El Código Negro.
Capítulo 6: Atrapados en el laberinto.
El Maestro estaba sentado detrás de su escritorio aun vestido con el elegante traje negro que uso para darle la información a sus hermanos y hermanos y también para inaugurar el baile en honor a Leonardo por haber ascendido al puesto de Grande. Como siempre, su oficina apenas era iluminada por el débil resplandor de las lámparas antiguas que tenia detrás de él, pero la iluminación era lo suficiente para que el enmascarado pudiera ver lo que sostenía en sus manos. Tenía en ellas una fotografía adornada alrededor por un bonito marco de madera negra. La imagen dentro del marco mostraba a una hermosa mujer de unos veintiséis años que era humana, era verdaderamente hermosa, tenía el cabello de un café profundamente oscuro en el que, gracias a los rayos del sol, revelaban unos mechones rojizos; sus ojos eran de un café más claro pero igual de bonito. Su piel estaba medio bronceada y una sonrisa se formaba en sus rosados labios viendo a quien era el responsable de tomar la fotografía mientras ella estaba ligeramente inclinada en una banca localizada en un parque que, después de la guerra, sin duda ya había desaparecido. Estaba vestida de una blusa roja de tirantes y unos pantalones de mezclilla azulada que llegaban debajo de su rodilla. El Maestro no pudo contenerse a tocar el rostro de la chica con la yema de su dedo y soltar un suspiro. La mujer de la fotografía durante un tiempo fue su prometida, la persona con la que estuvo dispuesto a pasar el resto de su inmortal vida y la de ella prometiéndole que de alguna manera encontraría la forma de hacerla como él; y lo logro, logro crear algo que la mantuviera a su lado por siempre, pero ese mismo día la tragedia toco su puerta.
-Helena…- Murmuro el Maestro sin quitarle el ojo de encima a la mujer de la fotografía. Si, Helena se llamaba, y ella y el Maestro tenían una relación de la que nadie sabía. Y nadie lo sabía porque su amada había muerto por culpa de unos demonios que habían subido a la tierra de los vivos, es decir, al mundo humano.
-Mi Señor- Llamo alguien detrás de la puerta, la cual se abrió lentamente hasta revelar el rostro de Leo-, ¿puedo pasar?
-¡Claro, Leonardo! Adelante, muchacho, sabes que ya no tienes que ser tan cortes conmigo- Dijo el enmascarado dejando la fotografía en el escritorio- ¿En qué te puedo servir, hijo?
-Quería preguntarle si no ha visto a Andrea Van Garrett- Dijo Leonardo, quien ya vestía con el atuendo que uso cuando tuvo que darle la noticia a su superior.
-Precisamente ahora la señorita Van Garrett viene para acá a tratar un asunto importante, cosa que también aplica en usted. Y es curioso porque estaba a punto de llamarlo- Dijo el Maestro recargando su espalda en el respaldo de su silla- Pero ya en serio ¿Qué se traen ustedes dos?
Las mejillas de Leonardo adquirieron un tono rosado cuando escucho eso.
-¿A qué se refiere, Señor? Andrea y yo acabamos de conocernos, no somos más que amigos, si es que ella está de acuerdo en eso- Decía el vampiro, titubeante.
-Como tú digas, Leo. Como tú digas- Dijo el enmascarado, riéndose para sus adentros.
De repente la puerta de la oficina volvió a abrirse dejando entrar a Andrea, quien ahora vestía de diferente forma a como Leonardo la recordaba, un estilo como de pirata, pero sin exagerar. Llevaba puesta una blusa de manga larga blanca suelta con escote con una de las mangas rota y encima un chaleco de piel de color negro. Por encima de todo esto llevaba una canana o carrillera de esas que usan para llevar balas en los tiempos revolucionarios, pero en lugar de balas, Andrea llevaba granadas, bombas de humo, frasquillos de nitroglicerina, jeringuillas y una que otra bala. Llevaba también un cinturón negro y a los lados de este se encontraba un cuchillo de caza, y un par de pistolas que, al verlas, dejaron a Leonardo con la boca abierta. Sus piernas estaban cubiertas de mallas de color negro, solo que estas no se veían por completo porque Andrea tenía puestas unas botas que le llegaban a las rodillas, también de color negro.
En su cabellera todavía llevaba el mechón de cabello atrapado en las bolitas de colores. Era lo único que no la hacía ver como una asesina en serie.
-Perdónenme la tardanza, uno de mis estudiantes se clavo un cuchillo por accidente en la mano y tuve que llevarlo a que se lo quitaran… ¡Hola, Leo! No esperaba verte aquí, viejo- Dijo ella dirigiéndose al muchacho, quien le sonrió tímidamente.
-Yo tampoco, pero me alegro de hacerlo.
