Capítulo 5
La despedida
El momento había llegado. Uno de ellos partiría lejos del Santuario, donde entrenaría durante diez años, y ganaría el derecho de portar una de las armaduras de Athena.
Quien se iba era Mu. Su maestro Shion lo enviaba a Jamir por la armadura de Aries.
Se levantaron temprano en la mañana para despedir a Mu.
Fue una despedida llena de lágrimas y palabas de aliento. Cuando terminaron de despedirse, dos soldados escoltaron a Mu hacia el puerto, donde un gran barco esperaba para zarpar su rumbo hacia Jamir. Cuando Mu se fue, los cuatro se fueron a entrenar, Milo y Camus juntos, y Leenah y Aioria con sus hermanos.
Se sentían tristes. El saber que después de haber sido amigos por casi dos años, y ahora tener que separarse era muy difícil.
Una semana después…
Quien se iba ahora era Camus. Sería enviado a Siberia, donde están los Hielos Eternos, por la armadura de Acuario.
A quien más le afectó fue a Milo. Ambos se habían hecho inseparables amigos, Camus era más que su amigo, era como su hermano, sabía que ese momento llegaría, pero también sabía que sufriría demasiado.
Estaban en la Cámara del Patriarca, Camus frente al patriarca con las valijas a un costado, y Milo, Leenah y Aioria detrás de él. Milo trataba de contener las lágrimas.
_Los dejaré solos un momento para que se despidan… - Dijo el patriarca, y salió de la habitación.
Cuando el patriarca se fue, Camus se dio vuelta y abrazó a Leenah.
_Tienes que prometernos que te esforzarás mucho y volverás con la armadura… - Le dijo Leenah mientras lo abrazaba.
_Lo prometo Leenah… - Susurró Camus, tratando de no llorar.
Luego soltó a Leenah, le sonrió, y abrazó a Aioria.
_ Ten mucho cuidado…
_ Lo tendré Aioria, no te preocupes...
Camus soltó a Aioria, y volteó hacia Milo. Ambos se miraron por un momento, entonces se abrazaron con lágrimas en los ojos, hasta que ninguno de los dos se pudo contener, y las lágrimas cayeron por sus mejillas.
_Tienes que sobrevivir, ¿Entendiste? Sobrevivir, y volver con la armadura… - Le dijo Milo.
_Te lo prometo Milo – Dijo, soltando a Milo y mirando a sus amigos - les prometo que volveré con la armadura, estoy seguro que pronto volveremos a reunirnos, entonces, todos seremos caballeros de Athena.
_Así será Camus, estoy segura de ello… - Dijo Leenah
_ Yo también – Agregó Aioria.
Entonces entró el patriarca. Camus se secó las lágrimas y se paró frente a él.
_Ya es hora Camus, dos soldados que te acompañarán en el viaje. – Dijo el patriarca, mientras ponía una mano en el hombro de Camus – Que tengas mucha suerte.
_Gracias Santidad, entrenaré duro y volveré con la armadura.
_Creo en que así será… - Dijo el patriarca – Ya debes irte.
_ Sí, adiós Santidad.
_Adiós. – Respondió Shion, serio.
Milo, Leenah y Aioria acompañaron a Camus al puerto. Cuando llegaron, Camus les dio un último abrazo a sus amigos y se subió al barco. Los tres se quedaron observando cómo el barco se alejaba, hasta que se perdió de vista.
_Debo ir con mi hermano, después nos vemos. – Dijo Aioria.
_Hasta luego Aioria. – Respondió Leenah, Milo no dijo nada, se notaba la tristeza en su mirada, ella se dio cuenta. Puso su mano en el hombro de Milo.
_No será la última vez que los veamos Milo… estoy más que segura que nos volveremos a encontrar todos…
_Lo sé… - Murmuró Milo, poniendo su mano sobre la de Leenah. – Vámonos de aquí.
_Está bien.
Desde que se fue Camus, Milo y Leenah pasaban casi todo el tiempo juntos. Aioria pasaba más tiempo con su hermano. Eran muy amigos, se querían bastante, Milo era el único en el que Leenah confiaba para expresarse, ya que nunca lo hacía con los demás.
Cinco días después…
El peor momento para Milo había llegado. Leenah debía irse. La armadura plateada del Lince la esperaba allá en Italia. Aún no se recuperaba de la partida de Camus, y ahora tenía que separarse de Leenah.
Leenah era muy importante para Milo, gracias a ella, el había llegado al Santuario. Se pasó la noche pensando que ahora que Leenah partía, el se quedaba solo, no era tan cercano a Aioria. Sus amigos siempre lo alentaron y ayudaron desde el momento en que llegó, ahora, debía entrenar por su cuenta, para alcanzar eso por lo que tanto había peleado hasta ahora.
