N/A: ¿Recordáis cuando dije que intentaría que este capítulo no tardase mucho? En fin… sé que no he actualizado esto en más de un año, y he recibido varios mensajes preguntando si voy a seguir esto. Aquí tenéis el capítulo. No hay excusas, tan sólo un capítulo nuevo que espero que os guste. El siguiente llega en cuatro días. De nuevo gracias por los reviews y comentarios, sois geniales. 3

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mi, sino a Marvel; al igual que la historia tampoco, sino que es de una magnífica persona llamada Clocks. Link del fanfic original: archiveofourown works/ 254095/ chapters/ 395046


Capítulo 6:

La mayoría de escritores, como norma, no se levantan a las 6 de la mañana para poder conducir hasta la estación de tren y recoger a sus malhumorados agentes rusos. Pero de nuevo, la mayoría de escritores no tienen la misma relación con sus agentes como la que tiene Erik con Azazel, quien le había rescatado de que sus obras se perdieran entre papeles hace catorce años.

Había sido un comienzo inestable, pero conforme los años pasaban los dos hombres a regañadientes habían forjado un fuerte y mutuo respeto y, para la sorpresa de Erik, una gran y profunda amistad que entró en juego después de que E. M. Lehnsherr se hiciera famoso y varias agencias literarias llamasen a su puerta. Ésas eran las mismas agencias que educadamente le habían mandado cartas rechazando su trabajo cuando era un escritor en apuros. Ahora, se peleaban por alejarlo de Azazel y la Agencia Literaria Hellfire. A Erik le habían prometido mejores derechos de autor, mejores avances, incluso la oportunidad de firmar un contrato con Simon & Schuster, su sueño como editor desde que había comenzado a escribir cuando era un adolescente.

Erik les había dicho a todos que podían irse por donde habían venido, por supuesto. Y dos años después, Azazel se las había apañado para meterlo en Simon & Schuster de todos modos, bajo sus propias condiciones. Erik sospechaba que la cicatriz del ojo izquierdo de Azazel era amenazadora y le ayudaba bastante a la hora de hacer que las negociaciones fueran a su favor.

Metiéndose en el parking de Amtrak, Erik cogió la copia de Flowers For Algernon que Charles le había dado, preparándose para esperar. Había llegado pronto, y tampoco es que tuviese idea de si el tren llegaría a su hora. Aun así, eso no tendría un ápice de diferencia en el estado de ánimo de Azazel. Odiaba los medios de transporte lentos, intencionadamente prefiriendo la manera más rápida de llegar del Punto A al Punto B. Erik era todo lo contrario, por supuesto. Le encantaban los viajes en tren lentos ya que le daban tiempo para soñar y escribir y leer y mirar por la ventana, dejando que sus ideas sobre historias se filtren.

Ya iba por el tercer capítulo cuando el tren finalmente llegó al andén. Dejando el libro cuidadosamente en el asiento del copiloto, Erik comprobó su reloj. Tan sólo un poco fuera de tiempo. Saliendo del coche alquilado encendió un cigarrillo y miró a la gente salir de la estación, todos cansados del viaje.

No pasó mucho tiempo hasta que pudo ver a Azazel, vestido en un impecable traje mandarín como siempre, arrastrando su maleta detrás de él y maldiciendo por lo bajo en ruso. Frunció el ceño cuando vio a Erik, quien sonrió ampliamente una vez se sacó el cigarrillo de la boca. -Buenos días mi querido Azazel.

Azazel empujó el asa de su maleta hacia Erik. -¿Tenías que instalarte en medio de la nada, verdad Lehnsherr?

Erik negó con la cabeza. -Mejor que Emma no te oiga decir esas cosas de su antigua ciudad.

-Puede besar mi gran trasero ruso. -Azazel estiró los brazos por encima de su cabeza, a continuación crujió su cuello. -La próxima vez instálate en algún sitio que tenga aeropuerto, khorosho?

-Sí, sí. -Erik tiró la maleta en el maletero del coche, cerrándolo antes de meterse en el coche. Justo a tiempo para ver a Azazel subirse en el asiento del pasajero y agarrar la copia de Charles de Algernon, apenas echándole un ojo antes de tirarla despreocupadamente en el asiento trasero.

-¡Hey! –Erik le lanzó una mirada a Azazel mientras recuperaba el libro y alisaba la portada. –Ten cuidado con eso.

