Capítulo 4
Separación
Ya era un año desde que Milo llegó al Santuario. En ese tiempo, los cinco aprendieron a desarrollar técnicas de cosmos. Milo estaba en el Coliseo, con Camus y Leenah, hoy era el día en que los tres tratarían de realizar las técnicas que habían estado desarrollando durante tanto tiempo. Los tres estaban parados frente a un montón de rocas. Camus fue el primero. Se paró frente a las rocas, y las examinó un momento.
_ Suerte. – Le dijo Milo.
_ Estoy segura que lo harás bien. – Añadió Leenah.
Camus soltó un suspiro, y se preparó. Puso sus brazos extendidos frente a él, con los dedos de sus manos entrelazados, y un aura de color celeste lo rodeó. Se empezó a sentir un frío helado, y Camus exclamó:
_ ¡Polvo de Diamantes! De sus manos salió un rayo celeste que golpeó las rocas, convirtiéndolas instantáneamente en hielo. Camus aún no lo podía creer. Milo lo sacudió para reaccionara, mientras que Leenah observaba satisfecha una gran roca totalmente convertida en hielo.
_ ¡Eso fue increíble! Le dijo Milo a Camus.
_ ¿Ustedes creen?
_Totalmente. – Le dijo Leenah tomando del suelo unas de las piedras congeladas. – Te toca Milo… - Dijo Leenah haciéndose a un lado para dejar a Milo en medio.
Milo estaba algo nervioso pero si muy seguro. Se puso frente a las rocas congeladas de Camus y comenzó a encender su cosmos. Extendió su brazo derecho frente a él, con el puño cerrado excepto el dedo índice, apuntó a las piedras de hielo. Un aura color rojo lo rodeó, y de repente, la uña de su dedo índice comenzó a crecer, tomando un color rojo oscuro.
_ ¡Aguja Escarlata! Grito Milo, y dos pequeños rayos color escarlata salieron de su uña, golpeando y destruyendo en pedazos todas las rocas.
Milo comenzó a saltar de alegría, zarandeando a Leenah y gritando:
_ ¡Lo logré, lo logré! ¿Viste eso?
_ Está bien, está bien, cálmate – Le dijo Leenah tratando de calmar a Milo que saltaba de alegría – Te salió verdaderamente excelente Milo – Dijo con voz alegre y una sonrisa debajo de la máscara.
_ Bien Leenah, ahora es tu turno. – Dijo Camus dándole unos golpecitos en la espalda.
Leenah se paró frente a las grandes rocas que quedaban, dudosa.
_ ¿Y si no me sale?
_ Te va a salir. – Dijo Milo seguro.
_ ¿Pero y si no?
_ Leenah, si te pones así de negativa, seguro que no te va a salir, confía en ti misma… - La animó Camus.
_ Está bien… lo intentaré… - Dijo Leenah, ahora un poco más segura.
Elevó sus brazos hacia arriba, juntó sus manos como si sostuviera una bola invisible en el aire y encendió su cosmos. Un aura color turquesa rodeó su cuerpo. Entonces una bola cosmos turquesa intenso se formó en sus manos.
_ ¡Llamas del Lince! Cuando gritó esto, lanzó la bola de cosmos hacia las rocas, primero haciéndolas pedazos, después pulverizándolas, sin que quede ningún rastro de ellas. Leenah se dejó caer de rodillas al suelo, estupefacta.
Milo y Camus miraron asombrados un momento, después se tiraron al piso junto a Leenah y comenzaron a reírse a carcajadas.
Seis meses después…
Ya manejaban sus técnicas sin ningún tipo de problema, Milo perfeccionó la suya, mientras que Leenah y Camus desarrollaron unas nuevas. Milo y Camus se dirigieron temprano en la mañana al Coliseo. Cuando llegaron, observaron algo asombrados a Leenah entrenar fuertemente con su hermano Shura, tenía cortes por todo el cuerpo, de la espada sagrada de su hermano, Excalibur. Su hermano era el Santo Dorado de Capricornio, su poder era tan fuerte, gracias a la espada que le fue concedida junto con su armadura dorada, su mano, era una espada sagrada capaz de cortar absolutamente todo, creada por los dioses, llamada Excalibur.
Milo y Camus se quedaron mirando un rato a los hermanos. En ese momento llegaron Aioria y Mu.
_Oigan, ¿sabían que hoy anunciaran donde nos van a enviar para ganar las armaduras?
_ ¡¿De verdad?! Preguntaron asombrados Camus y Milo.
_ Sí, me lo dijo mi maestro Shion.
_ Mi hermano me dijo que hoy solo nos dirán adonde iremos, primero anunciaran a los aspirantes caballeros de bronce, luego a los de plata, y luego vamos nosotros.
