Capítulo 14

Los Ángeles de Perséfone

Dohko caminaba hacia la Cámara del Patriarca.

Dohko de Libra, era un hombre corpulento y alto, mechones de cabello largo hasta la mitad de la espalda, de un color rojo bordó, cubrían sus hombros y su frente. Ojos pequeños color verde oscuro, y su piel era algo oscura también. La armadura que portaba Dohko, la armadura dorada de Libra, se caracterizaba por poder dividirse en seis diferentes pares de armas: Dos Nunchacos, dos espadas, dos barras triples, dos escudos, dos tonfas, y dos tridentes. Además, era un hombre con doscientos sesenta y un años.

Al no estar Shura, la puerta a la Cámara del Patriarca estaba custodiada por dos soldados.

_Necesito hablar con el Patriarca. – Dijo Dohko en cuanto estuvo frente a ellos.

_Espere aquí, le avisaremos a su Santidad. – Dijo uno de los soldados.

Ambos entraron, dejando a Dohko esperando afuera. Segundos después, regresaron.

_Ya puede entrar.

Dohko entró a la Cámara del Patriarca, y vio a Shion que caminaba de un lado a otro, preocupado. Dohko se quedó mirándolo unos segundos.

_ ¿Estás bien Shion? Dohko no le decía "Santidad" a Shion, ya que ellos dos eran mejores amigos y compañeros, hacía doscientos cuarenta y seis años.

El Patriarca se sobresaltó al escucharlo.

_ ¿Qué? ¡Ah! Dohko… Si estoy bien… - Le contestó Shion. Dohko pudo notar un rastro de preocupación e impaciencia.

_Te ves preocupado…

_Lo sé… Es que hace más de seis horas que Leenah y Shura partieron hacia Naicró… tengo miedo de que algo les haya sucedido…

_Shion, ambos son fuertes y poderosos, saben cuidarse por sí solos…

_ ¿Entonces por qué tardan tanto? Preguntó impaciente.

_No lo sé…

_No importa… ¿A qué viniste? – Preguntó Shion.

_A decirte que ya puse en guardia a los caballeros de plata. Shaina y Marín están resguardando la entrada, y puse a los demás caballeros a rodear el perímetro. – Le contestó Dohko.

_Ahh, muy bien… - Le respondió.

_Me tengo que ir a terminar de preparar a los caballeros de bronce con Aldebarán. – Dijo Dohko.

_Si si, ve tranquilo… - Dijo Shion, sin prestarle mucha atención.

_ ¿Seguro que estás bien? Preguntó Dohko, pero al notar que su amigo ni siquiera había notado que le estaban hablando, le gritó:

_ ¡SHION!

_ ¿¡Qué!?

_ ¡Podrías escucharme!

_ Lo siento Dohko, pensé que te habías ido…

_Estás muy distraído… Mejor me voy y te dejo tranquilo… - Dijo Dohko.

_Por favor… - Murmuró Shion.

_Cualquier cosa me llamas, ¿Está bien?

_Está bien, está bien, no te preocupes… - Le contestó, tratando de parecer tranquilo y despreocupado, aunque no era así.

Dohko salió de ahí, dejando a Shion solo, sentado en su silla, pensativo.

_Por qué demonios se tardan tanto esos dos… - Pensó.

Por otro lado…

Marín y Shaina custodiaban la entrada del Santuario. Ambas estaban preocupadas por Leenah, ya que las tres eran bastante amigas, pero sobre todo Shaina, ellas dos eran amigas desde que llegaron al Santuario. Shaina y Marín, desde un principio se odiaban, ya que Seiya de Pegaso, el alumno de Marín, humilló varias veces a Shaina, pero ahora ellas dos eran amigas, aunque Shaina aún guardaba un poco de rencor.

_ ¿Crees que le habrá pasado algo a Leenah? Preguntó Marín.

_No lo sé… eso es lo que más temo… hace ya seis horas que se fueron ella y Shura… - Le contestó Shaina.

