Perdon la demora, pero aqui esta el Capitulo =)
agapi mu: amor mio
Capitulo 5
SU madre...
A Sakura se le cayó el alma a los pies. La bella, elegante y siempre distinguida Mikoto Uchiha estaba de visita e iba a verla con ese aspecto: mojada, despeinada y desencajada por la pasión.
-¿Tú sabías que iba a venir? -le preguntó con un hilo de voz.
-No -respondió él suavemente antes de corregir-. Sí... Me dijo que iba a venir, pero yo le dije que no se molestara. Aunque es cierto que sabía que no me haría caso.
Sakura le lanzó una mirada asesina.
-¿Y no pensaste que sería buena idea avisarme?
-Estábamos ocupados hablando de otras cosas. Lo olvidé.
Lo olvidó...
-Y supongo que tenía la esperanza de que me hubiera hecho caso por una vez en la vida...
Sakura se tragó la respuesta que iba a darle y continuó caminando en silencio hacia la casa mientras Sasuke maldecía entre dientes. Sabía que madre e hijo no tenían una buena relación, en realidad se trataba de una relación bastante fría. Se veían y se daban un beso, pero después no hacían más que lanzar se comentarios mordaces era como estar en medio de un campo de minas, por eso cuando estaba con ellos, solía mantenerse quieta y callada.
Tampoco se veían a menudo, Sasuke hacía su vida y Mikoto la suya... lo normal teniendo en cuenta que se trataba de Sasuke, pensó Sakura. Las pocas veces que había estado con ellos juntos había sido en aquellos encuentros sociales a los que Sasuke la arrastraba para guardar las apariencias mientras Ino esperaba el regreso de su amante.
Sintió un escalofrío al pensar aquello.
Desde la distancia, Sakura observó a Mikoto fundirse en un abrazo con Thea Sophia, que había salido a recibirla. Fue tal sorpresa ver a la sofisticada madre de Sasuke vestida de seda color lavanda abrazar cariñosamente a la anciana Thea Sophia desde lejos, que jamás lo habría creído si no lo hubiera visto con sus propios ojos.
¿De dónde había salido tanto afecto? Desde luego nunca habría imaginado que Mikoto Uchiha fuera capaz de demostrar tanto cariño. Debía de tratarse de las dos caras de la familia Uchiha. Allí estaba su hijo, que durante el noventa y nueve por ciento de su matrimonio, había mostrado una frialdad casi insoportable y sin embargo acababa de demostrarle que dentro de él había mucha pasión contenida. Claro que cualquiera adoraría a Thea Sophia.
Al ver a las dos mujeres entrar en la casa, Sakura no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas. Era una estupidez emocionarse por ver aquella demostración de afecto entre la madre y la tía de Sasuke, pero eso era exactamente lo que sentía. Mikoto nunca la había recibido con tal efusividad, a ella siempre la saludaba con un beso al aire en lugar de en las mejillas. ¿O acaso era ella la que evitaba cualquier demostración de afecto? ¿Habría sido ese escudo defensivo que había mencionado Sasuke lo que había mantenido a distancia a su suegra? No lo sabía. Ni siquiera sabía si Mikoto estaba al tanto de la verdad sobre el matrimonio de su hijo.
Cuando Sakura llegó a la casa, las dos mujeres estaban cerca de la piscina. Ella fue directamente a la ducha para al menos limpiarse la arena de los pies. Uno de ellos le seguía doliendo bastante después de haber pisado aquella piedra puntiaguda, pero no pudo comprobar cómo lo tenía porque sintió que Sasuke la había alcanzado y se volvió a mirarlo. Estaba dejando todas sus cosas sobre la mesa y estaba impresionante con el pelo todavía mojado, los pies descalzos y aquella ropa informal; era puro sexo.
Apartó la mirada al sentir que se dirigía hacia ella, pero enseguida notó su mano en la espalda y vio su pie junto al suyo bajo el chorro de agua.
Después sintió también su boca junto al oído. -Nos están observando -le avisó con un susurró, previendo que ella intentaría escapar.
