Bueno, sé que he tardado bastante en actualizar el capitulo, pero es que me parece que estoy haciendo una historia muy… ñoña, por decirlo de alguna forma, todo es color de rosa y no me acaba de gustar el resultado. Voy a subir este capítulo que ya lo tengo escrito, pero he de decir que estoy un poco bloqueada. No sé si yo me creería tanto amor de repente entre estos dos, y por lo tanto no se si vosotras os lo estáis creyendo.

Por favor, necesito que me deis vuestra opinión.

Gracias!

Ese lunes Hermione había vuelto a vomitar antes de salir hacia el ministerio. Esta vez estaba segura de que no tenía nada que ver con el embarazo, sino con sus nervios.

Draco Malfoy se había quedado a dormir con ella el viernes por la noche y habían estado juntos hasta el sábado por la tarde, cuando el rubio decidió regresar a su casa para que ella descansara, pues no solo habían repetido una vez, sino varias en esas escasas horas.

El domingo había llegado Viti con una invitación para tomar un helado en Hosmeade, la cual Hermione había aceptado dichosa, pues definitivamente al chico no le molestaba que les vieran juntos, después de todo. Ese día se habían despedido con un tierno beso.

Y ahora allí estaba. Muerta de nervios por volver a la oficina y encontrarse con él. Aunque estaba segura de que entre ellos había algo, nada era oficial y las dudas no dejaban de acecharle. Una vez el chico había dicho que había hecho de su vida puro sexo ¿y si él quería probar la experiencia de acostarse con alguien en su estado?

La castaña se negó a sí misma. Draco se había comportado con ella como todo un caballero. No era como si le hubiera pedido ser el padre de su hijo, pero ella pensaba que entre ellos la cosa era sería, aunque no oficial.

Sonrió al pensar que podía gustarle a alguien.

Además de todo eso, estaba el hecho del escándalo que se había organizado en la cafetería del ministerio. Jefe y trabajadora habían desaparecido en mitad del horario laboral. Eso traería problemas a ambos, y no podría soportar que el puesto de Draco peligrara por su culpa.

Ese maldito Ronald… no quería volver a verlo en su vida, aunque eso fuera imposible.

Por si fuera poco, sería la comidilla de todo el ministerio y no sabía si su comportamiento inestable lo soportaría sin derramar alguna lágrima frente a todo el mundo.

Cambió la cara en cuanto llegó al hall. Toda la inseguridad desapareció cuando le encontró esperándole en la puerta.

-¿lo hacemos juntos? – le preguntó Draco cuando llegó junto a él.

-si… - dijo ella mirándole, con ojos brillantes. En ese momento se habría puesto a llorar, pero de felicidad. Aun así, se resistió.

La acompañó hasta su despacho y se despidió de ella con un suave beso y una caricia a su vientre.

Cuando se quedó a solas se abrazó el vientre con cariño, volvía a sentir esa maravillosa sensación de movimiento. Muy leve, como una caricia desde el interior.

Pero tras toda esa felicidad había una leve punzada de temor. De miedo a ilusionarse y que volvieran a dañarla. Ellos todavía se estaban conociendo, pues aunque se habían visto desde que tenían once años, siempre habían sido unos desconocidos. Debían darse tiempo.

Harry miraba el vientre de Hermione con la boca abierta.

-pero estás…

-si cariño, Hermione está embarazada, no es que se haya pasado con el pastel de carne – le dijo su novia, cogiéndole del brazo.

Ginny acababa de llegar a la cafetería con Harry, que acababa de llegar de las misiones con los aurores. Después de esos meses por fin acabaría su formación y sería uno de ellos. Pero había supuesto mantenerse alejado por mucho tiempo viajando por todo el mundo.

-¿Por qué no me has dicho nada? – se quejo abrazándola contento. – pero… - comenzó sentándose después de saludar también a Luna – no me has presentado al padre ¿está aquí?

La castaña había decidido contarle la verdad, pero no iba a contarle sobre Ron, pues pese a todo no quería que cambiara la opinión de su mejor amigo. Solo se lo contaría si al final de todo el bebé acabase siendo del pelirrojo.

-Harry, la verdad es que… no sé quién es el padre – confesó. – una noche bebí demasiado y… bueno, este es el resultado.

Harry se quedó en silencio.

-Pero… tú no haces esas cosas…

-Harry, no voy a dejar que la juzgues – intervino Ginny – todos tenemos un momento malo, y todos nos hemos pasado bebiendo alguna vez.

