Capítulo 9
Los Doce Templos
_ ¿Milo? ¿Eres tú? Le preguntó la amazona, bastante sorprendida.
_Soy yo Leenah. – Le dijo Milo, mientras se acercaba a ella, y Leenah retrocedía unos pasos.
_No lo puedo creer… - Dijo Leenah que no dejaba de observarlo de arriba abajo.
Milo no pudo contenerse más, y sin previo aviso, abrazó a la sorprendida amazona. Leenah le correspondió el abrazo y luego lo soltó.
_Te vez, muy diferente… - Le dijo Milo sin dejar de observar su máscara plateada.
_Si lo sé, pasaron diez años… - La voz de Leenah era fuerte y decidida, pero a la vez suave y dulce. Aunque Milo podía ver a una mujer fuerte y crecida, sabía que aún estaba esa niña ruda y peleadora.
_Ahh que lindo día, me iré a recorrer un poco el Santuario… - Dijo Camus, con la intención de dejar a Milo solo con Leenah. - ¿Me acompañas Shaina? Dirigiéndose a la amazona de cabello verde.
_Sí, claro. – Le respondió. Shaina les indicó al grupo de aprendices que se encontraban ahí que podían retirarse, y todos salieron corriendo del lugar. Shaina y Camus se fueron, dejando a Milo y a Leenah solos. Ambos empezaron a caminar uno al lado del otro.
_ ¿Cuándo llegaste Leenah?
_Hace un mes y medio, ¿y tú? Le respondió, sin voltear a verlo.
_Hace un rato… realmente me sorprende verte así, Camus me dijo que tú y Shaina eran los plateados más fuertes… ¿es cierto?
_Si… es cierto… - Le respondió. Milo notó un dejo de orgullo y felicidad en su voz. - ¿Cómo estuvo tu entrenamiento en Milos?
_Bien, me tocó un maestro excelente, ¿y el tuyo?
_También, los diez años se me hicieron más cortos de lo que pensé…
_Si… tienes razón.
Pasaron todo el día platicando sobre sus entrenamientos, sus maestros, y las pruebas que tuvieron que realizar para ganar sus armaduras.
_Se hace tarde Milo, tengo que regresar, mi alumna se debe estar impacientando…
_ ¿Alumna?
_Si… el patriarca me encomendó a una niña para que la entrene, supongo que te encomendará un aprendiz a ti también. Bueno, será mejor que me vaya… Qué alegría verte de nuevo Milo. – Dijo Leenah con una sonrisa debajo de la máscara.
_Igual Leenah, nos vemos mañana.
_Adiós.
Leenah salió del Coliseo, y se dirigió al recinto de amazonas, a su cabaña, donde vivía con su pupila. Cuando entró a la cabaña se sorprendió al no ver a su alumna ahí. La buscó por toda la cabaña y no la encontró.
_ ¡Hola maestra! Escuchó la voz de una niña a sus espaldas.
_ ¡Bría! ¿Dónde de habías metido niña? Te busqué por todas partes…
_Lo siento maestra, fui por algo de leña. – La niña dejó caer las ramas al suelo y luego se frotó los brazos adoloridos. Bría era bastante alta, delgada, de cabello color marrón oscuro, lacio hasta debajo de los hombros, y ojos color avellana, los cuales estaban escondidos tras una máscara metálica, la cual tenía dibujadas dos líneas moradas que atravesaban sus ojos. Era una huérfana, que después del asesinato de sus padres, se dirigió al Santuario, y el patriarca la dejó al cuidado de Leenah, para que la entrenara.
_Bien, levanta eso y ponlo en la estufa. – Le dijo Leenah a la niña, observando las gruesas ramas en el suelo.
_Está bien. – La niña levantó de mala gana la leña del suelo y la colocó en la estufa.
_Tengo que ir con el patriarca, cuando vuelva empezaremos a entrenar. – Le dijo Leenah, observándola acomodar las ramas.
_Me parece bien. – Le respondió.
Leenah salió de la cabaña, y se dirigió a los aposentos del patriarca, absorta en sus pensamientos. En el camino se topó con Marín, Caballero de Plata de Águila. Marín era de una estatura no muy alta, pelirroja y cabello enrulado, y la máscara que le cubría el rostro. No llevaba puesta su armadura. En su lugar llevaba la ropa de entrenamiento que usan las amazonas, que contaba de una sola hombrera metálica blanca del lado izquierdo, el peto que cubría su busto color blanco también, debajo del peto llevaba una especie de camisa color rojo, con la parte de abajo negro. Un largo pañuelo blanco que colgaba de su cintura, rodilleras, debajo una calza roja. En las piernas llevaba polainas blancas que llegaban más o menos hasta sus rodillas, y zapatos negros.
_Hola Leenah, dijo Marín al verla, sacándola de sus pensamientos.
_ ¿Eh? ¡Ah! Hola Marín…
_ ¿Adónde vas?
