Capítulo 7
Mientras la veía moverse con la melena balanceándose sobre la espalda y ayudándola a esconder su desnudez, Sasuke se preguntó cómo lo había llevado hasta aquella deliciosa trampa. Su cuerpo respondió de inmediato. No había utilizado nada, ni siquiera se le había pasado por la cabeza la idea de utilizar protección para no dejarla embarazada... y no lo había hecho porque tuviera un motivo oculto, aunque entendía que Sakura creyera que ése había sido el motivo. No, por primera vez en su larga vida sexual, había estado demasiado inmerso en lo que ella lo había hecho sentir.
Había sido algo completamente diferente a nada que hubiera experimentado en su vida.
-Theos -resopló mientras observaba su propio cuerpo, otra vez excitado y a la espera de más de lo que acababa de recibir.
Su cuerpo apreciaba la diferencia. Él apreciaba la diferencia. Miró la puerta cerrada del baño y se preguntó qué diría Sakura si le confesase que no había sido ella la única que acababa de tener su primera vez en aquella cama. No, no era una buena idea. Su embriagadora esposa ya no era virgen, pero la dura visión que tenía de él seguía intacta.
Además, ¿cómo podría hacerla creer que no había tenido segundas intenciones, que simplemente había perdido la cabeza? Y parecía que su cuerpo no lo iba a ayudar porque quería más, más sexo libre, salvaje y sin protección junto a la bella y excitante mujer que acababa de abandonar su cama, y no era cualquier mujer, era su mujer.
Qué bien le sentaba decir aquellas dos palabras.
Por fin era su mujer de verdad. ¿Por qué no querer sembrar las semillas de dicha unión? ¿Por qué no atar a la bella y cínica Sakura tan fuerte que jamás deseara volver a intentar abandonarlo?
No podía ni imaginarla huyendo con ese francés. ¿Quién demonios era ese tipo que creía que podía arrebatarle a su mujer de ese modo? ¿Qué tendría para que Sakura hubiese deseado huir con él hasta tal punto que lo había planeado una semana antes?
Pero lo que más le preocupaba, lo que lo torturaba hasta hacerlo retorcerse en la cama era la posibilidad de que Sakura hubiese ido tan rápido porque él la había abandonado en el último momento. ¿Le habría roto el corazón?
¿Estaba enamorada de ese tipo?
¿Acaso le había dejado hacerle el amor porque ya nada le importaba? Bueno, el caso era que el francés no la había tomado, se dijo a sí mismo Sasuke, lo había hecho él. Por fin habían consumado el matrimonio y eso no cambiaría nunca, pasara lo que pasara. Ahora Sakura era suya y tendría que acostumbrarse a serlo porque tenía la intención de mantenerla tan ocupada haciendo el amor, que cuando quisiese darse cuenta, el francés no sería más que un vago recuerdo.
La decisión estaba tomada, pensó algo más relajado. Dentro de un par de segundos, entraría en el baño y se reuniría con ella en la ducha, consolidaría su nueva relación plantando otra semilla, pero sobre todo, haría que Sakura volviera a enamorarse de él. Podía hacerlo. Ella ya lo había amado, sólo tenía que proponérselo y trabajar por ello como había trabajado para alcanzar otros objetivos en su vida.
Sakura salió del baño envuelta en el albornoz y encontró al hombre de sus sueños tumbado en la cama, profundamente dormido. Sintió un escalofrío al observar aquel cuerpo relajado y su sexo también relajado, pero perfectamente visible.
Tenía que admitir que había albergado la esperanza de que hubiese entrado en el baño para convencerla de que no le había hecho el amor con la determinación de dejarla embarazada. Pero por supuesto, no lo había hecho. Cualquier tonta, incluso una llamada Sakura Uchiha, podía darse cuenta de cuándo un hombre estaba siendo gobernado por sus deseos en lugar de por su inteligencia.
«Toma nota, querida Ino», pensó con cierta tristeza. «Este hombre me deseaba con tal fuerza, que no pudo ni pararse a pensar que no podía hacerme el amor sin protección, cosa que sí hace cuando está contigo» «Ahora duerme en mi cama, con la humedad de mis besos todavía en el cuerpo».
