Capítulo 6
El siguiente paso
Milo estaba exhausto. No había podido dormir en toda la noche, pensando en Milos.
Cuando se hizo la hora, se levantó, se vistió, y preparó sus cosas. Mientras arreglaba todo, tocaron la puerta.
_Hola Milo, vine a acompañarte… - Dijo Aioria.
_ Ahh sí… Ahora vamos. – Aioria ayudó a Milo con las maletas, y ambos salieron hacia los aposentos del Patriarca. Cuando llegaron, Shion los esperaba.
_ ¿Nos dejas solos un momento Aioria? Preguntó el Patriarca a Aioria.
_Si Santidad. – Respondió, y salió de la sala.
_Milo… - Dijo Shion, levantándose de la silla y caminando hacia Milo que estaba arrodillado frente a él. – Desde el primer día que te vi, supe que tenías las agallas y la fuerza para llegar hasta aquí, y mucho mas. Me has demostrado ser un joven fuerte, determinado y seguro, y además, albergas un inmenso cosmos dentro de ti, lleno de bondad, fuerza y valentía, que son las cualidades que una persona necesita para convertirse en caballero. Tu destino fue el que te trajo hasta aquí, el que te hizo internarte en un bosque para conocernos a Leenah y a mí y venir al Santuario, tu naciste para convertirte en Caballero Milo…
Milo no decía nada, solo escuchaba las hermosas palabras del Patriarca, lleno de orgullo de sí mismo, de lo que había logrado.
_ Yo le prometo Santidad, que entrenaré como nadie para ganar esa armadura, y me convertiré en caballero dorado de Escorpio. – Dijo determinadamente Milo.
_Estoy más que seguro que así será… eres valiente y fuerte. – Shion puso sus manos en los hombros de Milo. – Debes irte ya, el duro entrenamiento por tu armadura comienza ahora Milo, debes estar bien preparado para lo que te espera.
_Lo estoy Santidad.
_Muy bien, entonces llamaré a tu amigo para que te acompañe al puerto y se despidan allá. – El Patriarca le pidió a unos soldados que llamaran a Aioria. Unos segundos después el castaño entró a la sala.
_Que tengas mucha suerte Milo. – Dijo el Patriarca.
_Gracias, adiós Santidad, gracias por sus palabras y por la oportunidad que me dio.
_Adiós Milo…
Milo y Aioria hicieron una reverencia y salieron al puerto. Cuando llegaron, se despidieron.
_Que tengas mucha suerte Milo… - Dijo algo triste Aioria.
_Gracias Aioria, te deseo mucha suerte a ti también.
_Gana la armadura.
_Te juro que lo haré, tu también esfuérzate y gana la armadura de Leo.
_Por supuesto.
Se abrazaron, y Milo se subió al barco. Aioria se quedó en el puerto, cuando el barco se perdió de vista, se fue a entrenar con su hermano.
Fueron unas pocas horas de viaje, pero para Milo se hacían interminables. Cuando finalmente divisó la isla a lo lejos, dio un salto y recogió sus cosas. Un soldado se asomó y le dijo:
_Ya casi llegamos a la isla.
_Lo sé, gracias. – Milo contemplaba la pequeña isla a la cual se acercaba, se podía ver que era totalmente desértica, no había ni un rastro de verde. Cuando el barco tocó tierra, pudo ver que un hombre se acercaba. El hombre se paró frente a Milo y el soldado que estaba junto a él.
_ ¿Es él? Preguntó el hombre, examinando a Milo.
_Si, es él. – Contestó el soldado.
_Muy bien, puede irse, déjenmelo…
El soldado hizo una pequeña reverencia y se subió al barco, que zarpó de vuelta al Santuario minutos después.
El hombre era bastante alto, estaba vestido con una larga túnica negra con hombreras doradas. Tenía ojos verdes, y pelo corto, ondulado, y negro como el carbón. Miró por un momento a Milo y después dijo:
_Mi nombre es Adeiros, yo seré tu maestro aquí, yo te entrenaré para que te conviertas el caballero dorado de Escorpio… ¿Cómo es tu nombre?
_Me llamo Milo.