-¿Por qué? –El ceño fruncido de Azazel se desvaneció rápidamente, y en su lugar apareció una sonrisa maliciosa, haciendo que se notara aún más su cicatriz. –Ah, alguna devochka te ha dado ese libro.

-Tienes una gran imaginación. –Erik se negó a mirarlo mientras salía del aparcamiento dando marcha atrás. –Además, no tiene nada que ver con una chica.

Azazel levantó una ceja de forma cínica, la típica expresión de Azazel que Emma siempre llamaba su mirada de ¿en serio? -¿Así que me estás diciendo que no hay ninguna devochka?

Inexplicablemente, Erik pensó en Charles, esa boca curvada siempre a punto de reírse, esas manos fuertes y elegantes que tenían una manera natural de sostener un libro tan respetuosamente. –No hay ninguna chica. –Dijo Erik aun sabiendo que había tardado en responder porque Azazel estaba meramente negando con la cabeza, sin convencerse de que Erik estaba diciendo la verdad.

Lo cual, técnicamente, estaba haciendo.

x

Siempre que Erik se mudaba a una nueva ciudad para intentar conseguir algo de inspiración y escribir algo, Azazel solía visitarle cuando estaba en medio de una nueva novela. Aun así, tenían su rutina. Azazel se queda sólo una noche en el nuevo sitio de Erik, dos como mucho, antes de encontrar un hotel adecuado. A pesar de ser tan cercanos, Erik normalmente se sentía raro teniendo a alguien invadiendo su espacio durante tanto tiempo cuando estaba en medio de escribir algo, y no pasaría mucho hasta que se volviese inquieto (Azazel prefería el término 'loco'). La única excepción hasta ahora había sido Magda, por supuesto, pero eso había sido cuando estaba escribiendo The Last Hunter, y ese libro había pasado a la fama como un desastre.

Ese era el por qué, después de que Azazel dejase su equipaje en el cuarto de invitados del pequeño apartamento de Erik, no se había molestado en deshacerlo mucho. -¿Recuerdas lo que te pedí? ¿Sobre las reservas del hotel? No he estado aquí en bastante tiempo. –Dijo, echándole un vistazo a Erik mientras desdoblaba una camiseta interior.

Erik le pasó un folio. –Ése es el nombre del mejor hotel en la ciudad, según la gente de aquí. El segundo tampoco debería estar mal.

-Espera, ¿"la gente de aquí"? –Las cejas de Azazel se arquearon. -¿Has estado hablando con la gente?

-He hecho amigos aquí. –Respondió Erik, disfrutando de la expresión cómica de incredulidad en la cara de Azazel. –Sí, y antes de que me preguntes, no les he tenido que pagar.

Azazel se rió. –No dejas de sorprenderme, Lehnsherr. –Frunció el ceño al ver el papel que le había dado Erik. -¿Cuál es el nombre del hotel? ¿Fission Inn? ¿Ése?

-Es Misión Inn, no puedes estar tan ciego. ¿Alguien ha intentado quitarte el otro ojo también?

Azazel siguió mirando el papel. –No me eches la culpa de esto, es tu horrible caligrafía. Es irónico cómo los mejores escritores tenéis la peor caligrafía. La tuya se lleva el premio, especialmente tu 'M' mayúscula. ¿Ves? Parece la uniceja de un teleñeco.

-No lo parece. –Erik le quitó el papel, rodando los ojos mientras se dirigía hacia la puerta. –De todos modos, si ya has acabado de quejarte, he hecho una reserva para ti. Cuanto antes te largues de aquí, mejor.

-¿Qué? ¿Y echar de menos el placer de tu compañía? –Azazel vociferó después de sus palabras justo antes de que Erik estallase en una carcajada, cerrando la puerta a su paso.

Después de hacer la reserva para Azazel, abrió su portátil y decidió mirar su correo antes de empezar a escribir. Las palabras le iban saliendo demasiado lentas últimamente, e incluso cuando salía, no terminaban de gustarle. El supuesto título para la nueva novela tampoco le convencía. Deus Ex Machina sonaba un poco pretencioso, aunque Azazel pensaba que era fantástico. Pero de nuevo, Azazel también pensó que Come, reza, ama era 'magnífica', lo cual probó que su juicio podía ser un poco sospechoso.

