Capítulo 15
Heridas
Los cuatro caballeros dorados trataban de cruzar el complicado camino de vuelta al Santuario.
Ya era casi de noche.
De vez en cuando se les enredaba una serpiente en los pies, o aparecía un tigre de la nada. El bosque parecía estar sobre una montaña, porque era bastante empinado. Lo más difícil era, que tenían que bajar con extremo cuidado, porque debían proteger a los heridos hermanos.
Se dieron cuenta que no podrían seguir, cuando un gran oso les apareció por detrás, y casi los hace caer, pero luego fue muerto por el Plasma Relámpago de Aioria.
_De seguir así, caeremos los cuatro, y eso significa que Leenah y Shura caerán con nosotros. – Dijo Camus.
_Tienes razón… debe haber otra forma más segura de bajar.
Hubo silencio por un momento.
_ ¡Pero qué tonto soy! Dijo de pronto Mu.
_ ¿Por qué? ¿Qué pasa? Preguntó extrañado Shaka.
_No se muevan. – Mu se posicionó enfrente de sus compañeros, dándoles la espalda, y segundos después, los cuatro caballeros dorados con los heridos, desaparecieron.
Aparecieron en la entrada del Santuario. Mu era el único caballero dorado, con la habilidad de tele transportarse de un lugar a otro, así como también era el único capaz de reparar las armaduras de los caballeros.
Marín y Shaina, que aún estaban montando guardia en la entrada del Santuario, corrieron hacia ellos en cuanto los vieron aparecer.
Lo primero que se escuchó, fue el grito de terror de Shaina al ver a Leenah.
_ ¡¿Qué les pasó?! Preguntó horrorizada Marín.
_Es muy largo, les explicaremos luego, ahora tenemos que llevarlos de inmediato a la Fuente. – Dijo Aioria.
Las amazonas acompañaron a los dorados a entrar despacio y sigilosamente al Santuario, para que nadie los viera, y así no causar alboroto. En realidad Camus no quería que Milo viera a Leenah. Pero era muy tarde. Los demás santos dorados, estaban sentados en las columnas, platicando e intercambiando opiniones de los últimos acontecimientos.
Camus se quedó estático en la entrada, cuando vio los ojos del Escorpión clavados en él, y Shura. Se acercó a Shaka, y le susurró:
_No dejes que Milo te vea, más bien, no dejes que Milo vea a Leenah.
Aunque se lo dijo bien bajo para que no lo oyeran, Shaka entendió claramente el mensaje, y las razones de Camus para decirle eso. Entonces, lentamente, se posicionó detrás de sus compañeros, ocultando el cuerpo de la amazona detrás de ellos.
Los caballeros dorados corrieron hacia ellos en cuanto los vieron.
_ ¡Ya volvieron! Gritó Máscara de Muerte.
_ ¡Eh muchachos! ¿Se encuentran bien? Preguntó Aldebarán, mientras corría hacia ellos con sus compañeros.
_Si estamos bien… - Dijo Mu.
_Shura… - Murmuró Aioros, cuando vio a su amigo en los brazos de Camus. Luego miró a su hermano menor. - ¿Estás bien Aioria? ¿Estás herido?
_Estoy bien Aioros, no te preocupes. – Lo tranquilizó Aioria.
_Dios mío… - Dijo Saga, haciendo una mueca de dolor al observar a Shura.
_ ¿Cómo pasó? Preguntó Dohko.
_Fueron atacados…
Mientras sus compañeros hablaban, Milo, que había descubierto a Camus, miraba para todos lados.
_Dónde está Leenah. – Dijo de la nada.
Shaka seguía escondido detrás de sus compañeros, sin pronunciar una palabra.
Camus no sabía que contestarle a su amigo, pero como sabía que no podría ocultárselo por más tiempo, se hizo a un lado, para que Milo viera a la herida amazona, en los brazos de Shaka.
Todos se esperaban lo peor, ya que sabían lo que Milo sentía por Leenah, y viceversa. Pero Milo no se movió. Se quedó estático observando el cuello pintado de sangre de la amazona. Quería decir algo, pero no encontraba las palabras, quería correr y abrazarla, pero el dolor que sentía no se lo permitía. Milo cayó de rodillas al suelo. Camus se sentía mal, porque sabía perfectamente lo que el Escorpión sentía en ese momento.
