Hola, regresé :3
Me he dado mucho tiempo de descanso, ya sea porque acabo de comenzar el colegio y ya he tenido unos exámenes (que no me fueron muy bien, por cierto). Aparte de que también he tenido la tarea de leer un libro al mes para hacer reportes de lectura (leer, leer, parezco un zombi come libros xD), y después de encontrar la música perfecta, dos días libres y un ambiente silencioso, conseguí inspirarme :D
Hace poco publiqué un nuevo Fanfic, llamado Inocennce, por si no lo sabían :) no es una historia romántica, bueno, tal vez lo tengo pero no es el tema principal de la historia, sino el misterio y más que nada la amistad.
Este capitulo deja en paz a Sasuke, o al menos de manera directa, esta vez veremos a la otra protagonista.
Detrás de la Ventana
CAPITULO XIII
Un Lejano Recuerdo
Suna era un lugar muy caluroso, por no mencionar desértico. Por más que había intentado plantar una flor esta no llegaba a florecer, cuando ponía masetas en el gran ventanal de su habitación este se secaba a las pocas semanas. Ni importaba que tantas flores pudiera plantar, siempre morían. Por no mencionar lo diferente que era su casa ahora. Su casa en las montañas de Konoha era grande, tan grande que cuando era una niña le gustaba jugar a ser una exploradora y se ponía a recorrer toda la casa, hoy en día ya no recordaba la mitad de las habitaciones o pasillos. También recordaba el enorme jardín que tenía alrededor de su casa, lo bien que lo cuidaba el jardinero y de cómo le había enseñado a plantarlas desde su ventana, porque no tenía permitido salir, los tres pisos que tenía la casa y lo espaciosas que eran las habitaciones, pero ya no lo recordaba con exactitud, había pasado tanto tiempo que lo único que permanecía grabado con fuego era aquel chico que fue su único amigo. El cielo de Suna era siempre azul, a Sakura no le molestaba, pero si llegaba a cansarle e incluso a sofocarle que no hubiera ni una bendita nube que pudiera darle un poco de sombra natural, en Konoha siempre había nubes, a ella le gustaba ver figuras desde su ventana. Ahora no le gustaba estar dentro de su casa, y ya que por fin tenía el permiso de ir a pasear por las calles, no lo desaprovechaba.
Conocía Suna a la perfección, la conocía a la perfección antes de que la dejaran salir sola, conocía el centro, el edificio del Kazekage, las residencias más lujosas, las más pobres y las clase media, conocía los nombres de todas las calles y como eran, si eran rectas, si tenían más de una divergente o si eran cerradas, no había nada que se escapara de ella. Anko, su instructora, le había enseñado todo aquello. Ella era muy estricta, no era como Shizune. Shizune era como su madre, la madre que nunca tuvo, tenía el placer de poder decir que tuvo una madre, aunque esta no fuera de su sangre, aunque no sabía qué era de ella desde ese día del incendio, esperaba que estuviera bien, que siguiera usando esos vestidos tan largos que le quedaban tan bien y que su cabello siguiera igual de corto, que su rostro siguiera sin una pisca de maquillaje porque siempre considero que era hermosa, esperaba que siguiera igual que antes.
Anko era muy distinta a Shizune, ella usaba pantalones a veces ropa escotada, por no mencionar los zapatos de tacón y las veces que llevaba falda, la llevaba muy corta, en cambio Shizune siempre tenía ropa que la cubría por completo, a Sakura le gustaba más Shizune que Anko, pero a padre le parecía lo contrario. Varias veces la vio salir de la habitación de su padre con la cara roja y abochornada, con uno que otro botón desabrochado, al principio Sakura sospechaba que Anko era continuamente regañada, pero al ver lo satisfecha que salía descartó la idea. Ahora que era mayor comprendía lo descarada e indecente que era Anko, por no decir esa palabra que la gente decía cuando una mujer era tan fácil con los hombres.
Anko no le dejaba leer poesía ni literatura, Anko le daba mapas los cuales tenía que aprenderse de memoria, y muchos, muchos libros de historia y geografía. Cuando Sakura le preguntó por primera vez por qué tenía que dejar la poesía y literatura por la geografía e historia, ella le dio una bofetada y le miró como siempre lo hacía, como una molestia.
—Uno debe conocer todo lo relacionado con el mundo, uno necesita saber qué suelo pisa y qué ha pasado en él —apuntó al librero que Sakura tenía prohibido acercarse, aunque era su librero—, un mundo lleno de fantasías y cuentos de hadas no harán más que despegarte de la realidad.
