Capítulo 16

Venganza

Leenah dormía plácidamente en la cama de la habitación de la Fuente. Aún estaba oscuro.

Los caballeros, trataban de hacerla recordar lo que pasó en Naicró el día que la hirieron, pero ni ella ni Shura podían recordar nada. Parecía como si todos los recuerdos hubieran sido borrados de su mente. A veces tenía pequeñas visiones, de un montón de llamas y la silueta de unos hombres, pero cuando trataba de recordar lo que seguía, la visión terminaba. Shura se encontraba en las mismas condiciones. Sus amigos más cercanos, Aioros, Saga y Camus, intentaban hacerlo recordar algo, pero al igual que su hermana, tenía solo pequeñas visiones, que no le servían de mucho.

Afuera de la Fuente, a unos metros de la habitación de Leenah, había tres hombres arrodillados delante de una mujer. Ésta mujer, era bastante bella, tenía cabello largo hasta la cintura, negro como el carbón y ondulado. Tenía piel blanca, y ojos color lila. Vestía con un largo vestido negro, que tenía algo parecido a un cinturón dorado, llevaba algo como un colgante de oro en la frente, y joyas en las manos. La rodeaba un cosmos oscuro, lleno de maldad y dolor. Observaba atentamente a Leenah, a través de la ventana de su habitación.

Liycro de Monte Khan, Naya de Creta y Belio de Electra la observaban con atención. Unos segundos después, la mujer cerró los ojos.

_ ¿Mi señora? Dijo Liycro.

La mujer soltó un pequeño suspiro, y sonrió con maldad.

_Creo que es hora de llevar a cabo nuestro plan… Ve Belio. – Dijo la mujer.

Belio asintió con la cabeza, y caminó hacia la habitación de Leenah. Entró sigilosamente para no despertarla.

Mientras Belio estaba en la habitación de Leenah, Perséfone, sonreía con maldad.

_Ésta muchacha, será la clave para mi victoria…

Belio observó a la amazona por un momento. Luego levantó su mano, y en ella se formó una bola de cosmos gris. Se inclinó ante Leenah, e introdujo la bola de cosmos en la frente de la dormida amazona, al mismo tiempo que extrajo otra bola del mismo color. Leenah se estremeció, pero no se despertó.

Belio la observó por un momento.

_Quién pensaría que la amazona dorada, una de las más fieles a Athena, será la que la lleve a la destrucción. – Dijo en un susurro, y salió de la habitación.

_Ya está hecho mi señora… - Dijo en cuanto se encontró frente a sus compañeros y a su diosa.

_Muy bien… Muéstramelo.

Belio levantó la mano, y mostró a la diosa la bola de cosmos que había extraído de la mente de Leenah.

Perséfone, extendió su brazo izquierdo a un costado, y en su mano apareció un báculo gris, de la misma altura que ella, con una gran bola de cristal en la punta. Encendió su cosmos, y la bola de cosmos que tenía Belio, se fue deshaciendo, hasta que se introdujo por completo en la bola de cristal que había en la punta del báculo de la diosa.

_Bien, nosotros nos iremos, tú debes quedarte donde te dije Belio, y llevar a cabo tu parte del plan.

_Si mi señora. – Respondió Belio.

Con un movimiento del báculo, Perséfone, Liycro y Naya, desaparecieron instantáneamente.

Belio se acercó a la habitación de Leenah, miró por la ventana, y la vio retorcerse y dar vueltas en la cama. Sonrió, y salió del Santuario, internándose en el bosque.

Leenah no paraba de moverse en su cama. Estaba empapada de sudor, era como si estuviera viviendo una pesadilla... Su rostro no era el mismo, en vez de demostrar fuerza y determinación, mostraba inocencia e incredulidad. De repente se despertó de un salto, y se quedó sentada un momento.