_Oye Saga, podrías llevar a Shura a la Fuente por mí… - Dijo Camus a su amigo.
Saga entendió el porqué, y asintió con la cabeza.
_Si, no te preocupes…
Saga y Shaka llevaron a los heridos a la Fuente para que los atendieran de inmediato.
Camus se acercó a Milo, y se arrodilló frente a él.
_Milo… tú… tú sabías que algo así pasaría… no podrías evitarlo…
_Y si no… ¿Y si no sobrevive? Preguntó tan bajo Milo que Camus apenas lo escuchó.
_Si no sobrevive, tendrás que seguir adelante como un caballero.
_Recuerdo, dos años atrás, la batalla de las Doce Casas, cuando tú moriste a manos de Cisne… Recuerdo que apenas pude soportarlo… Si pierdo a Leenah esta vez, no sé si pueda superarlo…
_Si podrás, porque eres un caballero Milo, y de los más fuertes que he conocido. Leenah es un caballero, y si muere, es el destino que le tocó como Santo. – Camus tomó del brazo a Milo, y lo levantó del suelo.
_Debes ser fuerte ¿Me oyes? Leenah necesita que seas fuerte.
Camus abrazó a su amigo para consolarlo.
Por otro lado...
En una habitación, Mu, Shaka, Aioria, Dohko y Afrodita, intentaban quitar la armadura dorada de Leenah, y posicionarla en la cama, mientras que Saga, Aldebarán, Máscara de Muerte y Aioros hacían lo mismo con Shura, en la habitación de al lado.
Kiki, el aprendiz de Mu, observaba en la habitación de Leenah. Kiki era de baja estatura, le llegaba por lo menos a la cintura a Mu, tenía cabello rojo y corto, ojos celestes y piel rosada. Tenía dos puntos en la frente, al igual que su maestro. Vestía con ropa de entrenamiento, aunque esta no contaba con ningún tipo de protección.
Mu observó a su alumno.
_Kiki, por favor, ve y dile al Patriarca que ya hemos regresado…
_Si maestro. – Respondió.
Kiki salió corriendo de ahí.
Minutos después, cuando los caballeros dorados habían conseguido posicionar a los heridos en las camas, se acercaron las enfermeras.
_Por favor, deben salir, su estado es muy delicado, tiene que descansar. – Dijo una enfermera de vestido azul, rubia y ojos celestes.
Los caballeros dorados asintieron y salieron del lugar.
Otra enfermera les decía lo mismo a los caballeros que estaban en la habitación de Shura.
Los caballeros salieron de las habitaciones, dejando a las enfermeras encargarse de los heridos. Mu se llevó la armadura de Capricornio, para repararla.
_ ¿Creen que se salven? Preguntó Afrodita cuando estuvieron fuera.
_No lo sé… - Respondió Shaka.
_Están demasiado delicados. – Dijo Saga.
_Sobre todo Leenah. – Añadió Aioria.
En ese momento llegó Athena, con Shion detrás, y Kiki a un costado
_Athena. – Dijo Aldebarán.
Los nueve caballeros se hincaron frente a la diosa y a Shion.
_Caballeros, ¿Cómo se encuentran Leenah y Shura? Preguntó Athena.
_Mal, Athena. – Le respondió Máscara de Muerte.
_ ¿Por qué? Se apresuró a preguntar el Patriarca.
_Llegaron muy heridos… las enfermeras dijeron que no saben si pasan esta noche… - Contestó Dohko.
La angustia invadió el rostro de Athena.
_Bueno… quiero que me digan inmediatamente si hay algún cambio, ya sea bueno o malo… - Dijo Athena, sin poder ocultar la preocupación en su voz.
_Si Athena. – Respondieron los caballeros.
_Mu, Aioria, Shaka, vengan con nosotros, quiero que me cuenten todo sobre lo que sucedió en Naicró. – Dijo el Patriarca.
Los tres caballeros dorados se fueron con Athena y Shion. En el camino, se toparon con Camus y Milo, Camus tuvo que ir con ellos también, y Milo se acercó a sus compañeros.
