Siento la tardanza! En mi ciudad hemos estado en fallas y… no he pasado mucho por casa, la verdad.

Pero bueno, ya he vuelto con un nuevo capítulo, que espero que os siga gustando.

Digamos que podéis sentir que la historia va acelerada y que el tiempo pasa rápido, pero tened en cuenta que no puedo describir el embarazo semana por semana y cuanto solo determinados momentos claves en la actual vida de Hermione.

De todas formas si no os gusta u os falta algo, se aceptan vuestros comentarios, los cuales agradezco y siempre voy a agradeces.

Mil gracias!


Después de salir de la clínica, y antes de ir a casa, Hermione pasó por la librería y compro un libro para informarse sobre su estado. Quería comprender todo lo que le iba a pasar en los próximos meses y sobre todo no hacer nada que pudiera perjudicar a su bebe.

Cuando llegó a casa se puso su pijama más calentito, uno rosa de felpa. Se colocó unos calcetines de lana y se acurrucó en el sofá con su nuevo libro.

Sonrió para sí misma. Realmente se sentía bien consigo misma y con su cuerpo. No le importaba ya nada que pudiera haberle ocurrido en su pasado. Lo único que ahora le importaba era el futuro.

Abrió el libro y fue directamente al capítulo de la tercera semana de embarazo en la que ella se encontraba.

"Es común también que en latercera semanapresentes síntomas comosensibilidad en los senos,fatiga,náuseasydolor de cabeza; además del aumento de lasganas de orinar, mássueñode lo habitual ymayor percepción de los olores.

Es importante que evites la ingesta de bebidas alcohólicas, aspirinas, medicamentos y drogas. En el caso de que estuvieras recibiendo una medicación consulta con tu médico y coméntale la situación.

Tampoco es recomendable que tomes grandes cantidades de café debido a que altas dosis de cafeína están asociadas a interrupciones del embarazo durante elprimer trimestre. Debes abstenerte también de las radiaciones como los rayos X (radiografías)."

-oh no… mi café… - se quejó Hermione. Pero no tuvo tiempo de lamentarse demasiado, pues alguien había llamado a la puerta.

La chica cerró el libro algo temerosa. Fuera ya estaba oscuro y sentía algo de miedo de abrir la puerta a esas horas, por lo que miró cautelosa por la mirilla.

Abrió la puerta sorprendida.

-¡Malfoy! ¿Qué haces aquí?

-buenas noches, Granger. Espero no molestar. – dijo, parado en la puerta.

-disculpa. – contestó ella saliendo de su trance – pasa, por favor. – ante todo, él era su jefe. Aunque se sentía un poco estúpida con su pijama – como… ¿cómo sabías donde vivo?

-tengo la ficha de todos mis empleados. Solo encontré la dirección en la tuya y vine – explicó él sin más.

-¿y eso es legal? – preguntó ella suspicaz.

-no lo creo… - sonrió él.

-por favor, toma asiento – dijo la chica educadamente, tal y como le habían enseñado a ser – ¿quieres tomar algo?

-solo un vaso de agua, por favor – bien le habría apetecido un Whisky, pero si era cierto el estado de la chica, ella no podría acompañarle.

Hermione le hizo sentar en la mesa del salón y desapareció en la cocina, apareciendo segundos después con una jarra y dos vasos.

-bien, ¿y en que puedo ayudar al jefe del departamento de leyes mágicas? – le preguntó, realmente curiosa.

-vengo a comprobar si puedo dejar que sigas trabajando…

-espera Malfoy. Realmente ahora necesito el trabajo. No puedes despedirme. Yo… no puedo perderlo, no ahora…

Draco rió con ganas ante las suplicas de la chica.

-no estoy hablando de despedirte, Granger – y ella suspiró – pero no puedes trabajar en el estado en que te encontrabas hoy… ¿es cierto? ¿estás…?

-sí, he ido a ver a un doctor y ha confirmado mi estado.

