N/A: ¡Y por fin llega el tercer capítulo! Y estoy feliz de actualizar porque eso significa que he terminado los exámenes y con la venida de las vacaciones podré ir subiendo los capítulos de forma más seguida. También me complace anunciar que Volluhi-chan ha accedido a ser mi Beta y así evitar que se me cuelen faltas con el WordPad.
De nuevo muchísimas gracias a todos aquellos que dejan un review, un alert o simplemente leen la historia, porque eso le alegra el día a una, de verdad. Así que ahora es mi turno de contestaros:
Volluhi-chan: Gracias a ti por corregir los fallos de esta traductora con manos de mantequilla, realmente agradezco que dediques un poco de tu tiempo a mis errores. A partir de ahora tú también te mereces parte del mérito. ¡Muchas gracias y aquí tienes el siguiente!
Rosa Phelps Weasley: Al principio parece un poco lento el desarrollo de la historia, pero aquí ya tenemos las primeras pruebas de lo que ronda por sus cabecitas. Otro saludo para ti, y gracias.
99Liberty: Intento dedicarle cada ratito que pillo. Oops, toda la razón, supongo que no me fijé demasiado, pero siempre es agradable que alguien te diga si tienes fallos porque así se pueden corregir para la próxima. Espero que te guste este capítulo.
Bermellon: Cada AU es un mundo diferente (nunca mejor dicho), así que es complicado que la autora se mantenga fiel al personaje sin hacer OoC, pero Clocks hace un buen trabajo. ¡Gracias por tu review!
Rouse Malfoy: Realmente agradezco el detalle de que hayas dejado un review en ambos capítulos, y sí, todos amamos la química que tiene esta pareja, están hechos el uno para el otro. Ya mismo puedes leer el tercero.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mi, sino a Marvel; al igual que la historia tampoco, sino que es de una magnífica persona llamada Clocks (http: /archiveofourown. org/ users/ Clocks/ pseuds/ Clocks), aquí os dejo el link del original: (http: /archiveofourown .org/ works/ 254095/ chapters/ 395046).
Capítulo 3:
A Charles siempre le había gustado quedarse después de las clases para charlar con los estudiantes, incluso si su Profesor Asistente era más que capaz de hacer frente a cualquier pregunta. Y los estudiantes parecían igual de entusiasmados por platicar con él, hablando sobre todo desde la asignación a la mano de los puntos más finos del concierto de Bright Eyes en el campus la semana pasada. Los alumnos de Moira no eran excepción, y Charles se topó con que congeniaba en particular con uno de sus alumnos más brillantes, un largilucho y nervioso estudiante de último año llamado Henry McCoy quien siempre daba un paso al frente para hablar con Charles después de cada lectura.
-Verás, el texto original de Eyre no proporciona un eco para Bertha Mason del todo. Ella fue vista como la Otra, desde que fue retratada como extranjera y bárbara, incluso como un animal. -Dijo Henry, gesticulando a lo loco y casi golpeando a un estudiante que pasaba en la cara mientras Charles empezó a meter las cosas en su maletín. -En un texto gótico del siglo XIX, tiene sentido, pero 'Wide Sargasso Sea' fue publicado en los sesenta, y el texto era de todo menos gótico.
-Sí, en ese caso puedes desarrollar eso en tu ensayo. -Dijo Charles, apagando el ordenador y el proyector. Era raro como la forma de enredarse de Henry le recordaba a alguien. -No olvides hacer mención al periodo de cambios que fueron los sesenta, y cómo esto pudo haber afectado a la representación feminista de Jean Rhys de Rochester.
Henry casi tropezó con un cable, pero Charles lo cogió por el brazo justo a tiempo. -Whoa, gracias Profesor. De todos modos, voy a hacer mención a como Rochester no recibió un nombre en 'Sargasso', por lo tanto disminuyó su voz...
Aquí Henry fue bajando poco a poco el tono de voz, y Charles se preguntó si Henry había de algún modo logrado electrocutarse a sí mismo cuando se dio cuenta de que el estudiante estaba mirando su maletín abierto. -¿Qué ocurre, Sr McCoy?
Henry apuntó con el dedo a la copia de 'Magnetic Fields' que estaba ahí. -¿Lee a E. M. Lehnsherr?
