El Código Negro.
Capitulo 8: De día o noche, es igual.
La luz de la fogata iluminaba levemente el rostro de Marshall Lee, quien en esos instantes se encontraba sentado sobre una raíz del tamaño suficiente para que pudiera descansar las piernas, cuidando que el fuego se mantuviera encendido la noche entera. A su lado estaba Fionna, dormida sobre la tierra negra del suelo encima de una manta que le permitía dormir sin que las raíces y la tierra la molestaran, y tenía otra manta más sobre su cuerpo para resguardarse del frio que hacía en el bosque. El fuego era suficientemente abrazador para calentarla un poco, pero aun así los dientes le tiritaban de frio por más que se abrigara con la manta que llevaba encima no era suficiente para calentarla y a Marshall eso no le gustaba en lo absoluto. Ese bosque, aparte de engañoso y tenebroso, era completamente frio, tanto, que parecía ser una imitación oscura del Reino Helado de Aaa aunque no había necesidad de exagerar mucho. Ver a su novia temblando, abrazando la manta lo más que podía y él sin poder hacer nada para calentarla lo sacaba de quicio, lo hacía creer que era un inútil bueno para nada como diría Cake, si estuviera ahí ahora, cosa que el vampiro no comprendía mucho. Todo el mundo sabía que ellas eran uña y mugre, inseparables, pero ahora que su novia le había dicho que su hermana no vendría junto con ellos en el viaje de verdad que quedo pasmado pues eso no era normal en Cake, mucho menos si se trataba de un viaje en extremo peligroso como ese. Su cuñada era muy sobreprotectora con Fionna y la cuidaba como si fuera su propia hija -aunque supuestamente la gata loca ya había tenido hijos pero él nunca los había visto- aunque ella ya fuera lo suficientemente madura para cuidarse sola; quien sabe porque no hubiera querido venir con ellos.
Marshall movió un pedazo de madera de la fogata con un palo grueso que había encontrado por ahí evitando que la llama del fuego disminuyera. Ya casi no había leña para echar y temía que si dejaba a Fionna sola dormida en el suelo la llama se extinguiera y las cosas que los atacaron la tomaran indefensa. Se había tenido que poner casi todas vendas que llevaba consigo para curarse las heridas causadas por la batalla anterior y mientras lo hacía Marshall se daba cuenta de lo mucho que le dolía ponerse el alcohol que la ayudaría a cicatrizar la herida, incluso le dolió más a él que a ella. Se acerco un poco a la fogata y se inclino en el suelo al tiempo en que soplaba por debajo de la madera quemada logrando que el fuego se intensificara un poco más. Ese era su tercer turno en toda la noche en haberse levantado, Fionna llevaba dos y durante el tiempo en que llevaba despierto no sentía que la mañana se acercara, ni siquiera sabía qué hora era, pero considerando que por entre los arboles entraban destellos de luz opaca podía definir que eran alrededor de las cuatro y media de la madrugada. Despertaría a Fionna en una hora más y volverían a partir a quien sabe donde por el bosque ese y aunque podían partir más temprano el muchacho quería dejar que su novia durmiera lo suficiente para que recuperara fuerzas y sus heridas sanaran un poco más.
Miro la llama ardiente de la fogata. El fuego parecía estar bailando, metafóricamente hablando. Se movía a todos lados y siempre se mantenía elevado hacia arriba por más frio que estuviera el viento. Estiro su mano a la llama poco a poco hasta que la introdujo por completo. No le dolía para nada. Dejo su mano puesta en el fuego esperando sentir algo, alguna sensación, algún dolor, ardor tal vez, pero no sentía nada, ni calor, ni dolor… nada. La retiro encontrándose con que la piel se había descarapelado un poco pero en poco tiempo la piel volvió a regenerarse hasta que su mano quedo intacta nuevamente.
-No me sorprende- Se dijo, volviendo su vista a la fogata.
Cinco meses atrás haber hecho lo que acababa de hacer hubiera sido la peor tontería de su vida. La sensación humana ya era un recuerdo borroso, ya se le había olvidado todo lo que sufrió durante esos días, ya no recordaba lo que era sentir que su corazón palpitara como lo hacia el de Fionna, lo que era hacerse una herida que dejara cicatriz o que nunca volviera a cerrarse como ahora. Cuando estaba agonizando en la playa lo último que vio fue a Fionna llorando por él y cuando volvió a la vida despertó en la enfermería del castillo de Gumball, con la ropa desgarrada y manchada de sangre, y encontrándose con la sorpresa de que otra vez era un vampiro. Y aun seguía sin entenderlo del todo bien.