-no parecías muy feliz – sabía que estaba entrando en un terreno demasiado personal, pero tenía tanta curiosidad…

-fueron… demasiadas emociones juntas, acabó superándome y, por eso… - Hermione le miró a los ojos decidida – pero es un niño querido. Al menos por mí… - susurró la última frase apartando la mirada.

-entonces realmente no hay un padre… - al decir esto observó como la cara de la chica se contraía de dolor.

-te agradecería que no… comentaras nada. – le pidió – no quiero ser la comidilla de la oficina por ser… madre soltera. No hasta que no quede otro remedio, por lo menos. – sonrió al pensar en el momento en que su barriga empezaría a agrandarse.

-bien. Entonces… ¿cuento contigo mañana?

-por supuesto, Malfoy. Estoy bien. – dijo ella. Se enterneció al pensar en que él se hubiera molestado en ir a su casa solo por eso - ¿es tarea de los jefes visitar a sus empleados en casa para comprobar si van a ir a trabajar? – preguntó ella, queriendo bromear. Se sentía bien incluso para hacerlo con ese hombre.

Draco sonrió.

-eres una privilegiada. Es aburrido molestarte si vas como alma en pena por el ministerio. – le dijo él con su sonrisa ladeada que le hacía parecer un chico malo.

Ella le sonrió de vuelta.

-recuerda que ahora somos dos contra uno. – y acabó bostezando sin poder remediarlo – lo siento… - se disculpó – es cosa del embarazo, he leído que es normal tener más sueño, y por si fuera poco no es recomendable tomar café… - se lamentó.

-eso es horrible. – se apiadó el chico riéndose de ella. – no te quiero molestar más. Nos vemos mañana, entonces. – se despidió levantándose y caminando con ella hasta la puerta.

Podría haberse desaparecido hasta su mansión. Pero no le apetecía llegar todavía a casa. Desde que habían condenado a su padre, Narcisa no daba un respiro a su hijo y Draco se sentía ahogado.

Prefirió caminar bajo el frio invierno, dejando sus huellas en la nieve.

Esa mañana Hermione Granger había dejado huella en él. Esa chica le intrigaba y fascinaba, como hacía tiempo que nada llamaba su atención. Ella… parecía estar de barro hasta el cuello, pero solo había necesitado un día para volver a sonreír y a bromear. Su brillante cabecita se había replanteado las cosas de tal forma que ahora parecía feliz con su embarazo, pues al parecer incluso se había comprado un libro. Sonrió al recordarla en la biblioteca del colegio. No había cambiado tanto: fanática por el trabajo y los libros. Y sobre todo, autentica. Y ante todo pronóstico… parecía no guardarle rencor.

Cuando hablaba con ella no sentía que le apuraba para salir corriendo lejos de su presencia, como la mayoría de sus empleados o conocidos. O no intentaba decir únicamente lo que él quería oír. Hacía tiempo que no mantenía una charla de verdad. Y aunque apenas habían hablado por quince minutos, estaba satisfecho.

Pero aun quedaba el misterio del padre del niño. Y, con la curiosidad de un niño, Draco Malfoy se había propuesto averiguarlo.

Al menos, eso lo sacaría de su aburrida vida, aunque fuera a través de la vida de otra persona.

Esa semana, Draco se limitó a observar a Hermione de lejos. Se la veía cansada, pero sonreía. En una ocasión casi tropezó con ella cuando esta corría hacia los lavabos, seguramente presa de las nauseas. Él, en lugar de enfadarse por ser atropellado, le pareció cómico. También la veía ir varias veces al baño a paso normal. ¿Sería cierto eso de las ganas frecuentes de orinar? En otro momento se sorprendió a si mismo pensando en comprar un libro sobre embarazo.

Realmente nunca había tenido cerca a una embarazada, pero debía de ser fascinante seguir el proceso de una.

No fue hasta el viernes siguiente, que tuvo la oportunidad de volver a hablar con ella. La encontró en el hall del ministerio. Parecía dudar e intentar calmarse. Apenas un par de empleados pasaban por allí, pues la hora de salida había terminado hacía unos diez minutos, y él, como siempre, se había retrasado. Cuando llegó junto a ella, ésta se masajeaba el puente de la nariz con paciencia, como armándose de valor.

