Capítulo 9
Sasuke se sentó a su lado en el coche mien tras deseaba encontrar el modo de deshacerse del terrible peso de su conciencia. En sólo un día había conseguido anular tres semanas idílicas. ¡No quería sentirse así! No quería mirarla y ver aquella expresión desencajada que había aparecido en su rostro cuando el médico le había confirmado que estaba embarazada. Ya había visto aquella ex presión ese mismo día, cuando se había visto obliga da a contarle sus sospechas sobre el embarazo, pues se había dado cuenta de que era la única manera de evitar que la poseyera como un animal.
Como un animal en un zoo.
"Theos". Jamás le había hablado con tanta sinceridad.
¿Cómo iba a volver a acercarse a una mujer que lo veía de ese modo? ¿Cómo iba a mirada a la cara después de haberle contado algo tan horrible sobre su padre?
No podría, esa era la terrible realidad que debía afrontar. Lo único que podía hacer era retroceder un poco, dejarle espacio; olvidar sus estúpidos celos y tratar de algún modo volver a ganarse su confianza.
Miró por la ventanilla y se dio cuenta de que no podía soportar aquel silencio por más tiempo, estaba a punto de explotar. Llegó el alivio cuando divisó la Fachada del moderno edificio que era la sede de su empresa.
Por fin entraron en el ascensor, pero allí tampoco se sintió en paz porque necesitaba que ella lo mirara, que recorriera su cuerpo de pies a cabeza de ese modo que sólo ella sabía. Pero no lo hizo, se quedó con los ojos clavados en el suelo y Sasuke se sintió perdido.
Se abrieron las puertas. Sakura tuvo que concentrar se para aceptar la mano de Sasuke en el brazo sin derrumbarse porque lo que ella deseaba era que se alejara lo más posible.
Nunca había entrado a aquel edificio y menos en aquella planta superior donde debían de encontrarse los despachos de los más importantes. A su paso iba oyendo los saludos de los empleados, pero Sasuke no decía nada; parecía un autómata concentrado en cumplir una misión. Cuando iban a atravesar dos enormes puertas de madera maciza, le puso la mano en la base de la espalda y Sakura sintió que se quedaba sin respiración.
Todo se detuvo. Levantó la mirada hacia él, no debía de haberlo hecho, no había querido hacerlo pero ya era demasiado tarde. Sakura deseaba odiar aquellos rasgos. Se le llenaron los ojos de lágrimas y los labios empezaron a temblarle.
-Sakura, no -murmuró con voz profunda antes de volverse a mirar a la multitud de caras que los obser vaban-. ¿No tenéis otra cosa que hacer que obser vamos a mi mujer y a mí?
Sakura se quedó helada ante tan repentina explosión mientras que Sasuke maldijo entre dientes y abrió las puertas de par en par para dejarle paso.
Estaban en un enorme despacho forrado en ma dera y con una cristalera que llegaba hasta el techo en una de las paredes.
-¿Por qué has gritado así? -le preguntó Sakura en cuanto oyó el sonido de la puerta al cerrarse.
-Hasta los animales del zoo se cansan alguna vez de que los observen.
Mientras la llevaba de la mano a través del des pacho hacia otra puerta, Sakura se encontró luchando contra una punzada de remordimiento.
-Siento haberte dicho eso -dijo tensamente.
-Es la verdad. Es cierto que vivo en un zoo.
Se oyó el timbre de un teléfono, Sasuke cambió de dirección y la llevó hasta el escritorio donde, ade más del teléfono al que contestó, había enormes pi las de documentos. Cuando él se puso a hablar en griego, Sakura intentó soltarse, pero no pudo. En cuan to colgó el teléfono, volvió a sonar y así ocurrió por lo menos tres veces.
-Mira -empezó a decir ella entre una llamada y otra-, estás muy ocupado y yo necesito... -iba a de cir acostarse, pero cambió de opinión porque no que ría pensar en camas - Si me dejas el coche, iré a Rose...
- No, quédate conmigo - no era una petición, era una orden.
Volvió a sonar el teléfono, esa vez Sasuke con testó muy irritado.
- No me pases más llamadas hasta que yo te avise - ahí iba otra orden aún más feroz.
- Odio a los déspotas - afirmó Sakura frunciendo el ceño.
- Lo siento - dijo él a pesar de que no sonaba a verdadera disculpa - Pero el público ha votado que te quedes, así que te quedas.
Tardó varios segundos en entender a qué se refe ría. - ¿Podrías dejar de restregarme mis propias pala bras?
Al decir aquello, miró a su alrededor y comprobó que habían entrado en un precioso salón, decorado con total exquisitez.
- ¿Qué es esto? - preguntó llena de curiosidad.
- Mi apartamento.
- ¿Éste es tu apartamento de la ciudad? -parecía tan sorprendida, que Sasuke la miró con desconfianza.
