Capítulo 11
El dolor de la amazona
Leenah y Shura llevaron a Yúkua y Mytes al Santuario. Para la hora que llegaron al Santuario, ya había anochecido. Cuando llegaron, los llevaron a La Fuente, para que las enfermeras los atendieran, sobre todo a Mytes.
Los cuatro se quedaron afuera esperando que una enfermera los atendiera. Finalmente, apareció una mujer alta, delgada, cabello corto hasta poco más arriba de los hombros, enrulado y negro, y ojos azules, vestida con un vestido largo color violeta, y telas color lila colgaban de sus brazos.
_ ¿En qué puedo ayudarlos? Preguntó amablemente en cuanto salió.
_Necesitamos hospedar a dos personas, una de ellas gravemente herida. – Leenah se hizo a un costado para que la enfermera viera a Mytes, que apenas podía mantenerse de pie, ayudado por Shura.
_Por favor, síganme. – La enfermera los guió a una de las habitaciones del fondo.
_Pasen por favor. – Les indicó, Yúkua iba pegada a Leenah.
La habitación no era muy grande. Había dos camas individuales, una al lado de la otra, dejando un espacio entre ellas. Había dos pequeñas mesas, cubiertas con medicamentos.
La enfermera ayudó a Shura a recostar a Mytes en una de las camas, luego llamó a otra enfermera para que la ayudara. Unos minutos después, llegó otra de las enfermeras. Tenía piel blanca, cabello pelirrojo, hasta los hombros y lacio, con un flequillo que tapaba su frente, y ojos marrón rojizo. Estaba vestida igual que la otra enfermera, solo que su vestido era color rosa claro.
Ambas atendieron las heridas de Mytes, mientras que Yúkua observaba sentada en la otra cama.
_Será mejor que duermas un poco, debes estar cansada. – Le dijo Leenah a Yúkua.
_Si, tiene razón, gracias. – La niña se recostó en la cama, y minutos después, se quedó profundamente dormida.
_Será mejor que salgan. – Les dijo una de las enfermeras a Leenah y Shura. – Pueden regresar mañana para ver como está, por ahora su estado es crítico, pero nos encargaremos, no se preocupen.
_Entiendo, gracias. – Agradeció Leenah.
_Regresaremos mañana. – Añadió Shura.
_De acuerdo, buenas noches caballeros.
_Buenas noches. – Respondieron los hermanos al mismo tiempo.
Leenah y Shura salieron de la habitación. Cuando salieron de la Fuente, se toparon con Milo, Camus, Aioria y Mu.
_ ¡Leenah, Shura! Dijo Mu al verlos.
_ ¿Cómo están muchachos? Preguntó Leenah.
_Bien. – Respondió Milo. - ¿Y ustedes? ¿Cómo les fue?
_No muy bien. – Dijo Shura.
_ ¿Por qué? Pregunto Camus.
_Ahora se nos hace tarde. - Shura recibió un codazo por parte de su hermana.
_ ¡Ah sí! Debemos ir directo con el Patriarca, pero nos vemos luego.
_Está bien, pero mañana nos cuentan todo. – Dijo Aioria.
_No se preocupen, mañana les contaremos todo. – Agregó Leenah.
_Adiós. – Dijo Mu.
_Adiós. – Dijeron los otros dos.
Cruzaron las doce casas, hasta que finalmente llegaron a la Cámara del Patriarca. Cuando llegaron a la puerta, Quiáthos los esperaba.
_Esperen aquí mientras le aviso a su Santidad. – Les dijo, Leenah y Shura asintieron con la cabeza.
Quiáthos entró a la Cámara. Cuando estuvo a unos metros del Patriarca, se hincó en el suelo.
_ ¿Qué quieres Quiáthos? Preguntó el patriarca.
_Santidad, ya han llegado los caballeros que envió a Kríhos.
_Ah muy bien, que pasen.
Quiáthos asintió con la cabeza, caminó a la puerta, he hizo pasar a Shura y a Leenah. Ambos se hincaron frente al patriarca. Quiáthos se quedó parado a la derecha del Patriarca.
_Capricornio, Lince, ¿Han logrado averiguar algo?
_Si su Santidad. – Le contestó Shura.
_Escucho.
_Solo hayamos a dos sobrevivientes, los demás estaban todos muertos y la aldea estaba destruida. – Dijo Leenah.
