Capítulo 17
El secuestro de Shion
Después de la confrontación con Athena, Perséfone volvió al castillo, decidida a cobrar venganza por la derrota que acababa de sufrir.
Apareció frente a la puerta del castillo.
Los Ángeles no se atrevían a pronunciar una palabra, ya que sabían que la diosa no toleraba ningún tipo de error. Estaban seguros que al entrar, los esperaba un terrible castigo.
La puerta se abrió de repente, dejando ver a Ávira.
_ ¡Mi señora! Gritó Ávira, en cuanto vio los rasguños de Perséfone. Corrió hacia ella, y se rodeó el cuello con el brazo de su reina. - ¿Se encuentra bien?
_No… te lo explicaremos adentro. – Respondió la diosa, aferrándose al cuello de Ávira, como si aquellos rasguños fueran heridas de muerte.
Dentro del salón, Leenah caminaba de un lado a otro frente al trono, con dos esclavas arrodilladas frente a ella que la miraban preocupadas.
_ ¿Segura que se encuentra bien, señorita Leenah? Preguntó una de ellas.
_ ¿No quiere descansar un poco? Preguntó la otra.
_Ya les dije que estoy bien, otra pregunta más y las tiro al calabozo. – Respondió fríamente Leenah. Las esclavas intercambiaron miradas llenas de miedo.
En ese momento, la puerta del gran salón se abrió de repente, dejando ver a Ávira que cargaba a Perséfone, con los ángeles detrás.
_ ¡Señora Perséfone! Gritó en cuanto los vio. - ¿Qué… que pasó? Preguntó, cuando vio las heridas de los Ángeles y las de la reina.
_Esa maldita de Athena. – Dijo Perséfone, desplomándose sobre su trono, mientras las esclavas se arrodillaba a cada lado del trono para vendarle los rasguños de las manos. –Sus caballeros son más fuertes de lo que pensé… - Dejó salir un suspiro - Pero eso no justifica nada… - Dijo, fulminando con la mirada a Liycro, Naya y Belio. Los Ángeles tragaron saliva, nerviosos. Liycro trató de decir algo en su defensa.
_Pero, eran demasiados…
_ ¡Silencio! Gritó Perséfone, al mismo tiempo que se levantaba del trono, y movía su báculo frente a ella. Tres rayos salieron del báculo, y golpearon a los Ángeles, que se estrellaron contra las columnas que había detrás, partiéndolas a la mitad. – Saben muy bien que no tolero los errores… Me han hecho quedar débil ante Athena, y eso es inconcebible… - Dijo la diosa con frialdad.
_Pero…
_ ¡DIJE SILENCIO! Lanzó una bola de cosmos gris hacia Belio, que trataba de levantarse, pero el ataque de la diosa volvió a estrellarlo contra la pared. Leenah y Ávira, que estaban uno a cada lado de la diosa, hicieron una mueca de dolor.
_Solo por esta vez quedan perdonados… Pero, el más mínimo error que cometan, conocerán mi furia… - La diosa se dio vuelta, y se sentó en su trono.
Los Ángeles apenas podían mantenerse de pie, se quedaron tendidos en el suelo, sangrando por todas partes, entre los escombros que habían quedado de las columnas.
_ ¡Leenah! ¡Ávira!
Ambos se dieron vuelta rápidamente y se arrodillaron frente a Perséfone.
_Diga mi señora. – Dijo Leenah.
_Llévenselos a las habitaciones… que descansen… van a necesitar toda la energía posible… - Perséfone se desplomó en el trono y cerró los ojos.
_Sí mi señora. – Respondió Ávira.
Leenah y Ávira se dieron vuelta, caminaron hacia los Ángeles, y los levantaron del suelo. Leenah se rodeó el cuello con el brazo de Belio y lo levantó, mientras que Ávira cargó al mismo tiempo a Naya y Liycro.
Ambos se fueron con los heridos, dejando a Perséfone sentada en el trono.
En cuanto Leenah y Ávira se fueron, Perséfone se levantó, y observó con detenimiento una de las vendas que cubrían los rasguños que le había producido Athena. Luego levantó su báculo, y descargó su furia contra una de las columnas, pulverizándola.