-y yo estoy feliz con mi bebé, Harry. – dijo Hermione sonriendo.

Su sonrisa tranquilizó al moreno.

-la verdad es que estás realmente resplandeciente. Nunca te había visto tan guapa.

-bueno, no sabemos si eso es por el embarazo – empezó Luna – o por su lujuriosa relación con Draco Malfoy… - terminó tranquilamente.

Sus dos amigas la miraron con reproche por su imprudencia y Hermione se dijo que volvería a replantearse eso de contárselo todo a sus amigas. Aunque pensaba contárselo a su mejor amigo, sabía la eterna rivalidad de estos dos.

-Luna se volvió loca definitivamente ¿verdad? – preguntó el chico sin creerlo.

-Harry, ahórrate eso de "sabes de quien estamos hablando", "es un exmortifago", y todo lo que se te esté pasando por la cabeza. Draco ha cambiado, y me hace feliz.

-pero…

-cielo, no seas entrometido, por favor – le pidió Ginny con la mirada dura, lo que hizo callar a Harry y a las chicas reír con ganas. Pues parecía que la pelirroja realmente le daba miedo. Al final el chico acabó riendo con ellas.

-iba a preguntarte si querías que fuéramos a algún lugar este fin de semana – le comentó Draco ese viernes mientras salían del ministerio – pero te ves realmente agotada.

-la verdad es que me cansó bastante más de lo normal últimamente – comentó Hermione. Le dolían las piernas de soportar el peso del bebé, que crecía a un ritmo vertiginoso.

-¿no crees que deberías ir pensando en pedir la baja por maternidad? – preguntó el rubio preocupado. Hacía tiempo que la llevaba a casa todos los días con su coche, aunque para él sería más fácil aparecerse o utilizar polvos Flú, sabía que para Hermione y sobre todo para el bebé podría resultar peligroso, es por ello que se había impuesto la tarea de llevarla al trabajo y dejarla en casa para que no tuviera que andar demasiado.

Hermione sonrió.

-todavía es pronto. Prefiero cogerla más adelante y así tener más tiempo para disfrutar de mi bebé. – se mordió el labio nerviosa antes de seguir hablando – Draco… si quieres, podemos pasar el fin de semana juntos, en mi casa. – le dijo con la mirada gacha.

-claro – contestó él animado, y la besó cuando vio que ella sonreía aliviada. - ¿acaso te daba vergüenza pedírmelo?

-bueno, últimamente soy algo aburrida, estoy cansada y duermo demasiado. Quizá preferías hacer algo más interesante. – le contestó subiendo al coche. Draco arrancó el motor.

-para mi es divertido ver cómo te quedas dormida incluso antes de cenar, o ver cómo te sangra la nariz mientras estamos hablando tranquilamente. – y soltó una carcajada.

Hermione se llevó las manos sobre la boca, descubriendo la sangre al tiempo que el rubio sacaba un pañuelo riendo.

-maldita sea… - se quejó Hermione aceptándolo para limpiarse.

-no gano para pañuelos contigo – dijo el rubio ya conduciendo, pero divertido. – además me vendrá bien salir de casa. Mi madre ya se ha enterado de lo nuestro.

-Oh… - susurró Hermione agachando la cabeza, pues Draco se había puesto serio. – no quiero causarte problemas con tu familia… - dijo.

-Hermione, quiero que sepas que estoy contigo al cien por cien – explicó el rubio – quiero decir que… cuanto llevamos conociéndonos. Conociéndonos de verdad, quiero decir.

-pues unos cinco meses, desde que estoy embarazada prácticamente – contestó ella con el corazón latiéndole fuerte, las palabras del rubio le estaban afectando.

-me refiero es que en este tiempo te has convertido en alguien muy importante para mí, y no te quiero fuera de mi vida. Tampoco a tu bebé. – el rubio agradeció el no poder mirarla en esos momentos, pues se sentía desnudo.

-Draco, tú te has convertido en el pilar que me mantiene en pie. Tú… ya sabes lo que siento por ti.

El rubio sonrió.

-pues que no te vuelva a saber mal pedirme que me quede contigo ¿vale? Debes saber que quiero pasar el tiempo contigo. Me gusta hacerlo. – esta vez sí que busco un momento su mirada y sonrió al encontrarla feliz.

Esa noche se acurrucaron en el sofá a ver la tele, la cual al rubio le hacía bastante gracia. Le pasó el brazo sobre los hombros para que se apoyara sobre su pecho. Al rubio le gustaba tenerla de esa forma, pues también le gustaba sentir el peso del bebé sobre él cuando ella se dejaba caer.