_ ¿Dónde demonios estoy? Dijo para sí misma, mientras observaba a su alrededor. Se levantó y observó que estaba cubierta de vendas. Se las arrancó. Las heridas que tenía, habían desaparecido completamente.

_Tengo que salir de aquí. – Pensó. Abrió la puerta de la habitación, y salió. Caminó por un momento, y luego se quedó observando la casa de Aries.

_ ¿Qué será este lugar? Tengo que irme de aquí lo antes posible.

Salió de la entrada del Santuario, y se internó en el bosque.

Caminó por un largo rato, hasta que empezó a oír unos ruidos a sus espaldas. Se dio vuelta, y descubrió un gran oso de montaña, que estaba listo para atacarla.

Leenah simplemente podría haberlo matado con su Excalibur en un segundo, pero, ella no tenía ni idea de lo que era un Santo de Athena, mucho menos que era uno de ellos.

Se echó a correr. El oso empezó a correr detrás de ella, lanzando rugidos y gruñidos. Después de correr durante varios minutos, el oso logró alcanzarla, y lanzándole un manotazo con sus garras, le provocó una herida en la pierna, lo que la hizo caer al suelo.

Leenah, tirada en el suelo, frente al oso que estaba a punto de matarla, cerró los ojos y esperó el dolor. Pero un reflector atrajo su atención. Abrió los ojos, y para su sorpresa, el oso estaba tirado metros más lejos, muerto.

Frente a ella había un hombre ataviado con una túnica negra, con hombreras turquesa, cabello rubio y ondulado hasta los hombros, piel blanca y ojos azules.

_ ¿Te encuentras bien? Dijo el hombre, con una falsa sonrisa. Se inclinó ante Leenah para ayudarla a levantarse.

_ ¿Quién… quien eres tú? Le preguntó Leenah, aún sorprendida por lo que acababa de ver.

_Soy Belio de Electra, un Ángel de la diosa Perséfone.

_ ¿Perséfone? ¿No se supone que solo existe en la mitología?

_No Leenah, ella es muy real…

_ ¿Cómo sabes mi nombre? Leenah se soltó de la mano de Belio de un tirón, y retrocedió unos pasos. - ¿Y qué es lo que quieres de mí?

_Tranquila… no pretendo hacerte ningún tipo de daño, solo quiero ayudarte… No tienes adonde ir, ¿No es así? Belio se acercó a Leenah.

_No… la verdad que no… - Le respondió ella. No se le pasó por la cabeza, que era raro que el supiera todo de ella, su nombre, que no tenía adonde ir, y tampoco se le ocurrió pensar, como sabía aquel hombre que la encontraría en el bosque.

_Déjame ayudarte… Te llevaré al castillo de la señora Perséfone, allí estarás segura.

_E... está bien…

Belio se acercó aún más a ella, y la envolvió en un cosmos negro, y segundos después, ambos se encontraban frente al Castillo de Perséfone.

Era gigantesco, todo hecho de piedra. Varias torres se alzaban en lo alto. Había una gran puerta de madera frente a ellos. Leenah observaba maravillada el castillo.

Belio se le adelantó, y abrió la gran puerta, luego le indicó a Leenah que entrara. Leenah dudosa, observó por un momento el interior, decidiendo si era una buena idea, después de unos segundos, se decidió por entrar.

El ángel la condujo hasta la sala principal. Cuando llegaron, se pararon frente a una gran puerta, que tenía dibujadas, personas desnudas, prendidas fuego. Leenah se estremeció al ver la puerta.

Belio la abrió y la condujo dentro. La sala, estaba llena de columnas a los costados. En el suelo había una gran alfombra roja, que daba a un gran trono de oro, en el que estaba sentada, una bella mujer. A su derecha, estaba Liycro, y a su izquierda Naya, ambos hincados en el suelo.

_ Ah, querida, ven pasa. – Dijo amablemente Perséfone, levantándose del trono y caminando hacia Leenah. Belio se hizo a un lado y se arrodilló junto a Liycro.