Creo que lo único que Sakura pudo agradecer de Anko fue el que le enseñara a cocinar, porque ella era muy buena, tanto que Sakura le encantaba ver como Anko hacía primero los platillos y luego ella aprendía los pasos, normalmente esa era la primera clase del día, una hora de cocina, y Sakura desde muy temprano memorizaba la lista de ingredientes, procedimientos y demás, para causar buena impresión y por lo menos una vez, ser vista por Anko como algo que no fuera una molestia.
Había prendido a hablar y a comportarse como una dama, el proceso empezaba con la caminata, donde Anko aplicaba el ya conocido y doloroso método de poner varios libros enormes y pesados en su cabeza, una vez uno había caído en su pie dejándole la mitad de sus dedos hinchados y rojos; después venía el modo de usar los cubiertos, vasijas, copas, la forma de sentarse, la postura de las manos y los pies; había aprendido a bailar todo tipo de vals, que eran muy fáciles para Sakura porque solo consistía en balancearse con la pareja, le parecía muy aburrido. Para cumplir con el protocolo de la señorita perfecta que Anko quería, Sakura pensaba que había que estar entrenada en todos los aspectos para lograrlo. Absolutamente todos los aspectos.
Anko dejó de darle clases dos años después, ya que posteriormente había recibido una oferta muy buena en una escuela particular para señoritas de renombre, y después de una discusión que tuvo con su padre, que después termino en esas reuniones en las que Anko salía con la cara abochornada, se fue sin decirle nada a Sakura. Pocos días después Sakura le pidió a su padre una instructora de pintura. A lo que su padre termino aceptando, parecía que en ese entonces lo que le preocupaba más eran sus negocios, Sakura se había dado cuenta de eso y por eso estaba segura de que le cumpliría cualquier capricho con tan solo que le dejara en paz, pero solo le pidió a alguien que le enseñara a pintar.
Su siguiente instructor era un hombre joven y apuesto, de cabello negro y la piel muy blanca, su nombre era Sai. Era un muchacho muy educado, tan educado que a Sakura le parecía una marioneta controlada por algún tipo de Anko gigante que le indicaba decir lo que decía, pero era muy frío, lo cual incomodó mucho a Sakura, ya que cuando quería hablar con él respondía muy cortantemente. Este le enseñó muchas técnicas de dibujo y pintura, que en un año Sakura ya podía ser capaz de recrear todo un escenario a la perfección, podía retratar a una persona y también sacar sus propias ideas de su enorme imaginación, le hubiera encantado poder agradecerle todo lo que hizo Sai por ella, pero de la nada dejó de venir, dejando claro que ya no tenía nada más que enseñarle a Sakura.
Termino sus clases con Sai a los dieciocho, que fue cuando conoció a Akasuna no Sasori. Era cuatro años mayor que él, este ya tenía los veintidós cuando ella solo tenía los dieciocho, fue en ese momento que se entero que él iba a ser su prometido. Sasori era un buen tipo, era educado, amable, muy gracioso y halagador, eso hasta que un día un sirviente del padre Sakura derramó accidentalmente vino en su regazo y este estalló en cólera. Desde ese día Sakura le tenía más miedo que respeto. Su padre le decía constantemente que los Akasuna no eran personas que estaban muy metidas en sus negocios, la única manera de unir por completo a los dos negocios era casando a los dos primogénitos, y quedó decidido cuando Sakura y su padre habían llegado a Suna para quedarse. La celebración de su compromiso fue algo que Sakura no disfrutó nada, por haber tenido que pasar todo el día con Sasori saludando gente que no conocía y agradeciendo falsas felicitaciones, ella le hubiera gustado bailar aunque sea una pieza con alguien. Al día siguiente, al terminar el compromiso, su padre le explicó los detalles de su compromiso, se casaría cuando Sasori terminara unos asuntos pendientes, que era aproximadamente cuando ella cumpliera los diecinueve.
Al principio lo había aceptado, incluso se podía decir que hasta podría haberse enamorado de él, sino fuera por ese incidente en la cena que le mostró como era Sasori en realidad, una bestia que trataba de reprimirse. Después de eso las conversaciones eran un poco tensas, porque Sakura no podía dejar de pensar en la cara roja de Sasori, por eso ella tenía mucho temor de cometer algún error en frente de él, por miedo de que se pusiera igual de enojado que esa vez. Pero hasta ahora, eso no había pasado.
