Capítulo 4
Sakura pisó la arena con los pies descalzos, dejó el libro y las gafas de sol en el suelo y se quitó el sombrero de paja que Thea Sophia había insistido en que se pusiera para protegerse del sol. Utilizó el sombrero como abanico y se dio aire con él mientras disfrutaba de la vista que le ofrecía la pequeña cala que había descubierto durante la primera semana y que, desde ese momento, se había convertido en su refugio privado. Tenía que caminar bastante para llegar allí, pero merecía la pena porque allí la arena era fina y suave y el mar cristalino.
Aquél era el día más tranquilo despues de que había llegado a la isla dos semanas antes. Hacía calor y el silencio era tan completo, que habría podido oír el sonido de una hormiga transportando una hoja a cien metros de distancia.
En sus labios se dibujó una irónica sonrisa mientras dejaba que un puñado de arena se le escurriera entre los dedos. Alguien la estaba observando. No sólo podía sentir aquellos ojos sobre sí misma, también sabía perfectamente a quién pertenecían tales ojos. Había oído el helicóptero sobrevolar la isla mientras se dirigía hacia allí y sabía cómo había hecho para encontrarla tan rápido. Seguramente Yanms, el hombre que se encargaba de las pequeñas reparaciones y el mantenimiento de la casa, le habría dicho dónde buscarla.
Le habría gustado saber si a Sasuke se le habría ocurrido pensar que hacer que Yannis la vigilara durante todo el día significaba que a veces su empleado vería lo mismo que estaba viendo él.
En aquel momento tenía dos alternativas: podía darse media vuelta y enfrentarse a él cara a cara o podía olvidarse de que estaba allí y continuar con lo que había ido a hacer.
La sonrisa de sus labios se hizo más amplia al decir que optaría por la segunda opción. De ningún modo iba a demostrarle que sabía que estaba allí; tal comportamiento no encajaba con su plan. Estaba a punto de enseñarle lo que se había estado perdiendo durante el último año. Iba a mostrarle el aspecto que tenía sin todas esas magulladuras que lo habían hecho huir a Atenas y, probablemente, a los brazos de la perfecta Ino.
Le temblaban los dedos mientras deshacía el nudo del pareo que llevaba atado al cuello y el corazón le latía con fuerza cuando dejó caer al suelo lentamente la suave tela india que, al apartarse de su cuerpo, dejó a la vista la piel bronceada y brillante. En los últimos días, había tomado el sollo bastante para adquirir un color más que saludable, y había nadado bastante; así que además de morena, estaba bastante en forma. Al mirarse así misma tuvo que reconocer que estaba estupenda con aquel diminuto biquini.
Fuera quien fuera el que había preparado su equipaje en Inglaterra, estaba claro que se había sentido muy romántico porque había elegido casi todas las cosas que Sakura se había comprado para la luna de miel que no habían llegado a disfrutar. Cosas que de bería haberse puesto para su marido después de haberse convertido también en amantes. El problema era que si nadaba libremente, acabaría perdiendo la parte de arriba del biquini, pero... ¿a quién le importaba?
«Muérete de rabia, Sasuke Uchiha», le dijo en silencio al tiempo que levantaba el rostro hacia el sol y se estiraba con una sensualidad que además hacía resaltar su esbelta y tonificada figura. Allí estaba la mujer a la que había rechazado hacía dos semanas.
A la sombra de un árbol, Sasuke observaba relajadamente el comienzo de su pequeña exhibición. Estaba casi seguro de que Sakura sabía que estaba allí. Tenía que haber oído el ruido de sus pasos por el camino de tierra. Por eso no comprendía por qué estaba jugando con ese puñado de arena. ¿Estaría contemplando la idea de tirársela a la cara a ver cómo reaccionaba?
Estaba enfadada con él y Sasuke lo sabía, porque sabía que debía de haberse sentido muy sola después de la manera en la que la había abandonado allí el primer día. Pero no había podido hacer otra cosa. No habría podido dormir con ella en la que se suponía era su cama de matrimonio, como Thea esperaba, porque ella todavía no era su mujer de verdad. De ningún modo habría podido fingir ser un marido feliz al que el último año le había servido para saciarse de aquella mujer. Si se hubiera acostado a su lado, no habría podido controlarse por muy herida que ella estuviese. Era muy bella, no había más que verla aquellas esbeltas piernas que se ocultaban bajo el pareo que llevaba anudado al cuello y ceñido a la curva que formaban sus firmes pechos. Su pelo cobrizo le caía libremente sobre los hombros, que habían adquirido un suave bronceado desde la última vez que la había visto.
