La letanía de rigor: Saint Seiya no me pertenece, es propiedad de Kurumada y Toei animation. No hago esto con fines de lucro, solo es ocio juvenil

Agradecimientos: Sin duda HolyOak millones de gracias por tus observaciones, tus comentarios y ayuda ¡Vales mil! También aquellos seguidores y lectores anónimos, gracias por tomarse unos cuantos minutos en esta historia

Otra letanía: Se aceptan cualquier tipo de sugerencias, correcciones ortográficas y comentarios buenos o ácidos

Las crónicas obscuras de un Dios

Capítulo 4: La lanza de Ares y las dimensiones obscuras

Los últimos vestigios de luz se esparcieron frente a sus ojos. El fúnebre espectáculo se alzaba frente a ella, dándole una siniestra bienvenida. Un muy castigado y cruento terreno rojizo apenas si era cubierto por unos cuantos arbustos ralos. Los brazos del inmenso río de los trescientos espartanos, se abrían paso por las caprichosas formaciones de las mesetas uniéndose al caudal del poderoso espartano. El rugido furioso tronaba mientras golpeaba con fuerza una de las laderas del monte de Marte. Al final se perdía en un inmenso abismo, el cual, no tenía fin

Las leyendas de antaño contaban que ese rio poseía los espíritus de los trecientos espartanos que murieran defendiendo sus tierras del ataque de Jerjes. En retribución, Ares, tomo sus almas sellándolos como guardianes y custodios de su reinado

Por si esto fuera poco, el agua del rio era completamente roja. Algunos decían que era la sangre de los innumerables guerreros muertos en batallas de manera gloriosa. Aunque para Atenea solo se trataba del deslizamiento de la arcilla. Comenzó la búsqueda. Si quería enfrentarlo, primero debía hallarlo

Durante mucho tiempo, Ares, había intentado derrotarla sin éxito. Esta rivalidad tan absurda se desato por una simple y sencilla discusión; una sucedida durante la época del mito, cuando Dioses y mortales caminaban juntos. Con decepción hoy por fin Atenea aceptaba una verdad infalible: los Dioses actúan como niños y los niños cometen errores. La realidad tan abrumadora y asfixiante por fin golpeo con fuerza. Ella la Diosa de la sabiduría, había cometido un error

Error que devasto a la orden Dorada

Error que destruyo a sus caballeros Dorados

Error que valió la vida de Saga y Kanon, victimas de ambos bandos

Por fin entendía una lección más valiosa que su propia inmortalidad. Nadie está exento de cometer un error, ni siquiera ellos. Los Dioses solo decretaban lo que de alguna manera "lógica" comprendían, por lo cual, nunca entendieron de manera clara a sus propias creaciones

Al renacer como mortal pudo vivir y aprender durante varias generaciones a los humanos. Lo que no esperaba es que ella, en su infinita sabiduría, cometiera un error. Al ser un "humano" la culpa la abrumaba de manera letal. Definitivamente, ser un humano tenía sus ventajas y desventajas. Por ahora debía resolver la gran deuda que, según ella, tenía con su orden Dorada

El otro problema que atraía su atención era el comprobar sus sospechas. Saga y Kanon: descendientes de un Dios o, en el peor de los casos, las reencarnaciones de los Titanes Prometeo y Epimeteo. Como fuera, las dos opciones explicaban de manera contundente porque Saga quería su cabeza y fue poseído por un Dios devastador

Razones o no, de lo único que estaba segura es que Ares se aprovechó de la situación. No cualquiera podría soportar el cosmos del Dios de la guerra violenta. Solo Saga fue capaz de ser el recipiente perfecto. Por si fuera poco, Kanon, no se quedó atrás y Poseidón cayó irremediablemente en los juegos y estrategias del gemelo. Esos dos tenían un inmenso poder equiparable con la fuerza de los Dioses gemelos Hipnos y Thánatos

De una u otra forma estarían en problemas. Y para colmo se encontraba frente a una proeza imposible (por no decir suicida) jugándose el todo por el todo. El plan había sido sencillo, llevarlo a cabo muy distinto. Su naturaleza "mortal" le exigía tomar venganza contra el Dios de la guerra violenta. En esta ocasión el deber salía sobrando

