Capítulo 8

El esperado reencuentro

Era temprano en la mañana. Milo ya estaba listo para partir de regreso hacia el Santuario, y tomar su lugar como el Caballero Dorado de Escorpio.

Se levantó bien temprano, para poder pasar el último rato con su maestro. Entrenaron un rato, y cuando se cansaron, se metieron a la casa y almorzaron.

Cuando terminaron de comer, se pusieron a platicar.

_Se está haciendo tarde. – Dijo Adeiros, mirando el reloj de la pared. – Raro que aún no hayan llegado por ti.

_Ya vendrán en cualquier momento. – Dijo Milo, que a pesar de parecer tranquilo, daba vueltas por toda la casa. Se sentía algo mal por dejar solo a Adeiros, pero se moría de ganas de ver a sus amigos después de tantos años.

_Quieres ver a tus amigos ¿No?

_Más que nada… - Respondió Milo, sin dejar de dar vueltas.

_Milo, ¿Te podrías quedar quieto de una buena vez? Me mareas.

_Lo siento… - Se disculpó Milo, y se sentó en una silla frente a Adeiros.

Unos minutos después sintieron que alguien tocaba la puerta. Adeiros se levantó a abrir, mientras que Milo miraba expectante desde su silla. Cuando Adeiros abrió la puerta, se encontró con dos soldados del Santuario.

_Buenos días caballeros, supongo que vienen a buscar a Milo… - Les dijo Adeiros a los soldados.

_Si, a Milo de Escorpio.

_Esperen unos minutos. – Adeiros se dio vuelta para decirle a Milo que vaya por sus cosas, pero Milo ya había salido como una flecha hacia su cuarto y ya volvía con su maleta.

Ambos salieron de la casa.

_Lo esperaremos en el barco señor. – Dijo uno de los soldados a Milo.

_Me parece bien. – Respondió el dorado.

Cuando los soldados se fueron, Milo abrazó a su maestro.

_Lo extrañaré mucho maestro… - Dijo Milo, mientras abrazaba a Adeiros.

_Yo también te extrañaré mucho Milo… Estoy más que orgulloso de ti.

_Gracias maestro, gracias por todo lo que me enseñó, por todo lo que hizo por mí en estos años…

_No me agradezcas… - Los dos escucharon que el barco estaba listo para zarpar.

_Adiós maestro…

_Que tengas suerte, Milo de Escorpio.

Milo sonrió, le dio un último abrazo a su maestro, y salió corriendo hacia el barco. Cuando llegó, subió rápidamente, y dejó sus cosas. Cuando el barco empezó a moverse, saludó con la mano a Adeiros. Cuándo se perdió la isla de vista, se fue a su camarote a descansar, ya que el viaje duraría un día y medio. Después de varias horas, se levantó, buscó algo de alimento, y luego se dirigió a la cabina del capitán.

_ ¿Cuánto falta para llegar? Preguntó Milo al capitán.

_Solo unas pocas horas señor. – Le contestó.

_Muy bien, gracias.

Milo salió de la cabina y se puso a contemplar el mar. Se puso a imaginar cómo se verían sus amigos después de diez años. En todo ese tiempo, los había extrañado muchísimo, y había veces en las que se sentía demasiado solo. Estuvo un largo rato observando el mar, pensando en diversas cosas, hasta que apareció un soldado.

_Señor Milo, casi hemos llegado. – Le dijo el soldado.

Milo se dio vuelta y pudo observar Atenas. Una gigantesca felicidad lo invadió.

_Si, gracias. – Le respondió Milo sin dejar de mirar el Santuario.

Cuando el barco tocó tierra, se puso su armadura dorada, bajó, y se dirigió al Coliseo a toda velocidad. Estaba repleto de gente, pues era el mes que todos los caballeros que se habían ido hace diez años para comenzar el entrenamiento por sus armaduras, empezaban a llegar. Trató de buscar a alguno de sus amigos, pero no encontraba a nadie. En eso logró ver a un joven alto de cabello lila, lacio y muy largo, con dos puntos en su frente, y una armadura dorada, de la cual sobresalían dos grandes cuernos del pecho. Lo reconoció de inmediato.

_ ¡Mu! ¡Mu! Comenzó a gritar Milo. El joven se percató de que alguien a sus espaldas lo llamaba. Se dio vuelta, y vio a Milo con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.

_ ¿Milo? Mu lo miró sorprendido - ¿Eres tú?

_Si soy yo. – Le respondió Milo, y corrió hacia él. Los amigos se abrazaron y luego se miraron por un momento.

_Caray, no te había reconocido… ¿Cuándo llegaste? Le preguntó un alegre Mu.