_Milo… ¿Habías escuchado alguna vez de Milos?
_Una vez…
_ ¿Ah sí? ¿Y qué escuchaste?
_ Que es una tierra desértica, y por lo que veo – Dijo Milo, mirando a su alrededor. – es cierto…
_Si, es cierto. Aquí no hay bosques, ni lagos, ni nada por el estilo, por eso, la mayoría de la gente que viene a entrenar aquí no soporta el duro entrenamiento en esas condiciones… pero veo una gran fuerza dentro de ti joven Milo, y espero que sobrevivas.
_Sobreviviré, me propuse ganar esa armadura, y no pararé hasta lograrlo.
_Me gusta esa actitud... muy bien, acompáñame así te muestro todo el lugar.
_Ehh, está bien.
Adeiros llevó a Milo a recorrer casi toda la isla, la cual no era muy grande. Cuando terminaron de recorrer la isla, Adeiros condujo a Milo a una pequeña casa, no era muy grande, pero sí bastante cómoda. Tenía varias habitaciones, las cuáles contaban de una cama, una pequeña mesa junto a ella, una cajonera y un pequeño modular. Adeiros guió a Milo hacia una de las habitaciones.
_Ésta es tu habitación, espero que te sientas cómodo.
_Sí, muchas gracias.
_Por hoy descansa, mañana comenzaremos con el entrenamiento.
_Está bien… maestro… - Dijo Milo. Al oír esto, Adeiros sonrió y cerró la puerta.
Milo desempacó sus cosas, se puso su pijama, y se recostó en la cama, pensando en ese día, años atrás, en que conoció a Leenah al patriarca, ese momento que había cambiado su vida para siempre. Desde que llegó al Santuario, siempre pensó que, el haber seguido a Shion, y el haber entrado al Santuario, fueron las mejores decisiones que tomó en su vida. Se quedó profundamente dormido con ese pensamiento.
Al día siguiente, se levantó temprano, se dio un baño, se vistió, se peinó, y se dirigió a la cocina. Cuando apareció, Adeiros estaba desayunando.
_Vaya que dormiste bastante…
_Si, lo sé, es que ese viaje fue muy cansador. – Dijo Milo, mientras se sentaba en la mesa enfrente de su maestro.
Adeiros se levantó de la mesa, se dirigió a un pequeño refrigerador, tomó una manzana y se la arrojó a Milo, que la atrapó en el aire.
_Apúrate, así podemos empezar con el entrenamiento.
_Si si. – Dijo Milo, tragando un pedazo de manzana. Cuando terminó, los dos salieron de la casa.
_Bien Milo, como ya sabes, varias personas han venido aquí para entrenar, y no han durado más de medio año en estas condiciones, si quieres sobrevivir, tienes que acostumbrarte a ésta tierra, tu cuerpo debe aprender a soportar el calor del día, y el frío de la noche. ¿Has entendido?
_Sí señor.
_Bien… Por lo general, cuando vienen aquí, tienen una técnica desarrollada… ¿Tienes alguna Milo?
_Sí, pero tengo solo una…
_No importa, mientras estés aquí podrás desarrollas más. Dime en qué consiste tu técnica.
_Mi técnica consiste en ir disparando pequeños rayos, tantos como yo quiera, que al impactar al enemigo, se asemejan a la picadura de un escorpión, además de producir un agudo e insoportable dolor. – Adeiros escuchaba fascinado. – Las picaduras son quince, igual que las estrellas de la constelación de Escorpio, y la última se llama Antares, que es el golpe definitivo. – Adeiros estaba asombrado, no creía que Milo fuera capaz de crear una técnica por sí solo, de ese nivel.
_Fascinante, realmente fascinante… quisiera verte probarla…
_ Pero… ¿En qué? Adeiros comenzó a mirar a su alrededor buscando un lugar para que Milo le mostrara su técnica.
_Mmm, ¿Qué te parece en esa gran roca? Preguntó Adeiros, señalando una gran roca que se encontraba unos metros frente a ellos.