-Chicos- Los llamo el Maestro y estos pusieron atención al momento- Gracias. Primero quiero felicitarlos por haber tenido éxito en enviarle nuestra señal al infeliz asesino que mato a Alabaster Skull…
-De nada- Comento Andrea interrumpiendo al Maestro, quien un segundo después prosiguió.
-Las pruebas ya empezaron para Marshall Lee y quiero pedirles que se encarguen de que todo siga como está escrito en El Código Negro- Les dijo, sacando el viejo libro del cajón de su escritorio y abriéndolo en la página donde estaba lo que les ordeno que hicieran. Leonardo le echo una mirada rápida a este y, sorprendido, se giro a ver al Maestro.
-Mi Señor, esto es demasiado extremo- Le dijo, al ver las barbaridades que le esperaban a Marshall Lee- ¿Y de donde vamos a sacar todo esto?
-Yo personalmente se los daré. Cada una de las cosas que vienen ahí las tengo yo en mi poder, pero por la primera prueba no se preocupen, Marshall Lee ya está por completarla.
-¿¡Que!?- Exclamo Andrea- ¿Paso las cuchillas sin hacerse ningún daño? Y yo que esperaba que se cortara un brazo, al menos.
-Paciencia, Andrea, recuerda que quedan más fases que completar. Ya te has encargado varias veces de ellas, sabes a la perfección que empeoran cada vez más.
-Me gustan que las cosas pasen rápido, usted lo sabe. Leo, prepárate para trabajar en el mejor método de tortura que ha existido jamás ¡Sera épico!
El joven vampiro no supo que responder a eso, solo se quedo mirando a su emocionada compañera, quien parecía más emocionada por esas pruebas que un niño en plena Navidad. Miro el libro en el lugar donde estaba la primera de las pruebas que estaba dividida en dos partes, la primera consistía en cruzar una cámara llena de péndulos y cuchillas que eran activados por algún dispositivo o movimiento y la segunda parte no se veía tan peligrosa, pero de igual modo podía resultar un poco difícil de solucionar y al mismo tiempo algo peligrosa…
…..
Fionna y Marshall atravesaron la puerta aun agotados por haber pasado a través de las cuchillas mortales que casi los matan en cámara de la que acababan de salir, pero si lo pensaban un poco, la cosa pudo estar peor. Tanto era su cansancio que no se dieron cuenta de lo que había frente a ellos cuando cerraron la puerta, solo miraron hacia arriba encontrándose con que todavía era de noche y en el cielo aun se podía notar la infinidad de estrellas del firmamento, debían ser como alrededor de las nueve de la noche porque habían partido antes de esa hora. Fionna miro al frente y se encontró con una especie de pasadizo con paredes rocosas que terminaba como a veinte metros de distancia y se abría en forma de T. Las paredes median como quince metros de alto y apenas eran iluminadas por la débil luz de la luna y no parecía haber nada alrededor.
-Marshall- Llamo a su novio y este la atendió, volteando a verla- ¿En dónde estamos?
El vampiro miro a su alrededor encontrándose con las paredes altas y grises y el largo pasadizo que terminaba en forma de T. Floto por encima de las paredes y sus ojos se abrieron impresionados cuando se dio cuenta de en donde estaban. Solo con ver los pasadizos que llevaban de un lugar a otro, a callejones sin salida y a otros tantos pasadizos lo supo bien. Estaban en lo que era la salida de un laberinto, un enorme y gigantesco laberinto lleno de quien sabe que tantas cosas. Desde ese punto no podía localizar la salida, ni siquiera parecía haber salida. Descendió del aire hasta donde se encontraba Fionna, quien al instante pregunto que había visto, a lo que Marshall respondió:
-Estamos dentro de un laberinto. Uno muy grande- Dijo él.
-¿Lograste ver el final?- Marshall negó con la cabeza- Bueno, entonces… ¡podemos llegar volando! No creo que haya más péndulos colgantes por aquí.
-Puede haber trampas invisibles. Déjame ver.
Entonces Marshall Lee volvió a subir al aire y avanzo un poco hacia adelante volteando a todos lados tratando de encontrar alguna trampa por el alrededor, pero sin darse cuenta, cuando ya estaba por terminar de recorrer los veinte metros del pasadizo, de repente choco con una fuerza invisible que termino por enviarle una descarga eléctrica por todo el cuerpo haciéndolo caer del aire como un mosquito. Cuando vio a su novio golpearse contra el suelo Fionna al momento corrió a él arrodillándose a su lado, dándose cuenta de que el cuerpo de Marshall aun despedía descargas eléctricas, con un tic constante en el ojo derecho y el cabello de punta, despidiendo descargas de igual manera.
