Aviso: aunque odio dar este aviso, pues significa destripar una parte importante de mi capitulo, debo hacerlo. Este capítulo contiene escenas de "rated M" (AUNQUE LA HISTORIA YA VA SEÑALADA DE ESTA FORMA). Si alguien va a sentirse incomodo con esto, debe abstenerse de leer la última parte del capítulo.
Esa mañana Hermione se debatía entre los nervios y la ansiedad. Pensándolo después de dormir toda una noche se dijo que eso de enviarse cartitas con su jefe podría traerle problemas tanto en lo laboral como en lo personal. Y sobre todo lo íntimo de las conversaciones…
Pero también se dijo que con solo leer esas líneas se había sentido como hacía mucho que no se sentía.
Se armó de valor, y apretando los documentos contra su pecho, llamó a la puerta.
Esta vez no escuchó la voz ordenándole que pasara, sino que tras una breve pausa, el mismo Draco Malfoy abrió la puerta.
-sabía que serías puntual – le sonrió. – pasa. – ambos ocuparon sus respectivos asientos. - ¿qué me traes?
Hermione puso su pose profesional, toda seria, lo que ensanchó la sonrisa del rubio, pero se tomó la situación en serio, pues era importante para ella.
-soy consciente que algunas de mis propuestas eran… exageradas. Así que he reducido el número a algunos derechos como la posibilidad de elegir familia con la que trabajar, o abandonarla en caso de maltrato o simplemente por voluntad propia. También derecho a vacaciones y… si no quieren recibir un salario, al menos tres pagas al año como gratificación…
Draco la observaba revolver sus papeles y gestualizar. Llevó su mirada al vientre de la chica. Ella había dicho que ya estaba un poco abultado, pero no podía notarlo a través de la túnica de trabajo. Se dijo que se fijaría más a la salida.
No sabía muy bien porque pensaba tanto en la chica e incluso en su vientre, pero le fascinaba. Y su forma de mover los labios…
La consideraba una luchadora, pues además de tener que vivir una guerra, siendo blanco de uno de los bandos, ahora había sobrevivido a una desilusión y un corazón roto y a esa carga que llevaba consigo dese entonces.
-¿Qué me dices? – le preguntó ella.
Aunque había estado distraído observándola. Había escuchado cada uno de sus puntos.
-creo que lo de las vacaciones debe de ser un derecho, pero a elección de cada elfo. No todos tienen un lugar donde ir. Y sería imposible mandar a un elfo a la playa. Sabes que deben de permanecer ocultos a los ojos de los muggles…
-bien – concedió Hermione haciendo unas anotaciones – pero normalmente tienen familia, y con la vida que llevan algunos no vuelven a verse nunca. Como mínimo deben poder disfrutar de la oportunidad de elegir.
-por supuesto, estoy de acuerdo contigo, Granger. – concedió su jefe. – digamos que podemos concederles un contrato de trabajo con estas pautas, las cuales serán planteadas de antemano y firmadas por voluntad propia.
-eso me parece bien – sonrió Hermione con ganas.
Discutieron algunos puntos más. La reunión se alargó hasta la hora del almuerzo.
-Podemos seguir en la cafetería, si no te importa tomarte un caf… - recordó que la chica le había contado que no debía tomar café – un zumo conmigo.
-claro que no… - sonrió ella – me encantaría. He de confesarte que desde hace unos días tengo un hambre atroz – le contó mientras ambos se levantaban y salían camino de la cafetería.
-así que el pequeño reclama su parte… - dijo Draco riendo – todavía estoy esperando conocerle…
-¡oh! – dijo Hermione rebuscando en su túnica y sacando la ecografía – mira…
Draco tomó la lámina al tiempo que se sentaba en una de las mesitas de la cafetería.
-es… - el rubio buscaba una palabra, pero solo veía manchas negras y grises – muy mono…
Hermione, que se había sentado frente a él soltó una carcajada y, levantándose se colocó tras él, para por encima de su hombro explicarle, pues era obvio que no veía nada.
-mira… esto de aquí es la cabecita. Y esto… son sus manitas. – susurró ella, feliz de presentar a su bebé.
Draco se puso algo tenso al sentir el calor de su aliento sobre su mejilla. Se giró hacia ella, quedando sus rostros a centímetros, mirándola a los ojos.