Charles se mordió el labio, tratando de averiguar si Henry se estaba burlando de él o estaba acusándolo, así que decidió simplemente revelarse y decirlo. -Pienso que es uno de los mejores autores de nuestra generación.
-Oh, Profesor. -La mirada en la cara de Henry se había fundido en pura felicidad. -No tiene idea de cuánto admiro su trabajo.
Charles sonrió. Esta iba a ser una buena amistad.
Moira estuvo de vuelta el miércoles. Se veía más delgada y cansada, quejándose de que había pasado en vela la mayoría de las noches, enferma, pero Charles sospechaba que su falta de sueño tenía más que ver con la pila de DVDs de 'Anatomía de Grey' y el poster de McSteamy que había visto en su oficina. De cualquier modo, ahora que Moira había vuelto, Charles finalmente tendría más tiempo, el cual iba a pasar devorando el resto de su lista de libros por leer en su adorado Café Kafka.
Pero primero, hizo una parada en el Best Buy el jueves y tras algo de reflexión con un viejo dependiente quien respiraba con pesadez y sudaba bastante, Charles se compró su propio iPad. No esperaba divertirse tanto como lo hacía con el de Alex, pero le seducía la idea de poder leer e-books en su aparato también.
Cuando entró en el café, sonrió al ver que Erik ya estaba sentado en su mesa habitual, sus dedos tecleando en el ordenador. A veces se preguntaba si Erik era un novelista ambicioso, con todo lo que escribía, y tal vez fuera por eso por lo que le disgustaban los escritores de moda como E. M. Lehnsherr. Charles había visto casos de celos profesionales en algunos de sus colegas los cuales no tenían ni idea de cómo autores como Dan Brown y Stephen King seguían vendiendo millones de copias. Sin embargo, algo instintivo le dijo que Erik no era envidioso. El hombre parecía verdaderamente perplejo sobre la popularidad de E. M. Lehnsherr.
-Mira lo que he comprado. -Dijo cuando llegó a la altura de la mesa de Erik, sacando el iPad de la caja de cartón. La arruga pensativa que había en la frente de Erik se aclaró cuando levantó la vista y miró a Charles, una sonrisa se abrió paso en su rostro cuando vio el iPad.
-No importa si consigues uno completamente nuevo, Charles. Igualmente te venceré de nuevo. -Erik parecía totalmente presumir mientras cerró su portátil. -Déjame decirte que fue embarazoso ver a un hombre adulto llorar.
Charles movió la mano como rechazando ese argumento con una risa. -Ah, esa primera vez fue pura suerte, amigo mío. -Permanecieron en un cómodo silencio mientras Charles pacientemente ponía en marcha el aparato, y por algún motivo Alex no se pudo contener y fue a ayudarlo, obviamente satisfecho de que Charles se hubiera unido y ahora contara con un iPad. Sean trajo el café de Charles, mirando por encima del hombro de Alex y quedándose tan absorto que dio un bote cuando se dio cuenta que los clientes estaban gritando en el mostrador.
Cuando Sean se apresuró a atenderlos, Charles vio su oportunidad de sorber su café y observar a Erik, quien había abierto de nuevo su portátil para poder cargar la batería del iPad de Charles. Era raro como se habían acostumbrado a algo así como una relación de conocidos a pesar de sus diferencias.
Erik debió de pillar a Charles mirándolo, porque parecía algo divertido y curioso. -¿Tengo algo en la cara?
-Oh, no. -Charles sintió como sus mejillas ardían y por casualidad desvió la vista. -Tan sólo me estaba preguntando qué hacías en Riverside. No pareces conocer mucho la zona, y no te he visto por el campus.
-Simplemente me estoy tomando un pequeño respiro de Nueva York, -contestó Erik y sorbió su capuccino. -Soy un escritor autónomo. -Aquí, le dirigió a Charles una mirada furtiva. -Y a veces hago críticas de libros.
-Ahhh, entiendo. -Eso explicaba muchas cosas para Charles. Erik debía de ser uno de esos críticos presumidos de la Costa Este quienes babean sobre los gustos de Jonathan Franzen y Thomas Pynchon. Aun así, nunca había visto a Erik leer algo, pero entonces de nuevo, tan sólo había coincidido con Erik un gran total de cuatro ocasiones, incluyendo esta, y la primera no es que los dos hubiesen sido totalmente... agradables. -Entonces supongo que nunca le has dado a E. M. Lehnsherr una puntuación de cinco estrellas.
