que me dejaron un Review. Seguro y se están preguntando porque llegue bailando la conga, y es porque ¡EL VIERNES SALGO DE VACACIONES! ¡SI! ¡EN TUS NARICES, DESTINO! Solo necesito sobrevivir estos cuatro días en clases y ¡Listo! A disfrutar de las vacaciones.

Ah, sí, mil perdones. Tal vez se estén preguntando que es El Código Negro (a parte del titulo de la historia, por supuesto) La única información que puedo darles de este viejo artefacto es que todos "los grandes" de las secciones del lugar donde vive el Maestro (el nombre se revelara tarde o temprano, no se preocupen) como los aesinos y espias, han hecho grandes cosas después de leerlo ¿Cómo? Eso lo descubrirán en mi historia. Y bueno, ¡HORA DE LOS AGRADECIMIENTOS!

Mil gracias a Fiioremarcy117, ADHDA10, Princess Keida, Fioliny Marcy, Kateryn, Yoshii Lee, Blackoctubre y Paqs por sus Reviews en el capitulo pasado, que por un momento pensé que nadie se dignaría a leer. Pero bueno, el Universo estuvo de mi lado y a si fue. Y para aquellos que tienen curiosidad del Maestro, no se desesperen, habrá mucha información de él en la continuación de todo esto. Y ya me tengo que ir, fue un placer verlos. Adios

Riux, Chaitooo. ¡LOS AMO!