-es genial. – le susurró.
Apuntó estuvo Hermione de perderse en el acero fundido de sus ojos, pero carraspeo y se alejó recordando que estaban en público. Volvió a sentarse en su sitio y Draco le devolvió la ecografía.
Frente a ella, y tras Draco, unas mesas más allá, encontró la mirada de alguien conocido. Ron Weasley, del departamento de artefactos muggles, la estudiaba, como si no creyera con quien estaba compartiendo mesa. Cuando captó su mirada, negó con la cabeza, como ofendido.
Draco se giró, siguiendo la mirada de la chica. Se descubrió apretando los puños con fuerza al descubrir al pelirrojo.
-camarero – llamó. – Tráiganos dos zumos de calabaza y bollería varia – le ordenó algo más brusco de lo normal, y sin apartar la mirada de los ojos de Hermione, que volvía a mirarlo a él. – es él ¿verdad? – preguntó con acidez – la comadreja es ese horrible novio… - Hermione apartó la mirada, mirando a la mesita – es obvio. Te he estado observando y desde que comenzó todo esto no os dirigís la palabra, cuando antes erais inseparables.
-vaya. Eres muy observador, Malfoy… - la chica sintió mal estar. Se sentía estúpida al ser tan fácil de leer desde fuera.
-me alegro de que se alejara de ti. Esa clase de hombre jamás sabría valorarte. – dijo él. Parecía molesto.
Hermione no supo que responder a sus palabras. Tampoco sabía cómo sentirse al respecto.
-olvídalo – le pidió - ¿Qué hay de mi propuesta?
Draco se relajó visiblemente ante el cambio de tema. Incluso sonrió antes de contestar:
-solo te diré que el próximo mes cada una de las grandes familias mágicas se me echarán encima… - dijo con pesar.
-oh Malfoy – a punto estuvo de lanzarse a sus brazos, pero se conformó con apretarle el brazo con ambas manos, emocionada. – te aseguró que no te arrepentirás, todo esto es para bien. Ya lo verás.
La castaña se sentía feliz, pues el chico que tenía ante ella acababa de cumplir su sueño de tantos años. Por fin alguien la escuchaba.
Las semanas siguientes fueron bastante intensas para Hermione. Su cuerpo estaba cambiando y tenía sentimientos encontrados que tan pronto la hacían echarse a llorar como una magdalena o a reír como una tonta. Su vientre empezaba a ceñirse contra su ropa y… en cuanto a Draco Malfoy, habían primero empezado a almorzar juntos, y un día el chico decidió pasar por su despacho para preguntarle si iba a bajar a almorzar. Desde ese día pasaba a por ella prácticamente todos los días y tenían una muy buena relación.
Jamás habrían imaginado que justo ellos llenarían la soledad del otro.
Hermione le contaba sobre sus exámenes y que el bebé estaba muy sano y crecía con normalidad, y él parecía interesarse de verdad.
Ese viernes, salieron juntos del ministerio.
Hermione ya no llevaba la túnica de trabajo, y esta vez Draco si que pudo apreciar lo que empezaba a ser el abultado vientre de la chica.
-ya empieza a notarse – le dijo con confianza.
-lo sé… - suspiró Hermione, pues eso significaba que pronto comenzarían los comentarios – mañana por la tarde iré con las chicas a renovar mi armario. Necesitaré ropa premamá.
Draco la observó sonrojarse, como cada vez que se dirigía a ella misma como futura mamá. Y a él le parecía encantador.
Hacía tiempo que sabía que esa personita inestable y tierna le atraía más de lo que quería ocultar. Siempre le había gustado su físico y su temperamento, desde el colegio, y por eso no la dejaba en paz. Pero lo que sentía entonces era distinto. Quería protegerla y cuidarla. A ella y a su bebé. Ya se había involucrado demasiado.
Cuando se despidieron, Hermione se quedó mirando su espalda alejarse al tiempo que se mordía el labio inferior. Definitivamente las hormonas iba a volverla loca.
Las tres amigas habían recorrido todo Hosmeade de tiendas, y en esos momentos disfrutaban del sol primaveral en una terraza mientras comían un helado. Las dos amigas de Hermione se cuidaron de no pedir el suyo de fresa, pues desde el principio del embarazo, esta no soportaba esta fruta en ninguna de sus presentaciones.
