Bueno, pues aquí os traigo un nuevo capítulo.
Hermione tiene mucho que asimilar, y además, muchas dudas que resolver y que al parecer, no tienen solución.
Todavía no he tenido tiempo de contestar todos los reviews, pero lo haré cuanto antes. Aun así sabéis que os agradezco infinitamente vuestros comentarios.
Bueno, pues a leer.
Estaba embarazada. No había duda. y lo peor no era eso.
Hermione salió del baño y se dirigió al despacho de su jefe, tal y como le había ordenado.
Lo peor no era estar embarazada. Ella siempre había querido ser madre. Pero, además de que era demasiado joven, apenas veinte años, ni siquiera sabía quien era el padre.
Un dolor intenso se instaló en su pecho mientras llamaba a la puerta. Entró cuando Draco Malfoy le dio el permiso, pensando en que no podría darle un padre al hijo que iba a crecer en su vientre.
-siéntate Granger – le invitó Draco indiferente. Cuando la chica lo hizo, continuó. – te conozco de toda mi vida escolar, y he visto como propagabas varios virus por todo el castillo por tu obsesión por las clases y no faltar a ninguna de ellas aun estando terriblemente enferma. – aunque el rubio buscaba su mirada, Hermione parecía mirar a un punto fijo tras él. Estaba tan blanca como la pared y parecía totalmente ida. – no puedo permitir perder a todos mis empleados por enfermedad…
Hermione, perdida en sus oscuros pensamientos, se llevó la mano al vientre distraídamente. El nudo en su garganta y su pecho cada vez se hacían más pesados. Se llevó una mano temblorosa a la boca. Estaba pasando de un estado de shock a un estado de terrible miedo.
Draco Malfoy se levanto.
-está claro que estas enferma, Granger – dijo acercándose a ella – debes irte a casa. – esperó paciente a que la chica se levantara para acompañarla a la puerta, pero ella no se movía. La agarró del brazo para instarla a levantarse, y esta lo hizo de forma sumisa. – puedo encargarle a alguien que te acompañe a casa… - dudó Malfoy, preocupado, parecía que Hermione iba a desmayarse en cualquier momento – vamos…
Hermione se soltó de su agarré repentinamente para cubrirse el rostro con ambas manos y así ocultar el llanto que había estallado irremediablemente. Se acuclilló en el suelo sollozando y debatiéndose entre el dolor y la vergüenza de estar mostrándose de esa forma precisamente ante Draco Malfoy.
El rubio la miró desconcertado. No tenía nada ya en contra de la chica. La guerra de sangre había acabado hacía mucho y en el proceso él había comprendido que la sangre no tenía nada que ver ni con la magia ni con las personas. Puede que Hermione Granger no fuera su persona preferida en el mundo, pero tampoco la odiaba. Otra cosa era consolarla de… a saber qué tontería femenina. ¿Qué debía hacer?
-Granger… ¿debo llevarte a San Mungo? – preguntó haciendo un gran esfuerzo y agachándose para quedar a su altura. La chica negó con la cabeza sin dejar de llorar. Draco apretó sus ya finos labios. No soportaba que una mujer llorara delante de él, se sentía estúpido, nunca sabía qué hacer. - ¡basta ya, Granger! Dime ahora que te pasa o llamaré a un sanitario para que te lleve directa al hospital – la cogió de las muñecas separándole las manos del húmedo y enrojecido rostro y la levantó - ¡basta! – le dijo enojado. – no puede ser tan grave. – en ese momento descubrió el aparato que ella llevaba en la mano - ¿Qué es eso? ¿un termómetro de esos muggles?
-estoy… estoy embarazada – soltó ella de sopetón para seguir sollozando.
El rubio nunca se había sentido más estúpido en su vida. La miraba llorar con sus manos agarradas en el aire y él mirándola durante minutos sin saber que decir. En esos casos lo normal era decir: ¡enhorabuena! ¡felicidades!... pero Hermione Granger no tenía pinta de estar demasiado feliz de su estado.
-quieres… ¿Qué llame al padre? – preguntó.