_Milo, ¿Estás bien? Preguntó Aldebarán.
_Si estoy bien, no se preocupen. – Respondió, tratando de parecer tranquilo. - ¿Cómo… como está?
Los caballeros no supieron que contestarle. Si le decían que iba a estar bien, le mentían, si le decían que no sabían si sobreviviría, se les desplomaba en el piso.
_No vamos a mentirte Milo. – Dijo Dohko. Milo adivinó la respuesta antes de que se lo dijeran. – Están ambos muy graves, y no sabemos si pasarán esta noche.
Saga estaba listo para atraparlo por si se desmayaba.
_ Se hace tarde, será mejor que ustedes vayan a descansar. – Dijo Milo.
_Pero… - Milo interrumpió a Máscara de Muerte.
_No se preocupen, me quedaré un rato mas aquí.
_ ¿Estás seguro? Le preguntó Saga.
_Si… vayan tranquilos.
Los caballeros dorados se fueron, dejando solo a Milo con sus penas. De vez en cuando, una pequeña lágrima se desprendía de sus ojos turquesa, y se deslizaba por su mejilla.
Sabía que estaba prohibido, le había dado problemas a Leenah varias veces, pero es algo que él no podía evitar.
Milo era una persona cruel y despiadada con sus enemigos, una característica suya es que le gustaba hacer sufrir a su oponente. No tenía piedad, cuando se trataba de una amenaza hacia lo que él protegía. Al usar la Aguja Escarlata con un enemigo, se podía ver claramente en su rostro, un rastro de regocijo y placer. Era apasionado y fuerte, llegado a ser considerado por la misma Athena, por uno de los caballeros más poderosos y temidos. Se caracterizaba, por ser el caballero más rápido.
Pero, con sus amigos, era tranquilo, sumiso, y sereno. Era sensible y amable.
Su pensamiento era que las emociones no eran buenas a la hora de la batalla, y aunque él las sentía, era un rey para disimularlo.
La única persona a la que le demostraba una parte de él que nadie conocía, era a Leenah. Ella normalmente sacaba lo mejor de él, y eso molestaba a Milo.
Aunque el trataba de ser frío y fuerte, no engañaba a los ojos de la astuta amazona. Ambos sabían que el suyo era un amor prohibido, pero no podían simplemente olvidarse de él.
Podía parecer el caballero más inquebrantable, pero, se sabía que Leenah era su punto débil.
El escorpión estaba sentado en la escalinata de la entrada a la habitación de Leenah, dos horas después de los caballeros se fueran, pensando, que pasaría, si ella muriera. Entonces se le ocurrió mirar por la ventana. Se levantó, y se asomó por la ventana de la habitación. Ahí pudo ver a la amazona. Notó algo diferente en su rostro, un dejo de dolor y miedo, algo que jamás había visto en ella.
Ya no estaba llena de sangre, ya que las enfermeras la habían limpiado, pero sus heridas seguían siendo igual de graves. Tenía el cabello alborotado y esparcido por la almohada. Un brazo enyesado, y cubierta de vendas. Tenía los labios partidos, y varias quemaduras leves en la cara. Milo no pudo evitar hacer una mueca de dolor y cerrar los ojos en cuanto la vio. En eso, apareció detrás de él la misma enfermera que estaba con Leenah hacía más o menos una hora y media, y que Milo ni siquiera notó cuando salió de la habitación.
_ ¿Puedo ayudarlo en algo caballero? Preguntó, haciendo que Milo se sobresaltara.
_Si… este… ¿Podría pasar a verla?
_Lo siento mucho caballero, pero su estado es de verdad crítico, y necesita descansar… Puede venir mañana si quiere.
_Ah, bien… Y, dígame, ¿Qué probabilidades hay de que sobreviva? Milo tuvo miedo de la respuesta.
_No hay muchas probabilidades, tiene más de la mitad del cuerpo quemado, perdió demasiada sangre, y la herida en la cabeza lo empeora todo. – La enfermera se asustó al ver la cara de Milo, totalmente pálida.
_ ¿Se encuentra bien? Le preguntó.