Miro la bóveda estrellada confirmando su posición. Nike se deslizo por sus dedos hasta tocar con la punta el suelo rojizo. Un sendero se abrió paso ante ella. Con la cabeza hecha un caos Atenea comenzó a seguirlo. Dentro de poco desataría una batalla sangrienta con Ares. Solo esperaba poder repetir el golpe que dio en Troya

Conforme avanzo, el ruido incesante del río se hacía más ligero. Al cabo de unos cuantos minutos una explanada de mármol negro se alzaba ante ella. Frente, el imponente templo estilo grecorromano con miles de figuras alusivas a la guerra decoraban los pilares. Como lo esperaba todo estaba fuertemente custodiado. Era el momento de poner en marcha su plan

Avanzo por las escalinatas mientras levantaba a Nike en lo alto. La fría calma en el semblante de la Diosa sorprendió a los guardianes. Sin interrumpir su paso la dejaron avanzar al interior. Al llegar al salón principal, contemplo a la orden entera de Ares franquearlo a ambos lados. La voz de la Diosa resonó como la furia de los truenos

-¡Honor duellum! [¡Duelo de honor!]

La mirada teñida en sangre revelo cierto asombro ante la presencia y petición de la Diosa. Atenea aferro con fuerza Nike, preparándose para contener el primer ataque. Ares soltó una risilla gutural, estaba completamente sorprendido

-Tu gravis? [¿Hablas en serio?] - El Dios de guerra se levantó de su trono

-Locutusque serio [Hablo en serio] - La Diosa comenzó a avanzar hacia él

-Nom me ridere Athena [No me hagas reír Atenea]- Soltó una carcajada

-Lorem utendi rebus alienis erit [El ganador tendrá derecho sobre los bienes del otro]- Los iris grises refulgieron

Con un rápido movimiento el Dios de la guerra lanzo un golpe al vacío. En cuestión de segundos Atenea fue empujada contra un pilar. Un puño estrellándose cerca de su rostro la hizo girar. Aferro con fuerza a Nike impactándolo en las costillas de Ares. De un ágil movimiento se deslizo por debajo de él, nuevamente impacto el báculo en su cabeza. El Dios de la guerra violenta sonrió. La épica lanza y su escudo se materializo en sus manos

-Entonces comencemos el duelo

Ares comenzó con fuerza incontenible. Con agilidad blandía la lanza entre sus manos y, al mismo tiempo, bloqueaba los ataques de la Diosa de la Sabiduría. Un peculiar duelo entre ambos Dioses ejecutaba su poder destructivo. La orden entera de Ares solo se limitó a hacerse a un lado, no interferirían.

El Dios bélico barrió su pie, logrando que Atenea cayera al suelo. La lanza se clavó a centímetros de su cabeza. La Diosa estrello Nike en el costado de Ares haciéndolo retroceder. Aprovecho el pequeño descuido para asestar con fuerza la punta del báculo en la pierna de Ares, encajándolo hasta que la carne cedió. Lejos de dañarlo, el Dios sostuvo el báculo arrancándolo de las manos de Atenea. El golpe que iba directo a su pecho fue bloqueado por los brazos de la Diosa, haciendo presión logro levantarse empujando con su cosmos a Ares

-¡Procesión de guerra!

El Dios de guerra violenta lanzo su primer ataque de cosmos. La bola de energía roja iba destruyendo todo a su paso. Con rapidez, Atenea apareció su escudo frente a ella. El ataque se desvaneció para transformarse en miles de pequeños rayos que se dirigieron contra él. Ares, interpuso su escudo desviando el golpe contra la pared más cercana, sus ojos se abrieron con sorpresa. El Dios se vio sorprendido con la guardia baja ante la rapidez de Atenea. El puño cubierto en oro asesto el golpe a su cara. La sangre fluyo de manera generosa. La Diosa había logrado hacer lo que ningún otro. Los huesos de la nariz cedieron en un doloroso crujir