Murió y resucito… ¡Eso no tenía ningún sentido lógico! Algo debió haber pasado durante su estado de muerte que lo hizo vivir de nuevo. Tal vez porque Alabaster lo mordió y por eso despertó como vampiro, pero dudaba mucho que esa fuera la razón de que volviera a vivir. O a menos que el arma que creo Gumball tuviera un segundo efecto nunca lo sabría con claridad aunque, antes de despertar de su supuesta muerte, logro escuchar algo o a alguien que parecía que le hablaba, que le decía algo como ordenándole despertar y, para su sorpresa, logro hacerlo abrir los ojos.a que estaba en el suelo.
-¿Pasa algo?- Le pregunto, acercándose a ella- Vuelve a dormir, Fi. Aun es muy temprano y partiremos en una hora más.
-Ya no tengo sueño- Dijo ella, acariciándole suavemente el cabello y después le dio un beso, mismo que Marshall correspondió- ¿Qué hacías?
-Cuidándote, lindura, no puedo dejar que le hagan daño a mi joya- Dijo, abrazándola por la cintura.
-¿Otra vez? Marshall, dijiste que ya no serias tan protector conmigo.
-Sí, pero cuidarte de que te ataque algo a mitad de la noche y mientras dormías no estaba en el contrato.
-Que astuto, vampiro- Dijo para después dar el clásico bostezo mañanero. Todavía estaba adormilada, pero ya no tenía más sueño.
-¿Quieres desayunar?- Ofreció él.
-Tengo algo de comida que empaque antes de salir así que… Si ¿Por qué no?- Dijo Fionna, encogiéndose de hombros- ¿Tu qué vas a comer?
-Fresas- Dijo al mismo tiempo en que sacaba una caja llena de la fruta mencionada.
-¿Sabes? A veces creo que el color rojo no sabe a nada.
-Sabe a lo que sea que se lo quites. El sabor de las fresas es lo que mejor recuerdo de mi vida humana porque, que gracioso, las como siempre.
-La sangre también, ¿verdad?
-No. La sangre es grasosa y nunca sabes en donde ha estado. Además sabe a hierro.
-¿Y eso que me contaste sobre tu descontrol vampírico? Dijiste que a veces no podías contener las ganas de beber sangre.
Marshall suspiro. Lo había olvidado por completo. Si el color rojo no llegaba a satisfacerlo tendría que buscar algo que matar y chuparle toda gota de sangre que contuviera para quedar lo suficientemente satisfecho y no terminar haciéndole daño a Fionna porque, bien lo sabía, la sangre humana era uno de los mejores manjares para los vampiros cuando se trataba de beber sangre.
-Intentare no descontrolarme…- Hizo una pausa mirando al suelo. Luego volteo a ver a su novia fijamente- Fionna, hazme un favor, ¿sí?- Ella asintió- Bien. Mira, si llego intentar hacerte daño, no dudes, ¡no dudes!, en defenderte tu también, porque perdiendo mi consciencia ya no conozco a nadie no importa cuánto me digan quien es… La sangre me cambia y no quiero hacerte daño.
Tomo su mano mirándola de tal forma que la petición que le estaba haciendo fuera lo más clara que pudiera y al parecer Fionna entendió. Claro que no era capaz de hacerle daño a Marshall pero él quería que ella le hiciera daño para protegerla. Nunca le había tocado ver a su novio descontrolado por sangre y por supuesto que no podía medir las consecuencias que implicara el que un vampiro sediento de sangre no pudiera hallar su objetivo y se fuera contra ella. Como sea, Marshall no debía de ser tan malo cuando llegaba a ponerse de esa manera, pero cuando accidentalmente se convirtió en humano había declarado que controlar su sed de sangre ya se le estaba haciendo una tarea difícil.