_Por lo que vimos en los cadáveres, han sido asesinados de tres formas diferentes, electrocutados, quemados, y heridos mortalmente por su propia mano. – Añadió Shura.
El patriarca se quedó pensativo.
_ ¿Eso es todo? Preguntó.
_ Uno de los sobrevivientes me dijo que eran tres hombres, no llevaban armaduras, solo estaban vestidos con túnicas diferentes. – Respondió Leenah.
_Todo indica que actúan bajo las órdenes de alguien Santidad.
_Tienes razón Capricornio, alguien debe estar manipulándolos…
_ ¿Qué propone que hagamos ahora? – Le preguntó la amazona.
_Por ahora nada, esperaremos, primero quiero saber cuáles son sus intensiones… Si algún otro pueblo llega a ser atacado, tomaremos las medidas necesarias. Eso es todo caballeros, se pueden retirar.
Leenah y Shura se levantaron, hicieron una reverencia y salieron.
Cuando estuvieron afuera, platicaron un momento.
_ ¿Qué piensas de esto Shura? Preguntó Leenah.
_No lo sé Leenah, esto es demasiado raro, supongo que no sabremos nada hasta que se aclaren las cosas.
_Tienes razón… Se hace tarde hermano, será mejor que me vaya a ver cómo está Bría.
_Sí, yo también me voy a mi templo, nos vemos mañana hermana.
_Buenas noches hermano.
Shura se fue al templo de Capricornio, mientras que Leenah se fue su cabaña en el recinto de amazonas.
Apenas Shura llegó a Capricornio, se fue a la cama, estaba exhausto, tanto, que apenas se acostó, se quedó profundamente dormido.
Por otra parte, Leenah entró a su cabaña, y lo primero que hizo fue quitarse la armadura plateada de Lince, su cuerpo estaba tan cansado, que se le hacía pesada.
En un destello de cosmos, la armadura volvió a su forma original, y se guardó en la urna sagrada.
Leenah caminó a la habitación de Bría para asegurase que dormía, y como la vio tan profundamente sumida en sus sueños, salió de la habitación y cerró la puerta en silencio para no despertarla. Luego se dejó caer en una de las sillas que había en la sala. Su cuerpo estaba exhausto, pero su mente seguía activa. No dejaba de pensar en lo que había visto en Kríhos, y la duda de quién había sido y por qué, la embargaba. Decidió salir a tomar aire. Se quedó afuera de su cabaña por un largo rato, parada enfrente de la puerta. Caminó un poco, y sin darse cuenta, ya había salido del recinto.
_Como demonios llegué aquí… - Pensó, mirando las columnas que había en el suelo. Se sentó en una de ellas. Había una suave brisa que hacía que sus mechones de cabello rubio danzaran en el aire con el viento.
Era una brisa tan fresca y reconfortante, que le dieron tantas ganas de sentirla en su rostro. Miró a todos lados para ver si no había nadie, y se arriesgó: Se quitó la máscara que tenía aprisionado su rostro.
Se sentía tan bien, la brisa, el aire, el viento, eran cosas que extrañaba. Había decidido convertirse en amazona, aceptando las consecuencias que traía consigo. Al ponerse la máscara, había olvidado por completo quién era en realidad, para convertirse en una persona totalmente diferente. Antes de convertirse en amazona, era una niña muy dulce y tierna, incapaz de lastimar a nadie, ni física, ni moralmente. A pesar de los golpes y el desprecio con los que debía lidiar cada día de su vida, era calmada y serena, capaz de hacerte sentir la mejor persona del mundo con unas pocas palabras. Pero ya no soportó más esa vida infernal, y al ponerse la máscara, decidió olvidar a esa débil niña, y transformarse en una fuerte mujer.
Aunque con los años había aprendido a soportar y a olvidar su pasado, aún le dolía en el alma, saber que todos los días se esforzaba como nunca para sacarle una sonrisa a su madre o que trabajaba como sirvienta para que su padre le dé un simple "gracias", y solo haber recibido golpes e insultos a cambio, había dejado una marca en su vida.
Mientras miraba el cielo, dos gruesas lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
Por otro lado…
Milo daba vueltas y vueltas en su cama. Simplemente no le llegaba el sueño. Le rondaba por la cabeza el ataque de Kríhos. No paraba de pensar, que ese ataque, era para llamar la atención del Santuario. Ese pensamiento no lo dejaba dormir. Se levantó de su cama, se abrigó, y salió del Templo de Escorpio.