Erik ahora lo estaba fulminando con la mirada, una cosa que comenzaba a hacérsele familiar. -Creo que sabes de sobra la respuesta a eso.
-¿Ni si quiera a 'Magnetic Fields' o a 'Judas'? -Preguntó Charles, verdaderamente curioso.
-Consideraría esos como aceptables. -Admitió Erik, y Charles le sonrió triunfalmente. -Pero no, no es material de cinco estrellas. ¿Quieres material de esa calificación? 'Una visita de los Goon Squad', ese es un clásico moderno en toda regla.
La voz aburrida de Alex los sacó de su conversación. -Tíos, ¿alguna vez vais a hablar de otra cosa que no sean libros? Quiero decir, puaj. -Charles había olvidado que seguía allí, instalando el iPad para él. -Este tipo de memeces ahuyentará a las chavalas, para que lo sepáis.
Ahora la fuerza entera de la mirada fulminante de Erik se volvió contra Alex. -Primero de todo, ¿por qué estás espiando? Y segundo, ¿estás diciendo que eres una 'chavala'?
-¿Qué? -Farfulló Alex.- No, eso no es–
-Porque parecía como si te estuvieras insinuando, Alex. -Dijo Charles, disfrutando completamente de la mirada de horror en su cara, cada vez más roja.
-No importa. -Murmuró, inclinándose y estudiando el iPad de Charles con más interés del necesario.
-De todos modos, creo que no se nos está permitido hablar más de libros– -Aquí, Charles le dirigió a Alex una mirada divertida,- –estaba a punto de preguntarte si estás libre la tarde del viernes, Erik.
Erik arqueó las cejas. -¿Mañana? Creo que sí, ¿por qué?
-Uno de mis alumnos, Henry, juega en el equipo de fútbol de la universidad, y van a hacer un amistoso contra Ithaca. -Charles se preguntó si sonaba demasiado como si le estuviese pidiendo una cita, y juzgando por la sonrisa de satisfacción en la cara de Alex, tal vez lo parecía, así que añadió: -Mi hermana y mi colega también van a venir, así que pensé que sería una buena manera de integrarte y participar en la cultura de Riverside.
Hubo una agonizante y lenta pausa mientras Erik comprobó su agenda, entonces asintió. -Suena fantástico.
-Bien, eso está bien. -Charles volvió a apoyar la espalda en el respaldo de su asiento, contento, e intentó no reír cuando vio a Alex cabizbajo. -Alex, tú también deberías venir.
-Si insistes. -Le contestó con aire aburrido, pero una pequeña sonrisa cruzó por su cara, y eso había valido la pena completamente para que Charles intercambiara una sonrisita con Erik por encima de la cabeza de Alex.
Quedaron fuera del Café Kafka por la tarde, y a pesar de que le habían preguntado al personal de que los acompañara, Darwin se disculpó, diciendo que las tardes de los viernes siempre eran muy ajetreadas y tenían que trabajar. Así ellos comenzaron su lento paseo hacia el campus. Charles, junto con Raven y Moira, llevaba los colores del equipo: azul y dorado, mientras Erik vestía un polo ajustado de color negro y vaqueros y Alex una camiseta que decía "Soy Virgen (Esta Ya Es Una Camiseta Vieja)" ante la cual Raven había soltado un bufido. Sin embargo, cada uno parecía ir a lo suyo; Alex estaba rodeado por las chicas, charlando animadamente sobre lo que sonaba sobre Project Runaway, si los oídos de Charles no mentían. Charles y Erik andaban más atrás, no discutiendo sobre libros, por una vez.
-No te creía el tipo de persona a la que le va el fútbol. -Confesó Erik. -O cualquier deporte, a decir verdad.
Charles rió. -¿Oh? ¿Qué pensabas, que me pasaba el día sentado en mi biblioteca fumando en pipa y quitándole el polvo a mi monóculo?
Erik dejó escuchar una pequeña risita. -Demasiada calidad para un fan de E. M. Lehnsherr.