Y para no quedarse en el incomodo silencio que hacia Fionna volvió a besar a Marshall como si así le dijera que no debía preocuparse. El muchacho rio para sus adentros y respondió al gesto de su novia besándola con suavidad, teniendo cuidado de lastimarla con sus colmillos filosos. La quería mucho, la amaba más que a su propia vida, podría decirse, y no soportaría hacerle daño pues ya tenía casi cuatro semanas sin probar una gota de sangre y generalmente no soportaba más de ese tiempo sin volver a cazar algo. Pero ese bosque era muy grande, debían de haber criaturas más pequeñas y menos escalofriantes como las cosas que vieron en cuanto pusieron un pie dentro de ese lugar. Se separaron uno segundos después cruzando miradas, sonriéndose el uno al otro para olvidar un poco el hecho de que estaban en medio de una trampa vegetativamente mortal.
….
Después de desayunar siguieron caminando por el bosque que hasta de día daba miedo. Aun era de madrugada y el sol apenas empezaba a salir por lo que Lee no tenía la necesidad de cubrirse de los rayos solares que lograran penetrar a través de los arboles. Se mantenían atentos a todo ruido que se escuchara por la zona, armados con sus respectivas armas y hasta el momento nada los había molestado, cosa que por supuesto les agradaba pero al mismo tiempo les preocupaba. No se podía andar por un bosque de ese tipo sin que algo de lo que vivía ahí dentro te tomara por sorpresa.
Fue entonces que, en medio de todo el silencio, se escucho un ruido que venía de entre las ramas de los arboles que llamo la atención de Marshall haciendo que dejara de caminar y se detuviera en seco, prestándole atención a todo movimiento que presenciara. Fionna lo imito buscando con la mirada algo que indicara la presencia de algo más a parte de ellos.
-Quédate cerca- Ordenó Marshall vigilando todo punto del área.
Y el ruido volvió a escucharse, esta vez más claro y venia de detrás de un pequeño arbusto que parecía estar temblando. Fionna y Marshall apuntaron sus armas a donde este preparados para atacar a lo que fuera que estuviera a punto de salir de ahí. Y unos segundos después del arbusto salió un pequeño conejo blanco que miro curiosamente a las personas delante de él que, aliviados, bajaron sus armas casi riéndose por haberse asustado con un animalito tan tierno.
-Ay, cosita, mira qué lindo es- Comento Fionna al ver al animal orejudo- Y pensar que estuvimos por matarlo.
-Sí, creo podría hacerme una almohada con el de lo esponjoso que esta.
-¡Marshall!
-¿Qué? Olvide empacar la mía y es muy incomodo dormir en una raíz.
-No por eso vas a matar a un conejito inocente- Replico Fionna. Marshall hizo un gesto con la mano restándole importancia.
-Puedo hacer lo que quiera con esta cosa. Y mira el lado bueno, ya tenemos que comer en la tarde- Dijo, agarrando al animal de las grandes orejas.
Fue entonces que Fionna se dio cuenta de algo.
-Oye, no sé si lo has notado pero… ¿Qué hace un conejo tan tierno en un lugar como este?- Marshall miro al animal, el cual movía graciosamente la nariz.
-Tal vez se perdió. Estos animales son tan ingenuos que se dejan engañar por todo ¿Verdad que eres un ingenuo? ¿Verdad que si? Si, eres un ingenuo esponjoso y orejudo- Decía el vampiro hablándole al conejo como si fuera un niño- Mira tus orejas tan grandes. Ya ni yo las tengo así, oye.
Muy bien, ahora si el Rey de los Vampiros había llegado demasiado lejos con el conejo, al cual no parecieron gustarle los "halagos" de Marshall Lee y termino por propinarle una tremenda mordida a este, lo que provoco que el chico soltara un grito y lanzara al conejo al suelo, sobándose la mano en la que el animal había dejado marcados sus gigantescos dientes.
-¡Me mordió!- Exclamo a Fionna.
-No lo note por la forma en la que gritaste, Marshall. Tú tienes la culpa por burlarte de él.
-Pero si nada más le dije que era un pequeño ingenuo. Ese conejo sencillo no aguanta nada ¿¡Me escuchaste pequeño monstruo!? ¡Voy a hacer conejo a la diabla contigo, orejón!- El animal se le quedo mirando- ¡No me mires con ojos de cachorro regañado! De igual modo te voy a comer.