_ ¿Lo lograste? ¿No recuerda nada? Le preguntó Liycro en vos baja.

_No, no recuerda nada… - Le contestó Belio.

_Dime, ¿Cómo te llamas?

_Leenah… - Susurró la amazona.

_Leenah, veo que estás herida. – Dijo Perséfone, observando la herida que tenía Leenah en la pierna. De pronto gritó: ¡Ávira!

De la nada, apareció un hombre corpulento, con cabello gris y largo, ojos del mismo color, y una túnica negra con hombreras también negras.

_Dígame mi señora. – Dijo Ávira, arrodillándose en el suelo.

_Lleva a esta muchacha con las esclavas, que le curen esa herida. – Dijo Perséfone. Leenah se estremeció al oír la palabra "esclavas".

_Si mi señora. – Ávira se levantó y se acercó a Leenah. – Sígame por favor.

Ávira condujo a Leenah por una de las puertas que había al costado. La amazona no pronunciaba palabra.

_Veo que todo ha salido acorde al plan… - Perséfone sonreía de oreja a oreja, parada dándole la espalda a su trono y a los Ángeles. – ¿Estás seguro que no recuerda nada? Preguntó a Belio sin voltearse.

_Si mi señora, no recuerda nada de su vida como Santo de Athena.

_Perfecto. No debe recordar nada, esta chica será nuestra arma secreta… Cuando llegue el momento, estará lista para pelear contra sus propios amigos…

Un año después…

Milo caminaba hacia la casa de Acuario. Había quedado en almorzar con Camus.

Desde aquel día, aquel día en que entró a la habitación de la Fuente, y encontró la cama vacía, no era el mismo. Su rostro era pálido y triste, sus bellos ojos habían perdido su luz, en su lugar, había dolor y amargura. Rara vez sonreía, y las preguntas ¿Qué le sucedió a Leenah? ¿Dónde está? ¿Por qué desapareció? no lo dejaban vivir en tranquilidad. Si tan solo supiera, que le sucedió a su amazona, podría vivir un poco mejor. Shura tampoco podía vivir tranquilo, dichas preguntas también lo embargaban. La había buscado sin descanso por casi un año, pero nada. No encontró ni una pista de cual podría ser su paradero. Por supuesto, que lo primero que supusieron todos, fue que Perséfone y sus Ángeles tenían algo que ver, pero éstos no volvieron a aparecer.

Cuando llegó al templo de Acuario, tocó la puerta. Camus abrió la puerta segundos después.

_Milo, pasa.

Milo entró sin pronunciar palabra.

_ Aún la extrañas, ¿no es así? Preguntó Camus, cuando ya habían terminado de comer.

_Muchísimo… desearía saber que fue lo que le sucedió. – Le respondió Milo, sin apartar la vista del plato vacío.

_Yo también… aunque no lo creas, yo también la extraño. Creo que todos la extrañamos, Leenah siempre fue amiga de todos.

Al ver que Milo no emitía sonido, continuó.

_ No solo tú, Shura, Shaina, Marín, Shaka, yo, todos sufrimos como tú Milo, pero no hay nada que podamos hacer, la hemos buscado por todas partes por un año, y ningún rastro de ella.

_Yo sé que está viva Camus, no sé donde, pero estoy seguro que está viva, y voy a encontrarla de una forma u otra.

Camus hizo una mueca de desaprobación hacia lo que acababa de escuchar, porque estaba seguro que Milo haría lo que fuera por encontrar a Leenah.

En otra parte…

Una joven estaba parada frente a la gran puerta, observando el dibujo que había en ella. Ésta joven tenía cabello rubio, ondulado, hasta los hombros, ojos verde azulado, piel blanca y muy bella. La chica vestía con un vestido blanco largo, del cual solo se le veía la parte de la falda, ya que el pecho estaba cubierto por un peto negro de plata, con los brazos y el cuello libre, y muñequeras del mismo material.

