Autora: María Holic no me pertenece, tampoco sus personajes, esto solo lo hago para el disfrute de los lectores interesados. Por otra parte, quería aclarar que Fushima, Ryuka, Kazama y Shin Yuu... y algunos personajes más que aparecerán en el futuro me los he inventado. Como en el anime no salía casi nada -o nada-, de Shizu, pues me he tenido que imaginar a unos cuantos chicos...

Bueno, si alguien sabe más acerca de nuestra protagonista, que me lo diga por favor, puesto que yo sé muy poco (solo he visto el anime, pero si en el manga sale algo más pues os agradecería la información xD)... En fin, gracias por leer, no os entretengo más.


Capítulo 2: "Amigos"


Cuando quiso darse cuenta, Shizu debía ir a su nueva clase. Este pensamiento le bloqueó la mente durante unos instantes que hicieron que Rindou soltase un amargo suspiro. El chico sabía lo nerviosa que se pondría al estar rodeada de otros hombres, por no hablar de los nuevos que viniesen… Para ella no era muy bueno, que digamos, pero Rindou quería que la chica se llevase bien con los hombres. No deseaba que ella se quedara siempre estancada en estas circunstancias y por más que Shizu se empeñara en parecer normal, sabía cuan duro era esto para ella. Por lo que, antes de que siguieran pasillos diferentes —la clase de Rindou estaba al fondo del pasillo izquierdo, mientras que la de la joven estaba en el derecho —, el mayordomo decidió darle ánimos.

—Vamos, mujer, que no es para tanto. Ya verás como te irá bien. Solo piensa en que es tu deber y ya esta. —sugirió él palmeándole el hombro derecho, gesto que incomodó un poco a la joven.

—Ya lo sé. Ya lo sé… —repitió cansada. No había hecho más que comenzar el día y ya se encontraba agotada. Suerte que después de clases podría practicar tiro con arco, eso era el único estímulo de la chica —.Nos vemos, Rindou. —musitó Shizu dirigiéndose al pasillo derecho.

El muchacho se quedó un poco apenado por la chica pues había puesto una mueca de lástima. Pero, debía enfrentar sus miedos para superarlos pues solo así podría avanzar. Así pues, él siguió su camino y dejó a la joven con preocupación.

Shizu se apresuró en llegar a la primera clase del día: Historia de Japón II. Esa era una asignatura preciosa que a ella le encantaba, así que sonrió solo un poco. Aunque estaba sonrojada al ver a tanto chico junto, disimuló el nerviosismo y pasó delante de todos como si nada. Al traspasar la puerta del aula, se quedó pensativa y, por unos momentos, se alejó de la realidad. Delante de ella, una veintena de chicos charlaban amenamente, ajenos al temor que invadía a la joven. Tragó saliva y se dio valor, avanzó poco a poco por la clase hasta situarse en cualquier mesa —la más alejada—, y pasar desapercibida. Ella realmente se sentía mal, tenía ganas de salir corriendo y de gritarles a todos, pero por fuera parecía un joven despreocupado que miraba por la ventana…

Por otra parte, no vio a Fushima y eso la tranquilizó bastante. No es que estuviese mejor, pero algo era algo. No pudo ni suspirar de lo intranquila que se encontraba, por lo que solo apoyó su barbilla en la mano y cerró los ojos con fuerza. El que sí estaba en esa clase era Kazama… el listillo número uno. Bueno, la chica suponía que debía ser así puesto que las clases se dividían en tres: los listos, los de medianas calificaciones y los "deberían mejorar". Esto había sido así por mucho tiempo, desde que su fallecida abuela estaba al mando… Por eso le extrañaba que Rindou no estuviera en su misma clase… El hombre calvo y gordo de nombre Ryuka no les había explicado el motivo por el que lo había hecho diferente, pero bueno. No había que ser muy inteligente para saber que este año las cosas serían distintas.