Sí, Ino era ya historia. Sakura estaba allí para quedarse esa vez. Había necesitado todo un año para darse cuenta de que tenía que luchar por lo que quería en lugar de encerrarse a esperar que él se acordara de que existía. Ahora lo tenía y no tenía intención de dejarlo escapar. Un hombre capaz de temblar como Sasuke había temblado en sus brazos estaba atrapado y ella lo sabía. Sin darse cuenta, su querido esposo se sentía tan atado a ella, que no podría ni respirar sin que ella se enterara.
De manera instintiva, se llevó la mano al vientre, quizá allí estuviera la semilla de su marido... y, si no lo estaba, no tardaría en estar. Un bebé, el nuevo heredero de la familia Uchiha. «Muérete de envidia, Ino, porque esto es algo que tú jamás podrás darle», pensó satisfecha con la mirada perdida en el paisaje que ofrecía la ventana.
Algo le llamó la atención, pero tardó varios segundos en identificar qué había cambiado en el jardín. Y entonces lo supo, el ruido que había oído mientras estaba en brazos de Sasuke no había sido el de su corazón, sino la hélice del helicóptero de Mikoto al abandonar la isla. Habían dejado que se marchara mientras ellos hacían el amor.
-Sasuke... - tenía que despertarlo - ¡Sasuke! ¡Tu madre se ha ido! Tienes que llamarla y pedirle que vuelva.
-Mmm - farfulló él a pesar de que Sakura lo estaba zarandeando enérgicamente - Estaba soñando contigo.
-¿Quieres escucharme? - insistió haciendo un esfuerzo por no responder al roce de sus labios en la boca - ¡Te he dicho que tu madre se ha ido!
-Lo sé - respondió por fin agarrándola por la cintura y atrayéndola hacia sí - La he oído marcharse, ¿tú no?
-Tienes que ir tras ella e invitarla a que vuelva - aseguró impaciente - Debe de estar muy ofendida para marcharse de ese modo.
- Es imposible ofender a mi madre - dijo mientras le besaba el hombro y la punta de su lengua trazaba el camino hacia su cuello - Bajo esa apariencia perfecta, late un corazón de puro acero.
Como el de su hijo, pensó Sakura disgustada por la frialdad que estaba demostrando Sasuke.
- No seas cruel...
- Sabes a agua fresca y a jabón.
- Porque me he duchado - murmuro distraída
- Y te has quitado mi olor, ahora tendré que volver a ponerlo.
- Pero necesitas...
- Te necesito a ti - completó él - Otra vez - añadió estirándose en busca de su boca.
- Mmm - dijo Sakura como toda protesta - No hagas eso. Tu madre... Tenemos que... ¿qué haces? - preguntó alarmada al sentir su mano entre los muslos.
- Asegurándome que no me decepcionas - respondió riéndose al ver su cara de sorpresa - Un trato es un trato - le recordó tumbándola suavemente sobre la cama.
Sakura sabía que estaba atrapada en su propia trampa.
Al ir a la isla a seducir a su esposa, Sasuke había decidido poner en práctica todo su amplio repertorio de encantos, que eran muchos más de lo que la inocencia de Sakura se habría atrevido a imaginar.
Era increíble.
Cualquier intento de hablar con él de algo serio era suprimido con... sexo. Sólo tenía que mirarla para hacer que lo deseara, sólo tenía que decir «Ven», con esa voz profunda y grave, y ella acudía como un cordero que fuera encantado al matadero.
Jugaron juntos en la piscina y en el océano. Él le enseñó a escalar a una roca de la cala desde la que se tiraban a un agua cristalina, le enseñó a pescar desde esa misma roca y después se desternilló de risa cuando ella se puso a gritar porque por fin había atrapado un pez, y por supuesto, hacían el amor... en todos sitios y a todas horas. Sasuke parecía no hartarse de ella y lo cierto era que Sakura había aprendido a utilizar su recién descubierto poder de seducción como una verdadera maestra.
- Sabía que serías muy peligrosa cuando aprendieras a torturarme - le dijo una tarde después de que ella se hubiera pasado el día tentándolo con insinuaciones y promesas. Él había luchado por no dejarse llevar por los sinuosos movimientos de su cuerpo porque si se rendía, tendría que ver el triunfo reflejado en aquellos increíbles ojos verdes.