_Tienes razón, pero ambos sos bastante fuertes, no creo que hayan sido derrotados tan fácilmente. – Dijo Marín.

_Supongo… No me quiero preocupar… - Contestó soltando un suspiro Shaina.

_Oye, si tú estás preocupada, imagínate como debe estar Milo…

En otra parte…

Camus estaba recargado sobre la pared de la casa de Acuario, con los brazos cruzados, y siguiendo con la mirada al peli azul, que caminaba de un lado a otro frente a él, con un rastro de preocupación en sus ojos.

_ ¡Te podrías quedar quieto de una buena vez Milo! Gritó Camus, haciendo que Milo diera un salto.

_Perdón, perdón. ¿Cómo puede ser que se tarden tanto? Dijo Milo.

_Deben estar bien… - Dijo en voz baja Camus, que no parecía muy preocupado.

_ ¿Cómo puedes decir eso? ¡Seis horas Camus! ¡Hace seis horas que se fueron! Gritó Milo.

_ ¿Por qué no te calmas? ¿Te piensas que Leenah es una chiquilla débil? Ella es bastante grande como para cuidarse sola… No debes subestimarla tanto.

_Yo no la subestimo, trato de cuidarla, es todo…

_No deberías, ella es un caballero, es más, un caballero dorado, ella no necesita que te la pases cuidándola como si fuera la misma Athena.

Milo se quedó pensando, sabía que Camus tenía razón, pero no podía evitarlo. Siempre había protegido a Leenah, aún a costa de su propia vida, ya que ella era una de las personas más importantes en su vida.

_Lo sé Camus… pero no puedo evitarlo, ella es muy importante para mí…

_Ya sé que lo es Milo, y si la quieres tanto, debes confiar en ella… Sabes que no podrás cuidarla siempre, ella es un caballero, al igual que nosotros, los caballeros están destinados a pelear, a sufrir y a morir por Athena desde que nacen, debemos entregar nuestras vidas para proteger a las personas del mundo, y preservar el amor y la paz, y estoy más que seguro que eso lo sabes muy bien… Es triste, pero es la dura realidad que nos ha tocado como Santos de Athena.

Milo soltó un gran suspiro.

Unos minutos después, un soldado apareció frente a ellos.

_ ¿Qué quieres? Le preguntó Milo.

_El Patriarca solicita la presencia del señor Camus de Acuario. – Dijo el soldado.

_ ¿Mi presencia? Preguntó extrañado Camus, el soldado asintió con la cabeza. – Iré enseguida.

El soldado volvió a asentir con la cabeza, y salió del Templo de Acuario. Camus miró a Milo.

_Ve tranquilo, yo me voy a mi templo, nos vemos luego.

_Nos vemos luego Milo.

Milo salió por la entrada de la casa de Acuario, y se dirigió a Escorpión. Camus salió del suyo, entró a Piscis, saludó a Afrodita, y salió del templo. Luego caminó hacia la entrada de la Cámara del Patriarca.

Cuando entró, se encontró con Aioria, Shaka y Mu.

_Aioria, Shaka, Mu, ¿Qué hacen aquí? Preguntó Camus.

_El patriarca nos mandó a llamar. – Dijo Shaka.

_ ¿A ti también? Preguntó Aioria.

_Si… ¿Para qué?

_Aún no sabemos. – Contestó Mu.

Unos minutos después, el Patriarca entró a la sala. Los cuatro dorados se hincaron uno al lado del otro.

_Mu, Camus, Aioria, Shaka, los he llamado, porque necesito que vayan a Naicró… Shura y Leenah han estado fuera ya por siete horas, es demasiado tiempo, y estoy seguro que algo les ha sucedido…

_ ¿Quiere que vayamos a buscarlos? Preguntó Aioria.

_Así es. – Respondió Shion.

_Pero… ¿No es demasiado cuatro caballeros dorados, solo para ir a buscarlos? Dijo Camus.

_Si se han retrasado tanto, es por una razón, ¿No les parece? Lo más seguro es que hayan sido atacados… Por lo tanto, debo enviar refuerzos, por si deben enfrentarse a alguien…

_Entiendo… - Dijo en voz baja el Acuariano.

