Capítulo 7

La prueba final

Pasaron 6 años desde que Milo llegó a Milos, ya tenía dieciséis años. Ahora podía moverse a la velocidad de la luz sin ningún tipo de problema, manejaba la Aguja Escarlata con total perfección y la realizaba a una velocidad increíble. Adeiros lo ayudó a desarrollar una técnica nueva, llamada Restricción, la cual consistía en lanzar ondas mentales a su oponente para causarle parálisis y limitar sus movimientos, y hacerle sentir una sensación de pánico y miedo, inspirándolo a morir.

Había llegado el día en que Milo haría la prueba final, por la armadura de Escorpio. Si lograba pasar esta prueba vivo, se convertiría en el Caballero Dorado de Escorpio.

El día de la prueba se levantó temprano, se dio un baño, se vistió, se peinó y se dirigió a la cocina, donde se encontraba su maestro leyendo pacíficamente un libro.

_Buenos días maestro.- Dijo Milo en cuanto entró a la cocina y vio a su maestro sentado en la mesa.

_Buenos días Milo, ¿Estás preparado?

_Si, supongo que solo algo nervioso.- Respondió Milo.

_Se te nota.- Dijo sarcástico Adeiros.

Milo solo esbozó una sonrisa. Se sirvió un poco de agua en un vaso de vidrio, se la tomó de un solo sorbo, dejó el vaso, y se sentó frente a Adeiros.

_Maestro… - Dijo en voz baja Milo, mirando fijamente el vaso vacío.

_Dime Milo… - Respondió tranquilamente Adeiros, sin apartar la vista de su libro.

_ ¿Y si no lo logro? Preguntó el joven de azules cabellos. Esta pregunta hizo que Adeiros levantara la vista de su libro y lo mirara fijamente, extrañado por la inseguridad de Milo

_ ¿Por qué dices eso? Preguntó el maestro.

_No lo sé… Estoy seguro de que he entrenado y me he preparado muy bien pero… por primera vez me siento inseguro de poder lograrlo…

Adeiros dejó su libro a un lado, se acomodó en la silla, y dijo tranquilamente:

_Escucha Milo, es normal que sientas nervios, porque has entrenado durante muchos años para llegar hasta este momento, pero eso no significa que debas dudar de tus habilidades y de tu experiencia. Recuerda que tú prometiste a tus amigos y a mí que sobrevivirías al entrenamiento y ganarías la armadura… - Milo no decía nada, solo miraba fijo a su maestro mientras escuchaba atentamente lo que le decía. – Estabas tan seguro hace unos días, ¿Por qué dudas ahora?

_No lo sé maestro, últimamente me he estado preguntando si realmente soy lo suficientemente fuerte para lograrlo… - Respondió Milo, y apoyó su cabeza en su mano.

_Por supuesto que lo eres, eres el único que ha logrado llegar hasta aquí. No debes preocuparte Milo, la esperanza es lo más importante de un caballero, debes tener fe y confianza y ti mismo, pero eso no significa que debes despreocuparte de todo y confiarte de más, ¿entiendes?

_Si, entiendo maestro, le agradezco mucho… - Dijo un ahora más tranquilo y confiado Milo. Adeiros sonrió.

_Bien, será mejor que nos vayamos ya, antes que se haga más tarde.

_Si, está bien. – Respondió Milo .

Ambos salieron de la casa, y emprendieron el camino hacia el lugar donde Milo realizaría la prueba por la armadura dorada de Escorpio.

Caminaron un largo rato, hasta que llegaron a la entrada de un oscuro y gigantesco bosque. Era el único lugar verde de toda la isla, pero era un lugar al que nadie entraba. Para los aldeanos de la isla, entrar ahí, era prácticamente un suicidio, ya que estaba repleto de horribles criaturas y bestias, pero lo peor de todo, es que era el hogar de todos los escorpiones que habían en la isla. La prueba de Milo consistía en internarse en el bosque, encontrar la armadura dorada que estaba escondida ahí dentro, vigilada por millones de escorpiones, encontrar el camino fuera del bosque, y salir vivo con la armadura.