De pronto, sintió una figura a su lado y dio un respingo. Abrió los ojos encontrándose con un Fushima que la miraba atento y sonriente. ¿Al final estaría en su misma clase? Se había colocado en el asiento delantero, sentándose incorrectamente en la silla. Así, miraba a la chica con una sonrisa de oreja a oreja y muy tranquilo —todo lo contrario a la chica —. Por muy gracioso que pareciese, la cara de Shizu era un poema… vamos, que parecía querer asesinar a alguien en cualquier momento, cuando en realidad estaba aterrorizada. Así que Fushima dejó de sonreír y se preguntó el porque de la actitud del chico… Como no tenía la menor idea, decidió poner en práctica el saludo especial…

—Buenas, Shido… —alzó la mano y la miró para que entendiera el mensaje. Pero Shizu estaba como un flan, por lo que solo atinó a pasar de él mirando la ventana fijamente. El otro chico bajó la mano, avergonzado, y carraspeó incómodo. Fushima pensó que era un niño rico demasiado extraño y que quizá no fuera buena idea entablar una amistad con él, por lo que se dio la vuelta en su asiento y preparó su mesa con la carpeta y el estuche.

Por parte de Shizu, no podía ni mirarlo a la cara puesto que no le tenía confianza, y sus peores sentimientos afloraron al pensar que él estaría junto a ella. Eso era una verdadera faena… Creía que le daría más de un problema, y no se equivocaba puesto que Fushima se caracterizaba por su cabezonería y perseverancia, además de ser un chico muy fantasioso y demasiado curioso. Esto último haría alterar el mundo de la joven como no os lo imagináis. Así, dio comienzo la clase, entre cuchicheos y mofas. Además —y para la completa agonía de la joven—, el profesor que entró en el aula era el señor Ryuka, el que llevaba las listas de las aulas. Shizu no tardó en desencajar la mandíbula y agachar la cabeza para que no la viera, pero era una estupidez puesto que Ryuka había confeccionado las clases.

—Buenos días, alumnos de segundo año. Me llamo Ryuka Takashi, y seré vuestro profesor de Historia de Japón II. Espero que nos llevemos bien. —esto último lo dijo mirando a Shizu, quien no tenía el valor de mirarle a la cara. La chica quería que la tierra la tragase, ¡había hecho el ridículo con el que sería su tutor! Dios, no quería pensar en todos los problemas que tendría por su culpa… Además, Rindou le dijo algo bastante vergonzoso… algo que tenía que ver con los cereales para el estreñimiento. Se puso roja como un tomate y decidió pasar desapercibida.

La clase comenzó con normalidad, como siempre, el profesor les dio un breve discurso sobre la importancia de las notas, sobre el trabajo en general, y sobre la disciplina que Mihoshi no mori tenía tan arraigada. Los alumnos comenzaron a bostezar debido a que escucharon este mismo discurso minutos antes, en el pabellón… Así que, Shizu no pudo evitar abstraerse de la realidad y fijó su vista en la nuca de Fushima… era extraño ver a un chico que se tiñera el pelo de rojo por Mihoshi no mori, sin duda, iba a tener problemas por ser así de "moderno". Además, ese color de ojos —verdes claros—, no pasaba desapercibido y la chica sintió una punzada de miedo. Miedo porque tendría que compartir aula y pasillo con ese chico que inspiraba desconfianza.

—Shido-sama, ¿puede contestarme a la pregunta? —inquirió de forma severa Ryuka. Ella se avergonzó en silencio, no había atendido a lo que ese hombre decía. Miró a la pizarra y vio una fecha y una batalla… Seguramente, quería que Shizu le contara de qué fue esa batalla y, como se lo sabía, comenzó a responder resueltamente.