_Partiremos de inmediato Santidad. – Dijo Shaka, mientras los cuatro se ponían de pie.

_Si… Y tengan cuidado por favor. – Pidió Shion.

_No se preocupe Santidad. – Contestó Aioria.

Los cuatro caballeros dorados salieron de la Cámara del Patriarca, y emprendieron el viaje hacia Naicró.

Shion se sentó en su silla, y se pasó la mano por la frente, luego tomó un pañuelo, y se limpió el sudor.

_Espero que Shura y Leenah estén bien… - Se dijo a sí mismo.

Al igual que Athena, Shion apreciaba mucho a los caballeros dorados. No los hacía pelear si no era completamente necesario, y se preocupaba por ellos. Odiaba verlos heridos, y trataba de protegerlos como podía.

Los cuatro caballeros dorados, estaban por salir, y se encontraron en la entrada con Shaina y Marín.

_ ¿Dónde van? Preguntó Marín.

_Pasó demasiado tiempo desde que Leenah y Shura se fueron, el Patriarca nos pidió que fuéramos a buscarlos. – Le respondió Aioria.

_ ¿A Naicró? Preguntó Shaina.

_Si… - Contestó Camus.

_Ah, bueno, vayan tranquilos… Por favor ten cuidado Aioria… - Le pidió la amazona pelirroja.

_No te preocupes, estaré bien… - Aioria la abrazó, y los cuatro se fueron rumbo a Naicró.

Shaina se quedó observando a Marín.

Aioria y Marín, tenían una relación, muy parecida a la de Milo y Leenah, aunque él no conocía el rostro del Águila, la amaba profundamente, y aunque ella sentía lo mismo por el León, ninguno de los dos se animaban a confesarlo.

Los cuatro caballeros llegaron a Naicró, después de una hora de viaje.

Los cuatro se quedaron sorprendidos de la escena que presenciaron al llegar al pueblo.

Comenzaron a buscar por todo el pueblo a Leenah y Shura. Como el lugar estaba lleno de cuerpos, tuvieron que examinarlos uno por uno, por si lograban reconocer alguno de ellos.

Caminaban uno al lado del otro, hasta que Aioria, logró reconocer el cuerpo de una mujer rubia, tapada con una armadura dorada, que estaba llena de rajaduras, cortadas, resquebraduras y quemaduras, y le faltaban partes. Leenah estaba destruida, tenía una profunda herida en la cabeza, el cuello bañado en sangre que venía de dicha herida, sin máscara, quemaduras en todo el cuerpo, una profunda cortada en el pecho, producida por su propia espada Excalibur, un brazo roto, y cortadas por todo el cuerpo. Aioria gritó para que sus amigos se dieran cuenta.

_ ¡Es Leenah! Gritó Shaka, en cuanto vio el cuerpo que Aioria señalaba. Los cuatro dorados se arrodillaron alrededor de herida amazona.

_ ¿Está muerta? Preguntó desesperado Camus.

_No…aún sigue con vida… Puedo sentir su débil cosmos. - Dijo Mu.

Shaka intentó levantarla, pero se encontraba en un estado tan deplorable, que prefirió dejarla en el suelo, para no herirla más de lo que ya estaba.

_A Milo va a darle un infarto. – Dijo Camus.

_Eso es lo que menos me preocupa. – Le respondió Shaka, mientras intentaba levantarla nuevamente.

Camus soltó otro alarido, al ver a Shura tirado a unos metros más lejos.

Camus y Aioria corrieron hacia Shura, mientras que Mu y Shaka se quedaron con Leenah.

Shura también estaba muy herido, tal vez no tanto como Leenah, pero si muy grave. Tenía una pierna rota, un corte de su espada en el cuello, y temblaba, como si una corriente eléctrica aún recorriera su cuerpo. Su túnica estaba toda rasgada al igual que su capa, tenía una sola hombrera que estaba partida a la mitad. Respiraba con gran dificultad.