No obstante, todos sus pensamientos sobre la novela se desvanecieron rápidamente cuando Erik vio que tenía un nuevo email de Charles. Abrió tal vez un poco demasiado rápido su bandeja de entrada, devorando las palabras. Charles estaba agradeciéndole de nuevo por su copia firmada de Electric Fences, y Erik sintió sus mejillas arder mientras Charles seguía diciendo y diciendo cuánto significaba eso para él y que jamás había soñado con sostener una copia de verdad firmada en sus manos. ¿Y qué tal tener al verdadero autor en tus manos?, una pequeña voz con tono ladino le susurraba en la mente a Erik, y la silenció con fuerza al igual que su madre le hacía callar cuando era un crío que le había dado una rabieta.

Cuando hubo acabado, leyó todo de nuevo. Incluso por email, las palabras de Charles eran desgarradoramente sinceras, y Erik sintió un cálido brillo en su pecho, normalmente reservado para cuando acababa un primer borrador del que estaba orgulloso.

Estaba a punto de responder cuando recordó por qué se había ido de la fiesta de Darwin antes. El alcohol y el humor festivo le habían animado, y había estado a una tortuosa proximidad de Charles bajo la excusa de enseñarle a jugar a los dardos. La tentación había sido demasiado para Erik, y agradeció que Charles se hubiera marchado al baño antes de que Erik hubiese hecho algo imprudente. Todavía podía recordar, de cerca, cómo de pálida era la piel de Charles, especialmente la suave curva que hacía en la unión de su cuello y su hombro. Erik recordaba haber respirado el limpio aroma de la ropa de Charles mezclado con su colonia, dejando a Erik mareado en el sitio, la sangre palpitando en sus orejas. No podía recordar querer a alguien tanto tan desesperadamente antes, y cuando la oreja de Charles había rozado su nariz, sus labios había estado tan sólo a una pequeña distancia de esa pálida y rosada curva de su oreja. Si tan sólo se hubiese inclinado un poco más…

Respiró hondo, frotándose la cara. Esto era una locura.

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-¿Te llegó mi email hace unos días?

Erik intentó no ponerse tenso ante la ya familiar voz de detrás de él, y forzó una sonrisa que espera que no pareciese de depredado o como si perteneciera a un carnívoro prehistórico. Sin embargo, Charles parecía feliz y emocionado y para nada como si estuviese buscando algo para golpearle a Erik en la cabeza. También hoy llevaba uno de sus trajes "profesoriles" lo cual sólo podía significar que iba a pasarse por su oficina después, y la sonrisa falsa de Erik desapareció, no queriendo saber exactamente cómo es que sabía eso. –Sí, Charles. Lo siento, se me olvidó contestar.

-Oh. –La forma que tomó la cara de Charles fue extraña, pero antes de que Erik pudiese procesarlo, ya estaba sonriendo de nuevo. –Bueno, no pasa nada. Además, ¿cómo podría enfadarme conmigo? Siempre estaré en deuda contigo por ese ejemplar firmado.

-No fue nada. –Erik deseó que Charles dejase de agradecérselo, porque eso sólo podía significar que se había imaginado todas las proezas que Erik había tenido que hacer para conseguírsela. Había sido tan fácil como coger una de sus copias que Erik normalmente llevaba con él cuando viajaba y simplemente firmarla. Aun así, si era franco, no había sido tan sencillo como eso. Había pensado durante mucho qué poner en la inscripción, después se decidió por algo sincero, pero no muy familiar.

- Claro que lo es, especialmente cuando sé cuánto odias a ese escritor en particular. –Al menos Charles estaba todavía sonriendo. -¿Lo has conocido antes?

Mierda. Erik ya sólo quería golpearse la cabeza contra la pantalla de su ordenador. –Lo he visto por ahí.

-¿Cómo es? –Charles ahora se pasó un pulgar por su labio inferior, y Erik quiso atravesar directamente la pantalla del ordenador con su cabeza. –Sólo lo he visto en fotos.

-Oh. –Erik se decidió en seguida a siempre, siempre caminar detrás de Charles desde ese momento. –Parece normal, supongo.

Charles no parecía satisfecho, pero dejó correr el tema afortunadamente para Erik, señalando entonces un libro infantil encima de la cartera de Erik. -¿Qué es eso?