Tenía la piel empapada en sudor y las manos aferradas a sus suaves caderas cuando ella se inclinó a cubrirle la boca con besos con los que aumentó la tortura. Sakura le acarició los pómulos, la mandíbula, rozó su cuerpo con sus pezones endurecidos y recorrió sus labios con la punta de la lengua antes de su surrar:
- Mi amante - después se movió sobre él de tal manera que lo transportó al borde del abismo.
Las semanas pasaron en perfecta armonía mientras Thea los observaba encantada. Un día comenzó a tejer una mantilla de bebé con una tranquilidad y una alegría que hicieron que Sakura se sonrojara.
Aquello era lo que tanto había deseado, ¿no?
Tenía la sospecha de que estaba embarazada. Todavía era pronto para estar segura, pero se le había retrasado varios días el periodo, cosa que jamás le sucedía. Aquello lo cambiaba todo, pensó mirando desde la piscina la línea que separaba el mar del ci lo y apretando con fuerza un pequeño trozo de madera que la marea había arrastrado hasta la playa, como los que su madre le había enseñado a recoger en Canadá. Se había dado cuenta de que en realidad no quería tener un hijo, todavía no. No mientras siguieran escondidos del mundo real en aquella diminuta isla donde tenía la sensación de ser una amante consentida más que una esposa.
Sasuke no podría quedarse allí recluido mucho más tiempo; de hecho, cada día tenía que pasar más tiempo en el pequeño despacho que tenía allí. Sakura también tenía asuntos que resolver... si al menos pudiera encontrar un teléfono en el que no quedaran registradas todas las llamadas.
Naruto. Estaba preocupada por él. Necesitaba saber cómo estaba y qué estaba haciendo, si lo atormentaban los remordimientos o si estaba demasiado enfadado con ella como para pensar siquiera que pudiera estar preocupada.
Había algo más que le preocupaba, no dejaba de preguntarse si cuando Sasuke decidiera marcharse, tendría la intención de llevarla con él o si seguiría siendo su prisionera allí, al igual que lo había sido en Rosemere. Desgraciadamente, él esquivaba el tema cada vez que Sakura lo mencionaba; en realidad evitaba cualquier conversación sobre la realidad más allá de aquel lugar o de su luna de miel, como él lo llamaba. Debían disfrutar del momento y no preocuparse por lo que sucedería en el futuro.
Pero incluso una luna de miel tan idílica como aquella tendría que terminar en algún momento.
Sasuke la observaba desde el interior con el teléfono pegado al oído. Llevaba un pareo azul, un biquini a juego y el pelo recogido... Y, con sólo mirarla, se moría de ganas de desenvolver aquel increíble regalo que era su esposa. Quería estar ahí fuera con ella y no hablando de negocios por teléfono.
- Sé que tengo que ir - respondió impaciente - Sólo he preguntado si habría alguna manera de posponerlo una semana.
No. En realidad ya lo había sabido antes de preguntarlo. De nada servía hacerse ilusiones en el mundo real, y ése era su gran problema. Sakura y la maravillosa armonía que estaba compartiendo con ella nada tenían que ver con el mundo real, ni lo habían tenido nunca, al menos no con su mundo. Durante el último año, la había tenido encerrada esperando a que madurara, se había dicho a sí mismo, aguardando que llegara el momento de intentar arreglar su matrimonio. En su arrogancia, no se había dado cuenta de que lo que había crecido había sido su resentimiento hacia él y hacia el modo en que la trataba. Si no hubiera tenido el accidente, habría huido con el francés y Sasuke la habría perdido sin sospechar el motivo. Y el hecho de que el tal Naruto hubiera desaparecido le hacía pensar que Sakura también habría desaparecido con él.
- ¿Qué hay del otro asunto? - preguntó a su interlocutor.
Frunció el ceño al oír una respuesta que no le gustaba.
- Nadie puede esfumarse de la faz de la tierra sin dejar ni huella, Shikamaru - declaró con frustración - Tienes que encontrarlo e interrogarlo. Necesito saber qué intenciones tenía con mi mujer. Y si lo que intentaba era una especie de secuestro - continuó diciendo después de escuchar la opinión de su ayudante - seguiré pensando que Sakura está en peligro hasta que tenga alguna respuesta... ¡No, no volveré a dejarla al cuidado de un guardaespaldas! ¿De qué me sirvió dejarla con Kiba? Ella es mi mujer, mi responsabilidad... Que se derrumbe mi imperio.