«Vuélvete a mirarme, yenika», le pidió en silencio. Quería que le lanzara esa mirada sensual con la que recorría su cuerpo de los pies a la cabeza y que encendía toda la sexualidad que había en él. Ni si quiera le habría importado pagar el precio de que le tirara la arena a la cara. .
Pero no se volvió. Allí apoyado en el árbol, Sasuke presenció cómo se quitaba el nudo del pareo para después dejar que la tela se le deslizara por la piel hasta aterrizar en el suelo. Fue entonces cuando le dejó de latir el corazón. No podía creer lo que veía, se negaba a creerlo. Seguramente el sol le había jugado una mala pasada, decidió mientras la observaba estirándose como si estuviera saludando al sol.
«Theos», susurró sin poder parpadear siquiera. Había visto muchas mujeres tratando de provocarlo, llegando incluso a desnudarse para atraer su interés; pero jamás habría imaginado vera aquella mujer hacerlo... jamás la habría imaginado con una prenda tan escandalosa.
Quizá no sabía que estaba allí. Quizá se comportaba de ese modo porque realmente creía que no había nadie observándola. Entonces se acordó de Yannis... le había ordenado que la siguiera a todas partes porque no se fiaba de ella, temía que pudiera encontrar la manera de escapar. La idea de que otro hombre pudiera ver a su esposa pasearse con aquellos dos diminutos trozos de tela hacía que dentro de él se desatara una marea de celos primitivos que lo hicieron mirar a su alrededor en busca de algún escon drijo en el que alguien pudiera pasar desapercibido.
Pero enseguida volvió a fijar toda su atención en Sakura, que corría hacia el agua dejando a su paso las pequeñas huellas de sus pies. Se sumergió en el océano de un salto y enseguida desapareció bajo el agua, dejándolo allí, excitado y ansioso, y con la sensación de que lo había imaginado todo.
Sakura nadó disfrutando intensamente de cada brazada. Siempre le había gustado nadar, de pequeña había llegado a competir representando a su colegio y había ganado sus medallas. Y, antes de casarse, había frecuentado la piscina pública. Sin embargo al casarse, Sasuke había cambiado dicha costumbre al encerrarla en Rosemere; la casa tenía su propia piscina, por lo que Sakura había podido seguir practicando. A veces incluso lo había hecho a sabiendas de que Sasuke la observaba, pero jamás le había dejado saber que era consciente de su presencia, había preferido ignorarlo para no demostrarle lo que bullía dentro de ella.
También ahora se esforzó en no mirar hacia donde sabía que se encontraba, aunque lo cierto era que el hecho de saber que estaba allí la llenaba de una loca excitación mientras surcaba la superficie del mar con verdadero placer.
Estaba casi a medio camino de la longitud de la cala, cuando sintió que algo la agarraba la cintura. Lanzó un agudo chillido y a punto estuvo de hacerla ahogar antes de que Sasuke la agarrara y la levantara del agua como si fuera el mismísimo Poseidón.
-¡Provocadora desvergonzada y temeraria! -le gritó bajándola hasta que sus miradas quedaron a la misma altura.
Sakura se sintió resbalar sobre la piel dura y tersa de sus piernas, su pecho... ¡SUS caderas!
-¡Dios! -exclamó volviendo a perder el aliento, aunque esa vez por un motivo distinto-. ¡No llevas nada puesto!
-¿Yo? -preguntó furioso-. ¿Y tú? ¿Qué demonios crees tú que llevas?
Agarrándose a sus hombros, Sakura bajó la mirada de aquellos ojos llenos de ira y comprobó que los pequeños triángulos que formaban la parte de arriba del biquini se habían desplazado dejándole los pezones a la vista. Con un tremendo rubor en las mejillas, abrió la boca para defenderse, pero se encontró con otra boca que se lo impidió con la misma pasión que lo había empujado a perseguirla por el agua.