-Ah, sí. –Sonriendo, Erik alzó el libro algo sucio de Dora la Exploradora y se lo pasó. –Toma, es para ti. Una mujer se lo estaba leyendo a su hijo antes, y se lo dejó. He pesado que ya que lees a E. M. Lehnsherr, esto puede gustarte.

Charles dejó escapar una pequeña risa. –No seas crío, Erik. –Ojeó el libro con interés. –Aun así, podría quedármelo por si la madre no vuelve.

-¿Te lo quedarás? –Erik de repente se quedó muy, muy quieto. Charles nunca antes había mencionado si estaba casado o si tenía hijos. –Eso es… interesante.

Charles debió haber interpretado correctamente la mirada en el rostro de Erik porque se estaba riendo a carcajadas, sus mejillas algo rosas. –Oh no, no me refería a eso. No tengo hijos. Raven trabaja en el departamento de pediatría del hospital de la Uni, tal vez a los niños les guste esto.

-Ah, ya veo. –La inquietud en su pecho estaba empezando a disiparse. –Qué amable por tu parte pensar en ayudar a los niños.

-Gracias, amigo mío. –Charles miró el reloj. –Hablando de ayudar, debería irme dentro de poco. Tengo que ir hacia Rivera para ayudar a la señora Hutchins con los libros que hemos donado para la recolección.

Querrás decir los libros que tú has donado, pensó Erik. Pero Charles estaba por encima de eso, siempre generoso y ansioso por compartir. -¿Qué es la Rivera? –Preguntó en vez de lo otro.

-Oh, disculpa. Me estoy refiriendo a la biblioteca de Tomas Rivera en el campus. Es donde está la colección Eaton. –Los labios de Charles se curvaron en una sonrisa. -¿Quieres echarle un ojo?

Por supuesto Erik no estaba lo suficientemente loco como para rechazar una invitación a la mayor colección de libros de ciencia ficción, horror y fantasía. -¿Los osos cagan en el bosque? –Preguntó como algo obvio.

Charles solamente rió.

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La colección Eaton era aún más magnífica de lo que Erik había imaginado. Había oído historias, por supuesto, y había sido parte de la razón por la que se había inclinado por Riverside en vez del condado de Orange. Había visitado la biblioteca durante su primera semana en Riverside, y se había preguntado si por casualidad se había cruzado a Charles por allí sin darse cuenta.

La señora Hutchins les había enseñado el área de clasificación, que era sólo para empleados, pero Charles parecía tener un tipo de encanto que funcionaba con señoras mayores, y por supuesto la señora Hutchins había estado indefensa contra esa sonrisa y esos ridículos ojos azules y la mano en su codo, Erik pensó amargamente. Parecía que no tanta gente era inmune a magia Xavier.

El área de clasificación era un pequeño cuarto claustrofóbico con estanterías alineadas hasta las paredes que sobresalían por encima de la cabeza de Erik. La señora Hutchins estaba un poco regordeta, y Erik se preguntó cómo se las apañaba para pasar entre las estanterías y si había espacio suficiente para Charles y él para maniobrar por allí. Charles ya se estaba quitando su chaqueta del traje y se había subido las mangas de la camisa azul, empezando a trabajar. –Erik, ¿para ti Horror y Ciencia ficción y para mí Fantasía? –sugirió.

-Suena bien. –Se pusieron a trabajar con todas las cajas de libros que Charles había donado, y Erik se sorprendió de lo bien que trabajaban en equipo. Parecían saber instintivamente dónde estaba el otro la mayor parte del tiempo, y Erik estaba encantado de ver que Charles había captado –sin tener que haberle preguntado – el sistema de organización que Erik había ideado, pasándole libros que iban en su montón en silencio. Era un trabajo agradable, la única cosa que Erik hubiese sido capaz de cambiar sería tener algo de música de fondo.

Sin embargo, el silencio –y el repetitivo movimiento de clasificar por orden alfabético los libros –le ayudaba perfectamente a pensar sobre los próximos capítulos que tenía planeados par ala nueva novela. También ayudaba que estuviesen solos sin que nadie los molestara. La señora Hutchins, claramente habiendo dejado su confianza en su adorado Profesor Xavier, les había dejado a solas todo el rato.

