N/A: Paper Monsters vuelve por estas fechas, y adelantando que el quinto capítulo será subido en los próximos 3-4 días si todo sale según lo previsto; aunque nuestra querida Clocks no ha actualizado nada desde mitad de noviembre, así que siguen habiendo tan sólo 9 capítulos hasta ahora.
Gracias de nuevo por todos esos maravillosos reviews y alerts, sois geniales.
Rouse Malfoy: Hahaha, todos nos podemos hacer una idea de las palabras que Erik dice cuando se enfada. Muchas gracias por los cumplidos, trato de traducir de la forma más detallada posible cada acción, descripción o diálogo para que la gente esté realmente a gusto con la lectura, como has dicho tú. ¡Gracias de nuevo por el review!
Rosa Phelps Weasley: Me alegra que te gustase, aquí ya averiguarás un poquito más sobre esa duda que tenías. ¡Espero que te guste!
Kuku: Muchas gracias por tus palabras, es genial ver que a la gente le gusta el trabajo que haces. Aquí tienes el siguiente capítulo.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mi, sino a Marvel; al igual que la historia tampoco, sino que es de una magnífica persona llamada Clocks (http: /archiveofourown. org/ users/ Clocks/ pseuds/ Clocks), aquí os dejo el link del original: (http: /archiveofourown .org/ works/ 254095/ chapters/ 395046).
Capítulo 4:
Erik no había podido escribir mucho el fin de semana, y los trucos que usaba habitualmente para sobrellevar el bloqueo no fueron muy efectivos esta vez. Tenía distintas listas de reproducción en su iPod para diferentes libros, pero curiosamente la música no estaba ayudando. Para la nueva novela, se había estado sumergiendo en una rara mezcla de Bowie, NIN y The National, pero incluso repetidas veces escuchando 'Aladdin Sane' no produjeron más que una página de párrafos torpes y artificiales que sencillamente no le satisfacían.
Más tarde, había ido a un gimnasio cercano para un entrenamiento intenso, en un esfuerzo por arrancar las palabras de sí mismo, pero a pesar de todo tan sólo volvió sudado y exhausto, eso también había sido en vano. Las palabras todavía se resistían a ceder.
Erik tenía una sospecha de por qué no era capaz de escribir, incluso aunque se mostró reacio a analizar la causa de cerca. Charles. Lo que dijo el viernes por la noche, sobre sentir una conexión emocional con el autor, con él, había silenciado debidamente el crítico interior de Erik. Después de todo, Erik se podía meter en su escritura y sacar todo tipo de fallos técnicos: mucha palabrería, demasiada descripción, diálogo poco realista y así sucesivamente. Pero el enloquecedor Charles había reducido todo de modo desesperante a un visceral y emocional punto de vista que hacía que todos los puntos de Erik fueran inválidos. Este libro – este autor – significa mucho para mí.
¿Cómo podía Erik discutir con eso? Podía identificarse por completo con lo que Charles había dicho. Algunos de sus libros favoritos no habían visto nunca las listas de bestsellers, pero le encantaban por igual. Por un momento no hizo otra cosa sino preguntarse qué angustia personal de Charles había ayudado a superar con sus libros.
Cansado de pensar dentro de su apartamento, Erik se encontró de vuelta en el Café Kafka, aunque había más gente los sábados de la que le hubiera gustado. Su mesa habitual ya estaba ocupada, pero considerando que la gente de la mesa de enfrente era un grupo de risueños estudiantes viendo vídeos en sus teléfonos a todo volumen, no le importó sentarse fuera. Hubo un rápido susurro de curiosidad respecto a dónde podría estar Charles en estos momentos en una ventosa tarde de un sábado. Erik pensó que el hombre tenía una vida con amigos e intereses fuera de ese café, y rápidamente aplastó ese parpadeo de curiosidad tan fugazmente como había aparecido.
Eligiendo una mesa fuera, Erik abrió su portátil, ganándose una mueca en los gritos de las chicas que ocupaban la mesa de Charles. Intentando contener una sonrisa, Erik se preguntó cuándo había comenzado exactamente la asignación de mesas con sus respectivos clientes habituales. La de la esquina sería la de Alex, en donde se recostaba con los pies puestos en la silla frente a él mientras miraba su iPad, y la mesa de en frente de los altavoces pertenecería a la chica hispana que llevaba demasiado maquillaje en los ojos, su cabeza perpetuamente inclinada sobre la copia de 'The Bell Jar' excepto cuando robaba furtivamente miradas hacia Erik y Charles.