Sakura no se movió, siguió aclarándose los pies pegada a él.
-Estás temblando. Me gusta -señaló Sasuke en un tono muy sexy y después se rió suavemente, lo que provocó que el temblor y el calor de Sakura aumentaran.
-Estoy temblando porque estoy enfadada contigo -respondió ella - Mírame, Sasuke - le pidió duramente - Estoy mojada y llena de sal y arena; así es como voy a tener que ver a tu madre. Deberías haberme avisado para que al menos tuviera tiempo de ducharme y cambiarme antes de que ella llegara. Además... seguramente se haya enterado de lo que dicen de nosotros en todos los periódicos –añadió con tristeza.
-Y eso te preocupa.
-Igual que a ti. Si no, no me habrías escondido aquí.
Se retiró de ella unos centímetros.
-No te traje aquí para esconderte.
-Claro que sí. Igual que me has tenido escondida durante el último año.
-¿Por eso decidiste vengarte y atraer mi atención teniendo una aventura con otro?
-Eso es tan típico de ti, tan arrogante... -intentó alejarse, pero él se lo impidió poniéndole la mano en la cintura. Sakura resopló con frustración- Iba a abandonarte, Sasuke -afirmó tajantemente- Y esperaba no volver a verte jamás.
-Hace un rato no parecías esperar eso; no me ha parecido que hicieras el menor intento de marcharte. De hecho... -se volvió a mirada frente a frente. - Yo diría que querías aún más.
-Eso sólo era sexo.
-¿Tan familiarizada estás con la práctica como para darle tan poca importancia?
Sakura no contestó. Lo miró de arriba abajo y deseó que desapareciera de su rostro aquella expresión de estar a punto de volver a saborear su boca... y todo su cuerpo.
-Estábamos hablando de tu madre -le recordó bajando la vista.
-Ha venido a hablar de algunos asuntos familiares.
-Bueno, quizá ella pueda llevarme cuando se marche de la isla.
-¿Crees que voy a permitirlo?
Sus ojos verdes se clavaron en los de él.
-¿Te atreverías a repetir que no me estás escondiendo?
Sasuke se acercó a ella y la besó en la boca; no con el ardor y el ímpetu de antes, sino lentamente, pero con la pasión suficiente para hacerla responder.
-Por eso estás aquí, agapi mu -murmuró al volver a levantar el rostro-. Vamos a empezar a ser marido y mujer de una vez por todas. Después ya veremos si sigues queriendo marcharte.
Podía decir aquello en aquel tono de voz porque ella había respondido, porque su mano seguía sobre la piel bronceada de su brazo. Quizá aquella bella, desafiante y contradictoria mujer no quisiera desearlo, pero lo deseaba apasionadamente, pensó Sasuke apesadumbrado.
Se alejo de ella dejándola allí petrificada y sabiendo que había ganado aquella pequeña batalla.
Ya en el vestíbulo, Sasuke observó la llegada de Sakura y tuvo que apretar los dientes para no quedarse boquiabierto y mantener bajo control otras partes de su cuerpo. Con la luz del sol a su espalda, parecía una ninfa recién salida del mar. Si hubieran estado solos, la habría levantado en brazos y se la habría llevado al dormitorio a terminar lo que habían empezado en la playa. Ya le había comunicado que tenía la intención de empezar a tener una verdadera esposa y, por lo indecisa que parecía haberse quedado, estaba claro que sabía que no podría hacerlo cambiar de opinión.
Sasuke no pudo evitar imaginarse desnudándola, despojándola de la poca ropa que llevaba; aunque quizá le dejara las diminutas braguitas del biquini. Besaría aquellos muslos y aquellas caderas, los recorrería con la lengua hasta que ella le suplicara que le quitara dicha prenda. Así era como la quería, suplicante, invitándolo a entrar en su cuerpo, abrazándolo y...
Frunció el ceño de repente.
-Sube a cambiarte mientras yo entretengo a nuestra invitada -le sugirió.
-Pero tu madre pensará que soy una maleducada por no... .