-¿Te encuentras bien?- Le pregunto, preocupaba. Pero sin responder, el vampiro se inclino en el suelo sintiendo la electricidad todavía recorrer su cuerpo, pero luego de sacudirse la cabeza reacomodando su cabello y parte de la consciencia dijo:
-Creo que sí. Pero al parecer tendremos que cruzar este lugar caminando, tiene una especie de fuerza eléctrica invisible alrededor los pasillos.
-¿Eso significa que tendremos que caminar por todo un laberinto? ¡Tardaremos años!
-No si nos apuramos ¿Sabes algo sobre laberintos?- Dijo el Rey Vampiro al tiempo en que se ponía de pie.
-Solo que te pierdes con facilidad. La última vez que estuve en uno de estos dimos cientos de vueltas y a cada rato nos perdíamos.
-¿Qué estabas haciendo en un laberinto?
-Teníamos que encontrar unas guerreras-salchicha del Príncipe Hot Dog. No quiero hablar del tema.
-Ah, pues entonces vámonos antes de que se haga más noche. Este lugar es muy grande y creo que vamos a necesitar toda la noche para llegar a la mitad.
Resignados a tener ambos se vieron obligados a tener que caminar, y al estar ya en medio del pasadizo en forma de T, tomaron el camino de la derecha deseando terminar rápido con todo eso. El pasillo que tomaron era más corto que el primero y solo tenía una salida que iba a la izquierda, la cual Fionna y Marshall Lee se vieron obligados a tomar, y al llegar al final de esta se encontraron con otros tres pasillos, pero al no saber cual tomar eligieron al azar y se fueron derecho, donde encontraron varios huesos regados debajo de las paredes y un desagradable aroma a descomposición. Las paredes, al igual que en la primera cámara, estaban manchadas de sangre seca, pero en las del laberinto también se veían marcas de aruñones, lo que significaba que muchos también habían pasado por lo mismo que ellos, pero no se explicaban porque pudieron haber desgarrado las paredes o por cual razón estas también estaban manchadas de sangre. Los huesos regados por todos lados debieron ser porque tal vez murieron de hambre y se convirtieron en esqueletos sin vida, aunque eso no explicaba porque estaban por aquí y por allá como si los hubieran agarrado y los hubieran dispersado nada más para darle un toque más tétrico al lugar.
Continuaron avanzando por el camino que tomaron, dando vuelta a la izquierda cuando llegaron al final de este, pero al momento de dar la vuelta se encontraron con que era un callejón sin salida, por lo que se vieron obligados a retroceder, regresar al lugar donde encontraron los otros tres pasillos y tomar el de la izquierda, pero este también había resultado ser un callejón sin salida, así que tomaron el de la derecha, el cual tenía otras tres aberturas en diferentes direcciones de las cuales tomaron la de la izquierda, la cual resulto ser un poco larga y solo tenía una abertura a la izquierda, lo que los obligo a ir en esa dirección. Antes de dar la vuelta, Marshall percibió un olor que le resulto bastante familiar, un olor a putrefacción y muerte al que se había acostumbrado hace un tiempo. Marshall entonces detuvo el paso de Fionna y le cubrió la boca para después jalarla hacia él antes de que diera la vuelta en donde Marshall percibía el desagradable olor para después asomarse un poco por la esquina mientras su novia intentaba quitarse su mano de la boca.
-¿Y a ti que mosca te…?- Pregunto la humana cuando por fin pudo hablar.
Marshall la silencio de repente poniendo un dedo frente a su boca soltando un siseo al mismo tiempo.
-Mira- Le dijo en susurro y la llevo a la orilla diciéndole que viera lo que estaba a la vuelta.
La joven se quedo sin palabras cuando vio que, en medio del pasillo, se encontraba una figura a la que no pudo ver muy bien porque estaba apoyada sobre sus cuclillas dándoles la espalda al tiempo en que parecía jalar algo bruscamente con su quijada. Puso más atención en su aspecto y se dio cuenta de que las ropas de la criatura estaban muy desgastadas y sucias. La curiosidad la dómino por completo al querer saber qué cosa era lo que estaba en medio del camino, pero cometió el error de pisar un hueso que estaba a sus pies, lo que hizo que la criatura de repente detuviera lo que estaba haciendo y volteara rápidamente hacia atrás revelando su rostro deforme, con la quijada doblada, partes del cráneo al descubierto y lo que le quedaba de la piel estaba chamuscada, de un color extraño y los ojos hundidos, claramente en estado de descomposición… Era un zombi.
Marshall retiro a su novio de la vista de la criatura apegándola de nuevo a la pared para que la criatura no los atacara.
-¿Crees que nos haya visto?- Pregunto Fionna, un poco asustada.