Y por supuesto, por eliminación la mesa frente a la de Erik pertenecería a—
Erik despertó repentinamente cuando pensó que se había imaginado lo que parecía Charles y Henry haciendo footing calle abajo de la Quinta, y resultó que no se estaba imaginando nada. Eran ellos, sus caras ruborizadas y riendo, ambos vestidos con el chándal gris de Riverside que estaban oscurecidos por el sudor en sus pechos y axilas. Mientras pasaban corriendo por el café, la cara de Charles se iluminó cuando vio a Erik sentado afuera y aminoró la marcha y se paró jadeante cerca de su mesa, sus mejillas tomando un color más rojizo. -¡Erik! ¡Qué agradable sorpresa!
-Caballeros. No paren por mí. -Dijo Erik con una sonrisa mientras Henry casi tropezaba con el perro de alguien, y el pomerania comenzaba a ladrarle ferozmente. -¿Ya estás entrenando para el próximo partido, Henry?
Henry estaba parpadeando, todavía un poco agotado a pesar de que el dueño del perro lo hubiese apartado de él. -Simplemente trabajando en aumentar el nivel de actividad cardiovascular. -Con esas viejas gafas de protección que llevaba, Henry le recordaba más bien a una mosca humana a Erik. -Charles quiere ayudarme a mejorar mi aguante.
-Ya veo. -Contestó Erik. Comenzaba a captar la idea de que Charles tenía un hábito irracional de querer ayudar a la gente todo el rato. Erik recordó a Sean mencionar algo de Charles alentándolo a que volviese a la universidad. Y ahora, Charles parecía haber puesto a Henry bajo su ala protectora.
Sonriendo, satisfecho consigo mismo, Charles ahora parecía mucho más contento de ver a Erik, esa piel pálida coloreada por un tono rosáceo y brillante con sudor, esos ojos asombrosos de color azul aciano. Erik casi podía oír la voz sarcástica de Azazel en su cabeza: para de ser un maldito escritor, Lehnsherr.
La voz de Henry lo sacó de su ensimismamiento. -¿Le has hablado a Erik de la recolección de libros? -preguntó a Charles quien se estaba secando el sudor de su frente con el dorso de su mano.
-Oh no, no todavía. Gracias por recordármelo, Henry. -Ahora Charles estaba de cuclillas en frente de Erik. -La universidad va a hacer una donación de libros para sus bibliotechas. ¿Hay algún libro de segunda mano en el que estés interesado en encajárselo a algún pobre hombre?
-No, desafortunadamente. -Y era cierto, porque Erik tan sólo se había traído dos maletas a Riverside. -No traje muchos libros cuando vine aquí.
La boca de Charles cayó en una mueca hacia abajo de arrepentimiento. -Qué lástima. Me temo que tengo el problema contrario.
-¿Demasiados libros? Qué sorpresa. -Erik podía imaginar vagamente el apartamento de Charles, reventado de libros, papeles y gatos adoptados. -¿Necesitas algo de ayuda?
Ahora esa rosada boca – la cual Erik estaba intentado no mirar fijamente– se arqueó hasta formar una infantil sonrisa. -¿Te estás ofreciendo? Porque me vendría bien una mano disponible.
Una mano disponible. Era una perfecta observación inocente, Erik lo sabía, pero Charles parecía tener la habilidad de hacer incluso a la cosa más inocente sonar coqueta. -Claro, me encantaría echarte una mano, Charles. -Dijo Erik, disfrutando del sonrojo de Charles que se estaba intensificando.
-Espléndido. -Tal vez Charles no hubiera contado con Erik siguiéndole el juego de su pequeño coqueteo, el cual había sido silencioso desde el partido de fútbol. -Digamos mañana por la tarde... ¿y quedar aquí? Mi piso tan sólo está a quince minutos.
-Suena bien. -Y de repente el fin de semana de Erik parecía más alegre. Pudo ver a Henry ansioso por continuar de nuevo, así que asintió con la cabeza, abriendo de nuevo su portátil. -Pasad un buen rato. Y no te estampes contra más perros, Henry.
-Um. -Henry se sonrojó mientras Charles reía, y se despidieron a la vez que continuaban calle abajo, hablando sobre algo pero ya inaudible.
Erik fingió que sus ojos no seguían a ese peluche vestido de tela gris elástica bajando el resto de la Quinta.