Sasuke la miró de arriba abajo, observando la tela india, que, ahora que estaba mojada, poco podía hacer por ocultar la falta de ropa interior.
-Confía en mí, te encontrarás mejor si te cambias de ropa.
-Tú tampoco estás muy presentable -replicó Sakura ruborizada, pero con la fuerza suficiente para contraatacar.
-La diferencia está en que a mí no me importa lo que los demás piensen de mí cuando me miren -arguyó él con una sonrisa en los labios.
Seguramente era porque se las arreglaba para seguir estando guapísimo a pesar de ir descalzo y tener la camisa mojada, pensó Sakura mientras subía las escaleras sin decir nada más.
Si se hubiera vuelto a mirar, lo habría visto abrocharse la camisa rápidamente y peinarse con las manos; por no hablar de la expresión de su rostro, que cambio de una relajada indiferencia a un gesto sombrío.
Lo cierto era que aquella intrusión de su madre llegaba en el momento más inoportuno. Cuando lo había llamado a Atenas con la urgencia de verlo, lo último que había esperado Sasuke era que se invitase a la isla sin hacer el menor caso de su petición de que no fuera. Aunque, ahora que ya estaba allí, la verdad era que él también tenía algunos asuntos que quería resolver con ella para quitárselos de la cabeza y poder dedicar todos sus esfuerzos a la seducción de su bella esposa.
Con sólo recordar a la increíble criatura que había descubierto en la cala, se excitaba. Sakura había cambiado las reglas del juego con aquel comportamiento tan provocativo, pero lo que preocupaba a Sasuke, era el motivo por el que lo habría hecho. Como ella misma le había recordado, sólo tres semanas antes había estado a punto de abandonado por otro hombre.
Un hombre con el que ella había intentado ponerse en contacto desde su llegada a la isla; pero, como le había pasado a Sasuke ya sus ayudantes, Sakura había comprobado que Naruto parecía haber desaparecido de la faz de la tierra. Quizá se había asustado de la repercusión que podía tener la noticia del accidente, pues habría imaginado que el marido de su amante iba a descubrir su aventura. Si era así, el francés debería haber pensado en dichas repercusiones antes de incitar a Sakura a escapar.
Pero eso no era lo que le preocupaba a Sasuke en aquel momento, cuando estaba a punto de abrir la puerta del salón. Sakura seguía tratando de ponerse en contacto con ese cobarde y sin embargo había respondido a él llena de deseo. ¿Lo habría utilizado como sustituto de su nuevo amor? ¿Acaso aquel desgraciado había despertado su sexualidad de tal modo que, después de sólo tres semanas, necesitaba un hombre que la satisficiera, a pesar de que pensaba que ese hombre tenía una aventura con otra mujer?
Con la ira de pensar que otro hombre pudiera tomar lo que le pertenecía, abrió la puerta del salón y se encontró con el inconfundible olor del perfume de su madre y con la luminosa sonrisa de su tía. Lástima que él no sintiera la misma alegría al ver a la invitada.
-Bueno, madre, vayamos al grano. Tengo cosas más importantes que hacer que escuchar tus problemas con los negocios.
-Parece que tú ya has solucionado tus... negocios, caro -dedujo su madre irónicamente observando su aspecto todavía desaliñado-. Y yo que pensaba que por fin mi hijo Sasuke sabría lo que se sentía cuando tu matrimonio se hunde.
-Tu matrimonio no se hundió, lo hundiste tú -corrigió él incisivamente.
-Si os vais a pelear, .yo me marcho -intervino Thea Sophia borrando la sonrisa de su rostro-. A lo mejor os apetece daros un abrazo antes de arrancarse la piel a tiras.
Quince minutos después, apareció Sakura después de darse la ducha más corta de la historia, secarse el pelo con una toalla y decidir qué se ponía. El hecho de disponer sólo de las cosas que había comprado para su luna de miel le había puesto las cosas bastante difíciles porque eran prendas ya pasadas de moda y que había comprado pensando en Sasuke y en el romance que iban a compartir. Lo cierto era que el ajustado vestido verde sin mangas por el que había tenido que decidirse no la hacía sentirse demasiado segura frente a la elegante y siempre a la moda Mikoto.