- ¿Qué esperabas... terciopelo rojo y luces bajas en un dúplex del Soho diseñado para seducir a mis acompañantes femeninas?
Aquello volvió a recordarle a Ino y la ten sión se instaló de nuevo en su rostro, cosa que debió notar Sasuke, porque enseguida se apresuró a explicar
- Yo vengo a la ciudad a trabajar, descanso aquí un poco y vuelvo a trabajar. También tengo una casa en el campo, pero todavía no he conseguido dormir allí.
Parecía que el sarcasmo se había apoderado de él mientras Sakura luchaba por contener otra oleada de lá grimas... Y, sin darse cuenta, se encontró rodeada por sus brazos y con la cara apoyada en su pecho.
- Idiota...
El tono profundo de su voz le retumbó dentro del pecho. No sabía quién era el idiota si él o ella, pero sí sabía que en aquel momento deseaba estar justo donde estaba y eso la hacía sentirse como una com pleta idiota.
Pero la tranquilidad no duró mucho.
- Ven - le dijo él separándola de su pecho para lle varla hacia otra habitación... un dormitorio con una cama enorme en la que le pidió que se sentara - Es cucha - comenzó a hablar poniéndose de cuclillas frente a ella - Ha sido un día terrible y estás agotada. El médico te ha aconsejado que descansaras y eso es precisamente lo que vas a hacer... sola, agapi mu - añadió previendo su protesta - Yo tengo trabajo y una reunión en... menos de una hora - aseguró miran do el reloj al tiempo que se ponía en pie - Esa puerta de ahí es un cuarto de baño y la cocina está al final del pasillo, por si quieres comer algo. Si me necesi tas, hay un teléfono en cada habitación. Sólo tienes que apretar un botón y estaré aquí en un segundo, ¿de acuerdo?
- ¿Puedo llamar también al exterior? - preguntó Sakura mirando el teléfono que había junto a la cama.
- ¡No! - exclamó acercándose a ella para agarrarla por los hombros - Ahora, escúchame, mujer exaspe rante y contradictoria, estoy cansado de discutir con tigo, pero si intentas ponerte en contacto con tu ex amante, tendrás que vértelas conmigo. ¿Entendido?
- Sí.
La soltó con un beso que denotaba su impacien cia.
- Métete en la cama, descansa y deja de pensar en milagros.
Y con esas palabras salió de la habitación. Sólo unos minutos después, Sakura se metió en ropa interior entre las sábanas de hilo y cerró los ojos. Se quedó dormida automáticamente.
Lo último que pensó era que realmente estaba embarazada.
Embarazada, pensó Sasuke mirándola desde la puerta del dormitorio. Se fijó en su pelo rosa esparci do sobre la almohada y finalmente en su rostro páli do y algo demacrado. ¿Estaría contenta con la noti cia?
Sasuke quería estar contento, quería gritarlo a los cuatro vientos, pero al mirar al rostro de aquella mujer imposible, tuvo la sospecha de que el precio que iba a pagar por el placer de haberla dejado em barazada iba a ser muy alto.
No podía seguir comportándose como un tonto enamorado, tenía que adoptar el papel de despiadado empresario griego por el que en aquel momento no sentía ninguna inclinación.
Sakura se despertó poco a poco con el ruido de la loza, cosa que le recordó tanto a Thea Sophia, que, con una sonrisa en los labios, imaginó estar en la isla... hasta que oyó una voz que le decía:
- Espero que esa sonrisa sea porque estabas so ñando conmigo.
Al abrir los ojos se encontró con Xander. - Estamos en Londres, ¿verdad? - preguntó toda vía somnolienta - ¿Qué hora es?
- La hora de comer algo -respondió desde la coci na para después aparecer con una bandeja en las ma nos.
-No sabía que fueras del servicio de habitaciones -bromeó Sakura incorporándose en la cama, pero sin poder dejar de bostezar.
-Por ti cualquier cosa, amor mío -respondió con el mismo tono bromista al tiempo que se sentaba frente a ella y le colocaba la bandeja
- ¿Está bien? -le preguntó al ver que se quedaba mirando lo que le había preparado.
-Perfecto.
-Prueba esto y dime qué te parece -le pidió acer cándole a la boca el tenedor cargado de huevos re vueltos.
-No es más que huevos revueltos.
-Pero unos huevos revueltos muy especiales por que los hecho yo con mis expertas manos.
-¿Tú? -preguntó a punto de atragantarse por la sorpresa- No habría creído ni que supieras el aspec to que tenía un huevo dentro de la cáscara.
-Qué graciosa -le dio otro tenedor - Me las arre glo muy bien en la cocina cuando es necesario.
-¿ Y por qué pensaste que ahora era necesario?
