El Código Negro.

Capitulo 9: Llegada al infierno mismo.

-¿Adelantar la segunda prueba?- Decía el Maestro, sentado detrás de su elegante escritorio con dos estatuas de leones rugiendo a los lados.

Leonardo y Andrea se encontraban parados al frente de él esperando otra respuesta que no hubiera sido la anterior, aunque habían de aceptar que se esperaban una reacción parecida por parte de su superior, que ahora los miraba con un deje de confusión si es que podían definirlo como eso debido a que la máscara del líder de la secta no dejaba ver nada. Pero aun así, la posición de sus brazos sobre los posa brazos de la elegante silla, la forma en que los miraba y el modo en que exclamo su pregunta les era suficiente para adivinar que la propuesta no le había agradado del todo o, que no era posible adelantar la segunda prueba ni alterar el control del Código Negro.

-Chicos, saben que son mis discípulos preferidos; los Grandes. Pero no es posible adelantar el proceso- Dijo, de manera cordial.

-¿Por qué no, patrón? Usted fue el que hizo todo ese show de las pruebas, por supuesto que puede adelantarlas- Dijo Andrea.

-Puedo hacerlo, claro, pero estamos hablando de un bosque de más de veinte kilómetros de largo, lleno de las más oscuras criaturas que pude encontrar. Yo hice que ese lugar se construyera para que fuera imposible de cruzar, y no para hacerles el viaje más fácil a otros. Hacer que la mayoría del bosque desaparezca no es algo que yo pueda hacer con solo mis manos.

-Mi Señor, usted es el vampiro más sabio que conocemos y que sin duda existe, pero debe de haber una manera de llevar a Marshall Lee a la tercera prueba antes de que acabe el día.

-Leo, no sé si ya lo olvidaste, hijo, pero el punto de todo esto es deshacernos del asesino de Alabaster Skull. La idea es matarlo, no ayudarlo a no morir.

-Maestro, si me permite decir algo, nosotros no queremos salvar al hijo de Algul Abadder de la muerte. También queremos matarlo.

-Yo no encuentro una solución rápida a la muerte llevándolo a la tercera prueba.

-Entonces échele un vistazo a su código y luego díganos si no vale la pena adelantar esto- Dijo la vampiresa.

El Maestro no discutió más y saco del cajón de su escritorio el viejo libro que él mismo había escrito. Hojeo las páginas hasta llegar a la sección donde se estaba el orden de las pruebas que Marshall Lee debía pasar. El diseño de cada lugar, los monstruos que los habitaban, el tipo de prueba que era, información sobre como pasarlos con vida, entre otras cosas. En una de las páginas estaba dibujado a detalle el Bosque de las Sombras y en la otra estaba la información acerca del lugar ya mencionado al igual que los monstruos de los cuales las Sombras tenían el primer lugar en la lista, pero por el momento eso no le servía de nada. Dio la vuelta a la siguiente página donde estaba la información de la tercera prueba y entonces entendió porque Leonardo y Andrea querían adelantar el proceso del código. Leyó la información, la cual pareció haberle satisfecho y después miro el dibujo que no tenía muchos detalles, más bien parecía una enorme llanura pintada en blanco y negro. No había nada.

-¿Ahora ve porque queremos adelantar esto? El sol en poco tiempo estará en su punto mortal para nosotros, y siendo Marshall Lee un vampiro, me parece que hay grandes probabilidades de que esto pueda funcionar, Maestro.

-No confíes mucho en tus alas, Andrea. Toma la lección de Ícaro- Dijo, para después reclinarse en su silla, dirigiéndose a los dos- Bueno, tengo que reconocer que esta es una buena idea, muchachos, una descabellada pero excelente idea.

-¿Nos permitirá adelantar la tercera prueba, Mi Señor?- Pregunto Leonardo.

