Cuando Sherlock volvió a prestar atención a la conversación, ésta ya había terminado y pudo escuchar cómo Mycroft salía por la puerta más satisfecho de lo que entró.
Lejos de salir, se metió en la ducha, vestido, o mejor dicho, embatado, se sentó en la bañera y dio paso al agua. En poco tiempo el agua le llegaba más arriba de las caderas.
John se encontraba en la planta de abajo, pensando cómo un hombre tan importante como Mycroft podía agobiarse tanto por un problema tan común, como él mismo dijo.
De nuevo se acordó de Sherlock y de lo callado que estaba. Algo tenía que ir mal, no podía ser que no se escuchara nada en un período de tiempo tan grande. Y corrió hasta el baño. Abrió la puerta de golpe y ahí estaba, en la bañera, cubierto de agua hasta los hombros y la cabeza semi-sumergida.
- ¿Pero qué haces? - preguntó John cortando el grifo.
- Pensar - contestó concentrado en un punto fijo de la pared. Miró hacia John y le dijo con esa sonrisa de medio lado tan característica, señalando el agua con la cabeza: ¿quieres pensar conmigo?
John dudó. ¿Quería?
- Sólo un rato - dijo introduciéndose poco a poco sin quitarse su bata. Aún no se sentía muy cómodo desnudándose frente a Sherlock.
Se acurrucó enfrente, pues la bañera tampoco era tan grande. Pero Sherlock no tardó en tirar de él hacia sí, haciendo que la espalda de John y su pecho chocaran de forma amortiguada por el agua, agua que, por otra parte, estaba ya casi inundando el suelo del baño.
Sherlock lo apresó - y ésa es la palabra correcta - en un abrazo. Uno tan fuerte que a John le costaba respirar.
- Sher-Sherlock suéltame, me haces daño - decía mientras trataba de zafarse de sus blancos brazos – garra –. Pero no hubo manera. No era tanto la fuerza del moreno, sino su forma de cogerlo, lo que le impedía liberarse.
- Sherlock, haz el favor... - decía un John cada vez más sonrojado. Y un Sherlock divertido selló su boca con un beso, abarcando su costado como una sombra. Las mejillas de John pasaron a ser brillantes, quizá por el calor del agua, pero poco probable. Sus labios comenzaron a moverse, bailando en una perfecta coreografía con los de Sherlock. Los besos del detective eran cada vez más voraces, pero a la vez más precisos y expertos. No quedaba ninguna duda, Sherlock aprendía a pasos agigantados si algo captaba su interés, y John siempre tuvo el puesto número uno en ese campo.
Sus cuerpos cada vez más uno solo, sus labios ya rojos por el roce. Sherlock lucía unos vidriosos ojos y unos pómulos color carmesí, que le hacían lucir más bello si podía ante los ojos de John, quién había conseguido girarse de medio lado, adoptando una postura algo más cómoda para su cuello.
Sus manos se dividían entre la cara y el pecho de Sherlock, masajeando ambos con la yema de los dedos, provocándole gemidos ahogados en su garganta, tan vibrantes y sensuales que hacían despertar los suyos propios.
John se sentía desfallecer. Su cuerpo a merced de la voluntad de su amante, que abandonaba su boca sólo para atacar su cuello, y bajar hasta su duro pecho, mientras enredada sus manos en el frondoso pelo, despeinándolo a conveniencia.
Tal era el calor, la tensión, el amor... que John se desmayó, desplomándose sobre el hombro de Sherlock, que por un instante se asustó como nunca antes, pero que enseguida controló la situación.
- John, despierta - decía una y otra vez dándole suaves palmadas en la mejilla. Pero el médico parecía sumido en un profundo sueño. Sherlock se asustó aún más, aunque puede que nunca lo reconociera. Deslizó un brazo por detrás de su espalda y el otro por debajo de sus piernas, y lo levantó con esfuerzo. John realmente parecía menos pesado de lo que era.
Salió de la bañera con cuidado de no resbalar y caer con John por delante. Y abrazándolo contra su pecho se dirigió hacia el lugar más cercano donde poder tumbarlo: la cama de John.
Lo tumbó con cuidado, desprendiéndolo de esa horrible bata y besando su frente. Su aroma, adoraba ese olor más que nada. - Maldición - masculló. John tenía unas décimas de fiebre, y su cuerpo temblaba débilmente. El rubio abrió los ojos, enfocando a Sherlock con dificultad. Cogió fuerte la mano de éste, quién intentó pronunciar palabra, pero no pudo.
- Idiota - dijo el mayor con una sonrisa. Y volvió a cerrar los ojos en un gesto sereno.
Sherlock no dijo nada, sólo dejó ver una mueca de alivio, y apretó más fuerte su mano como respuesta, posando la cabeza sobre su pecho, para escuchar esos latidos que tanto le gustaban.
N/A:
Para este capítulo me basé en una imagen. Si la quieren pídanmela por MP y se la mando, FF no me deja poner el link entero.
O.O.O
Siento la demora, siento la demora u.u
Necesito gestionar mejor mi agenda *qué empresario ha quedado eso XD*
¿Les está gustando? Yo estoy disfrutando un montón.
Muchas gracias por los reviews, los follows, los favorites y lo que se me olvida ^^
Dejen ideas, todas serán bienvenidas :D