_Si… bien, regresaré mañana. – Milo echó un último vistazo hacia la amazona a través de la ventana, y salió caminando hacia su templo.
La enfermera se quedó observándolo desaparecer en la oscuridad de la noche, y cuando se perdió de vista, entró a la habitación de Leenah.
Milo entró a la casa del Escorpión Celestial, y se fue directamente hacia su cama.
No pudo dormir en toda la noche. Soñó que despertaba, y todos le decían que Leenah había muerto por su culpa, por no haberla protegido.
Despertó de un salto, cubierto de sudor, y respirando a bocanadas.
Al día siguiente…
Milo se levantó temprano, se dirigió al refrigerador, tomó una manzana, y se la comió en un instante. Luego se tomó un vaso de agua de un solo sorbo.
Se puso la armadura dorada de Escorpio, y salió del Templo del Escorpión. Caminó hacia la Fuente.
Enfrente de la habitación, pudo ver a la enfermera de la noche anterior.
_ ¿Viene a ver a la joven? Le preguntó la enfermera, sacándolo de sus pensamientos.
_ ¿Qué? ¡Ah! Si, vengo a verla… ¿Puedo?
_Sígame, pero solo cinco minutos, su estado no cambió de una noche a la otra. – Milo asintió con la cabeza, y siguió a le enfermera dentro de la habitación. Ella dejó una pequeña manta en los pies de la cama de Leenah, y salió de la habitación.
Milo la observó por unos segundos, y luego se arrodilló junto a la cama. Quitó los rubios cabellos de la cara de Leenah, y la continuó observándola, mientras miles de pensamientos, buenos y malos, cruzaban por su mente. Luego tomó la blanca y fina mano de la amazona entre las suyas.
_Necesito que vuelvas Leenah… yo te necesito, ahora más que nunca… - Una pequeña lágrima cruzó por su rostro, y cayó en el rostro de la amazona. Milo le acariciaba la mejilla y limpiaba sus propias lágrimas. Estuvo así un rato, hasta que escuchó un ruido afuera de la habitación. Se paró rápidamente y se secó las lágrimas. Le enfermera entró a la habitación.
_Lo siento caballero, pero debe salir, ella necesita descansar.
_Si, está bien. – Milo besó a Leenah en la frente, y salió de la habitación.
Caminó por un largo rato, hasta que se paró frente la entrada del Coliseo, y vio a sus compañeros en las gradas. Se acercó a ellos, y se sentó, entre Saga y Camus.
_ ¿Vienes de ver a Leenah? Le preguntó Camus.
_Si…
_ ¿Cómo esta? Preguntó de repente Shaka.
_Igual…
Los caballeros se quedaron mirándolo.
_La enfermera dijo que la herida en su cabeza es muy grave y que no hay muchas probabilidades de que sobreviva. – Dijo Milo, sin ni siquiera hacer un esfuerzo por disimular la angustia en su voz.
_Por ahora Milo, tal vez con el tiempo vaya mejorando. – Dijo Mu.
_Eso espero…
Cuatro semanas después…
Shaina caminaba hacia la Fuente. Cuando llegó, se puso a contar las habitaciones en voz baja.
_Diez y ocho, diez y nueve, veinte. – El último número en voz alta.
Subió las escalinatas de una habitación, y entro. Adentro, se encontró con su joven amiga, sentada en la cama, con los mechones de rubio cabello, sujetados en una cinta, y observando una de las vendas que tenía en el brazo.
_ ¡Shaina! Gritó Leenah en cuanto la vio entrar.
_ Hola Leenah, ¿Cómo te sientes?
_Mejor… No sé cuánto tiempo más tendré que estar aquí dentro… ya empiezo a cansarme.
Shaina se sentó en la cama junto a ella.
_ ¿Milo no te deja ni moverte no? Le preguntó con una pícara sonrisa debajo de la máscara.
_Si… Viene todos los días y me cuida por la noche… ya no se qué hacer para que descanse. – Leenah se tiró en la cama, con los brazos debajo de su cuello.
_Te está cuidando… aunque te sientas bien debes seguir haciendo reposo hasta que estés recuperada del todo.