-No sabéis lo bien que me está sentando este helado tan frio – comentó Hermione disfrutando de su helado y acariciando su vientre distraídamente.
-¿Qué pasa? ¿algo caliente por la oficina? – preguntó Ginny con picardía.
Luna ya estaba al tanto de la relación que tenía últimamente con su rubio jefe y, como casi todo, a ella le había parecido maravilloso.
-pues la verdad… - contestó la castaña sonrojándose escandalosamente – es que últimamente, cada vez que estoy con él, o con solo rozarme me siento muy… - la chica buscaba la palabra apropiada.
-¿caliente? – le ayudó su pelirroja amiga.
-bueno, pues sí... – reconoció la castaña toda roja – y la primavera lo empeora todo. Cada vez que se quita la chaqueta del traje para almorzar y se le marcan esos… pectorales. Y su espalda… - se sinceró Hermione. Y es que el calor que sentía cuando estaba junto a él no era normal. Y sabía que la mayor parte se lo debía al embarazo. Sus hormonas estaban totalmente disparadas.
-¿Cuándo vais a dejaros de tonterías y hacer lo vuestro oficial? – preguntó Luna.
-bueno, que a mí me atraiga de esa forma no quiere decir que yo le atraiga a él con mi barrigota…
-o por favor ¿Quién iba a resistirse a esos pechos que se te han puesto? – dijo la pelirroja desvergonzada – eso no debería ser legar… - terminó poniéndose de morros.
Era cierto que no solo el vientre de Hermione había crecido. También sus pechos se habían puesto enormes. Su embarazo de casi cuatro meses ya era imposible de ocultar.
El murmullo comenzó a mediados de la semana siguiente.
Draco la recogió en su despacho para ir a almorzar. Sentía las miradas dirigirse a su vientre y comenzaba a sentirse avergonzada y desnuda ante la mirada de sus colegas de trabajo.
Cuando se sentó y, como cada día Draco la invitó a un zumo y unas pastas, este comenzó a contarle sobre los rumores.
-la noticia se ha extendido como la pólvora por todo el ministerio. No eres indiferente para nadie, lo sabes… - le dijo él con una sonrisa en el rostro.
-oh no… no se qué te hace tanta gracia, la verdad… - se quejó la chica llevándose una pasta a la boca con desgana.
-bueno, es que hay más rumores ¿a que no sabes por quien apuestan como padre?
-¿por quién? – preguntó alarmada, sin terminar siquiera de tragarse lo que llevaba en la boca. Draco se señaló a si mismo ensanchando su sonrisa juguetona. Hermione comenzó a toser las migas que quedaban en su boca. Draco le acercó el vaso de zumo.
-¿tú? – consiguió decir por fin después de respirar - ¿por qué?
-¿no es obvio? Nos la pasamos juntos en el ministerio. Aunque bueno, se escuchan rumores de todo tipo…
-Malfoy, yo… lo siento – se disculpó ella.
El rubio cogió su mano sobre la mesa y el calor inundó de nuevo el cuerpo de Hermione, sofocándola.
-eh, a mi no me importa – le dijo él – lo voy a pasar en grande cuando llegue a oídos de mi madre… - y volvió a poner esa sonrisa juguetona que acabaría por volverla loca.
Al final sonrió.
-estás loco…
Pero lo peor no ocurrió ese día, sino ese mismo viernes en el almuerzo.
Mientras comían, Ron Weasley se acercó a ellos y enfrentó a Hermione.
-estas embarazada… - le dijo. Como si ella no lo supiera…
-¿crees que no lo sé? – le contestó ella de malas formas.
-¡no te hagas la dura, Hermione! Sé que es mío… - le soltó.
La gente más cercana a ellos se quedó en silencio unos segundos, y pronto los murmullos se extendían por toda la cafetería.
Draco respiraba agitadamente, apretando los puños y listo para actuar en caso de ella necesitarlo.
Hermione se sintió morir. Lo llevaba bien. Ni siquiera le importaba que pensaran que Draco era el padre, pero en cuanto se extendieran las palabras del pelirrojo todos pensarían que ella era una puta y que tenía a varios hombres en duda por saber si eran los padres de su hijo.