_No vas a salirte con la tuya Athena…Te mataré junto con tus malditos caballeros, y el mundo será totalmente mío… ¡Todos los mortales conocerán la furia de Perséfone! Del cuerpo de la diosa comenzaron a emanar descargas eléctricas, que asesinaron instantáneamente a las esclavas, y resquebrajaron las paredes del Gran Salón, mientras Perséfone reía cruelmente…
En otro lugar…
Athena estaba sentada en su cámara, (La Cámara de Athena, el lugar donde Athena duerme, se encuentra detrás de la Cámara del Patriarca, separados por una cortina) con las manos en la cabeza y muy preocupada. Shion caminaba de un lado a otro frente a ella, y los caballeros estaban arrodillados en una fila horizontal frente a ellos.
_ ¿Qué vamos a hacer Athena? Preguntó Shion, sin dejar de moverse.
_ No lo sé… - Respondió Athena, sin siquiera mirarlo.
_Athena, creo que no sería prudente esperar a que nos ataquen… - Dijo Mu.
_Eso es cierto, pero tampoco podemos mandarnos a atacarlos a ellos... – Agregó Máscara de Muerte.
_No se qué hacer… - Athena se levantó de su asiento de piedra, y se apoyó contra la pared. – Los Ángeles de Perséfone son demasiado fuertes... Si los atacamos sin ningún tipo de plan, podríamos terminar todos muertos…
En ese momento, sintieron que se abrió la puerta de la Cámara del Patriarca. Los caballeros dorados salieron de la Cámara de Athena para ver quién era. Los caballeros de bronce se dirigían hacia ellos.
_Shaina nos dijo lo del ataque. – Dijo Shiryu de Dragón.
_ ¿Dónde está Saori? Preguntó de repente Seiya de Pegaso.
_Querrás decir Athena. – Le corrigió Saga.
_No te preocupes Seiya, está bien… - Lo calmó Mu.
_Si esos malditos vuelven a aparecer… Los mataré… - Dijo Seiya, apretando los puños.
_Tú no vas a matar a nadie. – Dijo Camus.
_Maestro Camus… ¿Por qué dice eso? – Preguntó Hyoga de Cisne.
_Esto es algo que no incumbe a ustedes los caballeros de bronce. – Respondió Afrodita.
_ ¿Cómo puedes decir eso Afrodita? ¡Nosotros también somos caballeros de Athena! Dijo Shun de Andrómeda.
_Ustedes saben bien que Athena no quiere que sigan peleando por ella… - Dijo Shaka.
_ ¡Eso no importa! Gritó Seiya.
_ ¡Son órdenes de Athena te guste o no! Interrumpió Aioria.
_Nosotros los caballeros dorados nos haremos cargo de esto… - Le siguió Milo.
_Pero… - Shura interrumpió a Shiryu.
_Basta Shiryu, no importa que la hayan salvado varias veces, son las órdenes de Athena y ustedes no pueden ir contra ellas.
_Aioros, por favor… - Imploró Seiya.
_Lo siento Seiya, pero deben dejarnos que nos encarguemos de este tema… - Aioros se paró delante de Seiya y puso su mano en su hombro.
_ ¿Seiya? Athena apareció por detrás de la cortina con Shion detrás.
_ ¡Saori! Gritó Seiya de alegría al verla.
_ ¡Athena! Gritó Shion, no toleraba que Seiya se dirigiese así a la diosa Athena. - Eres un caballero de Athena, debes tratarla como tal.
_ Está bien Shion. – Dijo suavemente Athena.
_ ¿Te encuentras bien Sao…? perdón… ¿Se encuentra bien Athena? Se corrigió Seiya, al ver como Shion lo fulminaba con la mirada.
_No te preocupes Seiya, estoy bien… - Le respondió tiernamente Athena.
_Tenemos que volver o Shaina se enojará… - Le susurró Shiryu a Seiya.
_Cierto, solo queríamos saber cómo estaba… - Dijo Seiya.
_Muy bien, vuelvan a hacer guardia. – Dijo Athena.
Los cinco bronceados hicieron una reverencia y salieron de la Cámara del Patriarca.
A Athena se le borró la sonrisa del rostro. Soltó un suspiro y comenzó a caminar hacia todos lados. Shion la seguía con la mirada.
Por otro lado…
Leenah, observaba arrodillada frente al trono de oro, a su diosa Perséfone, que tenía la barbilla sobre una mano, con el codo apoyado en el brazo del trono, y observaba fijamente el suelo, pensativa. Luego de unos minutos, se enderezó y miró a Leenah.
_ ¿Qué propone que hagamos mi señora? Le preguntó Leenah.
_Por ahora no los atacaremos… Pero no quiero que piense que me he rendido… Quiero que tu y Ávira vayan al Santuario, y hagan un pequeño trabajo… - Perséfone sonrió con malicia, y Leenah le devolvió la sonrisa con complicidad.