_Ehh, si me parece bien… - Dijo Milo, y se dirigió hacia ella. Se posicionó frente a la roca, con Adeiros a un costado. Comenzó a elevar su cosmoenergía, mientras que un aura roja rodeaba el lugar. Apuntó a la roca con su dedo índice derecho mientras que su uña empezaba a crecer tomando un color escarlata. Luego gritó:
_ ¡Aguja Escarlata! Un pequeño y finísimo rayo se desprendió de la uña de Milo y asestó la roca, destruyéndola en pedazos. Adeiros comenzó a aplaudir, mientras que Milo disminuía su cosmoenergía y su uña volvía a ser como antes.
_Realmente impresionante, ninguno de los alumnos que he tenido han logrado desarrollar una técnica de ese calibre, por supuesto que se vería mejor si lo realizaras en una persona… ¿Alguna vez has utilizado la Aguja Escarlata contra alguien Milo? Preguntó Adeiros.
_No, la verdad es que nunca, solo la he realizado en rocas, y en una ocasión en un animal, pero nunca en personas…
_Muy bien, ¿Por qué no lo intentamos? Quiero ver la velocidad de tu técnica.
_Quiere decir, ¿Qué la prueba en usted? Preguntó extrañado Milo.
_Así es.
_Pero…
_Nunca contradigas las órdenes de tu maestro.
_E…está bien… - Milo se paró frente a Adeiros.
_ ¡Aguja Escarlata! Cinco rayos salieron de la escarlata uña de Milo directo hacia Adeiros. Logró evadirlos sin medio problema, excepto uno, que se asestó en su pecho, lo que lo hizo hincarse en el suelo, mientras que los otros cuatro fueron a dar a una gran montaña que detrás de ellos.
_ ¿Se encuentra bien maestro? Preguntó Milo, corriendo hacia él.
_Tu técnica es excelente, pero demasiado lenta, esquivé cuatro de tus Agujas Escarlata, pero dejé que una me golpeara apropósito, para conocer más tu técnica.
_Ahh, y… ¿Qué le pareció?
_Verdaderamente excelente, puedo sentir el veneno del escorpión recorrer mi cuerpo, pero para una persona como yo, no es nada… ahora… - Milo lo miró extrañado.
_ ¿Qué quiere decir con eso?
_Que te ayudaré a que la perfecciones, acuérdate que los caballeros dorados deben moverse a la velocidad de la luz, estuvo bien, pero no lo suficiente. – Dijo Adeiros, mientras se levantaba del suelo.
_Entiendo…
_Mientras estés aquí deberás aprender a moverte a la velocidad de la luz, al igual que lanzar golpes y técnicas a dicha velocidad, pero no solo te enseñaré como moverte físicamente, sino que también te enseñaré estrategias que deberás usar a la hora de enfrentarte a un enemigo, y cómo hacer para incrementar mas tu cosmos, para que puedas utilizarlo en otras cosas más que en la pelea.
_E… está bien. – Adeiros esbozó una pequeña sonrisa. Luego se quedó parado unos segundos, y después clavó uno de sus dedos en su pecho. Milo no entendía lo que su maestro hacía.
_Maestro… ¿Qué hace?
_Es un punto vital. – Adeiros desenterró su dedo de su pecho, y la sangre que brotaba de la herida que le causó Milo, cesó. – Es para detener la hemorragia.
Milo miraba asombrado la herida que había dejado de sangrar instantáneamente.
_Asombroso, yo… yo quiero que me enseñe como hacerlo.
_Por supuesto, pero después, ahora quiero ver tus habilidades físicas.
_Está bien.
Entrenaron durante horas, hasta que anocheció.
_Es todo por hoy Milo, mañana continuaremos.
_Si maestro.
Ambos entraron a la casa, cenaron, y luego se fueron a sus habitaciones a descansar. Milo estaba tan exhausto, que se quedó dormido casi al instante. Adeiros se quedó recostado en su cama, pensando en su nuevo alumno.
_De todos los alumnos que he tenido, ninguno es como el… creo que pronto la Armadura Dorada de Escorpio volverá a tener dueño… - Dijo en voz baja para sí mismo, luego se dio vuelta, y se quedó profundamente dormido.