Le temblaba la voz cuando le contestó.
-este bebé es solo mío – aunque quería haber sonado desafiante, fue imposible.
-Hermione… - esta vez intentó sonar comprensivo – ambos sabemos que solo puede ser mío, y te lo voy a poner fácil. Yo voy a formar una familia. Este niño estará mejor conmigo y con Lavender. Tú no tendrás que preocuparte por él más allá de traerlo al mund…
La bofetada sonó por toda la cafetería. Draco también se había levantado con los puños en alto, pero ella había sido más rápida. Aunque ahora sollozaba ocultándose el rostro. El rubio la atrajo hacia él y la abrazó protectoramente.
-deja de decir sandeces, comadreja – le dijo duramente el chico – tanto ella como el niño son míos – colocó su mano con celo sobre el vientre de la castaña – el bebé ya tiene una familia. Como te vuelvas a acercar a nosotros no responderé de mis actos… - le amenazó siseante.
-eso es imposible, Hermione jamás… - pero la chica no llegó a escuchar acabar esa oración nunca, pues su acompañante ya la sacaba de allí.
Ella seguía llorando, se sentía ofendida y humillada de nuevo.
Draco la hizo sentar en la parte delantera de un coche, cerró la puerta, y segundos después se sentaba en el asiento del conductor. Una vez dentro cerró las puertas con seguro, aun sabiendo que nadie iba a atreverse a molestarlos.
-quería quitarme a mi bebé – sollozó la castaña cuando él le puso la mano en el hombro. Se abrazó el vientre, como protegiéndolo.
El joven sacó, como tantas otras veces, un pañuelo blanco y le secó las lágrimas con delicadeza.
-jamás dejaría que nadie te alejará de tu bebé – le susurró con cariño. Hermione dejó de llorar para mirarlo a los ojos. Toda ella se estremeció ante su presencia. Pero solo logró asentir. – voy a llevarte a casa.
Y acto seguido arrancó el coche.
No le preguntó que hacía conduciendo uno de esos. Cada vez más los magos adquirían objetos muggles para su comodidad, y entre los preferidos estaban los coches.
Llegaron a casa y Hermione le pidió que pasara con ella.
-quizá quieras acostarte… - dijo él llevándose la mano al pelo, desordenándolo un poco. Se sentía algo cortado. Había dicho ciertas cosas que lo delataban del todo…
-no sé como agradecerte… - dijo ella. Si solo supiera lo que ansiaba tocarle, y que él la estrechara como había hecho hacía un rato… cuando recordó como había acariciado su vientre… de nuevo todas sus hormonas se revolucionaron, sofocándola.
-yo… lo hice encantado…
-hazlo de nuevo – le suplicó ella.
El rubio se quedó mirando sus labios entreabiertos y se le secó la boca.
-¿hacer qué? – murmuró con voz ronca.
Estaban en el salón, pero ambos de pie, enfrentados.
-quiero… que acaricies mi vientre – había perdido el control de su mente y ahora su cuerpo iba a llegar hasta el final. Hasta donde él quisiera llegar.
Draco tragó pesadamente, pero acortó la distancia entre ambos.
Su manó esquivó la ancha camisa de la chica por debajo y cumplió el deseo de ella, pero sintiendo la piel del redondeado vientre.
La electricidad recorrió todo su cuerpo cuando sintió la mano de él bajo su camisa, y empezó a respirar agitadamente. La caricia se volvió bastante sensual cuando con su otra mano la rodeó por la cintura. Se miraban a los ojos profundamente.
Hermione volvió a sentir ese calor en su parte más íntima, pero esta vez también sentía una enorme humedad llenando su ropa interior.
-Draco… - susurró, casi gimiendo y colocando las manos sobre los pectorales que tanto ansiaba. Se sentían duros y marcados. No pudo soportarlo más y se acercó a los labios de él, todavía con el temor de que la rechazara.
Él subió la mano de su cintura hasta su cuello, y desde allí acarició su mejilla, dejando de mirarla a los ojos solo para mirar sus labios con deseo. Fue él el que acabó acortando la distancia y probando los labios de la chica, que ansiaban recibirle. La acarició con los labios, haciéndole sentir el cielo. Nunca la habían besado así. Los besos de Ron solían ser duros y toscos. En cambio ese beso parecía terciopelo acariciando sus labios. Pero ella necesitaba más.
