Autora: ¡Hola de nuevo! Aquí tenéis el primer capítulo de este fanfic. Como siempre, ni María Holic, ni sus personajes, ni los escenarios me pertenecen. A excepción de los que yo agregue... Sin más, podéis leer. ¡Disfrutad!


Capítulo 1: Comienza un nuevo curso.


Shizu Shido se encontraba frente a la puerta de la que sería su habitación de ahora en adelante, en el prestigioso instituto Mihoshi no Mori.

El semblante de la chica disfrazada de hombre no era más que un claro signo de resignación y temor. No sabía exactamente lo que se encontraría detrás de las puertas, pero suponía que sería lo de siempre: una cama cómoda, un gran escritorio, una ventana y un armario… junto con el baño enorme, las estanterías y demás… Sin embargo, ahí estaba, plantada sin decir nada, temblando como una hoja y con los ojos cerrados. No es que ella se considerara desafortunada, al contrario, pero en esos instantes deseó llevar la vida de su hermano gemelo. Es más, debería llevar su vida, compartir cuarto con una chica, hablar con chicas, estudiar con chicas… pero no, Shizu tenía que interpretar el papel de su hermano en la preparatoria para chicos. Por consiguiente, debía vestir y actuar como uno, y eso era lo último que Shizu quería…

Ella tenía un problemilla que, si analizamos la situación, amarga la vida de la joven… Y es que ella odia y teme a los chicos a partes iguales. ¿La consecuencia? Que no quiera estar al lado de uno a un kilómetro a la redonda. ¿La solución? No había tal cosa pues no podía escapar de la prisión en la que se había convertido ese instituto.

La chica suspiró pesarosa, debía entrar de una buena vez si no quería que le llamaran la atención. Así pues, se dispuso a abrir la habitación cuando de repente, un brazo pasó por su lado y abrió la puerta. Sin duda, se trataba de Rindou, su mayordomo personal. No es que fuera un mayordomo como tal —o por lo menos a ella le gustaba ese nombre—, sino que la ayudaba a disfrazarse, y a bastantes cosillas que ahora no vienen al caso. A su hermano María le gustaba llamarlo sirviente, pero para la chica eso era un término denigrante, además de que ella jamás trataría a Rindou de ese modo. Así pues, tragó saliva y volteó para encontrarse con la cara del chico. Éste la miró sonriente, casi con una mueca divertida.

—Me estaba aburriendo. Para cuando abrieras la puerta, ya sería de noche. —dijo Rindou encogiéndose de hombros. Cargó las maletas y se adentró en el cuarto seguido por Shizu, quien lo miraba tímidamente. Al entrar, lo primero que vieron fue una inmensa superficie de madera que, junto con una alfombra circular y dos camas a los laterales, le daban un aspecto pulido y hermoso. Además, frente a ellos, una gran ventana se alzaba y a los lados reposaban dos cortinas azules, con detalles morados. Rindou se dispuso a dejar las maletas en un lado de la cama más cercana mientras la miraba fijamente.

—¿Cuál cama prefieres? —preguntó sin inmutarse. Shizu señaló la cama derecha y él asintió. Obediente, dejó la maleta de Shizu en dicha cama y sus pertenencias en la otra.

—Es bastante grande. —comentó la chica mirándolo todo. Además, ella creía que compartiría habitación con otro chico aparte de Rindou, pero al parecer no iba a ser así puesto que solo había dos camas…

Rindou asintió mientras pensaba en algo que decir.

Llevaban un tiempo raros, como si el estar siempre cerca—paradójicamente—, los distanciara. Sin embargo, y con lo lejanos que se sentían, Rindou apreciaba a la joven por su valor al aceptar el deseo de su fallecida abuela. Eso de intercambiar papeles con su hermano fue idea de ella, para determinar quién sería el director de ambos institutos… No era una idea muy buena, pero Rindou debía aceptar que la abuela de los jóvenes tenía imaginación —incluso una imaginación demasiado perversa —.

—¿Quieres que te ordene la ropa mientras te das una vuelta por el centro? —preguntó Rindou de repente, cortando todo silencio. La joven carraspeó incómoda. Prefería estar un poco en la habitación para asegurarse de que actuaba y tenía la apariencia de un chico.

—Iré después a dar un paseo porque prefiero que vengas conmigo… —Shizu se sonrojó un poco por el comentario que acababa de hacer. Pero, si Rindou lo notó, lo disimuló. Él no dijo nada pues haría lo que ella le ordenara… Para eso era su sirviente.