Entonces ocurrió lo inesperado.
De la nada el tierno y adorable conejo con el que se acababan de topar se convirtió en un conejo diabólico pues sus tiernos ojitos negros pasaron a tornarse de rojo intenso; después su pequeña estatura aumento hasta quedar más alto que Marshall; le sobresalieron colmillos de ambos lados de la boca; sus patas crecieron y de estas se revelaron unas enormes garras afiladas y, como acto final, su pelaje creció hasta que el animal quedo convertido en algo parecido a un conejo-lobo. El vampiro se quedo estupefacto al ver la inesperada transformación del conejo y fue tanta la sorpresa que incluso su piel pareció palidecer más de lo que ya estaba.
-Era una broma eso de hacerte conejo a la diabla, viejo. Estaba jugando, fue una broma inofensiva- Decía el joven retrocediendo ante la presencia del monstruoso conejo, pero sin darse cuenta tropezó con una raíz y callo sentado en la tierra negra.
-¿¡Ves!? ¡Eso te pasa por aprovechado!- Le grito Fionna al ver a su novio a punto de convertirse en el desayuno del conejo gigante.
-Oh, no es nada que no se pueda controlar. Observa y aprende, Fi.
Muy confiado el vampiro se puso de pie empuñando su Guitarra-Hacha para propinarle un golpe al monstruo delante de él, pero lo que no se espero fue que un instante antes de querer darle el golpe con su arma el conejo-lobo le propino un golpe con su gigantesca pata mandándolo de nuevo contra la tierra. Marshall cayó de espaldas y el conejo, errabundo, lo tomo por sorpresa de las piernas dándole vueltas en el aire para después lanzarlo contra el tronco de un árbol tan viejo que al impactarse el joven con su tronco acabo por romperse. Ni tiempo tuvo Marshall para recuperarse cuando el monstruoso conejo lo sorprendió de nuevo como un toro y lo obligo a quedar tumbado en la tierra. Esta vez el Rey Vampiro fue más rápido y se levanto lo más rápido que pudo logrando apuntar su arma directo al conejo frente suyo, el cual movió graciosamente sus orejas girándose en dirección al joven, preparado para sorprenderlo en un nuevo ataque.
Entonces el animal corrió a toda velocidad soltando un rugido que por poco y dejo sorda a Fionna, quien solo miraba la escena de batalla pensando en cómo su novio iba a salir de esa. Por su parte, este atino a golpear el rostro del peludo animal obligándolo a caer en la tierra llena de raíces de árbol, pero la simple caída no evito que el conejo-lobo volviera a levantarse y se lanzara otra vez a donde el vampiro atacándolo de forma inesperada, lo cual no le dio tiempo para defenderse y el animal lo tumbo a la tierra y después le enseño sus enormes colmillos, amenazándolo con morderlo.
-¿Un poco de ayuda por aquí?- Dijo Marshall a Fionna, claramente diciendo que no podía solo.
Este suspiro levemente mostrando una sonrisa medio con gracia y después desenvaino su espada yendo directo a donde estaba Marshall a pocos segundos de ser comido por el conejo-lobo, al cual le tiro una piedra grande que acabo por darle en la cabeza al enorme animal, quien se olvido momentáneamente de Marshall y volteo a ver a la humana con la misma cara aterradora con la que miraba a Marshall.
-¡Ven aquí, bola de pelos! ¡Te estoy esperando, orejudo!
La paciencia se le termino al animal cuando la chica lo insulto y no dudo en dejar a Marshall tirado en el suelo, prometiendo regresar para seguir con lo que dejo en cuanto terminara con Fionna.
El animal soltó un rugido preparándose para golpear a la humana, pero antes de que todo ocurriera, esta hizo un movimiento rápido lanzándose a las patas del peludo monstro burlándolo completamente. Confundido, el animal busco con la mirada a Fionna olfateando el aire al mismo tiempo, y de lo que este no se había percatado era que su presa estaba ahora sobre su lomo a punto de hacer el siguiente movimiento de ataque, el cual consistió en encajar violentamente la punta de su espada en la espalda del animal transformado provocando que este soltara un alarido de dolor y se levantara en dos patas derribando a la humana, quien apenas pudo darse cuenta de que el conejo-lobo estaba por caerle encima. Y poco antes de que esto llegara a pasar, Marshall apareció de repente tomando a su novia de los hombros para después jalarla hacia atrás en el momento en que el animal impacto entre las raíces y la tierra evitando así un accidente.