-Oh, cállate. -Charles dijo de buen humor mientras se unían a la multitud que iba en dirección al estadio, el cual se alzaba en frente de ellos. La universidad acababa de reconstruir su polideportivo, y Charles estaba deseoso de ver las nuevas instalaciones. Pero sobre todo, le emocionaba la idea de que Erik viera el campus, en donde él trabajaba y por qué UCR era tan especial. -Pensé que sería bueno para ambos no discutir sólo por un día.
Ahora fue cuando Erik se giró a mirarlo, aparentemente curioso. -¿Estamos discutiendo?
-Bueno, no, no realmente. -Charles lo consideró. -Riñendo, tal vez.
Erik estuvo a punto de responder cuando su teléfono sonó, y lo descolgó. -¿Sí, Emma?
Mientras continuaron caminando, Erik hablaba por teléfono con la misteriosa Emma, Charles intentó no escuchar por casualidad pero era todo un reto. Se preguntó si Emma era su novia, o su mujer, pero juzgando por el tono de voz más rápido que Erik estaba utilizando, tal vez tuviera algo que ver con negocios. De todos modos, ¿por qué estaría llamando por teléfono una colega a Erik un viernes por la noche? Y sobre todo, ¿por qué le debería de importar a Charles?
Por el momento que Erik colgó, Charles estaba un poco preocupado sobre su nueva revelación. Había permanecido en silencio mientras Erik volvió a retomar la conversación, hablando de que había nacido en Alemania, pero sus padres judíos habían emigrado a Nueva York cuando tenía diez años. Tras graduarse, Erik había viajado muchísimo, tanto nacional como internacionalmente, lo cual explicaba su autónomo viaje de escritura. No había mencionado cuánto tiempo llevaba en Riverside, y Charles no preguntó.
Se amontonaron con las masas de gente que se agolpaban en la entrada del estadio, y eso significaba que Erik estaba aplastado detrás de él mientras intentaba entrar. De normal a Charles no le hubiera importado, pero estaba enfadado consigo mismo por pensar que Erik olía mejor que bien, su colonia era melosa y con un toque de madera, o sobre como de firme estaba el pecho de Erik, presionando contra su espalda. Raven tampoco es que ayudara, lanzándole a Charles una mirada curiosa y preguntado "¿Por qué pareces tan estreñido? ¿Necesitas ir al baño?" Y por supuesto todos se giraron para mirarlo, y Erik soltó una risita, su aliento caliente e íntimo contra la nuca de Charles.
El partido había tenido un gran comienzo, y pasados cuarenta minutos, los Riverside Bears habían marcado dos goles, uno de los cuales asistido por Henry. Si el chico era torpe y raro en el día a día, era una fuerza a tener en cuenta en el campo, sagaz y muy rápido y extremadamente astuto a la hora de anticiparse a donde la pelota iba a estar. Todos menos Alex ("Soy demasiado guay como para animar", había dicho, y Raven quien no estaba engañando a nadie con que tenía cierta debilidad por Henry, había tirado 'accidentalmente' un poco de su bebida en su camiseta Virgen como venganza) habían gritado y animado hasta que sus gargantas les dolieron, y en una ocasión, Erik se había levantado y gritado algo grosero en alemán al árbitro que sonó como "Dummkopf!" *
El descanso vino y se fue, y la segunda parte fue mucho más lenta y arrastrada. Era fácil ver que los jugadores se estaban cansando, y Charles realmente envidiaba su aguante. ¿Cómo podía cada uno correr durante noventa minutos derecho?
Intentó mantener la atención puesta en el partido, ignorando que Erik se estaba sentando cerca de él, sus piernas apretadas una junto a la otra, su maldita colonia sin mostrar signos de desvanecerse. Al final del partido, Charles hubiera sido capaz de identificar la colonia de Erik desde una línea que incluyera un plato de queso azul y ese asqueroso revoltijo que Sean había sacado de debajo de la máquina de espresso esa vez.
Afortunadamente, Ithaca había fallado a la hora de empatar, y cuando el pitido final sonó, los jugadores comenzaron a andar hacia los otros y a estrecharse las manos, luego se quitaron las camisetas para cambiárselas. -Esta es mi parte favorita. -Dijo Moira soñadora, Raven asintiendo felizmente a su lado a la vez que miraban a los chicos en el campo.
-Creo que voy a vomitar. -Murmuró Alex, esquivando el codo de Raven justo a tiempo.