-No lo sé, pero considerando que perciben el olor de la carne, yo diría que hay que irnos- Dijo Marshall, asomándose otro poco para ver si el zombi venia a ellos, pero siguió haciendo lo suyo.
-¿Pero que hace un zombi en un laberinto de este tamaño?- Pregunta Fionna.
-Eso es exactamente lo que me estoy preguntando. Y no creo que solo sea uno, debe de haber más.
-No podemos retroceder, Marshall ¿Qué tal si este es el camino correcto?
-Pues no vamos a continuar con eso bloqueándonos el paso. Vamos a tener que matarlo- Sentenció, empuñando su Guitarra-Hacha, la cual había tenido colgada en su espalda durante todo el viaje. De su mochila, Fionna también desenfundo su arma dispuesta a atacar a la horrorosa criatura antes de convertirse en la cena de esta misma- Intenta golpearlo en la cabeza. Es la única forma de matarlos.
-Entendido- Afirmo Fionna, que al poco rato se atrevió a dar el primer pasó con su espada apuntando al frente. Ya hace mucho había tenido una experiencia contra zombis, pero no dentro de un laberinto, más bien en el Dulce Reino, cuando Gumball intento revivir a la Dulce Gente muerta y cuando intento hacerlo de nuevo, pero que por accidente la Señora Pan de Canela había intervenido con su experimento.
La criatura logro escuchar los pasos de Fionna detrás de él y por supuesto no se le escapo el olor de la carne humana y el fuerte olor a sangre que recorría todo el cuerpo de la humana. El zombi a duras penas se puso de pie y arrojo al piso lo que había estado comiendo y a lo lejos Fionna noto que se trataba de un brazo con múltiples mordidas y pedazos de la piel arrancados. Le dieron nauseas al ver eso, pero se concentro en el zombi preparándose para darle sus pataditas, como diría Cake. Y a pesar de la poca luz que les ofrecía la luna tanto el vampiro como la humana se dieron cuenta del aspecto horrible y deplorable que tenía ese cadáver con vida. Uno de sus hombros estaba más alto que el otro, lo que significaba que tenía un brazo roto, su pie derecho estaba chueco, en su cara claramente se veían sus dientes completamente manchados de sangre, su mandíbula al descubierto y, como ya se había dicho antes, su ropa estaba sucia y con el paso del tiempo esta se convirtió en harapos.
-Prepárate- Advirtió Lee, poniéndose en posición para atacar.
De un momento a otro, el zombi empezó a dar pasos medio rápidos hacia ellos arrastrando su pie derecho por el suelo mientras que de su boca deforme salían sonidos extraños, gruñidos, más o menos. No le faltaba mucho para llegar a donde ellos, y cuando alzo sus brazos para atraparlos y morderlos pensando que su cena ya estaba asegurada, Marshall Lee de repente dio un paso rápido al frente poniéndose entre Fionna y el zombi para luego impulsar su arma con ambos brazos al frente cortando así el cuello de la criatura mandando a volar la cabeza de este dejando únicamente el cuerpo sin cabeza del muerto viviente, el cual se desplomo en el suelo al momento en que su cabeza termino en el suelo. Fionna tuvo que taparse la nariz para poder aguantar el asqueroso olor a descomposición que desprendía el cadáver, era un verdadero asco tener a sus pies un cadáver pudriéndose por dentro y fuera mientras el individuo seguía vivo, aunque en este caso Marshall se había encargado de matarlo.
-Está oscureciendo más- Comento el Rey Vampiro cuando vio que ya casi no había luz de luna- ¿Tienes fuego?- Ella negó- Bueno… De igual modo podemos usar uno de estos huesos para hacer una antorcha, ¿te parece?
-¿Y si regresamos por una de las que vimos en la cámara de los péndulos?- Sugirió Fionna, pateando el cuerpo del zombi a sus pies.
-Por supuesto que no. Hasta crees que voy a arriesgar tu vida así nada más, Fi. Me hice la promesa de que no permitiría que por nada del mundo te pasara algo, y pienso mantener mi promesa en pie- Dijo para después agarrar uno de los huesos que estaban por ahí, arrancarse un pedazo de la manga de su camisa a cuadros, ponerlo alrededor de un extremo del hueso y empezar a golpear dos rocas que encontró por ahí intentando hacer fuego.
-¿Seguro que funcionara?
-Espero que sí, no arruine mi camisa favorita por nada- Respondió, empezando a crear chispas cuando las rocas tenían contacto.
-Insisto en que deberíamos regresar por una antorcha.
-No. Puede haber más zombis por ahí, Fi ¿Qué tal si nos acorralan?
-Creí que siendo el Rey de los Vampiros los muertos te obedecerían. Tu mismo lo dijiste, ¿recuerdas?