-¿Te atreviste a golpear al Dios de la guerra?- Ares desplegó con ira su cosmos

-¡No olvides que yo también soy un Dios de guerra Ares!- De igual manera, la Diosa elevo su cosmos

Nike refulgió al chocar contra la lanza. Ambas deidades ardían en deseos de destrucción. Los hábiles reflejos de Atenea lograron evitar varias veces que la lanza se clavara en su cabeza, aunque no logro evitar que Ares tomara revancha por su nariz rota. Su pómulo ardió ante el puño, un pequeño corte hizo manar la sangre. Con fuerza renovada la Diosa asesto su rodilla en la cavidad torácica haciendo crujir la pechera de oro. Molesto el Dios nuevamente hizo uso de su cosmos divino

-¡Lanzas de sangre!

El puño se impactó en el suelo haciéndolo estallar. Los fragmentos de roca se transformaron en millones de lanzas dirigiéndose a gran velocidad contra la Diosa de la Sabiduría. Esta vez el escudo apenas si contuvo la embestida. La armadura divina de la Diosa cedió en los brazos. Pequeños cortes lograron traspasar el metal rasgando la piel debajo. Sus brazos comenzaron a doler. Lejos de rendirse la joven Diosa por fin utilizaría sus cosmos en batalla

-¡Divinas dimensiones!

Una enorme distorsión se abrió en el techo. La fuerza de los planetas colapsando entre si golpeo al Dios haciéndolo caer de manera violenta al suelo. Con lentitud Ares se incorporó mirando a Atenea

-Ese ataque-Ares comenzó a elevarse al cielo- Lo eh visto antes

-Mis caballeros no aprendieron solos- La Diosa de la Sabiduría sonrió con sorna- Sobre todo cuando yo misma les enseñe a manejar el cosmos en la primera guerra santa

-¿Te rebajaste a enseñarles a unos inmundos humanos?- El Dios de la guerra violenta hizo una mueca de asco- Que bajo has caído Atenea. No mereces ser parte de nuestro linaje cuando caminos con la basura que habita el suelo

-Esa basura logro expulsarte de su cuerpo-La sonrisa de Atenea se ensancho más-Y lograron derribar un muro creado por Dioses ¿Quieres saber más?

Con la ira a punto de destrozar su cabeza, el Dios elevó su cosmos. La tierra a su alrededor comenzó a vibrar. El ataque más poderoso de Ares cobraba vida en sus manos. Al mismo tiempo Atenea levantaba su brazo

-¡Violencia de guerra!- Grito Ares desplegando la inmensa energía

-¡Excalibur!- La Diosa refulgió en oro

El choque de cosmos exploto destrozando el techo de lo que alguna vez fue el templo. Ares jadeaba sosteniéndose el brazo derecho, la sangre fluía comenzando a hacer un charco en el suelo destruido. La fuerte punzada en su costado izquierdo hizo que Atenea cayera de rodillas. La lanza se clavó profundo; la sangre corrió libre por su torso manchando la falda metálica

La Diosa de la Sabiduría reprimió las ganas de quejarse, mordió su labio inferior haciéndolo sangrar. Lejos de detenerse el Dios bélico contraataco. Atenea solo pudo aparecer Nike deteniendo a duras penas los golpes de un muy mermado Ares. En ese momento supo que por nada del mundo podría distraerse o seria aniquilada, solo tenía una muy reducida oportunidad

Ares logro acorralarla contra una de las pocas columnas que quedaban en píe. Presiono parte de su antebrazo izquierdo contra el pecho de la Diosa, la lanza se alzó aterradoramente en el brazo lastimado. Esta era su oportunidad. Como era su costumbre, Ares solo se guiaba por los instintos

-Si ni siquiera me puedes vencer ¿Qué podría esperar de tus inútiles caballeros?