-Bueno, ¿qué es lo próximo en el programa? -Preguntó Erik, mirando hacia Charles. Aunque el partido se hubiera acabado y la gente alrededor de ellos se hubiera marchado ya, él no se había apartado para darle más espacio a Charles, pareciendo contento de que los dos aún permanecieran apretados y juntos. -¿Vamos a ir a cenar? Porque estoy hambriento.
-Eso de hecho suena bastante bien. -Charles dijo, mirando a Moira y a Raven. -Aunque creo que las chicas ya han comido.
-Vamos a cenar, conozco un buen restaurante mexicano. -Dijo Alex, saltando y juntando sus manos. -A Darwin le encantan sus enchiladas, son realmente buenas.
-Suena bien. -Comentó Erik mientras finalmente se levantó para estirarse, y Charles tuvo que forzar el desviar la mirada, no queriendo quedarse mirando.
Después de recoger a un feliz y recién duchado Henry, siguieron a Alex al restaurante del cual había estado hablando, y a pesar de que el local estaba lleno con jugadores y espectadores celebrando el éxito de Riverside, Alex parecía conocer al dueño, un hosco canadiense con camisa de cuadros llamado Logan quien ladraba a sus empleados como un sargento taladrándolos a gritos. Consiguieron una buena mesa, y Charles olvidó todo su malestar de antes, riendo y disfrutando de la buena comida y de la compañía.
-No lo pillo. -Dijo Moira en un punto de la conversación, dando un trago a su cerveza. -¿Por qué está un tipo canadiense dirigiendo un restaurante mexicano?
-Bueno, el rumor es que Logan primero comenzó vendiendo comida normal, pero no podía cocinar nada que no supiera mal, -Raven explicó. Habiendo trabajado en Riverside más tiempo que Charles, era una enciclopedia andante de la historia de la ciudad. -Así que contrató a este chef mexicano, pero no sabía hablar inglés, y el español de Logan era tan malo como su cocina, así que no tuvo más remedio que dejar que el tipo cocinara lo que quisiera.
Alex estaba asombrado. -No sabía eso. Logan nunca dice una maldita cosa.
-No parece que sepas muchas cosas, cariño. -Raven dijo con dulzura, lo cual hizo al resto de la mesa reír. -Ah, ese es el chef, Alonso. -Apuntó a un hombre alto y rechoncho que caminaba hacia su mesa.
Para la sorpresa de todos, Erik cogió al hombre por la muñeca, diciéndole algo en un fluido español mientras señalaba hacia sus platos vacíos, y por el débil dominio que tenía Charles del idioma, podía decir que estaba haciéndole cumplidos sobre la comida. El chef se mostraba radiante mientras asentía, conversando rápidamente en español con Erik, y para ser sinceros, Charles estaba sorprendido de cómo de sensual podía hacer Erik sonar el idioma.
-Eso ha sido... interesante. -Dijo Moira con una amplia sonrisa una vez el chef se fue. -¿Cuántos idiomas hablas, Erik?
Erik dio un largo trago a su cerveza, sus ojos latentes a través del cristal mientras él, por alguna razón, miraba a Charles. -Oh, me las apaño.
A pesar de que tardaron en terminar con la comida y el postre, el alcohol seguía viniendo, y Charles ya comenzaba a sentirse algo alegre cuando iba por su tercera pinta. Erik, por otra parte, parecía derribar cervezas como si fueran Mountain Dews, y Charles admiraba bastante el aguante que tenía para el alcohol. Erik también había insistido en pagar la cuenta, a pesar de que el resto de la gente se hubiera quejado, pero él tan sólo dijo: -La próxima vez, podéis pagarlo vosotros, ¿sí? -y eso le provocó a Charles un cálido y confuso sentimiento a Charles en el estómago, sabiendo que habría una próxima vez.
El pequeño grupo salió a la calle, discutiendo cómo podían volver a casa, estaba decidido que como Raven y Moira vivían en el campus, podían compartir un taxi con Henry, dejándolo fuera de los dormitorios. Como Raven parecía espectacularmente feliz con eso, Charles decidió no decir nada, guardándose las burlas para mañana. Alex optó por esperar a Logan y que lo llevara a casa, así que Charles y Erik coincidieron en irse juntos hasta el Café Kafka y a partir de ahí que cada uno siguiese su camino.