-Eso solo funciona cuando yo los levanto de sus tumbas. Mientras, no.
-Podríamos darle sus pataditas o cortarlos a la mitad. No son tan rápidos, y no creo que tampoco sean tan inteligentes ¿Quién te asegura que el hueso resistirá al calor del fuego?
-Empiezas a hablar como Gumball, Fi. Creo que voy a tener que prohibirte ver a ese sujeto en los próximos cinco años- Decía, sin dejar de golpear las rocas- Yo sé una cosa o dos sobre huesos, y de que no resisten el fuego, pues no lo resisten. En cuanto logre encenderlo, en pocos minutos se calcinara, pero podemos hacer otro igual.
-Me agrada la idea, Marshy, pero creo que sería más útil usar mi linterna- En cuanto escucho eso, Marshall Lee dejo de golpear y volteo a ver a su novia, quien ya tenía la linterna en la mano.
-Ooops, creo que debí decírtelo antes, ¿verdad?- El vampiro asintió sin decir una palabra- Da igual, hombre, puedes cocer tu camisa después- Y entonces encendió la linterna, iluminando un poco más el pasillo en el que se encontraban.
-Ay, Fi, ¿qué voy a hacer contigo?
-Deshacerte de mí no es una opción- Comento ella, divertidamente mientras guardaba su espada en su mochila y Marshall volvía a colgarse su Guitarra-Hacha en la espalda para no tener que cargar con ella en la mano todo el camino. Ya si los atacaba otro zombi simplemente tenía que sacarla.
-Fuimonos.
Continuaron su camino iluminando cada parte con la luz de la linterna que Fionna afortunadamente traía dentro de su mochila, aunque claro, a Marshall le hubiera gustado más no haber roto la manga de su camisa por nada ¿Pero que iba a hacer? La chica humana era incorregible en todos los sentidos, y eso era una de las tantas cosas que él adoraba de ella. Si Fionna no hubiera estado presente cuando la cuchilla del péndulo estuvo a punto de partirle el cerebro por la mitad sin duda alguna nadie en Aaa volvería a saber de él, ni él de nadie. Y aunque agradecía enormemente que Fionna lo hubiera acompañado en tan peligroso viaje a quien sabe donde, al mismo tiempo estaba con el pendiente de que algo llegara a pasarle, como cuando peleo con Alabaster Skull aquel día hace cinco meses en el que todo el mundo creyó que él había fallecido a manos de este mismo. Aun tenía marcada en sus mejillas las cicatrices de las garras de Skull, ya no eran tan notables como antes, pero si uno se fijaba bien podía ver unas ligeras marcas en ambas mejillas. Y a él también le había dejado un recuerdo de despedida, pero las marcas de él eran menos notables que las de su novia, aunque por alguna razón algunas no se cerraron por completo y dejaron varias cicatrices en su cuerpo.
Pero volviendo al tema, por el momento el Rey Vampiro se centraría en evitar que Fionna saliera herida en todo el transcurso del viaje. Era la primera prueba a penas, ese laberinto debería ser la última parte y, por lo que vio cuando quisieron saber en donde estaban, el tamaño y múltiples pasadizos engañosos de la construcción serian todo un problema que superar. La construcción le recordaba a un viejo personaje de la historia que ya muchos debieron olvidar: Dédalo, el gran constructor del Laberinto de Creta. Según la historia, leyenda, mito o lo que sea, a ese viejo artesano griego lo mandaron a construir un laberinto para encerrar en él al Minotauro, una bestia descomunal con cuerpo de hombre y cabeza de toro que resulto de la unión de la esposa del Rey de Creta, Minos, y un toro. Esto se debió a que un dios lanzo una maldición contra Minos por no sacrificar a su toro más hermoso cuando debía hacerlo. El caso era que la construcción en Creta fue una verdadera obra maestra, un laberinto como en el que él y Fionna se encontraban, aunque, según se contaba, la bestia era tan peligrosa que Dédalo tuvo que hacer el laberinto lo más imposible de cruzar que se pudiera, colocando en el centro al Minotauro. Curiosamente estaban reviviendo la misma historia, pero dudaba mucho que ese fuera el laberinto del mito y en lugar de un hombre mitad toro asechando por doquier, serian zombis los que tomarían su lugar.
-Espera- Dijo Fionna, deteniéndose de golpe y guardando silencio unos segundos para después decir:- ¿Oíste eso?
-¿Qué cosa?- Dijo y entonces puso más atención logrando que a sus oídos llegara el sonido como de unos pasos arrastrados- Es otro. Debió oler tu sangre y ahora viene para acá.
-Ay, es solo un cadáver con mal olor y feo. Solo tenemos que cortarle la cabeza y ya.
-Es que no solo es uno… Son más.