Colgó el teléfono con la certeza de que estaba siendo injusto e irracional. ¿Pero cómo iba a comportarse con alguien tan impredecible como Sakura? Llevaba tres semanas pegado a ella día y noche, se había adentrado en su cuerpo más veces de las que podía recordar, pero sabía tan poco de ella como un año antes, cuando había creído erróneamente que era suya. .
Ya le había demostrado dos veces que podía ser más lista que él; una la noche de la boda y otra al intentar abandonarlo. No confiaba en ella, ni en ese extraño brillo que tenían sus ojos de vez en cuando. Quizá le gustara lo que la hacía sentir, pero... ¿lo amaba?
No podía evitar mirarla y preguntarse qué estaba pensando, o en quién mientras agarraba aquel trozo de madera. Se sentía celoso, inseguro y no le gustaba. Se separó de la ventana con tristeza, preguntándose qué iba a hacer. Tenía que ir a Londres y no quería llevarla consigo, lo que no sabía era si Sakura lo aceptaría.
En realidad estaba seguro de que no lo haría, admitió mientras empezaba a ordenar los papeles que se habían amontonado sobre la mesa del despacho. Esos papeles eran importantes para su trabajo y, sin embargo, lo único que quería era esconderse con Sakura.
Salió del despacho justo en el momento en el que ella entraba del jardín y tomó una de esas decisiones espontáneas que solían hacerlo sentir mejor consigo mismo.
- Tenemos que hablar - afirmó bruscamente.
- ¿Ah, sí? - preguntó sorprendida caminando hacia él como si la hubieran sacado de un cuadro de Tiziano, con la misma elegancia y vitalidad - Bueno, es toda una novedad - dijo burlona.
Iba completamente vestido de blanco, se fijó Sakura. A Sasuke le gustaba llevar ropa blanca que hacía destacar su preciosa piel bronceada. Clavó la mirada en los pantalones de lino que se ataban a las caderas con un cordón; si tiraba de él, podría ver al hombre que se escondía debajo... Resultaba tentador, pero debía controlarse.
Lo que no pudo evitar fue que una sonrisa traviesa se asomara a sus labios mientras se detenía a sólo unos centímetros de él y alzaba el rostro en busca de un beso.
Un beso que no llegó. Entonces lo observó más detenidamente y se dio cuenta de que estaba enfadado.
- ¿A qué venía esa sonrisa? - le preguntó desconfiado una vez que se hubo borrado.
- Pues era por ti, pero ya la he hecho desaparecer. ¿Y a qué viene esa cara de pocos amigos?
- Tengo que irme a Londres hoy mismo – anunció sin dilación.
Londres, pensó entusiasmada.
- Bueno, no hace falta que pongas esa cara. Haré el equipaje y podremos...
- No - Sasuke la interrumpió creando de inmediato un abismo entre ellos - Tú te quedas.
Sakura volvió a alzar el rostro, mirándolo fijamente con tristeza, pero sin decir nada.
- Se trata de negocios - explicó Sasuke sintiendo la tensión que ella le transmitía con su mirada - Volveré en dos días, así que no hace falta que vayamos los dos.
- ¿Quieres un poco de sexo antes de irte?
No era una invitación, más bien se trataba de una bofetada en la cara.
- No si lo vas a convertir en una especie de castigo - replicó él con sequedad.
- Entonces adiós - dijo abruptamente antes de dar media vuelta y alejarse de él.
- Sakura... - susurró él alarmado al darse cuenta de que realmente se iba a ir dejándolo allí.
- ¿Qué quieres de mí, Sasuke? - le preguntó cuando la agarró del brazo - ¿Esperas que salga a despedirte con una sonrisa en los labios? ¿Crees que me gusta saber que soy una especie de prisionera, que sólo puedo salir de esta isla con tu permiso?
- Lo hago por tu seguridad.
- Querrás decir por tu tranquilidad.
- Yo tengo muchos enemigos, Sakura. ¿Cómo puedo saber que ese francés no es uno de ellos si no puedo encontrarlo para averiguarlo?
- ¿Quieres decir que estás tratando de localizarlo? - dedujo Sakura con los ojos abiertos de par en par.