-Draco… - le llamó ella.

-dime – contestó el chico distraídamente, acariciando su vientre y sin apartar la vista de la televisión.

-el miércoles tengo cita con el doctor, va a decirme el sexo del bebé… - contó la castaña abrazada a su pecho. – y me preguntaba, si querrías venir conmigo. - Draco detuvo las caricias y se incorporó un poco en el sofá. Hermione también se incorporó para mirarle. Se le veía tenso. – lo siento - se apresuró a decir Hermione – tu… no eres el padre, no quiero que pienses que intento darte responsabilidades como tal, olvida lo que he dicho… - la chica sentía ganas de llorar, pero no lo hizo.

El rubio la miró por fin.

-no seas tonta – le dijo de forma dulce – no te imaginas lo que me gustaría poder haber sido el padre de tu bebé. – el chico sonrió de forma más abierta – no vayas a ponerte a llorar – le pidió poniendo ambas manos en su rostro y dándole un beso rápido – tú has ido a muchas ecografías y siempre han sido tus amigas quienes te acompañaban, y que me lo pidieras en una de las más importantes, me hizo sentir extraño…

-¿entonces?

-claro que quiero acompañarte, tontita…

-aunque… - añadió Hermione dejándose abrazar de nuevo – también vendrán las chicas, sería imposible detenerlas…

El rubio soltó una carcajada que hizo sonreír a Hermione.

-no sé porque, lo suponía – dijo – sabes… creo que va a ser un niño. Le compraré una escoba y le enseñaré a jugar a quidditch.

Hermione sintió un cosquilleo muy agradable con sus palabras.

-pues a mí me gustaría una nena… - dijo ella con una sonrisa soñadora.

-mmm, ¿una princesita? Creo que igualmente le compraré una escoba y le enseñaré quidditch. Y mientras ella juega, nosotros haremos un mini-Malfoy…

Hermione se incorporó de nuevo, para mirarle.

-tu… ¿querrías tener un hijo conmigo?

Draco se revolvió un poco el pelo, algo avergonzado.

-Hermione… se que el que andes tan despistada también es cosa del embarazo pero… antes, en el coche, estaba declarándome… - le explicó con una timidez impropia en él.

-oh… - poco a poco se fue formando una gran sonrisa en su cara. Cuando el rubio se quiso dar cuenta la tenía prácticamente encima y le besaba profundamente. - Te declaras fatal – susurró divertida sobre sus labios – pero te quiero igual…

El rubio sonrió y volvió a besarla.

-espera – dijo él de repente incorporándola – vas a aplastar al bebé…

Ese miércoles, Draco se juntó por primera vez después de tanto tiempo con Ginny, Luna y Harry. Se sentía bastante incomodo aunque las chicas intentaban animarlo. Se sintió bastante importante cuando Hermione le pidió que solo él entrara en la consulta y tuvo que hacer un gran esfuerzo por contener el impulso de lanzarle una mirada de superioridad a Potter. Él era amigo de la persona con la que él quería estar.

-por fin le conozco – le tendió la mano el doctor – supongo que debe de haber estado muy ocupado, señor Granger.

-oh… - el rubio le tendió la mano distraído – soy Draco Malfoy, no estamos casados… - dijo, y no dio más explicaciones.

El medimago sonrió satisfecho, pues seguramente seguía pensando que él era el padre, y el chico no pensaba desmentirlo. Al parecer, Hermione tampoco.

Ella le tendió la mano cuando el hombre se puso a trabajar. Él se la cogió nervioso, aunque no entendía muy bien porqué.

-pues aquí lo tenemos… es un niño – declaró el doctor.

Hermione sonrió.

-lo que tú querías… - susurró. Draco solo la besó en la frente con cariño. Se sentía extrañamente orgulloso.

Muchos podrían no entender los sentimientos de Draco Malfoy. Al fin y al cabo el bebé por el que empezaba a sentir todos esos sentimientos no tenía nada que ver con él. Pero también se decía a si mismo que ese niño no tenía un padre ¿porqué no iba él a ocupar ese lugar? No sentía que el niño perteneciera a otro y él fuera un suplente. Sentía que ese niño iba a ser suyo y no dejaría que nadie se interpusiera en ello.

Por fin había conseguido las cosas por sí mismo: la había conseguido a ella, había logrado hacerla sonreír, y conseguiría que ese niño le quisiera como a un padre. Ya nunca estaría a la sombre de nadie.