_Lo sé… ¿Ha sucedido algo? ¿Algún ataque? Leenah se sentó de repente.
_No… desde que regresaron Shura y tú, no han vuelto a aparecer… ¿Tú… tú te acuerdas de lo que sucedió en Naicró cuando te atacaron? Le preguntó Shaina.
_No mucho… a veces tengo pequeñas visiones, pero no logro recordar más que eso… - A Leenah se le formó una expresión de dolor en el rostro.
_Bueno, no hace falta que hablemos de eso. ¿Cómo está tu hermano? Shaina cambio de tema al ver la expresión de su amiga.
_También está mejor… Aioros y Saga tampoco lo dejan salir, pero se escapa de vez en cuando para venir a verme.
_Perdóname pero tengo que irme Leenah, Marín me está esperando para ir a entrenar a los aprendices, solo vine a ver cómo estabas. – Dijo de repente Shaina, después de un momento de silencio.
_Si, no te preocupes, ve tranquila.
En cuanto Shaina abrió la puerta para salir, se encontró con Milo, que iba a entrar.
_Hola Shaina.
_Hola Milo.
Shaina salió, y Milo se quedó dentro con Leenah.
_ ¿Te sientes bien?
_Es la cuarta vez que me lo preguntas el día de hoy… Estoy bien. – Le contestó, volviendo a tirarse sobre la cama, con los pies en el suelo.
Milo se sentó a un costado de ella y la observó.
_ ¿Por qué me miras? Preguntó Leenah, sacando a Milo de sus pensamientos.
_Por nada…
_ ¿Pasa algo? Leenah se sentó y lo observó un momento.
_Perdóname…
_Milo… ¿Por qué habría de perdonarte, si no has hecho nada? Al contrario, tengo que agradecerte por cuidarme todo este tiempo…
_Te equivocas… Si hubiera tratado de protegerte, no estarías así en este momento… yo sabía que algo malo sucedería si ibas a Naicró, pero no hice nada para evitarlo…
_Ay Milo… - Leenah esbozó una pequeña sonrisa, y tomó a Milo de la barbilla para que la mirara a los ojos. – No puedes estar todo el tiempo tratando de protegerme, porque yo soy un caballero, y este es el destino que me tocó… y tú no puedes cambiar eso.
Milo puso su mano sobre la de Leenah y cerró los ojos.
_Pensar que estuve tan cerca de perderte…
_Pero no fue así…
Milo se acercó aún más a Leenah, y entrelazó sus labios con los de la amazona.
Leenah cerró los ojos ante el cálido y apasionado beso del caballero, y rodeó con sus brazos el cuello de Milo mientras enredaba sus finos y largos dedos en los largos y azules mechones de su caballero.
Milo abrazó a la amazona, mientras acariciaba su espalda y su cabello, desprendiendo la cinta que sujetaba sus rubios mechones.
Pero esos tiernos y dulces besos, se transformaron en besos fuertes y apasionados. Milo olvidó por completo que la santa aún estaba herida, por lo que no pudo evitar abrazarla con fuerza.
Leenah logró contener un pequeño grito, pero no pudo disimular la mueca de dolor que se formó en su rostro.
_Lo siento… ¿Estás bien?
_Estoy bien, no importa.
Leenah volvió a abrazar al caballero, sin darle la menor importancia al dolor que sentía.
En cada beso se expresaban el uno al otro el amor que sentían. A Leenah no le interesaban en lo más mínimo sus heridas, solo quería disfrutar ese momento, ese momento de pasión y amor.
Unos minutos después, Milo comenzó a sentir un sabor extraño en su boca.
Leenah, que parecía haber sentido lo mismo, separó a Milo de su cuerpo, y se alejó de él unos centímetros. Se llevó una mano a la boca, y notó que una de las heridas que tenía en los labios había vuelto a abrirse, y sangraba.
Milo la vio, se dio vuelta.
_Lo lamento.
_Milo, es solo una pequeña herida, nada más, no tienes nada de que lamentarte.
Leenah empujó a Milo para que se acostara, luego apoyó su cabeza en el pecho de su caballero.
Mientras, un cosmos siniestro se acercaba al Santuario.