_A hablar con el patriarca para contarle cómo va el entrenamiento de Bría.
_ ¿Te acompaño?
_Te lo agradecería…
Marín y Leenah platicaron en el camino a la Cámara del Patriarca.
Cuando llegaron, Leenah entró y Marín la esperó afuera. Cuando estuvo a escasos metros del patriarca, se hincó en su rodilla derecha.
_Santidad, vengo a comunicarle los progresos de Bría en el entrenamiento.
_Muy bien, te escucho.
_A progresado bastante, es un poco irresponsable, pero creo que podré con ella…
_ ¿Y sus habilidades físicas?
_Es fuerte y ágil, pero bastante cobarde, y no tiene ningún conocimiento de pelea.
_Como lo esperaba… Bueno, confío en que tú Lince, puedas corregirla, y enseñarle lo que necesite saber para que se convierta en amazona.
_Así será Santidad, daré lo mejor de mí para lodo te lograrlo.
_Eso espero, si eso es todo, te puedes retirar.
_Gracias Santidad. – Leenah se levantó e hizo una reverencia, luego salió del lugar.
_ ¿Todo bien? Preguntó Marín.
_Si, no me agrada para nada el nuevo patriarca… - Dijo Leenah, recargándose en la pared.
_ ¿Por qué?
_No lo sé, es más frío y distante que el antiguo patriarca, además de que cada persona que objeta algo que hace o no cumple alguna de sus órdenes aparece muerto…
_Tienes razón, pero te conviene no seguir diciendo esas cosas si no quieres aparecer muerta tu también.
_Já, si seguro… - Leenah rió con sarcasmo. – Quisiera verlos intentarlo… Bueno, será mejor que vuelva con Bría, me está esperando para entrenar.
_Está bien, nos vemos luego Leenah.
_Adiós Marín.
Leenah se alejó de Marín y se fue a entrenar con su alumna.
Por otro lado, los doce caballeros dorados eran guiados por un hombre llamado Quiáthos, que era el guardia personal del patriarca y el que se encargaba de organizar a los caballeros y aprendices. Quiáthos era bastante alto, delgado, tenía cabello negro, lacio y largo hasta debajo de la cintura, con mechones que caían por su frente, ojos verde claro. Estaba vestido con una túnica negra, con cinturón y hombreras de plata, y una larga capa negra con bordes de plata. Guiaba a los caballeros dorados al lugar dónde vivirían en el Santuario, un lugar llamado: Las Doce Casas.
Cuando estuvieron frente a un gran templo, Quiathos se detuvo, y luego volteó hacia los caballeros.
_Este lugar se llama Las Doce Casas, es un lugar que está prohibido para todos los demás caballeros, es solo para los caballeros dorados. – Dijo Quiáthos a los caballeros dorados, que escuchaban con atención. – En total hay doce templos, a los cuales se les asigna un signo del zodíaco. Cada uno de ustedes es dueño de un templo. Las Doce Casas protegen el Santuario y la Cámara del Patriarca, el deber de ustedes será proteger su templo de cualquier enemigo que quiera cruzarlo, aún a costa de su vida. La ubicación de los templos es por orden de los signos, por lo tanto, Aries es la primera – Quiáthos señaló el templo que tenía detrás. – Seguida por Tauro, luego Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y finalmente Piscis, que tengan suerte caballeros. – En una nube de humo dorado, Quiáthos desapareció.
Los caballeros dorados se quedaron mirando desconcertados el lugar de dónde Quiáthos desapareció, luego entraron el templo.
Mu se quedó en el primer templo, Aldebarán en el segundo, tres templos quedaron vacíos, ya que Saga de Géminis había desaparecido, Dohko de Libra estaba en otra parte y Aioros de Sagitario había muerto, Máscara de Muerte en el cuarto, Aioria en el quinto, Shaka en el sexto, Milo en octavo, Shura en el décimo, Camus en el onceavo, y Afrodita en el doceavo.
Cuando Milo llegó al templo del Escorpión Celestial, se quedó observándolo desde afuera. Tenía dos pequeñas cúpulas en ambos lados del frente del techo, tres columnas de cada lado, y arriba, en el techo de la fachada, había un formato triangular, en el que estaba grabado el símbolo de Escorpio. Shura, Camus y Afrodita entraron en su templo, ya que debían cruzarlo para llegar a los suyos que se encontraban más adelante mientras que Milo permaneció afuera frente al Templo, observándolo. Finalmente se decidió a entrar. Cuando entró, miró a su alrededor, y no se sorprendió al ver que no había ninguna diferencia con los de sus compañeros.
Era bastante amplio, tenía muros y columnas en los costados.
Milo miraba para todos lados, haber si encontraba una diferencia. En eso, descubrió una puerta que estaba oculta detrás de varias columnas. Del picaporte colgaba una llave atada a un hilo, y en la puerta había una nota pegada que decía: Milo de Escorpio. Milo descolgó la llave, la introdució en la cerradura, la dio vuelta, y la puerta se abrió al instante. Milo entró a la habitación. Cuando estuvo dentro, se quedó boquiabierto.