Al día siguiente…
Belio estaba acostado sobre una de las camas de las habitaciones del castillo, seriamente herido, ya que había recibido dos ataques de una diosa. Tenía los brazos vendados, al igual que su cabeza, y estaba tapado por una larga manta color azul, que escondía su fracturada pierna. La habitación era bastante amplia, paredes de madera al igual que el suelo, una cama, una pequeña mesa junto a ella repleta de medicamentos, y una cajonera.
Belio observaba el techo, pensativo. Luego escuchó que la puerta de la habitación se abría. Intentó levantarse para ver quién era, pero un fuerte dolor agudo recorrió todo su cuerpo, obligándolo a quedarse en la misma posición.
Una chica de corto cabello rubio y ojos verde azulado apareció frente a él.
_ ¿Cómo te sientes? Preguntó Leenah, con una amable sonrisa, dejando sobre la pequeña mesa, un jarro con agua.
_Supongo que no debo quejarme. – Le contestó el Ángel. Ella le contestó con una pequeña sonrisa.
Leenah tomó un paño blanco, lo sumergió en el jarro de agua tibia, lo escurrió, y luego lo puso en la frente de Belio.
Belio y Leenah eran muy cercanos. Ella vivió los dos años con el pensamiento de que le debía la vida a Belio, y ambos se protegían mutuamente. Lo que ella no sabía, es que el estaba enamorado de ella secretamente. Tampoco sabía que la había engañado y le había robado su pasado, mintiéndole todo este tiempo, ni tampoco sabía que hacía mucho tiempo, el la había herido de muerte dejándola con pocas probabilidades de vida. Pero Perséfone, que había empezado a sospechar de Belio, le prohibió al Ángel hablarle sobre algo referente a su pasado a Leenah, y le dijo que si se atrevía a mencionar algo que pudiera perturbar la mente de la ex amazona, los mataría a ambos.
Belio la observaba detenidamente, como si estuviera observando al mismísimo Zeus, mientras ella acomodaba un par de cosas de la mesita. Aunque le hubieran robado su pasado, ella aún conservaba la astucia y la inteligencia que había tenido siempre, y se percató de que los ojos azules del Ángel estaban clavados en ella.
_ ¿Por qué me miras tanto? Preguntó con una sonrisa astuta.
Belio salió de su trance y se apresuró a contestar.
_ ¿Eh? No… por nada…
Ella esbozó una pequeña sonrisa y luego dijo:
_Tengo que irme, Perséfone nos ha encargado una misión a Ávira y a mí.
_ ¿Al Santuario? Preguntó Belio.
_Si…
_Está bien, pero ten cuidado. – Le pidió el Ángel.
_No te preocupes, lo tendré. Descansa, lo necesitas. – Se despidió de Belio y salió de la habitación.
Belio sonrió, y se quedó profundamente dormido.
Perséfone caminaba de un lado a otro con las manos en la espalda, frente a Ávira que la seguía con la mirada.
_Señora… cree… ¿Cree que es prudente enviar a Leenah al Santuario? Digo, supongo que sus compañeros caballeros han de reconocerla… podría provocar disturbios en su mente, y puede llegar a dudar de nosotros…
_No te preocupes por eso Ávira… lo tengo todo bajo control… ella es incondicional a mí, jamás creería nada de lo que le digan los caballeros o Athena.
Belio iba a abrir la boca para objetar, pero Perséfone alzó una mano en señal de que no quería que hablara.
_Dije que tenía todo bajo control. – Dijo la diosa.
_Entiendo.
_ ¿Por qué se tarda tanto? Preguntó Perséfone, al mismo tiempo que se sentaba en el trono.
_No lo sé mi señora. – Le respondió Ávira.
_ ¡Pues ve a buscarla inmediatamente! Gritó Perséfone, como si fuera una niña caprichosa.
De repente, la puerta del Gran Salón se abrió.
_No es necesario mi señora. – Dijo Leenah, caminando hacia Ávira. – Le ruego me disculpe por el retraso, es que fui a ver a Belio.
_No importa, no importa. Quiero que ambos vayan al Santuario, y hagan un pequeño trabajo para mí… Esto hará que Athena venga a nosotros… No se atreverá a pelear si tenemos a uno de sus queridos y preciados caballeros… Quiero que hagan esto…
De vuelta en el Santuario…
Shion, Dohko y Saga platicaban en la Cámara del Patriarca. Los caballeros dorados se habían retirado cada uno a su templo, y Athena dormitaba en su cámara.
