John vestía una vieja bata raída por el paso del tiempo y el desuso, que pensó tirar más de una vez. Suerte que no lo hizo o no hubiera tenido qué ponerse en esta ocasión. Y frente a él se encontraba Mycroft, vistiendo un traje de tres piezas impecable y carísimo. Eso hacía que se sintiera incómodo, más de lo que Mycroft le hacía sentir normalmente.

Sherlock, por supuesto, seguía en el baño, y al parecer no tenía intención de salir por el momento.

- Confío en tu discreción.

John asistió con la cabeza.

- ¿Sherlock podrá escucharnos?

- No, ahí dentro no se escucha nada. Mentira, y de las grandes. Sobretodo si se tiene la puerta entreabierta, como es el caso, con Sherlock clavado tras ella, más silencioso que el propio silencio.

- Bueno... tú eres médico.

John tuvo que reprimir un obvio, y volvió a asentir con la cabeza, ya casi automático.

- Oh, perdona - dijo soltando las manos un poco rojizas del rubio, que pensó - por fin - soltando todo el aire contenido.

- Bueno, no sé muy bien por dónde empezar, estoy un poco nervioso. Es evidente, ¿verdad? - dijo desanudándose la corbata.

Por supuesto, Sherlock se estaba enterando de todo, y John se sentía incómodo por todos los frentes.

Si Mycroft estaba nervioso, debía tratarse de algo gordo, pensaron los dos inquilinos del 221B al mismo tiempo.

- Verás - continuó el hombre del paraguas - tengo un problema con... ya sabes.

John no sabía qué responder. ¿Este hombre creía que seguía la línea de sus pensamientos o qué? - No te sigo – dijo algo confuso.

Sherlock hacía lo imposible por contenerse. Él, por supuesto, ya sabía a lo que se refería por la mera elección de sus – clicheadas palabras – según él, y ahora su ánimo era otro, ese ánimo de superioridad característico.

- Dado que estoy informado que es muy común, seguro que habrás visto multitud de casos a lo largo de tu carrera profesional.

El moreno se sentía tan impotente de no poder intervenir que tropezó con... consigo mismo, o eso creyó, y se fue de bruces al suelo. Suerte que adelantó las manos. Pero el ruido que formó al caer asustó a John, e incluso hizo que Mycroft volteara su cabeza hacia la puerta.

- Dame un segundo - le pidió John, y fue a ver al baño, donde, tras abrir la puerta, se encontró a su compañero sentado con las piernas cruzadas y la espalda apoyada en el lavabo. John dudó por un segundo al verle, escudriñándole el rostro, y finalmente cerró la puerta tras él con suavidad.

Respiró profundamente, e incluso contó hasta diez, antes los ojos analizadores del detective, que no dejaba escapar ni un ápice de información desde su ángulo. Todo ello para intentar hablar tan bajo como le fuera posible y no formar un escándalo ante el que fuera – o se creyera – la mano derecho de la reina.

- ¿Pero qué haces? ¿No piensas salir de aquí? – espetó a un Sherlock un tanto apático. - Oh, vaya - y pudo ver una pequeña herida en su labio. Acercó sus dedos a ella, tocando alrededor.

- ¡Ay! - se quejó el más alto. - Exacto, no pienso salir de aquí. Luego no me lo contarás – respondió desafiante ante la pregunta de hacía ya unos segundos.

- Claro que no. Es secreto profesional - dijo el rubio intentando controlar el volumen de su voz. - ¿A qué viene tanto interés? Seguro que ya lo has deducido tú solo.

- Quiero contrastar mi hipótesis, así que lo dicho - y el detective se cruzó de brazos.

- Por lo menos cállate - susurró antes de marcharse, dejando la puerta semi-cerrada y a Sherlock haciendo un mohín.

Mycroft seguía sentado, como si el tiempo se hubiera detenido.

- ¿Me decías? – preguntó John sentándose de nuevo frente a él.

- Creo que tengo un problema sexual.

John casi se atraganta - sin líquido - . No se lo esperaba. Claro que había visto multitud de casos, y era el primero en promover las visitas al urólogo, sólo que era la primera vez que veía las palabras sexual y Mycroft juntas en la misma frase.

Nada se escuchaba desde el baño. Eso era buena señal ¿no? Agitó suavemente la cabeza y volvió a centrarse en Mycroft, que esperaba estoico la confirmación de su autodiagnóstico.

- Explícame los síntomas – dijo tratando de comportarse como el profesional que era.

- Estás al corriente de mi relación con Lestrade, ¿cierto?

John dudó por un instante. Se había enterado por Sherlock, pero, ¿debería saberlo?

- No te entiendo - dijo fingiendo no estar al tanto. Y - por algún hecho inexplicable - funcionó.

Mycroft carraspeó antes de continuar.

- Qué extraño que mi hermano no te haya contado. Bueno, no importa. Estoy saliendo con Lestrade – dijo tranquilamente.

Se hizo el silencio. El silencio más incómodo de la historia. Sherlock disfrutaba triunfal del espectáculo desde la barrera, pero John, como tantas otras veces desde que le conoció, se encontró en medio de una situación que no había buscado.

- Me alegro por ello - dijo finalmente con una sonrisa. Realmente se alegraba, era algo que todos, incluido Sherlock, esperaban.

- Gr-Gracias - respondió algo sonrojado. Como te iba diciendo, estamos empezando una relación con contacto físico, y de ahí ha avanzado hasta el terreno sexual. Y ahí está el problema. Nuestros encuentros sexuales son satisfactorios, pero el tiempo desde el comienzo de la erección hasta la eyaculación es demasiado corto, o tal vez sea algo subjetivo. ¿Cuál es su opinión?

Algo en Sherlock se activó, dejando de escuchar la conversación, algo que hasta entonces no había captado su interés. ¿Cómo sería tener sexo con John?

o.o.o

¿Bien? ¿Mal? ¿Para tirarme tomates? Oh, espero que no O.O

Ojalá les esté gustando. Prometo mejorar cada día :)

Sus reviews son la cuerda de este reloj :3