Hermione sorbió por la nariz y se deshizo del agarre de una de sus manos para limpiarse el rostro con la manga. Respiró profundamente antes de contestar.
-yo soy el padre – dijo con algo más de firmeza.
-disculpa Granger, pero si estás embarazada, doy por supuesto que no he de explicarte cómo funcionan estas cosas ¿verdad? – la chica había empezado a respirar hondo y a calmarse – hay un padre y una madre, y tu eres la madre.
-soy la madre y soy el padre, Malfoy. Y punto – soltó ella enojándose de repente y buscando un asiento. Le temblaban las piernas.
-olvídalo – dijo Draco suspirando con paciencia, la cual no sabía que tenía tanta. Le arrebató el aparatito parecido a un termómetro - ¿y esto?
-eso es lo que me ha sacado de dudas y me ha asegurado que estoy en cinta. – la castaña seguía limpiándose con las mangas, así que Draco dio la vuelta a su escritorio y, abriendo un cajón, le tendió un pañuelo. Como el último día. – voy a acabar coleccionando tus pañuelos – dijo sin gracia.
-mira Granger, no se mucho de esto, pero esta cosa no puede decirte que estás embarazada. Debes ir a un doctor antes de ponerte así – el chico estaba enojado. Seguro que ese aparato venía en una de esas revistas de corazón de bruja y ahora Granger tenía ese berrinche por nada. – así que dime a quien aviso para que te acompañe a un doctor si no quieres que te acompañe yo mismo.
Hermione se tensó unos segundos. Sería horrible que Draco Malfoy la acompañara a algo tan íntimo, a un lugar donde debería acompañarla su pareja, el padre de su hijo. Las lágrimas volvieron a correr libres al pensar en ello.
-Por Merlín… - se quejó Draco ya exasperado.
-yo… yo haré una llamada. – dijo Hermione intentando componerse de nuevo - ¿te importa que la haga desde aquí? No quiero salir con la cara enrojecida…
-claro – le concedió su jefe, dirigiéndose a la puerta – volveré en unos minutos. – y salió dejando sola a la joven.
Hermione sacó su teléfono móvil y buscó un número en la agenda.
-Luna… no sabía a quién llamar – se le quebró la voz en la última frase – ¿puedes venir a… por mí al trabajo? Bien. Gracias. – y colgó.
Cinco minutos después regresó Draco con una taza humeante que colocó delante de ella, en su propio escritorio. Después se sentó en su silla en silencio.
-Malfoy… yo… no sé como agradecerte el cómo… te has portado estos días conmigo. Jamás pensé que tú…
-supongo que sabes que ya no es como antes ¿verdad? Todo eso ha pasado. No soy el mismo – declaró él. No sabía muy bien porque le daba explicaciones, pero se la veía tan vulnerable que no quería que sufriera más.
-pero… me sigues molestando siempre que tienes oportunidad, como si nada hubiera cambiado…
-bueno, no ha cambiado que me guste molestarte. Se te pone una cara muy graciosa cuando te enfadas – puso su famosa sonrisa de medio lado, pero había algo de esa sonrisa reflejada en sus ojos que la hacía más sincera – pero no tiene nada que ver con… ya sabes…
Una extraña paz inundó por unos segundos a Hermione, como si se hubiera quitado un peso de encima. Pero esa paz se rompió cuando llamaron a la puerta.
La secretaria del rubio asomó la cabeza.
-disculpe señor Malfoy, están busc… ¡oh! Señorita Granger, están buscándola, no sabía que estaban reunidos…
-¿Quién es, Celina? – preguntó Draco.
-la… - Celina miró su carpeta – la señorita Luna Lovegood. La busca a usted, señorita Granger.
-gracias – dijo ella levantándose – ya voy. - La secretaria cerró la puerta de nuevo – Gracias de nuevo, Malfoy.
El chico solo asintió antes de verla desaparecer tras la puerta del despacho.