Erik ya había acabado casi con sus cajas cuando oyó a Charles susurras "Mierda", y gruñir mientras seguía intentando hacer algo. Curioso, Erik fue por la última fila donde Charles estaba, y se dio cuenta de que su amigo estaba estirándose para colocar un libro en la estantería más alta, la cual estaba fuera de su alcance.

-Oh Charles, podrías haberme llamado. –Erik estaba luchando por no sonreír mientras se abría paso sobre las pilas de libros.

-Puedo hacerlo, gracias. –Y ahí estaba, el fiero e indomable orgullo de Charles de que podía hacer las cosas solo, lo cual era extraño considerando lo insistente que era en ayudar al resto, y lo a menudo que le había pedido ayuda a Erik por otra parte. -¿Ya has acabado con lo tuyo?

-Estoy a punto. –Erik se sintió mal por él y se las arregló para pasar por detrás de Charles, quitándole el libro de la mano y poniéndolo en la estantería de arriba. Fue entonces cuando se dio cuenta de la posición en la que estaban, una repetición de los dardos, y su cuerpo estaba a un suspiro de presionarse contra el de Charles.

Erik sabía que debía moverse, pero cerró los ojos en lugar de eso, respirando hondo el olor del sudor de Charles y el aroma de su colonia con el champú de té verde que usaba. El champú no debería oler tan erótico, pensó, y agachó la cabeza, su aliento calentando la piel de la nuca de Charles. Podía ver los pelillos cortos que tenía ahí, oscuros y húmedos por el sudor, la piel enrojeciéndose bajo su mirada. La mano derecha de Erik ya estaba en equilibrio sobre la estantería, rozando el brazo de Charles, y si su mano derecha estuviera agarrando también la repisa, efectivamente estaría atrapando a Charles entre la estantería y su cuerpo.

-Erik. –Charles no sonaba asustado o amenazado. En vez de eso sonaba como si estuviese respirando muy profundamente, borracho con el aire.

Erik respiró casi temblando, y entonces puso su mano derecha en la parte de arriba de la estantería.

Ahora Charles estaba atrapado.

Entonces se inclinó hacia delante, acariciando con la nariz la nuca de Charles. –Oh Dios, Erik… -Ahora Erik podía ver que Charles también se estaba agarrando a la estantería, su nudillos blancos como el papel. Y, dios, sí, Charles se estaba presionando contra él y cerrando ese centímetro de distancia entre ellos, un escalofrío a través del cuerpo de Erik como un shock eléctrico cuando sus cuerpos se tocaron de pies a cabeza, la firme curva de la espalda de Charles deslizándose buscando su lugar contra las caderas de Erik. Esto le hizo sisear a Erik, complacido, y eso a su vez hizo que la espalda de Charles se arquease contra él.

No había forma en que Erik pudiese resistir la llamada de sirena de esa piel pálida y rosada del cuello de Charles, expuesta por su cuello de la camisa algo suelto. Bajó la tela un poco más y apretó sus labios contra la curva de ese cuello, besando su pulso mientras Charles se retorcía debajo de él, su respiración entrecortada mientras se ponía contra la cálida boca de Erik. –No creo que pueda pararme. –Murmuró Erik contra esa dulce piel, dejando bajar una mano para sacar la camisa de Charles de dentro de sus pantalones, y después deslizando la mano por debajo, pasando los dedos sobre la piel suave y caliente del estómago de Charles.

-Ni se te ocurra. –Dijo entre dientes Charles, y fue entonces cuando se giró y agarró la cabeza de Erik para capturarlo en un beso urgente y profundo. Al principio sólo hubo labios, porque Erik estaba pensando demasiado, tratando de averiguar cómo debería mover la cabeza, y entonces sus bocas se deslizaron y Charles hizo algo obsceno con su lengua mientras la colaba en la boca de Erik, y a partir de entonces fue todo instintivo, Erik golpeando a Charles contra la estantería (y sin importarle cuando crujió) y devorando la punta de esa lengua errante, sin dejar que Charles la retirase para oír esos pequeños sonidos en la parte posterior de su garganta.