Los domingos normalmente estaban reservados a coger algunas películas y series de televisión que Erik había grabado, y también mirar el correo, pero a parte de Emma y unos pocos amigos con los que se mantenía en contacto, no había nada urgente que requiriera la atención de Erik. El DVD de 'A Single Man' permanecía en la mesita del café, pero eso podía esperar, a pesar de la insistencia de Azazel en que Erik tenía que verlo ya. La esperanza de los libros desgastados de Charles – y cierto es que también el ver donde vivía – era más que tentador, y Erik no pensaba que alguien que no fuese un tipo bibliófilo pudiera entenderlo.
Se pasó más tiempo de lo habitual debatiendo qué llevaría. Primero, su común jersey de cuello alto negro. Pero dudó mientras se miraba en el espejo. Seguramente tendrían que mover cajas de libros por todas partes, y no quería acabar acalorado y sudado en el cargado jersey. Desechando esa idea, se probó un polo color crema, pero no era exactamente suelto y cómodo tampoco. Sintiéndose ridículamente como una adolescente de instituto arreglándose para su graduación, Erik se lo quitó bruscamente con un gruñido y finalmente se decidió por una camiseta gris de tirantes. Sus hombros, cuando estaban descubiertos, parecían más pronunciados y fuertemente angulares, así que se puso por encima una camisa blanca. Siempre podría quitársela después en el apartamento de Charles en caso de que tuviese mucha calor.
No le llevó mucho tiempo ir al Café Kafka, y Charles ya estaba esperando fuera, riendo por el teléfono. Por el tono cálido y afectivo de su voz, Erik aventuró que probablemente fuese su hermana. Efectivamente, Charles sonrió a Erik cuando lo vio y dijo "Claro Raven, diviértete en la caminata, te llamaré más tarde", antes de colgar. A Erik no le hubiera importado si Charles continuara hablando, pero Charles parecía poseer la mentalidad de la vieja escuela de educación y consideraba grosero hablar por teléfono con compañía. Ahora miraba radiante a Erik, sus ojos entrecerrados por el sol. -Gracias a Dios que has venido, estaba atraído por la vista de cualquiera que entraba en el brunch.
-¿Oh? -Erik apartó los ojos de Charles por primera vez desde que llegó, y miró a su alrededor fuera del café. Los clientes estaban llenando felizmente sus platos con huevos a la benedictina y salmón ahumado y llevando platos de fruta fresca, y Erik sintió que su estómago rugía. -Oh maldita sea Charles, no tenía hambre hasta que has venido y me has tentado.
La risa de Charles retumbó en sus oídos. -Lo siento mucho, amigo mío. -Dijo, su mano descansando en el bícep de Erik. -Consulté con Sean, pero ya han parado de servir el brunch. ¿Qué tal si cogemos sandwiches para llevar? Y creo que tal vez queden un par de pasteles.
-Suena estupendo. -Pidieron algo de café y paninis de pollo asado para llevar, y Sean puso un par de bombones daneses a cuenta de la casa. Erik no podía recordar la última vez que se había sentido tan contento y relajado, caminando junto a Charles conversando calle arriba de la Quinta, el calor, el ligero olor a mantequilla de los daneses tan confortante como calmante, el recatado discurso de Charles.
Charles vivía en la tercera planta de un respetable bloque de pisos al lado de una lavandería, pero el edificio era lo suficientemente viejo como para no tener ascensor. Eso le recordó a Erik a su propio apartamento en el Upper East Side, y por un momento se sintió nostálgico de su biblioteca de casa, del sillón azul oscuro en el que se solía acurrucar y leer a veces.
Todo sentimiento de nostalgia fue olvidado cuando Charles abrió su puerta, y Erik literalmente se sintió mareado de la vista de tantísimos libros. Una vez había visitado la biblioteca privada de Neil Gaiman, un maravilloso y acogedor lugar que parecía la casa de Bilbo Bolsón llena toda con libros. El apartamento de Charles era más o menos lo mismo, excepto que habían sutiles signos de una persona viviendo en medio de restos; una taza de café seco puesta encima de una pila de libros de Discworld, un montón de ensayos a mitad de corregir dispersos por el suelo, la bufanda azul y dorada del último viernes hecha un bulto en lo alto de una estantería como un gato... Erik ávidamente cogió todo esto, sus dedos ya picándole de pasarlos por los lomos de los libros.
-Perdona por el desastre. -Dice Charles un poco ausente, pero pensó que a Erik no le hubiese importado, tal vez en ese caso hubiera limpiado un poco. Y a Erik realmente no le importaba, porque estaba más que fascinado con las filas y filas de estantes hundidas bajo el peso de tantos libros. -Ahora ves por qué te dije que necesitaba vaciar un poco mi colección.