Justo en el momento en que dijo eso, de las curvas siguientes del pasillo empezaron a verse múltiples sombras que caminaban a una baja velocidad mientras, al mismo tiempo, se escuchaban lamentos débiles, moribundos, acompañados de algo que parecía arrastrarse en el suelo y sonidos parecido a gruñidos, pero más agudos. Y de la nada, de los dos pasillos opcionales que estaban al final del que Marshall y Fionna estaban, salieron un total de siete zombis, algunos eran hombres y otras mujeres y todos tenían una apariencia como de película de terror en sus caras. Caminaban erguidos, con un pie a rastras o cojeando por el suelo, con las ropas desgarradas, manchadas de sangre ya vieja, sucia; la piel tornada de un color extraño, casi como la de Marshall, pero era más oscura y le faltaban pedazos. Uno de ellos tenía un ojo colgando de la cuenca de este y esto hizo que a Fionna le recorriera un escalofrió por la espalda al ver la vena del ojo colgando de la cara de la criatura así nada más. Los siete muertos vivientes se habían percatado de su presencia y venían a ellos apresurando un poco más el paso a cómo podían, soltando gruñidos agudos, alzando los brazos en su dirección como si así pudieran alcanzarlos.
-¿Tu los de la izquierda y yo… derecha?
-Da igual, ¿no?- Respondió Fionna viendo como los zombis se acercaban a ellos.
-Terminemos con esto rápido, solo tengo una semana para llegar a La Orden de los Vampiros y no me la voy a pasar matando a un montón de cadáveres inútiles- Dijo, quitándose y empuñando su Guitarra-Hacha.
-Eso es música para mis oídos- Comento Fionna, volviendo a empuñar su espada.
De repente uno los zombis llego antes que su grupo a donde Marshall y se preparo para morderlo, pero antes de que la criatura llegara a tocar siquiera al vampiro, este regreso al muerto viviente dándole una patada en el estomago que hizo rodar al individuo por el suelo derribando también a otros zombis. Esto no evito que los caídos volvieran a levantarse y siguieran su camino al frente para disfrutar de su siguiente cena. Marshall le corto el cuello a una criatura que apenas iba llegando a donde quería y después corto el cuerpo en dos y lo mismo hizo con el siguiente que se le atravesó en el camino dejando solo a cinco individuos todavía de pie. Fionna, por su parte, estaba ocupada cortándole las piernas a un zombi que le llego de la nada, el cual cayó al suelo pero de igual modo siguió arrastrándose a donde ella, estirando sus brazos para alcanzarla, cosa que no duro mucho porque la humana le atravesó la cabeza con la punta de su espada acabando al instante con el zombi. Llegaron otros dos para ella y la chica se adelanto atravesando el cuerpo de uno de ellos con su arma, obviamente a no le paso nada, pero Fionna lo uso para golpear al otro que lo venia acompañando lanzando a ambos contra la pared mientras la aventurera se encargaba de uno más, al igual que Marshall, pero esta vez lo ataco directamente a la cabeza cortándole el cráneo en dos revelando su cerebro partido a la mitad para después ver como el cuerpo caía inerte sobre el piso.
Marshall se encargaba del zombi que tenía el ojo de y solo le tomo como dos segundos acabar con la criatura impactando el filo de su Guitarra-Hacha contra el cráneo del zombi, el cual quedo inerte con los brazos colgados con el arma de Marshall encajada en su cráneo, pero después de que el Rey Vampiro desencajara su arma del cráneo, el zombi cayó al suelo. Y al mismo tiempo, los otros dos que Fionna había lanzado contra la pared se recuperaron y se lanzaron a atacarlos a ambos, sin embargo tanto Fionna como Marshall Lee terminaron rápidamente con ellos cortándoles el cuello dejando el pasillo lleno de cadáveres de zombis por todos lados.
-No estuvo mal. No estuvo mal- Comento Fionna, cogiendo de nuevo la linterna que se la había caído en medio de la pelea.
-Fue divertido- Comento el muchacho mirando los siete cadáveres en el suelo- Pero ya hay que…
Antes de terminar la frase, Marshall Lee se interrumpió así mismo percibiendo el olor a putrefacción de hace rato.
-¿Ocurre algo, Marshy?- Dijo su novia al notar que su novio había hecho silencio de la nada.
-Creo que vienen más- Decía caminando hacia el otro punto del pasillo, donde se encontraban los dos caminos opcionales. El olor se era más fuerte por el lado derecho y a juzgar por lo claro que se notaban los gruñidos de los muertos vivientes, Marshall dedujo que ya estaban muy cerca y eran más que los que acababan de enfrentar- Vámonos, Fi.
-¿Que tantos son?