Se quedó unos minutos más pensando en ella. No pensaba que Hermione Granger fuera de esas chicas que se quedan embarazadas y no saben quién es el padre por… bueno, por estar con demasiados hombres de seguido. Eso era totalmente imposible. Solo quedaba la opción de que el padre la hubiera dejado o ella a él…
El rubio siguió dándole vueltas durante toda la mañana. No entendía por qué le preocupaba tanto el tema. Quizá era simple curiosidad de descubrir un posible secreto de esa chica que siempre había estado rondando su vida desde su infancia y, que además, parecía tan perfecta.
-no estabas enferma ¿verdad, Hermione? – le preguntó Luna cuando se hubieron sentado en una cafetería muggle lejos del ministerio – has estado llorando.
Hermione asintió pesadamente.
-tenías razón. Estoy embarazada. – con solo pronunciarlo, el llanto acudía a ella, pero esta vez se calmó antes de ponerse a llorar.
-Hermione, un bebe es un regalo maravilloso…
La castaña sonrió son pesar.
-si… pero es un regalo inesperado. Y… sin padre. – se compadeció.
-bueno, pero te tiene a ti, y es todo lo que necesita – le sonrió su amiga cogiéndole la mano sobre la mesita de té – y tendrá a sus abuelos, a mí, a Ginny a Harry… - la rubia omitió deliberadamente a Ron – tendrá miles de "tíos" que le querrán y le mimarán. Y tú tampoco vas a estar sola.
Hermione se sintió mucho más tranquila. Y es que Luna tenía ese don de transmitir paz y relajar el ambiente, a veces con su sola presencia.
-Gracias, Luna.
-Hermione… - pocas veces la castaña veía a su amiga seria, pero ahora lo estaba – no sabes que feliz me hace que confíes en mí de esta manera pero… Ginny… ella también es tu mejor amiga, y sé que le dolerá mucho si no le cuentas todo lo que te está pasando. – le dijo – Sea hermana de quien sea, primero es tu amiga.
Hermione volvió a sentirse mal al instante. Luna y Ginny eran sus dos mejores amigas. Y la pelirroja siempre le había confiado a Hermione todos sus secretos. Confiaban la una en la otra y no se merecía ese secretismo.
-tienes toda la razón, Luna. Le enviaré un mensaje para que nos reunamos a la hora del almuerzo, y luego… me gustaría que me acompañarais a ver a un doctor…
-voy a matar a ese… - murmuró Ginny roja de ira – ese cabrón a dejado de ser mi hermano desde este momento. Te adoptaré a ti Hermione y te cuidaré a ti y a tu bebé.
Hermione rió de la paranoia de su amiga. Con lo mal que estaba hacía un rato y el solo hablar y estar con ellas le quitaba cualquier preocupación de encima.
-me parecería genial, Ginny, pero Ron seguirá siendo tu hermano quieras o no y… siento no habértelo contado antes… - se disculpó la castaña arrepentida.
-lo comprendo, Hermione. – le sonrió su amiga. – por lo que me has contado el padre del niño podría ser cualquiera, pero también mi hermano.
Hermione se sorprendió al escuchar aquello. En ningún momento había pensado en Ron, y también había estado con él tres días antes de la noche en que le dejó. El bebé también podría ser suyo.
-la verdad, espero que no. – susurró Hermione – no soportaría tener que compartir a mi pequeño con él. Prefiero no saber quién es el padre y que sea solo mío… - Hermione se quedó pensativa. Iba a tener a una personita que iba a depender de ella y que la amaría solo por ser su mamá. Por primera vez se ilusionó dentro de todo lo que le estaba pasando. – entonces… ¿queréis acompañarme a ver al doctor?
-enhorabuena, señorita. Está embarazada de tres semanas – le comunicó el medimago. – creo que ahora nos veremos más seguido ¿verdad? – le sonrió. – las dejo solas, señoritas.
El risueño hombre salió de la habitación con una última sonrisa a las chicas. No había preguntado por el padre. Sabía por experiencia que no debía meterse en la vida privada de sus pacientes. Y menos de una madre embarazada, con las hormonas revueltas, y con varita…
-¡Hermione! – se emocionó Luna acercándose a la cama de la que la castaña se levantaba – vas a ser mamá ¡es maravilloso!
-Si… realmente es maravilloso. – sonrió ella sinceramente.