-Es precioso. -Dijo Erik casi sin pensar, y sólo cayó en la cuenta de lo que había dicho cuando vio a Charles alzar una ceja por encima de su hombro, tal vez hubiese sonado sarcástico sin intención de que fuera así. -Quiero decir, este es el sueño de mi infancia cuando estaba creciendo. Mis padres eran demasiado pobres para comprarme juguetes y libros cuando quería, pero mi madre siempre guardaba un poco de dinero extra de su trabajo fregando platos y cada domingo, me llevaba a una pequeña tienda de libros de segunda mano, y me dejaba escoger el que quisiera. -No sabía muy bien por qué le estaba contando esto a Charles, pero a juzgar por la cálida mirada en el rostro de Charles, Erik se dio cuenta de que tal vez hubiera dicho demasiado.
-Erik. -Ahora Charles estaba sorteando una pila de libros para acercarse a él, y por la forma en la que estaba mirando a Erik, su cabeza ligeramente inclinada, esos ojos que no podían ser reales comprensivos, era un poco desconcertante. -Es un recuerdo muy hermoso.
-Lo es. -Erik tuvo que retirar la mirada. Estaba en la casa de un auténtico fan, por el amor de Dios, necesitaba mantener la guardia alta incluso si Charles era una de las personas más increíblemente agradables que había conocido. -Pero dime, ¿dónde pongo la comida?
Charles parecía un poco ensimismado por esto, como si hubiera estado reflexionando sobre si decirle a Erik algo, pero volvió rápidamente. -Déjalo en la cocina, iré a por platos.
La cocina no era menos caótica, y había algo naranja y pegajoso salpicado por las paredes y Erik no se atrevió a preguntar sobre ello. Dejó las bolsas en la encimera, sonriendo cuando vio un tarro de mermelada. Tal vez Charles estaba llevando eso de ser un profesor inglés un poco lejos.
Charles se le unió unos momentos más tarde, vestido de una forma más cómoda en una camiseta desteñida azul de Riverside y unos vaqueros. Erik le dijo que no se preocupase por los platos, y comieron de pie, apoyándose la mesa de la cocina, Erik bromeando sobre la mermelada y la misteriosa mancha y la cara de Charles adquirió un bonito tono rosado. Una vez acabaron, Erik limpió un poco el desorden mientras Charles fue a coger unas cuantas cajas de su pequeño y acogedor trastero.
Aparentemente, el sistema organizativo de Charles tan sólo tenía sentido en su cabeza, y Erik miró las pilas de libros, sin saber por donde empezar. Charles le pasó una caja, diciendo -Normalmente tengo dos o más copias de la mayoría de libros. Una para leer, y otra para guardar. Sí, lo sé, soy peculiar hasta para eso.
-Eres raro, Xavier. -Erik se giró para esconder su sonrisa, sin dar a entender de inmediato que era culpable de tener la misma costumbre.
Hubo un extraño silencio, y la voz de Charles fue un poco tentativa. -Sabes, hemos llegado a saber mucho el uno del otro, y todavía sigo sin saber cuál es tu apellido.
El terror se apoderó de la piel de la nuca de Erik, haciéndole mostrar una mueca. -Es Eisenhardt.
-¿Perdón?
-Eisenhardt. -Erik no sabía por qué odiaba mentir a Charles. Usaba ese seudónimo todas las veces cuando tenía que dar un nombre para inscribirse en hoteles o reservar mesa en un restaurante, y debió haber salido automáticamente, con la facilidad de una mentira bien engrasada. Pero ahí, le sentó en su boca como un trozo de arcilla, sus palabras pesándole.
-Erik Eisenhardt. -Charles lo repitió, algo pensativo. Al menos parecía habérselo creído. -Tiene un encanto aliterativo, ¿no crees?
-Tal vez debería añadir 'Cummings' como apellido. -Dijo Erik para desviar cualquier atención de su inquietud, y para su alivio, Charles rio.
La tarde pasó de forma agradable, y si se retrasaban a la hora de hacer el trabajo, era sólo porque se paraban para debatir –y a veces discutir – sobre varios libros que iban sacando. Charles tenía una colección extremadamente variada, y eso le daba a Erik la extraña necesidad de dejar que Charles viese su propia biblioteca en casa.