Comenzó a caminar sin ningún rumbo, hasta que llegó al Coliseo. Se le quedó viendo un momento, luego soltó un suspiro, y siguió caminando, hasta que llegó a la entrada del recinto de amazonas. También se quedó viendo la entrada unos segundos, hasta que un tranquilo, sereno y triste cosmos llamó su atención. Comenzó a caminar en dirección de donde sentía que provenía, y cuando lo vio, se quedó sin habla. Estaba atónito, paralizado, y miraba con detenimiento, a aquella amazona. Estaba parado frente a una joven, una joven que él conocía muy bien, cuyos mechones de cabello rubio se interponían entre su mirada y aquel rostro, aquel rostro bello que había querido conocer hace tanto tiempo. La amazona miraba al suelo fijamente, con esos hermosos ojos verde azulado, y no se percató de la presencia del caballero.
Milo no dejaba de observar su rostro, nunca se imaginó que detrás de esa mujer fuerte, que demostraba no tener sentimientos, hubiera un rostro tan bello.
Entonces, Leenah levantó la mirada, y clavó sus ojos en los del caballero. Leenah se dio vuelta rápidamente, ocultando su rostro de Milo.
_Leenah… - Susurró Milo. – Ya no te sirve de nada ocultarte, lo vi…
Entonces, Milo sintió el fuerte puño de Leenah golpear su abdomen. Retrocedió unos pasos, y se hincó en el suelo, con su mano en su adolorido estómago. Luego levantó la mirada, para ver a la amazona que estaba frente a él, con el puño en alto, y los ojos llenos de lágrimas.
Leenah dio un fuerte salto, y aterrizó con una fuerte patada en el rostro de Milo. El caballero cayó al suelo. Luego de unos segundos volvió a levantarse, pero Leenah comenzó a lanzarle puños a diestra y siniestra, mientras las lágrimas de dolor por tener que lastimar a su mejor amigo corrían sin cesar por sus blancas mejillas.
Milo cayó de rodillas frente a Leenah. Sangraba por la boca, tenía un brazo lastimado, y fuertes golpes en todo el cuerpo.
Aunque Milo veía ese rostro, unos minutos antes tranquilo y sereno, ahora lleno de ira, podía sentir en sus cosmos, una tristeza y un dolor profundo, y él sabía que era por su causa. Aunque ella trataba de ser fría, tal vez a ella le dolían aún más que a Milo los golpes.
Leenah encendió su cosmos, y levantó su puño, como si estuviera a punto de dar el golpe final. Estuvo así unos segundos, su puño empezó a temblar, mientras las lágrimas salían con más fuerza de sus ojos, finalmente, bajó en puño, y se dejó caer de rodillas al suelo, a un metro de Milo.
_No puedo… - Murmuró, y sus ojos volvieron a inundarse.
_Leenah… - Milo se levantó como pudo y se acercó, cuando estuvo frente a frente, se arrodilló, y trató de poner su mano en su hombro, para consolarla, pero ella le dio un manotazo y se dio vuelta.
_Vete Milo, antes de que me arrepienta… - Dijo, tratando de ocultar las lágrimas. Pero Milo no se movió, es más se acercó más a ella. – Que te vayas…
_No me iré a ninguna parte. – Le respondió firmemente. Pero, sin previo aviso, Leenah tomó a Milo del cuello, y lo pegó a la pared de piedra, cortándole la respiración.
_Si le llegas a decir esto a alguien, me conocerás de verdad Milo… - Le dijo, haciendo sentir a Milo un cosmos bastante enojado, agresivo, y lleno de vergüenza.
_Jamás le diría a nadie… - Dijo como pudo.
Milo simplemente pudo haber roto el brazo de Leenah, y haberla derrotado de un golpe, aunque ella fuera el caballero plateado más fuerte, y aunque su cosmos llegara al de los caballeros dorados, no estaba a la altura de Milo, pero no tenía la fuerza para hacerle daño.
Leenah dejó caer a Milo, caminó a la columna, tomó su máscara, y cubrió su rostro. Sin decir más, se metió a la cabaña.
Milo se quedó sentado en el suelo observando la puerta que había estampado Leenah hacía unos segundos, luego se recargó en la pared y soltó un suspiro.