Camus lo levantó del suelo, y caminó con Aioria hasta dónde estaban Mu y Shaka con Leenah en brazos.

_ ¿Está bien? Preguntó Mu.

_No… - Le contestó en un susurro Aioria.

_Está un poco mejor que Leenah, pero de todos modos, no se ve nada bien. – Agregó Camus.

_Tenemos que irnos rápido para que los atiendan en La Fuente. – Dijo Shaka, mirando con una expresión de dolor, la herida en la cabeza de Leenah.

_Tienes razón, vámonos, no tenemos más nada que hace aquí. – Dijo Aioria.

Los cuatro caballeros dorados, Shaka con Leenah en brazos, y Camus con Shura, se disponían a irse de vuelta al Santuario.

_NO TAN RÁPIDO. – Escucharon una voz a sus espaldas. Los cuatro caballeros se dieron vuelta, y observaron un aura negra, y la silueta de tres hombres.

_ ¿Quiénes son ustedes? Preguntó Mu.

_Nosotros somos los Ángeles del Infierno, somos los protectores y seguidores de la Reina Perséfone. – Dijo uno de ellos.

_ ¿Per…séfone? Murmuró Aioria.

_ ¡Muéstrense! Gritó Mu.

_Como quieras… - Dijo otro.

El aura negra despareció, y permitió a los caballeros ver a tres hombres, ataviados con diferentes túnicas.

_Sus cosmos, son agresivos, negros y llenos de odio… - Pensó Camus.

_Soy Liycro, de Monte Khan. – Dijo el primero. Liycro era alto, estaba ataviado con una túnica negra, con hombreras color rojo oscuro, tenía cabello corto hasta arriba de los hombros, ondulado, color anaranjado rojizo, ojos negros, y piel oscura.

_Yo soy Naya, de Creta. – Dijo el segundo. Naya era de la misma altura que Liycro, vestía una túnica negra, hombreras color verde oscuro, mechones cortos de cabello negro verdoso, ojos verdes, piel blanca.

_Y yo soy Belio de Electra. – Dijo el tercero. Éste era también de la misma estatura que sus compañeros. También vestía con una túnica negra, hombreras color turquesa, cabello rubio, lacio y largo hasta los hombros, y ojos azules.

_ ¿Ángeles del Infierno? Murmuró Mu.

_Así es Aries, nosotros, ayudaremos a nuestra señora Perséfone, a encerrar a Athena. – Dijo Naya.

_ ¿Qué has dicho? Gritó Shaka.

_ ¿Por qué Perséfone quiere encerrar a Athena? Preguntó Camus.

_Ella encerró a su esposo Hades, ahora ella tomará venganza de eso, encerrando el alma de Athena. – Le respondió Belio.

_ ¡Y comenzaremos por eliminar a todos los caballeros! ¡Prepárense! Gritó Liycros.

_No se piensen que será tan fácil. – Dijo Aioria.

_ ¡Ahora verán! ¡Llamas del Inframundo!

_ ¡Muro de Cristal!

La técnica de Liycros, chocó contra una pared invisible, creada por Mu.

_ ¿Crees que esa diminuta pared podrá detener mi ataque? Se burló Liycros.

El muro de Cristal de Mu perdió su fuerza y se rompió, y el Ariano recibió de lleno el ataque de Monte Khan.

_ ¡Mu! Gritó Aioria, al ver como Mu era arrastrado varios metros más lejos, y terminó tirado en el suelo, con varias quemaduras leves. - ¡Maldito! ¡Toma esto! ¡Plasma Relámpago!

Varios rayos dorados se dirigieron hacia Liycros, que los detuvo alzando sus manos.

_ ¿Qué? Se asombró Aioria, al ver como su más poderosa técnica fue detenida fácilmente por el Ángel.

_Mi turno. – Naya se acercó. – Ahora sabrán lo que es ser heridos por ustedes mismos… ¡Les enseñaré el poder de Creta! ¡Manipulación del Sufrimiento!