_Hace un rato, estaba buscando a ver si los encontraba, y justo te vi.

_Me alegra verte de nuevo Milo. – Le dijo sonriendo Mu.

_Si, a mi también. Tengo unas ganas de ir a saludar a tu maestro… - Milo notó que la cara de Mu, cambió totalmente al oír eso, la gran sonrisa que tenía, fue reemplazada por un rostro de tristeza.

_ ¿Qué pasa Mu? Le preguntó extrañado.

_Te tengo muy malas noticias Milo…

_Me estas asustando Mu, ¿Qué pasó?

_Mi maestro Shion, el patriarca, murió…

_ ¡¿Qué?!

_Así es, fue reemplazado por su hermano, Arles.

_No lo puedo creer, no me esperaba una cosa así, lo lamento mucho Mu… - Le dijo Milo, mientras ponía su mano en el hombro de Mu, sorprendido ante la magnitud de la noticia.

En ese momento, dos soldados entraron al Coliseo.

_El patriarca Arles solicita la presencia de todos los caballeros que se encuentran presentes en sus aposentos, para la presentación.

Los soldados se retiraron y comenzó la movilización.

Milo y Mu entraron a la Cámara del Patriarca junto con todos los otros caballeros. Cuando entró, vio justo a la que quería ver. Un joven alto, fuerte, de cabellos azul grisáceo, largo hasta debajo de la cintura y lacio, y una imponente armadura dorada.

Milo iba a gritar para que el Acuariano notara que él estaba ahí, porque parecía como si buscara a alguien, pero la emoción que sentía lo dejó mudo. Cuando al fin salió de ese trance gritó a todo pulmón:

_ ¡CAMUS! El santo de Acuario parecía haber reconocido la voz al instante, porque se dio vuelta con una gran sonrisa en el rostro.

_ ¡MILO! Gritó Camus, y corrió hacia él. – Demonios, no te había visto. – Mientras abrazaba a su mejor amigo.

_No lo puedo creer, apenas te reconocí… - Dijo Milo, mientras soltaba a Camus y ponía su mano sobre su hombro.

_Tú también, estás muy cambiado. – Le dijo Camus, mientras lo observaba de arriba abajo. Luego se dio vuelta y vio a Mu.

_ ¡Mu! Exclamó, y abrazó al Ariano. - ¡Qué bueno verte!

_Lo sé, que alegría verte de nuevo Camus. – Dijo Mu, mientras lo soltaba con una sonrisa.

Mientras, otro joven con armadura dorada los observaba.

_ ¿Puedo unirme al reencuentro? Dijo el joven a sus espaldas, haciendo que los tres voltearan a ver. Ni Camus ni Milo supieron quien era, hasta que Mu gritó:

_ ¡AIORIA! Mu abrazó a un cambiado Aioria, alto, con su melena castaña ondulada, y bastante musculoso.

_ ¡Mu! Dijo sonriendo, cuando abrazó a su amigo.

Milo y Camus se miraron.

_ ¿Aioria? Preguntaron al mismo tiempo.

_ ¡Milo! ¡Camus! Tanto tiempo… - Aioria los abrazó.

_ ¡Silencio por favor! Ordenó el nuevo patriarca Arles. Era bastante diferente a su hermano, era más bajo de estatura, tenía cabello grises, vestido con una túnica azul oscuro, un casco rojo y una máscara color azul marino.

Todos los caballeros que estaban presentes comenzaron a ordenarse, formando líneas horizontales frente al patriarca, los de bronce en el lado derecho, los de plata al medio, y los caballeros dorados en el lado izquierdo.

_Procederé a nombrar a todos los caballeros, aunque algunos no estén presentes. Comenzaré por los de bronce, luego continuaré con los plateados, y finalmente los dorados.

Todos estaban hincados frente al patriarca. Arles se levantó de su silla y desenrolló un pergamino.

_Caballeros de bronce:

-Seiya de Pegaso -Shun de Andrómeda -Hyoga de Cisne -Shiryu de Dragón -Ikki de Fénix -Ban de León Menor -Jabu de Unicornio -Nachi de Lobo -Geky de Oso Mayor -Ichi de Hidra

_Estos son los únicos caballeros de bronce que han conseguido sus armaduras hasta ahora… - Aclaró el patriarca. – Ahora procederé a nombrar a los caballeros plateados.