Leenah se acercó a ellos vendándose los cortes de espada que tenía en los brazos. Los saludó y se sentó mientras Mu la ayudaba con las vendas.
_ ¿Supiste que hoy nos dirán adonde nos enviarán para ganar las armaduras?
_ Sí, mi hermano me dijo algo. – Dijo Leenah algo adolorida.
_ ¿Tienes alguna idea de adonde nos enviarán Mu? Preguntó Milo.
_No, mi maestro no me dijo nada de eso…
Dos soldados entraron al Coliseo:
_El gran patriarca solicita la presencia de todos los aspirantes a caballeros. Habrá una reunión en los en la cámara del Patriarca donde les dirán el lugar al que serán enviados para obtener las armaduras. – Anunciaron los soldados a todos los aspirantes y aprendices que se encontraban entrenando ahí. Los soldados se retiraron y los cinco se miraron preocupados.
Cuando llegaron a los aposentos del patriarca, Leenah se fue con los aspirantes a caballeros de plata. El Patriarca se levantó de su silla, desenrolló un pergamino, y anunció los lugares donde irían los caballeros de bronce. Cuando terminó, pasó a los caballeros de plata. Milo, Camus, Aioria y Mu escuchaban atentos para cuando llegara el turno de Leenah.
_ Leenah – Dijo el patriarca cuando leyó su nombre en el pergamino – Tu irás a Italia, allí es dónde entrenaras para ganar la armadura plateada de Lince. – Leenah dejó salir un suspiro de alivio, y asintió con la cabeza.
Ahora era el turno de los caballeros de Oro. El patriarca fue nombrando a los aspirantes en el orden de los signos del zodíaco, por lo tanto, Mu fue el primero.
_ Mu, tú serás enviado a un lugar llamado Jamir, ahí está la armadura dorada de Aries. _ Mu asintió con la cabeza, y se hincó delante del patriarca.
Luego era el turno de Aioria. De todos, él era el que más nervioso estaba.
_Aioria, tú te quedarás aquí en el Santuario, ya que la armadura dorada de Leo, está aquí. – Aioria se sentía sumamente aliviado.
_Está bien Santidad. – Respondió.
Ahora era el turno de Milo. No estaba nervioso, solo algo inseguro.
_Milo, tu irás a la Isla Milos, ahí tendrás un maestro que te ayudará a entrenar para ganar la armadura de Escorpio. – Milo no conocía la isla, solo había escuchado de ella una vez, y sabía que era una tierra desértica.
_Camus, la armadura dorada de Acuario yace, en los hielos eternos de Siberia, ahí es donde irás. – Camus también asintió satisfecho.
Cuando la reunión terminó, los cinco salieron en silencio, muy pensativos. Allí se toparon con un hombre que tenía una armadura dorada puesta. Milo lo observó un momento, era un hombre alto, corpulento y fuerte, su mirada demostraba autoridad. Tenía cabello largo hasta debajo de la cintura, color azul marino y ojos de mismo color. El hombre los miró un momento y después dijo con una fuerte voz:
_ Asique ustedes son los aspirantes a caballeros dorados…
_ Ehh, si – Respondió Milo.
_ Mi nombre es Saga, soy caballero dorado de Géminis. – Saga observó a Milo. – Tú pequeño, tienes un gran cosmos dentro de ti, no tengo duda que regresarás con la armadura…
_ G…gracias – Dijo Milo algo nervioso. El caballero de Géminis sonrió y revolvió el cabello de Milo.
_Que tengan mucha suerte.
_Gracias caballero – Dijo Aioria.
Saga salió del pasillo y se fue. Los cinco se quedaron pensando en el caballero que acababan de conocer.
_ Mi maestro me contó sobre él, Saga de Géminis, Shura de Capricornio y Aioros de Sagitario son los únicos caballeros dorados que hay hasta ahora en el Santuario. – Dijo Mu, que siempre le daba información a sus compañeros sobre lo que pasaba en el Santuario.
En dos semanas, los aspirantes comenzarían a abandonar el Santuario, para ir a los lugares donde estaban las armaduras. Los cinco amigos se propusieron a pasar juntos las últimas semanas que les quedaban en el Santuario, ya que poco a poco, cada uno se iría yendo a su respectivo lugar de entrenamiento.
Leenah pasaba bastante tiempo con su amiga Shaina, aspirante a la armadura plateada de Ofiuchus, Camus y Milo entrenaban juntos todos los días, mientras que Aioria y Mu, que se habían hecho muy amigos en los últimos meses, entrenaban juntos también.
Después de dos una dos semanas y media, el lamentable día llegó, uno de ellos se iría durante diez años para ganar su armadura, había llegado la hora, uno de ellos, debía partir…