Tardó un segundo en darse cuenta de que había entrado en el campo de batalla. Madre e hijo estaban sentados frente a frente mirándose de un modo tan hostil, que sólo un loco se habría puesto en medio. Sakura se sonrojó al ver la mirada de Sasuke dirigirse a ella y apreciar lo corto y ajustado que era su vestido.
-Hola, Sakura - la suave voz de su suegra la hizo mirar hacia ella - Estás tan guapa como siempre, cara -añadió poniéndose en pie para besar el aire en lugar de sus mejillas. Aparentemente no se detuvo en analizar su indumentaria, pero Sakura sentía que lo reprobaba sin decir nada -Y este pelo tan maravilloso... conozco un estilista en Milán que te lo dejaría...
-Deja en paz el pelo de Sakura - intervino Sasuke levantándose de la silla - A mí me gusta como está.
-No seas brusco, hijo. Sólo estaba diciendo que, si me llevara a Sakura una semana a Milán, la convertiría en...
- Repito, madre - la interrumpió de nuevo - Deja en paz a Sakura. A mí me gusta tal cual es.
-Por supuesto que te gusta. Pero...
-Exquisito, mi amore - le susurró Sasuke al oído antes de darle un beso en la mejilla - No le hagas caso, no necesitamos otra esclava de la moda en la familia.
-Yo no soy una esclava de la moda! -protestó su madre.
-Vamos, mamá, las firmas de moda de toda Europa besan el suelo por donde pisas -argumentó Sasuke mirándola fijamente - Lo peor es que ni siquiera te has dado cuenta de que estarías estupenda con cualquier cosa que te pusieras, los diseñadores deberían pagarte por que llevaras su ropa.
- Ya lo hacen -respondió Mikoto -. Vete a cambiar de ropa - le ordenó suavemente señalándole la puerta - Tienes la habilidad de hacer que un cumplido suene como un insulto y eso me confunde.
Sasuke no intentó siquiera aclararle si la había piropeado o insultado. Estaba enfadado, pensó Sakura, así que seguramente había sido un insulto. Sin embargo obedeció la orden de su madre con un gesto con el que le aseguró a Sakura que volvería enseguida. Al cerrarse la puerta, las dos mujeres se quedaron a solas y en silencio.
-Como habrás percibido, estábamos discutiendo cuando has entrado. Sasuke pretende que las cosas siempre se hagan a su manera, pero no siempre es posible.
Por el modo en el que apartó la mirada de ella, Sakura se preguntó si la discusión habría tenido algo que ver con ella. O con los rumores que corrían sobre su matrimonio.
-Los hombres fuertes son así - se oyó Sakura decir a sí misma... como si supiera algo de él.
-¿Crees que Sasuke es fuerte? le preguntó Mikoto pensativa - A mí me parece una arrogancia creer que voy a sacrificar mi... Ay, no hablemos de ello - se detuvo en el momento en el que iba a decir lo que más le interesaba a Sakura - Háblame del accidente y de tu recuperación, que es mucho más interesante.
Cuando Sakura había acabado de dar todos los detalles que estaba dispuesta a compartir con su suegra, apareció Thea Sophia con una bandeja cargada de aperitivos. Mikto trató de quitársela de las manos, pero, como Sakura estaba segura de que pasaría, no pudo hacerlo.
-Déjame ser útil, Mikoto. Si no, lo único que me quedará será acostarme y esperar que Dios me lleve.
-Vamos, Thea -comenzó a decir Mikoto con una tierna sonrisa en los labios - Lo que tienes que hacer es divertirte un poco. ¿Cuándo fue la última vez que saliste de este islote?
-Este islote es la tierra de los Uchiha - respondió Thea Sophia - y puede que a ti no te guste, pero a mí me encanta vivir aquí.
-Eso no responde a mi pregunta.
-No recuerdo cuándo fue la última vez que salí de aquí.
