Capítulo 8
Dos horas más tarde, vestido de traje para el viaje a Londres, Sasuke dejó de intentar encontrar a Sakura a pie y optó por hacerlo por aire. Dejó a Thea muy preocupada junto a la piscina.
- ¿Por qué has tenido que pelearte con ella? – lo había reprendido antes - Es una buena chica, Sasuke, y llevarla a Londres a ver a su padre no te habría costado tanto trabajo.
Lo de que era buena chica se le había clavado en el corazón. Y el hecho de que su tía abuela hubiera oído lo bastante de la pelea para sacar sus propias conclusiones hacía que se sintiera aún más culpable mientras el helicóptero sobrevolaba la isla en busca de su esposa.
Sentada en una piedra a la sombra de un árbol con la maderita en las manos y cerca de la roca desde la que solían saltar al agua, Sakura oyó el helicóptero volando sobre su cabeza. Se iba dejándola allí a pesar de todo lo sucedido. ¿Cómo se le había ocurrido que pudiera cambiar de opinión sólo porque quizás estuviera embarazada?
Los ojos se le llenaron de lágrimas de desesperación.
Ino. Quizá el asunto tan urgente que tenía en Londres era Ino. Ahora entendía que se hubiera enfadado tanto al ver que quería acompañarlo. ¿Qué hombre habría querido a su esposa cuando lo esperaba su amante?
Lo odiaba por tratarla de ese modo y se odiaba a sí misma por haberse dejado cautivar aun sabiendo que Ino siempre había estado ahí. Tenía que admitirlo, a ella la escondía como si fuera su amante mientras aparecía en público con Ino como si de su esposa se tratase.
Sasuke sobrevoló la cala, en el mar no había ni rastro de su sirena de pelo rosa, así que centró su atención en la costa. Ya había inspeccionado el otro lado de la isla sin encontrarla. Fue entonces cuando empezó a odiarse a sí mismo por haber tenido la genial idea de enseñarle todos sus escondrijos secretos. Tratar de dar con ella desde el aire era como buscar una aguja en un pajar. Si no la veía pronto, empezaría a preocuparse seriamente. De hecho ya debía de estar bastante preocupado, a juzgar por la tensión que notaba en el cuello y los hombros.
¿Qué pasaría si se le había ocurrido nadar mar adentro? No, Sakura no era tan estúpida. Seguramente lo odiaba, pero no lo bastante como para arriesgarse a morir... y a matar al hijo que probablemente llevaba dentro.
Su hijo. Todavía no había asimilado la noticia. Su bella Sakura iba a darle un hijo y, sin embargo, no se había sentido tan desdichado en su vida. ¿Qué había hecho? ¿Por qué lo había hecho? Los celos no eran algo con lo que estuviera familiarizado; normalmente eran las mujeres a las que les consumían los celos, ¡no al revés! Era evidente que esa mujer en particular era completamente diferente a las demás; se derretía en sus brazos, pero seguía protegiendo a ese maldito francés.
¿Qué estaba haciendo?, pensó Sakura viendo lo bajo que estaba volando el helicóptero. Entonces lo entendió, estaba buscándola. Cerró los ojos con fuerza y deseó que desapareciera. Y como si su deseo fuera una orden para él, oyó el helicóptero alejándose por la costa y, por alguna razón que no alcanzaba a comprender, volvieron a llenársele los ojos de lágrimas. No iba a llorar, se ordenó al tiempo que el sonido de la hélice desaparecía en el horizonte.
Se iría de allí al día siguiente, decidió en silencio. Sólo tenía que fingirse enferma y pedirle a la pobre Thea Sophia que llamara a una ambulancia aérea. Sabía que era posible porque había visto cómo se llevaban a una de las sirvientas, que se había puesto enferma durante su primera semana en la isla.
Una vez lejos de la isla, desaparecería tan eficientemente como lo había hecho Naruto y se olvidaría de Sasuke para siempre. No quería volver a verlo nunca más.
Pero el helicóptero regresó sin previo aviso y se acercó tanto, que por un terrible momento, pensó que iba a estrellarse contra los árboles. Sakura se puso de pie y corrió hacia una roca que se asomaba al mar con la loca idea de hacerlo parar.
Durante una aterradora décima de segundo, Sasuke pensó que iba a lanzarse al agua y la frente se le cubrió de un sudor frío.
- ¡No te asomes tanto, loca! - se oyó gritar a sí mismo con tal terror, que casi perdió el control del helicóptero.