-¿Lo mataste?- Pregunto el vampiro.
-Creo que si- Y luego le pego un zape en la nuca a Marshall, quien se quejo por el inesperado acto de su novia.
-¿¡Y eso porque fue!?- Exclamo.
-Para que aprendas a no aprovecharte de nadie. Si hubieras sabido que se convertía en esta cosa no hubieras hecho nada, ¿verdad, Marshall?
-Bueno, tú lo dices porque tienes una almohada donde dormir; yo olvide empacar la mía.
-¿De verdad pensabas hacerte una almohada con el conejo?- Exclamo ella.
-No veo por qué no. Iba a compartirla contigo, si querías.
-¡Marshall Lee!
-Te lo juro, e incluso podía hacerte una para ti, pero como se convirtió en un conejo monstruo pues…
-¡Ya es suficiente! ¿No tenemos una secta secreta que encontrar antes de que te maten?
-Que rápido me cambiaste el tema, lindura. Te gusta evadir ciertas cosas, Fi- Empezó a decir, acercándose peligrosamente al rostro de la humana, quien le dio un golpe en la cara alejándolo a una buena distancia de la de ella.
-Atrevido- Murmuro y siguió caminando hacia el punto que habían tomado en la mañana luego de haber desayunado.
-Soy tu atrevido- Le dijo y después camino hasta quedar junto a la aventurera y abrazarla por encima de los hombros dejando al conejo-lobo tirado en la tierra, pero ahora vuelto a su forma natural.
Sin percatarse de nada, Marshall y Fionna ignoraban que, escondidas entre las ramas y hojas marchitas de los viejos arboles se podían ver dos pares de ojos rojos que seguían sus movimientos con la mirada. Andrea y Leonardo habían estado vigilándolos todo el tiempo desde que pusieron un pie dentro del Bosque de las Sombras, al cual sorpresivamente iban venciendo poco a poco. Era apenas la segunda prueba y, según el libro escrito por el Maestro y las reglas de ese juego, si no llegaban al final del bosque para esa misma noche, quedarían atrapados ahí por siempre.
-Con que ese es el famoso Marshall Lee, ¿verdad?- Comento Andrea- Creí que nos enfrentaríamos a alguien más… no lo sé. Digno de ser el Rey de los Vampiros.
-Este chico es más que un simple muchacho. Fue él quien mato a Alabaster Skull, una leyenda entre los nuestros.
-Sí, claro, "el gran Alabaster" Yo también soy una Grande, Leo… Por cierto, ¿quién es la chica que va con Lee?
-Se llama Fionna. Es la última de los humanos. Ella también ayudo a Marshall Lee con el asesinato de Skull hace cinco meses.
-Pensaba que los humanos se habían extinto. Pero bueno, ya lo dice la vieja frase… "Yo solo sé que no sé nada"
-¿Platón?
-Sócrates- Corrigió ella- Ok, tenemos a un supuesto miembro de la Familia Real de Nocheosfera y a la última de los humanos atrapados dentro del Bosque de las Sombras con una orden especifica por parte del patrón de hacerles el viaje imposible… ¿Tu qué opinas, Leo?
-No lo sé, tú eres la asesina profesional aquí, yo soy solo un novato.
-Adoro tu entusiasmo, chico- Dijo de manera sarcástica- Marshall Lee es un vampiro como nosotros, ¿verdad? No falta mucho para que al sol se le ocurra salir… ¿Si me entiendes?- Leo se quedo mirándola nada más y ella suspiro- Que inteligente me saliste, eh. Lo que quiero decirte, Leo, es que el sol puede hacer nuestro trabajo de eliminar a Marshall Lee del juego.
-Pero el bosque está rodeado de arboles, y todos tienen muchas hojas.
-Lo sé. Y para poder hacer al Maestro feliz, primero tenemos que llevar al Rey Vampiro fuera del Bosque de las Sombras. Lo ayudaremos a terminar más rápido y mientras más rápido llegue a la segunda fase de esta prueba, más rápido tomare mis vacaciones.