Leenah tampoco durmió en toda la noche, pensaba en que le aguardaría allá, y los peligros que tendría que enfrentar. Pero ella no tenía miedo. Había entrenado fuertemente desde que tenía cuatro años para ese momento. También pensaba si reconocería a sus amigos al volver, solo eran niños, ella tenía nueve años, Milo once, Camus diez, Aioria nueve y Mu diez, al regresar, ya no serían esos niños revoltosos que eran, serían adultos, caballeros de Athena que entregarían su propia vida por preservar la paz, el amor y la justicia de la tierra.
Milo y Aioria fueron a al recinto de amazonas, pero Leenah no estaba ahí, entonces pensaron que ya estaría en la Cámara del Patriarca. Cuando llegaron, Leenah abrazaba a su hermano. Se quedaron en la puerta observando a Shura, arrodillado frente a Leenah, dándole palabras de aliento. Se abrazaron una vez más, y Leenah volteó para ver a sus amigos parados en la puerta. El patriarca observaba sin hablar desde su silla. Aioria y Milo se acercaron.
Leenah abrazó a Aioria. Después de unos segundos, lo soltó, y abrazó fuertemente a Milo.
_Te extrañaré… - Dijo Leenah con voz cortada.
_Lo sé… yo también te extrañaré mucho Leenah... – Dijo Milo, mientras un par de lágrimas caían por sus mejillas.
_Te juro que entrenaré como nunca y obtendré la armadura.
_Se que lo harás, eres fuerte. – Al escuchar esto, Leenah no pudo evitar dejar salir una lágrima, que se deslizó por su rostro debajo de la máscara, cayendo por su cuello. Milo la separó de su cuerpo y le sonrió. Leenah tomó maleta y miró a su hermano Shura.
_Gracias al entrenamiento que me has dado, te juro hermano, que volveré siendo el caballero plateado de Lince.
Dicho esto, hizo una reverencia delante del patriarca, y salió hacia el puerto. Cuando llegó, subió al barco a toda prisa. El barco zarpó hacia Italia unos minutos después.
Shura hizo una reverencia delante del patriarca, y salió hacia la casa de Capricornio, muy orgulloso de su hermana.
Aioria le dio unas palmaditas en el hombro a Milo, hizo también una reverencia hacia el patriarca, y salió, dejando a Milo solo, delante de Shion.
El patriarca entendía muy bien a Milo. Una de las cosas más importantes de los caballeros, era la amistad.
_Volverán a verse Milo… - Le dijo el patriarca.
_Lo sé – Susurró Milo, dio media vuelta, y se fue.
La última semana, se la paso entrenando, algunas veces con Aioria, y otras veces solo.
Su destino, siempre había sido el de convertirse en caballero. Agradecía el día que se marchó por su cuenta, gracias a eso, ahora era un joven libre, que tenía algo por que luchar y dar la vida. Sentía que ahora ese era su deber. Pelear por la felicidad y el amor, la paz y la justicia. Convertirse en un verdadero hombre, que no se doblegara por el dolor, o huyera ante el miedo. Dar su vida por aquellos que amaba y proteger a Athena. Ya no sería más el niño indefenso que era antes, ahora haría frente a sus enemigos, para ser un verdadero caballero.
El momento tan esperado había llegado. Dos soldados aparecieron en su habitación una mañana, una semana y media después de la partida de Leenah. Los soldados le dijeron que el patriarca lo esperaba en sus aposentos.
Milo se vistió, se peinó, y se dirigió a la Cámara del Patriarca. Al llegar, el patriarca lo esperaba, sentado en su silla. Se levantó y le hizo un gesto a Milo para que se acercara.
_Milo, mañana te vas.
_ ¿Mañana?
_Así es. Mañana partirás a la Isla Milos, donde entrenarás por la armadura dorada de Escorpión. Mañana a primera hora te quiero aquí, ¿entendido?-
_Si Santidad. – Respondió Milo.
_Bien, vete a preparar tus cosas.
_Está bien, adiós Santidad.
_Adiós Milo.
Milo hizo una reverencia y salió de la Cámara del Patriarca.
Caminó hacia la cabaña de Aioria para avisarle que se iría al día siguiente. Tocó la puerta.
_Hola Aioria, vengo a decirte que mañana me voy a Milos…
_ ¡¿Mañana?!
_Sí, vengo de la Cámara del patriarca, me dijo que mañana a primera hora zarpa el barco hacia la Isla…
El aspirante a caballero dorado de Leo se entristeció un poco. Significaba que se quedaba solo, ya que el no iría a ninguna parte porque la armadura dorada de Leo se encontraba ahí mismo. Aioria ayudó a Milo a preparar sus cosas, y luego se fueron a entrenar juntos.
Al terminar el día, Milo se sentía agotado. Estaba ansioso y preocupado, el entrenamiento que realizaría en la Isla Milos era mucho más intensa y fuerte que le que realizaba en el Santuario. Tanto, que hasta varios aspirantes que iban ahí a entrenar por la armadura dorada de Escorpio, ni siquiera sobrevivían al duro entrenamiento. Pero él se propuso a no dejarse vencer por nada ni nadie, sabía que su destino había sido marcado, su destino era ser el Caballero Dorado de Escorpio.