_ ¿Estás bien? Dijo una voz a sus espaldas. La joven volteó para ver quién le hablaba.

_Estoy bien Belio…

_Estás inquieta, ¿te preocupa algo Leenah?

Leenah no respondió enseguida, sino que continuó contemplando el dibujo de la puerta, pensativa.

_Dije que estoy bien… Vamos, no hagamos impacientar a la señora Perséfone.

_Está bien.

Leenah abrió la puerta, y ambos entraron.

Cuando estuvieron a unos pocos metros del trono de oro donde estaba sentada la reina, con los Ángeles a un costado, se arrodillaron.

_Señora Perséfone. – Dijo Belio.

_ ¿Quería vernos? Preguntó Leenah.

Perséfone se levantó de su trono, y comenzó a caminar de un lado a otro, pensativa.

_Si… he decidido que ya estamos preparados para un ataque al Santuario… Quiero que Liycro, Naya y Belio vengan conmigo, tú eres necesaria aquí Leenah, te quedarás con Ávira.

_ Sí. – Dijeron los cuatro al mismo tiempo.

_ Ávira y Leenah se quedarán aquí para proteger el castillo, los Ángeles me acompañarán a confrontarme a esa tonta de Athena.

Leenah era compañera de Ávira, ya que con solo un año de entrenamiento, había logrado superar a los Ángeles. Ahora era una de los guerreros más fuertes de Perséfone, así como la más fiel.

Una hora después, Perséfone y los Ángeles salieron hacia el Santuario, mientras que Leenah y Ávira se quedaron a proteger el Castillo.

En el Santuario…

Los doce caballeros dorados (Shura estaba reemplazando a Leenah) estaban arrodillados frente al Patriarca y Athena. Shion no llevaba puesta su máscara ni su casco.

_Caballeros, los hemos citado aquí, porque he visto algo extraño, en el movimiento de las estrellas… ojalá me equivoque, pero algo me dice que no…

_ ¿A qué se refiere? Preguntó Mu.

_Ayer a la noche, subí a Star Hill*, y las estrellas me dijeron, que un gran peligro se avecina…

_ Interesante… Sabía que era imposible engañarte, Shion de Aries. – La Cámara del Patriarca era invadida por un aura negra y un cosmos oscuro, mientras que los caballeros intentaban averiguar de dónde provenía la voz.

_ A sí que al fin te dignas a dar la cara… - Dijo la diosa Athena, mientras se paraba delante de Shion.

_Muy astuta Athena, pero no te conviene portarte así conmigo…

_ Por qué no me muestras tu rostro de una vez en lugar de seguir escondiéndote…

El aura negra desapareció, y vieron frente a la entrada de la cámara del Patriarca, a una mujer, con un gran báculo en la mano, rodeada por tres hombres.

_La reina del Inframundo y esposa de Hades, Perséfone. – Dijo Athena. – Se muestra por fin.

Athena bajó los escalones, se abrió paso entre los dorados, y cuando estuvo frente a ellos, a unos pocos metros, se detuvo, e hizo aparecer su báculo dorado en la mano.

_ ¿Qué es lo que quieres de mí, Perséfone? Preguntó Athena, llenando el lugar con su cosmos.

_Es simple Athena… yo vengaré a mi esposo Hades. Te atreviste a encerrarlo, y yo haré lo que él no pudo, te encerraré a ti, y luego tomaré el control de ésta inmunda tierra, y de los mortales.

_Estás completamente loca… Yo protegeré a los mortales y a este mundo, aunque tenga que pelear contra cada dios del Olimpo, empezando por ti… - Desafió Athena.

Perséfone comenzó a reírse.