-Pues va siendo hora de que lo hagas. Como Sasuke no deja que transforme a su esposa, creo que te llevaré a ti a Milán y te encontraré un hombre que te quite de la cabeza la idea de esperar a que Dios te lleve.
Para sorpresa de Sakura, la anciana se echó a reír encantada. .
- Cualquiera sería viejo para satisfacer mis pasiones ocultas.
- Hoy en día no, carisima - aseguró Mikoto - Ahora existe la Viagra. No, Sakura, siéntate aquí conmigo - dijo de pronto al ver que Sakura se iba a sentar en el otro extremo de la habitación.
-Qué pícara - dijo Sophia mientras Sakura hacía lo que le había pedido su suegra - Si mi sobrino siguiera vivo, te encerraría en tu habitación por hablarme de ese modo.
- Ay, cuatro años y sigo echando de menos a Dimitri - suspiró Mikoto con añoranza.
-Yo tenía veintitrés años cuando la guerra me quitó a mi Gregoris dejándome viuda y todavía lo echo de menos cada día.
Sakura no tenía idea de que Thea Sophia hubiera estado casada.
-¿Echas de menos su pasión, Sophia? -preguntó Mikoto en tono travieso.
-¡Claro! Era un hombre fuerte y guapo... como todos los Uchiha. La cama se me hizo enorme durante años.
-Te comprendo - afirmó Mikoto -. Quizá deberíamos ir a Milán y buscarnos un par de hombres. No es bueno sentirse sola en la cama. Te habría encantado mi marido, cara -dijo dirigiéndose a Sakura - Sasuke se parece mucho a él: como una roca por fuera, pero siempre dispuesto a protegerte. El problema era que era tan celoso y posesivo, que nunca quería perderme de vista.
-¿Qué es esto... un velatorio? - Sasuke apareció con unos pantalones beige y una camisa blanca perfectamente seca y planchada.
-Tu padre fue el amor de mi vida - declaró su madre con tristeza.
-Puede que lo fuera, pero tú...
Terminó la frase con unas palabras en italiano que dejaron literalmente congelado el ambiente y a Mikoto pálida. Sakura se preguntó qué habría dicho para dejar a su madre tan destrozada con sólo unas palabras y, a juzgar por la expresión de su rostro, ya se estaba arrepintiendo de lo que había dicho; pero no se disculpó. Sakura lo miró con dureza y se volvió hacia Mikoto.
-La verdad es que la idea de ir a Milán parece muy emocionante - dijo Sakura - Y me muero de ganas de cortarme el pelo... muy corto - añadió al ver cómo se le iluminaba el rostro a su suegra - Quizá vaya con vosotras. Será divertido comprar ropa y cambiar de imagen...
-Recupérate del todo antes de hacer planes –la interrumpió Sasuke tajantemente. .
-Ya estoy recuperada - aseguró Sakura sin dejarse intimidar - Dos semanas bajo el atento cuidado de Thea Sophia me han sentado de maravilla.
- Has sido muy buena paciente - intervino la aludida - Deberías haber visto los hematomas que tenía - le dijo a Mikoto - No me extraña que Sasuke no aguantara ni mirarlos. ¿Dónde estaba su espíritu protector cuando esta pobre criatura se estrelló contra aquel árbol? Tenía la piel morada desde aquí hasta aquí - explicó dibujando con la mano la marca que había tenido en el pecho y en el vientre.
Sakura vio cómo Sasuke fruncía el ceño al oír tan gráfica descripción.
- ¿Quién querría volver a ponerse un cinturón de seguridad después de eso? Es una barbaridad.
- Habría sido peor si no lo hubiera llevado puesto - aseguró Sasuke - Lo cierto es que Sakura tuvo suerte de que no le ocurriera algo más grave.
-Y mientras tú al otro lado del mundo saliendo en los periódicos...
- Creo que es suficiente, Sophia... - cortó Mikoto con suavidad antes de mirar el rostro lívido de Sakura y la frialdad del de su hijo.
Thea Sophia farfulló algo en italiano y se dispuso a servir lo que había en la bandeja.