Milo y Adeiros estaban parados frente a la entrada del bosque. Milo observaba fijamente la oscuridad de aquel lugar, lleno de nervios.

_Es hora Milo. – Dijo Adeiros. – Yo se que tu, más que nadie puede hacerlo. – Milo soltó un gran suspiro.

_Gracias maestro. – Milo se paró frente a su maestro. – Ahora es el momento de poner a prueba todo lo que me ha enseñado en estos seis años… Gracias por todo lo que hizo por mí…

Adeiros puso sus manos en los hombros de Milo.

_Estoy muy orgulloso de ti Milo, de todo lo que has logrado en estos años. – Milo abrazó a su maestro. Cuando se soltaron, dio media vuelta, y se adentró en el bosque. Adeiros se quedó observando desde la entrada hasta que Milo se perdió de vista

Milo comenzó a caminar. Pasó un largo rato caminando sin que nada ocurriera y sin ningún rastro de la armadura, hasta que empezó a oír un montón de ruidos. Miró para todos lados para averiguar de dónde provenían, pero no vio nada. Hasta que en un momento, sin previo aviso, un gran tigre de bengala saltó de las malezas y se le tiró encima. Milo cayó al suelo. Cuando se levantó, notó que tenía una gran herida en el brazo, producida por las garras del tigre.

_Demonios. – Dijo Milo agarrándose el brazo. El tigre estaba parado frente a él, en posición de ataque. Cuando el tigre saltó para volver a atacarlo, unos segundos antes, Milo gritó:

_ ¡Restricción! El tigre cayó al suelo antes de atrapar a Milo, y comenzó a lanzar aullidos y gritos de dolor. Adeiros pudo escuchar los gritos del animal desde dónde estaba. Milo lo tenía atrapado, después de unos segundos de tener al tigre dominado por la Restricción, le propinó una fuerte patada que rompió el cuello del animal, que cayó muerto al instante.

Milo dejó salir una bocanada de aire. Clavó su dedo índice en el lado izquierdo de su pecho, y la hemorragia de su brazo se detuvo al instante.

Unos minutos después mientras caminaba, sintió que algo se deslizaba entre sus pies. Cuando miró hacia abajo, descubrió una serpiente enredada en su pierna derecha. Intentó quitársela, pero era demasiado tarde; la serpiente había clavado sus colmillos en la pierna de Milo.

_ ¡Aaahhhhhhhh! Milo soltó un alarido de dolor ante la picadura de la serpiente. Furioso, logró atrapar al bicho, y lo apretujó con su puño hasta que el animal reventó. Se hincó en su rodilla izquierda aferrándose a la pierna herida.

_No me puedo dejar vencer, esto no es nada, debo continuar… - Se dijo Milo para sí, se levantó con dificultad, y siguió caminando.

Llevaba una hora y media en el bosque, Adeiros comenzaba a impacientarse. Caminó por un largo rato, buscando por todos lados la armadura, pero no había signos de ella. Pasaron unos veinte minutos del incidente con la serpiente. Milo sentía el veneno correr por su cuerpo, de vez en cuando tropezaba, no podía ver claramente ni moverse con mucha agilidad. Cuando pensó que ya no podía ser peor, un montón de murciélagos aparecieron de la nada, volaron por encima de la cabeza de Milo, lo que lo obligó a tirarse al suelo y cubrirse la cabeza. Cuando la bandada se perdió de vista, se levantó del suelo. No tenía muchas fuerzas para moverse, pero igual siguió adelante.

Diez minutos después, Milo no podía más. El veneno de la serpiente había hecho total efecto en el. Ya no soportó más el peso de su cuerpo y cayó de cara al suelo.

_Diablos… si pierdo, no podré volver con mis amigos, no podré convertirme en caballero… - Pensó Milo. Entonces comenzó a sentir una gran cosmoenergía, que parecía llamarlo y darle fuerzas. Levantó la cabeza, aclaró la vista, y pudo observar un destello dorado. Hizo un esfuerzo, y se levantó. Caminó lentamente hacia la luz dorada, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, descubrió una caja hecha completamente de oro puro, con un gran escorpión grabado: La Armadura Dorada de Escorpio estaba frente a él, incrustada en una gran roca.