-Considerando que es solo una semana la que el supuesto Rey Vampiro tiene que pasar y que quiero vengar la muerte de Alabaster Skull… Si, ¿por qué no?

-Sabia que entendería, Maestro- Empezó a decir Andrea- No es la primera vez que el estudiante lo supera, ¿cierto?

-Andrea, durante todo el tiempo que llevo como gran líder de la Orden de los Vampiros, siempre supe que tarde o temprano alguien tomaría mi lugar y seria más digno de llamarse Maestro. Ustedes dos probablemente sean quienes tengan que salvar a nuestra hermandad y proseguir con ella para nunca desaparecer.

-Pero, Mi Señor, usted es inmortal. Los años no lo afectan para nada.

-Ni los años ni la vejez afectan a un vampiro como deben afectar otro ser viviente, pero aun así la muerte no está de mi lado. Toma como ejemplo a Alabaster. Él era un vampiro y aun así murió asesinado por otro.

-Hazle caso, Leo, de igual manera ya está muy viejo- Comento Andrea.

-El Maestro no está viejo, señorita Van Garrett. No envejece, al igual que tú y yo. Además, no debe de tener tantos años… ¿verdad, Maestro?

-Si en tu opinión ocho mil doscientos años no es para ya considerarse un anciano, entonces creo que no.

El joven se quedo con la boca a abierta ¡Ocho mil doscientos años! Nunca se lo hubiera imaginado.

-Ok, entonces nosotros nos retiramos. Le aseguro, anciano, que Marshall Lee no sabrá que lo golpeo.

Tras lo dicho por la vampiresa, esta le indico a Leonardo que salieran de la oficina, pero antes de cruzar la puerta, el chico volteo a donde su líder encontrando que este tenía en sus manos un marco en donde debía de haber una fotografía o algo por el estilo. Lo que le llamo más la atención fue que, aunque la máscara cubriera por completo todo su rostro, en sus ojos del típico color carmesí que diferenciaba a los vampiros de cualquier otro ser viviente pudo ver un deje de tristeza, algo como la añoranza, pero se notaba más la tristeza que lo anterior y casi parecía que el Maestro sentía ganas de llorar.

En su descuido, Leonardo no se dio cuenta de que el enmascarado había volteado a verlo cuando este se percato de que el chico aun seguía parado en la puerta de su oficina, y al momento de que el Maestro volteo, Leonardo se dio media vuelta y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí, encontrándose con Van Garrett, quien lo había estado esperando.

-¿Paso algo, Leo?- Dijo ella con curiosidad.

El chico se quedo pensando unos momentos sin quitar la vista del ave Fénix tallado en la madera de la puerta. Un momento después hablo:

-No.

Y entonces se retiraron.

….

Cake acababa de llegar de la Aldea de los Duendes cansada de estar la mayoría del día peleando con una manada de lobos a los que se les había ocurrido atacar casi a mitad del día. Lo único que quería en esos momentos era recostarse en su cama y esperar a que el día pasara y que la semana terminara lo más rápido que pudiera pasar para ver si en verdad la promesa que Fionna le hizo antes de irse de regresar en una semana era cierta.

Estaba a punto de tocar la puerta para que Beemo le abriera, pero antes de eso una voz muy familiar la detuvo haciendo que volteara atrás, donde se encontraba el Dulce Príncipe parado frente a ella con la típica pose de monarca que tenia.

-Cake, te eh estado buscando. Quería hacerte una pregunta, si no te molesta, claro- Dijo él y la gata se encogió de hombros.

-No tengo nada que hacer. A ver.

-¿Por qué no fuiste con Fionna y Marshall, Cake? No te vi ahí para nada y Fionna parecía muy triste.

-Tenía mis razones para no ir, Dulce Príncipe- Dijo y entonces toco la puerta para que Beemo le abriera, si es que estaba en casa.

-¿Cómo cuales? Tú y Fi siempre han ido juntas de aventuras sin importar las consecuencias de lo que eso implicara ¿Ahora porque no?