Había aprendido mucho desde que había podido salir de su casa en Suna, muchas cosas que cuando vivía en Konoha no comprendía y aquel chico a veces le explicaba. El mundo era cruel. El mundo era un lugar muy inseguro que estaba lleno de peligros y maldades, su padre la había encerrado en Konoha para que evitara tener encuentros con esos peligros y maldades. Pero tal y como había peligros y maldades estaban las maravillas y espectáculos. Había conocido el teatro, había conocido los conciertos, había visto la cantidad de librerías en la ciudad y la cantidad de personas que la trataban tan bien, una vez, incluso una prostituta le saludó educadamente una vez, y Sakura le tomo la mano, aunque no sabía si estaba bien hacer eso.
Estaba encantada de haber conocido las dos caras del mundo, porque ya no se sentía excluida de esa aventura, esa aventura que era vivir y aprovechar tanto de las cosas buenas como las malas, de sentir el dolor como sentir felicidad. No era lo mismo leerlo de un libro e imaginarlo, porque al principio Sakura imaginaba los bosques llenos de hadas y unicornios, pero cuando lo comprobó con sus propios ojos a los dieciocho años, sintió un poco de decepción. En ese momento estaba comprendiendo una cosa muy importante, estaba madurando, y conforme maduraba estaba dejando cada vez más lejos el recuerdo de su casa en Konoha, y al chico que le dio un poco de compañía en aquel lugar tan solo.
—Señorita, despierte por favor —le pedía la misma sirvienta que la levantaba en las mañanas. Ella se levantaba con el primer llamado y al momento de levantarse la sirvienta le ayudaba a quitarse la ropa, le ayudaba a bañarse y le ayudaba a vestirse. Más bien, la sirvienta insistía en hacer todo aquello.
— ¿Algo nuevo que tenga que saber hoy? —preguntó Sakura con un tono de desinterés, antes de poder salir al exterior, Sakura tenía que cumplir con algunas cosas.
—El señor Akasuna ha venido a tomar el desayuno con usted —le dijo ella con una voz extraña, era obvio, todos los sirvientes le tenían miedo a Sasori, Sakura lo tendría también.
—De acuerdo, entonces enseguida voy —dijo Sakura una vez que su vestido color blanco con listones azules estaba listo, la sirvienta estaba a punto de irse si no fuera porque Sakura le detuvo—, ¡Espera! Por favor, quien sea que nos vaya a atender a mí y a Sasori en el desayuno, dile que tenga cuidado.
No hacía falta que lo dijera, pero de todas formas la sirvienta asintió, dio una reverencia y salió con mucho sigilo de la habitación.
Sakura se miró en el espejo. La apariencia de Sakura había cambiado bastante, seguía aprendiendo cosas de sí misma. Aprendió que conforme tu mente maduraba su cuerpo también lo hacía, sus pechos eran más grandes que antes y su estatura era más alta, aunque había querido conservar el cabello corto igual que antes ahora lo tenía muy largo, por alguna razón, sus caderas se habían hecho más anchas, y una curva en los costados de su estomago le daba una figura curvilínea en vez de recta que cuando era niña, las sirvientas le decían que ella tenía la bendición de tener la figura perfecta de una mujer, lo cual ella no comprendió a la perfección, porque sus pechos seguían siendo algo pequeños a comparación de muchas chicas.
Bajó los escalones a la primera planta pensando en aquello, si el cuerpo de la mujer era tan atractivo como lo decían muchos escritores, que incluso el olor de una mujer podía hipnotizar a un hombre, que sus labios podían saber a dulces y miel cuando los probaba y te volvías un adicto cuando ya no podías dejar de besarlos. Sakura no veía nada de eso en ella, o al menos no lo sentía o algo por el estilo, esperaba que Sasori tampoco.
Las sirvientas le guiaron hasta el jardín trasero de la casa, era el único lugar que Sakura podía disfrutar de la casa, porque era el único lugar donde un poco de césped podía crecer —y eso porque había una enorme cúpula transparente evitando todo el poder del sol— en el centro, en un circulo tapizado de azulejos color perla, estaba un muchacho sentado en una mesa exclusivamente para dos, dos sillas, dos platos, dos vasos y un pequeño y detallista florero en el centro de esa mesa.
El chico se levantó casi con entusiasmo cuando vio venir a Sakura, y ella le sonrió nerviosa. Otra cosa que había comprendido gracias a los libros, era el comportamiento de una persona. Si una mujer podía sentir lo mismo con muchos hombres con tal de que estos fueran atractivos o de su gusto. Pero esa idea la desechó de inmediato, comparando sus experiencias con aquel chico y con Sasori. Con el chico se sentía bien, se sentía feliz, le habría gustado poder tocarlo más, porque así también tendría el recuerdo de su piel suave y tersa, pero olvidaba que en ese entonces era una niña, o más bien una chica con una mente muy cerrada, quizá hubiera sentido lo miso que con Sasori, seguramente. Con Sasori era algo más maduro —así es como Sakura lo llama—, sentía un nerviosismo en todo el cuerpo, un estremecimiento cuando él la tocaba, cuando la miraba, un escozor en una parte de su cuerpo que no podía evitar. Sentía atracción, pero esa atracción a veces cambiaba de un momento a otro por un temor irreconocible.
