De nuevo estoy aquí con otro capítulo, apenas un día después de subir el primero. Pero es que no me gusta subir un solo capitulo, que normalmente no lleva a nada. Prefiero subir dos seguidos que introducen algo más en la historia.
El resto los iré subiendo conforme los vaya escribiendo. Y a no ser que me abandone mi musa, no os haré esperar demasiado.
Sin más dilación…
Esa mañana, antes de salir hacia el ministerio, le había dicho a Luna que estaba lista, pero ahora que se encontraba en el ascensor para ir a su despacho no estaba tan segura. Podría encontrarse con Ron en cualquier momento, y si llegaba a su despacho sin verle, seguramente no habría escapatoria en el almuerzo. ¿Cómo iba a actuar?
Suspiró aliviada cuando llegó a su departamento y salió a toda velocidad del ascensor. Caminó a su despacho, pero alguien chocó contra ella, haciendo que todos sus papeles cayeran al suelo.
-otra vez tu… - murmuró enfadada.
Al menos, una vez a la semana, Draco Malfoy acababa tirando todo lo que ella llevaba encima. Solía elegir el momento en que más cargada iba "para no perder las costumbres del colegio" solía decir.
Pero ese día se agachó a ayudarla distraído, hasta que se percató de que era ella, volvió a tirar los pergaminos al suelo, y se marchó algo preocupado.
Por una vez, Draco Malfoy no se había chocado con ella intencionadamente, o eso parecía.
Y es que Draco Malfoy se dirigía a su nuevo despacho, el cual no había pedido ni mucho menos. No se merecía el puesto de jefe de departamento y sabía que había ascendido gracias a la generosa donación de su madre para el departamento de leyes mágicas.
Por mucho que hiciera, se independizara e intentara hacer su vida propia, siempre acababa viviendo a la sombra de sus padres. Nunca conseguiría distinguir un logro propio de uno comprado
Y por eso llegaba su primer día como jefe con esa resaca, pues había estado todo el fin de semana lamentándose de su vida.
Se encerró en el despacho, tirándose en la enorme silla y colocando los pies sobre la mesa. Al menos si era el jefe podía hacer lo que quisiera. Aunque le gustaba mantenerse ocupado en el trabajo, no tenía ánimos.
Hermione también se encerró en su despacho suspirando. Adoraba su trabajo, aunque coincidiera con el trabajo de Draco Malfoy y aun después del colegio no dejaba de hacerle la vida imposible. Con los departamentos que había y tenían que tener las mismas preferencias en cuanto a trabajo…
Pero en fin… la castaña se sumergió en el trabajo, haciendo caso omiso a su ruidoso estómago y saltándose la hora del almuerzo. Le estaba dando el placer a Ron de ver que le importaba lo que había pasado. Justo lo que había jurado no hacer. Pero ahora ya era tarde.
Las semanas siguientes se encontró varias veces al pelirrojo en el ministerio, y siguiendo el consejo de Luna hacía como si no existiera, aunque interiormente se retorcía de nervios y dolor. Le repugnaba el hecho de que hubiera sido capaz de utilizarla de la forma en que lo había hecho y sentía rabia cada vez que lo veía a lo lejos.
Ese viernes terminó pronto su trabajo y, a regañadientes, Malfoy, su nuevo jefe, le había dicho que podía salir diez minutos antes.
Hermione salió relajada al frio invierno. Pensaba quedarse todo el fin de semana junto a la chimenea, viendo películas y escuchando música tranquilamente.
-hey, Hermione ¿Qué tal?
La castaña detuvo su paso para encontrar nada menos que a Lavender acercándose a ella.
-La… Lavender ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó sintiendo un odio infundado hacia la chica. Aunque ella nada tenía que ver con sus problemas. Ella era otra víctima. Por un segundo pensó en contarle como era su futuro marido. No se merecía estar con esa persona infiel.
-he venido a recoger a Ronnie. Esta noche tenemos la cena de compromiso – sonrió radiante – ya me dijo Ron que no podías venir. Es una pena.
-si… tengo muchas cosas que hacer – dijo controlando la ira que iba carcomiéndole por las mentiras del chico.
-pero supongo que a la boda sí que vendrás ¿verdad? Es en primavera. – la invitó ella.