-¡Beemo, abre la puerta!- Exclamo Cake, esta vez golpeteando la madera- Gumball, no es por ser grosera ni nada, ¿pero no tienes asuntos reales que atender?

-Los asuntos reales pueden esperar. Me preocupa saber porque no quisiste ir con ellos. Pueden necesitarte, Cake, sobre todo tú hermana. Si llega a pasarle algo a Marshall ella se quedara sola y no sabrá que hacer tal y como paso cuando la encontraste llorando porque Marshall había muerto.

-Lo recuerdo. Estaba… emocionalmente destruida- Murmuro Cake recordando el momento en que encontró a su hermana llorando en la playa sobre el pecho del Rey Vampiro debajo de la lluvia, completamente destrozada y dolida. No se imaginaba lo que hubiera pasado si ella no hubiera llegado ante la situación.

-Y esto es más serio todavía. Una secta completa está obligando a Marshall Lee a buscarlos poniéndolo en peligro de muerte a él y a Fionna durante una semana completa.

La felina lo reflexiono un momento. Estaba consciente de que había sido muy egoísta en el sentido de haber dejado sola a Fionna en ese viaje, y ni siquiera podía recordar porque negó la invitación de su hermana en el viaje. Aunque si recordaba perfectamente que le dijo que Marshall Lee solo traía problemas y nada más, que era una locura atreverse a ir y que estaba arriesgando demasiado su vida y quien sabe que otras cuantas cosas más. El punto era, que ahora si Cake de verdad había metido la pata peor que cuando Fionna y ella casi se quedan sin casa por haberle intentado presentar al Príncipe Flama. Su niña estaba sola con su cuñado bueno para nada y ella ni enterada de donde estaba. Tal vez el hecho de que Fionna hubiera querido lidiar también con el problema de Marshall la saco de quicio en su momento, pero no era hasta ahora que entendía que ella fue por el amor que le tenía al Rey de los Vampiros, porque temía que algo le llegara a pasar si lo dejaba ir solo. Algo que Cake también debió considerar.

-Gumball… creo que cometí un grave error.

-Más que grave, diría yo.

-¿A dónde se fueron? No ha pasado mucho tiempo desde que partieron, así que todavía puedo alcanzarlos y…

-Ya es tarde, Cake- Interrumpió el Dulce Príncipe antes de que la gata terminara- Marshall y Fionna se fueron en un portal que ya desapareció. No nos queda otra cosa más de hacer que esperar a que pase la semana y regresen.

-¡Pero Fionna puede necesitar de mi ayuda!- Exclamo la gata, empezando a alterarse.

-Debiste pensar en eso antes de haber rechazado su propuesta. La Orden de los Vampiros queda en el punto más lejano de toda Aaa y tienes que pasar por miles de peligros para poder llegar.

La gata miro al piso haciendo funcionar a sus neuronas a mil por hora intentando que una respuesta le llegara de milagro. Pero no pudo decir nada más que:

-¿Cuánto puedo tardar?- Dijo de golpe.

-Unos cinco meses, creo. Pero entiende, Cake, sin ese portal no podrás alcanzarlos antes de que termine la semana y tu viaje será en vano. Mejor quédate aquí.

-¿Y no podemos construir un portal que me lleve a donde ellos fueron?

-No. Tendría que saber bien a donde los llevo el portal, poner la localización en el sistema e idear una nueva forma de traerlos de vuel…

Gumball se interrumpió así mismo, quedando como en estado de shock.

-¿Y ahora tu? ¿Por qué te quedaste callado?- Pregunto la gata al notar el repentino silencio en Gumball.

-No podrán regresar…-Murmuro el Dulce Príncipe.

-¿Qué?- Pregunto Cake, púes esta no alcanzo a escuchar lo que salió de la boca del monarca.