—La Batalla de Tsushima comúnmente denominada la Batalla del Mar del Japón fue un encuentro armado entre la flota japonesa y la Flota Rusa del Báltico, enviada desde Europa, que pelearon en los estrechos ubicados entre Corea y Japón cerca del grupo de islas de Tsushima en mayo de 1905, en el contexto de la Guerra ruso-japonesa. La victoria favoreció al Japón… — Shizu siguió contando lo que sabía sobre dicha guerra hasta que terminó. Cuando lo hizo, tanto el profesor como los alumnos voltearon a verle y ella se encogió de hombros. Ryuka frunció el ceño, aunque una mueca de sincera admiración cruzó su semblante.

—Bien, Shido, muy bien. Pero por favor, atienda en clase. ¡Qué es el primer día, hombre! —y dicho esto, siguió hablando de la batalla.

Fushima, quien también se había volteado para mirar a Shizu, se quedó más tiempo contemplando al joven. Estaba asombrado, aunque fuera el nieto de la antigua directora, no sabía que era tan inteligente y una idea maligna cruzó su mente… Él no era para nada bueno en los estudios, es más, había entrado allí gracias a que hizo trampa en los exámenes, es por ello que le haría falta una mano para aprobarlo todo… Sonrió siniestramente y la joven, que lo miraba asustada, se horrorizó aun más.

—Oye, Shido-sama… —comenzó Fushima con voz melosa —, ¿podemos ser amigos? —preguntó de repente. Shizu se olvidó por un momento de que se encontraba en la clase, incluso de que los demás alumnos los escuchaban disimuladamente, pues se había quedado de piedra. ¿Cómo que amigos? ¿Con qué fin? ¿Planearía algo Fushima? ¿Qué haría? La mente de la joven colapsó haciendo que girara la cabeza para mirar por la ventana.

—Nos acabamos de conocer, Fushima. —recordó Shizu haciendo un esfuerzo por actuar con normalidad. Él sonrió abiertamente, dejando ver unos bonitos dientes.

—Es cierto, pero tengo la sensación de que llegaremos a ser grandes amigos. ¿Tú no?

—No lo sé, pero déjame escuchar al profesor o me castigarán. —siguió actuando como si fuera María. Fushima entendió a la perfección que debía dejarle tranquilo, por el momento.

Ya se estaba fraguando algo en la mente de Fushima, y no sería nada bueno, sino, ya lo veréis.


Rindou no paraba de mover las piernas debajo del pupitre. Y es que el chico no había parado de pensar en su compañera… ¿qué estaría haciendo? ¿Se encontraría bien? Por otra parte, decidió que al día siguiente llevaría un arma por si acaso tenía que proteger a la joven de los hombres. Porque, aunque ellos no supieran que Shizu era una mujer, tendían a invadir el espacio personal de ésta y eso Shizu no podía soportarlo…

La clase se estaba haciendo pesada, y es que le había tocado con un muermo de tutor, uno que le daría Literatura universal… Puff, menudo asco. A pesar de ser el primer día, parecía que algo no andaba del todo bien. Y es que, primero aparece un nuevo alumno —al que no había tenido el gusto de conocer—, que a Shizu no le cae demasiado bien —todo lo bien que a la chica le pueden caer los hombres—. Además, esta repentina separación que le había caído a ambos como un jarro de agua fría. Por no hablar del aura tan extraña que sintió en el profesor Ryuka cuando fueron a pedirles explicaciones… Y, por último, ¡¿qué clase le había tocado a Rindou? Por dios, si eran todos los tontos de la preparatoria… No es que fueran idiotas, no, sino que eran los deportistas natos del instituto y, para ser sinceros, no eran muy listos que digamos. Rindou, por el contrario, era alguien que prefería hacer deporte en su justa medida, además de que no participaba en ningún club puesto que tenía que vigilar a Shizu las veinticuatro horas del día, bueno, ahora las dieciocho horas diarias…

En la clase de Rindou reinaba el total caos, unos se tiraban papeles a la cabeza, otros no hacían más que parlotear y, unos pocos, se echaban pulsos para ver quien era el más fuerte… Suspiró cansado, menos mal que a Shizu le había tocado la clase de los listos, que sino… Cerró los ojos y sintió una corriente de aire frío, se trataba de la puerta, la cual estaba abierta de par en par. Y es que había entrado un alumno gritando como un loco, diciendo no se qué de una mujer. Rindou arqueó una ceja y se puso derecho en su asiento. El profesor, que no daba crédito a lo que veía, se acomodó las gafas y escuchó lo que el joven que había interrumpido su clase, tenía que decir.