-si te asusto por detrás… ¿perderás al niño? – le susurró al oído, haciéndola dar un saltito.

-¡Malfoy! – se quejó – lo que harás es darme un ataque al corazón, y por consecuencia, sí, es posible que pierda al niño – le dijo molesta. No quería ni pensar en esa idea.

-¿porqué tan susceptible? ¿son la hormonas? – le preguntó riendo. Hermione pensó si se divertía de la supuesta cara graciosa que ponía cuando él la molestaba.

-no, peor. Son mis padres…

-oh… - comprendió el chico – es la hora de la noticia.

-Si… y no es por la noticia en sí. – se explicó la chica – es… bueno, por lo del padre. – se abrazó a si misma al pensarlo – no sé que van a pensar de mi, pero sé que voy a defraudarles y… - se le quebró la voz – por Merlín, no puedo hacerlo… ¿qué van a pensar de mi?

-bueno, pues te acompañaré. Y puedes decirles que yo soy el padre – solucionó el rubio sin apenas pensarlo.

-¿qué? – a la castaña le chispearon los ojos – tú… ¿harías eso?

-claro. Solo que ha cambio tú me dirás que ha pasado realmente con el padre de ese niño – Hermione frunció el ceño al instante. Debería de haber sabido que tratándose de quien se trataba, había trampa – vamos, Granger. Voy a conocer a mis suegros sin siquiera tener una novia. Merezco, al menos, saciar mi curiosidad. – la tenía medio convencida, y Draco solo veía en su meta el llegar a la verdad – piénsalo. Tendrás un novio rico, jefe del departamento de leyes mágicas del ministerio y un dotado mago.

-vaya, ya hacía tiempo que no sacabas a pasear tu ego – sonrió ella con ironía – pero sabes, de otra forma no conseguiré dar la noticia a mis padres. Y es lo que más me urge ahora. Trato hecho, Draco Malfoy. – ambos se estrecharon la mano.


-¡mamá, papa! – les saludo Hermione con un falso entusiasmo que ocultaba su nerviosismo. Les abrazó y se volteó hacia su acompañante. – dejadme presentaros a Draco Malfoy…

-¡oh, Hermione! – exclamó su madre. Sus ojos brillaban viendo al joven ante ella – lo ves Tim, te dije que nuestra pequeña quería presentarnos a su novio. ¡un abrazo, Draco!

Al rubio le pilló desprevenido el maternal abrazo de la mujer. No estaba acostumbrado a esas muestras de afecto en desconocidos.

-vaya… - murmuró el padre de la chica – bien, encantado, hijo – y le tendió la mano al muchacho, que se la estrechó con firmeza. Como si realmente fuera su suegro y pudiera evaluarlo con ese simple gesto.

-permítanme que les invite a comer a un restaurante de lujo. – les pidió Draco con amabilidad.

-Malf… Draco, cariño. No es necesario – sonrió Hermione tensa. Sentía que se estaba aprovechando del chico con la situación y sabía que se sentiría mal si aceptaba – podemos ir a una bocatería…

-insisto, cielo. Tus padres se merecen lo mejor y… quiero causar una buena impresión a mis suegros – dijo guiñándole un ojo a la señora Granger, que reía como una colegiala.

A Hermione le fascino la facilidad que tenia para ganarse a la gente y lo poco que utilizaba esa virtud.

Sintió los dedos largos y fríos del chico cerrarse entre los suyos para hacerla caminar junto a él.

Cuando llegaron, Draco le separó la silla caballerosamente para que se sentara y, segundos después, estaba recomendando algunos platos a sus padres, los cuales ya se había metido en el bolsillo.

Poco a poco Hermione se fue relajando. Si aceptaban al padre, sería más fácil darles la noticia de su embarazo.

-Hermione, deja que pida por ti. Te encantará mi elección – le dijo poniendo su mano sobre la de ella.