Shion estaba desesperado. No sabía qué hacer en lo absoluto.
_ Deberías calmarte Shion. – Dijo Dohko, viendo la expresión de preocupación en el rostro del lemuriano.
Shion iba a abrir la boca para responder a su amigo cuando de repente…
_ ¡SHION!
Los tres intercambiaron miradas de desconcierto por un momento, y luego corrieron hacia la cámara de Athena, de donde había provenido el grito.
_ ¡Athena! ¿Qué pasa? ¿Se siente bien? Preguntó Shion preocupado.
Athena estaba sentada en la cama de piedra y miraba fijamente al suelo respirando a bocanadas, como si acabara de despertar de una horrible pesadilla.
_Alguien… alguien se acerca… - Dijo la diosa.
Saga y Dohko se miraron por un momento, y luego Dohko corrió a la entrada, mientras Saga y Shion interrogaban a Athena.
_ ¡Shaina! Gritó Dohko.
La puerta de la entrada a la Cámara del Patriarca se abrió, y la amazona de Ophiuchus entró.
_ ¿Qué pasa Dohko? Preguntó desconcertada.
_Llama a los caballeros dorados, diles que vengan a todos enseguida. – Dijo seriamente Dohko.
Shaina asintió con la cabeza y salió corriendo.
Minutos después, entraron a toda velocidad Mu, Aldebarán, Máscara de Muerte, Aioria, Shaka, Milo, Aioros, Shura, Camus y Afrodita.
Los doce caballeros dorados se pusieron en guardia frente a Athena y Shion. Athena, con el cosmos encendido, sostenía el báculo dorado, y miraba atentamente, preparada para cualquier cosa.
_Athena, está segura que…
_Lo siento… cada vez más cerca… - Interrumpió Athena a Shion.
Los cosmos se acercaban cada vez más, y se podía predecir que eran importantemente poderosos.
A Milo le dio una sensación rara, como… de nostalgia… Sentía algo familiar en uno de los cosmos que se aproximaban hasta ellos, como si ese cosmos… lo hubiera conocido de siempre… No solo Milo, Shura sintió exactamente lo mismo.
_Milo… - Susurró Shura.
_Veo que también lo sentiste… - Dijo Milo.
_Ese cosmos… es extraño… es como sí…
_Ya lo hubieras sentido antes. – Le completó Milo.
Hubo un estallido de humo negro frente a Athena y a sus caballeros, y Milo y Shura salieron de un trance.
_Vaya, vaya… parece que Athena ha preparado la artillería pesada. – Dijo con una risita burlona, una voz masculina dentro del humo negro.
_ Son ángeles de Perséfone, ¿no es así? – Dijo Athena.
_Te equivocas Athena… nosotros somos más que eso… - Dijo una voz femenina.
_ ¡Esa voz! Pensó Milo, al escuchar la voz de la mujer. – Podrá ser que…
_ ¿Acaso no les fue suficiente su derrota anterior? Dijo Shaka.
_Te equivocas Virgo, nosotros no vinimos a pelear. – Dijo el hombre.
_Ustedes escorias doradas no son contrincantes para nosotros. – Le siguió la mujer.
_ ¿Por qué no se muestran de una buena vez y nos dicen para qué demonios vinieron? Gritó Saga.
_Muy bien, muy bien, si eso quieren… - Dijo el hombre.
El humo negro desapareció, y frente a ellos había un hombre de cabello y ojos grises y… una mujer rubia de cabello corto ojos verde azulado.
Milo sintió que… le clavaban una daga en el corazón. Hubiera preferido enfrentarse a una Exclamación de Athena el solo, que tener que enfrentarse a aquello. Le faltaba el aire, no respiraba. La observó con detenimiento, pero no había más vuelta que darle: Era ella. Ella, la persona que había buscado sin descanso durante tanto tiempo, la persona que había amado y que aún amaba profundamente, y a la cual creía muerta, la misma persona que acababa de llamarlos "Escorias doradas", y que ahora estaba frente a él, como uno de sus enemigos más fuertes. Más allá del cabello, el cual siempre había sido largo hasta la cintura, ahora hasta arriba de los hombros, más allá de la ropa negra que llevaba, esos ojos eran inconfundibles.
_Son impresionantes tus caballeros Athena. – Dijo Leenah, sarcásticamente. – Apenas nos vieron se pusieron pálidos de miedo. – Señaló a Milo con una risita burlona.