Sasori tomó su mano y le besó la parte contraria de su palma, un gesto educado al cual Sakura no se acostumbraba. Una vez alguien le había hecho lo mismo, cuando vivía en las montañas, alguien muy parecido al chico que la visitaba, pero su forma educada y a la vez coqueta le había abrumado demasiado como para gustarle, en estos momentos, experimentaba algo similar.
—Buenos días, señorita Sakura —le saludo Sasori, una vez que se había incorporado. Él era muy alto, tan alto que los ojos de Sakura mirando directamente chocaban con su pecho, había que levantar un poco la cabeza para ver su cara como era debido. Muchas veces se pregunto que era tocar el pecho de Sasori, pero siempre reprimía ese deseo poco educado —. Lamento haberla despertado tan temprano, pero las ganas de estar con usted no pudieron ser domadas.
Sakura se ruborizó, no por el detalle o el alago, sino porque las palabras sonaron tan mal que le dieron ganas de reír.
—Buenos días, Sasori —dijo ella, bajando un poco la cabeza, a la altura que Anko le había indicado y había mirado a la dirección que Anko le había enseñado—, no se preocupe, la verdad es que ya sentía ganas de tomar un poco de aire fresco.
—Pues me alegra que lo dijera, porque justo iba a pedirle ir a caminar por la ciudad tan pronto acabáramos de desayunar.
Sakura asintió, el día no empezaba tan mal.
Después de haber conversado y haber terminado su comida —Sasori había pedido café unas galletas, Sakura fruta fresca y jugo de naranja— los dos fueron a la oficina del padre de Sakura que no podía ser irrumpida bajo ninguna circunstancia por tan importante que fuera, Sakura la llamaba "la guarida de la serpiente", pero Sasori por otra parte entraba muy seguido, porque no solo pasaba tiempo con Sakura, también tenía que atender asuntos con su padre, ya que Sasori era el heredero de su familia, hijo único del cual se esperaba mucho, se esperaba que al momento de casarse él y su hermosa esposa llevaran a cabo el negocio familiar como ningún otro, como un equipo eficiente.
Sakura solo había hablado con los padres de Sasori unas pocas veces, y estaba convencida de que eran unas muy buenas personas. Había descubierto que Sasori tenía mucha similitud con su madre, había heredado la hermosa cara de ella y su hermoso cabello rojo —claro que se notaban los rasgos masculinos en Sasori, y los delicados y finos de su madre—, al igual que esos ojos color miel que parecían dos cristales brillantes. Por otro lado, encontró muy poco de Sasori en su padre. Era alto, con una complexión igual de musculosa pero a la vez delgada que Sasori, los ojos de su padre eran negros, y su cabello ya comenzaba a encanecerse. Comparando con ella y su padre, ella no tenía nada similar, aunque si había algo, los ojos. Los ojos de Sakura eran verdes como el jade que muchas veces la gente le regalaba en anillos, collares, brazaletes y adornos para el cabello, pero los de su padre eran verdes como un veneno, como algo sucio y tóxico. Se preguntó como era su madre, muchas veces lo había hecho. Se pregunto si ella también tendría el cabello rosa como ella, o si tendría la piel igual de rosada y no como la piel pálida de su padre. No tenía nada para recordarla, así que muchas veces ella recreaba una imagen de su madre a base de sus propios rasgos.
Cuando Sasori salió, iba a pedir una carroza para que los llevara pero Sakura le detuvo, tomándole del brazo.
—Mejor caminemos —le había dicho suavemente, como una súplica, pero Sasori lo interpretó como una invitación indecorosa—. Podríamos conversar más, ver más.
Sasori sonrió torcidamente, y le tomo por la cintura, gesto que solo hacían cuando estaban solos, Sakura sentía esos nervios de nuevo.
—Por supuesto.