-¡No podrán regresar!- Exclamo, esta vez más alterado- Cake, ponte a pensar; Marshall y Fionna se fueron cruzando un portal mágico que los llevaría a un punto más cercano a la Orden de los Vampiros, pero dudo mucho que ese portal pueda abrirse tan fácilmente otra vez para permitirles que regresen.

-¿Se quedaran atrapados?- Dijo la gata, preocupada. El joven asintió- Entonces tardaran cinco meses más en regresar.

-Pero aun existe la posibilidad de que La Orden de los Vampiros los deje ir después de haber negociado con ellos lo que querían.

-Traducción, por favor.

-Que pueden dejarlos regresar, pues- Exclamo- Pero habrá que esperar al final de la semana.

-¡No puedo esperar tanto tiempo! ¡Quiero ver a mi niña a la de ya!- Se altero Cake.

-Lo siento, Cake, pero no podemos seguirlos a donde fueron. La única opción que nos queda por hacer es quedarnos aquí y esperar.

Era increíble que hasta ahora que ya no podía hacer otra cosa más que quedarse con los brazos cruzados a esperar que Fionna regresara. Aceptaba que le tenía un cierto "medio desprecio" al Rey de los Vampiros por meter a su hermana en problemas y a ella en ocasiones, no intencionalmente, claro, nada más que a Cake no le gustaba mucho el hecho de encontrarse con un peligro en cada esquina cuando iban con él. Y también estaba aquella vez en que la mando a otra dimensión en donde un pavo mutante con tres ojos se la comía. Supuso que Fionna debió haberle dejado una buena regañada a Marshall porque cuando fueron a rescatarla el vampiro tenía un ojo morado y la mejilla hinchada. Ni aunque fuera el novio de su hermana podía llevarse bien con él aunque su vida dependiera de ello, puesto que siempre se la llevaban peleando, gritando o haciendo una mala imitación de los luchadores de la WWE. Sin embargo, a pesar de lo mal que se llevaban, a veces los dos llegaban a preocuparse por el otro cuando se encontraban en una situación grave, por el amor que le tenían a Fionna se ayudaban, porque si ella llegaba a perder a cualquiera de los dos, sería un acontecimiento que marcaria su vida para siempre, aunque llegase a olvidarlo.

Tremendo el error que cometió. En esos instantes le gustaría regresar el tiempo y no haber tenido esa discusión con Fionna y decirle que iría con ella, pero claro que con solo lamentarse el universo no iba a moverse de una forma misteriosa para que pudiera corregir su error; lo hecho, hecho estaba. No había marcha atrás. Nada podía hacerse.

….

-¡LLEVAMOS HORAS CAMINANDO AQUÍ!- Gritaba Fionna a la nada, haciendo resonar su voz por todo el bosque y mandando a unos cuervos asustados a volar por el aire.

Efectivamente, llevaban buena parte de la mañana y de la tarde caminando por ese bosque, sin rastro alguno de una salida o un punto en específico al que llegar. Se habían cruzado con muchos monstruos, entre ellos a las criaturas que los atacaron ayer en la noche, que les regalaron más heridas y cansancio que, combinado con el terrible calor que empezó a hacer, habían empezado a arderles y a causarles molestias.

-Hay que ser pacientes. Encontraremos la salida muy pronto y trataremos de descansar un rato- Dijo Marshall, pero hasta él ya estaba desesperándose. Los rayos solares se habían intensificado más de lo que él hubiera esperado que se intensificaran y con ese aumento de temperatura podía jurar que su cerebro estaba a punto de explotar además de que el montón de ropa que traía puesta no le ayudaba mucho.

-Pues como que ya fue demasiada paciencia para una mañana completa. Y no sé porque, pero estoy empezando a creer que estamos caminando en círculos.

-No estamos caminando en círculos, Fi. Te lo aseguro.

-¿Y entonces porque he visto el mismo árbol como tres veces en lo que llevamos caminando?