La noche refrescaba, así que Charles enrolló su bufanda azul y dorada alrededor de su cuello. Erik parecía no tener inconvenientes con el frío, pensó, y había una mirada contemplativa en su cara, por lo que pensó que estaba intentando descifrar algo. -¿Todo bien, amigo mío? -Charles preguntó curioso.
-Oh, no. Tan sólo pensaba que ha sido una buena tarde. -Dijo Erik, y sonó realmente sincero. -Tan sólo me estaba preguntando por qué has sido tan bueno conmigo cuando todo lo que he hecho ha sido burlarme de tus gustos literarios.
Charles sonrió. -Intento ser hospitalario. -Masculló, su mente un poco confusa. Seguramente la cerveza no podía haber sido tan fuerte. -Somos hospital– Quiero decir, hospitalarios, ¿verdad?
Erik mostraba esa pequeña sonrisa de satisfacción de nuevo. Tal vez Erik era el único bebé que había nacido con esa sonrisa. -Realmente lo has sido. Pero todo ese galanteo no cambiará mi opinión sobre E. M. Lehnsherr, Charles.
¿Galanteo? charles agitó su cabeza. -Sigo sin entender qué tienes en su contra, sabes.
Erik ahora se estaba llevando las manos a los bolsillos, bajando la mirada al suelo a la vez que fruncía el ceño ligeramente. -¿Me creerías si te dijera que es algo persona? -Dijo con vacilación.
-Oh. -Tal vez Charles estaba en lo correcto al pensar en la teoría sobre los celos profesionales después de todo. -Está bien, si es personal.
Continuaron caminando en dirección al café, y Charles pudo verlo al final de la calle, las luces apagadas, la bicicleta de Sean ya no estaba en su sitio encadenada fuera de la tienda. Tal vez Darwin todavía estuviera dentro, contando las ventas del día, pero Charles lo dudó.
-Así que si es profesional, -continuó Charles, a pesar de la sorpresa en el rostro de Erik ya que habían dejado de hablar sobre eso hacía diez minutos, -¿seguirás haciéndome pasar malos ratos sobre disfrutar un autor, quien, francamente, es bastante querido para mí porque sus libros me han llevado a través de algunos momentos realmente desagradables?
Erik se mantuvo en silencio durante un buen rato, y Charles estaba comenzando a preguntarse si había ofendido a su nuevo amigo cuando Erik finalmente habló, su voz baja y grave. -No, no lo haré. -Pero ahora su mirada hacia Charles era más bien tímida. -Pero disfruto nuestras conversaciones sobre literatura. Odiaría que eso parase.
-Yo también. -Admitió Charles inmediatamente, y se sonrojó cuando Erik le sonrió. Erik tenía una forma extraña de sonreír, como si estuviera enseñando los dientes. -Parece que estamos en un punto muerto, amigo.
-Eso parece. -Contestó. Ahora estaban afuera del café. Charles tenía que continuar caminando arriba de la Quinta para llegar a su casa, mientras Erik tenía que bajar por Monroe. Charles tiró inútilmente de su bufanda, de nuevo, y los ojos de Erik estaban fijos en sus manos, haciendo a Charles sentir torpe. -¿Nos vemos el lunes?
Charles asintió. -Estaré esperando con ganas las burlas.
Erik tiró la cabeza hacia atrás con una risa, y Charles intentó no mirar fijamente esa destacada nuez de Adán. -Eres muy gracioso, Charles. -Ahora permanecían muy cerca el uno del otro, y Charles se encontró a sí mismo preguntando qué diría alguien que casualmente pasara por la calle si ahora viese a los dos hombres, apoyándose muy cerca el uno del otro, incluso si es en una tranquila conversación.
No podía explicar esa oleada de decepción en su estómago cuando Erik dio un paso hacia atrás, volteándose hacia Monroe. -Pasa un buen fin de semana, Charles.
Charles estaba convencido de que la razón de que sus piernas se sintieran un poco tembladizas en su camino hacia casa era a causa del alcohol.
Notas de traducción:
*Dummkopf significa en alemán algo así como zoquete, merluzo, imbécil... creo que os podéis hacer una idea.
N/A: Este capítulo es más largo que el anterior, y sin duda se nota que la relación entre Erik y Charles avanza. Así que la semana que viene otro capítulo, ¡y de nuevo gracias por leer, hasta el próximo!
Atte: Maguvi