Los cuerpos de Camus, Aioria y Shaka comenzaron a moverse contra su voluntad. Shaka y Camus arrojaron al suelo a los heridos Shura y Leenah. Naya disfrutaba de ver como manipulaba a los caballeros con su cosmos, viendo como se lastimaban a sí mismos, con sus propias técnicas.

Shaka comenzó a elevar su cosmos, y logró liberarse de la técnica de Naya.

_ ¡Bendición de las Tinieblas! Gritó Virgo.

Naya comenzó a reírse, mientras esquivaba la técnica de Shaka haciéndose a un costado.

_ ¡No puede ser! Pensó Shaka, al verlo esquivar su técnica.

Aunque Naya esquivó la técnica de Shaka, ésta fue suficiente para romper su concentración, y que los caballeros quedaran libres de su Manipulación del Sufrimiento.

_Ustedes los caballeros de Athena no tienen ninguna oportunidad contra nosotros los Ángeles del Infierno. – Dijo Belio.

_ ¡Eso lo veremos! ¡Polvo de Diamantes!

La técnica de Camus logró aprisionar a Belio en un pequeño ataúd de hielo. Pero unos segundos después, logró ver como el hielo era resquebrajado por ondas eléctricas, y en una milésima de segundo, Belio ya estaba libre.

_ ¡JAJAJA! ¿Crees que un cubito de hielo como ese va a lograr detenerme? Solo has logrado refrescarme un poco… Ahora te mostraré el verdadero poder… ¡Energía Divina!

Camus fue atrapado por un rayo eléctrico, lo cual lo elevó por los aires, dejándolo finalmente tirado en el suelo, aún con la corriente eléctrica recorriendo su cuerpo.

_ ¿Ya lo ven? No pueden hacer nada en contra de nosotros… - Dijo Liycros, observando a los caballeros que habían herido anteriormente.

Mu se levantó del suelo, y elevó su cosmoenergía.

_ ¡Revolución Estelar! Gritó.

Belio se paró enfrente de sus compañeros, y creó una barrera de ondas eléctricas, la cual chocó con la técnica de Mu.

Mu observaba con resignación, como su técnica perdía energía contra la barrera de Belio, y se desvanecía.

La Revolución Estelar de Mu se desvaneció completamente, y Belios deshizo la barrera.

Pero Aioria observó con claridad, que un poco de sangre brotaba de la frente de Belio.

_Esperen… después de todo, Mu logró herirlo… - Dijo Aioria a sus amigos.

_Maldito… como te has atrevido a herirme… ¡Pagarás por esto! Gritó de furia Belio. - ¡Energía Div…
Belio se detuvo al sentir una gran fuerza cósmica.

Los tres Ángeles voltearon hacia donde provenía el inmenso y poderoso cosmos.

Un aura negra rodeó el lugar. Los caballeros dorados sintieron una increíble energía, llena de odio, oscura.

El aura negra desapareció, y permitió ver a los presentes, a un hombre corpulento y alto.

_ ¡Ávira! Gritaron los Ángeles.

Ávira, era el guardián de Perséfone. Era mucho más poderoso que los Ángeles, ya que era un semi-dios. Tenía cabello largo hasta las rodillas, ondulado, y gris como la ceniza. Piel blanca y pálida, ojos grises. Vestía con una túnica negra con hombreras de plata negra.

_Ángeles… ¿Qué están haciendo aquí? Nuestra señora Perséfone quiere verlos de inmediato. – Su voz era fuerte y tronadora.

_Iremos enseguida Ávira. – Contestó Liycro. Los tres Ángeles voltearon hacia los caballeros. – Es una lástima… No podremos matarlos ahora.

_Pronto nos volveremos a encontrar caballeros dorados… Y ese, será su fin… - Dijo Belio.

Los tres Ángeles y Ávira desaparecieron en una nube de humo negro.

_ ¡Esperen! Gritó Mu, pero ya era demasiado tarde.

Los cuatro caballeros dorados, regresaron al Santuario con los hermanos heridos, abatidos y derrotados.