-Todos los arboles son iguales aquí.

El vampiro intentaba no exaltarse y gritarle a Fionna, quien parecía estar igual de desesperada que él por el calor que hacía. Constantemente se sacudía el cuello de su sudadera permitiendo la entrada de aire a su cuerpo, pero esto no le servía de nada porque cinco segundos después ya volvía a sentir esa horrible sensación de ardor en el cuerpo.

No decía nada para no preocupar a Fionna y retrasar más el viaje, pero no podía evitar quejarse constantemente en sus pensamientos por lo mucho que estaba empezando a dolerle todo. Su boca estaba empezando a sentirse seca. Y no era por exagerar ni nada, pero en definitiva no soportaría un minuto más ese calor tan infernal, tan letal para él que ponía en peligro su vida. Con cada paso que daba sentía que se caía y que el suelo lleno de raíces por el que caminaba movía como si de gelatina se tratara. Todo era desconocido para él ahora, todo lo que veía, todo lo que escuchaba y llegaba a sentir ahora eran cosas que iban y venían. Y con esto se hace una ligera sospecha de que el Rey de los Vampiros en verdad la estaba pasando mal, pues la sensación era casi como lo que sintió cuando estaba por morir.

-¡NO!- Grito Fionna, sacando de golpe a Marshall de sus pensamientos- ¡NO! ¡Veo la luz al final del túnel!

Y entonces Marshall miro al frente. En efecto, ahí se encontraba una luz más brillante que la de los rayos del sol y el montón de arboles viejos que estaban alrededor hacían lucir esa escena como si estuvieran en una especie de túnel y al final se viera una luz muy brillante como la que algunas personas cuentan que ven cuando están a punto de irse al "más allá" Cosa curiosa, porque él no vio nada parecido. Solo vació.

-¡No la veas, Marshall! ¡Todavía tenemos muchas cosas que vivir!- Decía ella mientras se cubría los ojos con las manos.

-¡Es una simple luz, Fionna!- Dijo el muchacho, provocando que su novia quitara sus manos de su rostro y se atreviera mirar al frente.

Volteo a verlo para después preguntarle:

-¿Todavía no morimos?- El muchacho suspiro, resignado.

-No. Aun seguimos vivos.

-¿Entonces que esperamos? Esta cosa tiene que guiarnos a algún otro sitio que no sea este.

Sin pensar, como era típico de ella hacerlo, se dirigió corriendo en dirección a la luz, que parecía ser el final del camino de ese bosque.

-¡E-espérame!- Grito el vampiro al tener a su novia a punto de cruzar al otro lado.

Levito un poco en el aire y voló lo más rápido que pudo a donde Fionna, quien de un instante a otro había sido consumida por la luz cegadora que tenían al final. Y con algo de miedo, tenía que aceptar, cruzo al otro lado siendo consumido al igual que su novia.

Al principio no podía abrir los ojos debido a que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad del bosque, pero poco a poco fue recuperando su vista y, por desgracia, al mismo tiempo la sensación de calor y ardor en su cuerpo también regreso, por no mencionar el dolor que todavía predominaba en su brazo dislocado, al que no había tenido tiempo de arreglar. Conforme fue recuperando su vista fue encontrándose también con el paisaje, el cual pudo divisar que no tenia arboles. El sol le hacía imposible la tarea de poder ver todo, por lo que con su brazo sano se tapo los ojos por encima entrecerrando los ojo para aclarar todo.

Y ahí fue cuando Marshall supo que su suerte no podía estar más del asco.

No había arboles. No había alguna construcción que indicara que estaban en una ciudad en ruinas. Tampoco había agua para considerar que fuera un océano al que se vieran obligados a cruzar. Era otra cosa y, en el caso de Marshall, una pesadilla para cualquier persona de su especie.