- Lo están haciendo mis ayudantes - admitió bajando la mirada - Tu futuro depende de lo que él diga en su defensa.
Pero al menos no lo había encontrado, pensó Sakura aliviada y Sasuke lo percibió.
- ¡Tú sabes dónde está!
Intentó volver a alejarse de él, pero se lo impidió con fuerza.
- ¡Deja de agarrarme de ese modo! - exigió ella desafiante.
- Dime dónde está.
- Dime tú dónde está Ino - contraatacó sin piedad.
- ¡Esto no tiene nada que ver con Ino!
- Ahora sí. Cuéntamelo todo sobre tu amante y yo te hablaré de mí...
- Él nunca fue tu amante - se burló sin darle opción a decir la última palabra.
Sin embargo no se había atrevido a negar que Ino hubiera sido la suya.
- Quizá no lo fuera físicamente, pero sí emocionalmente. ¿Cómo podrías entenderlo? Tú no reconocerías el amor aunque te saltara encima y te mordiera el corazón.
El desdén que había en sus palabras, lo hizo tirar de ella hasta pegarla contra su cuerpo. Le puso una mano en la nuca y la sujetó mientras reclamaba su boca. La fina ropa de lino no podía ocultar lo que le estaba sucediendo allí mismo, en mitad del vestíbulo de la casa, pero Sakura parecía tan empeñada en no rendirse como él en hacerla rendirse.
Un ruido cercano obligó a Sasuke a arrastrarla hasta su despacho. Cerró la puerta de una patada y la tumbó a su lado en el sofá de cuero. Pero la lucha continuaba.
- Para - le pidió mientras él intentaba abrirse camino entre sus muslos, pero se lo pidió casi sollozando porque odiaba ver que su cuerpo respondía aunque su mente le ordenase lo contrario.
- ¿Por qué? ¿Es que no te parece lo bastante emocional? ¿Crees que me volvería así de loco con cualquiera? ¿Crees que tú te excitarías tanto con ese francés tuyo?
Estaba celoso de Naruto, estaba haciendo todo aquello por celos. Si no lo detenía enseguida, la tomaría impulsado por la furia y luego se odiaría por haberlo hecho. Así que lo agarró del pelo y le retiró la cabeza.
- Creo que estoy embarazada - le dijo algo alterada y lo vio quedarse helado inmediatamente.
Se hizo un silencio ensordecedor. Después Sasuke se apartó de ella y se quedó de pie dándole la espalda, consciente de lo que había estado a punto de hacer.
- Siento haberte estropeado la despedida - afirmó ella con amargura mientras se colocaba el pareo de nuevo en su sitio.
Él movió la cabeza como si lo hubiera golpeado y, en cierto modo, Sakura deseó haberlo hecho. Jamás se había sentido tan helada. Sin decir una palabra, Sasuke salió de la habitación y la dejó allí petrificada. No podía moverse, empezó a temblar de frío, de dolor y de desprecio por sí misma y por él. .
Al otro lado de la puerta, Sasuke también se ha bía quedado petrificado y también se odiaba a sí mismo. No quería creer lo que acababa de hacer, no quería recordar el dolor que había visto en su mirada.
¿Cómo se las había arreglado para estropear de golpe tres semanas de perfección? No tenía excusa, desde luego Naruto Uzumaki no era excusa para comportarse de ese modo.
Sin saber qué hacer o cómo deshacerse de la terrible sensación que lo desgarraba por dentro, subió las escaleras hacia la ducha.
Sakura estaba intentando encontrar fuerzas para le vantarse del sofá cuando sonó el teléfono del despacho. Al principio pensó en dejarlo sonar, pero algo en su interior la impulsó a contestar.
Cuando su vida se derrumbaba, se derrumbaba del todo, pensó al oír la voz femenina al otro lado de la línea.
- Sasuke, cariño, ¿podemos hablar?
Volvió a dejar el auricular con un golpe, agarró el trocito de madera, que se le había caído al suelo, y se dirigió a la puerta inconscientemente. No sabía qué estaba haciendo, sólo caminó y caminó colina arriba.
=) Y nos ponemos a actualizar mas seguido! Espero poder seguir con este ritmo pero si el colegio no me colapsa lo haran o mi hermano o mis amigas! =)
Besos! Nos leemos Pronto!