Cuando volvió a mirarla, la vio tambaleándose al borde de la roca por culpa del remolino de aire provocado por la hélice. Y lo miraba aterrorizada.
Por fin consiguió retomar el equilibrio, pero estaba aterrada por Sasuke, que se encontraba demasiado cerca de las rocas y del océano. Cuando lo vio retirarse, estuvo a punto de desmayarse de alivio.
Sasuke apretó la mandíbula mientras controlaba el rumbo del helicóptero y lo alejaba. Intentaría aterrizar en la playa y después estrangularía a Sakura por haber sido tan insensata. En cuanto la máquina estuvo parada, Sasuke se quedó inmóvil unos segundos, estaba temblando y bañado en sudor. ¿Qué habría pasado si hubiera saltado? ¿O si el aire de la hélice la hubiera precipitado al mar?
Salió de la cabina, pero le temblaban las piernas y le zumbaban los oídos. ¿Qué debía hacer ahora? Debía subir la colina.
Sakura comprobó que el helicóptero había aterrizado sano y salvo y pensó en encontrar otro lugar en el que esconderse de él. Pero entonces apareció él y, al verla, se detuvo en seco. Allí estaba el guapísimo magnate, despiadado y duro como una roca.
Sasuke esperó, la observó con una tranquilidad que la asustó más que si lo hubiera visto resoplando y gritando como un loco. No sabía qué esperar de él, no quería saberlo. Si hubiera podido elegir, habría deseado no volver a estar tan cerca de él. Sin embargo sus pies seguían moviéndose, acercándola a él hasta quedarse a unos dos metros de distancia, apretando la maderita entre las manos.
Sasuke sintió cómo se le encogía el corazón al ver la extrema palidez de su rostro. Sabía que la había asustado, él mismo se había asustado más de lo que habría podido explicar. Ahora lo único que quería hacer era estrecharla entre sus brazos y acurrucarla contra su pecho; pero lo sucedido en su despacho le había quitado el derecho a hacerlo.
- Pensé que te habías ido - ella habló primero, con voz distante y fría.
- No - dijo él con mucha más dulzura - ¿Estás bien?
No respondió, era evidente que no estaba bien. En su rostro y en sus ojos había algo extraño, era como si una luz se hubiera apagado. La había apagado él y no sabía qué hacer o qué decir para volver a encenderla. Dio un paso más hacia ella.
- ¿Qué es ese trocito de madera? - le preguntó ante la imperiosa necesidad de decir algo.
Sakura observó la maderita con cierta perplejidad y Sasuke tuvo la sensación de que ni siquiera se había dado cuenta de que seguía llevándola en la mano.
- Na... nada – murmuró - Es que... me gusta.
Le gustaba...
Era una locura. Habían discutido acaloradamente hacía sólo unos minutos y ahora estaban allí, hablando sobre un estúpido trozo de madera cuando deberían haber estado...
- ¿Nos vamos? - sugirió él.
Ella asintió y comenzaron a caminar el uno junto al otro sin decir ni una palabra.
Ya en la casa, Thea los esperaba ansiosa. - ¡Gracias a Dios! -exclamó al verla - Sasuke estaba tan preocupado, el muy tonto se ha vuelto loco buscándote Y nos ha vuelto locos a todos. Bueno, si estás bien - dijo dándole unas palmaditas en la mano - prepárate para marcharte antes de que Sasuke se impaciente.
- ¿Marcharme adónde? - preguntó Sakura desconcertada.
- ¡A Londres! ¿Es que no le has dicho que has cambiado de opinión? - le preguntó a Sasuke, pero antes de que él pudiera responder, la había agarrado del brazo y la conducía hacia el piso de arriba.
- Vamos, ya he pedido que te hicieran la maleta. Sólo tienes que cambiarte de ropa y después...
Sakura se volvió a mirar a Sasuke, que la observaba sin decir nada, pero con gesto de preocupación. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué había cambiado de opinión?
- Sasuke...
- Haz caso a Thea - la interrumpió él - Tenemos que irnos dentro de diez minutos - añadió antes de darse media vuelta y alejarse hacia su despacho.
Sakura acompañó a Thea al piso superior sin entender nada; Sasuke debía de haber decidido llevarla a Londres antes de comenzar a buscarla, pero ¿por qué?