Una sirvienta le dio una sombrilla a Sakura del mismo color que su vestido y juntos salieron de casa, Orochimaru no se había mostrado en todo el día, así que Sakura le pidió a la sirvienta que se despidiera con él por parte de ella. Aunque ahora su padre pasaba todos los días en casa siempre se la pasaba encerrado, le daba un poco de alivio porque aunque lo amara mucho le seguía teniendo miedo, miedo de que se volviera loco de nuevo y comenzara a quemar la casa, a quemar sus tesoros, a destruir su felicidad. Por eso después de aquello, nunca más volvió a contradecir su palabra.
—Te gusta mucho mirar la naturaleza, ¿no es así? —preguntó Sasori en su trayecto a la ciudad.
—Sí, aunque es una lástima que Suna sea un lugar con tan poca vegetación —Sakura miró las zonas donde solo había tierra. Suna era un desierto, literalmente— pero, aunque fuera un lugar lleno de plantas, la ciudad crecería hasta tal punto de tener que deshacerse de ellas.
—Entonces —Sasori le invitó a que le agarrara del brazo, ella aceptó—, estas aliviada de que víctimas inocentes no sufran por la urbanización.
—Urbanización, industrias, fábricas… —murmuró Sakura, aún así fue escuchado por Sasori—, al final, no solo las plantas serán las afectadas.
—Si no todos nosotros.
Sakura miro con un poco de sorpresa a Sasori. No esperaba que tuviera esa manera de pensar, pero era la verdad. Sakura pensaba que era la única que veía la industria y todo eso de estar modernizándose como algo malo, porque dañaba a las plantas y los arboles, por no mencionar el nuevo crimen de la tala exagerada de arboles. Tenía un poco de pánico pensar que el bosque en el que vivía antes ahora estaba desértico, igual que Suna.
—Lo que está pasando ahora, es algo bueno —dijo Sasori. Sakura bufó, Sasori sonrió—, pero también es algo malo.
—Eso no tiene sentido —masculló ella.
—Es… un efecto pro-contra —explicó él, a Sakura le gustaba eso de Sasori, la manera en la que él le explicaba las cosas con tanta calma, como le daba su tiempo para responder o a veces esperaba alguna pregunta que requiera de una respuesta larga. Le recordaba a un maestro, no como Anko, sino uno más atento—. Aunque la naturaleza no sea beneficiada de esto, muchas personas que hoy no tienen empleo o que están a falta de productos están siendo recompensadas, como nosotros estamos creciendo, la naturaleza está disminuyendo.
—Eso es muy injusto —dijo Sakura, un poco triste—, ¿y por qué nosotros no hacemos algo para que la naturaleza crezca?
—Bueno… —Sasori lo pensó un poco, mientras Sakura esperaba una respuesta como las que siempre le daba—, quizá, cuando nos casemos, podríamos mandar a plantar muchos árboles, los que nadie podrá cortar o hacerse con ellos, ¿qué te parece?
Sasori se había zafado del brazo de Sakura para rodearle los hombros. A Sakura le gustaba eso, tanto que a veces olvidaba el nombre del chico del bosque. Ah sí… se llamaba Sasuke.
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¡Eso todo! Ah~ ya extrañaba la extensa narración de mis Fanfics xD lamento si les molesta la narración, pero siempre he pensado que narrar los hechos es mejor que dialogarlos, o sino, les aseguro que los mejores fanfics Lemon que he leído consiste en pura narración xD
Como pueden ver, Sakura era a pesar de una niña madura (quince años haya en Konoha) una persona muy inocente, debido al aislamiento y poco conocimiento de la vida en el exterior, era como estar en su propio mundo. Al llegar a Suna, conocer a gente mala como Anko y gente neutra como Sai, le enseñó que el mundo no es tan fantástico como ella creía, pero tampoco era tan malo. Una cosa triste, como pueden ver, es que con forme pasa el tiempo, la vida de Sakura cambia, al igual que su forma de pensar, y las personas que la rodean. Comienza a olvidar.
DULCECITO311: ¡Hola! :) (pisa un grillo por accidente, aunque este murió hace mucho lol) Lo siento, sé que es feo eso de tardar mucho, ¡pero entiendanme! tengo que romperme el coco para escribir un capitulo ._. es duro amigos, es duro... Bueno, Sasuke cambió mucho como puedes ver, era un niño alegre, y ahora no lo es tanto, pero no creo que Orochimaru le dejara estar con Sakura de todas maneras. La gente no tiene mucho control de todo lo que sabe, así que apuesto a que Sasuke hará una estupidez :3
ShTee24: ¡*O* Gracias! :3
Muchas gracias por sus comentarios, creo que si este Fanfic no recibiera comentarios no me darian tantass ganas de seguirlo, aunque olvidaba lo bien que me sentía al escribir esta historia, ustedes dos son un amor~ 3
¡Adiós!