Atenea lo miro con odio. Ares abrió los ojos con sorpresa. La pequeña pluma dorada se abrió paso directo al corazón. El dolor quemante estremeció cada musculo de su ser. El quejido parecido a los gritos de miles de guerreros en batalla resonó por todos lados, cimbrando la tierra. La lanza se precipito al suelo con un estruendoso repiqueteo

El Dios de la guerra violenta llevo ambas manos a la herida, sus ojos sangrientos se contrajeron en terror; la pluma dorada se había incrustado hasta el fondo, no podía sacarla. La Diosa de la sabiduría elevo su cosmos envolviendo todo el espacio. Nike brillo como una estrella recién nacida en las manos de la Diosa. El indiscutible exilio salió de los labios de Atenea

-No es castigo, es venganza Ares. . . ¡Confinamiento de almas! – La melodiosa y cálida voz apenas si se escucho

El alma del Dios bélico fue absorbida por su propia lanza. Su cuerpo musculoso cayó pesadamente sobre las losas destruidas de su templo. El primer paso ya estaba dado. El plan no solo era recuperar a su orden Dorada. Durante el proceso, quitaría unas cuantas piedras en el camino. Miro a la atónita orden de Ares en shock, no podía quedarse a discutir o enfrentar a todos. Sin más remedio volvió a hacer uso de su cosmos

-¡Restricción de la divinidad!

Sin excepción, todos los guerreros de Ares se quedaron paralizados. Al cabo de unos segundos comenzaron a caer inconscientes. La Diosa de la sabiduría soltó un resoplido mientras se recargo en la derruida pared. Examino sus heridas. Sin temor a equivocarse, la lanza había fracturado dos o tres costillas (por lo menos). Con alivio corroboro que no había heridas mayores. Fijo la vista en la lanza a sus pies, poco a poco se agacho hasta recogerla. Una de las piezas ya estaba en su poder. Sin más contratiempos, la Diosa comenzó el retorno hacia el portal, no tenía tiempo que perder. . .


Marín mordió la punta de su lengua conteniendo sus nervios. Shiryu era muy bueno a la hora de mentir, otra gran cualidad, siempre y cuando fuera usada para hacer el bien. Pero lo que realmente estaba haciendo a la Koree sufrir era la cara de entusiasmo en Shun y Seiya. O fue muy fácil engañarlos o los dos adolescentes les estaban tomando el pelo

-Como les iba diciendo, Saori piensa que podrán hacer esta tarea sin complicaciones. Espera que regresen para cuando ella ya esté camino al santuario- Shiryu sonrió- O mejor aún, tal vez se encuentren y puedan volver juntos

-¿En serio?- Seiya casi salto al techo- Es una excelente noticia

-Si aunque me parece extraño que nos enviara a nosotros dos teniendo a Hyoga. Además, no puedo sentir el cosmos de Saori por ningún lado- Shun miro de manera interrogante a Shiryu-Aunque con lo que nos dices, es normal que ella pueda ocultar muy bien sus pasos

-Es una Diosa- Shiryu rodo los ojos al techo- Es normal que actué de manera extraña. En fin, aquí están los gastos de sus pasajes y hospedaje. No lo olviden es de suma importancia que consigan que la representante de Odín en la tierra firme ese acuerdo a como dé lugar

Los dos adolescentes tomaron los sobres. Con un caluroso abrazo se despidieron de Shiryu y Marín. Las sonrisas fingidas se mantuvieron hasta ver las puertas del salón Patriarcal cerrarse. Esperaron por unos largos minutos más hasta sentir las presencias de los adolescentes lejos

-¿Se lo habrán tragado?- Shiryu miro a Marín

-Conociendo a Seiya- Marín chasqueo la lengua- No

-Al menos los despistaremos-Shiryu comenzó a caminar hacia el comedor- Ahora todo depende de Hyoga

-Presiento que harán un desaguisado brutal- Marín suspiro mientras seguía a Shiryu

-Vamos no podría ser tan malo

-Shiryu, con ellos dos todo se puede esperar-Marín movió la cabeza negando-O fue sencillo engañarlos o ellos nos acaban de tomar el pelo

-Sea como sea al menos los mantendremos ocupados lejos de aquí- El dragón se detuvo para abrir una enorme y bella puerta labrada en caoba permitiendole el paso a la Koree- Si Seiya sospechara que Atenea cruzo la hiperdimensión de nuevo ¿Qué crees que haría?