- No debes enfadarte tanto cuando él se ponga furioso, pethi mou - le aconsejó Thea - Él te quiere, por eso se pone celoso y posesivo; todos los hombres de la familia son iguales. Le preocupa que puedas conocer a otro hombre en Londres y lo abandones... pero tú jamás serías tan cruel...
Sakura se sonrojó al comprobar la fe que tenía en su lealtad aquella mujer, pero ella sabía que sí que podría ser tan cruel... lo sería en cuanto tuviese la más mínima oportunidad.
Por lo que a ella se refería, su matrimonio estaba acabado.
El vuelo hasta el aeropuerto de Atenas transcurrió sin incidentes. Al sobrevolar la isla, Sakura no se molestó en mirar. Se había encariñado mucho con aquel lugar, pero no pensaba regresar; aunque tenía que reconocer que lo que más lástima le daba era haber dejado allí a la encantadora Thea Sophia, sobre todo después de que le hiciera prometer que volvería pronto a visitarla.
Aterrizar en Atenas fue como pasar del paraíso al infierno. Nada más bajarse del helicóptero, la gente comenzó a mirarlos. Sasuke no parecía darse cuenta, de hecho parecía no ver nada salvo su próximo objetivo: el avión privado que los llevaría a Londres.
Todo el trayecto desde la isla al aeropuerto lo ha bían hecho sin intercambiar ni una palabra. Había sido horrible. Ninguno de los dos había intentado si quiera hablar, tampoco se habían mirado.
En cuanto el avión hubo despegado, Sasuke se puso en pie y desapareció tras la puerta que daba paso a su despacho. Una amable azafata griega le llevó una bandeja a Sakura, seguramente a petición de Sasuke porque a ella nadie le había preguntado si necesitaba algo.
El té y el sándwich le sentaron de maravilla después de tantas horas sin tomar nada; también había sufrido demasiadas tensiones en las últimas horas y estaba sencillamente exhausta, por lo que se quedó profundamente dormida poco después de acabar el refrigerio.
Cuando abrió los ojos, se encontró con Sasuke frente a ella. No tardó en volver a ponerse en guardia perdiendo la relajación que había conseguido con la breve siesta.
- Aterrizaremos en Heathrow en veinte minutos - anunció él brevemente antes de dejarla sola de nuevo.
Cruzar el aeropuerto fue un verdadero suplicio, pues la gente se volvía a mirarlos a casa paso. Sakura deseó desaparecer por arte de magia, pero lo único que pudo hacer fue bajar la mirada. En aquel momento agradeció la protección que le ofreció Sasuke pasándole el brazo por los hombros, aunque sabía que lo hacía para guardar las apariencias. Aquello le hizo preguntarse por qué al marcharse de Londres no había sufrido aquel mismo acoso, pero no preguntó.
Flanqueados por tres guardaespaldas, no pudo evitar sentirse como una de esas parejas famosas que aparecían en las revistas, fue terrible.
Shino los esperaba fuera con el coche dispuesto a ponerse en marcha en cuanto se hubieran subido. Y así fue, se marcharon en silencio, como si siguieran una coreografía perfectamente ensayada. Sakura habría sonreído, pero no estaba de humor. Jamás se había sentido tan aislada y tan triste.
- ¿De verdad te gusta vivir así? - las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas.
- ¿Cómo dices? - era obvio que lo había sorprendido.
- Parece que fueras uno de los animales del zoo - comenzó a explicar causándole una evidente tensión - O quizá una estrella de televisión. Todo lo que haces, en cualquier parte del mundo, es observado y analizado - deseó no haber dicho nada, pero no podía parar - La prensa te adora.
Se atrevió a mirarlo sólo un segundo y enseguida se arrepintió de haberlo hecho porque la escuchaba rígido como una roca, incapaz de reaccionar. Y eso la ponía furiosa. . .
- ¿Hay apuestas sobre quién será expulsado de tu vida? -preguntó mordazmente - ¿Hay llamadas de teléfono para decidir qué amante o qué guardaespaldas no encaja contigo?
- Calla, Sakura.
- Y si yo no convenzo al público, ¿también pueden expulsarme? ¡Echen a la molesta esposa y así nuestro héroe no tendrá que seguir aguantándola.
Vio cómo Sasuke cerraba los puños con fuerza. - No vas a ir a ningún lado, así que no te hagas ilusiones.
- ¿Porque puede que esté embarazada? - preguntó con acidez - Eso aumentará tu popularidad. ¿Tendremos a tu heredero delante de las cámaras o quizá podría aparecer tu amante observando el acontecimiento para darle más emoción?