A Sakura le habría gustado salir corriendo, pero no creía que le hubieran respondido las piernas, así que tomó un sorbo del café que le había servido Thea Sophia y trató de tragarlo junto al nudo de humillación que le bloqueaba la garganta.
Sabía que el fracaso de su matrimonio era vox pópuli, por eso no entendía por qué le había molestado tanto oír aquel comentario. Podía notar la mirada de Sasuke clavada en ella, así que decidió hablar antes de que el llanto se apoderara de ella:
-¿Cuánto tiempo tienes pensado quedarte? – le preguntó cordialmente a su suegra.
La mirada de compasión de Mikoto le dolió casi más que las palabras de Thea Sophia.
-No se va a quedar - respondió Sasuke sin dar oportunidad a que lo hiciera su madre y lo hizo de un modo tan tajante que resultó grosero.
Pero Sakura hizo oídos sordos a su contestación.
-Estaría muy bien que te quedaras unos días - sugirió con voz temblorosa - Tendríamos oportunidad de conocemos un poco mejor... .
-Mi madre nunca se toma la molestia de conocer a nadie, agapi mu - volvió a intervenir Sasuke cargado de odio - Tiene una vida demasiado complicada, ¿verdad, madre?
Mikoto cerró la boca, pero enseguida volvió a abrirla e hizo lo mismo que Sakura, hacer caso omiso de las interrupciones de su hijo:
-Me temo que no puedo quedarme - murmuró excusándose - He venido porque tenía que hablar de negocios con mi hijo.
-¿Sólo de negocios? - se burló él.
Sakura ya no aguantaba más. Dejó la taza sobre la mesa y se puso en pie.
-¿Se puede saber qué te ocurre? - dijo clavándole la mirada - Intentar mantener una conversación agradable contigo cerca es como vivir en un periódico sensacionalista... ¡siempre con sarcasmo e insinuaciones!
-Y parece que has decidido ponerte a mi altura
-¿Por qué no te callas de una vez? -gritó Sakura atrayendo la atención de Thea Sophia y haciendo que Mikoto la mirara con los ojos abiertos de par en par - ¿Sabes cuál es tu problema, Sasuke? Sigues siendo el muchacho desconfiado que nadaba solo. ¡Te has olvidado de crecer!
-¿Yo? - Sasuke se puso en pie frente a ella - ¿ Y tú dónde has estado este último año?
-Donde tú me pusiste... hasta que me harté - respondió Sakura furiosa, con las mejillas y los ojos en cendidos
-Y decidiste que sería divertido estrellarte contra un árbol... .
¿Divertido? ¿Pensaba que lo había hecho para divertirse?
-Bueno, todos sabemos lo que estabas haciendo tú porque te aseguraste de que los periódicos lo publicaran - contraatacó ella - ¿Te gustaría que contara lo que estaba haciendo mientras me «divertía» estrellándome contra un árbol?
-Cuidado, Sakura.
Ahora hablaba realmente en serio. Se podía cortar la tensión con un cuchillo. Sakura levantó la barbilla, haciendo frente a la mirada amenazadora de Sasuke a pesar de la diferencia de altura.
¿Debía decírselo? Continuaron mirándose mientras las dos espectadoras deseaban ayudarla a deshacerse de tanta furia y a luchar contra la arrogancia y el orgullo de Sasuke, que no se movía, ni siquiera parpadeaba. Parecía estar advirtiéndole que no lo hiciera y al mismo tiempo retándola a hacerlo.
La furia se transformó en otra cosa. Enfrentarse a Sasuke se estaba convirtiendo en una especie de droga que tenía que suministrarse continuamente. Sakura abrió los labios temblorosos, pero la expresión de aquel rostro masculino y feroz no cambió, aunque sabía lo que se avecinaba...
Entonces otra voz rompió la tensión del momento:
-Sakura, querida, ¿sabes que te está saliendo sangre del pie...?
Celbrando la resolucion del Presidente para cambiar de ubicacion la Termolectrica!
PUNTA DE CHOROS PARA RATOOO! =)