—Como quieras. Voy a ir deshaciendo tu maleta primero. —el joven pasó por el lado de Shizu y abrió la maleta de la chica, la cual puso encima de la cama. Allí comenzó a sacar la ropa… Aunque la casa de ella estuviera muy cerca, no era plan de irse todas las mañanas allí para cambiarse de ropa. Y él, por su parte, decidió lo mismo. Además, solo irían a su casa para vacaciones o en casos especiales.

Shizu se quedó mirando al chico mientras pensaba en lo que iba a hacer a continuación, consideró que lo mejor era ir a revisar su aspecto. Fue entonces al baño encontrándose con otro gran espacio maravilloso lleno de fragancias y de colores blancos y azules. Era muy puro todo aquello —demasiado para los chicos—, pensó Shizu. Aun así, se metió y se puso frente al gran espejo de cuerpo entero. Se miró detenidamente el cabello rubio pues lo llevaba cortito, como su hermano. Normalmente llevaba peluca, pero al comenzar un nuevo curso, decidió cortarse su preciada cabellera por comodidad. Últimamente le picaba la cabeza mucho, y eso era debido a la peluca de chico. Así no tendría más problemas… Lo malo era que ahora sí que parecía un chico. Por suerte o por desgracia, María se parecía tanto a ella que se podían confundir perfectamente… salvo por el lunar que tenían ambos bajo diferentes ojos. Ella, por ejemplo, lo tenía en el ojo derecho, mientras que su hermano lo tenía en el izquierdo. Pero nadie se había fijado… Luego, se miró sus ojos rojos, los labios un poco resecos debido al nerviosismo que el nuevo curso le daban, su figura "masculina"… Esto último daría problemas…pensó Shizu alzándose la camisa blanca del uniforme y la chaqueta azul… suspiró. Llevaba una venda alrededor de los pechos para ocultarlos al máximo, y eso le ponía triste pues ahora que estaba desarrollándose, no quería ocultar su figura. Pero bueno, es lo que tenía estar en el juego… Además, ella quería tanto como su hermano el puesto de director, por lo que debería aguantarse. Revisó por última vez su aspecto y quedó conforme. Así que decidió salir del baño dándose cuenta de que Rindou no estaba en la habitación. Extrañada, paseó por la habitación buscándolo sin éxito… Comprobó que las maletas ya estaban deshechas y la ropa pulcramente doblada encima de las dos camas… Sin embargo, la joven se llevaría un susto al comprobar que Rindou no estaba con ella… Cuando se dio cuenta, un sudor frío comenzó a bajarle por la espalda. ¡¿Dónde estaba él?! No es que le hiciera falta, pero estar sin él era como no tener una seguridad con todos los hombres que había fuera del cuarto y no quería exponerse al "peligro". Shizu era un caos cuando sentía que estaba rodeada de chicos, pero, si Rindou estaba alrededor de ella, no se sentía nada mal… Era como un refugio. Aunque Shizu debía de reconocer que el chico era un pelmazo cuando se ponía a hablar sobre armas y sobre trampas, además de que se metía con ella a menudo, cosa que importunaba a la joven pero no le importaba demasiado. El caso es que ahora se encontraba en su habitación, sudando y en pánico. Justo cuando iba a ir a buscarlo, alguien golpeó la puerta con brío haciendo que la joven se sobresaltara. Rápidamente, adoptó una postura masculina y dijo:

—¡Adelante! —la puerta se abrió dejando pasar a un chico alto, fornido y bastante guapo. Pero a los ojos de Shizu era un chico altísimo, grandullón y el demonio en persona. Suerte que se pudo controlar y actuó como normalmente lo hacía. El joven se quedó parado en la entrada, admirando tímidamente a Shizu mientras se debatía entre hablar o no. Al final, decidió saludarlo.

—Buenos días, Shido-kun. Me llamo Yuuki Fushima, y seré tu "vecino" de algún modo. —hizo una pausa para reordenar sus ideas —. Solo quería saludarte… —Shizu no supo cómo reaccionar. Pero, se dijo, María actuaría más o menos así:

—Oh, hola, soy Shizu, pero ya lo sabrás… —aunque estaba sonrojada, siguió actuando con normalidad —. Un gusto conocerte. —le tendió la mano al joven que arqueó una ceja. En vez de darle la mano, la alzó con la palma abierta y dijo:

—Es mejor de este modo…Haz como yo. —pidió amablemente. Shizu imitó la pose de su mano y luego la chocaron. Posteriormente, cerraron el puño y volvieron a chocarla. La joven no había hecho eso nunca, pero era divertido.