-Parece que es una horda y estaremos más seguros si nos mantenemos lejos de ella- Dijo él y entonces le indico a su novia que fueran por la izquierda.
Corrieron por el pasillo a todo lo que les permitía dar las piernas volteando hacia atrás repetidas veces asegurándose de que no los venía persiguiendo la horda entera, aunque ya estaban lo bastante lejos y los zombis no caminaban tan rápido, pero considerando que todo el laberinto estaba rodeado de muertos vivientes y podían percibir con facilidad el olor de la sangre de Fionna y no tenían la menor idea de cómo salir de esa trampa mortal. El camino no fue muy largo y de nuevo se volvieron a encontrar con tres opciones y difícilmente sabrían cual de los tres caminos los conduciría a la salida. Desesperado, Marshall eligió al azar el camino y se fueron corriendo por el de la izquierda, que resulto ser uno de esos pasillos con forma de T y, sin pensarlo dos veces, tomaron el camino de la derecha que tenía al final una curva que iba hacia la izquierda. No tuvieron otra opción más que tomar ese, pero al momento de dar la vuelta encontraron que era un callejón sin salida y que ahí se encontraban tres zombis mordiendo unos huesos ya sin carne, los cuales voltearon hacia ellos al oler la sangre de Fionna.
-¡Corre, corre, corre!- Gritaba el vampiro empujando a Fionna de regreso por donde vinieron.
Se vieron obligados a agarrar el otro camino, el cual también resulto ser un callejón sin salida con zombis que venían directo hacia ellos. Regresaron a los caminos opcionales, pero no se molestaron en elegir y siguieron derecho por donde iban planeando tomar la curva que estaba al final pero terminando por encontrar a otros cuantos zombis que ya iban de salida y que intentaron atraparlos en ese mismo momento, pero antes de eso Marshall tomo a Fionna del brazo largándose a correr por donde vinieron. En los otros caminos los zombis ya estaban saliendo de donde los encontraron y la humana y el vampiro se vieron obligados a irse por el camino que sobraba. Por fortuna no encontraron a ningún zombi por esos rumbos y siguieron su camino corriendo por sus vidas, dando vueltas, escogiendo caminos y volteando hacia atrás mientras Fionna iluminaba al frente con su linterna. Por otro lado, lamentablemente el sueño ya estaba empezando a quitarles las ganas de correr, sobre todo porque sus piernas ya no podían más de todo lo que corrieron para no convertirse en la cena de los muertos vivientes.
Dieron la vuelta en una esquina, el camino estaba despejado por el momento, y no dudaron en seguir por ese pasillo aun con la esperanza de que saldrían de ese lugar con vida. Antes de llegar a la siguiente vuelta, Marshall olfateo el olor a podrido de los zombis y sin dejar de correr tomo una vez más su Guitarra-Hacha para luego aumentar un poco la velocidad de su paso llegando más rápido a la esquina, donde efectivamente se encontró con tres zombis que ya venían hacia ellos a los cuales les corto el cuello al mismo tiempo librando el camino por completo.
-Por aquí- Indico Marshall a Fionna, quien siguió corriendo iluminando el camino con la luz de la linterna.
-¿Seguro que vamos por el camino correcto?- Pregunto la humana.
-No lo sé, yo no construí el laberinto.
-Buen punto.
Avanzaron a toda prisa por el pasillo dando vueltas desesperados mientras el vampiro todavía percibía el olor a muerte que emanaban los zombis y considerando lo fuerte que se había hecho el olor desde la última vez se imaginaba que los zombis que encontraron en los dos pasillos y la horda que venía acercándose a ellos al principio habían creado una manada más grande. Durante el camino se les atravesaron varios muertos vivientes, pero todos fueron mutilados por el filo de la Guitarra-Hacha de Marshall Lee aunque no a todos, porque a algunos les pasaban por un lado mientras ellos seguían corriendo pero estos aun los seguían a paso lento. Se les presentaban caminos en forma de T y de triple opción, y para no correr el riesgo de tomar el camino equivocado, retrasarse más encontrando el correcto y permitir que los zombis tuvieran más tiempo de llegar, Marshall se veía obligado a flotar un poco en el aire tratando de ver cuál sería la mejor opción y, por fortuna, ya se estaban acercando más a la salida. Se electrocuto en ocasiones porque no media muy bien donde quedaba el campo de fuerza, que apenas se levantaba encima de los muros, lo malo del caso era que Fionna ya estaba muy cansada y en sus ojos se notaba el deseo de dormir de una vez. El también estaba muy cansado y ni pelear podía contra los zombis y para evitar una pelea tenía que llevarse a su novia flotando por encima de los muertos vivientes lo más rápido que podía, obviamente las criaturas los seguían y con cada minuto que pasaba el putrefacto olor a descomposición se hacía más fuerte.