En una décima de segundo, se encontró con Sasuke prácticamente encima, tapándole la boca con una mano mientras con la otra le sujetaba el cuello.
- Escucha... - Sakura lo miró y por primera vez, se dio cuenta de que estaba muy pálido, había tensión en su rostro. Pero lo que la dejó petrificada fueron sus ojos; fríos como el cristal - Tienes derecho a burlarte de mi vida todo lo que quieras. Seguramente lo merezca, pero no consiento que te ridiculices a ti misma ni que degrades a nuestro futuro hijo.
¿Era eso lo que había hecho? Sí, tenía razón. Sakura tuvo que reconocer lo que había hecho y, al hacerlo, comenzaron a temblarle los labios.
- No llores, por favor - le pidió con algo más de dulzura - Ya me siento bastante atormentado como para tener que enfrentarme también a tu llanto!
Continuó mirándola unos segundos y después con la misma rapidez, volvió a su asiento.
- No tienes idea de lo que me haces - murmuró mirando al frente mientras ella no podía dejar de temblar - No sabes el poder que tienes sobre mí.
Sakura se volvió a mirarlo estupefacta y él identificó la expresión de sorpresa en su rostro.
- Tienes el pelo de una sirena maravillosa, cara de ángel y el cuerpo más sensual que he visto en mi vida - enumeró con algo parecido al desdén - Tus piernas son tan esbeltas, que cualquier hombre soñaría con ellas. Las mujeres te miran y desean tener una milésima parte de lo que tú tienes. Ojalá nunca te hubiera visto, quizá así no estaría aquí, terriblemente excitado y con la frustración y la impotencia de no poder evitado.
- A mí también me gustaría no haberte conocido - respondió Sakura muy alterada - Así no me habría pasado un año yendo de una cárcel de lujo a otra por culpa de un bruto obsesionado con el dinero y con nada en el cerebro excepto sexo.
- ¿Y qué preferirías estar haciendo entonces? – le preguntó con sincera curiosidad.
- ¡Seguir adelante con mi vida!
- ¿Con el francés?
Sakura alzó la barbilla y se negó a contestar. Prefirió dejarle pensar lo que quisiera sobre Naruto, sobre todo si eso lo atormentaba tanto.
- Dime, Sakura, porque tengo mucha curiosidad. ¿Ese cretino tenía los cincuenta millones necesarios para ayudar a tu padre?
-Naruto no está obsesionado con el dinero -aseguró firmemente.
- Es decir, que es un pobre diablo con un gran corazón, pero sin agallas.
Sakura lo miró asqueada - No sabes absolutamente nada de él, así que no hagas como si lo conocieras.
- ¿Estás segura?
- Sí! Si lo hubieras encontrado, ya te habrías encargado de que alguno de tus mafiosos le pegara una paliza y después me lo habrías restregado por la cara.
- Qué chica tan lista.
- ¡Cállate! - lo odiaba con todas sus fuerzas.
- ¿Vas a decirme dónde está?
- Debes de estar de broma.
- No. Nunca he hablado más en serio. ¿Dónde está, Sakura? -repitió con más calma - Y, antes de que me contestes con algún comentario mordaz, déjame que te diga que tu libertad seguirá restringida hasta que lo digas...
Sakura respiró hondo para tomar fuerzas - ¡Ojalá no me hubiera casado contigo!
- Como si hubieras tenido muchas más alternativas - se burló sin piedad - Por lo que yo sé, habrías tenido que elegir entre mí y un tipo bajito, gordo y cuarentón.
- ¿Qué demonios quieres decir?
- Nada... olvida que lo he dicho - le pidió frunciendo el ceño al tiempo que apretaba un botón y aparecía ante ellos un minibar del que eligió una botella de whisky.
Sakura se sentía como si le hubieran clavado un puñal en el pecho, mientras él parecía relajado disfrutando de la copa.
- Sasuke, tú...
- No preguntes.
Pero era demasiado tarde. Aquel comentario era demasiado duro como para que lo pasara por alto - Necesito saber qué significa eso que has dicho.
-Te casaste conmigo, así que no significa nada - aseguró con la mirada perdida en el vaso.
- ¡Dímelo! - gritó ella.
- Tu padre se estaba arruinando y necesitaba que alguien invirtiera, pero no hay mucha gente por ahí que disponga de cincuenta millones de libras y quiera arriesgarse en algo así. Yo era una de esas personas dispuestas a arriesgarse... a cambio de algo... Todo esto ya lo sabes, ¿por qué seguir insistiendo?