Era como una casa interna, pero era increíblemente grande. En la sala principal, habían tres sillones negros, dos pequeños en los cabía una persona, y uno grande, en el que cabían dos, y el medio, una pequeña mesa de vidrio. Milo se caminó hacia la cocina. Era bastante grande. Una mesa de madera al medio, rodeada por cuatro sillas. Una mesada toda hecha de mármol, y un pequeño modular, dónde habían platos, vasos y utensilios. Junto a él, un refrigerador, dónde había comida en abundancia. Cuando terminó de ver la cocina, Milo caminó a la habitación. Era comodísima y grande. Contaba de una cama de dos plazas, una pequeña mesa de vidrio con un cajón junto a ella, una cajonera de madera, y un armario, dentro de un pasillo al costado, había un baño, equipado con toallas, jabones, cepillo de dientes, y demás cosas.
Cuando salió de la habitación, se dirigió al refrigerador, tomó una manzana verde, se dirigió a la sala, y se dejó caer sobre uno de los sillones. Se devoró la manzana en menos de dos minutos, y después se quedó observando con detenimiento la sala. Luego de un rato así, se aburrió, y decidió ir a ver que hacía Camus. Salió de la pequeña casa, cerró la puerta con llave, y se la colgó en el cuello. Luego salió del templo del Escorpión Celestial, y se dirigió a la casa de Acuario.
Cuando iba saliendo de la casa de Capricornio, se topó con el Acuariano, que iba a Escorpión a buscarlo.
_ ¡Camus! Justamente te iba a buscar… - Dijo Milo en cuanto lo vio.
_Yo iba justo a tu templo a buscarte… - Le respondió con una sonrisa.
_Oye, hace diez años que no estamos aquí… ¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta por el Santuario?
_Me parece bien Milo…
Ambos salieron de donde estaban y se dirigieron primero al Coliseo. En el camino platicaron bastante, aún no habían tenido tiempo para charlar, así que se pusieron a contarse todo lo que les había acontecido en los últimos diez años.
Cuando llegaron, se asombraron de ver a una niña de cabello marrón, al parecer una aprendiz, lanzando varias patadas al aire, derrumbando las columnas que se encontraban cerca y resquebrajando las paredes, y parada en una gran roca, con los brazos cruzados, estaba Leenah.
Milo y Camus se sentaron en las gradas, observando a la maestra y a la alumna.
_Supongo que esa ha de ser la alumna de la que me habló… -Dijo Milo, observando a la pequeña niña, que ahora trataba de esquivar los golpes que su maestra le lanzaba.
_No sabía que Leenah tuviera una pupila… - Dijo Camus.
_Yo tampoco, hoy me lo dijo… - Un fuerte ruido atrajo su atención. Cuando voltearon a ver, Bría estaba tirada en suelo boca abajo, y de su brazo izquierdo salía sangre. La niña se levantó a duras penas, soltó un quejido de dolor, y se agarró el brazo. Leenah estaba agachada, aún en pose de ataque, a varios metros de ella. La escucharon gritar:
_ ¡Si te quieres convertir en caballero, debes aprender a no ser tan cobarde, Bría!
_Lo lamento maestra, no volverá a suceder… - Dijo Bría, mientras aún trataba de ponerse de pie.
_Mañana continuaremos Bría, ahora estás muy lastimada… Ve a la fuente y que te den vendajes, enseguida iré.
_Está bien maestra… - Bría salió de del Coliseo y se encaminó a la Fuente.
Leenah se dio vuelta, y se quedó observando a Milo y Camus con los brazos cruzados.
_ ¿Esa es tu alumna? Preguntó Milo.
_Así es, Bría. – Milo y Camus bajaron de las gradas, y se pararon junto a ella.
_Es bastante fuerte. – Dijo Camus, observando la salida del Coliseo, por donde había salido Bría.
_Si lo sé, es muy ágil y capaz, pero demasiado holgazana…
Milo rió. Los dorados acompañaron a la amazona a La Fuente, cuando se aseguraron que Bría estaba bien, se sentaron ahí, y platicaron hasta que oscureció. Ya eran las 22:00 pm, y los amigos recién se estaban despidiendo.
_Adiós Leenah. – Dijeron Camus y Milo al mismo tiempo.
_Buenas noches muchachos. – Leenah entró al recinto de amazonas.
Milo y Camus se dirigieron hacia las doce casas. Milo se quedó en Escorpio, y Camus se fue a Acuario.
Milo entró a su templo, se dirigió a la casa oculta, abrió la puerta, y se fue derecho a la habitación, a dormir.
Tan cansado estaba, que a los cinco minutos de haberse acostado, se quedó profundamente dormido.