Charles, a pesar de varias distracciones, se las arregló para llenar por lo menos diez cajas. Y ahora la camiseta de Charles estaba algo húmeda por el sudor, y Erik se sentía lo suficientemente acalorado como para quitarse su camiseta. La lanzó a un lado descuidadamente, y a continuación miró a Charles, que permanecía de pie con una mano en la cadera, esos intensos ojos azules puestos en Erik mientras bebía algo de agua. Sus ojos se retiraron, y Erik tenía ese extraño e irreal sentimiento de nuevo en donde se sentía que estaba sobre un terreno irregular.
Ese raro momento de tensión fue olvidado afortunadamente por Erik que se puso a empujar las cajas hacia un hueco al lado de la puerta, y su mirada fue a parar a una copia de 'Flowers For Algernon' que habían dejado fuera. No pudo evitar sonreír mientras ojeaba las páginas, recordando que había sido uno de los pocos libros que le habían hecho llorar. -¿Todavía quieres esto, Charles?
Charles se asomó, limpiándose la parte posterior de la boca con un pañuelo -siempre tan oportuno, pensó Erik- y sus ojos se nublaron con nostalgia mientras cogió el libro de las manos de Erik. -Dios, ni me acuerdo cuándo fue la última vez que leí esto.
-Fue el libro que me hizo- -querer escribir, estuvo a punto de decir Erik, pero se mordió la lengua a tiempo, -que me unió a mi amor por la lectura.
-Todos tenemos estos libros. -Dijo Charles con un aire soñador, y se mordió el labio mientras miraba la portada rosa. -¿Por qué no te quedas esto, Erik? Es obvio que significa más para ti que para mí.
-No podría. -Contestó, incluso aunque la tentación de releerlo cada noche fuese abrumadora. -Alguien podría utilizarlo.
-Creo que tengo otra copia por algún sitio. -Dijo Charles lanzando una mirada a las ahora menos abarrotadas estanterías. -Ya donaré ese. Cógelo, Erik. Insisto.
Charles cogió la mano de Erik y la puso sobre el lomo del libro, Erik miró abajo, en donde la mano de Charles estaba presionando la suya, cálida y atrayente. Entonces Charles retiró su mano, y Erik volvió a observar la portada rosa de nuevo. -Entonces está bien, soy demasiado pobre como para rechazar un libro gratis.
La pausada risita de Charles se asentó en sus oídos. -No puedo responder justamente a eso, viendo que te he utilizado como mano de obra gratis.
-Entonces úsame como quieras. -Erik le dirigió una sonrisa, casi llena de dientes, la cual tan sólo hizo que Charles rodase los ojos, pero Erik pudo ver que las puntas de sus orejas estaban rojas.
Continuaron empaquetando, y finalmente llegaron hasta la última estantería, la cual estaba más limpia y organizada que cualquiera del apartamento. Erik debió haber visto venir eso, debió haber esperado ver montones de libros con su propio nombre grabado en plateado en el lomo. A pesar del esmerado esfuerzo de Charles de mantener cuidada esa estantería, por lo menos no era el santuario bizarro que Erik se había imaginado en donde quisiera que pensara en sus fans más locos, en el cual habrían listas de la compra y mechones de pelo suyos.
-Lo sé, lo sé. -Charles debió haber confundido la mirada de desconfort en su cara. -Deberías haber esperado esto. De todos modos, no pienso dar nada de este lote, así que no tendrás que ensuciarte las manos.
-¿No? -Erik no quería continuar mirando, era parecido a verse a sí mismo masturbándose. -Tu colección es más... grande de lo que había esperado.
-Tengo casi todo, incluyendo una rara primera edición de 'Judas' y 'The Last Hunter'. -El orgullo en la voz de Charles era obvio. -La única cosa que me falta es una copia firmada. He intentado encontrar una por todos los medios, pero ese hombre es un solitario. Tan sólo he encontrado falsificaciones, y una vez encontré una real en el eBay, pero superaba unos cuantos cientos de mi límite de precio.
-¿Unos cuantos cientos? -Erik continuaba aturdido. Pensaba que la gente sólo vendía cosas en el eBay como sus viejos G. I. Joes, sus riñones o posiblemente sus hijos. ¿Por qué demonios alguien pagaría tanto por su firma? -¿No ha habido suerte en ningún otro sitio?
-Me temo que no. -Ahora Charles se veía resignado, y le dirigió una pequeña sonrisa. -Pensarás que estoy loco.