Aquel beso no se parecía a nada que ella hubiera experimentado antes. Era ardiente, profundo, frenético y lo hacía aún más intenso el hecho de que ambos tenían la respiración entrecortada y el corazón desbocado por culpa del ejercicio. Se agarraban con fuerza el uno al otro mientras sus lenguas bailaban en silencio.
Con una especie de rugido masculino, Sasuke dejó de besarla para, después de mirarla con aquellos ojos ardientes, sumergirse en el agua y cubrir uno de sus pechos con la boca. El movimiento de su lengua sobre el pezón hizo que Sakura emitiera un espontáneo gemido de placer y sorpresa. Al volver a su altura y, con ello, a juntar su boca con la de ella, Sasuke le levantó las piernas y se las puso alrededor de las caderas. La diminuta braguita del biquini no suponía impedimento alguno. Iba a perder la virginidad allí, en medio del océano, con un hombre que se debatía entre la violencia y la pasión más desenfrenada. Y, lo que era peor, no le importaba lo más mínimo.
Notaba ahora sus manos en las nalgas mientras ella sumergía los dedos en su cabello. Había tanto deseo salvaje y tanta impaciencia en aquel beso, que Sakura se sintió mareada.
Y de repente él la empujó alejándola de sí. Sakura acabó con la cabeza dentro del agua y, para cuando tuvo tiempo de reaccionar y salir a la superficie, él ya iba camino de la orilla.
Jamás nadie, ni siquiera Sasuke, la había hecho sentirse tan rechazada y humillada. Durante unos segundos, pensó que iba a desmayarse. Si al menos pudiera nadar hasta la playa y tratar de deshacerse de aquella terrible sensación... Pero con aquel beso, Sasuke parecía haberla despojado de toda su fuerza. Lo vio salir del agua; aquel cuerpo fuerte, bronceado y tremendamente masculino no parecía sentir la más mínima vergüenza. No se volvió a mirarla siquiera una vez y Sakura se odió a sí misma por haberle respondido con tanto entusiasmo. Podía sentir los pezones todavía endurecidos y los muslos tensos de haber estado apretados contra sus caderas. Aquél había sido el primer contacto directo con la evidente excitación de un hombre.
Necesitó toda energía de que disponía para conseguir volver a nadar y dirigirse a la orilla tras él. Cuando Sakura alcanzó la playa, él ya se había puesto los pantalones. Se agachó para agarrar el pareo y, sin apenas volverse a mirarla, se lo lanzo.
Sasuke pensó disculparse, pero ya lo había hecho antes y no conseguiría nada. Además, lo cierto era que no sentía haberse comportado como lo había hecho. Estaba enfadado y excitado; todavía podía sentir sus piernas rodeándole las caderas, su sabor en la boca. Tenía un terrible dolor entre las piernas que amenazaba con apoderarse de él.
-No quiero que vuelvas a ponerte una prenda como ésa, que ni siquiera podría llamarse biquini - oyó sus propias palabras y se dio cuenta de que parecía un padre autoritario, y eso no le gustaba nada. Resopló con fuerza y, ahora sí, se volvió a mirarla.
Sakura trataba de anudarse el pareo al cuello. El pelo le caía sobre los hombros, pero nunca la había visto tan apagada.
- Cuando por fin hagamos el amor, no será en un lugar público y a la vista de cualquiera - añadió él.
-Mejor en un dormitorio cerrado con llave, quizá - sugirió Sakura - Qué aburrido y convencional para alguien como tú.
Apagada pero no muerta, matizó Sasuke al oír su burla y no pudo evitar esbozar una sonrisa.
- Pero más cómodo - replicó entonces con sequedad - Apenas hacía pie ahí adentro, no sé cómo he conseguido mantenernos a flote. Así que, con ejercicio físico, habríamos acabado ahogándonos.
- Yo sé nadar.
- No podrías hacerlo conmigo dentro de ti, agapi mu - aseguró con una seductora sonrisa en el rostro - Créeme, habrías preferido ahogarte antes que dejar que me alejara de ti.