-no creo que pueda… - dudó la castaña deseando salir de allí cuanto antes.
-vamos ¡no puedes faltar a la boda de tu mejor amigo! – dijo efusivamente – Ronnie se apenará mucho si no asistes.
-seguro… tengo que… he olvidado unos papeles en mi despacho. Discúlpame, Lavender – y salió de nuevo camino de su despacho.
Mientras el resto de trabajadores salía, ella se encerraba entre las cuatro paredes que ocultaron el llanto que durante tantas semanas había conseguido retener.
Ella realmente amaba a Ron, le había entregado todo. Se dijo que era normal que se sintiera así. Que estuviera tan sensible esos últimos días.
Cuando se tranquilizó y borró de su rostro los signos del llanto, salió de nuevo al pasillo del departamento. Ya todo estaba vació, y pensó que no habría peligro de volver a encontrarse con nadie indeseable.
Atravesó el vestíbulo, y mientras atravesaba el patio pensó en comprar una gran tarrina de helado de fresa para luchar contra su depresión.
Fue al imaginar el sabor del helado de fresa en su boca, que desde su estómago acudió la primera arcada. Apenas tuvo tiempo de correr hasta un árbol para agacharse a vomitar. Tuvo que soltar su carpeta para sujetarse el pelo, pero en ese preciso instante alguien se ocupaba ya de apartarle el pelo de la cara, así que ella se abrazó el estómago hasta que todo hubo pasado.
Cuando terminó, una de esas caritativas manos, le tendió un pañuelo blanco para que se limpiase.
-gracias… - susurró.
-debes admitir que ha sido bastante asqueroso, Granger.
-¿Malfoy? – preguntó volteándose – nadie te ha pedido que me ayudaras – le dijo incorporándose.
-¿estás enferma? – le preguntó ignorando su última frase.
-no… no lo sé. Quizá sea un virus o algo así. No te preocupes. – le dijo ella arrugando el pañuelo en sus manos. No podía devolvérselo, estaba sucio. – gracias. Te lavaré el pañuelo y te lo devolveré el lunes.
-no importa. Quédatelo. – dijo recogiendo su maletín. Hermione recorrió el elegante traje negro que llevaba. Gracias a Merlín que no se lo había salpicado de vómito. – si el lunes estás indispuesta solo envía una lechuza.
En ese momento la castaña recordó que Draco Malfoy seguía siendo su jefe.
-estaré bien.
Pero no estaba bien. El sábado por la mañana tuvo que correr al lavabo nada más oler el café y cuando por la tarde una vendedora de cosméticos mágicos llamó a su puerta con todo su perfume sobre ella, le cerró la puerta en la cara para correr de nuevo al lavabo y tirar todo lo que había comido.
El domingo Ginny y Luna la llamaron para salir y les tuvo que decir que estaba enferma. Así que apenas unos minutos después de su respuesta, estaban ambas en la puerta con unas películas y tarrinas de helado de fresa y chocolate.
-quita el helado de fresa de mi vista, Ginny – le suplicó Hermione notando ya las arcadas de solo pensarlo.
-¿Por qué? Yo quiero un po… - pero con solo quitar la tapa Hermione ya había desaparecido de nuevo y se encontraba tirada en el suelo del baño con la cabeza en el wáter.
-lo siento – se disculpó Ginny – no sabía que realmente estuvieras tan enferma.
Luna frunció el ceño preocupada.
-Hermione, ¿seguro que es un virus?
-te prepararé algo caliente, Hermy – dijo Ginny saliendo hacia la cocina.
Luna se acuclilló junto a su amiga, que se limpiaba la boca con papel.
-Hermione ¿Cuándo te tiene que venir el periodo? – le preguntó Luna.
-¿Qué estas insinuando, Luna? – y un repentino temor se apoderó de todo su cuerpo, instalándose en su estómago. – no… no puede ser – e intentó sonreír. – No me siento bien, me voy a ir a acostar… - susurró con un hilo de voz.
Luna la acompañó hasta su cama y la arropó. Ginny llegó con un humeante plato de sopa, que le dejó a la chica en la mesita.
-será mejor que nos vayamos, descansa y tomate la sopa – le dijo Ginny dulcemente – y para cualquier cosa me llamas. Usa el teléfono. Es más rápido – y colocó el móvil de Hermione también en la mesita.