_No me hagas reír Athena… Tú y tus debiluchos caballeros no podrán hacer nada en mi contra… Ahora… tendré el placer de acabarte de una vez por todas. – Perséfone levantó su báculo, y lanzó una bola de cosmos gris hacia Athena, pero ésta la rechazó, con un movimiento de su báculo lanzó una bola dorada de cosmos, que chocó con la de Perséfone. Las técnicas eran igual de poderosas. Ninguna lograba ganar terreno sobre la otra. Por eso, ambas explotaron, lanzando hacia atrás a las diosas.

_ ¡Athena! Gritó Shion, y corrió para alcanzarla.

Naya logró detener a Perséfone, pero ambos se estrellaron contra una de las columnas que había detrás de ellos.

_Athena, como te has atrevido a lastimar a mi señora Perséfone. – Dijo Liycro, observando a su compañero levantando a Perséfone del suelo. – Toma esto Athena, ¡Llamas del Inframundo!

Una bola de llamas salió del puño de Liycro y se dirigió hacia Athena, pero fue detenida, por el escudo de Libra.

Dohko estaba parado frente a él, con Saga en un costado, y Aioros en el otro.

_ ¿Cómo… como es que has logrado detener mi técnica? Preguntó extrañado Liycro.

_Si quieres lastimar a Athena, tendrás que pasar por arriba de nosotros primero. – Dijo Dohko, aún con el escudo de Libra en la mano.

_Tu lo has pedido, recibe esto ¡Espiral de Fuego!

_ ¡Los cien dragones de Rozan! Gritó Dohko, y miles de dragones se dirigieron hacia Liycros. Ambas técnicas chocaron. La de Liycros comenzó a ganar terreno sobre la de de Dohko, pero antes de que pudiera ser expulsado, Dohko dio un salto hacia arriba, y fue reemplazado inmediatamente por Saga y Aioros.

_ ¡Explosión de Galaxias!

_ ¡Trueno Atómico!

Liycro fue alcanzado por ambas técnicas, y recibió de lleno la Explosión de Galaxias de Saga y el Trueno Atómico de Aioros. Se estrelló contra una de las columnas que había detrás de él, haciendo que ésta quedara hecha añicos.

Dohko no había utilizado todo su poder en esa técnica, solo la utilizó como distracción, para que Saga y Aioros lo derrotaran.

_Malditos… - Dijo Belio, apretando los dientes al observar a Liycro, tirado el suelo metros más lejos, con una hombrera partida a la mitad, y la boca llena de sangre. – Pagarán por eso…

Iba a atacar, pero rápidamente fue interceptado por Milo, a quien no le ganaba nadie en rapidez.

_ ¡Aguja Escarlata!

Catorce finos rayos color rojo oscuro se clavaron en el cuerpo de Belio como agujas, haciendo que éste retrocediera unos pasos y se hincara en el suelo, doblegado por el dolor que la técnica de Milo le provocaba.

_Ahora sentirás el veneno del Escorpión recorrer todo tu cuerpo. – Dijo Milo, con una sonrisa maliciosa.

_Maldita seas, no creerás que unas simples picaduras van a detenerme… ahora te mostraré, ¡Rayo Petrificante!

Un gran rayo eléctrico se dirigió hacia Milo, pero para sorpresa de Belio, el Escorpión ya no estaba, en su lugar estaba Camus, con los brazos extendidos hacia arriba con los dedos de sus manos entrelazados.

_ ¡Ejecución de Aurora!

El rayo congelador alcanzó a Belio, haciendo que éste quedara estampado contra la pared, con los brazos y las piernas pegadas a esta por una gran capa de hielo.

_ ¿Lo ves Perséfone? No tienes oportunidad, ¡Ríndete ahora y olvida esos planes malvados! Gritó Athena.

_ ¡Jamás! Has ganado esta vez Athena, pero la batalla apenas ha comenzado, nos volveremos a encontrar, ¡Y juro que te destruiré!

Perséfone movió su báculo, y en un aura negra, desapareció con los Ángeles.

Nota: *Star Hill o la colina de las estrellas, es donde el patriarca sube para meditar y mirar el cielo para predecir cuándo una guerra se avecina.