_Lo lamento tanto Leenah… - Se dijo para sí mismo, se levantó, y se fue.
Leenah se quedó recargada en la puerta de su cabaña. Se quitó la máscara, se deslizó hacia al suelo hasta quedar sentada, luego apoyó los brazos en sus rodillas y ocultó su cabeza en ellos, hecha un mar de lágrimas.
Bría, que se había despertado por los ruidos, se levantó, y lentamente se acercó a su maestra.
_ ¿Maestra? ¿Está usted bien? Preguntó la niña, al verla en ese estado.
_Estoy bien Bría, vuelve a dormir. – Le dijo Leenah, sin poder ocultar el llanto de su voz.
La niña no hizo caso a lo que le dijo y caminó hacia ella, se arrodilló frente a su maestra, y le acarició el cabello, luego jaló de su brazo, y Leenah apoyó su cabeza en el pecho de su alumna.
_No se preocupe maestra… todo estará bien…
Al día siguiente…
El patriarca llamó a los caballeros dorados a sus aposentos, para comunicarles lo que Leenah y Shura habían averiguado en Kríhos, por lo tanto, la amazona también debía estar ahí.
Era temprano, todos los caballeros dorados y Leenah estaban en la Cámara del Patriarca.
_Caballeros, los he llamado para comunicarles lo que han averiguado Capricornio y Lince… En Kríhos han encontrado solo dos sobrevivientes, los cuales nos han proporcionado bastante información… - Milo miraba fijamente a Leenah, sin ni siquiera escuchar lo que decía el patriarca, mientras que ella solo se limitaba a mirar al frente y escuchar al patriarca, tratando de no prestarle atención a Milo. – Fueron atacados por tres hombres, que no llevaban armaduras, los cuales tenían cada uno una habilidad o poder especial; Uno de ellos puede controlar el cuerpo del oponente, produciendo que se lastime a sí mismo, otro de ellos aparentemente tiene el control sobre el fuego, a juzgar por los cadáveres que estaban completamente quemados, y el último controla la electricidad y la energía… Hasta ahora suponemos que actúan bajo las órdenes de alguien…
_ ¿Tiene alguna sospecha Santidad? Preguntó Afrodita de Piscis.
_Por ahora no… pero los mantendré informados cualquier cosa. Eso es todo caballeros pueden retirarse.
Los caballeros salieron de la cámara del patriarca y cada uno se dirigió a su respectivo templo. Pero Leenah había desaparecido, Milo la buscaba con la mirada y no la encontraba. Supuso que se sintió algo avergonzada, y se fue rápidamente a su cabaña.
Milo llegó a su templo, entró a su casa, y se quedó sentado en el sillón unos momentos, pensando en Leenah.
Un largo rato después, sintió un ruido en el techo de su templo. Salió rápidamente de su casa, salió del templo y miró al techo, y lo que vio lo dejó atónito.
Leenah estaba sentada en el techo del Templo del Escorpión Celestial, con las piernas cruzadas, y sus manos apoyadas en la piedra. Milo la miró un momento sin saber que decir.
_Siempre me pregunté por qué Athena tuvo que crear esa estúpida ley… Supongo que para demostrar que si eres mujer, no solo sufrirás físicamente… - Le dijo la amazona.
_Lamento que tengas que sufrir así por mi culpa Leenah… - Milo bajó la cabeza.
_No, tú no tienes la culpa de nada Milo… la culpa es mía por haber sido tan tonta…
Milo levantó la mirada.
_ ¿Sabes que es lo que más me duele? Continuó Leenah. – Que eres mi mejor amigo… y no me atrevo a hacerte daño… lo intenté, pero no pude… No me queda opción…
Milo no podía creer lo que Leenah le decía, eso significaba que debía atarse a él por el resto de su vida, y hasta tener que entregar su vida para preservar la suya.
Leenah saltó del techo y aterrizó a un metro de Milo. Luego hizo algo que lo sorprendió: Se quitó la máscara.
Caminó hacía Milo, y se dejó caer de rodillas frente a él, mientras una lágrima amenazaba con salir.
Milo sonrió, y se arrodilló frente a ella, y la abrazó. Leenah ocultó su rostro en los azules mechones del caballero.
Desde ese momento, Milo se dio cuenta, que lo que sentía por la amazona, iba más allá de una amistad.