-No tienes que recordármelo-Marín entro al comedor-La seguirá sin importar las consecuencias

-Es por eso mi querida Águila que debemos alejarlo todo lo posible de Star Hill. . .

Ambos voltearon hacia el costado de la mesa. Ikki permanecía sentado mirando el suculento plato frente a él. Con un ademán de su mano los invito a acompañarlo. Por el momento se dedicarían a disfrutar del breve lapso de tiempo libre sin más preocupaciones que acabar las generosas porciones de comida


Con la cara pegada a un suelo cubierto por pasto esponjosamnete irritante, Apolo maldijo su mala suerte. Si es que existía. Se apoyó sobre sus manos para elevarse lentamente. Los golpes que recibió por parte de Drakho comenzaban a hacer mella. Sería un Dios sí, pero tenía un cuerpo material que cuidar

Observo con cuidado su entorno. Apolo siempre pensó que la perfección entre el día y la noche eran el amanecer y el ocaso. La combinación de los matices crean la ilusión perfecta, cautivando de sobremanera los sentidos. Lo que no esperaba es ver un perfecto ocaso en una dimensión oscura y, que un Dios primordial, tuviera el poder de crear universos sin ayuda. Definitivamente Némesis no perdía su tiempo en vanas e inútiles discusiones

Cuatro grandes picos envueltos en nieve brillaban como agujas de plata en medio de la tarde noche. El claro que estaba frente a él estaba cubierto por un fino pasto dorado. A sus espaldas un inmenso bosque con árboles de gran altura se alzaban como centinelas. La corteza de los troncos era completamente negra. Las hojas eran blancas y de forma ovoide, algo que le recordó a los cerezos; sin embargo, lo curioso era ver que cada árbol contaba con un ramillete de flores escarlatas. Soltó un suspiro de alivio. El portal estaba a unos pasos de donde él se encontraba, junto al bosque

El cielo universal del crepúsculo era custodiado por dos enormes planetas envueltos en anillos cobrizos. Apolo se sintió sumamente abrumado ante la belleza visual. Sus pies se movieron ágilmente sobre el pasto sin hacer el menor ruido. No tenía tiempo que perder. En su interior, el Dios sol sabía que la belleza solo era superficial. No por nada eran llamadas las dimensiones oscuras

Con rapidez y audacia atravesó el claro. Sus ojos buscaban todas las posibles pistas que lo condujeran hacia un Grifo. La aparente calma asfixiaba su pecho comprimiendo sus pulmones. El aire era tibio, contrario a lo que esperaba. Dirigió la vista a los picos frente a él. Algo andaba sumamente mal

La sensación de ser acechado crecía de manera alarmante. El claro terminaba abruptamente en una enorme depresión rocosa. Algunos salpicones de nieve se esparcían por pequeñas salientes de piedra. Se asomó por el borde mirando el fondo, solo la oscuridad le devolvió una respuesta

Apolo concentro su cosmos para detectar las posibles formaciones de vida existentes. Extendió los brazos y se dejó caer por el borde. Las bellas y esplendidas alas de su armadura se desplegaron emitiendo pequeños rayos dorados iluminando las murallas de roca. Poco a poco descendió hasta un piso congelado. Elevo un poco más su cosmos. Sus ojos se abrieron en extremo al encontrar la macabra escena ante él

Cientos de esqueletos ya hacían regados por doquier. Fragmentos de cráneos de algún tipo de humano y animales se apilaban en miles. Examino con detenimiento los huesos encontrando marcas de laceraciones. Levanto la cabeza escuchando a su alrededor

El imponente arco se deslizo por su espalda, refulgiendo al contacto con las manos de su dueño. Los metales preciosos de oro y platino se entrelazaban simulando un ramal, representación del día y la noche (su hermana gemela tenía un arco idéntico pero con flechas plateadas)

La pared rocosa comenzó a brillar en algunas partes, como si gotas gigantes de agua resbalaran por sus costados. La verdadera acción estaba por comenzar. Apunto, solo tendría unos cuantos segundos para elevarse a la superficie

La flecha emitió el característico sonido al superar la velocidad de la luz. El fulminante brillo cegó por algunos segundos a sus acompañantes. Los graznidos huecos traspasaron los tímpanos del Dios sol. Las antes gotas de agua se irguieron. Por fin los Grifos se hacían presentes ante la deidad