Por fin había conseguido atarse el pareo y tenía las mejillas rojas como el carmín, cosa que Sasuke disfrutó enormemente. Si bien la mirada que le lanzó debería haberlo hecho sentir mal, no lo hizo, pues su poder viril seguía de manifiesto.
-Parece que confías mucho en tu habilidad -comentó ella mientras recogía el resto de sus cosas -¿No dicen que los que más presumen son también los que resultan más decepcionantes?
- Yo jamás decepciono - aseguró con la arrogancia de siempre.
- Bueno, pues si esperas a que se haga de noche para demostrarlo, puedo fingir que eres otra persona y quizá así no me decepciones. - y con tan expresivo y maligno comentario, Sakura se puso el sombrero y comenzó a caminar hacia el camino. Cualquiera se habría ofendido y habría corrido tras ella para hacerla tragarse aquellas palabras, pero Sasuke no era cualquiera, así que recogió tranquilamente sus cosas y caminó detrás de ella, planeando vengarse de un modo más... sutil. .
Entonces recordó algo que lo hizo fruncir el ceño y acelerar el paso hasta ponerse a su altura.
Al oírlo acercarse, Sakura se puso las gafas para taparse los ojos y caminó más rápido. Vio de reojo al hombre ataviado con camisa blanca y pantalones negros, pero su mente sólo podía recordar al hombre desnudo de poderosos músculos... y otras cosas igualmente poderosas.
- Yo crecí en esta isla - le dijo en tono coloquial y desenfadado - Solía recorrer este camino todos los días después del colegio para ir a nadar a la cala. Allí solía pescar.
- ¿Tú pescabas? - preguntó Sakura sin darse cuenta y, automáticamente, se enfadó consigo misma por que había decidido no hablarle.
- ¿Es que crees que nací poderoso y arrogante? - bromeó Sasuke - Solía venir a pescar por las tardes, el único amigo que tenía era mi guardaespaldas.
Estaba apelando a su compasión por el pobre niño rico, siempre sólo y aislado del mundo por culpa del poder y el dinero de su padre.
- Mis padres siempre estaban fuera haciendo cosas importantes, así que yo apenas los veía - continuó contándole -. La que me crió fue Thea Sophia, y me enseñó los valores que hay que tener en la vida. Pescando aprendí a sobrevivir solo por si alguna vez lo necesitaba. Siempre me preocupaba que algo horrible les ocurriera a los que vivían en la isla conmigo y entonces yo me quedaría solo. Mi padre tenía enemigos que podrían utilizarme para vengarse, así que antes de los seis años, ya tenía una amplia variedad de escondrijos distribuidos por la isla para cuando vinieran a por mí...
-¿Hay algún motivo para que me cuentes todo esto? -preguntó Sakura negándose a sentir compasión por él.
-No - respondió cosa que no hacía a menudo-. Crees que eres la única que ha tenido una vida poco estable, pero no es así - aseguró con frialdad. - Yo también he sufrido lo mismo y reconozco el tipo de persona que eres porque yo también soy así.
Sakura apretó el libro con fuerza e intentó no preguntarle lo que le estaba pidiendo a gritos que preguntara, pero no pudo evitarlo:
- ¿ y qué tipo de persona es ésa?
- Una que se esconde detrás de un cuidadoso escudo para protegerse del miedo y del rechazo que había sentido toda la vida.
Desde luego sabía describir lo que era sentirse rechazado, pensó Sakura furiosa.
- Qué tontería - espetó ella - Por favor, ahórrame toda esa basura psicológica, Sasuke. No sé a qué viene todo esto ni quiero saberlo.
- Sólo intentó que nos conozcamos mejor el uno al otro.
- ¿Para qué? ¿Para poder conseguir llevarme a la cama por fin antes de dejarme para ir a otros prados más verdes? -añadió amargamente-. Por si no lo has notado, he sido una presa fácil ahí dentro, en el agua -Dios, dolía admitido-. Así que no hace falta que me conozcas mejor para conseguir lo que quieres.
- Siempre has sido una presa fácil, cara -contraa tacó Sasuke sin piedad. - Lo que ocurre es que yo me he negado a tomar lo que estaba ahí esperándome.
Sakura se detuvo en seco y lo miró fijamente. -Parece que te gusta humillarme.
-No. Sólo intentaba...