Dentro de su inexperiencia, abrió los labios, invitando a la lengua de chico, que no tardó en introducirse en ella servicial, explorando su boca en profundidad. Las manos de ella sostenían su cara y desordenaban su pelo en un sinfín de caricias, y cada vez se sentía más caliente. Jamás había deseado tanto tener sexo con alguien. Maldito embarazo…
Recordó de pasada frases del libro como: "es posible que experimentes un leve incremento de flujo vaginal." ¿leve? o "las embarazadas tienen más deseos de hacer el amor en el segundo trimestre"
De pronto Draco se separó poco a poco de ella.
-¿estás mejor? – le susurró sin soltar su abrazo. Ella asintió con las mejillas ardiendo – bien. Entonces te voy a dejar descansar – le dijo depositando un suave beso sobre sus labios y separándose de ella.
-¡no! – casi gritó Hermione cuando sus brazos la soltaron por completo – no puedes dejarme así… - dijo bajito, ya que se sentía avergonzada
-¿dejarte así? – preguntó él sin comprender.
-llevo semanas que… bueno, que estoy muy…
-¿cachonda? – le ayudó él reprimiendo una carcajada.
-¡Draco! – le riñó ella toda roja.
-no sabes cómo me reía leyendo aquella parte – dijo acercándose de nuevo y colocando ambas manos en lo que quedaba de su cintura – y como disfrutaba cuando te relamías mirándome – le susurró él con su sonrisa juguetona de siempre – me preguntaba cómo lo estarías llevando…
-pues mal, muy mal – dijo ella sinceramente y frunciendo el ceño – y yo no me relamía.
-¿y qué me estas pidiendo, exactamente, Hermione? – se recreó pronunciando su nombre y sin perder su sonrisa.
-necesito… - suspiró y escondió la cara contra el pecho de él – ya sabes, que me alivies…
Draco soltó una carcajada.
-y yo que quería ir despacio… - se quejó antes de besarla de nuevo. Esta vez con una pasión renovada. – ¿me vas a llevar a tu cuarto, o prefieres que lo hagamos de pie? – le preguntó con picardía.
Ella le guió a su cuarto y cerró la puerta tras ellos. Cuando volvió a cogerla para besarla, la notó más tensa.
-¿estás bien? – le preguntó con cariño.
-solo… no sé muy bien que hacer… - los nervios acudieron a ella cuando pensó en que ya había defraudado antes a un hombre. – y además estoy gorda… - se sintió de nuevo al borde del llanto. Odiaba su estado de ánimo tan inestable.
Draco sonrió agarrándole de la cara con ambas manos para que le mirara. Al ver sus ojos llorosos sintió rabia. No era justo que ella hubiera tenido esas malas experiencias en cuanto al sexo.
-Hermione, solo de pensar lo que va a pasar aquí, contigo, me pone a cien – le confesó cerca de sus labios – y no todos pueden disfrutar de… una delantera como la tuya – le dijo de forma graciosa, haciendo que ella soltara una pequeña carcajada, relajándose. – todo irá bien, solo sígueme ¿vale?
Ella asintió y él se sentó en los pies de la cama, atrayéndola hacia sí para que quedara en pie frente a él. Levantando su camisa besó su vientre con dulzura, al tiempo que le acariciaba las piernas por debajo de la falda de traje del ministerio.
Poco a poco la hizo sentarse sobre él a horcajadas y le quitó la camisa, antes de atrapar sus labios de nuevo. Hermione mantenía el beso mientras con manos torpes intentaba desabrochar su camisa. Él, con sus manos más ágiles, le acarició la espalda antes de encontrar el cierre de su sujetador. Pronto su deseo se incrementó al encontrar libres esos pechos que le traían de cabeza desde que había notado el incremento de tallas en la chica.
La ayudó a deshacerse de su propia camisa, y empujándola levemente hacia un lado, la tumbó sobre el colchón, tendiéndose junto a ella (aunque hubiera preferido colocarse encima, le daba miedo poder dañar al bebe con su peso).
Volvió a acariciar su vientre admirando su cuerpo levemente redondeado, hasta llegar a sus pechos, atrapando uno con una mano, y el otro con su boca. Hermione soltó un profundo gemido ante este contacto. Draco sintió un líquido saliendo de los pechos de la chica, el cual probó gustoso de ambos pechos.