Porque faltaba un detalle, el cuarentón gordo. El fin de semana antes de que Sasuke hubiera ido a casa del padre de Sakura, los había visitado Clive Benson, bajito, gordo... Al principio Sakura había aguantado su excesiva simpatía creyendo que lo hacía por que era amigo de su padre... hasta que se había tomado demasiadas confianzas e incluso se había atrevido a ponerle la mano en la pierna. Después de eso, se había escabullido como había podido, sabiendo que aquel tipo tenía: algún negocio importante con su padre y, por tanto, no debía ofenderlo.
- Lo que tratas de decir es que mi padre me puso a la venta - susurró horrorizada.
- Quiero que sepas que estoy haciendo todo lo que puedo para no utilizar esas palabras agapi mu. Pero era la verdad
- Mi padre jamás me haría algo tan horrible.
Silencio. Sasuke se limitó a apurar el vaso de whisky mientras Sakura sentía que el estómago se le revolvía.
- Yo no habría permitido que Clive Benson me rozara ni con guantes.
- Piensa un momento qué habrías hecho sin mí. Si yo... u otra persona, no hubiéramos ayudado a tu padre, la empresa de tu padre, con todos sus empleados, habría desaparecido sin dejar rastro. Habría quedado endeudado hasta el cuello, por lo que habría tenido que vender la casa y su bella hija se habría quedado en la calle. ¿A que derepente un tipo rico como Clive Benson ya no resulta tan repulsivo?
- Para el coche.
Sasuke la miró con incredulidad.
- Estamos en medio de la autopista - pero al ver su rostro desencajado, supo que hablaba en serio - Por amor de Dios, Sakura, es demasiado tarde para huir de...
- ¡Para el coche! - repitió poniéndose la mano en la boca.
Un segundo después, el vehículo se había detenido y Sakura pudo salir al arcén tambaleándose para vomitar violentamente.
Unas manos la sostuvieron por la cintura y le retiraron el pelo de la cara y, en aquel momento, no le importó que Sasuke la viera en tal estado. Jamás se había encontrado tan mal. Todo lo que le había dicho la había destrozado por dentro como un ácido.
Cuando hubo terminado, Sasuke siguió sujetándola para que tomara aire fresco, pero ella no podía dejar de temblar como una hoja a punto de caer.
- Mi bolso - consiguió decir.
Él no preguntó, sólo le dio lo que pedía y esperó mientras buscaba algo en el interior con absoluta torpeza. Por fin consiguió encontrar unas toallitas húmedas que siempre llevaba en el bolso y se limpió la cara. .
- ¿Estás bien? - le preguntó ofreciéndole un vaso de agua que le había dado Shino.
Ella asintió, pero no se molestó en levantar la cabeza. De pronto se dio cuenta de que, además de Sasuke, otras tres personas estaban observándola, lo cual no resultaba muy cómodo.
- Sakura, lo siento. No he dicho todo eso para... - comenzó a decir levantando una mano hacia su rostro.
- No me toques - se retiró de él como una tortuga escondiéndose en el caparazón.
Después de reunir las fuerzas necesarias, volvió a sentarse en el interior del coche; Sasuke, sin embargo, se quedó allí unos segundos durante los cuales Sakura aprovechó para peinarse con dedos temblorosos. Las puertas se cerraron poco después y pudieron continuar el viaje a Londres en completo silencio.
Debió de quedarse dormida sin darse cuenta por que lo siguiente de lo que fue consciente fue de que el coche había aparcado junto a una hilera de casas.
- ¿Dónde estamos? - nadie contestó a su pregunta porque Sasuke ya había comenzado a salir. Cuando acudió a abrirle la puerta, Sakura ya se había imaginado dónde estaban - No necesito ningún médico - protestó en vano.
Media hora después, salió de la consulta del ginecólogo con su apesadumbrado acompañante y sintiéndose agotada, angustiada y a punto de llorar.
Confirmado. Estaba embarazada de unas tres semanas. Sasuke lo había conseguido al primer intento, lo cual no era de extrañar conociéndolo.
- Misión cumplida - anunció Sakura con una voz fría como el hielo, después se alejó de aquella mano posesiva y fue sola hasta el coche.
Perdon el retrasoooooo!
Bueno en este capitulo se van develando mas detalles de como Sasuke y Sakura terminaron casados! Espero actualizar pronto! Besoos!