Al ver la armadura se llenó de alegría, y olvidó el dolor que sentía. La armadura dorada parecía haberlo revivido por completo. Ahora podía ver y oír claramente y moverse ágilmente.

Se acercó a la urna sagrada y la acarició.

_Creí que nunca te encontraría… - Susurró Milo, con una gran sonrisa en el rostro mientras acariciaba la caja. Luego intentó sacarla de la roca, y para su sorpresa, miles y miles de escorpiones empezaron a salir de las cavidades de la roca. Milo retrocedió unos pasos, estupefacto. Nunca en su vida había visto tantos escorpiones juntos. Los pequeños bichos comenzaron a trepar por sus piernas y a picarlo, mientras que Milo hacía lo que podía para quitárselos de encima, pero era inútil.

El dolor que sentía era insoportable, y podía sentir la horrible sensación del veneno de los escorpiones correr por su cuerpo. Estaba a punto de caer, hasta que algo increíble sucedió: La urna sagrada del escorpión celestial se abrió por sí sola, dejando al descubierto la figura de un escorpión dorado, que brillaba intensamente. La armadura se dividió, y cubrió el cuerpo de Milo.

Milo comenzó a elevar su cosmoenergía, y en una explosión de cosmos, logró quitarse a los escorpiones que tenía encima. Luego se echó a correr. Mientras corría lo más rápido que podía, los escorpiones seguían trepando por sus piernas y picándolo, pero Milo no se detuvo, siguió corriendo, hasta que pudo ver una luz blanca y brillante, y pudo sentir el viento. Hizo un esfuerzo más, y minutos después, se encontró en la salida, frente a Adeiros.

_ ¡MILO! Gritó de alegría su maestro al verlo. Milo no aguantó más, y cayó. Adeiros alcanzó a atraparlo antes de que cayera al suelo.

_Ma…estro, lo… lo logré… - Dijo cortadamente Milo, y segundos después, se desmayó en los brazos de su maestro.

_Por supuesto que lo lograste… - Susurró Adeiros, con una gran sonrisa. Luego levantó a Milo, y lo llevó a la casa para curarlo.

Cinco días después…

Milo estaba acostado en su cama. Tenía el cuerpo lleno de picaduras. Adeiros había logrado curarlo, pero desde el día de la prueba, no había despertado. Adeiros entró a la habitación con una vasija de agua. Tomó un pequeño trapo, lo sumergió en la vasija, y lo colocó en la frente de Milo.

En el preciso instante en el que Adeiros le puso el trapo mojado, Milo despertó.

Con una velocidad increíble, se quitó el trapo de la frente y agarró a Adeiros de la túnica.

_Cálmate Milo soy yo, Adeiros, tu maestro. – Lo calmó Adeiros. Milo se tranquilizó y soltó a Adeiros, luego se sentó en la cama.

_Lo lamento maestro, no sé qué me pasó… - Se disculpó Milo.

_Está bien Milo, estaba seguro que tendrías una reacción como esta cuando despertaras. – Respondió Adeiros, acomodándose la túnica.

_ ¿Cuantos días llevo inconsciente?

_Cinco.

_ ¿Tanto? Pensó Milo. Luego intentó levantarse de la cama, pero un fuerte dolor lo obligó a quedarse sentado.

_ ¡Ouch!

_ ¿Qué te pasa? Le preguntó Adeiros.

_Mi cuerpo… me siento muy adolorido…

_Es porque recibiste muchos piquetes de escorpiones, será mejor que te acuestes y descanses hasta que estés totalmente recuperado.

_Está bien… - Milo se recostó en la cama, y se quedó totalmente dormido.

Tres años después…

Después de la prueba, Milo decidió quedarse un tiempo con su maestro, para que le enseñara como utilizar la armadura dorada.

Ahora que manejaba perfectamente la armadura dorada, estaba listo para partir de regreso al Santuario, y para reencontrarse con sus amigos, y tomar su lugar como el nuevo Caballero dorado de Escorpio, ya no era solo Milo, ahora era Milo de Escorpio.