Seguía levitando y bajo sus pies se encontraba un suelo caliente, casi ardiendo en llamas, duro y agrietado. En el cielo no había ni una sola nube y ni un pájaro que se atreviera a cruzar; estaba más que el sol, deslumbrando con su calor a todo lo que podía dar. Miro al frente, en donde no miraba más que de esas montañas que parecían ser de roca rojiza separadas a grandes distancias, unas tras otras. Y eso nada más veía. Trago saliva en seco y volteo a ver a su novia, quien al sentir la mirada de él sobre la suya y darse cuenta de en donde habían terminado, lo vio preocupada. Marshall Lee sin duda no soportaría mucho estando ahí, ¿y por qué razón? Porque habían terminado en un desierto.

Si existía alguna ley para los vampiros de a qué lugar debían acercarse y a qué lugar no, los desiertos tenían el primer lugar en sus listas negras ya que, una vez dentro de esos paisajes marchitos, infernalmente calientes, secos por completo, no encontrarían una sola sombra que los ayudara a cruzarlo. Y como era de esperar el paisaje estaba desolado, sin ninguna señal de que viviera alguien por esos rumbos. Pues claro ¿Quién carajos estaba tan loco para atreverse a vivir en un desierto sin comida ni agua a kilómetros de distancia? Solo un loco recién sacado del manicomio se atrevería a vivir en un sitio así.

-Mejor no, Marshall. Hay que esperar hasta en la noche y así será más seguro para ti- Dijo la humana, preocupada de que algo le pasara al vampiro.

-¿Qué? Pero para que llegue la noche falta mucho, unas cinco horas tal vez- Contradijo- No, Fi. Recuerda que estamos aquí para negociar con la gente que quiere matarme y solo tengo una semana para cruzar quien sabe cuántas otras pruebas más.

-Pero el desierto…

-¡El desierto, mangos! Le tengo pavor al sol, lo sé; puede matarme, también lo sé. Pero por ninguna razón, absolutamente por ninguna, voy a dejar que tú seas la que muera de hambre y sed. Cruzaremos esta… tortura calorífica y seguiremos a la siguiente prueba.

-Marshall, se que quieres cuidarme porque me quieres y todo eso… Pero por una sola vez, Marshy… por una vez… ve el daño que te haces y estas por hacerte. Tu brazo aun sigue mal, a leguas se te nota que el calor te está matando ¡Y aun así no eres capaz de pensar en las consecuencias, Marshall Lee! Acepte acompañarte porque tenía miedo que te pasara algo y yo no pudiera impedirlo- Le regaño, dejando que unas lagrimas se deslizaran por sus mejillas- Si pasara lo mismo de hace cinco meses… si te perdiera justo aquí, justo ahora… yo no sé qué haría.

Sin darse cuenta, Fionna empezó a llorar bajando la mirada para que el muchacho no la viera en ese estado que no era costumbre de ella mostrar de una manera tan fácil. El vampiro entendía lo que la humana quería decirle, quería cuidarlo, tenerlo a salvo como él quería que estuviera ella aunque Fionna le pidiera que no la cuidara tanto, como le dijo ayer en la noche, cuando ya les urgía pegar el ojo. Sin decir nada, el chico abrazo a su chica haciendo lo posible por no hacerse más daño en su brazo herido, que desde hace rato ya estaba dándole molestias. Le dio un beso en la frente y la atrajo más a él permitiéndole a la humana desahogarse en su hombro que empezaba a humedecerse gracias a sus lágrimas. Acaricio su cabello tratando de hacer el mejor intento para consolarla. Entendía porque reaccionaba así, lo sabía, ella quería lo mismo que Marshall quería para ella, pero a causa de la terquedad de él y su ignorancia al dolor Fionna no podía conseguir cuidar de él como lo hacía con ella. Y después de analizarlo un rato se dio cuenta de que en verdad necesitaba cuidarse más para poder cuidarla a ella.