Siete grifos persiguieron a Apolo hasta la superficie. El escudo creado por el cosmos incandescente del Dios fulmino a los desdichados que se atrevieron a lanzarle sus garras. Los demás se mantuvieron a una distancia segura observando con sus enormes y brillantes ojos dorados a su presa. Ahora en lugar de siete, el Dios se vio rodeado por una centena

El arco divino volvió a tensar su cuerda, dispuesto a derribar a uno de los grifos. Sin previo aviso una veintena de ellos cayeron al suelo. Los demás comenzaron a escapar de nuevo al fondo del abismo. Apolo apunto a todas partes mientras observaba con ojo cauteloso su entorno. Frente a él dos "hadas" lo miraban

La Deidad frunció el entrecejo, el único parecido real solo eran las alas. Estos, fuera lo que fueran, tenían el cuerpo repleto de escamas con colores metálicos. Los ojos eran dos enormes agujeros negros que parecían tragarse la luz, no existía brillo alguno de vida. Dos enormes hileras de afilados dientes surcaban lo que parecía ser una enorme boca que llegaba hasta las diminutas orejas, parecidas a la de los marsupiales. Las manos terminaban en cuatro largas puntas y sus pies eran muy parecidos al de los reptiles

Lanzo una flecha directo a la cabeza del pseudo-hada que se aproximaba hacia él. Con increíble habilidad el ser giro sobre su propio eje esquivándola. El otro tomo por sorpresa al Dios. Los dientes afilados rasgaron parte de sus dedos. La rodilla de la deidad se incrusto en el cuerpo del pseudo-hada haciéndola estrellarse en el suelo debajo de ellos. Ambas manos se cruzaron sobre su pecho para ejecutar su técnica. Su cosmos comenzó a envolverlo en cientos de llamaradas

-¡Tormenta solar!

La energía incandescente se desprendió golpeando de lleno a su blanco. El cuerpo comenzó a convulsionar de manera terrible. Aullidos parecidos al de los chacales abandonaron la garganta del pseudo-hada. Miles de pequeñas gotas metálicas se desprendían del cuerpo hasta desvanecerse. Otra flecha se clavó en la cabeza del que seguía incrustado en el suelo

Las alas doradas se replegaron permitiendo a su portador caminar sobre la tierra firme sin problemas. Con cautela, Apolo se acercó al cuerpo del otro pseudo-hada. Con la punta del pie movió el cadáver. Un suave crag precedió ante el desvanecimiento del cuerpo en polvo. Alzo la vista encontrando algunos grifos chamuscados. Busco entre ellos hasta dar con uno más o menos conservado. Con mucho cuidado extendió las alas del grifo arrancando varias plumas

Justo cuando estaba por retirarse del lugar, Apolo, reparo en las pequeñas cortadas que tenían en sus patas. Las venas del cuerpo estaban hinchadas y teñidas en un color azul oscuro. Los ojos antes dorados, ahora estaban completamente teñidos en sangre

Rápidamente miro sus dedos. Un color azulado ascendía por las venas de su mano lastimada. Sin mucho cuidado corto su muñeca. La sangre comenzó a manar con un extraño olor y color. Dolorosos calambres atacaron parte de su brazo. Con la fuerza de su cosmos expulso una mayor cantidad de sangre. Al cabo de unos minutos la coloración volvió a ser normal

Sin prestar más importancia a su estado, el Dios se encamino al portal. Dos de las cuatro piezas ya estaban en su poder y el brillo del portal comenzaba a menguar, el tiempo se les venía encima. . .


Nota: HolyOak acepto que lo de la cabeza estuvo "extraño", lo siento, demasiado café. Hablando sobre los de bronce, sí tenían que madurar y no solo ser carne de cañón. Es imposible que con todo lo que vivieron no aprendieran algo. Espero seguir haciendo sufrir a Atenea y Apolo en el próximo capítulo, son Dioses así que no les vendrá mal un poco de sangre y destrucción. Nuevamente ¡vales mil!