La chica solo atinó a asentir mientras un escalofrío le llegaba desde su mano atrapada bajo la de él y se perdía en su vientre, haciendo que miles de mariposas revolotearan en él. Eran esos pequeños gestos los que una mujer buscaba en una pareja, y solo eran puro teatro. Ella jamás tendría algo así. ¿Quién iba a querer cargar con ella y además con su regalo inesperado?

Nadie.

-háblanos de tu novio, querida ¿Cómo os conocisteis? – le interrogó Tim.

-bien pues, la verdad es que nos conocemos desde el colegio. Íbamos a casas rivales, así que no nos llevábamos muy bien, pero… bueno, ahora es nada menos que mi jefe – rió ella presa de los nervios.

-sí, la relación laboral hizo que nos conociéramos mejor. Ahora soy su jefe, pero hace apenas un mes solo éramos compañeros de trabajo. – añadió Draco más tranquilo.

-Oh, así que te han ascendido, enhorabuena, muchacho. – le felicitó el hombre.

-hija, hacéis tan buena pareja. Me alegro de que nos hayas llamado para presentárnoslo – dijo la mujer mientras se servía el primer plato.

-bueno… en realidad tengo otra noticia que daros – comunicó la castaña.

Instantáneamente los ojos de su madre recorrieron los dedos de sus manos. Ella sabía que buscaba un anillo de compromiso.

-sí, pero mejor lo dejaremos para el postre ¿no crees, cielo? – decidió Draco – ahora mejor no dejemos que esto se enfríe.

Aunque consiguió relajarse durante la comida e incluso bromear, pronto, la fatal hora del postre llegó.

-bueno, y ¿qué es esa noticia que tanto se ha hecho esperar, hija? – preguntó Jean curiosa.

-bien… - la chica ocultó las manos bajo la mesa para frotárselas con nerviosismo. La mano de su acompañante se interpuso entre ambas, agarrándole la izquierda con fuerza. Dándole ánimos – mamá, papá. Vais a ser abuelos. – soltó por fin.

Sus padres se quedaron asimilándolo unos segundos.

-pero… sois muy jóvenes… - murmuró Tim.

-señor… - intentó explicarse Draco. Aunque no sabía de que se tenía que explicar, pues no había hecho nada. Hermione le cortó. Ese asuntó tenía que resolverlo ella.

-papá, no ha sido un niño buscado. Pero es querido y bienvenido. – le dijo con determinación.

-claro… ¡claro, chicos! ¡enhorabuena! – les felicitó Jean levantándose para abrazar a su hija.

-supongo que ahora os casareis ¿verdad? – dijo su padre una vez superada la primera impresión.

-por supuesto, señor. – se apresuró a añadir Draco.

Entonces Hermione cayó en la cuenta de algo.

Merlín… ¿A dónde quería llegar con todo eso? Había estado tan ofuscada en quitarse el problema de dar la noticia a sus padres, que no había pensado en que pasaría después. Después de esa comida, no habría padre, ni habría boda, ni habría nada. ¿Qué les diría a sus padres cuando Draco ya no estuviera? ¿Qué les había mentido? ¿Qué ellos lo habían dejado y que el niño iba a crecer en una familia desestructurada?

De repente comenzó a sentirse mareada.

-cariño ¿te encuentras bien? – le preguntó su madre al ver su cara blanca.

-estoy bien. – murmuró sin credibilidad.

-debes de estar cansada, será mejor que te lleve a casa – decidió su "novio".

Bueno como aclaración quería decir que os deis cuenta de que Draco no se está acercando a Hermione porque ella le interese, sino porque le interesa su secreto y ya sabéis que para Draco la mentira solo es un juego más, no le importan las consecuencias.

Lo digo para aquellas que penséis que simpático y bueno es de repente Draco Malfoy. Aunque pensar también que no estamos hablando del Draco del colegio, sino de uno adulto y algo más maduro y al que ya no le importa la sangre. ¿Me seguís?

Bueno, muchos besitos. Y hasta la próxima!