—¡Hay una mujer que trabajará en la enfermería! Tenemos que saludarla. —sugirió aquel chico. El profesor, harto de tanta estupidez, dio un sonoro golpe en la mesa y todos voltearon para mirarle.

—¿Con qué derecho ha entrado en mi clase y me ha interrumpido? —inquirió con dureza el profesor. El chico se apoyó en el marco de la puerta y sonrió de medio lado.

—¿Es que no me conoce, vejete? —preguntó ese chico. Rindou lo miró de arriba abajo, como si fuera un insecto.

Era bastante alto, con un color de pelo negro y bastante común y unos ojos igual de negros. Tenía una sonrisa agradable, pero ese rictus jocoso no dejaba nada bueno en él.

—No, y no consiento su tono, jovencito. —siguió el profesor. El chico se acercó a él y lo desafió con la mirada.

—Soy el hijo del segundo mayor contribuyente en esta preparatoria. Así que tráteme con respeto, ah, y no se me olvidará su cara... Haré que lo despidan. —luego se volvió para mirar a los alumnos, que lo escrutaban con desprecio —. Y me llamo Shin Yuu, no lo olvidéis. —y acto seguido, se marchó del aula con aire de superioridad.

El profesor, pasó del color carne al blanco puro. Empezó a sudar y se llevó la mano a la frente. Todos se callaron al ver el cambio del profesor y Rindou tenía el entrecejo fruncido. Esto se estaba poniendo cada vez más raro… Seguramente, ese niño de papá estaría en primer curso, aunque —se dijo—, no reconocía el apellido Shin… Sería algún nuevo rico.


A la hora del almuerzo, Rindou y Shizu se encontraron en los pasillos, cerca de la cafetería. Al verle, Shizu casi se enganchaba al chico y lloraba como una magdalena, pero se contuvo y, en lugar de eso, le dedicó una verdadera sonrisa, lo que provocó en Rindou una sensación extraña. Acto seguido, los dos entraron en la gran cafetería y pasaron por la barra de comida. Un hombre con rostro serio les sirvió el menú del día: arroz con muslo de pollo. Y de postre, un pudding de chocolate. Shizu casi lloraba de felicidad al ver el chocolate —lo necesitaba tanto como aparentar ser un chico—. Había sido un día verdaderamente agotador y la joven no veía el momento de practicar con su arco. Pero, en lugar de eso, cuando ya tuvieron la comida en la bandeja, se dirigieron a la mesa que el curso anterior siempre pillaban… Pero la sorpresa fue mayúscula cuando divisaron a un joven de pelo y ojos oscuros sentado junto a un grupo de chicos. Rindou supo quien era al instante y frunció el ceño, amargado por la presencia de Shin Yuu.

Shizu se sintió contrariada, pero no quiso problemas, por lo que se dirigió a otra mesa, más al fondo. Sin embargo, esto era algo que molestaba sobremanera a Rindou, por lo que cogió del brazo a la joven y caminó hacia Shin. Cuando estuvieron a su lado, la chica no paraba de temblar y Shin volteó a mirarles.

—¿Quiénes sois? Perdeos. —pidió sin amabilidad y riéndose con sus compañeros. Rindou sonrió con falsa amabilidad.

—Para tu información, novato, este es Shido Shizu, el nieto de la anterior directora, y tiene más poder que tu en esta preparatoria. Así que largo de nuestra mesa. —acotó Rindou sin más. Sonaba duro, y la cara de Shizu palideció extremadamente.

"¿Qué estás haciendo, Rindou? ¡Sabes que odio ser el centro de atención!"

Pensó la joven.