-Ya no llores, Fi… No tienes porque llorar- Murmuro, sintiendo como su llanto se hacía más leve.

-No vas a hacer caso de lo que dije- Levanto la mirada-,… ¿verdad?

Él negó levemente con su cabeza y ella, resignada, volvió a esconder su rostro húmedo en lágrimas en el pecho de Marshall, quien poco después siguió hablando:

-Todo va a estar bien. Confía en mí, solo necesito ponerme más cosas encima y el sol no me hará ningún daño.

La joven elevo una vez más su vista hacia arriba, mirando con una ceja arqueada y expresión preocupada al vampiro, quien riendo hablo una vez más:

-Tú en lo tuyo, Fi. Mira, no muy lejos de aquí está la montaña más cercana y donde hay montañas, hay cuevas. Buscaremos una y esperaremos ahí hasta que llegue la noche. Así podremos caminar durante varias horas sin correr el riesgo de que me convierta en cenizas y tú no mueras de hambre y sed.

-Eh, si… Hablando de hambre y sed- Y antes de poder terminar, el estomago de Fionna gruño y esta miro a su novio- ¿Podríamos llegar a esa cueva lo más rápido posible?

-Je, je, je. Alguien tiene hambre- Se burlo Marshall, quien levitando, empezó su viaje.

-¡Es que llevo horas sin probar nada!

-Ay, aja.

-¡Tu lo dices porque no tienes hambre!- Y entonces su estomago volvió a gruñir- Ya bájale, comeremos en cuanto lleguemos.

-¿Estás hablando con tu estomago?- Dijo el vampiro a lo lejos.

-¿Qué quieres que haga si no? Solo somos tú y yo perdidos en un desierto ubicado a kilómetros de casa… A propósito, ¿qué hace un desierto cerca de un bosque horriblemente extraño?

-No lo sé. No soy geógrafo ni me interesa saberlo. Tuve suficiente tortura en mis años de escolar para querer volver a escuchar un tema de escuela. Gracias.

-Marshall, si Alabaster te borro la memoria cuando eras un niño humano y Víctor Bangladesh te dejo en el mundo de los humanos… ¿Cómo era tu familia humana?

-¿Mi familia humana?- Después de aquella pregunta el vampiro se detuvo en seco y miro a la nada, recordando a su segundo padre y madre- Mi familia humana.

Vaya, hacía siglos en los que el Rey de los Vampiros no recordaba a las personas que lo adoptaron como a su propio hijo cuando él creía no tener padre ni madre. Bueno, lo primero que recordaba fue que se encontraba en una ciudad devastada por la guerra, llorando en medio de una calle en donde fue encontrada por la Reina Helada, que en ese entonces no era la anciana loca que todos conocían. Y después de pasar un tiempo con ella llegaron a otra ciudad cercana a donde estaba esa y para entonces la Reina Helada había perdido casi por completo toda su cordura, así que dejo a Marshall al cuidado de una pareja de casados sin hijos a los que les pidió que lo cuidaran como si fuera suyo. Después, el pequeño Marshall no supo nada de su vieja y algo loca amiga hasta poco más de cinco años atrás, cuando él regreso de su viaje por toda la Tierra de Aaa.

Con el paso de los años el Rey Vampiro olvido el nombre de las personas que lo amaron como si fuera su propio hijo y que lo cuidaron los siguientes doce años. Sin embargo, lo que si recordaba con claridad de esas dos personas fue que durante mucho tiempo anhelaban tener un hijo a quien cuidar, y desde el día en que la Reina Helada lo dejo a sus cuidados, ellos le juraron que fue el día más feliz de su vida. Eran amables, felices, cordiales, toda una pareja de casados ideal si se podría decir. Le dieron educación –aunque sus modales los olvido ya después de haberse enterado que pertenecía a la Familia Real-, una casa donde vivir, una cama en donde dormir, comida, ropa, y lo más importante, una familia. Ellos no eran su verdadera familia, estaba consciente de eso, pero solo tenía recuerdos de ellos como padres ejemplares, aunque claro, con eso no quería decir que sus verdaderos papá y mamá fueran una vergüenza como padres, era solo que aquellos humanos tan buenos fueron quienes le enseñaron lo que era tener un padre y una madre presentes, y no a una mujer demonio ama de todo el Inframundo a la que no vio hasta después de su transformación en vampiro.