—Ya… bueno…—ella no sabía qué decir, por lo que Fushima se le adelantó.

—He oído que vas a ir a segundo curso, yo también. —ella se extrañó. No lo había visto en la vida, su pelo rojo era muy distintivo y sus ojos verdes no pasaban desapercibidos.

—Nunca te he visto por aquí. —comentó Shizu. Él sonrió abiertamente y la chica pensó que era alguna treta para ganarse su confianza, por lo que no se inmutó ante esa sonrisa.

—Eso es porque soy nuevo, me han trasferido. —explicó amablemente. Shizu estaba muy nerviosa, el mero hecho de estar frente a él y a solas le ponía de muy mal humor. Por si fuera poco, el tonto de Rindou no aparecía y quería que la tierra le tragase. El sudor que tenía en la espalda ahora también se hallaba en la frente y el pecho. Respiró hondo tratando de tranquilizarse, pero el miedo no remitía. Tenía que pensar con claridad, aunque hacía un mes que no trataba con chicos, eso no era excusa para actuar de ese modo, por lo que acabó serenándose. En cuanto a Fushima… el pobre se quedó mirando al "joven" con verdadera curiosidad. Parecía tener calor pues sudaba, y su cara, aunque muy inexpresiva, tenía un matiz de terror. Decidió marcharse… —Un placer, nos veremos en la ceremonia de apertura. Es dentro de quince minutos, por cierto. —y dicho esto, se largó de allí dejando a una Shizu derrotada.

"¿Por qué les tengo tanto miedo? ¿Por qué no puedo actuar con normalidad cuando tengo a un chico delante de mí? ¿Por qué soy tan rara?" Pensaba la chica mientras se sentaba en la que sería su cama a partir de ese día. Tras unos minutos en silencio, la puerta volvió a abrirse y se tensó de inmediato. Pero en cuanto vio que era Rindou, se relajó. El joven se acercó a ella y le tendió una bebida caliente.

—Toma, estabas muy pálida. Un té te sentará bien. —dijo abriendo su lata rápidamente. Ella lo miró atenta, con sentimientos cruzados. Por una parte, deseaba regañarle por dejarle así, de repente. Pero por otro lado, se sentía aliviada de contar con alguien que la conocía tan bien… Entonces se preguntó… "¿Por qué no temo a Rindou siendo también un chico? ¿Qué tiene él que los demás no?"

—Gracias. Por favor, no vuelvas a dejarme sola…—acabó diciendo, avergonzada. Abrió su bebida y se la llevó a los labios. Rindou la espió por el rabillo del ojo, sonriendo con burla.

—¿Tan indispensable soy para ti, Shizu? —inquirió con tono burlón. Ella enrojeció aun más y carraspeó, incómoda. Shizu era altamente vergonzosa siendo ella misma, aunque cuando se hacía pasar por María, jamás mostraba esta faceta, bueno, quizá un poco, pero más que nada se hacía la dura, para parecer un macho…

—No digas tonterías, tan solo no quiero perderte de vista… Además, ya he conocido a un chico nuevo… Me ha dado tanto miedo que creí que iba a llorar delante de él. —Rindou frunció el ceño.

—La próxima vez no abras si no estoy… Por otra parte, ¿quién es? ¿Tengo que sacar un arma o no? —preguntó, como siempre, sacando violencia…

—No. —suspiró —. Se llama Fushima, será nuestro vecino y está en nuestro curso… Por lo que me ha contado. —aseguró ella todavía sentada. El chico asintió conforme, aunque pensó que no debía dejarla sola mucho tiempo pues sabía lo que sufría la chica en estos casos.

Era raro ver a una chica joven y bonita temer a los hombres, él siempre se lo había cuestionado, pero jamás se lo preguntó porque sería una falta de educación. Aun así, él llevaba sirviéndola más de ocho años y sabía cómo era ella. La conocía tan bien que sabía lo que comía, lo que prefería ver en la televisión y lo que piensa —si esto es posible—, pero en verdad era una chica muy previsible. Aunque, como ya dije, últimamente estaban en ondas diferentes, permanecen juntos, pero a la vez parecen separados por algo indestructible… Últimamente no sabía lo que la chica quería tanto como antes, y esto lo confundía para mal puesto que ahora pensaba más de la cuenta en el tema.

