Carlisle POV

Esme se quedó dormida, acariciando mi mejilla. Pude sentir su respiración acompasada, invitándome a descansar junto a ella. Fue allí cuando apareció Weenston, exigiendo hablar conmigo.

-Carlisle-Me dijo una vez que ambos nos encontrábamos en el pasillo-, ¿No te parece extraño?

-¿Qué?-Pregunté sin saber a qué se refería.

-Ya sabes… ¿No tiene ella demasiadas marcas y moretones como para un simple desmayo?-Antes de dejarme contestar, agregó.- Hablo de que, al menos todo su abdomen tiene marcas de golpes anteriores y algunos recientes. ¿Sabes algo?

Apreté mis manos en un puño. Charles.

-Escucha-Dije con un suspiro antes de contarle la historia de Esme.-Ella… yo… me la encontré ayer, es una amiga y yo la hospedo en mi casa. Ella, Esme es su nombre, huyó de su esposo… la razón ya la habrás imaginado.

Miró el suelo por un momento, ¿Estuvo bien que se lo contara?

-Ok-Suspiró.-, solo quiero que la cuides durante estos meses. Sabes lo peligroso que es un embarazo de mellizos, más en tu primera vez. Ya le hemos dado de alta, así que, tan pronto despierte, podrán regresar a tu casa.

Sonreí, a Esme le gustaría saberlo.

Una vez que terminó mi charla con Weenston, me encontré con Esme, quien ya había despertado. Regresamos a casa mientras otra lluvia se ocupaba de humedecer el hermoso paisaje de Forks.

Esme se dedicó a mirar por la ventana, dejando escapar uno que otro suspiro. Si tan solo supiera que daría cualquier cosa por poder tenerla en mis brazos, haciéndola sonreír.

Esme POV

Llegamos a casa, bueno… a la casa de Carlisle. Estuve a punto de subir a mi habitación, pero Carlisle me tomó de la muñeca.

-Esme-Susurró, parecía estar algo triste.-, ¿Podemos hablar?

-Claro.-Respondí sintiéndome como una chica de seis años a la que su padre regañaría por comer galletas antes de la cena.

Ambos nos sentamos en el sofá, como ayer. Las gotas de lluvia golpeaban contra la ventana, parecía ser que lloviznaba mucho en Forks.

-No sé si te moleste o no pero…-Empezó a decirme Carlisle.-Le conté la razón de tus golpes al doctor que te atendió.-Dijo como si eso fuera a molestarme.-Él pensaba que fue debido al accidente que tuviste hoy, debía decirle…-Agregó como si en verdad fuera algo malo.

-No me enoja, Carlisle.-Dije una vez que él bajo la mirada y dejó de hablar.-Charles fue un monstruo, de haber podido, yo misma habría alertado a la policía.

-¿Cómo que "de haber podido"?-Preguntó mirándome a los ojos nuevamente.- ¿Él te amenazaba?

Recordé como era un día típico con Charles y sacudí mi cabeza bruscamente.

-Esme, sé que no será fácil. Pero necesito que me digas que te hacía.-Me pidió con ojos suplicantes.

-Bueno…-Empecé.-Por lo general, Charles trabajaba en el pueblo durante el día. Por las noches, él bebía y llegaba a casa apestando a alcohol. Era allí cuando todo se complicaba...-Carlisle tomó mi mano.-Solo recuerdo con claridad la última noche.

-Cuéntame.-Susurró Carlisle tomando mi otra mano.

-Esa noche, Charles llegó aún más tarde que de costumbre. Yo estaba en mi cuarto, intentando armar una pequeña maleta con ropa. Escuché como la puerta se abría bruscamente, por lo que escondí mi maleta bajo la cama. Una vez que Charles entró en la habitación… me tomó por el cabello y me tiró contra el suelo. Se quitó el cinto, con el cual me empezó a azotar. Recuerdo que mis manos rodeaban mi vientre, protegiendo a mis bebés, deseando que todo terminara.- Carlisle me abrazó, fue cuando me di cuenta de que estaba empapada en lágrimas, sollozando como una niña. Sin embargo, me sentía mejor en los brazos de Carlisle, me sentía… protegida, como si él fuera mi "hombro para llorar".

Nos quedamos así por un rato, no sé cuánto en realidad. Carlisle no se apartó ni un segundo, se dedicó a acariciar mi espalda, intentando calmar mi dolor. Fue en ese momento en el que descubrí que tan buen amigo era. Él me había permitido quedarme aquí con él, y ahora estaba allí, sin importarle su camisa húmeda por mis lágrimas. Me sentí mejor al saber que, después de tanto tiempo sola, había encontrado a un amigo, un mejor amigo.

Estaba amaneciendo, la lluvia había parado. Fue cuando me di cuenta de que me había quedado dormida, arrullada por el sonido de la lluvia cayendo, en los fuertes y protectores brazos de Carlisle, los cuales aún me rodeaban.

-¿Cómo te sientes?-Me preguntó liberándome del abrazo.

-Mejor.-Susurré.-Mejor que nunca antes.

Sonrió, ambos nos incorporamos.

-Gracias, Carlisle. Necesitaba esto, en verdad, gracias.

-Para eso están los amigos.-Me dijo en un último abrazo. Noté que su voz cambió al decir "amigos", quizás le costaba creerlo, como a mí.

No pude saber porque ahora, porque recién ahora lo había encontrado. Pero estaba agradecida, agradecida de que Dios me hubiera enviado a este hermoso ángel a protegerme. Mi mejor amigo, mi protector, Carlisle.


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