Fueron varias las semanas de espera, parecía un sueño irreal, pero era algo que estaba ocurriendo. Kenny por fin había logrado irse de esa horrible casa y logró tener una propia. No fue nada fácil, no encontraba en donde podía quedarse y tampoco el dinero le sobraba, pero con la ayuda de su amado Butters, la vida ya no tenía gritos.

Bolita se encontraba jugando en su cuarto, mientras Butters y Karen cocinaban. Claro, Kenny no iba a dejar a su hermanita sola en aquel horrible lugar, así que se la llevó a vivir con él y su familia. De todos modos, a Karen era la única persona que consideraba familia (A su madre tan sólo un poco).

- Butters. – Dijo Karen. – ¿Vamos a coserte el vestido hoy?

- Claro, Karen. Pero espera a que bañe a Bolita. – Contestó con una sonrisa.

La vida era maravillosa. No tenían problemas de ningún tipo, ni económicos ni sociales, su vida era perfecta, o algo por el estilo. El trío se sentó a comer, Bolita no alcanzaba a la mesa, así que Karen le puso un cojín en la silla para que pudiese comer. Butters le puso en frente un plato de pollo picado, para que el niño tan sólo tenga que masticar.

- ¿Cuándo llega papi? – Preguntó el niño en medio de la comida.

- Dentro de un rato, corazón.

- ¿Quieres ver como cosemos? –Ofreció Karen.

- Síiiiiiiiiiii. – Contestó el niño, feliz. Butters rió. – Mami ¿Quién es Marjorine?

- Uhm…. ¿Si te digo cuando llegue tu papá prometes hacer cara de sorprendido? – Preguntó.

- Ajá.

- Yo era Marjorine. – Contestó al fin, riendo un poco.

- ¿En serio, mami? – Preguntó sorprendido. Butters asintió con una sonrisa y el niño se quedó pensando. - …. Nah. – Dijo, para avisar que no le creía.

Karen se rió ante la ignorancia de su pequeño sobrino,

él realmente era inocente.

Al poco tiempo, Karen ya estaba cosiendo el vestido para la linda "Marjorine", mientras que Butters jugaba con el pequeño, quien veía fijamente el trabajo de su tía.

- … Yo también quiero un vestido. – Habló, los mayores no dijeron nada. – ¿Me hacen un vestido? – Preguntó, sonriendo.

- No sé, amor. – Le contestó Butters.

- ¿Poh qué?

- Porque así alguien te podría querer y yo no quiero que pase.

- ¿Poh qué? – Volvió a preguntar, con una cara de tristeza. – Yo quiero que la gente me quiera…

- Pero aún eres pequeño. – Trató de convencerlo, pero el niño comenzó a llorar.

- Yo quiero un vestido, aaaaaaaaaaaaaahhhhh. – Chillaba el conejito.

- Oh, hamburguesas…. Bolita, no llores nene. Es sólo que aún estás chiquito para usar vestidos, cuando tengas como unos 7 años puedes usar cuantos quieras. – Eso no funcionó, ya que Bolita seguía llorando.

- Pero yo quiero unooooooo, aaaaaaaaahhh.

- P-pero es que los niños pequeños no los usan porque…. Son peligrosos. – Empezó a inventar. - ¿Verdad, Karen?

- C-claro, bebé…. – Le apoyó la castaña.

- Mentiraaaaaaa, uwaaaaaaaaaah. – Seguía llorando el más pequeño.

- Ya sé…. Bolita, como aún estás chiquito para usar vestido fuera de la casa…. ¿Te parece un vestido para dormir y estar en casa? – El niño empezó a calmarse un poco.

- ¿M-me van a dar unos….? Snifff….

- Pero sólo para dormir. – El niño volvió a su llanto.

- Pero yo quiero uno para estar en la casa….

- Bien, también para los fines de semana.

Ese comentario hizo que el niño dejara de llorar…. Un poco.

- Si te portas bien te daremos más. – Le avisó su tía. - ¿Verdad, Butters?

- Así es. – Afirmó el rubio, mientras que el niño se limpiaba la mucosidad.

- Ok….

- Ahora vamos a bañarte para que cuando papá llegue te lea el cuento que te prometió.

- Bien…

La tarde pasó rápido y se hicieron varias cosas, entre ellas, una sorpresa para el conejito. Vio como su tía se llevó a Butters a un cuarto y tardaron demasiado, se aburrió y se puso a jugar un poco con sus juguetes. Al pasar un rato, Karen salió y se llevó al niño a otra habitación.

- ¿Listo, Bolita? Te voy a presentar a alguien.

- Sí.

- Te presento a la hermosa Marjorine.

La castaña le dio paso a su cuñado, haciéndolo pasar con su vestido y su peluca. Él se encontraba sonrojado, le daba pena volver a usar ese disfraz.