Ya eran alrededor de las diez de la noche cuando todo oscureció por completo y la luz de luna y la linterna apenas si les evitaba chocar con las paredes del infernal laberinto en el que se habían metido.
-¡Zombi!- Exclamo Fionna, alumbrando la cara deforme del cadáver viviente de una mujer.
-Yo me encargo- Dijo Marshall y entonces acabo rápido con ella rebanándole la mitad de la cabeza haciendo que su cuerpo cayera inerte sobre el piso.
El camino parecía eterno, ya llevaban más de una hora entera corriendo, esquivando y matando a todo zombi que se les atravesaba con las ganas de dormir a todo lo que daban, las armas y las mochilas estorbándoles y el cansancio carcomiéndolos. Y para que les gustara más, la horda de zombis todavía venia persiguiéndolos por detrás, claramente se podían escuchar los pasos arrastrados y los gemidos y gruñidos infernales de los muertos vivientes. Fionna ya no podía ni un segundo más, Marshall estaba igual, y cuando pensaban que su vida había acabado ahí, en medio del laberinto, cuando giraron en una curva a la izquierda una sonrisa se les formo en el rostro, pues no muy lejos estaba una puerta de madera de gran tamaño.
-Ahí esta- Susurro Fionna, emocionada- ¡Vamos a salir!
Sin pensarlo dos veces, ambos corrieron a lo que les permitía dar las piernas, felices de que por fin saldrían de ese laberinto infestado de muerte y penumbras. Se emocionaron tanto que simplemente llegaron a los pies de la puerta y la empujaron con el hombro para abrirla, sin embargo el impacto los mando de nuevo al suelo y la puerta de madera siguió intacta en el lugar donde estaba. Conmocionados, miraron la puerta de madera sin entender lo que había pasado ahí y la chica alumbro al frente de arriba hacia abajo llevándose la sorpresa de que en medio de la puerta habían un enorme candado que unía unas gruesas cadenas que sin duda serian difíciles de romper.
-¡A que las hilachas!- Exclamo Fionna volviendo a levantarse.
-Esto no puede ser posible- Comento Marshall, tocando la gruesa cadena y mirando la enorme puerta de madera. No podían ir al otro lado cruzando por el aire, el campo de fuerza aun debía de seguir ahí y seguro morirían chamuscados si intentaban pasar por el aire.
-¿Y ahora qué?- Dijo Fionna, jadeando de tanto haber corrido.
El vampiro iba a proponer algo, pero antes de hacerlo el olor a putrefacción se hizo más intenso y los pasos arrastrados y los gemidos se escucharon con mucha más claridad que en veces anteriores.
La horda los había encontrado…
¡Y eso es todo por hoy, gente bonita, fina, encantadora y...! Ay, ya no se que decir.
Bueno, ¿Qué les pareció el capitulo? ¿Merezco Reviews, aplausos, tomatazos? ¡Digan algo! Pero como sea, les agradezco haber leído este capítulo a todo eso que están leyendo mi nota ahora mismo. Si, a ti te lo estoy agradeciendo, a ti que estas leyendo esto. Ahora bien, Fionna y Marshall ya se están metiendo en asuntos un poco más complicados, sobre todo ahora que tiene la oportunidad de vivir cerrada con un candado, literalmente hablando ¿Viviran? ¿Moriran? Quien sabe, solo Riux lo dira. Ah, para esos que ahora se preguntan, ¿Qué hace una horda de zombis en medio de un laberinto en medio de la nada? Tal vez recuerden que el Maestro dijo que Leo y Andrea serian los encargados de hacerles la vida imposible a Fi y Marshy mientras estén dentro del Código Negro, ah pues acuérdense que dijo Cada una de las cosas que vienen ahí, las tengo yo en mi poder… Los zombis los consiguió antes de la Guerra de los Champiñones convirtiendo a varios humanos en zombis. El laberinto lo mando a construir, siendo él mismo quien indico como quedaría y cual camino seria el correcto. Costo mucho trabajo, pero el laberinto quedo como él mando a construirlo.
Ahora los agradecimientos:
Mil gracias, abrazos y besos a: Paqs, Blackoctubre, Caprichy Anders, Fiioremarcy117 y Yoshii Lee por sus Revbiews en el capitulo anterior. Y recuerden, los científico han comprobado que dejar un comentario en Fanfiction alarga tu vida diez años. ¡Haganse inmortales! Ahora, me despido. Nos vemos en el séptimo capitulo de El Código Negro. Nos vemos. Adios.
Riux, Chaitooo.
P.D- Chale, ya se me acabaron las vacaciones. Creo que voy a llorar ¿¡PORQUE, CRUEL DESTINO!? ¿¡PORQUE!?