"Pero se han atrevido a ponerse en nuestra mesa. Alguien tiene que pararles los pies de una vez."

Respondió Rindou mentalmente.

"Aun así... ¿No hay otra manera? Cuando estemos a solas... Ahora hay mucha gente mirándonos."

Dejaron de conversar de esta atípica manera cuando Shin miró a Shizu a los ojos, mientras que ella trataba de no salir corriendo en cualquier momento.

—Ya veo, tu eres mi rival… Bien, que así sea. Pero esta mesa es mía a partir de ahora, ¿entiendes? —inquirió con burla. Shizu entrecerró los ojos y pensó en lo que su hermano haría en esta situación. Se acercó a él y le encaró. Aunque ella era más bajita que él, sus ojos proferían tanto odio hacia su persona, que Shin por un momento creyó que iría a mearse encima.

—Esta es mi mesa, te pediría por favor que te marcharas tu y tus compinches si no queréis tener problemas con los profesores… —lo dijo rápida y siniestramente, como si quisiera matarlo en cualquier momento. Rindou, que sabía que la joven explotaría de un momento a otro, sonrió con aprobación.

Rindou conocía perfectamente la manera de pensar que la chica tenía, es por eso que supo cómo reaccionaría en este caso. Ella siempre había sido una chica muy buena, sacaba notazas, se portaba bien con los demás, era honesta, honrada y amable… Pero cuando tenía que actuar como su hermano —que lamentablemente era todo lo contrario a ella, excepto en las notas —, sacaba todo el potencial maléfico que poseía. Al final, este era el resultado…

—¡Ja! Un niñato como tú no me da miedo, ¿sabes?, hasta pareces una niña… —aseguró Shin sin apartar la vista de ella —.Mirad, es Shizu la niña… ¡ja! Me causas gracia… ¿Por qué no mejor te pierdes un rato por ahí? —Shizu no sabía lo que decir, la estaba humillando en público y no solo eso, sino que algo siniestro se instaló en el corazón de la joven haciendo que su visión se nublara. Rindou, que estaba atento a sus reacciones, dio por finalizado el juego. Le palmeó la espalda a Shin con una mirada que helaba la sangre, y…

—¿Qué pasa aquí? —preguntó un chico con el pelo rojo y ojos verdes. Rindou no lo conocía, pero cuando vio que su mirada se posaba en Shizu, supo quién era… —Ya veo, ¿tenéis problemas con Shin? —inquirió rodando los ojos.

—Fushima, ¿qué diantres haces aquí? ¿No estudiabas en otro instituto? —preguntó Shin.

Tanto Shizu como Rindou abrieron la boca. ¿Esos dos se conocían? La joven notó que le dolía la cabeza, así que optó por acabar esta discusión.

—Bien, si tanto queréis esa estúpida mesa, toda vuestra, pero saldréis perdiendo, enanos. —aseguró la joven marchándose y tocándose la cabeza. Rindou no tuvo más remedio que seguirla hasta otra mesa, pero no apartó los ojos de Shin…

Mientras, Fushima gruñó por lo bajo y empujó levemente a Shin, quien se quejó en el acto.

—¿Qué coño haces?

—Darte tu merecido, ¿no sabes que Shido Shizu es alguien importante en este sitio? —explicó Fushima.

—Me da igual quien sea, nadie es superior a mí, ni ese mocoso gay. —se defendió Shin.

—No crecerás nunca… Oye, no te metas más con él, es mi nueva presa. —cuando Fushima dijo esto, tanto Shin como el resto de chicos lo miraron horrorizados.

—¿Qué has dicho? ¿Has elegido a ese idiota? —inquirió alzando la voz.