-Porque decidí abandonar la reunión un rato para asegurarme de que comieras algo. He pensado que no habías tomado nada desde que vomitaste en la au topista. En cuanto te termines esto, podrás volver a dormirte... .
Sakura miró su rostro perfecto y relajado sin decir nada, le quitó el tenedor de la mano y siguió comien do sola. No dijeron nada durante varios minutos, Sasuke parecía satisfecho sólo con verla comer. Pero enseguida dejó entrever la verdadera razón por la que estaba allí.
-Sakura... lo que dije antes sobre tu padre... Quiero que sepas que te he dado una idea equivocada sobre su intervención en nuestra...
-No lo creo - dijo ella dejando el tenedor - Creo que te has explicado perfectamente. Te casaste con migo para asegurar tu inversión, hasta tenemos un contrato que lo demuestra. Pero también me salvaste de un destino peor que la muerte.
En su frente apareció una arruga que le unió las cejas. -Si tú quieres, romperé el contrato inmediata mente.
-Qué amable por tu parte -respondió ella mor dazmente-. El gesto habría tenido algún valor si me lo hubieras ofrecido antes de saber que estoy emba razada.
-Ya lo hice una vez, ¿recuerdas?
-¿En mi cumpleaños? ¿Antes de que mi padre consiguiera un contrato millonario con el gobierno australiano que ha sacado a su empresa del apuro?. Tampoco eso tiene mucho mérito, Sasuke –añadió antes de que él pudiera negar nada.
Él se quedó en silencio, pensando que iba a tener que recurrir a la magia para hacer que le creyera.
-Ahí tienes, el plato está limpio - anunció Sakura muy seria - El bebé está perfectamente alimentado.
-¡Lo he hecho por ti, no por el bebé! -se defen dió él.
Pero otra vez quedó patente que no le creía.
Sasuke resopló a punto de perder el buen humor.
-¿Acaso importa por qué lo he hecho? ¿Es que no puedo estar preocupado por los dos? -miró la hora y se puso en pie para retirar la bandeja - Tengo que volver a la reunión. Luego nos vemos. .
Una vez sola, Sakura se dejó caer sobre la cama deseando saber qué debía sentir hacia él. Todo lo que había aprendido a amar y en lo que había confiado en las tres últimas semanas se había hecho añicos en un día lleno de golpes.
De los cuales la llamada de Ino había sido el más duro.
Estaba muy inquieta, así que se levantó de la cama y comenzó a curiosear por la habitación y, ha bría hecho lo mismo en el salón si hubiera tenido algo que ponerse, pero parecía que Sasuke había ol vidado subirle la maleta y no quería pasearse por la casa medio desnuda. Al fin decidió tomar un baño cálido y relajante.
Comprobó aliviada que entre los utensilios de aseo no había nada femenino; ningún gel, ninguna crema... Parecía que Sasuke no llevaba allí a sus amantes, quizá sí que tuviera ese dúplex en el Soho decorado con terciopelo rojo, pensó con una suave carcajada.
-Veo que estás más contenta.
Levantó los ojos sobresaltada y lo encontró allí apoyado en el umbral de la puerta; se había quitado la chaqueta y la corbata y desabrochado varios boto nes de la camisa. Estaba sencillamente irresistible y aquella mirada...
-Has vuelto muy rápido -comentó desconcerta da.
-No me gustaba la compañía -lo cierto era que había sido más duro y despiadado de lo normal du rante la negociación no sólo porque no estuviera acostumbrado a ceder en los negocios, también por que se moría de impaciencia por volver allí con ella, con su esposa.
Por su parte Sakura dobló las piernas en un intento por taparse los pechos. Sabía que era ridículo sentir se turbada después de llevar tres semanas sin parar de hacer el amor con él, pero eso no impedía que se hubiera sonrojado como una chiquilla. Seguramente en parte era por el modo inconfundible en que la es taba mirando, haciendo que su cuerpo respondiera de inmediato.
-Has olvidado mi maleta -dijo tratando de rom per la tensión del momento.
-Está en el salón -respondió él sin parpadear - ¿Es que no te has molestado en mirar?
-No. ¿Podrías traérmela?
-¿Para qué? -preguntó con ese tono de voz que la volvía loca.
-Para que pueda ponerme algo limpio.
Sasuke se separó del marco de la puerta y dio va rios pasos hacia ella mientras se desabrochaba el res to de botones de la camisa.
-Creo que no necesitas ponerte nada, así estás perfecta.
-¡No te atrevas a meterte aquí! Sigo enfadada contigo. ¡No pienso ser tu esclava sexual!
Al moverse, se le cayó el lazo con el que se había recogido el pelo para que no se le mojara.
-Espera -dijo recogiéndole el pelo de nuevo con una suavidad y una facilidad increíble en un hom bre-. Así no tendrás que pasarte una hora secándotelo antes de que nos vayamos a la cama.