- Waaa… Es linda. – Dijo el niño, sorprendido. - ¿Es la amiguita de papi?

- Pues…. Sí. – Contestó Karen, aún sin poder creer que su sobrino no captaba. El niño se acercó al travesti y le tomó la mano.

- Hola, soy Bolita de Manzana.

- Bolita, soy yo…. – Dijo Butters. – Mami.

- Noooo. – Negó el pequeño. –Mami es niño. – Ese comentario le sacó un suspiro al rubio y una risita a la castaña. – Pero eres linda.

Mientras los tres seguían reunidos, Kenny llegó a casa de su trabajo. Ya no trabajaba para Token, consiguió trabajar en un taller, no era mucho, pero era algo. Dio camino a una de las habitaciones y miró a su familia reunida, al ver a su novio vestido como Marjorine, una sonrisa apareció en su rostro.

- Heeeeeey, Margary, cariño. – Saludó con una sonrisa muy pícara, haciendo sonrojar a Butters. - ¿Qué tal un beso?

- Bueno…. – El rubio se acercó y le dio un beso en los labios.

- ¡NO! – Gritó el niño al instante, empujando a Butters para luego abrazar a Kenny. - ¡Deja a mi papi, bruja! ¡FEA!

- Bolita, cálmate. – Dijo Kenny mientras lo veía. – Mira. –Extendió su mano y le quitó la peluca a Butters. – Es Buttercup, no tienes que tenerle miedo.

- ¿Ves? Te lo dije, Bolita. – Comentó Butters.

Cuando el niño vio que esa rubia era en realidad Butters se le empezaron a cristalizar sus ojitos y comenzó a llorar.

- Perdón…. Uwaaaaaahh.

- Oh, nene. – Butters se acercó y lo abrazó. – No hay nada que perdonar, sólo no te diste cuenta. – Consoló, mientras el niño lo abrazaba y lloraba. – Shhhhhh.

- ¿Esto significa que no tendremos sexo? – Preguntó Kenny, haciendo sonrojar a su hermana menor.

- ¡KENNY, DEJA DE PENSAR CON TU PENE AUNQUE SEA SÓLO UN POCO! – Le espetó Butters, completamente enojado con la falta de consideración de su novio, sorprendiéndolo.

- Está bien, perdona. – Karen se rió un poco.

- Bolita ¿Qué tu papá te prometió algo?

- Oh, cierto. Vamos. – El encapuchado se acercó y cargó al niño que se tranquilizaba. – Despídete de tu tía y tu mami, vamos a contarte el cuento.

- Adiós, mami. – Hizo que Kenny se acercara un poco y le dio un beso a Butters. – Y perdón. Adiós, tía.

- Buenas noches, nene. – Se despidió Karen.

- Descansa, amor. – Dijo Butters sonriendo.

Por el camino, Kenny fue limpiándole las lágrimas al pequeño niño y lo acostó para contarle su cuento. La ilusión del niño era mucha, pero no duró mucho.

- Mamiiiiiiiiii. – Llamó el niño, haciendo que el rubio se asomara al cuarto.

- ¿Qué pasa, nene?

- Papi no me lee bien.

- ¡Yo sé leer! –Se quejó Kenny.

- ¿En serio?

- Claro.

- Mentiroso. – Lo reveló el niño.

- Entonces me quedaré con ustedes. – Butters sólo se sentó al lado de Kenny.

- Bueno…. – El encapuchado sólo volvió al libro e intentó seguir con su lectura. – Y enton…. Y enton…. Butters, ¿Qué dice aquí?

- Yo leeré el cuento, Kenny. – Por dentro, Butters sólo se reía ante el analfabetismo de su novio.

Al poco tiempo, el niño se durmió con la historia que le contaban sus padres, principalmente Butters, pero Kenny también contaba. Se veía bastante tranquilo, sereno, hace mucho que ninguno veía una escena así.

- ¿Vamos a la cama?

- Vamos.


¡EMPIEZAN LAS VACACIONES! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAH! JASHDKJSAHKJFASFSA Pero yo tengo que seguir yendo al liceo... ¡MIERDAAAAAAAAAAAA! Pero al menos ya empezaré a dedicarme a escribir esto. ¡Viene la emoción, chicos y chicas! ¡YA VERÁN!

NEKITOGIRLCHAN: se, la señora Marsh es buena :B Shelley no es buena... Es sólo... -Miro el fic- Ya no sé qué coño escribí aquí... ¿Kenny? A Kenny lo mataron los marcianos homosexuales del arcoiris gay de la vida.

luis carlos: Déjame decirte que... Yo pensé igual, pero ni siquiera sé qué coño escribí xD