—¿Qué hay de malo en que me ayude con los deberes? Es muy inteligente, ¿sabes? Y seguro me ayudará más que ninguno. Solo tengo que ser su amigo y ya está. —aclaró Fushima con total tranquilidad —. Bueno, lo dicho, no os metáis con él u os las veréis conmigo. —se señaló con el dedo índice y corazón los ojos y luego los volvió hacia ellos. Con una mueca divertida, caminó hasta alcanzar a Shizu y su raro acompañante…


La chica no paraba de darle vueltas al pobre muslo de pollo mientras pensaba en lo que acababa de pasar. No daba crédito a lo que ella misma había dicho. ¿En qué estaba pensando? Todo era culpa de Rindou, ¿por qué decidió meterse entre esos chicos? Suspiró y miró a su acompañante, quien sonreía sin enterarse de nada.

—Oye, Rindou, no quiero tener problemas con ese chico… eh… ¿quién era por cierto?

—Se llama Shin Yuu, y es el segundo que suministra dinero a la preparatoria… Y ahora que sabe quien eres, seguro que te verá como su rival más directo. Lo siento, metí la pata. Sé como eres y, en cambio, solo meto cizaña… —Shizu iba a agregar algo cuando alguien alto y pelirrojo se sentó al lado de ella. Casi le da un patatús a la pobre. Era Fushima, quien colocó su bandeja delante de él y se dispuso a comer tranquilamente. Tanto Rindou como Shizu se el quedaron mirando.

—¿Qué pasa? ¿Es que acaso no vais a comer? —preguntó cogiendo el muslo de pollo con las manos. Shizu puso una mueca de asco y Rindou lo miró con curiosidad.

—¿Eres Fushima, nuestro vecino? —preguntó el sirviente.

—Exacto… aunque no sabía que tu ibas a vivir con él. —señaló a Shizu. La pobre estaba aterrorizada, se había alejado de él todo lo que pudo y comía en silencio y a toda prisa.

—Ya veo, pues bien, yo me llamo Rindou y soy el sirviente de Shizu. Por lo que ves, estaré con él a todas horas. —anunció con una sonrisa rara.

La mente de Rindou trabajaba a toda velocidad, ese chico se había acercado demasiado a ella y eso no era nada bueno. Por otra parte, era cierto lo que le dijo ella, que Fushima no era un buen chico. Tan solo mirar sus pintas y sus modales le indicaban que no era un chico demasiado formal, y de solo pensar que algo quería de Shizu, le hacía temblar de rabia.

En cuanto a Shizu… la chica no miraba más que su plato, sintiéndose incómoda ante la presencia de Fushima. Era un chico muy alto y daba la impresión de querer pegar a todo el mundo, aunque pusiera una sonrisa.

—Shizu, como dije, quiero ser tu amigo… ¿Por lo que tendré que comer contigo? Por algo se empieza. —su sonrisa se ensanchó y la cara de Shizu no tenía expresión.

—Bien, si a partir de ahora quieres ser su amigo… tendrás que llevarte bien conmigo, ¿no? —dijo Rindou con más dureza en la voz de la que pretendía.

Los dos se miraron fijamente y a Shizu le dio la impresión de que allí se estaba dando alguna batalla campal.

Suspiró, este sería un curso difícil…

Continuará…


Autora:

En fin, ¿qué tal va? ¿Os gusta? Debo aclarar que al principio puede parecer un poco pesada la lectura, pero conforme avancen los capítulos, se irán desenvolviendo las cosas y veréis como os gusta ^-^ Por otra parte, ¿me dejáis algún comentario? Me animan a seguir y veo si merece la pena continuar escribiendo sobre esta locura xd Por otra parte, procedo a responder el comentario de una anónima. ¡Gracias!

Respuesta al comentario "anónima":

¡Hola! Es verdad que no hay fanfics sobre esta pareja, por eso decidí escribir sobre ellos (y porque los de María x Kanako ya estaban muy vistos) Muchas gracias por tus palabras, por tí continúo :) ¡Cuidate!

Bueno, eso es todo. Espero con ilusión vuestros comentarios, sugerencias o tomatazos. También me gustaría que, si alguien sabe más acerca de la vida de Shizu, me lo cuente (si no os importa)

Sin más, me despido. ¡Gracias por leer!