Él no era como su hermana gemela Matsurika —fría, calculadora, indescifrable… —, sino todo lo contrario, amable, educado, algo violento si se daba el caso, conversador y buen deportista… Y por ello sabía tratar con la gente, hablar, sentir, soñar… A veces no podía creer que Matsurika y él fueran gemelos… pero así era. Ahora mismo ella estaría cuidando a María y vigilando de cerca a Kanako… ¡Ja! Al pensar en la última, Rindou sonrió abiertamente haciendo que Shizu se preguntase lo que estaba pensando. Kanako era todo un bicho raro —y no era porque fuera lesbiana, no —, sino porque era una chica MUY pervertida a la que le sangraba la nariz por todo. ¡A saber lo que pensaba esa mujeriega…! Pero bueno, a él le divertía.

—¿Nos vamos? Llegaremos tarde si no empezamos a andar ya. —aconsejó Shizu amablemente. Rindou asintió dejando de pensar en todo lo demás.


El pabellón deportivo estaba a rebosar. Los alumnos que cursarían segundo y tercer curso permanecían quietos y muy juntos, formando filas perfectas. En Mihosi no Mori los chicos no se sentaban como en Ame no Kisaki, sino que se quedaban de pie, como buenos atletas que eran. Además, ese año daría el discurso de bienvenida un alumno que Shizu conocía a la perfección del pasado año. Ese chico era Kazama, el número uno de toda la preparatoria. Lastimosamente, Shizu fue la segunda de su promoción el anterior año, quedando Kazama el primero. Así, este año él haría el discurso que, por otro lado, a Shizu le daba pánico leer delante de todos. Así pues, nuestra joven y su mayordomo se pusieron los primeros para escuchar el adecuado discurso de principios de año. Aunque no lo pareciera, la chica estaba nerviosa, como un flan por dentro y Rindou lo notaba, por lo que, deliberadamente, le apretó la mano suave y momentáneamente pues tan pronto como ella sintió el roce y el apretón, lo dejó de notar. Ella se quedó de piedra… ¿cómo sabía él que estaba nerviosa? Y peor aun, ¿por qué había hecho eso? Normalmente le diría a la chica que se tranquilizara o algo así, y luego, en privado, se mofaría de ella para echarle en cara que era una niña miedosa. Lo que él estaba haciendo era algo impensable pero que, por el contrario, alivió y relajó a la joven.

Pronto, la voz de Kazama resonó en todo el pabellón y ella hizo como que le escuchaba, pero en realidad estaba tan confusa y avergonzada que no prestaba atención a nada. Y para cuando decidió escuchar al chico, ya había acabado de hablar y dio paso a un profesor de Literatura Japonesa. Ese profesor le había tocado el año pasado, y no se quejaba, daba estupendamente la asignatura. Además, era ya mayor y no inspiraba miedo, sino ternura. O al menos así lo veía Shizu. Entonces se dio cuenta de que ni siquiera había ido a ver la clase que le había tocado y se maldijo interiormente. En cuanto el discurso terminara, iría a verlo. No sabía porque, pero deseaba que no le tocara en la misma clase que Fushima pues no tenía buenos presentimientos respecto a él…

Así, todo acabó y decidió ver las listas de las clases en la que estaría. Una vez fuera del recinto, y siempre seguida por Rindou, se dirigió al tablón de anuncios de toda la preparatoria y se buscó entre las listas de segundo año. Cuando se encontró, analizó los demás nombres dándose cuenta de que Rindou no estaba con ella en la misma clase. Al principio se quedó de piedra, luego su color desapareció del rostro dando paso a un pálido enfermizo y, posteriormente, se llevó las manos a la cara. ¡No estaban juntos! ¿Por qué? El año pasado si estuvieron en la misma clase. ¿Por qué no este año?

Rindou, que se dio cuenta de la situación, intentó sonar calmado para que su pequeña compañera no llorara allí mismo.

—Shizu… sabes que podemos hablar con el profesor encargado de hacer las listas. Tranquilo, lo arreglaremos. —ella se volteó con dos lágrimas cayéndole por las mejillas y asintió, tratando de hacerse la dura.