Poco a poco, fue bajando su mano e introduciéndola bajo su falda.
-Hermione… - la miró con diversión - ¿estás segura de que no has roto aguas? – le preguntó cuando llegó a sus partes más íntimas y sintió su humedad.
-por Merlín… ¿es que te gusta sacarme los colores de esta forma? – se quejó la chica avergonzada.
El rubio rio.
-mi niña, esto va a ir muy bien… estás totalmente preparada – dijo incorporándose y, sin dejar de besar su vientre, se deshizo de su falda.
De pie, frente a ella, se desabrochó el cinturón y los botones de su pantalón de traje tan lentamente que desesperó a Hermione, la cual se mordía los labios con deseo, apoyada sobre sus codos para no perderse los movimientos del rubio. Poco a poco se deshizo de sus pantalones y de su ropa interior. Hermione apartó la vista de su miembro, avergonzada.
-¿no te gusta mi cuerpo? – le preguntó el rubio, volviendo a su lado, juguetón.
-claro que me gusta, es solo que… - intento justificarse, pero Draco la interrumpió atrapando sus labios y guiando una de sus manos hasta su miembro totalmente erecto.
Hermione lo acarició con vergüenza y excitación a la vez, y lo agarró con fuerza cuando el volvió a introducir su mano en su sexo. Se sintió más segura de sí misma cuando a él se le escapó un gemido contra su boca.
La castaña sentía que iba a tocar el cielo de un momento a otro con sus caricias. Draco la colocó poco a poco sobre él y ella supo que había llegado el momento. Cuando fue bajando, sintió su miembro colándose en su interior. No sintió ningún dolor, como le había pasado la primera vez que lo hizo (de la segunda no se acordaba), y a cambio, se apoderó de ella un sentimiento de plenitud y satisfacción. Comenzó a moverse. También Draco se movía desde su posición para ayudarla, aunque ambos estaban ya al borde del abismo y no necesitaron mucho para explotar y tocar el cielo.
Respiraban agitadamente, ya uno al lado del otro.
Draco la atrajo hacia él para que ella se apoyara sobre su pecho y le acarició el pelo distraídamente, mientras trataba de volver a respirar con normalidad.
-ha sido increíble – comentó él sin moverse y sin siquiera abrir los ojos.
Hermione sonrió con satisfacción y alivio. A él le había gustado estar con ella. Y para ella había sido un mar de sensaciones desconocidas y divinas que le encantaría repetir.
De pronto se llevó la mano al vientre.
-Draco, se está moviendo – dijo enormemente feliz. – el bebé se mueve…
El rubio se incorporó un poco y puso su mano en el vientre de la chica. Ella la guió a donde notaba el movimiento.
-no noto nada… - dijo el chico al cabo de unos minutos.
-no debe de tener la suficiente fuerza para que se note desde fuera, todavía es muy pequeño, solo tiene 18 semanas y apenas es una sensación para mi… - le dijo ella. Se sentía muy a gusto con él.
-¿crees que esté contento? – preguntó él distraídamente, acariciándole.
-quizá sienta la felicidad de su madre – y de nuevo el leve rubor al decir esa palabra.
-¿te he dicho que eres adorable? – le preguntó, aunque no le dio tiempo a contestar, pues le besó antes de que lo hiciera - ¿tienes hambre? – preguntó a cambio.
-mucha – reconoció la chica – pediré algo de comer, si quieres… quedarte.
Draco hizo como que lo pensaba.
-quizá acepte quedarme… si repetimos más tarde. – le sonrió
Hermione abrió la boca, sorprendida por la petición del chico. Aunque de nuevo la felicidad la envolvió como en una burbuja.
-¿te gusta la comida japonesa? – le preguntó, besándolo y diciéndole con esa simple pregunta que le aceptaba en su vida y... en su cama.
solo decir que yo nunca he estado embarazada y que toda esta información son cosas que voy leyendo en varios sitios, por lo tanto, si alguien que haya pasado por esto siente que esto no es real o que los efectos no corresponden con los meses que lo diga y buscaré fuentes más fiables.
muchos besitos y hasta el próximo capitulo!
