Capítulo 13

Enemigos invisibles

Un pequeño pueblo, vecino de Kríhos llamado Naicró, había sido brutalmente atacado la noche anterior, por tres poderosos hombres.

El peor temor que el Santuario tuvo durante tres años, se hizo realidad, los tres hombres misteriosos que atacaron y asesinaron a las personas del pueblo de Kríhos, habían vuelto a aparecer.

El patriarca, no sabía nada sobre ese ataque, tres años atrás, ya que cuando sucedió, el estaba muerto, y quien ocupaba su lugar, era Saga de Géminis, poseído por Arles. Tampoco Athena sabía nada, porque en ese tiempo, ni ella misma sabía que era la diosa Athena.

Al enterarse del ataque, Shion llamó a todos los caballeros dorados a sus aposentos. Shura le explicó, que hacía tres años, había habido un ataque similar, y que él y su hermana, habían ido a investigar.

Los doce caballeros dorados estaban arrodillados frente al Patriarca, en una fila horizontal. Shion estaba sentado en su silla, y Athena caminaba de un lado a otro.

_Athena, por favor, cálmese. – Le pidió Shion a la diosa. La joven se quedó parada mirando a los caballeros dorados.

_Tengo entendido que ustedes saben algo al respecto… - Dijo Athena a los caballeros. Leenah miró a su hermano, y decidió responder.

_Así es Athena… - Le contestó la amazona dorada.

_Por favor explícame Leenah… - Le pidió la diosa.

_Hace tres años, Saga, que era entonces el Patriarca, nos dijo que había habido un ataque a un pueblo llamado Kríhos, que no está muy lejos de aquí. Nos ordenó a mí y a Shura que fuéramos a investigar.

_ ¿Es cierto eso Saga? Le preguntó el Patriarca a Saga.

_Si Santidad… - Le contestó el Geminiano.

_ ¿Y? ¿Qué averiguaron? Preguntó impaciente la diosa.

_Las personas de Kríhos fueron asesinadas de tres diferentes formas: Por su propia mano, electrocutados, o completamente quemados. – Respondió Shura.

Athena hizo una mueca de dolor al escuchar a Shura.

_Será mejor ir a investigar… Shura, Leenah, creo que sería conveniente que vayan ustedes a Naicró. – Dijo el patriarca.

_Si Santidad. Respondieron los hermanos.

_Partan de inmediato, mientras menos tiempo perdamos mejor… El resto de los caballeros dorados, quiero que estén alerta… - Dijo Athena, volviendo a caminar de un lado a otro frente a Shion.

_Athena, ¿No piensa que estos ataques, han sido solo para llamar la atención del Santuario? Preguntó Milo.

_Tienes razón Milo… Puede ser que nos estemos acercando al comienzo de una nueva batalla… - Dijo Athena, con un dejo de preocupación y miedo.

_En ese caso, debemos prepararnos para pelear. – Agregó Shaka.

_Exactamente Shaka, será mejor que se retiren y se preparen… Leenah, Shura, partan ahora mismo. – Ordenó el Patriarca.

_Si Santidad. – Dijeron los doce dorados y Shura.

Leenah y Shura salieron hacia Naicró, mientras que los demás caballeros, se encargaron de alertar a todos los caballeros del Santuario.

El viaje de Leenah y Shura no fue muy largo, pero si muy complicado. Tuvieron que atravesar infinidad de bosques, repletos de serpientes, osos, y varias otras criaturas.

Cuando salieron de un oscuro bosque, después de haber batallado con un montón de serpientes, se encontraron en un pequeño pueblo, no muy diferente a Kríhos. Había varias casas, algunas destruidas, otras completamente quemadas. Naicró, se caracterizaba por ser un pueblo rodeado de naturaleza, la gente que vivía ahí, adoraba a los animales, y cultivaban la tierra. Ahora, todo el lugar estaba totalmente cubierto de cenizas. El lugar, que alguna vez pareció hermoso y pacífico, ahora era triste y desolado, y se asemejaba a la misma muerte.

Lo peor no era eso, sino las decenas de cuerpos sin vida, que había regados por todo el lugar. El pasto, una vez verde intenso, estaba manchado de sangre. Las casas, antes tan bien construidas, por la madera que les brindaba el lugar, convertidas en un negro abrumador, que al simple roce, se convertían en polvo. Las humildes y bondadosas personas, que solían amar la vida, inspiraban terror en sus ojos sin vida.

La imagen era horrible, era mucho peor que lo que los caballeros experimentaron tres años atrás, en Kríhos.

Los caballeros comenzaron a caminar uno al lado del otro, con los ojos bien abiertos. Entonces, Leenah soltó un alarido.

_ ¿Qué te pasa? Preguntó asustado su hermano. Leenah solo señaló, la cabeza de una mujer, que tenía junto a ella.

_Dios mío… - Murmuró Shura, al ver la cabeza, cortada de su cuerpo. Shura se agachó, y la examinó.

_ ¿Quién podría cometer una atrocidad como esa? Dijo Leenah, respirando a bocanadas. La amazona no era una persona fácil de intimidar o de asustar, pero eso no se lo esperaba para nada.

_ ¿De quién podrá ser? Preguntó Shura.

_No lo sé, y creo que tampoco quiero saberlo… - Le contestó Leenah, sin dejar de observar el rostro, que tenía una mueca de dolor, y una terrible expresión de miedo en sus ojos.

_Creo que deberíamos separarnos Leenah. – Le dijo Shura.

_Si…

Los dos hermanos se separaron y comenzaron a caminar por lados opuestos.

Leenah caminaba, tratando de pisar las partes del suelo donde no había sangre, y esquivando con sus pies, los cadáveres. Entonces, sintió un fuerte calor en su espalda, se dio vuelta, y lo único que logró ver fue la silueta de un hombre, antes de convertirse totalmente en llamas…

Shura caminaba por el camino ensangrentado y lleno de cenizas, tratando de no mirar los horribles rostros que había debajo.

En ese momento, escuchó el ahogado grito de su hermana menor. Comenzó a correr, en dirección de donde había dejado a su hermana, pero, una fuerte corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo, paralizándolo. Pudo oír a su espalda, una fuerte risa masculina, que tenía un dejo de placer, regocijo y pasión, segundos antes de caer…