Erik estuvo a punto de abrir su boca cuando recordó cómo había reaccionado cuando conoció por primera vez a Stephen King y consiguió su autógrafo en una copia de 'The Stand', y como había sido imposible callarlo por teléfono cuando llamó a su madre horas después. -La verdad, pienso que conozco a alguien en Simon & Schuster que podría conseguirte una copia. -La cara de Charles se iluminó. -Pero no prometo nada. -Añadió. -Tan sólo soy un crítico de libros después de todo.
-Claro amigo mío. Muchas gracias. -Y Charles lo envolvió en un abrazo, y Erik no se vio capaz de separarse.
Erik tenía pensado irse una vez hubiesen terminado de empaquetar, pero Charles había sacado unas botellas de Bitburguer y estaban en el balcón compartiendo las sobras de una pizza, el iPad de Charles conectado a unos altavoces y canciones sonando de fondo. Erik tenía las piernas estiradas en una vieja silla de mimbre, mientras Charles estaba cómodamente puesto en un puff, lo cual sorprendió a Erik. Un titular profesor en un puff.
-¿Qué? -Preguntó Charles. -No pensaste que no me daría cuenta de que te estás riendo de mí. Lo haces tan a menudo que ya tengo práctica.
-Eso me hiere, Charles. -La expresión de burla en la cara de Erik envió a Charles otro ataque de risa más. -¿Así es como me pagas por mi trabajo rompiéndome la espalda?
Charles se las apañó para recuperarse y hablar. -Si por 'trabajo rompe-espaldas' quieres decir 'burlarte de mi elección de libros', entonces sí, es exactamente así como te voy a pagar.
Erik estiró el pie para darle un golpe a Charles, pero le dio a una pila de libros que Charles había cambiado su opinión sobre donarlos, diciendo que eran demasiado preciados para él como para deshacerse de ellos. Erik golpeó una copia de 'The Little Prince', la cual también adoraba, por lo que no podía burlarse de Charles por ello. Sin embargo, antes, había conseguido ya su dosis de risas cuando se había tropezado con una novela romántica con una imagen espeluznante de Fabio en la portada, y se había reído de un mortificado Charles hasta que sus ojos se habían llenado de lágrimas.
-Ah. -Charles asintió cuando vio que Erik sostenía 'The Little Prince'. -Si 'Flowers For Algernon' es tu kriptonita, entonces 'The Little Prince' es la mía sin duda.
-¿Qué quieres decir?
Charles pareció reflexionar sobre eso un poco, dando un largo sorbo de su cerveza antes de contestar, su voz perdida y brumosa. -Mi madre no es que fuera el tipo de mujer afectiva. No sabía si era su educación o su personalidad. Pero fuera lo que fuera, parecía tratarnos a Raven y a mí como pequeños adultos. No recuerdo haber jugado con ella, o que me hubiese comprado juguetes. -Ahora el tono de voz de Charles era más cálido y algo más agudo, como si volver a su infancia hubiese traído un efecto natural. -Pero hubo una vez cuando ella debió estar realmente feliz, feliz como para leerme este libro. Fue una tarde mágica.
Charles no dijo nada más después de eso, pero Erik vio que había ladeado la cabeza para quitarse discretamente una lágrima con el pulgar. Ahora el balcón lo llenaba la tensión de Cat Power, cantando sobre como ella quería ser la mejor
-Charles. -La voz de Erik sonó áspera, ronca por el desuso. Al menos, eso era lo que se había dicho a sí mismo. -Mencionaste, quiero decir, ya sabes, que los libros nos ayudan a sobrellevar épocas difíciles. ¿Fue así como... -A la pérdida de sus palabras, Erik señaló con la cabeza una copia de 'Magnetic Fields' que estaba en la mesa, e intentó no pensar en Charles sentado en el café, leyéndolo con un la boca curvada hacia arriba suavemente formando una pequeña sonrisa.
Afortunadamente, Charles pareció entender lo que estaba diciendo. -Descubrí E. M. Lehnsherr más o menos cuando murió mi madre. -Sus ojos todavía estaban brillantes, y se levantó, excusándose de que tenía que irse al baño.
Erik se recostó y miró el cielo nocturno, preguntándose si el conflictivo desastre de caos en su cabeza tenía algo que ver con la manera en que su corazón estaba golpeando contra sus costillas.
N/A: Y ahí iban las 4458 palabras correspondientes a este capítulo. Espero que os haya gustado, y gracias de nuevo por las opiniones sobre el fic o la traducción. ¡Nos leemos pronto y felices fiestas a todos!
Atte: Maguvi