-¡No voy a volver a dormir contigo nunca más!
-¿ Quién ha hablado de dormir? – preguntó mientras se despojaba de la camisa y después de los pantalones, todo ello sin apartar la mirada de ella ni un momento - No vamos a seguir con esta guerra - anunció arrodillándose dentro de la bañera a ambos lados de sus piernas - Eres mi esposa y vas a tener un hijo mío - añadió con las manos so bre sus pechos coronados con dos pezones erectos por la excitación - Estas dos bellezas me demues tran que me deseas, agapi mu, y es más que evi dente que yo también te deseo. ¿Por qué luchar contra ello?
Cierto. ¿Por qué luchar?, pensó Sakura indefensa en el momento en el que se acercó y poseyó su boca como sólo él sabía hacerlo y, antes de que pudiera darse cuenta, se había agarrado a su cuello y le ofre cía el resto de su cuerpo mientras ella exploraba el suyo a su antojo.
Habían hecho el amor en la bañera en varias oca siones, pero por algún motivo, aquella vez era diferente. En todo momento, Sasuke tuvo cuidado de que ella no se resbalara o de que no acabara con la cabeza bajo el agua y no dejaba de mirarla a los ojos. Cuando introdujo la mano entre sus muslos, Sakura arqueó la espalda de placer. Siguieron investi gando cada rincón de su anatomía hasta que él le su surró que abriera las piernas y ella lo recibió encanta da e impaciente.
Alcanzaron el clímax junto con una dulzura que les proporcionó una sensación que parecía eterna. Después se quedaron el uno sobre el otro, tratando de recuperar la respiración.
Sasuke la sacó en brazos de la bañera y la llevó hasta la cama, donde ella se quedó automáticamente dormida; eso sí, con una sonrisa en los labios mien tras él la observaba preguntándose cuánto debía es perar para poder volver a despertarla.
Y no pasó mucho tiempo antes de que Sasuke le tomara la mano y se la llevaba al sexo de nuevo dis puesto.
-Eres insaciable -murmuró ella haciéndolo ver que estaba despierta.
-Sólo por ti -respondió él mientras ella lo acari ciaba y comenzaban de nuevo el ritual del placer.
Después Sasuke fue a la cocina y volvió con una botella de champán y dos copas, aunque una de ellas ya estaba llena de agua con gas.
-¿Qué es esto? -preguntó Sakura al darse cuenta de que no era champán.
-Las embarazadas no deben beber alcohol.
-¿ Y tú qué sabrás? -protestó ella y, sin saber por qué, vio cómo la expresión de su rostro cambiaba ra dicalmente retomando la dureza y frialdad de otras ocasiones - ¿Qúé he dicho?
-No, nada. Es que me he acordado de algo que debía hacer -dijo sirviéndose champán para después levantar su copa - Por nuestro futuro hijo.
El momento de tensión había pasado y Sakura prefi rió no escuchar la vocecita que le decía que Sasuke ocultaba algo. Si lo hubiera hecho, lo que ocurrió a la mañana siguiente quizá no le habría resultado tan doloroso.
Después de la ducha matutina, Sakura salió del baño sin poder dejar de pensar en la manera en que la había mirado Sasuke la noche anterior. Si aquello no era amor, había estado soñando despierta.
Abrió la maleta que él le había colocado en el dormitorio y entonces se dio cuenta de que toda la ropa que tenía, la que alguien había elegido para que se llevara a la isla, era apropiada para el romanticis mo y el calor de Grecia, pero desde luego no para el frío londinense. Como no quería ni pensar en volver a ponerse el traje que había llevado durante el viaje, decidió ponerse el vestido verde, corto y sin mangas, y buscar algo más cálido entre la ropa de Sasuke.
Abrió un armario en el que encontró todos sus trajes y camisas de trabajo; no parecía que allí fuera a dar con nada. Después miró en los cajones, perfec tamente ordenados con camisetas, ropa interior y, por fin suéteres. Todos ellos eran de una lana finísi ma, pero vio uno negro al fondo que le pareció espe cialmente cálido, así que hundió la mano en el cajón y se pinchó con algo.
Sacó los dedos para comprobar si sangraban y después fue levantando las prendas una a una hasta dar el objeto agresor.
Después de eso perdió el contacto con la reali dad. La pila de suéteres que tenía en la mano iz quierda cayó al suelo sin que se diera cuenta siquie ra. No intentó levantar la fotografía con marco de plata que se escondía en el fondo del cajón, se quedó con la mirada fija en el rostro sonriente de Ino, que posaba junto a una versión en miniatura de Sasuke y lo más doloroso de todo, leyó la dedicatoria escrita a mano con letra infantil:
A papá Sasuke. Con amor. Sasu. Su hijo se llamaba igual que él...