-¿Y qué hay pasando el Bosque de las Sombras?- Dijo el joven con curiosidad.
-Una tortura para cualquier vampiro… Vamos con el patrón para contarle el plan.
Dicho eso, Andrea tomo la mano de Leonardo y, un instante de segundos después, ambos vampiros desaparecieron en la nada.
El vampiro y la humana, por su parte, seguían andando por el bosque, atentos a cualquier cosa que pudiera pasarles o salirles, pero hasta el momento solo habían encontrado cuervos buscando algo de comer en esa tierra muerta; nada interesante. El bosque estaba demasiado callado, había tanto silencio que les daba miedo, pues era típico de esos lugares que el suspenso primero les carcomiera hasta los huesos y después empezara todo el rollo de persecución o de ataque inesperado, a lo cual Marshall Lee apostaba a que era lo que estaba por suceder.
No se dieron cuenta cuando de un momento a otro, de entre las copas de los arboles empezaron a revelarse destellos de luz que avanzaban hasta tocar la tierra llena de raíces. Marshall se quemo con uno al no darse cuenta que lo tenía en frente, y entonces de la mochila que llevaba en la espalda saco la sudadera gris que había empacado para cubrirse del sol en toda la travesía al igual que unos guantes y se los puso cubriendo su cabeza con el gorro de la sudadera evitando que su piel tuviera contacto con la luz. Odiaba tener que hacer eso pero si no lo hacía moriría antes de lo que él creía.
Vaya, de haber sabido que matar a Skull le traería esos problemas lo hubiera dejado quedarse con el trono de Nocheosfera ¿Por qué no lo hizo? Ni Marshall podía entenderse.
Odiaba tener que hacerse cargo de ese negocio aun si su madre era la encargada de todo, pero poniéndolo como sea que lo pusiera él seguía siendo parte de todo eso al ser el Rey de los Vampiros y ya, punto. Era lo malo de ser un "noble", siempre tenías cosas que hacer estuvieras o no en tus tierras, porque si no era una cosa era otra, como lo que le paso hace poco con un movimiento de demonios que exigían más servicios por parte de la Nocheosfera. Era fácil pero a la vez era difícil complacerlos a todos sobre todo cuando su madre se negaba a dar lo que se le pedía. Ahí era donde entraba Marshall, que como Rey Vampiro pasaba de ser el encargado de cumplir con los caprichos de cada habitante del Inframundo fueran cosas pequeñas o grandes. Si por él fuera también se negaría a darles lo que querían, pero de ser así los demonios y vampiros armarían movimientos en contra de la monarquía y ahora si de esa no se salvaban.
Alabaster Skull le alego que por mandato de las leyes de la Nocheosfera –las cuales Marshall desconocía- el trono le pertenecía porque fue él quien mato a su padre antes de que comenzara la guerra, pero se tardo un poco porque eso sucedió hace más de mil años, cuando Lee aun era un niño y ni Aaa ni sus habitantes existían. Nunca supo con claridad para que quisiera el Inframundo si lo único que podía hacer era estar calculando impuestos como su madre lo hacía o sufrir de una seria migraña por estar cumpliéndoles todo a los ciudadanos y trabajadores. Y por ser lo único que Algul le dejo antes de morir, no se las dio.
-Marshall…-Escuchaba, pero no de una manera muy clara- Marshall...
¿Quién le hablaba?
-¡MARSHALL LEE!
El grito lo saco de sus pensamientos y volteo a su izquierda, donde estaba Fionna de brazos cruzados, mirándolo como si hubiera hecho algo malo.
-Oh, perdóname, Fi. Es que estaba pensando en algo.
-Se noto, me gaste toda la saliva intentando que me hicieras caso ¿En qué pensabas, vampiro?
-En Alabaster. Tal vez no te hayas dado cuenta, pero Skull no tenía muchas cosas que hacer en la Nocheosfera como para querer quitármela. Solo estar sentado y hacer multiplicaciones y divisiones.
-Debió tener algún otro plan porque dudo mucho que se la hubiera querido pasar nada más sentado en el trono.
-Pues no podemos preguntarle ahora que está muerto.