Athena y los caballeros, no sabían que la temible mujer que tenían enfrente, era en realidad el caballero dorado de Capricornio, Leenah, ya que no conocían su verdadero rostro, y el cabello era diferente.
_ Si no han venido a pelear, ¿Qué es lo que quieren? Preguntó Athena.
_ Vinimos a tomar algo que nos pidió nuestra señora Perséfone… - Le respondió Leenah.
Ese fue otro golpe más en el corazón para Milo. Se había referido a la enemiga de Athena, como "nuestra señora".
_Y si no te importa Athena, lo tomaremos ahora mismo. – Al decir esto Ávira, una bola de humo negro apareció en la mano de Leenah, la cual la levantó en el aire, dejando todo el lugar a oscuras.
Los caballeros trataron de proteger a Athena, aunque no podían hacer mucho porque apenas podían ver algo, pero se equivocaron, Athena no era su blanco, sino a otra persona.
El humo desapareció.
_ ¡SHION! Gritó Athena.
_ ¡MAESTRO! Le siguió Mu.
Shion estaba atado de manos y pies, con la boca tapada, y sostenido por Ávira.
_ ¡Suéltalo ahora mismo! Gritó Dohko.
_ ¿Qué es lo que pretenden con esto? Preguntó desesperada Athena.
_Ya lo verás Athena… - Dijo Leenah.
Un impulso se apoderó de Milo, y sin siquiera darse cuenta, sus piernas caminaban en dirección a la amazona. Se acercó a ella, y todos lo miraron sorprendidos. Ávira esperaba que no le soltara nada referente a su pasado, por lo que estaba preparado para acribillarlo si decía algo.
_Leenah, ¿Por qué? Susurró, y levantó una mano para tocar a la amazona que había esperado durante tanto tiempo, pero, un instante después, sintió como un millón de agujas se le clavaban en el cuerpo. Leenah lo miraba maliciosamente y llena de regocijo ante la expresión de dolor del escorpión, era como si su sufrimiento la hiciera feliz y la llenara de placer. Luego una bola de cosmos negro apareció en su mano, y le dio a Milo en el estómago, y lo arrastró hacia atrás hasta estamparlo contra una columna, la cual quedó resquebrajada.
_ ¡Milo! Gritó Camus, y corrió hacia para ayudarlo.
Leenah se acercó a Milo.
_No sé cómo es que sabes mi nombre caballero, pero no importa, por qué te mataré en este preciso instante. – El rostro de Leenah estaba lleno de odio y era totalmente diferente al que él conocía.
Leenah alzó la mano y encendió su cosmoenergía, a la misma vez que un aura roja la rodeaba. Estaba a punto de asesinar a Milo, cuando fue detenido por un brazo que sostenía el suyo.
_ ¿Por qué me detienes? Le preguntó a Ávira, sorprendida.
_La señora Perséfone dijo que no quería que lucháramos con ellos. Tenemos lo que queríamos, vámonos.
Leenah se zafó del brazo de Ávira de un tirón.
_Está bien. – Dijo de mala gana.
Ambos se voltearon hacia Athena.
_Si quieren volver a ver a su preciado patriarca, deberán ir por él en dos días al castillo de Perséfone. Si no llegan en ese plazo, será asesinado. – Dijo Leenah con crueldad.
Milo aún no creía las palabras que salían de la boca de Leenah.
_Que tengan buenas tardes, caballeros. – dijo Ávira, y en un humo negro, los dos desaparecieron.
_ ¡Esperen! Gritó Athena.
Cuando finalmente desaparecieron del todo, Athena cayó de rodillas al suelo, derramando lágrimas. Mu y Aioria la asistieron, mientras que los demás miraban a Milo, que aún en la posición que lo había dejado Leenah, no pronunciaba palabra, y estaba pálido.
_ ¡Milo por favor dime qué te pasa! Preguntó Camus por quinta vez, mientras lo zarandeaba para que despertara.
_Era Leenah. – Dijo con un hilo de voz.
_ ¡¿Qué qué?! Preguntó Camus.
_Ella era Leenah.
_Estás diciendo, que esa mujer que estuvo a punto de asesinarte cruelmente, ¿era Leenah? Camus no lo podía creer.
_Sí.
Shura cayó desmayado al suelo, siendo asistido por Saga y Aioros.
_ Es… es… imposible… - Murmuró Shaka.
_Era ella… pero me temo que… Leenah ya no es más Leenah, ahora es nuestro peor enemigo…