-Misty de Lagarto -Moses de Ballena -Asterión de Perros de Caza -Babel de Centauro -Jamián de Cuervo -Algol de Perseo -Capella de Auriga -Dante de Cerbero -Algethi de Heracles -Dio de Mosca -Sirius de Can Mayor -Ptolemy de Flecha -Albiore de Cefeo -Orfeo de Lira -Marín de Águila – (Milo notó que Aioria sonrió al oír ese nombre) -Shaina de Ophiuchus -Leenah de Lince… - A Milo se le puso la piel de gallina al oír ese nombre. Había olvidado por completo que su mejor amiga se convertiría en caballero plateado. Volteó a ver hacia la fila de los caballeros plateados, y pudo ver una joven bastante alta, muy bella sin importar la máscara plateada que cubría su rostro, cabello rubio y muy largo, hasta por la cintura, y cubierta por una imponente armadura de plata, color turquesa azulado.

La armadura de Leenah no llevaba hombreras, el peto cubría la parte de sus senos, con un y una parte que sobresalía cubriendo su cuello, con una pequeña abertura diagonal en el medio. El antebrazo izquierdo estaba cubierto por la parte que protegía su puño, y por una parte que llegaba hasta el codo, del cual sobresalía un colmillo que llegaba también al codo, mientras que el antebrazo derecho estaba protegido por una muñequera de plata. Tenía botas de plata que contaban con rodilleras, debajo de la armadura, llevaba una especie de calza color blanco. Su casco era una especie de diadema, de la cual sobresalían dos colmillos a cada lado, apuntando hacia abajo.

Milo se quedó estupefacto observando a la ya adulta Leenah. Se quedó observándola detenidamente por un rato, Camus se percató de ello.

_Ahora finalizaré con el nombramiento de los doce Caballeros Dorados: - Dijo fuertemente el patriarca, sacando a Milo de sus pensamientos.

-Mu de Aries -Aldebarán de Tauro -Saga de Géminis -Máscara de la Muerte de Cáncer -Aioria de Leo -Shaka de Virgo -Dohko de Libra -Milo de Escorpio -Shura de Capricornio -Camus de Acuario -Afrodita de Piscis, aprovecho a decir, que ante la muerte de Aioros de Sagitario, la armadura dorada de Sagitario no tiene dueño.

Milo se quedó atónito ante tal noticia. Se inclinó un poco por detrás de la espalda de Shura para susurrarle a Camus:

_ ¿Sabías eso?

_No tenía ni idea. – Le respondió. Ambos voltearon para ver a Aioria, el cual denotaba una expresión de tristeza profunda en su mirada, por la muerte de su hermano.

_Eso es todo caballeros, pueden retirarse. – Dijo el patriarca, mientras enrollaba otra vez el pergamino y se sentaba en su silla.

Todos los caballeros salieron de la Cámara del Patriarca. Los cuatro amigos salieron juntos.

_Lamento mucho lo de tu hermano Aioria… - Le dijo Milo a Aioria.

_Gracias, igual no se preocupen, ya he logrado recuperarme. – Le respondió el león.

_Me alegra oír eso. – Le dijo Mu, sonriente.

Mientras Camus, Aioria y Mu platicaban sobre sus entrenamientos, Milo miraba para todos lados, buscando a Leenah.

_Está con los demás caballeros de plata. – Le dijo Camus, con una sonrisa pícara en el rostro.

_ ¿Eh?

_Oigan, si quieren quédense, nosotros dos iremos a buscar a Leenah. – Les dijo Camus a Aioria y Mu.

_Está bien, nos vemos luego. – Respondió Mu.

_Adiós… vamos a buscarla Milo. – Dijo Camus, tomando a Milo del brazo.

_E...está bien.

Los dos salieron de entre la multitud y se fueron al Coliseo.

_ ¿Sabías que Leenah y Shaina de Ophiuchus son los caballeros de plata más fuertes y poderosos?

_ ¿De verdad? Preguntó asombrado Milo. Camus asintió con la cabeza.

_Ella y Shaina son las encargadas de entrenar a los nuevos aprendices.

_No tenía idea de eso. – Milo se quedó pensativo.

Cuando llegaron al Coliseo, observaron a un grupo de aprendices mirando asombrados, a dos amazonas plateadas, que les estaban enseñando a combatir. Milo las miró por un momento, no podía distinguir bien quien era quien, ya que las dos amazonas se lanzaban golpes y patadas a diestra y siniestra. Cuando al fin se separaron, tomando una pose de ataque a unos metros de distancia, Milo reconoció de inmediato a la amazona rubia, que peleaba con Shaina, caballero de plata de Ophiuchus, que tenía cabello verde ondulado, hasta la mitad de la espalda, alta, y su armadura plateada era color violeta oscuro.

La amazona rubia se dio vuelta, y pudo observar un rostro que le parecía muy familiar. Se paró y bien, y miró fijamente a Milo. Luego se le acercó, y cuando estuvo parada frente a él lo observó unos segundos, completamente estática.

_¿Milo?