Ella continuó caminando, pero más rápido. -Escúchame -le pidió Sasuke poniéndose a su altura de nuevo.
-¿ Quieres que escuche que te casaste conmigo porque soy la pareja perfecta? ¿Una a la que puedes usar y luego abandonar a tu antojo y no protestará porque está acostumbrada al rechazo y al aislamiento que le has impuesto?
-¡Me casé contigo porque era eso o acostarme contigo sin el maldito anillo!
-¡No era más que un trato de negocios! -exclamó ella con una fuerza que hizo eco en los árboles. Volvió a detenerse, pero esa vez puso el pie sobre algo que la hizo agacharse y exclamar de dolor.
-¿ Qué te pasa?
-Nada -respondió frotándose el talón con la mano-. Además... nunca nos hemos acostado -le recordó furiosa- ¡Ni siquiera hemos dormido en la misma habitación!
-Eso está a punto de cambiar.
Sakura no quería escuchar nada más, así que continuó caminando tratando de no hacer caso del temblor que le sacudía el cuerpo a causa de la ira y de Dios sabía qué otra cosa. Desde el camino ya podía ver el tejado de la casa y el helicóptero parado cerca de la piscina. Parecía idilico... un paraíso. Y ló había sido hasta que había aparecido Sasuke y había hecho añicos la tranquilidad que ella se había construido en los últimos días.
Lo odiaba tanto que no era de extrañar que le hirviera la sangre en las venas.
Volvió a hacerlo y volvió a agarrarla por sorpresa, dándole la vuelta para obligarla a mirarlo y, al hacerlo, el sombrero, las gafas y el libro salieron volando por los aires. Antes de que pudiera hacer nada, Sakura se encontró con una boca que reclamaba la suya y que la besó apasionadamente mientras unas manos recorrían su cuerpo libremente los muslos, las caderas, la curva de las nalgas, desnudas bajo el fino pareo... y se aferró a él sin pensarlo dos veces, presionando los pechos, con los pezones erectos contra su pecho. Había estallado sin previo aviso, como si cada encuentro erótico diera lugar al siguiente. Sasuke se alejó un poco de ella y la miró con los ojos empapados de deseo.
-¿Quieres que lo hagamos aquí y ahora, Sakura? ¿O quizá deberíamos volver al mar y acabar lo que hemos empezado allí? ¿O habrías preferido que lo hubiéramos hecho hace dos semanas, cuando estabas herida en la cama del hospital? También podríamos haber matado las horas muertas del vuelo hacia aquí, ¿no? Incluso podríamos ir hasta nuestra noche de bodas, estabas tan asustada que sólo un monstruo habría intentado algo contigo. No -dijo agarrándola del brazo-. No te dejaré que te vayas -añadió acercándola más y más- ¿Entiendes lo que trato de decirte? Míranos, cara -le insistió con algo más de dulzura- Los dos estamos acostumbrados a ocultar nuestra verdadera personalidad, pero lo cierto es que sentimos una pasión más fuerte que nosotros mismos.
-Pero sólo cuando tú tienes tiempo y te apetece.
-¡Pues ahora me apetece! -espetó él- Y si te niegas a escucharme, quizá acabe con esto aquí mismo, apoyados en un árbol, con tus rodillas bajo mis brazos, y tus pies clavándoseme en la espalda.
Tan gráfica y detallada descripción hizo que Sakura lo empujara y tratara de alejarse.
-¡Está claro que has probado antes esa postura! - Sasuke se echó a reír, tan desconcertado ante aquel ataque, que supo que no podría defenderse.
El sonido de un helicóptero los interrumpió y le evitó a Sasuke tener que buscar una excusa.
-Tenemos visita -murmuró él después de maldecir.
-¿Quién es? -preguntó Sakura mientras veían cómo iba descendiendo el aparato hasta aterrizar junto al otro.
Hubo un momento de silencio en el que Sasuke no dijo nada y Sakura se volvió a mirarlo, no parecía muy contento.
-Mí madre -dijo él.
Perdon por el retraso! Tengo muchas cosas en esta cabeza que creo q voy a colapsar! Pero aqui estoy actualizando una vez mas!
Ojala les guste este capitulo...Nos vemos en unos dias mas!