—Pero no entiendo porque nos han separado. ¡Si tenemos casi el mismo coeficiente intelectual! —expresó la chica con pesar. Rindou solo pudo sonreír de medio lado, haciendo una mueca atractiva…

—Te lo digo en serio, Shizu, me preocupa que te hayas encaprichado por mí. —se alabó el joven. Pero en realidad no pensaba eso, sino que trataba de hacerle más fácil este amargo trago. Ella frunció el ceño, actuando como un chico pues pasaban dos alumnos a ver el tablón.

—No digas tonterías. Y hablaré con ese tal profesor… ¿tienes los nombres de los empleados? Necesito saber quién es el que lleva este trabajo. —expuso Shizu alejándose de allí. Rindou meneó la cabeza, ¿qué haría con este espécimen de mujer?

—Si, lo tengo, pero no hace falta que lo consultemos pues me sé de memoria todos los profesores del centro. Sé a quien buscamos. —finalizó Rindou con orgullo. Shizu pensó en el porque del comportamiento dócil de su mayordomo, pero no le dio importancia al asunto. Ahora debían tratar este pequeño problemilla…


—¡No hay más que hablar! Aunque seas el nieto de la difunta directora no podemos hacer lo que pides. Lo siento. —repitió por quinta vez el profesor de historia. Era un hombre cuarentón, calvo y regordete que, seguramente, estaría amargado. Pero el caso es que ahora amargaba a los jóvenes que se encontraban delante de él. Rindou no había abierto la boca para nada, Shizu se había encargado de hablar con el profesor acaloradamente. Ella no soportaba a aquel hombre, le daba temor pero fingía una tranquilidad inexistente…

—Por favor, hemos estado unidos desde los nueve años. ¡Y soy quien mandará dentro de poco! Puedo hacer que le despidan, señor Ryuka. —Shizu añadió su último recurso. Sabía que era una bajeza hacerle eso, pero es lo que María haría… El hombre no se amilanó, al contrario, se acercó a Shizu y le retó con la mirada.

—Atrévete, mocoso, y verás quien soy yo. A mí nadie me amenaza. ¿Entendido? —el rostro de la joven palideció y Rindou la "salvó" antes de que se desmayara. Se puso delante de ella y encaró a aquel hombre.

—Señor, tranquilícese. ¿Por qué mejor no olvidamos este incidente? Nos hará bien… Y no se preocupe, estaremos en clases separadas. —aseguró Rindou con tono amable aunque con cierta nota irónica —.No sabía que esto le afectaría tanto… ¿Sabe?, venden cereales integrales para el estreñimiento… ¿por qué no los prueba? Les sentarán bien. —dijo Rindou y Shizo agrandó los ojos al escuchar eso. Acto seguido, él cogió del brazo a la chica y la condujo fuera del despacho. Al cerrar la puerta, él comenzó a reír a carcajada limpia y ella se llevó la mano a la frente.

—¿Pero qué ha sido eso? He visto como se sonrojaba, ¿tendrías razón? —comentó Shizu caminando.

—No lo sé, pero no tenía que haberse puesto así… De todas formas, no pasa nada, Shizu, estaremos juntos en el almuerzo y en la noche… Incluso podemos llegar a vernos en los cambios de clase. —enumeró él sonriendo. Shizu contempló al joven de ojos dorados y suspiró. Tenía razón, no era el fin del mundo pero para el pequeño mundo de la chica, si que lo era. Estaría indefensa frente a una veintena de testosterona tonta e inmadura que le hablarían a todas horas. ¡Y no lo soportaría!

—Está bien, me las arreglaré… Pero no te alejes demasiado, sabes cómo me pongo cada vez que un chico se me acerca… —pidió la chica avergonzada. Él no pudo evitarlo y le puso la mano encima de la cabeza, revolviéndole los cabellos.

—Niña tonta, ¿qué voy a hacer contigo? —suspiró y su mano volvió a su sitio. Pero el corazón de Shizu no lo hizo.

Continuará…


Autora: ¿Qué tal está? Espero que os haya gustado. Por otra parte, por favor, necesito saber si os gusta o no, aunque solo digais "continua" o algo por el estilo, mandadme un comentario. Así sabré si seguir o no con este fanfic. Acepto críticas constructivas antes de que siga adelante :)

¡Cuidaos mucho! Nos leemos.

Pd: subiré cap en relación a lo que me digáis ;)