-Mmmh. –Charles estaba enredando los dedos en el pelo de Erik y tirando, aproximándose al lado correcto del dolor, Erik gimió contra la boca de Charles y pudo sentir que el cabrón quería sonreír en el beso, lo cual era tan excitante, tan agradable y tan intoxicante que Erik le perdonó en seguida. Sus manos se deslizaron hacia abajo para tocar ese precioso trasero, y probó a aupar a Charles, subiéndolo para balancearlo con él en la tercera estantería antes de pasar la mano entre sus piernas, tocando el bulto firme que ya se había formado allí. Charles rompió el beso con un gruñido, sus caderas arqueándose contra el tosco roce de Erik. –Erik, oh Dios…

Erik presionó ambas frentes juntas y pudo ver los ojos de Charles, un tumulto de azul oscuro, y se cerraron cuando Erik empezó a arrastrar su mano hacia arriba y debajo de la línea que se formaba en los pantalones de Charles, por su erección atrapada contra la ropa, capturando sus jadeos entre besos, incapaz de mantener sus labios alejados de la boca rojiza. Charles tiró la cabeza hacia atrás, golpeándose contra las obras selectas de HP Lovecraft, y Erik aceptó la silenciosa invitación para besar ese níveo cuello expuesto. El pensamiento de que Charles estaba ahí, atrapado bajo su cuerpo, sus caderas moviéndose frenéticamente contra la palma de la mano de Erik, la mancha húmeda en sus pantalones extendiéndose conforme Erik lo acariciaba a través de la tela. Quería a Charles en su cama, quería a Charles en su vida, quería a Charles leyendo sus primeros borradores y diciéndole qué había ido mal (y más conmovedoramente, qué había ido bien) y eso le asustaba, dándose cuenta cuánto se había enamorado de él desde el día que Charles le había contado lo de El Principito.

Retiró su manos rápidamente, causando que Charles abriera los ojos pesadamente. -¿E-Erik? –Ahí estaban esas mejillas sonrojadas como Erik siempre había imaginado que serían. –Erik, espera no—

-Necesito— -Erik necesitaba marcharse, eso era lo que necesitaba. Charles era un maldito fan, y daba igual si aun así quería a Erik a pesar de que no tenía ni idea de quién era, Charles jamás iba a entenderle una vez lo descubriese, y entonces—

Jo – der. Los pensamientos de Erik se disiparon cuando Charles tocó el claro contorno de su erección, pasando la lengua por su labio y a Erik le asaltaron imágenes de Charles de rodillas, chupándole en medio de la jodida biblioteca, sus manos enredadas en su pelo oscuro, enseñándole a mover esa boca que era su perdición. –Joder, Charles, me vuelves loco— -Dijo con la voz entrecortada. Ahora era él el que estaba atrapado contra la estantería, lanzándose contra la ardiente y firme mano de Charles.

Erik. –Y entonces Charles estaba de nuevo reclamando su boca en otro beso, poniéndose de puntillas, lo cual significaba que tenía que mantener el equilibrio contra Erik, sus caderas finalmente alineadas la una contra la otra, y Charles quitó la mano para que pudieran presionarse contra el cuerpo ajeno. Se vino con un gruñido sorprendido cuando Charles frotó su pulgar contra la punta de su miembro, ya húmeda y goteando a través de la ropa, y entonces Charles dijo "Oh" sorprendido e inocentemente cuando sintió esa explosión de la cálida mancha en sus pantalones.

Cuando Erik recuperó los sentidos, se agachó y reclamó de nuevo esos suaves labios, dejando que Charles se frotara contra su muslo hasta que se separó con un jadeo, gruñendo el nombre de Erik contra su pecho mientras se corrió en sus pantalones con una sonrisa. Erik le sostuvo después de los temblores, atrapando con codicia las sonrojadas mejillas de Charles, imaginando ese pelo oscuro despeinado contra su almohada.

Lentamente dejó que Charles se pusiera sobre sus pies de nuevo mientras ambos luchaban por recobrar el aliento, y Charles estaba sonriendo como un idiota, descansando la frente contra el hombro de Erik. Ese pequeño gesto de ternura recorrió un largo camino hasta esa parte del cerebro de Erik que no estaba en una neblina post-orgásmica que no estaba a punto de enloquecer. -¿Y ahora qué? –Se atrevió a preguntar, acariciando los húmedos mechones castaños. Mierda, sí que le gustaban los morenos.

-Acabamos con lo libros. –Charles sonaba un poco adormilado. –Luego…

-¿Luego qué? –Erik cerró los ojos, enterrando la nariz en el pelo de Charles. Era un maldito caso perdido.

-Ven a casa conmigo.