Hacerle coger el móvil del bolsillo interior de su chaqueta, acercarse a su espalda, mirando por encima de su hombro cada palabra que le dedicaba. Nada era casualidad, todo tenía su razón de ser. Para qué aprenderse los planetas del sistema solar que los libros estiman oportunos enseñar. Qué sentido tiene si tu mundo ya tiene su propio sol, y todo, hasta el más mínimo de los detalles, hasta lo que queda fuera de tu alcance, gira a su alrededor.

Así era cómo Sherlock se sentía cada mañana. Al principio luchó contra ello. ¿Sentimientos? No podía darse ese permiso, el permiso de sentir. Dejar que alguien le conociera por completo, sus puntos débiles. Porque por mucho que se negara, seguía siendo humano, aunque alguna vez se le oyó renegar de esa condición. No quería mostrarse al mundo, no de esa forma, no sin su coraza protectora. Pero ese hombre, ese ex-militar, se había abierto paso directamente hasta su interior, sin romper el resto, sin cambiarle, y, sin embargo, cambiándolo todo. Ya nada era igual. Ya no podría volver atrás, a su vida sin John, ni tampoco tenía intención alguna.

Quizá John tuviera razón, quizá le conociera de verdad. Puede que incluso mejor que él mismo. Le preparaba el desayuno, que a veces ni se tomaba; no se quejaba, bueno, casi nunca, e incluso oír cómo le reprendía le hacía sentir bien, le hacía sentirse su igual; su cómplice cuando se reían de la policía a escondidas, cuando Sherlock invitaba a Mycroft a marcharse con el violín y él sonreía, orgulloso del momento.

- No me dejes - susurró con la cara medio enterrada en el abdomen de John.

- Cómo te gusta el drama - dijo burlón el rubio abriendo los ojos.

El detective se incorporó aparentando no saber del tema, algo nervioso por sus propias palabras.

- No finjas ahora no estar preocupado, no funciona – John sonrió de medio lado e intentó levantarse, pero el moreno se lo impidió con una mano sobre su pecho.

- Sherlock, estoy bien. Déjame levantarme - pidió el mayor cansado de ser 'el paciente'.

- No hasta que la fiebre haya bajado - respondió el más alto sin perder la firmeza de sus palabras.

Descripción de la situación:

John estaba tendido en su cama, boca arriba, tapado con una sábana hasta el cuello y una compresa fría sobre la frente. Sherlock estaba sentado en la cama, a su lado, vigilante a cualquier cambio, con los ojos fijos en él. Su cuerpo no estaba sujeto por ningún lado, pero la sola mirada del detective le hacía replantearse cualquier movimiento.

- Vamos, Sherlock, ¿hasta cuándo piensas tenerme aquí? - preguntó en un suspiro.

Un estornudo involuntario firmó su sentencia. A Sherlock le faltó tiempo para ir a por no una ni dos, sino tres mantas del armario de John, extendiendo las tres a la vez sobre un - cada vez más - desconcertado John.

- ¡Sh-Sherlock! ¡Esto es demasiado! ¡Voy a enfermar por exceso de calor! - bramó liberándose de todas las capas e incorporándose un poco, intentando normalizar la respiración.

Sherlock lo comprendió. Se estaba excediendo en sus funciones de compañero-cuidador de John. Así que sólo asintió con la cabeza y se levantó lentamente hasta la mesa, poniendo la laptop del mayor a funcionar.

El rubio se quedó mirando esos oscuros y revueltos rizos por un momento y un escalofrío le recorrió desde la nuca hasta la parte baja del estómago. Como era de esperar, Sherlock lo vio todo, reflejado en la pantalla.

- Acuéstate - le dijo al reflejo.

John no tenía ninguna gana de escuchar una enumeración de porqué debería acostarse, así que se tumbó dándole la espalda con una de las tres mantas enrolladas alrededor.

Sherlock sonrió para sí. Objetivo cuidar de John: viento en popa.

Ahora, uno nuevo - o no tan nuevo - se unía: encontrar el regalo para John.

No tenía ni idea de por dónde empezar. Quería ser original, quería que nunca lo olvidara. Este año no había sido el primero, pero eso no volvería a repetirse. Pensó y pensó. Realmente John era un verdadero reto. Así que se dispuso a buscar.

Primero comenzó escribiendo algunos clichés en el navegador, como: hombre+cumpleaños+regalo; sorpresa+agradable+compañero...

Después cambió de táctica, y pasó a las preguntas: ¿qué regalarle a un hombre por su cumpleaños?; ¿cuál es el regalo más placentero?

Ante esta última pregunta se abrieron multitud de páginas, la mayoría de carácter sexual. Sherlock estuvo largo rato observándolas y analizándolas, una por una, pero no acababan de convencerle.

Un poco harto ya de la ineficacia de los internautas para compartir información, su mente creó una idea: describir a John en Internet y ver posibles coincidencias. ¿Cuál sería el resultado?

o.o.o

Me volví a tardar en actualizar, ¿verdad? u.u

Lo siento, me volví a quedar sin tiempo *nota mental: planificar mejor la agenda*

Espero que les esté gustando :) Creo que con dos capítulos más estará terminado.

Si creen que éste se quedó muy 'pensamientos de interior' los próximos tendrán más 'acción' xD

Muchas gracias por leer :D