En medio de su conversación, de repente una raíz de árbol que estaba conectada a la tierra se alzo un poco quedando en forma de arco provocando que justo en el momento en que Marshall paso por ahí, instantáneamente la raíz volvió a moverse y se enrollo en el pie del vampiro. Esto lo tomo por sorpresa y el tiempo no le alcanzo para mirar abajo cuando de repente algo le jalo el pie llevándolo hacia arriba, dejándolo con la cabeza y el cabello atraídos por la gravedad.
-¡Marshall!- Exclamo ella.
Fionna se puso en acción al momento e intento cortar la raíz, la cual había aumentado a un tamaño considerable, pero justo antes de usar su espada para aniquilarla algo también la llevo de vuelta hacia atrás y, tal y como le paso a Marshall, se trato de una raíz de árbol que la tenia atrapada por los dos pies. No se podía mover a causa de la fuerza que oponía la raíz en sus pies. Se le había caído la espada cuando sintió el jalón y ahora esta se encontraba frente a ella, pero al querer alcanzarla, Fionna se dio cuenta de que apenas si podía tocar su arma con la punta de su dedo por más estirado que tuviera el brazo.
-¡No alcanzo mi espada!- Le grito
El joven no tuvo de otra y agarro su Guitarra-Hacha para después atravesar parte de la raíz con el filo de su arma y, como si estuviera viva, la raíz lo soltó al tiempo en que daba un chillido y se sacudía como si fuera una serpiente adolorida.
Lee alcanzo a levitar un poco antes de golpearse con la tierra mirando impresionado la forma en la que la raíz parecía tener vida. Regreso a la realidad y termino de aniquilar a esa cosa partiéndola por la mitad, callando los aturdidores chillidos que esta emanaba. Corrió a ayudar a Fionna, quien ahora estaba siendo succionada por la tierra a causa de las raíces, pero se mantenía en la superficie aferrándose a la tierra retrasando un poco el proceso de terminar siendo parte del interior de ese bosque. Marshall la tomo de una mano y ella se aferro a la de él mientras hacia lo posible por sacarla de ese aprieto, pero sucedió que de la nada unas lianas que colgaban de las ramas de los arboles atraparon el brazo derecho de Marshall con el cual estaba ayudando a Fionna. Una vez más volvieron a jalar al vampiro con fuerza haciendo que este soltara la mano de la humana, quien a cada segundo hacia un intento por no avanzar más al interior de la tierra. Marshall le ofreció su brazo izquierdo y ella volvió a aferrarse a su mano de la misma manera, pero esta vez con las dos.
-Voy a sacarte de ahí- Prometió. Ella asintió, nerviosa.
La liana que estaba atada al brazo derecho de Marshall Lee también empezó a jalonearlo de manera que el vampiro se veía obligado a retroceder a zancadas muy grandes, lo que lo beneficiaba en el sentido de que con cada jalón su novia iba saliendo de la tierra. La liana pego otro tirón más provocando que Marshall se quejara, pero sin soltar las manos de Fionna, a quien ya se le veía la mitad de las piernas.
Otro tirón. Se revelaron las raíces que la habían atrapado. Y al quedar lo suficientemente cerca de su espada, Fionna zafo una de sus manos del agarre de Marshall tomando el mango de su espada para después girar un poco su torso encontrando ahí a lo que la mantenía atrapada.
-Suéltame, Marshall- Le pidió y el vampiro se quedo con cara de sorprendido.
-¿¡Que!?- Fue lo único que atino a decir.
-Confía en mí. Se lo que estoy haciendo.
Se quedo pensando. Tenía miedo de que lo que Fionna tenía en mente no resultara como ella quería y las raíces se la llevaran y que no volviera a verla, pero él bien sabía que desde esa distancia la humana no podría cortar las raíces. La miro una vez más. En su rostro se notaba la decisión de hacerlo.
-Estaba bien- Le dijo.
Y Marshall, sin poder hacer más que lo que le pedía ella, la soltó al mismo tiempo en que la liana que se enrollaba en su otro brazo pegaba otro tirón de este, dislocándole el brazo.