Y de su verdadero papá…. De él no podía decir nada. Ni siquiera lo recordaba y su única oportunidad de saber cómo era se arruino en un incendio, curiosamente nada más en la parte donde se encontraba Algul Abadeer.

-Marshall ¡Tierra llamando a Marshall! ¿Hay alguien ahí?- Decía Fionna, golpeando la cabeza del chico como si fuera una puerta.

-Deja de hacer eso, Fi- Le pidió.

-Hasta que reaccionas. Te fuiste del tiempo y del espacio por un momento, viejo. Pero ya, en serio, cuéntame de tu familia- Dijo ella, curiosa de saber de lo que fue de la infancia de su novio antes del esplendor de la Gran Guerra de los Champiñones.

-No lo recuerdo- Mintió, para evitar recordar momentos que pudieran ponerlo sentimental- Han pasado mil años desde eso, Fionna. Me es difícil poder recordar.

-Entiendo.

No paso mucho tiempo en el transcurso de su viaje cuando Lee empezó a sentirse mal a causa del calor y a que constantemente tuviera que verse obligado a seguir el camino a pie para no gastar más fuerzas de las que ya había gastando levitando. Nada más avanzo unos cuantos metros al interior del desierto y de repente su cuerpo empezó a sentirse como si tuviera lava ardiendo recorriendo por sus venas. Estuvo a punto de perder el equilibrio y caer al suelo varias veces, pero de permitir que eso pasara haría que Fionna se preocupara más y eso era algo que en definitiva él no quería, sobre todo por la plática que tuvieron antes de tomar la decisión de entrar a ese lugar infernal. Sus ojos de demonio se habían activado sin que él se diera cuenta y su boca estaba seca. Preocupado de que le sucediera lo mismo a su chica, estuvo volteando a verla varias veces pero no encontró rastro alguno de que sufriera lo que él, pues ella le sonreía con esa manera tan tierna que tiene de sonreír que hacía que el joven también le regresara la expresión.

Lo único que quería en esos momentos, era que pudiera llegar completo a esa maldita montaña…

¡PERDONEME LA HORRIBLE TARDANZA, PORFAVOR! Soy una escritora horrible por hacerlos esperar tanto, lo se ¡PERO YO NO TENGO LA CULPA DE QUE MIS CARCELOS –los profesores- NOS DEJEN TANTA TAREA! Y tengo que aceptar que también es culpa mia por distraerme en la pagina de Mizz-Chama en Deviantart, pero no puedo evitarlo, sus comics y dibujos son tan geniales que lo primero que hago en cuanto enciendo la lap es ver si subió algo. Dibuja mucho Fiolee y su arte es esplendido, así que cuando tengan oportunidad de entrar, entenderán porque me tarde tanto.

Pero pasando a lo otro, me da gusto regresar a publicar otro capitulo aquí en Fanfiction. Ya me extrañaban, ¿verdad?... ¿VERDAD? Ay, ya parezco psicótica de manicomio. Bueno, niños, estoy algo corta de tiempo, así que hasta aquí dejare las notas finales. Nos veremos en el próximo capitulo. Feliz fin de semana. Adios.

Riux, Chaitoo.

P.D- ¡No olviden que un Review es igual a inmortalidad!

P.D 2- Si me dejan un comentario, Marshall y Marceline irán a agradecerles de mi parte.

P.D 3- Review= Escritora feliz

P.D 4- Ya fueron muchas posdatas, ¿no creen?