-gracias chicas.
-está bien. Y si mañana no te sientes bien no vayas al ministerio. No seas cabezota. – le reprendió la pelirroja.
Poco después escuchó la puerta de entrada. Hermione se agarró el vientre e hizo las cuentas de su último periodo.
-un retraso de dos días no quiere decir nada – se tranquilizó a sí misma – te ha pasado otras veces. Es normal.
Pero ese lunes, antes de entrar al ministerio, pasó por una farmacia muggle. Sabía que había métodos mágicos, pero se sentía más cómoda con un predictor en la mano. Como había hecho su madre en su momento o cualquier chica muggle normal para salir de dudas.
Lo guardó en su bolso y se incorporó puntual a su puesto de trabajo.
Esa mañana también había vomitado. Aunque no sabía muy bien si había sido de los puros nervios que estaba pasando.
Se sentó en su despacho y sacó el test de embarazo del bolso con manos temblorosas. Abrió la cajita y sacó las instrucciones de uso.
Comenzó a leer, deteniéndose en las frases clave:
"puede realizar el test a cualquier hora del día. En cualquier caso, se aconseja que se haga el test de embarazo con la primera hora del día"
Si no fuera porque a causa de los nervios había salido tan rápido hacia la farmacia que había olvidado incluso ir al baño, ya habría puesto sobre la predicción la primera duda.
"los test de diagnostico rápido no deben ser tomados como el único resultado válido y solo un médico debería hacer el test definitivo"
"CÓMO REALIZAR LA PRUEBA:
Saque la plumilla de la bolsa de papel aluminio. El saquito que se encuentra junto con la plumilla no debe utilizarlo, ya que sólo ha servido para mantener libre de humedad al producto. Separe la tapa de la plumilla. Moje el absorbente rosa de la plumilla colocándolo directamente bajo el chorro de orina, durant segundos. Cierre nuevamente con la tapa de la plumilla.
Compruebe que la plumilla cerró completamente. Ponga el predictor delante de usted y espere 4 minutos."
-¿cuatro minutos? – se sorprendió Hermione. Eso era una eternidad para salir de dudas. Continuó leyendo las instrucciones.
"LECTURA DEL RESULTADO:
Verá ascender rápidamente un color rosa a través de las dos ventanas. Esto indica que la prueba está funcionando correctamente. El procedimiento completo de la prueba tarda 4 minutos. Después de este tiempo, usted puede leer el resultado.
No embarazada: Usted no está embarazada si después de 4 minutos sólo queda un punto de color rosa en la ventana pequeña.
Embarazada: Usted sí está embarazada si después de 4 minutos se muestra un punto de color rosa en las dos ventanas. Incluso en caso de que el color de uno de los puntos sea muy leve, significa que usted está embarazada."
-bien – la chica se armó de valor y salió de su despacho para ir al baño.
Encontró a su jefe cuando este iba a entrar a su propio despacho.
-Granger ¿puedes pasar a mi despacho? – la interceptó Draco Malfoy.
-tengo… que ir al baño – se excusó ella. No podía esperar más, además de que necesitaba ir de todas formas después de no haber ido al levantarse.
-está bien. Cuando acabes. – y cerró la puerta tras él.
La chica suspiró. Draco demostraba ser el mismo del colegio en todos los aspectos posibles. Pero Hermione había pensado también en él durante el fin de semana. Por muy niño que quisiera ser, el rubio era un hombre maduro que le había prestado ayuda cuando la había necesitado. Incluso tratándose de ella.
Esos estudiantes quedaron atrás hace mucho, ahora eran adultos y compañeros de trabajo.
No podía retrasarlo más. Se metió en uno de los retretes del cuarto de baño de mujeres y sacó el aparatito de su túnica. Siguió las indicaciones. Estiró la cadena, tapó el predictor con su tapa y se sentó en el mismo retrete a esperar. Como ponía en las instrucciones apareció la primera rayita rosa. Los siguientes cuatro minutos fueron los más largos de su vida. Pero cuando estaba casi agotado el tiempo, una segunda rayita rosa fue apareciendo débilmente, hasta estar tan rosa como su compañera.
Hermione se quedó en shock. Estaba embarazada.