Fionna, por su parte, cuando su novio la soltó empuño con fuerza el mango de su espada y giro su torso volviéndose a encontrar con las raíces que mantenían sus pies unidos. Calculo el momento exacto para hacer lo que tenía planeado y, antes de que las raíces la volvieran a jalar, Fionna se inclino lo suficiente y abalanzo el filo de su arma a sus pies cortando por completo la raíz, la cual también chillo y se enrosco en sí misma para luego ocultarse otra vez bajo la tierra de donde habían salido. La aventurera su puso en pie y corrió a donde Marshall, que a causa de tener su brazo dislocado se encontraba en el suelo, arrastrado por la liana que se desprendía de una rama de árbol. La corto en el mismo instante en que llego logrando que soltara a Marshall y regresara a enroscarse de la rama de la cual colgaba liberando el brazo del vampiro, a quien se le oyó quejarse cuando hubo contacto con la tierra.
-¿Qué ocurre, Marshall?
-Mi brazo- Respondió con un quejido-… esta dislocado.
-Ay, no- Murmuro la humana, viendo como el muchacho tomaba la parte herida con su otra mano- ¿Crees poder aguantar en el camino?
-Tratare. Pero ayúdame a levantarme- Pidió. Con sumo cuidado, Fionna inclino a su novio en la tierra quien después levito un poco hasta quedar apoyado en sus dos pies. Se tambaleo a consecuencia del golpe, pero pudo recuperar el equilibrio.
-¿Seguro de que estas bien? Necesitaras tus dos brazos para esto, Marshall.
-Puedo soportarlo. No es la primera vez que me pasa, ya me he arreglado varias veces esta pierna- Se palmo la pierna izquierda con su mano.
-¿Cómo?- Dijo ella al no creer que pudiera haberse arreglado la pierna como él decía.
-Al principio es doloroso, pero después de la tercera vez, te acostumbras. Mira, empezaba por agarrarme el talón y después…
-¡Demasiada información!- Exclamo antes de que el Rey Vampiro siguiera hablando- Oye,- agrego, sacudiéndose el cuello de la blusa- como que de repente hace mucho calor ¿No crees?
-¿Pues no que querías esperar?
-¡No me refiero a eso, Marshall!- Exclamo, con las mejillas brutalmente sonrojadas- Digo que antes hacia frio y ahora hace calor.
Marshall analizo todo y cayó en la cuenta de que, en efecto, el clima del bosque había cambiado a una temperatura más alta que la que presenciaron en cuanto pusieron un pie después de atravesar el laberinto rodeado de zombis en el que estuvieron a un pelo de gato de ser comidos. Fionna estaba en lo correcto, el clima pasó de ser frio a caluroso, tanto, que el chico se empezaba a sofocar estando dentro de esa sudadera y todavía peor, con las manos cubiertas por guantes negros.
-Un poco de calentamiento global no nos detendrá, ¿cierto?
-¿Y si es otro truco de este lugar? Las personas que quieren matarte claramente dijeron que te harían sufrir.
-Entonces que sigan participando, ¿no lo crees, Fi?
La beso dando por entendido que le despreocupaba el peligro que La Orden de los Vampiros tenía preparado para ellos conforme pasara cada una de las pruebas que faltaban por hacerles. La humana le correspondió y después de unos segundos se separaron. Él le sonrió, como intentando que ella también se olvidara de todo ese estrés y pudiera avanzar sin problemas en el viaje, sin preocupaciones, pero obviamente teniéndolo a él con un brazo en mal estado las cosas no serian tan fáciles, más bien serian preocupantes.
¡Y eh aquí el octavo capitulo del Codigo Negro, mis chavos!
Lamento si me tarde un poquitín más de lo esperado, pero es que eh estado haciendo tarea como si no hubiera mañana y cuando llego a usar mi compu pues me distraigo viendo otras cosas y me olvido por completo del capitulo, pero ahora que tengo más entrenados mis dedos, escribo más rápido. Y si, como seguro ya estarán sospechando, Leonardo y Andrea tienen algo muy malo planeado para nuestro querido Marshy ¿Qué como lo se? Facil, nene ¡Soy la autora! Ahora vámonos a los agradecimientos:
Muchisimas gracias a Fiioremarcy117, Pitufifavi, Blackoctubre y Yoshii Lee por sus hermosos reviews en el capitulo anterior. Y bueno, no tengo nada más que decir así que niños, coman sus frutas y verduras. Fiioremarcy117, te miro a ti. Nos vemos. Adios.
Riux, Chaitooo.
